Lo Último

Asociación de lectores y escritores (ALE) (28/??)

Capítulo 28: Lluvia

Claudia condujo hasta su casa al salir de la escuela. Se cambio, comió algo, hizo un poco de tarea y volvió a salir una hora más tarde. Afortunadamente su auto de 4 cilindros no daba mucho problema por la gasolina (a no ser que se diese el lujo del aire acondicionado, y al estar entrando ya en invierno no era necesario).

 Su destino: el departamento de Mint (o Leslie, como ella insistía que le llamase). Aún no podía creer que por segundo día consecutivo fuese a encontrarse con su más grande heroína en su propia casa, pero así eran las cosas; Mint (o Leslie) misma le pidió su presencia a eso de las 3 de la tarde. Alrededor de estas instrucciones armó su rutina del día, y gracias a su buena sincronización, iba rumbo a su reunión a la hora exacta.

Se estacionó donde mismo que el día anterior, bajó del auto y subió las escaleras con el corazón en la garganta. Le causaba algo de gracia lo nerviosa que estaba pese a ser la segunda ocasión que lo hacía. Relajándose un poco por su notorio endiosamiento a una escritora de humilde personalidad, caminó hasta la puerta correcta y tocó el timbre, ya más tranquila.

No pasó mucho para que Mint (o Les… bueh, ya entendieron) le abriera la puerta. Era una chica bajita, de cabello castaño corto hasta la nuca; aún así lo tenía lo suficientemente abultado para cubrir sus orejas con sus claros mechones. Vestía una playera roja con un logo de alguna banda musical que Claudia no conocía y un pequeño short de coloridas rayas. Andaba descalza, como el día anterior.

― ¡Hola Claudia! ― Le saludó animada, con una voz fuerte para alguien de su tamaño, sin perder en absoluto su voluptuosa feminidad. ― Pasa, anda. Llegas a tiempo.

Entró con una sonrisa tímida dibujada en los labios. Educada, esperó a un costado de la entrada a que la dueña de la casa de guiara como la ocasión anterior.

― Lamento la molestia, y agradezco que me recibas nuevamente ― Dijo con total honestidad. Luego, por alguna razón hizo una extraña reverencia.

― No es nada, no es nada ― Repuso la otra, dejando ver la nula molestia que le resultaba tenerla como invitada constante. ― Justo acabo de salir de la ducha, salgo a correr a diario desde temprano, y usualmente regreso a la 1 o 2, pero esta vez me he encontrado con una amiga y decidí quedarme otra horita más.

Claudia se estremeció, sorprendida. ¡¿Quién diría que la tímida Mint era una gran atleta?! Si ella intentara correr como ella, seguro bastarían menos de 10 minutos para terminar acabada.

 ― Que envidia ― Admitió Claudia, acariciándose las caderas. ― Me encantaría estar en forma como tú…

― ¿Y por qué no? ― Preguntó la joven en respuesta, que dio unos pasos hacia la cocina, abrió su pequeño refrigerador y sacó un par de latas de jugo. ― Ya eres bastante linda, pero siempre he dicho que si una chica quiere ejercitarse debe hacerlo para estar contenta. Y aplica para todo, ¿eh? Incluso para escribir.

Una oleada de frío sopló en la espalda de la pelinegra, que tragando saliva asintió levemente, mientras recibía agradecida la bebida que su mayor le ofrecía.

― Yo no sería feliz si no escribiera y me ejercitara ― Continuó, tras el silencio prolongado de su invitada. ― ¿Y tú, Claudia? ¿Qué necesitas hacer para ser feliz?

Leslie avanzó de vuelta al pequeño pasillo de la entrada, y caminando frente a Claudia se fue a la sala haciéndole una seña para que le siguiera, seña que la otra obedeció sin dudar. Tomaron asiento en la mesa central de estilo oriental, estando ambas sobre sus rodillas.

― S-supongo que… necesito… tener cuentas claras.

El silencio cubrió la habitación entera. Leslie arqueó una ceja con lentitud agonizante, mientras le observaba sin detenimiento alguno. Claudia, nerviosa, estaba a punto de retractarse por haber dicho tal cosa al sentirse juzgada, pero su heroína finalmente esbozó una amplia sonrisa, satisfecha.

― Entonces, ¿quieres usar la escritura para tener cuentas claras? ― Preguntó nuevamente, esta vez abriendo su lata de jugo para dar un pequeño trago antes de continuar. ― ¿Quieres remontar las cosas, ser tomada en serio? ¿Tienes algo qué demostrar?

