Lo Último

Amo a Zack! (Creo) (14/??)



La sonata de la mujer de los cabellos rubios (tercera parte y final)

Ellie

(2005, Texas)
―… Entonces, por esas 300 razones y muchas más estoy segura de que Jack Sparrow va a ser el gran héroe de “piratas del Caribe: el cofre de la muerte”.
― ¿Vaya que te pones apasionada cuando de películas de Johnny Dep se trata no? ― Bufó Zack, con una risilla sorpresiva. ― Aunque no estoy del todo convencido de que tú razón #1 sea completamente valida.
― ¿Por qué dudas de esa razón? ― Pregunté, soltando un manotazo de rechazo al aire. ― Es la más importante de todas.
― Pues, no creo que su nivel de heroísmo en esa película vaya a ver aumentado solo porque “es muy guapo”.
Zack y yo caminábamos por la calle aledaña a la escuela, no era muy tarde, serían las 11:30 de la mañana e íbamos con dirección a su casa. Los motivos, eran que el muy torpe se había olvidado de llevar su cambio de ropa para hacer ejercicios, cuando fui a sacarlo de la cafetería durante el descanso, lo primero que hizo fue tomarme por el brazo y decirme que lo acompañara para evitar que lo regañara, y bueno, más o menos le funcionó, pues inmediatamente después se puso a hablar de piratas del Caribe y terminó desviando mi atención completamente al punto en que mi enojo pasaba a ser cualquier cosa.
― Tú que vas a saber de factores heroicos ― Espeté. ― Seguramente supones que la tontuela hija del juez va a ser la heroína solo porque es muy bella.
― Pero por supuesto que ella va a ser la hero… ¡Oh rayos! ― Exclamó Zack, tomándose el bolsillo de su pantalón. ― ¡He olvidado las llaves de la casa en el bolsillo de Junior!
 ― ¿En el bolsillo de Junior? ¿Y qué hace en el bolsillo de Junior?
― Me la pidió en la mañana para abrir la puerta de la oficina de Feeney y sacar un poco de carne seca.
― ¿Feeney tiene carne seca en su oficina? Más importante que eso, ¿Tienen las llaves de la oficina de Feeney? Si que les tiene mucha confianza, ¿no?
― No realmente ― Negó, dándose la vuelta. ― Le sacamos una copia a escondidas. Escucha, voy a correr con todas mis fuerzas por las llaves y regreso, ¿bien? No me tardo nada.
― Está bien ― Accedí, caminando hasta un árbol cercano. ― Te espero en la sombra.
Zack se fue como toda una saeta en línea recta en su camino de regreso a la escuela. Era bastante veloz, no me sorprendía como era que nunca lo atrapaban en sus fechorías con esa velocidad.
― ¿Así que carne seca, eh? ― Murmuré, tomando asiento en el césped.
¿Cómo fue que las cosas terminaron de esa forma? ¿Ahora Zack y yo caminábamos hasta su casa teniendo amigables charlas y de pronto yo estaba bien con su alianza mafiosa con el subdirector de la escuela? ¡Apenas el mes pasado yo me quejaba de ese sucio acuerdo que ellos mantenían! ¿Sufría problemas de bipolaridad? ¿O tal vez era una hipócrita que pensaba que las cosas inapropiadas estaban bien cuando era un amigo quien las hacía? Esperen un momento… ¡¿Ahora Zack Mosh era mi amigo de nuevo?!
Suspiré. Había tanto sin aclarar en mi mente y sin aclarar a voz hablada que ya no sabía ni en donde me encontraba parada. Sabía que en algún momento Zack y yo tendríamos que hablar oficialmente para arreglar nuestras diferencias, así como también sabía que eso conllevaría a que estuviéramos oficialmente en buenos términos para así poder comenzar a darme cuenta si en verdad yo sentía algo por él…
Sonaba bastante simple si se describía de esa forma, pero de planear a actuar existe un gigantesco abismo, rebosante de sentimientos parecidos a la inseguridad, al miedo, a la vergüenza y demás… simplemente, el solo pensar en decirle a Zack “tenemos que hablar de lo que pasó” me erizaba la piel y daba escalofríos por todo el cuerpo. Mi cobardía era protagonista en la batalla que se daba en mi mente.
