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Las páginas durmientes - Cuento 4- "Que corra la sangre"



Que corra la sangre

Das un suspiro. Tienes, posiblemente, horas mirándote al espejo buscando armarte de valor. En cierto punto, simplemente cierras los ojos, y lo haces: cortas tus venas.

 Y dejas correr la sangre.

Latente por la apertura de tu piel, se desliza desde tus venas cual canal desembocado sobre la suave superficie inferior del brazo. El cosquilleo del líquido es cálido y reconfortante, es casi tan tranquilizante como un hidromasaje, pero mucho más puro y también, mucho más corto.
Aunque al principio, el goce de la vida líquida desbordándose sobre las delgadas capas dermatológicas de tus extremidades roza con la perfección, no alcanzan a secarse los primeros residuos cuando dejas de disfrutarlo.

Un hormigueo recorre tu cuerpo. Es como si te hubieses quedado dormido en una mala pose; y aunque puede sentirse gracioso en un inicio, es en el momento en que intentas apretar tu puño que te das cuenta de lo que acabas de lograr: ya no eres tan fuerte como solías serlo apenas hace unos minutos… jamás volverás a ser tan fuerte. ¡Lo estás logrando, estás cumpliendo el cometido de vencerte a ti mismo!

El hormigueo se transforma en una pesada debilidad que te orilla a intentar una y otra vez levantar tus brazos como antes hacías; pero ya no es posible... es demasiado tarde. En el momento en que deseas regresar atrás, es en el justo instante en que ya no hay puertas abiertas en dirección al regreso: el frío llega a tus brazos. Lo único que puedes sentir ahora, es un brutal, e inconsolable frío.

Parecerá que el tiempo se ha congelado igual que tus brazos, tal vez pensarás incluso que el sangrado se ha detenido y que ya solo queda aguantarse el frío que parece expandirse desde el origen de tu corte hasta el resto de tu cuerpo; pero si bajas la mirada, podrás notar que muchísima sangre ha abandonado tu cuerpo, que de hecho, tu ropa está empapada y que el último suelo que pisarás tiene charcos desbordantes y resbaladizos de la que será tu última gran estupidez.

¿Pensaste que sería tan simple como cerrar los ojos y dejar de existir? Estoy seguro de que no fuiste capaz de razonar instantes antes de sellar tus mañanas, y en base a un estúpido impulso de debilidad te lanzaste contra el único reto que ningún ser vivo puede afrontar con valentía.

¡Ah! Ese último arranque de amor por la vida. Es tal vez el momento más vivo de toda tu vida. Son tus últimos minutos, no tienes elecciones, ni fuerzas, ni libertades ni posibilidad alguna de regresar en el tiempo… ¿pero sabes que tienes? Grande ironía que se presenta incluso en tus últimos respiros: ¡DESEOS DE VIVIR! Es ahora que vas a morir como un cobarde de mierda, es ahora que tienes un verdadero problema sin solución, y por el cual vas a morir, ¡QUE DESEAS VIVIR!

¿Dónde estaban esas ganas de existir cuando te molestaban en la escuela? ¿Dónde estaban esos anhelos de un mañana cuando tu familia no te comprendía? ¡¿DÓNDE ESTABA TU CARIÑO PROPIO CUANDO NO ENCONTRABAS CARIÑO EN NADIE?!  ¡¿DÓNDE MIERDA DEJASTE TODAS ESAS POSESIONES DE TAN GRAN VALOR?! ¡¿POR QUÉ ESPERASTE HASTA EL ÚLTIMO PUTO MOMENTO DE TU PUTA VIDA PARA TENER LOS TAMAÑOS DE DECIR “A LA MIERDA TODA MI TRISTEZA, QUIERO VIVIR”?! ERES IMBÉCIL, ERES COBARDE, ERES ESTÚPIDO Y ERES DÉBIL.

Seguramente, eres todo lo que te tuvieron que decir para orillarte al suicidio, ¡Felicidades! ¡Tu última acción en este mundo, ha sido darle la razón a todos aquellos que te orillaron a cometer semejante estupidez!
Ahora lo ves con claridad… te equivocaste en cada elección desde el momento en que la idea de rendirte se pasó por tu cabeza. Y ahora, el frío de tus brazos se ha expandido hasta tus piernas. Estás tumbado en el suelo, remojándote en un charco de tu propia sangre, bañado en todas tus equivocaciones. Tienes la cabeza en dirección al techo, será lo último que verás.

Pronto, el cansancio provocado por la falta de sangre te hará sentir sueño, mucho sueño y te quedarás dormido para no despertar más. Felicidades, te uniste al selecto grupo de cobardes que dejaron correr su sangre.

2 comentarios:

kurau dijo...

GRANDE.
No tengo como decir ke este cuento me ha encantado, lo he amado y ke me casaria con el si fuera legal.

Hiroyuki-san dijo...

El sentimiento de encontrar esa chispa de vida en el último instante de la misma, conlleva a voltear la moneda del lado que no te gusta. Logrando así, cambiar tu forma de pensar y razonar o en su caso; terminar con tu vida creyendo que estabas en lo correcto siempre y la vida era la traicionera.
Sya.

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