Claudia asintió, cada vez más convencida de que iba en la dirección correcta. No era como si Leslie conociera su pasado o su presente, pero aún así era capaz de entenderla; ¿tal vez, vivieron situaciones similares? O posiblemente, no era tan complicado de comprender su muy abrumado sentir.

― ¡Entonces a escribir, maldición! ― Exclamó la otra, motivada mientras alzaba un puño en el aire. ― ¡Vamos a escribir!

― P-pero, no tengo computadora portátil ― Excusó de inmediato Claudia, acariciándose la cabeza, apenada. Además… ¿qué con aquel “¡maldición!”? ― Así que hasta que no me compre una no creo poder…

Por tal contestación Leslie suspiró bajo, sin hacerse mucho la víctima por el nuevo obstáculo. Se recostó sobre el suelo para alcanzar con sus brazos un cajón ubicado en una esquina de la habitación. Sacó unas cuantas hojas blancas, y un par de plumas. Irguiéndose únicamente por la fuerza de su abdomen firme, se las puso a su nueva amiga en la mesa.

― Escribir a mano es más difícil, más cansado, y ciertamente más problemático. ― Expresó con franqueza, guiñando un ojo. ― Pero, pienso que tiene un encanto especial que todos deberíamos poder apreciar.

Sonrojándose a más no poder, la pelinegra desvió la mirada. No podía creer cuan fantástica era Mint, aceptándola dentro de su techo, invirtiendo horas de su tiempo para ayudarle a expresarse, y dándole su amistad incondicional a pesar de ser una completa extraña.

― G-gracias.

Claudia acercó un poco más el montón de hojas y tomó una pluma. ¿Cómo se supone que comenzara? Había leído miles de historias y novelas a lo largo de su vida, pero esta era la primera vez que trataría de escribir una… aún si era una historia impulsada por sus propios sentimientos retenidos, ¿Cómo se supone que la pondría en movimiento? Si Alice estuviera a su lado, seguramente le explicaría a detalle sus métodos para dar comienzo a sus historias, pero ella no estaba a su lado. Lo único con lo que podía contar, era que si no daba inicio a su relato, sus complejos se apoderarían de ella para siempre, y nunca sería capaz de superarse a sí misma.

― ¿Problemas para comenzar? ― Preguntó Leslie, tras beber un gran sorbo de su jugo.

― S-sí… un poco. ― Admitió la otra, sonriéndole con nerviosismo. ― S-sé que quiero escribir, y que estoy lista para hacerlo… pero…

― Me pasa lo mismo cada vez que escribo un nuevo capítulo de amor en ruedas. Sé lo que quiero que pase y sé cómo debo hacerlo… pero aún así, la página en blanco es un rival difícil de enfrentar. ¿Cómo plasmar la primera palabra? ¿Cómo conectarla con la segunda? Durante generaciones, los escritores se han hecho esa pregunta, y nadie sabe responderla con claridad porque realmente no existe una respuesta correcta… solo sabemos que tarde o temprano, todos vencemos a esa página en blanco, y estamos listos para la próxima. Si tuviese que darte una pista de cómo hacerlo, te diría que es la ansiedad.

― ¿Ansiedad?

Leslie asintió, sonriendo levemente.

― La ansiedad de querer escribir algo genial que ronda en tu mente… pienso que esa es la motivación principal para dar comienzo. La razón por la que suele decirse que comenzar a escribir una historia es lo más difícil del proceso, se debe a que uno usualmente no tiene una ansiedad de por medio, pues aún tu historia no cobra forma propia… aún no esperas emocionada a llegar a esa parte que volverá locos a tus lectores. ¿Me explico?

― E-eso creo… ― Claudia se cruzó de brazos, mientras repetía en su cabeza las palabras de su amiga. No era ni remotamente cercana a Alice en cuanto a la capacidad de analizar la escritura y sus componentes, pero le encontraba un sentido factible. No era lo mismo tener la motivación y las intensiones de escribir, que estar ansioso y deseoso de hacerlo. La motivación era el primer paso, algo así como la parte teórica, mientras que la ansiedad impulsaba el lado práctico, en otras palabras, la escritura. ― En tu caso, supongo que tu ansiedad se origina del romance bello entre Tory y Levy, ¿no?

Sorpresivamente para Claudia, Mint negó con la cabeza.

― Uno pensaría eso, pero no… a mí me motiva algo muy diferente. MUY diferente.