Me preguntaba si Zack estaría en las mismas que yo. ¿Estaría él pensando en si ahora estábamos completamente bien? ¿Sabría que aún nos quedaban asuntos pendientes a tratar? ¿O era un despistado e imaginaba que ya estábamos en términos perfectos? Esta última opción me parecía un tanto absurda, pues Zack no era conocido precisamente por tener poco tacto, igual: dadas las circunstancias, no podía descartar opciones.
― ¿Qué haces ahí con cara de loca? ― Preguntó una voz conocida al frente. Levanté la mirada, era Rocko, conduciendo su auto. Me miraba con un rostro divertido. ― ¿Has decidido pedir limosna aquí aunque casi no pasa gente?
― Muy gracioso ― Reí con sarcasmo. ― Espero a Zack, lo acompañaré a su casa por ropa para ejercitarse… ¿y tú por qué no estás en la escuela?
― En realidad, he pedido permiso para salir temprano. Tengo algunos… eh… asuntos que atender, así que voy a casa a recoger a mi madre. ¿Y acompañarás a Zack? ¿Zack Mosh? ¿Ese del que te la pasabas quejándote antes?
Rió al ver mi expresión de derrota al no encontrar como responderle. Me encogí de hombros.
― Déjame ― Le pedí, en tono juguetón. ― Ni yo misma puedo explicármelo…
  Bueno, al final la verdad siempre sale a flote.
Abrí la boca, impresionada.
― ¡Vaya, vaya! Ronald Chuck, ¿eres tú el que habla? Creo que es lo más sabio que te he escuchado decir desde que te conozco.
Soltó una risotada exagerada en sarcasmo y aseveró su rostro al instante.
― Por cierto, Ellie… ¿Te gustaría ir a algún lado el sábado? Ese día me pagan en el trabajo y he llegado a la conclusión de que ando de humor para pasear un rato por los centros comerciales con una chica rubia.
Reí.
― ¿Y ya que no encontraste rubias candentes has venido con tú amiga rubia promedio?
― Para nada, eras mi primera opción. ¿Qué me dices?
― ¡Suena bien! ¿Por qué no invitamos a los demás? ― Sugerí, entusiasmada. ― A Karla, a Steve, a…
― En realidad estaba pensando más en una cita, dos personas.
Me petrifiqué, mi rostro no tuvo siquiera la oportunidad de esbozar sorpresa, vino de un lugar completamente inesperado… creo que me quedé en silencio por unos 90mil años.
―… No tienes que responder ahora ― Apuntó Rocko finalmente, haciéndome respirar aliviada. ― Así que puedes volver a abrir esos pulmones.
― Gracias, lo siento, pasa que me tomó por sorpresa y…
― Sólo piénsalo, ¿Bien? ― Se puso sus lentes de sol e hizo un saludo con su dedo índice. ― Nos vemos luego.
― Claro ― Agité la mano, cómo una despedida nerviosa. ― Suerte con tú asunto.
Rocko aceleró el motor de su auto y se perdió entre las calles aledañas. Dejándome completamente aturdida. ¿Qué rayos acababa de pasar?
― ¡VOLVÍ! ― Gritó alguien a mi costado. Pegué un salto de la impresión que me despegó del suelo. Era Zack, respiraba agitado y me miraba con seriedad. ― Vo-llegué, Ellie… llegué.
― Eso fue rápido ― Observé, sacudiéndome la cabeza ligeramente y poniéndome de pie con ayuda de su mano. ― Eres bastante veloz, no te tardaste nada.
