Lo Último

Amo a Zack! (Creo) (9/??)


Capítulo 9: Sobre el equipo de las animadoras y mi situación sentimental, sobre mi entrevista de trabajo, mi nuevo jefe y sobre lo mucho que queda por contar.

Zack

(2005, Texas)

Así que, si bien no ganamos aquella intensa batalla a contrarreloj en que todas las ovejas asesinas dimos lo mejor de nosotros para salir librados, tampoco se puede decir que fuimos derrotados. Ninguno de nosotros fue expulsado, nos salvamos de todos los fuertes castigos y dimos una lección total a toda la escuela: éramos cosa seria.
El problema aquí, es que no basta ser “cosa seria” para ser tomado en serio en esta maldita sociedad superficial a la que tanto amo como todo buen capitalista… la realidad ante los ojos de todos es que ahora Junior, Anna y yo éramos animadoras, y eso no era lo peor de todo: tanto Junior como yo, éramos los primeros hombres animadoras de toda la escuela, y si bien, apenas hace unos días estábamos en el tope de la popularidad, codeándonos con los más geniales y las más hermosas… nuestro tiempo presente no corría con tanta suerte.
Éramos señalados, la gente murmuraba cosas de nosotros, incluso existían rumores de nuestra posible relación homosexual. El discurso de que entramos para conocer chicas no convencía a nadie, pues quien quiere ligarse a las animadoras debe de entrar a algún equipo deportivo o simplemente acercarse a hablarles… duele decirlo, pero estábamos hundidos, y pensándolo bien: nunca estuvimos tan hundidos como en ese momento.
― No se preocupen de lo que diga la gente ― Nos dijo Mike una tarde a la hora del almuerzo. ― Ustedes ya tienen un grupo fiel de amigos, nos tienen a mí y a Nahomi de forma incondicional y es lo importante… lo que diga la gente va y viene con el viento.
― Es fácil para ti decirlo, grandísimo hijo de perra ― Le insulté, con mal humor. ― Eres el pateador oficial del equipo de football y los que no te respetan no saben siquiera que existes.
― Vamos ― Insistió, sin alterarse por mis palabras altisonantes a su salud. ― Piénsalo por el lado bueno, vas a estar cerca de tú novia y además tendrás algo de tiempo con Ellie para arreglar ese asunto.
― ¡WOU, WOU, WOU, WOU! ― Grité, girando la cabeza en todas direcciones para verificar que nadie más nos estuviera escuchando, a final de cuentas solo estábamos Nahomi, Mike, Anna, Junior y yo. ― ¡Retrocede, vaquero!
― ¿Qué? ― levantó ambas manos y las extendió, con un ademán. ― No es un secreto que quieres arreglar las cosas con Ellie, sé que hablas de ello solo contigo mismo pero es que se te ve en la mirada.
― No, no digo de eso… ¿Dijiste novia? ― Miré a los demás, para apoyarme. Abrí los ojos para crear énfasis. ― ¿Tengo novia y no me he enterado?
Todos guardaron silencio por un par de segundos, creando así un silencio incómodo. Por supuesto que a mí eso poco me importó; no dejé de observarlos en la búsqueda de la respuesta. Al final, fue Nahomi quién dio respuesta.
― Estás saliendo con Elizabeth, ¿no?
Negué con la cabeza.
― No de la forma que ustedes están pensando, claramente. Solo nos hemos dado unos cuantos besillos, pero de eso a estar saliendo: ¡Claro que no! Ni siquiera la he invitado a una cita ni nada parecido.
― ¿Entonces te gusta o no? ― Preguntó Anna, indiferente. ― Porque la gente cuenta que estás tan idiotizado con ella que te has metido a las animadoras solo para estar más tiempo con ella.
― Ese si que es un rumor interesante ― Afirmó Junior, que bajó la cabeza al suelo y la levantó unos instantes después. ― ¡Oye, Zack!, acabo de escuchar un rumor interesante acerca de ti: se rumora que te has metido a las animadoras solo para estar más tiempo con Elizabeth… y que traficas marihuana.
― ¿Por qué has agregado lo de la marihuana? ― Preguntó Mike, divertido.
― ¿De eso se tratan los rumores, cierto? ― Repuso el rubio, tranquilo. ― De ir agregando cosas absurdas conforme se van esparciendo.
―… Como sea ― Continué. ― Si ustedes, mis más cercanos camaradas piensan eso, eso significa que mis más lejanos también… peor aún, tal vez incluso Elizabeth lo piense…
― Oye, Blake… ¿No te llega un olor como que a maricas?
Me volví con fuerza; a un costado, apenas a un par de metros de nosotros, Blake y Oliver iban entrando a la cafetería. Aprovecharon el que estuviéramos tan cerca para provocarme, sabiendo de mi poco temperamento cuando de insultarme se trata. Les ignoré, tratando de retomar mi charla con mi grupo.
―… Así es, mi estimado Oliver ― Coincidió Blake, hablando en voz alta evidentemente solo para que pudiera escucharle. ― Huele a animadora y a marica… oh, espera ¡Es el mismo olor!
Cerré mis puños por debajo de la mesa. ¿Qué pasaría si en ese momento respondía a sus burlas y les buscaba pelea? ¿Podría reponerme de una mala reputación en suma a con un pleito contra los del equipo de football? Una cosa era bufarme de Oliver, pero otra muy distinta sería atacar al mismísimo capitán.
