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Cuento 4: El hijo del bosque


Cuento 4: El hijo del bosque

Toda historia de grandes alumnos y un maestro comienza por el momento en que el mentor se encuentra por primera vez con sus pupilos. Y la forma en que la poderosa hechicera lunar, la elfa Ilkya conoció a los suyos, no es la excepción.
Después de haberse instruido en el arte del manejo de la energía lunar durante más de 3000 años, Ilkya llegó a una conclusión: la vida de los elfos, aunque eterna, dependía demasiado del poder que la luna les otorgaba. Sin la luna iluminando sus noches, sus cuerpos eran incapaces de trabajar la tierra por la debilidad… peor aún, ¿Qué si llegaba un enemigo? ¿Qué si los hijos de los gigantes amenazaban con atacar sus aposentos? Estando débiles no podrían defenderse… no bastaba con sentir al astro natural iluminando su piel… sabía que si encontraba una forma de almacenar y dar uso a la energía lunar, brindaría a toda su especie y a las mismas criaturas del bosque que convivían con ellos, una mejoría en proporciones nunca antes vistas.
Expresó sus intenciones al consejo de ancianos y a los ancestros, pidiéndoles que asignaran a sus órdenes a un numeroso grupo de hechiceros para llevar a cabo las investigaciones, pero tacharon su iniciativa de inútil y arriesgada. Le dijeron que el propósito de que existiesen hechiceros de la luna era precisamente para que evocaran esferas de energía lunar que sirvieran de abasto a la isla entera.
Ilkya abandonó la sala del consejo rabiando, ¿Cómo era posible que le dijeran que con el trabajo de los hechiceros de la luna era suficiente? ¡Tomaba más de 5 noches evocar una esfera de energía lunar con apenas abasto para una familia pequeña! ¿Es que no querían progresar? ¿A qué le temían? 
No se rendiría tan fácil, si el consejo se negaba a otorgarle el apoyo de otros hechiceros de la luna, ella entrenaría a uno que compartiera visión con ella. Como maestra en la materia, tenía el derecho de entrenar pupilos e instruirles en su arte… tomaría mucho más tiempo del que tenía calculado, pero estaba convencida de que con un par de talentosas manos extras ayudándole, su proyecto podría llegar a cobrar vida en algún momento.
Movió influencias de inmediato, y de inmediato rindieron frutos: en el santuario de los druidas del bosque, se había estado dando instrucción primaria a un niño de nombre Essendor, cuya mayor meta en la vida era convertirse en un hechicero de la luna. Era hijo del gran druida Cash´Magon y sus aptitudes mágicas eran, según las recomendaciones que recibió Ilkya, altamente prometedoras.
No se habló más del asunto: Ilkya de inmediato hizo un viaje al santuario druida y acordó proteger al chico bajo su manto instructor y entrenarle en sus aposentos bajo la condición de que obedecería y daría buen uso de las enseñanzas que recibiría.
Ilkya emprendió su viaje de regreso a su choza oculta en lo más profundo de los bosques del sur: frente al lago Maljim´Kelem, acompañada de Essendor, en aquellos entonces con apenas 15 años de edad.
Viajaron en tranquilidad durante varias semanas, hasta que una noche, cuando ya faltaba poco menos de 3 días para llegar a los aposentos de Ilkya, se escucharon sonidos extraños provenientes de un punto blanco a la distancia. Ilkya decidió ir a investigar.
Era un niño elfo de unos 5 o 6 años, estaba desnudo y lloraba desesperadamente en una serie de berridos inconsolables. Sus cabellos eran blancos como los de un anciano pero tan lisos que era evidente que era ese su color natural… algo que la sacerdotisa nunca antes había presenciado.
Ilkya le preguntó por el motivo de su llanto, por su situación actual pero no obtuvo respuesta alguna. El niño dejó de llorar eventualmente, gracias a la tranquilidad de verse acompañado, pero incluso viendo su tristeza finalizada, no dijo una sola palabra… solo balbuceaba sin parar. El niño no conocía el lenguaje.