― ¿Ese era Rocko? ― Preguntó, levantando la cabeza con supuesta naturalidad.
― Así es, era él ― Asentí, dando un paso al frente. Indicando que siguiéramos nuestro paso. ― ¿Continuamos?
― ¿Ah sí? ― Caminó un tanto acelerado hasta emparejarse conmigo y reguló paso. ― Pues yo ahorita me topé con Elizabeth… por eso me tardé tanto.
― Pero si no te has tardado nad…
― ¿Tú y Rocko están saliendo? ― Preguntó al instante, interrumpiéndome.
― Si Rocko y yo estamos saliendo no es de tú incum…
― Lo digo porque Elizabeth y yo estamos saliendo… de hecho, ahora que me encontré con ella me ha dicho que quiere que la lleve al cine…
¡Uf! Directo al pecho. No recuerdo si en ese momento no supe a que se debía el daño por aquel comentario o si preferí negarlo a toda costa… solo recuerdo que no estaba dispuesta a perder… y que en cierto momento, antes de lanzar la primera piedra pensé “¿pero perder en qué?”
― ¿Ah sí? ― Pregunté, con falso y venenoso interés. ― Pues Rocko y yo estamos saliendo, justo me acaba de invitar el sábado a pasear por un centro comercial solos él y yo.
― ¿A-ah sí? M-me alegro mucho por ti ― Sonrió. ― U-ustedes dos hacen una excelente pareja.
― Podría… decir lo mismo de Elizabeth y tú…
El silencio cubrió enteramente a nuestro alrededor. Cómo caminábamos por una zona residencial era natural que el silencio predominara al paso, y a lo mucho el poco constante seseo del viento llenaba los espacios de nuestra falta de habla.
Repentinamente estaba herida con Zack. Estaba molesta con él y deseaba soltarle un golpe en el brazo por hacerme sentir de esa forma… pero por otro lado, me faltaba el valor para encararle o como mínimo darme la vuelta para mirarle a los ojos… era frustrante tener ganas de gritarle y enojarme con él a mis anchas pero no tener una razón valida para lograrlo… sabía que tenía que tragarme mi orgullo (y lo que fuera que estuviera mezclado con el mismo) y hacer como si nada hubiera pasado.
― Creo que los dos estamos experimentando el romance de la adolescencia a flor de pie entonces, ¿no? ― Preguntó, como si estuviese pensando exactamente en lo mismo que yo. Solo que el muy torpe no escogió un comentario acertado para reiniciar el dialogo. Un cambio de tema hubiese sido mucho mejor elección.
― Eso creo ― Asentí, forzando una sonrisa. ― Tal vez luego podamos… tener una cita doble o…
― ¡Definitivamente! ― Accedió. ― Será genial, dos amigos, con sus dos citas y… si, será genial… genial…
Suspiramos al mismo tiempo. Intercambiamos miradas y acto seguido un par de sonrisas.
― ¡No me copies mis suspiros! ― Le reñí, cruzando mis brazos y empujándole ligeramente con el hombro.
― Desde mi perspectiva, yo suspiré un par de milésimas antes que tú, así que tú eres la que debe dejar de copiarme…
Una vez dejamos de hablar del asunto de las citas, nuestras charlas retomaron su ritmo habitual. Aquel ritmo que me hizo entrañar con nostalgia aquellos días en que Zack y yo solíamos ser amigos cuando ya no lo éramos. Con él, las conversaciones eran completamente fluidas; ya que los dos teníamos una mente rápida para juntar ideas, podíamos tener charlas en forma de lluvias de ideas una tras otra sin parar durante un buen tiempo, era algo que yo nunca antes había logrado conseguir con nadie más… quizás al lado terco de mí por aquellos tiempos le era un poco difícil admitirlo, pero Zack y yo teníamos una química innegable. Prueba irrefutable de ello, nuestras enormes conversaciones.
