Lo Último

El Cuadro




Se despertó con el molesto roce de su garganta seca al respirar, tragó saliva.
Trató de abrir sus ojos sin éxito. Con sus dedos apartó las lagañas de sus parpados y emitió un gruñido de impaciencia. Tenía un brazo medio dormido y le dolía el cuello; había dormido mal nuevamente.
Aún incapaz de abrir sus ojos en totalidad, gateó hasta la ventana y asomó para verificar la hora. Seguía oscuro, la noche aún no terminaba.
Resopló y buscó en la oscuridad de la habitación por su almohada, luego de lo que le parecieron más de 10 minutos de búsqueda ciega en la superficie de su cama se enteró de que esta había caído al suelo. Ya con mal humor inminente la tomó de un jalón, la lanzó sobre el colchón y se recostó sobre ella; con la intención de recuperar el sueño lo antes posible.
― La almohada no tiene la culpa de que nunca te hayas enseñado a dormir correctamente, cariño.
Suspiró. De nuevo hacía lo mismo… nunca tocaba la puerta por más que él le pedía que lo hiciera todo el tiempo. Para ella entrar en su habitación siempre fue algo libre, y cada vez que él le reprochaba la falta de respeto a su privacidad ella siempre apelaba a la misma respuesta de siempre.
― Y no me hagas esa cara, soy tú madre.
― ¿Cuál cara, mamá? ― Preguntó él, con voz ronca e impaciente. Se movió un poco en el colchón para ponerse cómodo y cerró los ojos.
Él esperaba que ella respetara que ahora mismo quería dormir y le dejara en paz, pero su madre siempre fue un verdadero desastre a la hora de elegir los tiempos correctos para cada ocasión; no por nada en más de una ocasión la sorprendió limpiando la casa escandalosamente a altas horas de la madrugada o tratando de iniciar una conversación con él cuando estaba concentrado en sus estudios y tareas escolares.
  ― A mi no me engañas ― Insistió ella en tono divertido, cómo divirtiéndose de tentar el delicado temperamento de su hijo. ― Yo te conozco bien y sé que me haces caras incluso cuando no te estoy mirando de frente.
― Si mamá, lo admito, te hice caras. ¿Ahora me puedes dejar dormir?
― Pronto lo haré ― Le tranquilizó, acercándose a él y acariciando su cabello entrelazándolo en sus delicados y siempre cálidos dedos. ― Pero antes, he estado pensando… ¿Estás bien?
Él guardó silencio por varios segundos, pero su madre fue paciente. Se sentó al píe de la cama y siguió acariciando su cabeza con cariño y arropo. Recordó entonces, que cuando él era niño solía pedirle a su madre todo el tiempo que le acariciara de esa misma forma toda la noche.
― ¿A qué te refieres con eso? ― Preguntó en voz baja, incluso con la intensa calma que arropaba a la noche fue muy difícil que alguien que no fuera él mismo pudiera escucharle, pero su madre pudo entenderle a la perfección.
― Sé que no te gusta que abra la puerta sin permiso pero yo… bueno, hace dos días te has encerrado más de lo usual aquí, y estando preocupada no he podido evitarlo… te he visto llorando, cariño.
Él no dijo nada, pero su cuerpo se tensó un poco, su respiración también se detuvo. Ella dejó de acariciarle, pero no separó su mano de su cabeza.
― Has estado muy ocupado al igual que todos los demás con ese evento del que no dejan de hablar, así que no me ha quedado de otra que venir a hablarlo contigo ahora que es de noche y tienes un momento a solas… sé que eres el tipo de chico que no gusta de estar recibiendo atenciones todo el tiempo, y últimamente todos te buscan a todas horas… ¿es eso lo que te tiene triste?
― No mamá… no es eso.
― ¿Entonces?
Él no supo que responderle, no quería admitirlo; no quería decirle que ya no podía más con todo el peso en su espalda y que actualmente se encontraba arrodillado y vencido. Que no tenía a nadie con quien acudir por ayuda… que ya nada volvería a ser lo mismo, que ya no tenía razones para sonreír y que era alguien muy débil y dependiente de los demás, que en comparación a ella él jamás lograría lidiar con todos los inmensos golpes que la vida le daba y seguiría dándole durante el resto de su existencia. Se negaba a admitir su debilidad ante ella, más para no decepcionarla que por orgullo o por negación.
― No te preocupes por ello mamá… te aseguro que no es nada…
Ella no quedó satisfecha con la respuesta, pero se mostró comprensiva ante el silencio de su hijo, que estaba quieto y tranquilo. A diferencia de hacía unos momentos, su mal humor se había esfumado y ahora en su alrededor comenzaba a mostrarse la tranquilidad y el relajamiento.
Ella se puso de pie, dispuesta a dejarle dormir; pero apenas dio el primer paso, fue él quien la hizo detenerse hablando de nuevo.
― Mamá… ¿podrías quedarte acariciándome el cabello hasta que me quede dormido cómo cuando era niño? Estoy teniendo problemas para conciliar el sueño.
Se acercó y se sentó a su lado nuevamente. Sin decir nada, llevó su mano derecha a la cabeza de su retoño y cómo si de un bebé se tratara acarició e hizo rulos con su melena con paciencia y delicadeza. Hacía ya varios años que no le hacía esos cariños durante un largo rato sin que él se impacientara y le pidiera que se detuviera. Ambos se sintieron muy felices, revivieron algo que por muchos años había cesado entre ambos, y ello remarcó lo ya remarcado: el fuerte vínculo que siempre compartirían como madre e hijo.
Él se quedó dormido varios minutos después, y no despertó sino hasta la mañana siguiente.
Lo primero que hizo fue levantarse de cintura para arriba y revisar su entorno. Estaba solo en la habitación.
Se puso un par de pantuflas y salió de su recamara. La casa estaba muy ordenada y limpia como casi siempre, pero había algo distinto en ella… el aire acondicionado estaba apagado, pero hacía mucho frío. Era algo indescriptible, era casi al punto de ser imperceptible, y de hecho lo era a simple vista… pero cuando él cerraba sus ojos y se tomaba el corazón podía notarlo…
Su hogar ya no era el mismo… ni volvería a serlo.
Caminó lentamente hasta la pared de frente a la entrada en el salón principal, donde colgaba un cuadro grande de una mujer de radiante juventud y enorme sonrisa cargando en brazos a un feliz niño de unos 3 años que sonreía casi tan inmensamente como su madre. Él la abrazaba por el cuello y ella le sostenía con entrañable e inigualable cariño.
Cayó de rodillas, recargó su frente y palmas en la pared y cerró los ojos… un nudo cubrió e inhabilitó su garganta. Sintió deseos inmediatos de llorar cuando la sensación ya no pudo sostenerse únicamente en su pecho.
Iba a llorar nuevamente, en los últimos días no paraba de hacerlo.
― Me haces mucha falta, mamá…  te extraño mucho.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Me dejas con un nudo en la garganta... Es encantadoramente triste :(

