Lo Último

¿Feliz cumpleaños?

Faltan 10 minutos.


Pasan los minutos, y yo sigo escribiendo. Sin un propósito más claro que el de sentir como mis letras sobrepasaban las barreras.


Faltan 8 minutos.


De este lado, todo es perfección; existen aspiraciones, planes, ambiciones, deseos, anhelos, metas y sueños… todo está en mis manos. Soy dueño de mi destino, y nadie puede frenarme en mis deseos de comerme el mundo en 2 bocados.

Conforme pasan los minutos, noto el panorama del otro lado del muro, aquella gigantesca barrera oscura que divide un mundo del otro  que solo son unidos por una puerta metálica oxidada sin artesanía alguna en su fachada… allá, todo el horizonte luce lleno de espinas, aridez, y soledad;  es entonces que me doy cuenta que hasta el momento me he dedicado a transitar la parte fácil del camino; y que una vez se acabe el tiempo, comenzará la inevitable dificultad.



Faltan 5 minutos.


Sigue pasando el tiempo, y sigo caminando… no encuentro como detenerme… no encuentro tampoco un consuelo para mí mismo. ¿Algún día parará esta agonizante sensación de acercarme cual vaca condenada al matadero? Mi garganta seca parece opinar lo contrario, mismo caso es el de mis manos sudorosas, que ya sin la seguridad rebosante de hace unos minutos atrás, comienzan a dejar caer por el camino todos esos planes y deseos… también un par de ambiciones quedaron en el camino, e inminentemente me quedo sin herramientas para llegar al otro extremo.


Faltan 3 minutos.


¿Por qué el tiempo pasa tan lento? ¿Por qué las manecillas me torturan? Ya puedo observar la puerta que me llevará al otro lado, pero no puedo tocarla; está al frente, pero es inalcanzable… y lo peor de todo, es que sé que del otro lado nada bueno me espera… ¿existe mayor angustia que la de la espera a una condena inevitable? El malestar de la impaciencia, afecta tal vez más que la misma penitencia.


Falta 1 minuto.


Ya no sé si estoy respirando, ya no sé si mi corazón palpita. Lo único que me consta, es que he podido tocar el picaporte de la puerta, y que he girado la perilla… finalmente puedo dar un paso adelante, finalmente… puedo cruzar el umbral que cambiará para siempre toda realidad como la conozco.


Ya no falta nada.


He cumplido 22 años… y aún cuando a mí me encantaría que no fuese así, es innegable que nunca más volveré a apreciar la belleza entrañable de mis 21, ni de mis 20, ni de mis 19, ni de mis 18… a partir de hoy, todo cambiará… y esa, es la mayor penitencia de aquel que se siente desaprovechado de sus años de vida… estos, nunca regresan para una segunda vuelta.




¿Felices 22 a mi mismo? Para nada, y si fuera ustedes tampoco me felicitaría… no hay nada que festejar. Aún están leyendo esto en mi blog, ¿no es así?

2 comentarios:

Caas dijo...

A veces suenas taaaaan depresivo, me haces extrañar al viejo Mario... o más bien al joven Mario que escribia cosas llenas de risas. Sin embargo, sé que es parte del crecer, y cuando te vuelvas realmente viejo escribiras esas cosas de nuevo, porque los viejos ya reflexionaron mucho y solo quieren reir y disfrutar.

Felices 22, otra vez te debo el regalo -3-

Myrna Chaparro dijo...

MADURAR DUELE!!! si, que ironía, se supone que al acumular experiencias, se hace mas facil, pero no es asi, madurar duele, y empiezas a sentir que no avanzas, bien!!!!! que bien!!!!! asi es el sentido de la vida, asi es ser consciente, asi es el crecer...pero, si miras con detenimiento, cada paso que has dado, cada dia que has invertido en este blog, cada letra tecleada en tu compu, cada risa, cada llanto que has arrancado en tus lectores, verás que has invertido tus emociones en algo intangible, sensorial, abstracto...pero que sus riquezas nunca pereceran....

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