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Asociación de lectores y escritores (ALE) (31/??)

Capítulo 31: Permisible vida

La vida obra de misteriosas maneras. Como te da te quita, y viceversa. Alice no tenía nada hace 24 horas. Sus capacidades de crear se vieron fundidas por la tristeza que le provocaba la pérdida de una amiga importante, y sin embargo, su adaptación al cambio surgió junto con sus deseos de escribir de vuelta, gracias a una importante lección familiar. Recuperó lo que perdió, regresando como quien se recupera de la pérdida de un órgano tras una operación.

Y regresó tan fuerte como siempre.

No era únicamente por la nueva y flamante computadora, no… bueno, claro que esta ayudaba considerablemente al enriquecimiento de su desempeño, con su amplia pantalla de alta super mega requetecontra definición, ligereza similar a la de una almohada, y un teclado amplio meticulosamente diseñado para generar satisfacción al presionar cada tecla… pero en realidad lo que la hizo regresar con semejantes energías fue el apoyo y confianza que toda su familia demostraba tener en ella. Nunca antes, ni siquiera cuando quiso ser la campeona definitiva de combate cuerpo a cuerpo (y dónde según ella, tenía altas oportunidades de triunfar) sintió tan fuerte en su corazón el apoyo y comprensión por parte de sus seres más queridos.

Portando sus ojeras como si fuesen un trofeo, la chica bajó del segundo piso con saltillos animados mientras tarareaba una animosa melodía. Besó a su padre en la frente como si se tratase de un pequeño, apartando los periódicos con su brazo para lograrlo. El hombre renegó un poco al ver interrumpida su lectura, dónde se actualizaba acerca de la constante declive del dólar en los mercados extranjeros. Aún así, se dejó hacer sin moverse un solo centímetro.

― ¡Buen día, familia Delaware! ― Exclamó la chica, abriendo sus brazos con energía. ― Solo dormí dos horas, y aún así, ¡sé que esté será un día espectacular!

― Ah, te despertaste de buen humor ― Observó su madre, que ya apagaba la llama de la estufa, mientras servía un par de tazas de café con su otra mano haciendo entrever sus capacidades sobresalientes de mujer multitareas. ― ¿Estarás bien en clases? De haber sabido que te desvelarías te dábamos la maquina esa hasta el fin de semana.

― ¡No pasa nada, mujer! ― La tranquilizó Alice, tomando asiento frente a la mesa. ― Estás ante mi forma definitiva. ¡Te sonará algo trillado, pero elegí el nombre de Golden Alice!

― Ajá, ajá ― Asintió la madre, suspirando hondo. Caminó hasta la mesa, y colocó delante de su hija una taza de café, haciendo luego lo mismo para su esposo. ― ¿Cómo te está yendo en las clases, eh? Recuerda que tu prioridad es terminar esa escuela y pasar todas las materias si quieres que te sigamos apoyando en todo esto de la escritura.

― Bueno, la escuela… eh… ― Se encogió de hombros. ― Mira mamá, aquí lo importante es que Melissa está de regreso por unas semanas. ¡PUEDES LLEVARLA A LA CALLE Y PRESUMIRLA CON LAS VECINAS!

Alice gritó esta última línea esperando que el abuelo gritara algo gracioso confundiendo sus palabras como siempre, pero el hombre no dijo nada. Se encogió de hombros, algo desilusionada.

― Tu hermana viene a descansar, la pobre se esfuerza tanto allá que es obvio que solo quiera dormir sin parar.

― ¡Good morning, familia! ― Se escuchó entonces un grito femenino desde la escalera, y no mucho tiempo después apareció la responsable, ya muy bañada, arreglada y maquillada. Vestida con su elegante vestido de día a caóticas rayas negras y verdes. ― Hoy iré a dar una charla a la preparatoria sobre las oportunidades de estudiar en el extranjero. Luego, en la tarde iré a reunirme con las chicas para comer, ¡escuché que Samarah se va a casar! Después, at night, prometí ir a ver el juego de las nuevas leonas, que juegan los playoffs contra los cimarrones de ciudad Capital. ¡Espero poder ver al equipo vencer a nuestras worst rivals!