Pude sentir como Blake se acercaba poco a poco. Sabía que iba a dirigirme la palabra en ese tono burlón que le había visto utilizar en otras personas desde el momento en que le conocí… sabía que llegaría un punto en que no toleraría sus comentarios y echaría todo a perder… lo sabía.
Estaba a punto de llegar a mi mesa cuando alguien lo detuvo, tomándolo por el hombro. Blake se dio la vuelta para ver de quién se trataba.
― Ah, Rocko ― Sonrió. ― ¿Ya estás listo, viejo?
Rocko asintió.
― Claro, ¿Vamos?
Blake dudó por unos instantes, pude notar cómo se volvió de reojo en mi dirección. Finalmente cedió y comenzó a caminar, adelantándose a Rocko.
Aproveché que se alejó para volverme en su dirección. Intercambié miradas con Rocko. Dibujó una sonrisa en sus labios antes de darse la vuelta e irse con sus compañeros del equipo de football.
― Esto demuestra que Blake no es ni nunca ha sido alguien en quien confiar ― Murmuró Anna a mi oído apenas tuvo oportunidad. ― Solo es un mercenario que se irá al lado ganador todo lo que haga falta.
― Por supuesto que lo hará ― Sonreí. ― Nosotros hicimos lo mismo en su momento, ¿Recuerdas qué lo invitamos a nuestra fiesta? Lo necesitábamos… y lo peor de todo es que tal vez volvamos a hacerlo. A diferencia de Oliver, que es un idiota, él no lo es para nada.
Aquel momento me hizo olvidarme completamente de todo el asunto “Elizabeth Turf”. Pero no tardaría mucho en recordarlo.
― Acabo de recordar que hoy tenemos práctica con las animadoras al terminar las clases ― Suspiró Anna, desparramándose en su asiento. ― ¿Qué tan mierda es eso?
Por las tardes de los lunes, miércoles y viernes teníamos prácticas con las animadoras, que a veces – según me contaron-  duraban incluso 4 horas enteras. Es y era evidente que odiaba ser una animadora, ¿a quién le gusta ser llamado maricón al menos una vez al día? Tal vez a Mike… pero ese no es el asunto aquí… hasta que se olvidara el asunto del ataque al director y el vandalismo a las oficinas, tendríamos que tragarnos el orgullo y sobrellevarlo de alguna manera… para Junior eso era cosa fácil, pero tanto para Anna como para mí, las cosas se cocían de forma distinta.
― Bueno, no está tan mal de la forma en que yo lo veo ― Mentí, tratando de inyectarle ánimo. ― Quiero decir… podemos ver a nenas delgaditas y bonitas estirando y haciendo movimientos geniales por horas, ¿Quién no disfruta de eso?
― ¿Ahora me ves cara de bisexual, cerdo estúpido? ― Me encaró. ― ¿Hasta cuándo vamos a tener que aguantar esta farsa?
― Déjame ver ― Fingí hacer cuentas con mis dedos y moví la boca diciendo números al azar para que pareciera que estaba contando. ― Según mis cálculos,  Hasta que la gente se olvide de todo el alboroto que armamos.
― ¡Zack, eso va a ser hasta después de vacaciones! ― Se llevó una mano a la frente, con fastidio. ― ¡Eso nos deja más de dos meses de tortura! Y es más, si las animadoras deciden hacer una actividad de verano van a anotarlo como actividad especial para que la escuela la financie y estaremos obligados a ir o perderemos créditos en nuestras notas, ¿No crees que eso está de la puta madre?
― Ah, sobre eso no deberías de preocuparte ― Se interpuso Nahomi, con su siempre tierno tono de voz. ― Las animadoras no han salido de campamento ni una sola vez desde que mi hermana aún estudiaba aquí, a lo mucho hacen actividades de colecta de dinero y cosas de ese tipo.
Sonreí a ambas.
― ¿Ves, Anna? No hay nada de qué preocuparse, todo va a salir de pocas pulgas, el verano será nuestro y para el término del mismo podremos dejar de ser porristas.
Lo que ni Nahomi ni nosotros sabíamos, es que apenas iniciado el año la escuela había contratado a una nueva entrenadora de animadoras, que a diferencia de la anterior, era una completa entusiasta que deseaba aprovechar todo el tiempo posible. Tristemente, la pobrecilla había sido víctima de un accidente iniciado el curso y no había podido presentarse… pero ese mismo día, unas horas después durante la práctica, dio su primera muestra de lo que sería trabajar con ella.
― ¡Noticias directamente traídas por parte de nuestra entrenadora! ― Exclamó Elizabeth, que nos llamó a reunirnos alrededor de ella. ― ¡La entrenadora Bale ha anunciado que en recompensa a su ausentismo durante estos meses, va a organizar un campamento de concentración para nuestro equipo de animadoras en un rancho a las afueras del estado!
Hubo gritos de alegría y de ánimo por parte de todas nuestras compañeras… y de Junior, que no se había enterado siquiera de nuestro descontento. Anna y yo nos dedicamos a bajar los hombros y a esbozar rostros de dolor.
― ¡De esta forma, podremos entrenar todo el día durante dos semanas enteras para llegar en forma a las eliminatorias de zona! Qué todas sabemos son pan comido, pero también nos servirá para desarrollar una rutina ganadora para los estatales y de ahí todas sabemos lo que se viene, ¿no?
― ¡LOS NACIONALES! ― Gritaron al unísono. Una de las cosas que más me llamó la atención fue ver a Helena, la chica ruda y poco sonriente del grupo gritar emocionada junto con todas las demás.