La curiosidad por supuesto se sembró y cosechó al instante.

― ¿Y qué sería eso que te motiva? ― Preguntó, abriendo ligeramente sus labios por la irremediable sorpresa. ¿Qué podía ser más motivador que la apasionante idea de los brazos amplios de Tory protegiendo a una dulce Levy en llanto? ― ¿Será uno de los romances secundarios de la serie? Siempre creí que…

Pero Mint volvió a negar de inmediato, esta vez sin permitir que Claudia acabase. Se rascó lentamente la mejilla con incomodidad visible, como si estuviese avergonzada del verdadero motivo.

― No me malinterpretes. Amo a Tory y a Levy como pareja, y las parejas secundarias como Phoebe y Robert… pero, eh… lo que me motiva es un poco más… tonto. Sí, esa es la palabra.

¡Increíbles revelaciones por parte de su autora favorita! ¿Quién imaginaría que el romance no sería la motivación principal de la novata del año para escribir? Emocionada, y rápidamente perdiendo la vergüenza de encontrarse delante de su ídolo, Claudia caminó en cuatro patas hacia la otra chica, que desvió la mirada, sonrojada.

― ¿Cuál es tu motivación principal, Leslie?

Los grandes ojos verdes de Claudia estaban más abiertos que nunca. Estaba verdaderamente interesada, ¿y cómo no estarlo?  Solo le faltaba estar moviendo la cola para aparentar a un cachorrito juguetón ante su ama.

― N-no sé si decirte… ― Leslie, dubitativa, se dio la vuelta completamente para quedar en dirección opuesta a su animada invitada. ― Ayer me has dicho que eras mi más grande admiradora… para confirmarlo, cuando te fuiste me puse a buscar entre las cartas y mails de mis fans… y encontré tantas cartas tuyas que me encantaban y guardé entre mis favoritos mucho antes de conocerte… recordé también que el señor Gambino me habló de una jovencita llamada Claudia que se moría por conocerme… concluí que tenías que ser tú tras escuchar tu historia… yo… bueno… te tengo mucho aprecio y no quisiera que dejaras de admirarme como escritora… por eso, no puedo decirte mi motivación… seguro me odiarías… y no quiero eso…

Claudia quiso retorcerse por tanta ternura salida de la boca de la joven escritora. Parecía ser una chica fuerte, imponente y autoritaria todo el rato que pasaban juntas, pero cuando entraban en el tema de su historia y su gran popularidad, se volvía tan tierna y tímida como aquella ocasión en que la vio hablar en Gambino´s. ¿Cómo alguien con un talento tan enorme podía darse el lujo de guardar tal desconfianza en su interior? Pareciera que la única persona que dudaba de sus capacidades resultaba ser ella misma.

― Yo jamás podría odiarte, Mint.

La escritora, giró un poco su cabeza para observar a Claudia de reojo, la pelinegra le sonrió con su siempre intensa sinceridad apenas entró en su campo de visión.

―… Hace ya casi un año y medio, dio inicio una historia tan adorable y pasional, que me introdujo a la lectura. Desde entonces, espero ansiosa leer más y más de ella, y sueño con un amor tan puro y especial como el de sus personajes… ― Ahora era Claudia la que desviaba la mirada, sonrojándose. ― Nunca le he dicho a nadie… pero cuando te leo, no puedo evitar fantasear con que llegue el día en que yo invente algo tan especial como amor en ruedas… pienso en las situaciones de amor en que esos personajes sin rostro y sin nombres se meterían, en los enormes malentendidos, en sus personalidades necias que les hace distanciarse aunque ninguno de los dos lo quiere… y en las risas.

Claudia rió levemente, nerviosa. Era la primera vez que le contaba a alguien esto. Continuó tras una leve pausa, con el mismo ritmo de antes.

―… Porque, aunque tu historia es perfecta como drama… siempre he pensado que si yo escribiera algo tendría que ser divertido… pasional y tenso, pero siempre divertido. ― Hablaba con una sonrisa en sus labios, era notorio cuan feliz estaba de finalmente poder confesar aquello a alguien. ― Con personajes secundarios tontos pero de gran corazón… y tal vez una mejor amiga de la protagonista con una personalidad seria y centrada, que diese equilibrio a todos sus amigos tontos… tendría que usar gafas, ¿eh? Eso sí, las gafas son obligatorias.