Charlamos animadamente hasta que llegamos a su casa. Insertó la llave en el picaporte y giró de ella. Me miró con sorpresa.
― Está abierta… que extraño, mi mamá trabaja hasta la tarde. ― Abrió la puerta y caballerosamente me invitó a pasar antes de pasar él. Acepté y di un par de pasitos tímidos dentro de la celebra residencia Mosh.
No había pasado mucho tiempo desde la última vez que estuve ahí, así que los cambios no eran enormes: seguía habiendo un baño al costado de la entrada, unas escaleras que daban al segundo piso, una sala a la izquierda y al frente la cocina pintada con una enorme variedad de colores vivos al estilo hispano. A la derecha, una sala con una televisión grande, dos sillones largos y uno personal al centro.
En dicha sala, había muchas personas… algunos de esos rostros, completamente nuevos para mí. Todos me miraban con la misma sorpresa que yo a ellos.
Entre ellos reconocí a la señora Mosh, en su regazo descansaba una niña pequeña de largos cabellos rizados. Ya que estaba dormida, no fui capaz de verle el rostro.
― Señora Mosh, buenos días ― Saludé. ― ¿C-cómo está?
― ¡Ah, hola hija! ― Saludó la señora Mosh, levantándose del sillón con mucho cuidado para no despertar a la niña. Se acercó a mí y me dio un pequeño abrazo. ― No te veo desde aquella fiesta, ¿dónde estabas escondida?
― Esos estudios que la arrebataron de nuestras garras, madre ― Bufó Zack, que recién iba entrando. Tomándola por el hombro. ― ¿Qué haces aquí tan temprano?
Zack comenzó a caminar en línea recta, con dirección a la cocina, cuando miró a la sala, quedó petrificado.
― Pues me llamó Kevin al trabajo diciéndome que había venido tú hermano para hablar y me tomé un descanso.
Zack no escuchó a su madre, se quedó mirando en dirección a la sala con lo que primero fue neutralidad… paso a paso, comenzó a convertirse en descontento.
― Zack, hijo, tranquilo. Solo vienen a hablar.
Perdí el aliento, asustada… las facciones que Zack comenzaba a esbozar en su rostro eran enteramente nuevas para mí, tanto en él como en nadie más… nunca había visto a alguien tan molesto. Pude notar como sus hombros se tensaban y sus ojos comenzaban a cristalizarse.
Corrí el riesgo de mirar también a la sala para ver quién podía tener a Zack de esa manera… casi sentí que me desmayé cuando vi a aquel sujeto pasado de peso, con el cabello oscuro y canoso, vestido con un pantalón kaki y una polo roja con un estampado que no alcanzaba a distinguir… él era el mismo sujeto que golpeó a Zack el día de su fiesta, cuando mi madre y yo le llevamos al hospital.
― ¿Z-Zack? ― Le llamé, con la voz partida y débil. Apenas pudo escucharme, pero igual se volvió conmigo. Fue como si su rostro se dulcificara al instante, no obstante, aún se notaba en él un enojo inconmensurable.
Sacudió un poco su cabeza y parpadeó en demasía. Se tomó la frente con una palma y se acercó a mi lentamente.
― Escucha, Ellie… voy a ir por mis cosas, tú espera afuera y ya salgo, ¿bien?
― Zack, ¿A dónde vas? ¿No vas a saludar a…
― No, mamá ― Se negó, pegando un sprint hasta las escaleras y subiéndolas sin esperar respuesta.
La mamá de Zack me tomó por el hombro. Me estremecí por la sorpresa.
― Lo siento… ¿vas a ir con Zack a algún lado?
― T-tenemos que entrenar en la escuela ― Asentí, con timidez. ― Pero olvidó su ropa de hacer ejercicio aquí así que…
― Cuídense mucho, ¿Sí?
― Sí señora, no se preocupe.
 ― Después de esto, voy a tener que preocuparme ― Sonrió. ― Y tú también vas a tener que cuidármelo.