― Si mamá, verás… ― Alice hizo una pequeña pausa, en la que señaló con sus palmas extendidas a la enérgica presencia que era su hermana. ― Parece que te has olvidado de que tu hija es Melissa, y que nunca para.

― ¿What are you talking about, sis? ― Preguntó Melissa, acercándose hasta la menor para abrazar su cabeza por detrás con animoso apego, aprovechando que finalmente, luego de unos largos 17 años de una relación distante, ambas estaban unidas. ― Dormí las 6 horas necesarias para rendir. ¡Im ready!

― Tus bubis me despeinan, ¡presumida! ¡Grosera!… ― Hizo saber, ofendida en broma (y en serio) sin apartarse. ― Y yo necesitaría unas veinte horas para poder “rendir” como haces tú. ¿Cuál es tu secreto?

― ¡¿CUÁL ES EL ARVEJO?! ― Gritó el abuelo desde la sala. ― PUES ES UN GISANTE QUE SABE MUY BIEN EN CALDO, PERO CUIDADO CON LAS… ¿DE QUÉ HABLABAMOS?

― Un poco tarde, la intervención, abuelo ― Apuntó la jovencita, suspirando bajo. ― Pero gracias igual.

Խնդրեմ ― Dijo, y luego, con una sonrisa tajante agregó. ― մեռած հոգին գալիս է մեզ համար

Hubo una breve brecha de silencio, donde toda la familia, incluso el padre, se quedaron mirando con extrañeza en dirección a la sala. Al ser esto parte de las rarezas de cada mañana, tampoco es que durara mucho la sorpresa, después de todo, el abuelo tenía ya dos semanas hablando de esa forma tan extraña.

―… en fin. ― Melissa carraspeó un poco, deslizándose con gracia para sentarse a un lado de su hermanita. ― Te he hablado antes de mi secreto, ¿no? Tú lo sabes… cada mañana, al despertar, hago estiramientos mientras mentalizo todo lo que quiero hacer, y mucho más… siempre aspiro a dar el extra, y con buenas energías hago abdominales mientras…

― ¡Pero Melissa…! ― Se quejó Alice, interrumpiéndola con notoria pereza impregnada en su rostro. ― Eso que dices suena muy efectivo y funcional para una chica enérgica como tú, ¡pero de solo escucharte me están dando ganas de dormir! Más importante que eso, ¿irás a la preparatoria a dar un discurso?

― ¡Yes, i will! ― Replicó su hermana mayor, notoriamente emocionada. ― No puedo esperar por ver nuevamente my old classroom, ¡y a los profesores! Aún me mando correos a veces con la maestra Leticia, de literatura. Seguro se alegra por verme así de sorpresa.

― ¿La maestra Leticia? ¡Me reprobó los dos trimestres del primer año la muy perr… ― Reculó, deteniéndose de golpe al sentir las miradas fuertes de sus dos padres sobre ella, atentos a cualquier desliz. ―… Perr…permisible, poco permisible.

― Buena salvada, hija ― Le felicitó su madre, llegando a sus espaldas y colocando delante suyo un plato con huevos con jamón.

― Gracias ― Agradeció ella, con una reverencia juguetona. ― Principalmente me gustó como no tuve pánico, y reparé la situación con reflejos felinos.

― But Alice, ¡¿how can you hate Miss Leticia?! ¡That´s completely insane! ― Melissa, mortificada, se llevó una mano al pecho mientras su madre le entregaba su plato. ― Es una profesora brillante, y tú que quieres ser escritora, deberías acercarte a ella más que ningún otro alumno.

― P-pero es una completa perr… permisible.

― Aún si es una completa “permisible”, algo bueno puede tener para enseñarte esa mujer si tu hermana le admira tanto. No siempre todas las personas que pueden enseñarte deben agradarte, debes hacerte a la idea de que habrá muchísimas permisibles en toda tu vida.

Alice centró su vista en su madre tras escuchar su sensato comentario. La mujer ya tomaba asiento en la mesa, a un costado de su esposo, y gustosa se sumaba a la conversación.

― Mom´s right ― Aseguró Melissa, asintiendo. ― Las permisibles abundan incluso en London. Hay unas que se la pasan detrás de los profesores y no precisamente por intereses académicos que si yo les contara… en fin. El tema aquí, es que la profesora Leti es una experta. Tal vez si hablas con ella, algo bueno obtengas. You never know.