― ¿Gafas pequeñas, o amplias? ― Preguntó Mint, dándose la vuelta lentamente, para quedar sentada de frente a su amiga. ― Creo que en eso reside si será una estudiosa de buen corazón o solo una hipster decente…

Claudia rió, estaba muy feliz de hablar así sobre algo que pensó y repensó durante tanto tiempo.

― Definitivamente gafas pequeñas, como de lectura… la imagino bebiendo café, dando un sermón a mi protagonista sin cara.

― Me agrada este personaje. ― Admitió Leslie, encogiéndose de hombros. ― Aunque no tenga rostro, me agrada.

 ― Y es por ese personaje, y por todos esos personajes sin rostro que rondan en mi mente, que nunca podría odiarte, Mint… gracias a ti, y a amor en ruedas, no paro de fantasear y soñar en mi historia sin nombre… ¿Cómo podría odiar a alguien que me ha hecho sentir tanta felicidad solo por su motivación artística? No podría, nunca.

Leslie sintió una cálida esencia en las palabras de Claudia, y por eso, quiso indagar aún más en sus sentimientos… tenía el presentimiento de que estaban a punto de encontrar la mina de diamantes.

― Si desde hace tiempo sueñas con escribir algo como dices, ¿por qué nunca lo hiciste? AsmaX incluso me dijo que no te interesaba en absoluto la escritura, y que tú solo querías apoyar a tu amiga. ¿Existe una razón para que mintieras así todo este tiempo?

Claudia dejó escapar un suspiro bajo de sus labios. Esta vez era ella quien desviaba la mirada, enfocándola en el suelo para ordenar sus pensamientos, aquellos que durante meses mantuvo debajo de la alfombra.

― Cuando acabaron las vacaciones de verano y mi amiga Alice me dijo que quería ser escritora y escribir grandes historias que todo el mundo pudiese disfrutar, estuve muy feliz por ella… pero igualmente estuve celosa, más celosa que nunca. Para ese entonces yo tenía un año ya pensando en crear algo sin haber siquiera empezado, mientras que a ella le tomó apenas un día decidirse y empezar… me intimidó su determinación agresiva. Como una cobarde le mentí a ella y a todo el mundo diciendo que no tenía ganas ni intenciones de escribir. Me excusé a mí misma con el argumento de que Alice era la que tenía ese sueño y yo no… me dije hasta el cansancio que yo era solamente una lectora… como resultado, tomé un papel de víctima que no me correspondía, e injustamente tomé rencor a mi mejor amiga… la lastimé… le adjudiqué mis equivocaciones… y me dejé llevar por mis complejos y temores del pasado… dejándola fuera de mi vida para siempre.

A veces, son las cosas que callamos las que dicen más sobre nosotros. Nuestros temores e inseguridades nos definen como humanos mucho más de lo que nuestras palabras a toda voz. Claudia durante todos estos meses cargó con sus complejos, e inevitablemente cayó a merced de sus fantasmas al sentirse abrumada y olvidada. Alice, su más cercana amistad, recibió el daño colateral.

―…es triste ― Continuó, apretando su puño. ― Porque sé que si a Alice le hubiese contado todos mis problemas con Jim y Nadia, me hubiera consolado y apoyado sin parar… y de haber revelado que yo también soñaba con ser escritora, me hubiera incitado a escribir con ella para cumplir nuestro sueño juntas… no es ella la del problema, nunca lo fue… soy yo la que es débil, la que guarda secretos, la que miente a su mejor amiga…

― La que quiere arreglar las cosas.

Las palabras de Leslie interrumpieron la negatividad creciente de Claudia, que tenía en mente castigarse durante un rato más con sus crudas palabras. La pelinegra asintió levemente, apenas moviendo la cabeza.

― Pero antes debo…

― Lo sé ― Le interrumpió Leslie nuevamente. ― Y esa historia sin nombre y con personajes sin rostro también tiene que esperar, ¿cierto?

Claudia volvió a asentir. Esta vez, levantando lentamente la mirada hasta sostenerla con la de su mayor.

― Entonces… te he contado algo vergonzoso de mí que nadie más conoce… ¿no crees que es justo que ahora me digas cuál es tu motivación para escribir amor en ruedas?

Leslie se encogió de hombros, puso los ojos en blanco y acabó por asentir.

― Sí, te lo diré… lo que me hace escribir amor en ruedas con tantas ganas e intensidad, es el libido.

Claudia escuchó con una amplia sonrisa de expectación las palabras de la gran Mint, aunque al escuchar la conclusión de las mismas se quedó completamente pasmada, como si hubiese quedado congelada.