No supe que responder, así que me limité a sonreír.
Zack no tardó mucho en bajar. Cuando lo hizo, se acercó a mí, me tomó de la mano, y sin voltear a ver a su madre nos sacó a ambos de su casa como si estuviésemos huyendo de algo.
En el camino de regreso, Zack estaba completamente callado. Su rostro no parecía denotar ni una pizca del enorme enojo que hacía unos minutos recién había demostrado, ahora en cambio, se le notaba en los ojos una especie de neutralidad pensativa y azul… pareciera que estuviera triste, pero no lo suficiente como para llorar o como para pedirle ayuda a alguien… se le notaba distante, y yo sabía en donde estaba su mente en realidad. ¿Tendría yo el valor de sacarlo a tema?
Recuerdo que el camino de regreso a la escuela se me hizo más largo que nunca… tenía tantas cosas que quería decir en ese mismo momento, pero no dije ninguna de ellas… tenía todo el tiempo de finalmente dialogar con él, pero el miedo fue superior a mi convicción. Y no saben como me culpé por ello… me dije de todo, traté de convencerme de que no tendría mejor oportunidad que ella y que daba la casualidad de que era justo en ese momento que él más me necesitaba… ¿Quién sino yo, la mejor a la hora de dialogar con Zack Mosh podía ayudarle a sentirse mejor?
Tal vez, Elizabeth…
¡Idiota! ¡Ese no era el momento de ponerse celosa! ¿Por qué tan de la nada la sacaba a tema? Ella no estaba ahí en ese momento Y YO SÍ. Era hora de que sacara las papas del fuego ¡y no necesariamente porque tuviera sentimientos por él! Él lo dijo antes de que llegáramos a su casa: éramos amigos. ¿Y los amigos se preocupan por las situaciones de sus amigos, no? ¿Los amigos hablan de todo con sus amigos, no? ¡Era hora de ser una amiga!
Pero apenas hace poco empezamos a volver a hablarnos… estoy segura de que no quiere que alguien que le ha causado tantos problemas se meta en sus problemas íntimos y familiares cuando apenas acaba de regresar a su vida…
Idiota… idiota… ¡Eso no se trataba de mí! ¡Hasta alguien con una roca volcánica como sentido común podría darse cuenta de que en su caminar y pensamiento se denotaban sus deseos de dejarlo salir! Él en esos momentos no era capaz de ver rostros ni situaciones ajenas a la que su familia se enfrentaba, ¿Creía yo que él se iba a preocupar por las pequeñeces de indiferencias que él y yo habíamos tenido en la escuela cuando en su casa alguien que le había golpeado brutalmente estaba sentado en el sillón como cualquier cosa? ¡Recuerdo mis dudas en ese momento y me da rabia! Incluso por aquellos años, que yo no conocía todo lo que Zack era en realidad, sabía que tenía que hacer algo. Pero mi maldita cobardía obraba como cadenas de barcos atadas al muelle, y entre la inseguridad, los celos, el miedo, la duda y la precaución, se nos fue todo el camino de regreso a la escuela. Cuando menos me di cuenta, ya recorríamos los pasillos del edificio principal.
― ¡Estúpida, di algo! ― Dije para mis adentros, mientras veía como Zack giraba la cabeza en distintas direcciones. ― ¡Se te va a ir la oportunidad, di algo, lo que sea!
― Z-Zack ― Murmuré. En voz tan baja que no me escuchó.
― ¡Pero dilo más fuerte! ― Pensé nuevamente, con deseos de correr hasta los casilleros para golpearme contra ellos hasta abollarme la cabezota.
― Ellie ― Se volvió hacia mí. Me estremecí. ― Voy a cambiarme a los baños, si gustas podemos vernos en el gimnasio ya.
― Ok ― Asentí. Aunque por dentro lo que decía era “¡quiero que sepas que te apoyo y que pese a todo lo que hemos pasado te sigo considerando un gran amigo!”. ― Entonces te espero allá… y oye…
― ¿Mmh? ― Dulcificó su rostro. ― ¿Qué pasa?