― Supongo que si están aquí es porque les gusta, ¿no? ― Pensé.
En un chispazo busqué entre todos los rostros presentes con ansiedad hasta que di con ella justo al frente de mí: Ellie Clearwater. Por alguna razón, deseaba saber que sentía ella con esta noticia, quería saber si estaba tan emocionada como las demás.
La notaba curiosa, algo nerviosa y confusa. Aún era nueva en el equipo, así que seguramente no comprendía del todo la importancia de llegar bien a los estatales (¡JA! Claro, como si yo lo supiera).
Me quedé mirando su rostro, embobado por ese gesto curioso que se esbozó en ella: con los ojos enfocados en el centro del círculo, las mejillas descansadas y sus labios rosados apretujados.
Había tantas cosas que quería decirle, tantas cosas por hablar y aclarar… aún si ella había sido muy clara con respecto a su postura y a su opinión con respecto a mi evidente y aceptado mal accionar, yo quería arreglar las cosas de una forma… llevar la situación a una instancia donde ella no deseara tenerme donde me tenía en ese mismo momento… deseaba que todo volviera a ser justo como cuando tuvimos nuestro mejor momento.
Dejando de lado mi evidente inmadurez por aquellos tiempos, no crean que no me daba cuenta, estaba consiente… lo sabía… sabía que me gustaba Ellie Clearwater… lo que no sabía, era lidiar con ello… tampoco sabía como hacer que le gustara por igual, así como tampoco encontraba una forma de hacérselo saber sin echarlo todo a perder… irónicamente, todo se echó a perder antes de que siquiera me animara a dar el primer paso.
Desconozco incluso a estas alturas los motivos por los que seguía dando rodeos a mis sentimientos por ella… la respuesta la venía teniendo desde que tuvimos esa partida de ajedrez a inicios de curso y aún así torpemente me negué a aceptarlo, buscando refugio en Anna y rodeando lo inevitable con tantos otros nombres… el nombre mayor de estos rodeos, incluso tendría una etapa entera, pero de eso ya se darán cuenta más adelante en este mismo capítulo, pues curiosamente aquí es donde comienza dicha redundancia.
En fin, cuando se me pasó el momento de cursilería, Anna y yo no paramos de intercambiar miradas de pánico. Justo se nos había anunciado que de seguir en las animadoras para el inicio de las vacaciones, nos veríamos obligados a viajar dos semanas enteras para concentrarnos en un rancho alejado de la civilización, acompañados únicamente de bellas animadoras de todos los cursos y colores, sin autoridad alguna que una entrenadora aparentemente enfermiza y una capitana liberal… bueno, he de admitir que mientras citaba la posible situación el campamento  comenzaba a sonar un tanto atractivo... Parece que esbocé una especie de gesto sucio, pues Anna de inmediato me jaloneó con brusquedad para susurrarme al oído.
― ¡Ni siquiera lo pienses, Mosh! ― Amenazó. ― Mis vacaciones son demasiado valiosas como para dejar ir dos semanas enteras en un lugar repleto de vacas. Arregla esto.
― ¿Cómo quieres que lo haga? ― Repuse, tratando de separarme, pero la enana tenía bastante fuerza. ― ¿No ves que si nos salimos del equipo demasiado pronto el director puede decidir expulsarnos al no encontrar un culpable?
― Entonces encuentra un culpable y sácanos de esa maldita tortura.
― No puedo encontrar un culpable así de fácil ― Miré a mi alrededor, para verificar que nadie nos ponía atención. ― Mike y yo tuvimos una pelea por lo mismo, prometí no meter a terceros inocentes en esto.
― Entonces inculpa al amigo de Ellie ese que trataba de entregarte en primer lugar… ah, espera… ¡Lo había olvidado! ¡No quieres lastimarlo más porque quieres cogértela!
Endurecí mi rostro.
― Más respeto, Anna.
Apretó mi camisa en mayor medida y me acercó aún más, tanto que nuestras mejillas chocaron y en mi oreja pude sentir sus labios.
― Escucha, no tengo problemas en entregarte yo misma con tal de tener mis vacaciones completas… pero como eres mi amigo, voy a darte una oportunidad de que encuentres una salida para todo este embrollo… ¿Elizabeth es tú chica, no? ¿Por qué no hablas con ella al respecto? Trata de llegar a un acuerdo en el que nos marque asistencia al campamento aunque no vayamos.
Nuevamente con eso. ¿Qué los hacía pensar que Elizabeth Turf, la bella capitana de las animadoras era mi novia? Quiero decir, si. Nos habíamos besado algunas ocasiones y cuando charlábamos para mí era inevitable no sentir cosas en el estomago, después de todo fue mi amor platónico desde que la conocí y que me viera de una forma ajena a como me vio siempre (como solo un niño) era para mí un triunfo. Si sumáramos todo eso al hecho de que la poca buena reputación que me quedaba era posiblemente por ser tan unido con ella, el asunto de comenzar a salir oficialmente con ella no era para nada mala idea. También serviría, como mencionaba Anna, para escaquearnos de trabajos excesivos durante nuestra etapa como animadores.
― Está bien, está bien ― Suspiré, aceptando. ― Al terminar la práctica le pediré que hablemos a solas… haré lo mejor que pueda, pero no te prometo nada.

