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Un vaivén de sentimientos en Do mayor

Un vaivén de sentimientos en Do mayor


Bienaventurados los que no sufren por carecer del control de sus vidas. Malparidos quienes se atrevan a jactarse rostro a rostro de su dominancia. Perdidos quienes como yo, buscamos el control… y no lo encontramos al tenerlo una sonrisa bajo sus ropas.
Enérgica y envolvente, me invitas, cruel sonrisa a bailar un minueto contigo. Cada noche al cruzarse tu mirada celeste con la mía petiza, la música envuelve mis sentidos y el calor se apodera de mi pecho. Arde, quema, cancina  mis sentidos, mis orgullos, y con ellos… todas mis posibilidades de obtener lo que tanto quiero de ti.
Tus pasos, traviesos, juguetones e insinuantes, arrastran mis pies al centro del salón apenas comenzada la pieza. Sea un novedoso variado en Re o un siempre perfecto Do mayor, eres tú quien guía y dirige la danza; das los giros, me guías por donde apetecen tus pies cruzar, y al agotarte de mí, me llevas a sentar para continuar por cuenta propia, como si mis pies fuesen de tu estorbo, y requirieran tus blancas piernas el espacio de andar libres al final de la noche.
Cuando te alejas de mi lado, suelo bajar la mirada, y para mis adentros susurrar:
“Lo intentaré la próxima noche”
Lo digo aún cuando sé ya de sobra que son nulos mis intentos de ser yo quien guía, quien controla tus pasos, quien dirige nuestra melodía, quien da los giros, y quien radiante, al final de la pieza, no suelta tu cintura delgada, y te hace mantenerte a su lado por la próxima pieza. Y por las que siguen después.
Temo que tu presencia cambió para siempre mis polaridades. Con un húmedo beso provocaste en mí el mal del descuido, y mientras la calidez arropante de tu lengua envolvía mis adentros, te hiciste con toda mi vida. Así fue… pillaje en mi alma, y tan en mis narices, que me siento cómplice muy a mi pesar.
Definen tu nombre latín como el de alguien majestuosa. No satisfecha con eso, también resultas ser descrita como independiente, curiosa, y apasionada en todo lo que haces. No podría estar más de acuerdo. Eso, me frustra mucho.
Es como si el mundo reconociera tus dotes, y yo no quiero eso. No debería ser así, no se supone que sea así… aquí es donde extraño nuevamente mi capacidad de controlar lo que ocurre a mi alrededor; y es que, de todo lo incontrolable, tú eres lo más deseable.
Me intriga tu silueta. Esbelta, de aspecto frágil, pero con una pinta de caminante incansable pese a tu espalda pequeña, misma que deseo recorrer con mis dedos largos una y otra vez hasta fusionarse tu piel con la mía. Perderme delineando cada marca de tu piel desnuda por donde empiezan tus hombros, hasta prenderme de tu cintura hundiendo mis dedos con imponencia, contando tus lunares, y finalmente besando desde tu nuca hasta donde la espalda pierde su nombre y empieza la atracción sexual que siento por ti.
Podría pasar horas describiendo lo mucho que deseo apoderarme de tu cuerpo. No hay suficientes desvelos en el mundo para describirte siquiera como mis dedos se moldearían alrededor de tus nalgas para levantarte en mis brazos, y una vida entera me llevaría explicártelo todo con la práctica. Noche a noche, mañana a mañana… tendría que hacerte el amor cada instante de nuestras vidas para hacértelo entender… y aunque me encuentro dispuesto a brindarte el bien del conocimiento, se obstaculizan mis deseos con tus continuos escapes de mis brazos.
Para poder hacerte mía cada noche, primero tengo que hacerte mía una noche.
Comprenderás, citando todo lo anterior, que te odie. Comprenderás que te odie por hacerme cada día sentir la mayor de las impotencias al no saber cómo mantenerte a mi lado, al no saber cómo controlarte.
Entenderás, estoy seguro, que te deteste con lo más profundo de mi ser cada mañana cuando no despiertas a mi lado.
Sabrás vivir, sabiendo que cada instante sin ti, es para mí andar incompleto, con un inmenso vacío en el pecho, sintiéndome impotente al saber que en ti está lo faltante, y que no puedo retenerte por siempre bajo mis brazos.
Te odio. Te detesto. Maldigo el día que te conocí. No puedo creer que solo con tus ojos, hayas sido capaz de hacerme ver todo lo que me faltaba; estoy atónito de solo recordar las falencias que me hiciste descubrir solo con tu presencia a mi lado…
Te amo. Te adoro. Bendigo el momento en que me enamoré de alguien como tú. Sé que todo el mal que me has traído, es solo un fragmento al bien que siento cuando puedo bailar contigo… durante el minueto, siento que estoy completo; y así la pieza dure solo 5 minutos, o menos, me bastará y sobrará para esperanzarme a bailar contigo de nuevo, al día siguiente.

Emociones encontradas hacia la sonrisa que cada noche alumbra mi sonrisa. Deseos retenidos hacia los ojos en que cada noche se pierden mis ojos. Un minueto con mi compañera de baile, un vaivén de sentimientos en Do mayor.

1 comentario:

Kthrine dijo...

interesante y poético, valió la pena pasarme por aquí

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