¡Rayos! ¿Cómo no me había preparado para responderle? Solo me preparé para decirle “oye” sin esperar nada a cambio. En reprimenda a mi poca preparación, me tardé como 10 segundos en responderle, y cuando finalmente lo hice, fue trabándome y en voz baja y avergonzada.
― ¿E-e-e-estás bien?
― ¿Bien? Ah… lo dices por lo que pasó en mi casa, ¿cierto?
Asentí, con timidez. Tal vez no de la forma decisiva que a mí me hubiera gustado pero finalmente había logrado llegar al tema de conversación al que quería llegar.
― Esa es… una larga historia ― Soltó una sonrisa cansada. Dando a entender que el tema le dolía y que no era el momento para hablarlo. ― Pero no te preocupes por ello, estaré bien. Prometo que no será una distracción para las prácticas.
― ¡No lo dije por eso! ― Me adelanté al instante, impresionándome a mi misma por la rapidez con que reaccioné en esta ocasión, ¿tanto me importaba que él malinterpretara mi preocupación? Incluso la pregunta es un tanto tonta, lo sé. ― Es solo que… bueno… sé que te tiene molesto y quería que supieras que puedes hablarlo conmigo si quieres… yo… yo soy buena escuchando.
Suspiró, como si estuviera aliviado de escuchar mis palabras.
― Gracias Ellie, aprecio mucho eso… pero no es algo que quiera hablar. No me lo tomes a mal. Pero agradezco tus buenas intenciones… prometo acudir a ti cuando quiera hablar de algún problema. ¿Bien?
Me sentí un poco ofendida. Pero tenía que respetar que no todos éramos un libro abierto, ¿cierto? Y el que Zack se comportara de forma tan franca y abierta conmigo (aún si no habló conmigo del problema como tal) me tranquilizó, y más aún lo hizo el saber que él ya sabía que podía contar conmigo.
― Está bien entonces… ¿Nos vemos en el gimnasio entonces?
― No me tardo ni 5 minutos…
Dicho esto, me dio la espalda y caminó hasta el baño de hombres. Yo me di la vuelta y marqué paso hasta donde quedamos… ahí ya nos estarían esperando todos.






(2007, Texas)
― No quiero esperar 55 años para estar a tú lado… de hecho, no quiero esperar ni un año más sin estarlo… Ellie… nuestra ceremonia de bodas tendrá una persona menos, pero sigue siendo nuestra ceremonia de bodas.
Sonreí y parpadeé con encanto y regocijo, deslicé mis brazos hasta sus hombros y pasé mi cabeza hasta su hombro. Suspiré, aliviada. Me sentí culpable por alegrarme tanto justo después de que le hubiera ofrecido un tiempo para pensarse nuestro compromiso, pero era inevitable: después de arriesgarme a quedarme sola en un momento tan crítico, el que Zack no hubiera cambiado en su decisión de casarse conmigo fue una dosis de tranquilidad.
― ¿Ocurre algo? ― Me preguntó, con esa voz preocupada que ya comenzaba a hacerse característica en él. Cuando estaba a punto de preguntarle por qué preguntaba, me percaté de que estaba sollozando en bocanadas ahogadas y que de mis ojos se derramaban lágrimas a rienda suelta. Negué sin decir nada, raspando mi barbilla contra el saco de su traje y me separé de inmediato.
― Lo siento, por poco y ensucio tú traje. ― Reí, mezclando mis sollozos con la risa. Él se mostró dubitativo a mi comentario, tenía que ser más convincente para no darle preocupaciones. ―… Y no es nada, es que de pronto fue como si volvieras a proponerme matrimonio, y me he vuelto a poner igual de feliz que la vez anterior.