Era imposible. Al nacer un elfo, se le enseñaba desde el primer momento a dominar de manera perfecta el vocabulario elfico, pues era una cuestión de honor el tener conocimiento de la lengua propia. Lo único en que pudo pensar Ilkya en ese momento fue en la leyenda de los hijos del bosque.
Cuenta la leyenda, que cuando los dioses dragones crearon a los elfos, las sombras de 100 de ellos escaparon entre la oscuridad de los árboles y se ocultaron en los bosques, donde nunca nadie más pudo volver a verlas. Pero también se cuenta que mucho tiempo después, de los bosques, comenzaron a surgir criaturas idénticas en apariencia a los elfos, pero mucho más poderosas, también irrespetuosas y reacias a las tradiciones, rituales y creencias de la raza entera. A estas criaturas se les dio el nombre de Elessa´r Sîrf-ala´h (en nuestro idioma, significa hijo del bosque) y se les dio guerra y muerte para que no atentaran contra la sociedad orgullosa y noble que ya habían erigido los primeros elfos del mundo.
Ilkya se vio tentada, si ante sus ojos verdaderamente se encontraba un hijo del bosque, y las leyendas eran ciertas: él tendría mayores poderes que cualquier otro elfo, y si le entrenaba como era debido en el control lunar, su ayuda sería inigualable en la creación de su ambicioso proyecto… no lo pensó mucho, pronto terminó decretando que se llevaría al niño para instruirle junto con Essendor.
La hechicera de la luna dedicó más de 500 años para dar instrucción a sus pupilos, enseñó a Essendor y Elessar (nombrado así por la mera necesidad de darle un nombre, pero con la cautela de no olvidar sus posibles orígenes no elficos) todo lo que sabía y les crió en su arte a su semejanza, les contagió a ambos sus pasiones, sus motivos, su meta y su proyecto.
Essendor era brillante, había superado todas las expectativas que Ilkya tenía sobre él con creces y sus habilidades naturales parecían sorprenderla todos los días. Su manejo sobre la energía lunar, a sus poco más de 500 años de vida ya era casi superior al que ella tenía con más de 3500. Ella se sentía orgullosa de poder decir que uno de sus pupilos era un fuera de serie, uno de esos que nacen cada 5000 años, solía decir.
Elessar, por otro lado resultaba decepcionante. No solo porque en todo el tiempo que compartieron no logró hacerle hablar en una sola ocasión pese a que le enseñó el idioma una y otra vez, sino porque sus habilidades, paciencia, destreza y manejo de la energía lunar no sobrepasaban los de un hechicero regular. Con el paso de los años, terminó resignándose a que él era un elfo común y corriente y que su mayor error fue tomarlo como pupilo, pero no era como si de la nada pudiera deshacerse de él. Y es que, tras tantos años conviviendo con Elessar, forjó cierto apego hacia él… no podía decir que le amaba como a un hijo, pero tampoco podía mostrarse indiferente ante la fortuna del ya adulto elfo.
Para cuando sus pupilos estaban listos y su capacitación instruida ya no era necesaria, Ilkya ya había desarrollado su proyecto en mayor medida, así que de inmediato les ordenó que pusieran manos a la obra para construir juntos su gran proyecto: la poza lunar.
Un pozo cuya función era la absorción de la energía lunar y el almacenamiento de la misma para poder retenerla y usarla cuando se necesite. Una vez construida, bastaría con permitir que la poza absorbiera la energía de la luna y acto seguido un hechicero diera control y manejo de la misma… ¡Era brillante! ¡Era energía permanente para toda la isla! Bastaría con liberar un poco de la luz lunar del pozo diariamente durante los días para que todos los elfos reforzaran su vitalidad.