― ¡Permisible madre! ― Maldijo Alice, mirando con reniego sus huevos revueltos con tocino.

― ¡ALICE! ― Le regañó su madre al instante, molesta. ― Esa permisible actitud no te la permito en la mesa, ¿eh?

― P-perdona mamá ― Se disculpó ella al instante, arrepentida. ― Es que, realmente me desagrada esa mujer… desde cómo se viste como emperatriz maligna de la nueva era, hasta como me reprobaba a sangre fría. Es la reina de las permisibles en mi mente.

― ¡NO TIENEN POR QUÉ HABLAR EN CLAVE! ― Gritó el más joven de los Delaware, el hermano de Alice y Melissa, que posaba con dramatismo en el primer escalón de las escaleras con los ojos llorosos, la respiración agitada y ambos brazos extendidos como formando una cruz. ― ¡YA SÉ QUE “PERMISIBLE” ES UNA PALABRA EN CLAVE QUE USAN PARA HABLAR DEL HECHO DE QUE SOY ADOPTADO!

El silencio reinó nuevamente en la residencia Delaware tras las palabras del pequeño. Todos se quedaron viéndolo con inmensa extrañeza.

En fin… Melissa prometió a Alice que hablaría de ella a la profesora Leticia, para que más adelante pudiese acercarse con mayor confianza a la mentora. A pesar de que aquella maestra era una de las pocas personas acreedoras del desprecio de la adolescente, aceptó sin más, sabiendo que aquella mujer no era poca cosa teniendo tan altas recomendaciones por parte de la chica más brillante de su generación, y el respeto de tantos estudiantes decorosos de la mejor preparatoria de la ciudad. Algo bueno debía de tener bajo la manga esa permisible pesada.

Apenas acabaron de desayunar, las hermanas Delaware tomaron rumbo. Caminar a clases con su hermana era tan incómodo como Alice lo recordaba; los ojos de chicos y grandes se clavaron en la inconmensurable belleza de Melissa y en su curvada figura, notoria incluso vistiendo un nada vulgar vestido de día. Era como caminar con una modelo, y aunque a Alice nunca le importó que se fijaran en ella, ciertamente era notorio para ella cuán lejos estaba en niveles de atractividad.

En realidad aquello no le molestaba. Afortunadamente Alice nunca fue superficial, así que no le mortificaban cosas tan simples. De hecho, tan era así que la joven escritora no se percataba que su aspecto actual era casi tan atractivo como el de Melissa cuando tenía su edad, quitándole el cuerpo trabajado de una deportista por el de una chica delgada regular y agregándole un cabello más largo y con tonalidad un par de tonos más fuerte.

― Oh, look sister, Claudia.

Melissa señaló al otro lado de la calle cuando ya habían llegado a territorio escolar. Ellas caminaban por la acera que rodeaba al campus de la preparatoria, y Claudia por su parte iba saliendo a pie del estacionamiento de alumnos. Llevaba una sonrisa dibujada en el rostro, mientras esperaba a que un auto le cediera el paso por la carretera.

― Cierto ― Alice suspiró. ― Pero no vayas a saludarla, ¿eh? Que lo que te habrá contado mamá solo es la punta del iceberg.

Ambas siguieron caminando, y ante el comentario de su hermanita, Melissa dejó siquiera de prestar atención sobre la ubicación de la nueva aparente non grata.

― Nunca pensé que ustedes se separarían ― Admitió entonces. ― Ya que han estado juntas desde kínder todos los años escolares, ¿correcto?

― De hecho, hubo dos años en que… oh por dios, ¿qué es eso?

Las dos se detuvieron de golpe en el umbral de la escuela al notar que en la explanada principal una bola de estudiantes gritaba, vitoreaba, abucheaba, y saltaban como si estuviesen viendo el espectáculo de sus vidas.

― Se están peleando. ― Dijo de inmediato Melissa, avanzando con velocidad hacia el tumulto.

― ¿Eh? ― Preguntó Alice, quien no se había percatado de esto, pero su hermana ya le llevaba casi veinte metros de distancia. Caminó dubitativa detrás de ella, preocupada y extrañada, nunca había ocurrido algo así en la escuela.