― Vaya, esto de tenerte feliz hasta las lágrimas se está volviendo algo habitual, ¿no? Tal vez deba proponerme más seguido en ese caso.
― Si hicieras eso se volvería algo repetitivo, ¿no crees? ― Sonreí, satisfecha a que la tensión se alejara de la atmosfera. ― Quiero decir, estoy segura de que en cierto momento esto de aceptar casarse contigo perderá aunque sea un poco de chispa.
― Bueno, no necesariamente tengo que proponerte matrimonio ― Levantó las piernas y las puso sobre la banca, separándose un poco de mi, pero reponiéndolo con una inclinación al frente. ― Puedo probar por ejemplo, proponerte a comer uno de esos pescados que tienen queso y marisco dentro y que a ti te da miedo probar.
― ¡Odio el pescado, lo sabes! ¡Jamás aceptaría a comer eso!
Hubo un poco de silencio antes de que Zack retomara la palabra, esta vez su tono cambió polarmente, ahora había dejado el juego a un lado y me miraba con seriedad.
― Oye, aún tenemos muchas cosas de las que no hemos hablado… y tenemos que hacerlo tarde o temprano.
Me quedé paralizada. ¿Hablaba de lo que pensaba? ¿Karla le había contado? Decidí intentar hacerme la desentendida, si tenía suerte tal vez podría llegar a puerto seguro sin crearle muchas angustias innecesarias a Zack… más en este día no podían hacerle ningún bien.
― ¿De qué cosas hablas? ― Pregunté, intentando con todas mis fuerzas no dejar en claro lo muerta de miedo que estaba.
― Bueno… ― Miró al frente, siguiendo con los ojos a un automóvil que iba pasando. ― Hemos acordado casarnos, pero no hemos hablado de nuestros planes.
― ¿Planes? ― Tragué saliva. ― E-eso es verdad… creo que algo simple estaría bien, con los familiares y amigos más cercanos y…
― Hablo de lo que haremos cuando estemos casados ― Interrumpió. ― ¿Sabes? He estado pensando mucho últimamente en eso de que fuiste aceptada en Houston y…
― Wow, Zack, eso es… ― Lo tomé por los hombros. ― Tendremos muchos gastos, debemos conseguir una casa, comprar muebles, fundar un nuevo hogar… y además está nuestro sueño de ir a Los Ángeles… la universidad es muy cara… no creo que nosotros podamos permitirnos eso.
― No es algo que recién se me haya ocurrido ― Apuntó, sin parpadear. ― He-he pensado mucho en ello… tú padre tiene razón, Ellie… no podemos ser tan soñadores y esperar a que todo nos salga tal cual esperamos, si queremos construir una vida juntos, tenemos que pensar en lo mejor para ambos, y eso estoy haciendo contigo… creo… sé, que lo mejor para ti es estudiar.
― ¿Hablaste con mi papá de mi futuro? ― Pregunté al instante, arqueando una ceja con descontento. ― ¿Por qué hiciste tal cosa?
― No fue algo que yo tenía planeado, fue durante la obra de Chelsea, él me preguntó si íbamos en serio y yo le dije que planeaba pasar toda mi vida contigo y…
― ¿Le dijiste eso a mi padre durante la obra de Chelsea? ― Interrumpí, mirando al frente con pesimismo. ― ¡Zack, Zack, Zack! Por aquellos tiempos teníamos el conflicto en casa de que yo estaba negándome a presentar examen con alguna universidad para ser actriz al terminar la preparatoria, ¡le tomaste en un momento de sensibilidad! ¡Luego llegamos al acuerdo de que todo estaba bien!
― Aún si fue en un momento de sensibilidad, sigo pensando que tú padre tiene razón, Ellie… tienes mucho potencial, eres muy inteligente… creo que mereces un titulo.
