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¿Qué es el respeto?

La mañana del otro día sucedió algo peculiar en casa de mis abuelos. Mientras escuchaba a mi familia, tuve el desencanto de utilizar la palabra “desmadre” para describir los actos cibernéticos de un ex presidente mexicano no muy grato en la republica bolivariana de Venezuela. Mi aporte no fue muy bien recibido, y se me reclamó como una falta de respeto a mi abuela ahí presente.
Podría extenderme en el tema y explicar con un sinfín de recursos por qué la palabra que utilicé no es, desde el punto de vista gramático, lingüístico y racional: altisonante o indebida. Pero prefiero ahondar en un tema mucho más fructífero y llamativo (desde mi perspectiva personal) que un simple cruce de criterios en cuanto al concepto de una palabra. El tema que surgió en mi mente de aquel curioso momento fue: el concepto social genérico del respeto.
A lo largo de nuestra formación social, escuchamos la palabra respeto en un sinfín de ocasiones. Sabemos que se lo debemos a personas mayores y desconocidas, además de a nuestros familiares, vecinos y compañeros ya sea del aula escolar o de nuestro lugar de trabajo.
Todos tenemos un concepto arraigado de lo que es. Nuestros profesores y familiares se han encargado de transmitirlo a nuestras raíces, y hemos hecho lo mismo con nuestros hijos, convirtiéndolo en un legado crucial para el futuro ético de nuestro patrimonio humanitario.
A pesar de conocer tan bien la palabra y lo que me han enseñado que es, no pude evitar darme cuenta de que en realidad nunca ahondé en su estricto significado. Y a raíz de mi curiosidad, surgió esta pregunta en mi mente:
¿Qué es el respeto en realidad?
Tomaré los conceptos obligados para responder a mi pregunta: la palabra proviene del latín respectus, que significa “atención” o “consideración”, y la siempre lapidaria RAE define el respeto como “veneración. Acatamiento que se hace a alguien”.
Descrito sencillamente, el respeto es: o una gran admiración, o prestar atención, dar seguimiento. Básicamente, es interesarse por alguien y sus acciones. Nada más, nada menos.
Desde el estricto sentido de su concepto, la palabra no da el ancho para lo que la sociedad ha cargado en sus hombros. El respeto hoy en día, es básicamente el sinónimo de la condescendencia y la discreción más altas. Significa callar y ocultar lo que uno es para no abrumar a la persona respetada en cuestión, significa guardar sus pensamientos y creencias para no alterar en ningún sentido el entorno de la persona digna de su respeto.
La tergiversación de un concepto es altamente común en días modernos. Nuestro lenguaje es demasiado antiguo y posee numerosas ramificaciones a lo largo del orbe. Es común dar por hecho que una palabra tiene un significado durante toda una vida y nunca enterarse que están de hecho equivocados. Pero la distorsión del respeto va más allá de una burda confusión lingüística. Encuentro, en este caso en particular, un severo caso de contradicciones e hipocresía ocultas detrás de lo que puede ser un noble intento de brindar comodidad al respetado en turno.
¿Por qué? ¿En qué sentido se es hipócrita al priorizar el bienestar de aquel que tanto nos importa? Bueno: cuando tú, ser humano respetuoso, ocultas tu forma de ser y de expresarte, tus creencias, tus costumbres y demás materias personales para no faltarle al respeto a quien veneras, te presentas ante él/ella con falsedad. No das tu verdadera cara. Eres un hipócrita que dice respetarle, pero no tienes los tamaños de mostrarte como eres. Mentir es, bajo todos los parámetros: una falta de respeto aún mayor que todas aquellas que tan fervientemente buscas evadir.
Lo dijo Don Benito: “entre los individuos como entre las naciones: el respeto al derecho ajeno es la paz”. Quiero pensar que cuando expresó aquel lema inmortal en 1867 tras derrocar al segundo imperio mexicano, Juárez no hablaba sobre ocultar o suavizar la realidad para algunos, y callar u ocultar para otros. No porque respetes a alguien y a lo que represente, es necesaria la mesura; somos seres humanos independientes, diferentes, y como tales: pensamos y actuamos distinto. Por ello mismo el respeto se inventó: para aceptarnos y convivir en sociedad sin la necesidad de dejar de lado lo que somos.
Se argumentará, que a pesar de lo recién expuesto, el callarse ciertas cosas, ocultar otras tantas, y guardarse el resto vale la pena y es lo correcto para rendir honor a quien honor merece, y tal vez sea cierto. Tal vez sea “un mal necesario” en la sensible sociedad actual, pero no por ser viable va a dejar de ser lo que es: un concepto erróneo, una falsedad, un error, una mentira, una idea corrosiva y una hipocresía.
Así pues, me he encontrado con dos conceptos polares de la palabra respeto: el real y el popular. Uno creado con la intención de unir dos entidades con ideologías diferentes sin crear conflictos, y el otro sintetizado para facilitar la convivencia a raíz de ciertos sacrificios. Al final, cada persona es libre de adoptar su propio concepto, y moldearlo acorde a su entorno.

Y yo, ciertamente lo respeto de esa forma.

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