Melissa se abrió paso entre los estudiantes, empujándolos y apartándolos con fuerza autoritaria mientras gritaba para ordenarles que se alejaran, y una vez se adentró en lo que era la marabunta de gente, Alice no pudo ver qué pasaba hasta que el prefecto se sumó a Melissa, corriendo desde la dirección y significó la huída y dispersión de casi todos los espectadores.

Entre la joven y el prefecto lograron separar a ambos autores del pleito. Uno tenía la nariz sangrando y el labio reventado, y el otro solo estaba despeinado, pero tan agitado e irritado como el que claramente se llevó la peor parte. Uno era de tercer año, y el otro era de segundo. El menor, y el más golpeado, era Anthony.

Se le veía furibundo, y a pesar de que Melissa lo contenía, trataba de lanzarse constantemente hacia el mayor, que hacía lo mismo pero en menor medida, debido a que el prefecto no era ningún inexperto y lo inmovilizó con facilidad.

Pronto llegó la directora, y un par de profesores más, que tomaron a Andoni en lugar de Melissa, mientras la mandamás de la escuela escuchaba la narración de lo sucedido.

―… veo que tendremos dos estudiantes menos a partir de hoy. ― Comentó la directora, con irónica diversión. ― En esta prestigiosa escuela no permitimos animales.

― Dos años tengo estudiando aquí, y siempre se metió conmigo ― Anthony hablaba con el ceño fruncido, aún tan molesto como cuando los separaron recién. ― Me insultaba de lejos, o se reía de mí cuando me equivocaba jugando futból. No sabe ni como me llamo, ni en qué clase estudio, pero solo soy uno de los tantos con los que se mete. Hoy me defendí, es la única diferencia que hay. No tengo por qué dejar que me humillen.

Escuchando atentamente a las palabras del muchacho, la directora se dio la vuelta y echó a andar rumbo a las oficinas, justo de donde venía.

― Vengan los dos a dirección, ya.

― Y-yo lo vi todo, Doctora ― Intervino de entre los testigos restantes una estudiante de tercer año. Una rubia de ojos de color de piel clara, peinada con una coleta sencilla. Se trataba de aquella chica que Claudia siempre mencionaba incondicionalmente cuando la veían a la distancia con piropos sobre su belleza, su perfección y su lindura (no siempre con lenguaje poético, a veces de hecho lo decía rayando en lo soez) ― Trataba de detenerlos, p-pero no pude separarlos. Permítame ir con ellos para contarle lo ocurrido.

La directora se volvió un instante para mirar a la estudiante, y tras asentir en una ocasión, volvió a girarse y a reiniciar su rumbo.

― Venga entonces, Crimsay.

Alice presenció todo con congelada mortificación. Y unos metros detrás de ella Claudia hizo lo mismo. ¿Qué estaba pasándole a Anthony? Nunca había sido violento, jamás imaginaron que fuese capaz de responder de esa forma ante un caso de violencia.

― Parece que ya pasó lo peor ― Murmuró Melissa, regresando a donde su hermana. ― Escucha, voy a ir a saludar a los profesores a sala de maestros y a preparar todo para mi charla… esto va a hacer que hablar con la directora tome un poco más de lo usual, pero al menos ya no hay nadie lastimándose. ¿Catch you later? ¿Entrarás a mi charla?

― ¿E-eh? ― Alice se encontraba pensando en quien fuera su amigo, y en su inusual comportamiento, así que le tomó un par de segundos recuperar el centro. ― Claro que entraré, es perderse una clase sin penitencia, y te estaré animando desde el público.

― Trae a Ted ― Le guiñó un ojo, como percatándose de lo afectada que estaba, y buscando sacarla de su preocupación. ― You know why.

― ¡S-shh, Melissa! ― Le riñó ella, indignada. ― ¡Sonsa, insensible! ¡Bruta! ¡Si alguien te escucha van a creer que es en serio!

― ¡Sorry, sorry! ― Se disculpó, aguantando el arranque de su carcajada con dificultad. ― Pero en serio, ven a verme e invita a tus amigos.