― No vamos a discutir esto aquí y ahora mismo, ¿De acuerdo? ― Pregunté, severamente molesta, con ganas de gritar del coraje. ― Hablemos despué…
Guardé silencio, del otro lado del arbusto enorme se podían escuchar a dos voces femeninas familiares hablando con voz baja. No bastó mucho análisis para enterarnos que se trataban de mi madre y de la madre de Zack. Ambos nos pusimos alertas, viéndonos convertidos de pronto en espías de charlas ajenas.
―… y no es solo eso ― murmuró mi madre (o al menos se escuchaba como tal gracias a la barrera de flora que nos separaba). ― Estaría mintiéndote si te dijera que conozco la pena por la que debes estar pasando, pero lo que si comprendo es que el silencio no te castiga solamente a ti, también lo hace con tú familia.
― Eva, nos conocemos desde hace muchos años… creo que ya sabes de sobra que el mostrar mis miserias no es lo mío, ¿por qué habría de hacerlo en momentos difíciles cuando los míos me necesitan firme?
― Entonces estás admitiendo que te lastima la muerte de Chris y que lo estás ocultando por no mostrarte vulnerable ante tú familia… no has cambiado nada, ¿eh?
― ¡Por supuesto que estoy dolida! ― Contestó la madre de Zack, airosa. ― ¡Mi primer hijo murió! Pero mi penar, mis lágrimas o cualquier actitud sombría que salga de mí no va a traerle bien a nadie, ni siquiera a mí misma. Y los funerales ya son lo suficientemente duros por si solos como para volverme yo también una carga para los que me rodean.
 ― Pero Crystal, esto no se trata de quienes te rodean o de tus hijos y familiares… cuando estás feliz o triste, es cosa tuya sin importar los demás, ¡si tienes ganas de llorar tienes derecho y necesidad de hacerlo justo como cuando estás feliz y te echas a carcajadas! ¿No ves que retener las cosas no trae cosas buenas? ¿No te ha servido la experiencia para comprender que el silencio no es un fiel amigo?
― Hago lo que está en mis manos por ayudar a mi familia, Eva. No para causarles molestias.
― ¡¿Y por qué supones que ellos no harían lo mismo por ti?! ― Hubo una pausa de silencio frustrante, incluso para nosotros. ― ¿No crees que con tú silencio les preocupas más?
Nuevamente hubo otro pesado hiato de silencio, la tensión parecía disfrutar de nuestras desesperaciones. Zack se apoyó en mi pierna con ambas manos… con su mirada me dio a entender el mucho pesar que esto le provocaba, tanto el dolor que sufría su madre, como sus manos atadas al no poder detener su sufrir. ¿Quién puede estar tranquilo cuando su madre no se encuentra bien? Y si conocía a alguien que no podía soportar ver a su madre sufriendo sin recordar el pasado y empezar a culparse, ese era mi novio.
Acaricié sus brazos con mis manos, en señal de apoyo. Al igual que él, mis manos estaban atadas… ¿Qué se podía hacer en una situación como esta?
Es complicado de explicar, ya que fue él quién recibió la “iluminación”. Pero en el momento en que mis manos hicieron contacto con las suyas, y nuestras miradas se cruzaron en una sonrisa de solidaridad ante la difícil situación, Zack me abrazó espontáneamente. Acercó su rostro a mi oído y le besó con delicadeza en la parte superior. Un escalofrío inundó mi cuerpo entero, haciendo que por un instante me olvidara de donde estábamos. Luego, con voz pausada, y rasposa, como siempre cuando hablaba en voz baja me susurró. De una forma tan leve que solo nosotros dos pudimos escucharlo, aunque era un mensaje que pronto todos escucharían.
― Hay que organizar una cena hoy al terminar el funeral ― Fue lo que me dijo, solo recordar el momento en que lo hizo me llena el vientre de mariposas como si aún estuviéramos en aquellos días de ensueño. ― Tú familia y mi familia… durante la cena, anunciaremos nuestro matrimonio.
Pasos de gigante… nada más útil que pasos de gigante para superar tiempos difíciles.


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