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El frío en el corazón del amante

El frío en el corazón del amante


Y hoy, alguien le vino a decir que la noche está en la esquina, y está esperando por él…

La noche se fue de su lado una madrugada de sueños amarillos. Lo dejó solo, recostado. Saboreando el amargo néctar de la soledad y experimentando por vez primera en mucho tiempo el frío en temperatura y sensación de dormir en soledad.
Solo quedó su oscuro abrigo de piel tirado en el suelo al medio de la habitación. Una pieza elegante cual todo lo que ella usaba y representaba.
El amante se levantó e ignorando el punzante frío en las plantas de sus pies caminó hasta la prenda. La abrazó y permitió que la esencia discreta y atrapante de su aroma le nublaran la vista y el razonamiento.
Tal vez volverá” se dijo a sí mismo.
Volvió a la cama, se recostó con el rostro a donde ella siempre le abrazaba a su pecho, con la intención de que a su regreso ella se acurrucara a su costado y entrelazara sus dedos finos y delicados en su cabello, con cuidado para que sus uñas no se atoraran entre sus rizos. Él amaba cuando ella hacía eso, era su caricia favorita… junto con todas las demás que eran patrocinadas por ella.
Abrazó la almohada, estaba acostumbrado a dormir acompañado y era la primera vez que dormía solo en muchos años. No pudo conciliar el sueño por mucho que lo intentó… decidió que simplemente tendría que esperar a su regreso para volver a dormir.
Preparó café y se sentó al pie de su cama. Sintió con las yemas de sus dedos la finura de la seda de sus sabanas y pensó que incluso las más finas telas orientales parecían rocosas superficies volcánicas si se les comparaba con la tersa piel de ella. Cerró su puño con impaciencia y revisó el reloj en la pared… ya era de día.
¿Volverá… cierto?” Comenzaba a preguntar su corazón a su razón. La razón guardo silencio pues ni ella misma quería estar en lo correcto esta vez.
Las horas pasaron como es inevitable, angustiosas. Él se quedó mirando la ventana abierta con fidelidad, aún si el sol lastimaba su vista y el calor le hacía sudar. Se negó a todo coste a que la negatividad hiciera mella en su seguridad… utilizó el amor como escudo, al menos por vez primera fue de utilidad para él.
Mientras esperaba, notó todos los vicios regados en su cama, todas las frustraciones, todos los rencores y todos los miedos… ¿Por qué solo había pertenencias personales? Habían compartido cama incontables noches e incontables pasiones ¿Dónde estaban las de ella?
¿Será que ella en realidad nunca consideró este como su lugar?” Pensó entonces, poniéndose abruptamente de pie apenas la luna se colocó en su lugar favorito, frente al balcón, e iluminó la habitación con discreción.
O peor aún… tal vez ella nunca estuvo aquí.
Saltó por la ventana y corrió por el balcón para encontrarse con un cielo sin noche en su cabeza. Comprendió finalmente que el frío en su cuerpo no era por el clima, sino porque en medio de la madrugada, ella le había abandonado… y no era un simple abandono cualquiera… este era uno distinto, en el que nunca se mira hacia atrás, en donde no quedan dudas, cabos sueltos ni asuntos pendientes… lo que él sentía, era frío en el corazón.
Recordó entonces el sueño que le hizo despertarse, ella acariciaba su mejilla con delicadeza y le decía las palabras que siempre soñó con escuchar salir de sus carnosos labios carmesí… ella no comprendía su significado pero nunca demeritó su valor, fue por ello que nunca antes se las había dicho… él sabía que ella nunca diría esas palabras si no se tratara de un adiós para siempre.
Yo también te amo” dijo él, mirando a la luna con los ojos llenos de lágrimas incapaces de abandonarle.
No comprendía sus razones, no compartía su decisión… pero se forzó a sonreír, y se decidió a no ir tras ella… en cierta forma sabía, que aunque la noche le había abandonado, siempre habría un día para llorarle, y un espacio en blanco para pensarle.

1 comentario:

kurau dijo...

"siempre habría un día para llorarle, y un espacio en blanco para pensarle."

me encanto esta frase.

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