Alice asintió con una gran sonrisa de despedida, aunque por dentro no pudo evitar deprimirse un poco, ya que en esos momentos “invita a tus amigos” significaba literalmente invitar solo a Marco y a Ratón Vaquero, que ni siquiera estaba en preparatoria.

Mientras caminaba hacia su salón de clases, suspiró profundamente con pesadez. Encontró curioso sin embargo, el hecho de que realmente no estaba tan deprimida al respecto como se lo hubiese tomado una semana atrás. Se sentía intrigada por lo que pasaba en las vidas de Claudia y Anthony, y aún se preocupaba y los quería profundamente, pero ya no se veía capaz de llorar o mortificarse por lo ocurrido. Al fin y al cabo, tenía otras cosas de las que ocuparse: como sus escritos semanales y pasar tiempo valioso con su hermana mayor.

Una vez cruzó por la puerta del aula y caminó hasta su asiento, justo a un costado del escritorio de Marco, se percató de que el mismo brillaba por su ausencia; ¿y eso? ¿Llegaría tarde? Faltaba poco para empezar las clases, con el alboroto del pleito en la entrada faltaban pocos minutos para el inicio de la clase, y el profesor de inglés no era precisamente el más amigable con los retrasos.

Suspiró bajo, esperaba charlar un poco con el chico antes de iniciar las clases; planeaba disculparse por no haberse despedido de él la noche anterior, al haber invertido severas horas en la reconciliación definitiva con su hermana, y también deseaba pedirle que mantuviera un ojo puesto en Anthony, que tal vez necesitaba un buen amigo a su lado.

Una cosa era ser el gran escritor ZerG, y otra muy distinta era convertirse en un delincuente estudiantil que va estrellando su cara en los puños de los de tercero… tal vez, pasaba algo más en su vida que estuviese desequilibrando y alterando su pacífica y amigable persona… pero al no ser ella su amiga, no podía hacer otra cosa que hacérselo notar a quien sí lo era.

― Bueno, tampoco es que Marco sea muy observador últimamente… ― Pensó la chica, mientras el timbre anunciaba el inicio de las clases, y el profesor entraba al aula cerrando la puerta. ― Se la pasa escribiendo y… un momento, ¿estará escribiendo o haciendo algo relacionado a su escrito ahora mismo?

Y Alice, sin estar realmente segura, acertó.
________

― ¿Qué es esto? ― Preguntó Sachi, arqueando una ceja. Con algo de creciente impaciencia se rascó la parte superior de su cabeza pelirroja. Llevaba puestos unos lentes de lectura, y en sus manos sostenía un ancho escrito impreso.

Se encontraban en un café acogedor y encantador de corte rural, propiedad de la familia de la joven editora. Ella solía citar a sus escritores a dicho lugar debido al café y alimentos gratuitos, encima de la ubicación cercana a su casa; por desgracia, con Marco nunca era tan simple: tenía que ir tras de él, perseguirlo, sacarlo arrastrándose de Gambino´s, golpear la puerta de su departamento por horas y tolerar cientas y cientas de excusas y llamadas perdidas. Era comprensible entonces, que desde horas antes tuviera un muy mal presentimiento al haber sido citada por él mismo para verse frente a frente.

― Son los primeros cinco capítulos de mi nueva historia, y un plan de rumbo de la misma en perfecta presentación ― Explicó el muchacho, bostezando. Se le notaba el cansancio de pies a cabeza; estaba pálido, tenía unas inmensas ojeras adornando sus ojos, y se había presentado despeinado y con su uniforme escolar completamente arrugado. ― Anda, léelo. Yo te espero, igual mis huevitos rancheros pronto llegarán.

― ¡Sé que es una nueva historia, tonto! ― Replicó la chica, irritada por su muy usual actitud desconsiderada y errática. ― Pero ya hemos hablado de esto, tú no puedes escribir dos historias al mismo tiempo, no tienes la dedicación ni el interés necesario. Necesitas concentrarte en Cartas a la banca, que finalmente está elevándose como uno de los primeros lugares en el top. Pero es bueno que hicieras esta cita, así podemos discutir sobre el capítulo más reciente y su respectiva continuación… creo que podemos aprovechar el viaje de Valerie a Londres para que Luke…

― Ah, sí, sobre Cartas a la banca… acabo de mandar el capítulo final a la ALE. Sale la semana que viene, y sería genial que estrenara en dicha edición esta nueva historia. Verás, cuenta la historia de Nick Elback, un chico popul…

― ¿DE QUÉ HABLAS? ― Gritó furibunda la editora al instante, con fuego en los ojos. ― ¿CÓMO TE ATREVES A ENVIAR UN CAPÍTULO SIN QUE NOSOTROS LO REVISEMOS?

