Lo Último

Sin vida, él podría estar mucho mejor

Él.
El calor ardiente de su piel se templó tras envainarse hacia él el acero helado, acompañado a sus costados por los siempre seductores brazos de la muerte.

Dulce fue el progreso del deceso, según esbozaba tras su cuerpo quedar inmóvil sobre el suelo; pero amargos sus últimos instantes se tornaron, cuando especiaron su despedida aquellos labios, mismísimos autores de su último capítulo.

Reacio fue el beso a sus sentidos, como si hubiese probado de un mal vino; y es que, hacía meses que esos labios provocaban aquella sensación errónea: siendo sencillo y honesto, ya no le amaba. De hecho, le detestaba; y así se lo hizo saber, minutos antes de encontrarse con el infortunio de una muerte adelantada en reprimenda a un cambio de sentimientos hacia un amor mortífero.

Con sus últimos vestigios, reprobó la acción de su asesina. Con sus ojos, encontró sus ojos, y permitió que el odio en su estado más puro se transmitiera a través de su mirada. No hacían falta palabras, no hacían falta aspavientos… él sabía, que con esa sola mirada, dejaba bien en claro a su atacante, que incluso dando final a su vida, infructuoso sería todo intento de cambiar el hecho de que su amor por ella estaba extinto… tan muerto, como él lo estaba ahora.

Ella.
Dejó caer el cuchillo sobre la gruesa alfombra apenas pudo sacárselo del pecho haciendo uso de todas sus fuerzas, y este rebotó dos veces en el suelo antes de quedarse estoico ya sobre la base de parquet. La sangre de su amado salpicó su tobillo desnudo, y la plataforma de sus tacones altos.

Con la respiración agitada, más por adrenalina y tensión que por el esfuerzo que invirtió en acabar con la vida de su hombre, cayó sobre sus rodillas, mientras nerviosa, saboreaba el mar de sentimientos que ahora entraban por entre sus labios rojos, tatuados para siempre de sus miedos y rencores.

Esa mirada…

Era como si él no lo entendiera… ¿Por qué le miró de esa forma? ¿No comprendía que él fue quien le obligó a hacerlo diciéndole que ya no quería volver a verla? ¿Qué otra opción tenía? No podía dejarlo ir, ¡ESO NUNCA! ¡Él le pertenecía a ella! ¡Él debía quedarse a su lado por siempre aún si eso significaba mantenerlo consigo por la fuerza!

Esa mirada…

Sabía de sobra que su amado le odiaba antes de morir. Pudo verlo en sus ojos antes de que se esfumara de ellos el brillo característico de la vida, e incluso a su cadáver, quedó impreso ese gesto rencoroso que amenazaba con atormentar para siempre el bello pasado que solían compartir, que ella construyó para ambos con todo su esfuerzo… ¿significaría esto un final triste para una bella historia de amor después de todo?

No...

No podía ser…

Rechazó tras pensarlo apenas unos segundos aquella amarga despedida que su adoración le regaló. ¿Por qué tenía que ser un adiós, incluso si ahora la vida se había esfumado de su cuerpo?... tal vez, y solo tal vez, la vida era apenas una mísera parte de las muchas cosas que se necesitan para amar y ser amado… tal vez, incluso… sin vida, él podría estar mucho mejor…

Dejó que desde el retorcido lienzo de su puchero amargo, se dibujara lenta y suavemente, una sonrisa radiante de emoción y nuevas posibilidades… tal vez, podía funcionar… tal vez… este fuera el inicio de la mejor etapa de su relación... una etapa donde él no iría a ningún lado… y siempre estaría a su lado.

Rió bajo, para sus adentros, más la emoción y el goce inundaron su ser, y terminó carcajeándose y pataleando de la excitación: finalmente estarían juntos de la forma en que ella siempre quiso que estuvieran.

Se dio la vuelta, y gateó hasta llegar al lado de su amante. Con la rodilla, en su andar, rozó su mano firme, y notó que aún estaba tibio. Cruzó su pierna al otro extremo de su cuerpo, para colocarse así encima de él. Era una sensación distinta, más rígida y fría, pero no le importaba en lo absoluto… sabía que era solo algo mínimo a lo que se acostumbraría con el paso de las noches.

 Con su palma, cuidadosamente cerró sus ojos,  y acarició luego su mejilla bien afeitada. Estaba tan apuesto como siempre, ¿se había arreglado así solo para verle? Eso era encantador, y galante… pero él siempre era así, encantador y galante… por eso le había elegido para compartir una eternidad a su lado.

Con su mano izquierda a palma extendida, acarició su abdomen firme, lasciva. Luego guió la punta de su dedo índice a esa herida en el pecho que le hizo desangrarse hasta la muerte. Bordeó con la suavidad de su dedo la profundidad de su tajo, era para ella una sensación nueva y excitante, le parecía ahora una maravilla que le mantendría por siempre a su lado.


Al terminar su exploración, atrapó su dedo con sus labios, y lamió con su lengua la sangre de su amado para limpiarse; se mordió el labio inferior con fuerza, excitada, e incapaz de aguantar un segundo más, se recostó sobre él para darle el primer beso de los muchos que le daría en esa nueva y perfecta etapa de su relación.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Una saludo.

Valla escrito colocaste esta vez...

"El amor es ciego". Una frase muy popular, pero cuando el amor es contaminado por el cólera al no obtenerlo de la forma en como uno lo quiere, lleva al ser humano a destruir lo que más de ama.

Nos vemos.
Sya.

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