―… ¿Eh?

La mayor asintió.

― Así como lo oyes… cada mañana cuando salgo a correr, no hago otra cosa que pensar en el musculoso cuerpo sudado de Tory, con su traje de ciclismo puesto, tomándome del cuello y llevándome contra una pared para besarme como si no hubiera un mañana. Luego, imagino como arranca mi blusa con sus equilibradas manos de ciclista y…

― ¡PAPAPAPAPAPAPAPAPAPAPAA! ― Gritó Claudia, poniéndose de pie de golpe con el rostro enrojecido. ¿Estaba siendo víctima de una broma? ― ¡N-no puedes hablar en serio!

― ¡Hablo muy en serio! ― Aseguró la otra, sonrojándose un poco por igual. ― No puedo evitarlo, cuando escribí el prologo, hice a Tory bajo la definición de mi hombre perfecto, así que es obvio que me encantaría que me agarrara y me…

― ¡PAPAPAPAPAPAPAPAPAPAA! ― Volvió a gritar la chica, haciendo una equis con sus brazos. ― Y-ya entendí, ya entendí, quisieras que Tory fuera tu hombre. No tienes por qué ponerte gráfica.

― Pero si fuiste tú la que me dijo que te contara ― Reprochó Leslie, entrecerrando los ojos. ― ¿Además, qué tiene de malo que hable de mis fantasías? Las dos somos chicas, no pasa nada… a TODAS nos encantan los chicos desde la pubertad y a algunas desde antes, ¡¿para qué negarlo?!

― B-bueno, pues porque… ― Se quedó callada de pronto, incapaz de poder continuar la oración. ― Espera, creo que hablar de esto con otras chicas es normal… ¿cierto?

― Por supuesto ― Asintió Mint. ― Me daba vergüenza decírtelo porque temía perder tu respeto, pero en realidad las chicas tenemos permitido hablar de hombres, ¿o tú crees que los hombres no se juntan en clase a hablar de ti y tus otras compañeras?

― Ahora que lo mencionas, son tan descarados que el otro día un par hasta admitieron que salieron a hablar sobre sus tipos favoritos de pornografía…

Claudia no pudo evitar sonreír al recordar a Anthony totalmente desesperado, tratando de convencerla de que aquello era un malentendido.

― ¿Ves de lo que hablo? Si ellos pueden ser tan descarados, ¿por qué nosotras no? ¡Me encantan los hombres con cuerpo de ciclistas, y a uno como Tory quisiera lamerle el abdomen! Ahora vas tú, Claudia… ¡anda!

― B-bueno, no sé… ― Pensativa, Claudia agachó la mirada mientras hacía chocar sus dedos índice uno con otro repetidas ocasiones. ― Me gustan los chicos amables que…

― No, no, esa basura sentimental no tiene lugar aquí ― Se apresuró a descartar Leslie, antes de que siguiera. ― ¡Carne, sensualidad, seducción! ¡HABLA CON TUS HORMONAS!

Claudia retrocedió un poco, sorprendida por la encendida actitud de su amiga. ¿Cómo era posible que una escritora tan tímida, retraída y respetuosa en la superficie fuese tan explosiva, lasciva y descarada por dentro? Tragando saliva, decidió seguirle la corriente, no quería salir herida.

― B-bueno… eh… m-me gustan los rubios, c-creo…

― ¡Ah, eso es genial! ― Le felicitó la otra, asintiendo. ― ¿Qué más?

― Bueno, si además de rubio tiene ojos verdes me enamoro seguro… y si es delgado, pero no flacucho… más bien atlético… así como… como un nadador. No… mejor, como un jugador de tenis universitario… y si viviera solo, y vistiera con camisa y pantalón de vestir… ¡Y mejor aún, que oculte lo nuestro!

― ¡YA ESTÁS HABLANDO CLARAMENTE, CLAUDIA! ― Leslie aplaudió, satisfecha. ― ¡Qué bombón! Ahora vamos por los detalles, ¿mujeriego o fiel a ti?

Las horas volaron para las dos chicas una vez el tema de los hombres de ensueño entró en la mesa. De la mano de Leslie, Claudia logró definir su idea de hombre de ensueño y darle una identidad en su mente, pero no solo hizo eso; también, le ayudó a sincerarse y a dejar salir de su interior sus celos y complejos referentes a su mejor amiga como escritora, además de encaminarla un poco más rumbo al despertar de sus instintos y determinaciones artísticas. Ahora Claudia sabía lo que tenía que hacer, y que aunque era difícil tenía una oportunidad de arreglar los problemas que ella misma provocó… todo a su tiempo.