― Perdón ― Agachó la mirada el chico, como si fuese un niño regañado. Sin embargo sonrió de oreja a oreja.

― ¡NO PIDAS PERDÓN CUANDO NO LO SIENTES, Y NO SONRÍAS IDIOTA, PUEDO VERLO DESDE AQUÍ! ¡TE VOY A… ― La chica, que ya estaba casi completamente encimada en la mesa, con intenciones asesinas, acabó por respirar profundo y tomar asiento nuevamente. ― Bueno, no es como si fuese a servirte de algo; para que un capítulo sea publicado es necesaria la firma de editor en jefe y del director de imprenta, y siendo yo la jefa de tu grupo de editores nunca firmé dicho capítulo. Ahora, te lo diré con completa claridad: no puedes y no vas a terminar cartas a la banca, es una historia que aún puedes extender, un relato con grandes fanáticos que anhelan ver más de sus adorables personajes principales y sus relaciones auténticas. Por eso, vamos a discutir ya mismo posibles nuevos rumbos y cambios de aire si es que te sientes incapaz de seguirla en su situación actual. Podemos hacer que Valerie recupere la vista después de todo, o…

― Te diré que rumbo y cambios de aire necesita cartas a la banca: un final. ¡Deja de mirar al pasado, concentrémonos en el futuro! Escucha, Sachi… ― Marco se rascó la parte posterior de su cabeza, como buscando acomodar sus palabras del mejor modo posible, pues sabía que la chica tenía un humor… especial y chispeante. ― Yo veía a los editores como parásitos con patas, sanguijuelas, garrapatas asquerosas que se cuelgan de la suave piel de los escritores para succionar de su vida y sus talentos como terribles parias de la sociedad…

― Espero que quieras llegar a un punto con todo esto… ― Interrumpió la joven, cruzándose de brazos mientras sacudía su pierna izquierda con impaciencia creciente.

― Eso hago, tranquila… el punto, es que yo creía eso hasta que te conocí a ti. Eres inteligente, creativa, inventiva, dinámica, motivadora… ¡incluso para molestarme das el máximo! Esa ocasión en que no quería abrirte la puerta y te metiste por la ventana de mi apartamento fue… ¡wow!

― ¿Qué te puedo decir? No acepto un no por respuesta.

― ¡Exacto! Y yo tampoco, y es por eso que estoy muy contento contigo como mi editora, y por eso mismo espero algún día puedas perdonarme por lo que hice. Fue lo mejor para ambos, créeme.
La editora arqueó una ceja, ladeando la mirada. Su larga cabellera pelirroja danzó un poco con el movimiento deductivo de su cuello; la preocupación se hizo presente poco a poco en su rostro claro.

― Oh dios mío… esta no es una reunión donde me pides darle final a tu historia… ― Tragó saliva, y luego deslizó la punta de su lengua por sus labios, nerviosa. ―… ¿qué hiciste, Marco?

― Eh… b-bueno… ― Como un pequeño tímido que acaba de hacer una inocente travesura, Marco desvió la mirada, hacia la ventana amplia a un costado. ― ¿Recuerdas que pedí tu firma para oficializar los “bonos navideños” hace unas semanas?

―…

― T-tomaré tu silencio como un sí... ― soltó una risilla nerviosa. ― B-bueno, en realidad ese documento estaba sobrepuesto del papel original… en realidad, firmaste la aprobación de mi nueva historia…

―… ¿y los bonos navideños?

― ¿En serio? ¿Es eso lo que te preocupa aho…

― ¿Y LOS BONOS NAVIDEÑOS? ― Cortó al instante.