Para Ilkya, los elfos eran una raza poderosa cuyos potenciales mentales, físicos y mágicos no tenían límites algunos, el problema era que gracias a la ausencia de la luna por las mañanas y a su propia flora, su potencial no se veía explotado al máximo, ella sentía que su raza venía haciendo las cosas de lujo, ¡Pero sabía que podían hacerlo mucho mejor! Con la creación del pozo lunar eso podría ocurrir… le comentaba a sus pupilos con frecuencia mientras trabajaban en la construcción que una vez hubieran terminado, podían incluso utilizar la masiva energía lunar que recibirían a su favor para que nunca dejara de ser de noche, una idea fantástica para criaturas cautelosas y amantes del sigilo como lo son los elfos.
Utilizaron el lago frente a la choza de Ilkya para construir la poza, Maljim´Kelem era un lago enorme, así que necesitaron poco más de mil años para dejar todos los detalles listos. Una vez terminaron, Ilkya envió a Essendor a la cima de un pequeño monte aledaño al lago para que vigilara desde las alturas la atracción de la energía lunar a la poza y dejó a Elessar revisando que todo funcionara en la poza misma. Ella se quedó frente al lago, expectante a lo que pudiera suceder, con lágrimas de emoción… su momento finalmente había llegado.
La poza funcionó, una vez la noche llegó y la luna se plasmó en los cielos. La energía lunar descendió lentamente y se depositó en el lago, el agua fue absorbiendo y adoptando como parte de si, tomando su esencia mágica y cambiando de color a uno más brillante, como un espejo… Ilkya finalmente vio su sueño hecho realidad. Narra la leyenda, que se puso de rodillas y lloró conmovida, pero que su alegría duró poco más que nada…
Elessar se acercó a ella a paso firme y con los ojos bien clavados en ella, en sus manos controlaba una gigantesca esfera de energía lunar recién sacada del pozo. Era tan enorme como Ilkya nunca antes había visto. Le preguntó a su pupilo sorprendida como fue que había logrado dominar algo tan enorme, que gigantesca fue su sorpresa cuando recibió una respuesta por parte de su pupilo, sus primeras palabras en más de 1500 años.
Igh melghar´alam thar munthia´vin bolsen… ghaj´rull udon sheylee´zah (en nuestro idioma: tú función en el mundo ha sido cumplida, ya no me eres de utilidad).
Elessar absorbió toda la energía lunar dentro de su cuerpo y utilizó la enorme descarga de poder que recibió para asesinar a puño limpio a Ilkya, su propia maestra que le dio techo, comida y sabiduría… pero como bien decían las leyendas, los hijos del bosque no compartían las prioridades de los elfos.
Antes de morir, Ilkya recordó aquella ocasión en que dio a conocer su proyecto a los ancianos y ancestros y ellos la rechazaron rotundamente… recordó cómo fue que ella misma se preguntó una y otra vez “¿A qué le temen?”, y es que mientras moría dolorosa y lentamente encontró la respuesta: temían que el enorme poder ilimitado de la luna llegara a manos equivocadas, a manos ambiciosas que utilizaran toda esa energía para algo ajeno a lo que la naturaleza elfica brindaba honor y creencia.
Ilkya murió asustada, aterrada y arrepentida… mientras se cerraban sus ojos pudo notar como las inigualables capacidades de Elessar tomaban control de una cantidad igualmente inigualable de energía lunar… ella siempre quiso traer gloria a los elfos, pero en vez de eso, terminó trayéndoles una enorme, gigantesca amenaza.
Elessar se sumergió en el lago para absorber toda la luz lunar en su cuerpo, pues Essendor seguía en el monte aledaño al lago, y una vez que volviera, el hijo del bosque quería recibirlo como era adecuado.

2 comentarios:

kurau dijo...

antes de leer... sere la primera en comentar!

Anónimo dijo...

De Hidel-sama (Ahora Juampiro-san)

Mentiras! Yo la leí primero. La subió bien pronto como a las 7 u 8 am y no alcance a comenta porque entre a trabajar.
Sya.

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