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El fiel amor de una botella

El fiel amor de una botella

Yo conozco tus sonrisas. Conozco por igual tus tristezas.

Hoy hace un día gris. Lo sé, porque tu ausencia me ha hecho mirar por la ventana una y otra vez. La melancolía susurra en mi oído historias del pasado más brillante de nuestros ayeres, y sobra relatar que el anhelo se hace presente, inquietando mi poco autocontrol.

Hace nublado en ti, y por causa y efecto, en mí también.

Allá, en la lejanía, una tormenta causa estragos. Puedo sentir los truenos retumbando en mi cuello, rugiendo con fiereza. Reclaman injustos tributos, como si debiéramos a ellos algo más que nuestros llantos. El brillo de sus rayos me ciega, me impiden seguirte.

Tú te has aventurado al ojo del bestial desastre natural. Sentiste que era algo que tenías que afrontar por ti misma. Sola, descalza, escapaste de mi protección mientras dormíamos y caminaste por un sendero  terroso y espinado, resguardado por las arrogantes sombras de tus miedos.

Con los susurros incesantes de tu mente atormentada como única compañía y soporte contra la pérdida de tus sentidos y sanidad, caminaste sangrante a un sitio donde ningún alma solitaria debería deambular, una tierra donde los puntos pierden lo cardinal, y donde ningún mapa te encontrará.

Tenías miedo y frío. En tu pecho algo te decía que lo que te esperaba del otro lado sería muy fuerte para ti, pero ya estás acostumbrada a ello; ¿qué podía ser distinto esta ocasión? Lamentablemente para ti, todo era diferente… y es que, del otro lado te esperaba el mayor reto para cualquiera que se jacte de tener sangre por sus venas: un adiós.

Imaginarte en el momento me destroza el alma; puedo dibujar con precisión tus ojos, tu rostro, tu mente… tu corazón.

Habrás sentido una oleada de sensaciones y sentimientos indescriptibles de un segundo a otro; se te vino el mundo abajo apenas el desconcierto se alejó de ti. Lágrimas, lamentos, gritos, berridos, desconsuelo, abrazos vacíos, palabras sin significado que no llegaban a tu interior.

Un corazón desconsolado, una imploración ahogada, recuerdos, memorias, ironías…

Las despedidas no son fáciles, y cuando es alguien importante quien se va, son imposibles. Te entiendo a la perfección, porque comparto tu dolor.

Te imagino en tu distante soledad, en una vacía habitación a oscuras. Abrazas una almohada, con las rodillas flexionadas... nada existe que pueda hacerte sonreír, o que clarezca el panorama para ti. Tus ojos hinchados, nariz rojiza, labios secos y cabello enmarañado solo son una pizca de lo que te ocurre, en el interior residen los mayores estragos de tu penuria.

Si llegaste a pensar que iba a pedirte que sonrieras, o que te ayudaría a salir adelante, estás equivocada. No puedo simplemente jurar que detendré tus lágrimas, o pedirte con egoísmo que sonrías para mí; ¿quién sería para cometer semejante acto de injusticia? El llanto, contrario a la creencia popular, es algo que debe terminar por causas naturales, y no por homicidio de un sentir. Si estás triste, sigue así; abrázate a la soledad, sufre en silencio, sufre con ruido trepidante… nadie va a detenerte.

En lugar de intervenir en tu sufrimiento, haré lo que pienso correcto, que es: estar contigo.

Cada día, cada instante. No voy a dejarte sola nunca.

Cuando sientas ganas de llorar, lloraré contigo.

Cuando sientas ganas de mandar todo a la mierda, haré lo ídem codo con codo.

Cuando quieras hablar de él, te escucharé con estoica atención.

Cuando busques un abrazo, ya estaré entre tus brazos.

Cuando quieras callar, callaré contigo.

Cuando quieras estar sola, te daré tu espacio y esperaré donde siempre te he esperado.

Fielmente, sin fallas, y únicamente porque te amo. Sé que has tenido una pérdida muy difícil y necesitas todo el apoyo del mundo, y es por eso que desde ahora voy a ser todo tu mundo.

No dudes más… tómame entre tus brazos, y bébeme.


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