― A-aún estamos en octubre, S-Sachi… era bastante obvio que aún no iba a tratar ese tema con ustedes, de hecho nunca creí que fueras a c-caer en semejante…

― ¡ME GUSTA EL DINERO, MARCO, OBVIO CAÍ EN TU TRAMPA! ― Se cubrió el rostro con ambas manos extendidas, suspirando profundo. ―… te diría que de nada sirvieron tus esfuerzos, al faltar la firma aprobatoria del director de imprenta… pero a estas alturas, estoy segura de que encontraste una forma de conseguirla… ¿cierto?

Marco guardó silencio por un par de segundos, dubitativo. Su inseguridad a la hora de soltar la sopa reveló a la chica que no le iba a gustar nada la respuesta; por lo mismo, se preparó para lo que fuera.

― Bueno… en eso me ayudaste tú un poco… ahem… robé unas cuantas fotos de tu perfil de Myspace 2 y se las envié al director de imprenta, que piensa que eres un “pedazo sexy de dinamita”… y a cambio gustoso me dio su firma al ver que también tú aprobabas el proyecto…
Para eso no estaba preparada.

―… ¿qué fotos?

― Un par de aquel viaje a Acapulco que hiciste con tus amigos el año pasado, y una en pijama que tu hermana subió hace unos mes…

Marco dejó de hablar, sentía la amenazante figura de la editora acechándolo y a punto de lanzarse encima suyo para asesinarlo. Temeroso, se encogió dentro de su centro, y se fue orillando hacia la pared, con precaución.

― L-lo siento ― Se disculpó al instante. ― P-pero tú nunca hubieras aceptado un cambio de historia cuando cartas a la banca está en su punto más alto de popularidad… a-así que hice sacrificios necesarios.

― ¿SACRIFICAR FOTOGRAFÍAS MÍAS EN PAÑOS MENORES? ― Replicó al instante con ira creciente, tomando al escritor por el cuello de su camisa escolar y alzándolo con facilidad preocupante considerando la complexión delgaducha de la pelirroja. ― ¿EXPLOTANDO MI FÍSICO PARA CONSEGUIR LO QUE QUIERES?

― S-sí lo dices así suena mal ― Tragó saliva, mientras temblando trataba de liberarse. ― ¡P-pero debes confiar en mí! Sach, ¡cartas a la banca no me hacía crecer! Es una buena historia que no me exige ni deja expresar mi máximo potencial. ¡Con este nuevo proyecto, puedo demostrar mis verdaderos alcances como escritor! ¡Podemos romper el liderato de Ten Zero, y el crecimiento de ZerG! ¡C-con tu ayuda, e-esta nueva historia va a dejar un legado que jamás será olvidado!

Sachi soltó a Marco, que cayó de sentón sobre el asiento. Suspiró profundamente, se acomodó su cabello alborotado con paciencia, y ocultó un largo mechón pelirrojo tras su oreja para luego observar a su acompañante con seriedad estoica.

― Si estás tan confiado en que esta nueva historia va a garantizar algo más grande de lo que cartas a la banca puede darnos, voy a confiar en ti… ― Delineó una leve sonrisa con sus labios. ― Voy a leer lo que trajiste, voy a anotar mis observaciones, y mañana iré a tu departamento para comenzar las correcciones que yo vea necesarias.

― E-está bien ― Replicó el muchacho, asintiendo con una sonrisa de emoción evidente. ― Entonces, ya me voy a clases. Mañana te espero en la tarde.

Deslizándose con algo de torpeza para salir de la mesa, Marco se irguió y avanzó con intenciones de abandonar el establecimiento. Justo estaba a punto de abrir la puerta que daba a la salida, cuando la voz imponente de la autoritaria joven le congeló la espalda entera.

― Quiero 20 botellas de vino por lo que hiciste ― Sentenció, con la vista centrada en el texto impreso que Marco le había entregado con anterioridad. ― Es lo mínimo que puedes entregar para compensar tu grosería. Y otra cosa, Marquito… si vuelves a utilizar fotografías mías, o mi físico en general para conseguir lo que quieres, voy a arrancarte los brazos. Y lo digo en serio.


Estremeciéndose entero, y asustado al comprender que las palabras de la joven eran muy en serio, asintió sin agregar palabra alguna y abandonó el negocio. ¿20 botellas de vino y un ultimátum a sus brazos a cambio de la historia de sus sueños siendo una realidad? Parecía un trato justo.

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