Leslie estaba satisfecha. Concluía que Claudia era una gran chica, pero como toda persona, necesitaba un poco de ayuda y apoyo para encontrar su camino y equilibrio personal. Dos años atrás, un escritor le había ayudado a ella a encontrar su camino, y ahora ella regresaba ese favor. Era una especie de ciclo sin fin, el apoyo mutuo entre colegas; hermoso y natural pese a estar tan lleno de competencia interna.

Despidió a su invitada no sin antes advertirle que condujera con cuidado al percatarse del cielo nublado hasta donde alcanzaba la vista. Aprovechó para tomar el correo de su buzón antes de volver a encerrarse. Recibió durante el día varias cartas de admiradores, un par de recibos, y un nuevo volumen de la ALE.

Entrando a su casa, colocó toda su correspondencia en la mesita de la sala, y tomó la revista para pasear inmediatamente a la tabla del ranking semanal:

1. – Memorias perdidas – Ten Zero
2. – Segunda oportunidad – ZerG
3. – Un nuevo… ¿inicio? – Yah
4. – Cartas a la banca – Kopazo
5. – El príncipe oscuro – Ten Zero
6. – Bailando por un chesco – Follow
7. – La leyenda del rey dragón – Ten Zero
8. – Bella agente secreto – Ten Zero
9. – Lagrimas del Dios de la muerte – Ten Zero
10. – Escuela de dioses y mortales – Juantástico


Del ranking habían tantas cosas por decirse: ZerG se mantenía por encima de Kopazo, Yah incluso rebasó por un puesto al que era su líder en el círculo púrpura, y Ten Zero parecía incapaz de recuperar su fuerza anterior en el ranking. Sin embargo, lo que realmente interesaba a Leslie le hizo sonreír.

― Solo dos semanas más, ¿no es así, Alan?

__________________________

Mientras conducía a casa, la ciudad se vio envuelta en un ir y venir de rayos y truenos. No pasó mucho para que las primeras gotas de lluvia se deslizaran por el cristal frontal del Claudiusmovil.

La intensidad de la lluvia fue en aumento conforme avanzaba. Llegó al punto en que tuvo que encender los limpiaparabrisas para poder ver, y recordó entonces que un vago se los había robado hacía cosa de un mes. Molesta con su desatención, no tuvo de otra que orillarse frente a un minisúper a esperar a que la lluvia se detuviera lo suficiente para continuar.

Esperó paciente durante algunos minutos, pero los truenos sugerían que la tormenta prevalecería durante un buen rato. Tal vez en la tienda aquella venderían algunos parabrisas genéricos que quedarían bien en su auto.

Ya mentalizada en que acabaría mojada, Claudia bajó del auto con la intención de correr hacia el interior del negocio, pero algo se lo impidió.

Era la lluvia.

La sensación suave del agua fría cayendo sobre su cabeza y sus brazos, empapando su ropa y humedeciendo su piel le impidió dar paso al frente. Se sentía bien, muy bien… como cuando era niña y jugaba con sus primos a la cola del diablo en el pueblo de su madre durante pleno aguacero y quedaban todos con las rodillas peladas, como cuando con Alice escapaba del salón en el jardín de niños para mojarse las nalgas en los columpios, o como cuando Jim la rechazó, hacía ya más de un año, en medio de aquella tormenta que irrumpió a mitad del viaje escolar, y donde sonrió ampliamente por haber dado lo mejor de sí y quedar sin arrepentimientos.

Llegó a la conclusión de que la lluvia siempre le había gustado, no tenía un solo mal recuerdo que ocurriera cuando el cielo lloraba… para ella, era todo paz y sanación bajo el cielo oscuro y nublado cuando las gotas de agua se estrellaban violentamente sobre el suelo.

Extendió sus brazos al frente con las palmas abiertas, y cerrando los ojos alzó su rostro. Disfrutó las gentiles caricias de la lluvia, y sonrió. Sonrió como hizo todos aquellos días de su alegre pasado, y como quería hacerlo cada vez que la lluvia volviera a su vida.


 Lo había encontrado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Bienvenido al mejor blog del universo!

Puedes seguirme en las redes sociales o suscribirte al feed.

¡Suscríbete a mí blog!

Recibe en tu correo las actualizaciones de mis relatos y cuentos. Sólo ingresa tu correo para suscribirte.