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El olvidado

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El olvidado

Imágenes del pasado embistieron su herido presente hasta tirar su razón por un precipicio.

La locura envolvió con sus garras los resquebrajos carcomidos de su mente desolada. Al amanecer, solo una triste sombra de semblante perdido yacía en la azotea… aferrándose a una botella de mezcal más medio vacía que medio llena.

Ella se fue al verse inexistente, y él tuvo que quedarse y existir en soledad… olvidado y condenado a pagar por ambos.

Las mañanas, nada grises  como se esperaría para alguien más abandonado que la tierra infértil, cegaban sus ojos por la brillantez y alegría de cada amanecer para los que merodeaban en su entorno. Hubiese preferido mil veces un amanecer lúgubre, tan oscuro que arropara su existir y le brindara tranquilidad hasta que la muerte le arrebatara de su miseria… por el contrario, cada día se vio forzado a contrastar con el resto, a ser señalado con lastima, a ser un objeto de exhibición… para todos, para todas, siempre sería el olvidado.

 Aniversarios olvidados…
¿Por qué se fue?
Novelas polvorientas en las estanterías…
¿La botella ocultaría sus respuestas por siempre?
Una tarde en el pórtico…
Si el ayer es más fuerte que el mañana, ¿por qué bajarse del “hoy” al esconderse la luna?
Las velas aromáticas que nunca usó…
¿Alguna vez le amó?
La carta de despedida que nunca le escribió…
¿Perdió su capacidad para odiar? ¿O es que en el olvido no hay espacio para un lujo semejante?
El caminar inexistente, de una memoria que jamás volverá…
¿Por qué a él…? ¿Por qué?

El dolor se hace presente en el olvido, y tanto su cuerpo como su mente atestiguan a mi favor. Las cortadas en sus manos y muñecas, las cicatrices en su espalda, y el llanto nocturno, enmarcaron durante décadas su triste retrato.

Arduo y constante, castigó su cuerpo con trabajos forzados y esfuerzos extra a cada segundo. Construyó, arregló, plantó, contribuyó… hizo toda clase de favores y empleos con la esperanza de ocupar su mente, o de errar de muerte para finiquitar con su relato constante de tragedia viviente, más la deidad (si es que existía una), se burlaba de él dándole buena salud y resistencia suficiente como para permanecer y persistir en la desgracia.

La tortura dolosa de devolver una sonrisa a alguien que le  miraba con lástima se convirtió en una rutina más que diaria para él. En los ojos de todos, observaba reflejada toda su patética vida, e incrementaba su desesperación la condescendencia del resto con respecto a su status… ¡¿Por qué no podían dedicarle asco y desprecio?! ¡¿Por qué tenían que lamentar su maldita tristeza?! Para alguien que en el pasado sostuvo y, con honores, un orgullo más grande que su propia persona, era peor que un insulto o un escupitajo a la cara… y con ello tuvo que resistir, resignado a que ahora esa era su vida.

El patio que construyó, sus aves viejas, el cofre del salón… todo, memorias dominantes.

Los tragos, mientras más amargos mejor, ayudaron a sobrellevar la ardua tarea de cargar su nombre… llevándose la botella a los labios, descubrió que las memorias podían cobrar vida algunas noches. Revivía, al menos por unos instantes, el lujoso y perfecto sentir del pasado en su pecho… podía tomar su mano, acariciar su mejilla, y susurrarle lo que siempre quiso decirle pero nunca hizo.

Nada positivo llega a nuestras manos sin efectos secundarios de por medio, y el cobro del breve momento de alivio llegaba muy puntual cada mañana, y no hablo de la resaca, no… la realidad era capaz de golpearlo más fuerte que cualquier dolor de cabeza matutino… nada cambió, seguía solo, confundido… y olvidado.

El mañana nunca luce bien para aquel que trata de vivir en el pasado a toda costa, y mucho menos lo hace para quienes son tan prisioneros de la incapacidad de salir adelante que acaban siendo arrastrados por la locura, a la espera de que un final de fantasía les devuelva lo que algún día tuvieron.


El olvidado tuvo la oportunidad de levantarse y luchar contra lo que se plantó en su camino, pero decidió quedarse donde estaba, y aferrarse al recuerdo de un fantasma que le dejó atrás y recorrió lo que nunca hubiese recorrido a su lado.  Para él ya no hay salidas, ni una posibilidad de recuperarse… él y sus memorias, rondarán con locura por los cuartos de una residencia desolada, hasta que una última canción de amor sea arrancada de sus labios secos y olvidados.

1 comentario:

Caas dijo...

Me gustó, aunque cada vez escribiendo más denso y cargado de sentimiento tú. Cosa que no es mala pero ya sabes que amo tu comedia.
Mi ignorancia me dice que parece prosa... haz algunos poemas, quién sabe si eres un Neruda también además de un García Márquez cualquiera :S

Te quiero Mario, aquí tu fiel seguidora kurau :P

PD: Estoy esperando que en el Bar de los perdidos llegue una historia diferente, es un bar por deus! jjejej

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