Kthrine dijo...

Muy lindo, babe, en verdad, te la estás botando con estos cuentos * 3* sigue así!

Hiroyuki-san dijo...

La belleza del bastó cielo azul-carmesí, la calidez de la mañana y el salir del magnífico sol junto a una hermosa canción, izó despertar en mi todo lo que había dejado dormir por impotencia.

Leyendo tu nueva creación, ese sentimiento fecundo y chispo de una clase de energía desconocida pero nostálgica, mi apagado y frío corazón; perdí el resguardo de una madre por mi hipocresía.
(Aún estoy a tiempo, se que recuperare ese tiempo perdido...)

La verdad, una obra para recordar y reflexionar antes de que ese ser que nos dio la vida se retire de este mundo.

Sya.

Krellan dijo...

Casi lloro.... Lo leí mientras sonaba http://www.youtube.com/watch?v=IBL8Zyp7n4I ; Es muy lindo, y muy triste :(

Mexico siglo XX dijo...

cada vez, me hace sentir, sentir que hay dolor, sentir que hay vida, sentir que se puede llorar....aun sin lagrimas, has hecho llorar mi alma....GRACIAS gracias pequeño por estos regalos al alma....

kurau dijo...

Un hombre adulto que se niega a dejar el nido...
La madre que siempre lo querra junto a ella, y aunke tenga 40 años, seguira siendo un niño...
No me lo imaginé, ke acabaria así...

Y me dio pena, porke pienso qué será mañana cuando llegue a casa y ella no este ahí esperandome con una palabra de bienvenida T.T

Diogenes dijo...

Vale, vale. Es la primera vez que te comento acá (Soy "Braniac").

Este relato es algo triste, en realidad. Ver a tu madre marcharse debe de ser un escenario bastante trágico y... de sólo imaginármelo... Bueno, no quiero imaginarlo. El final era predecible, pero igual... ¡Buen relato!

estela madero dijo...

Este cuadro me recordó la calidez de madre cuando aun eras no tan pequeño y la foto de ustedes dos. sigue asi de creador y recreador de momentos que aún son nuestra realidad!!!! ah!!! mí kalebcito!!!

Anónimo dijo...

lloro....enternecedor.Buen relato.

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