(2010, Los Ángeles) 

Suspiré, miré mi reflejo en el cristal de la entrada y verifiqué que luciera tan apuesto como siempre: por si tenían la duda, así era. Estaba espectacular.
Abrí la puerta y me adentré con pasos tímidos. Como era muy temprano, apenas había dos empleados en el lugar: una de ellas era una chica de lentes que siempre estaba ahí pero que nunca me habían presentado, y Dylan, el buen amigo de Ruth y Ben que abiertamente había admitido detestarme.
― Buenos días ― Saludé al segundo. ― Tiempo sin vernos, ¿No? Ya sabes, desde el… funeral.
Él se encontraba limpiando mesas con un trapo y un producto de limpieza. Se limitó a levantar la mirada para verme por un par de instantes y acto seguido volvió a su trabajo. No respondió hasta unos 5 segundos después.
― Vas a tomar una entrevista, ¿No?
― Así es capitán ― Aplaudí una vez. ― Me urge conseguir empleo y Ben me comentó que abrirán otra sucursal de esta cosa, también dijo que tomarían a dos empleados de aquí y los harían los gerentes de allá. No se me ocurre nada mejor que conseguirlo en una cafetería donde tienen apenas 1 cliente al año y mis únicos compañeros de trabajo serán mis amigos.
― Eso no está del todo seguro ― Espetó, con una risilla irónica. ― Ya sabes, si es que obtienes el trabajo, puede que me elijan a mí para ir allá.
Preferí ignorarle. Con los años aprendí a las malas a evitar conflictos con los amigos de mis amigos, y con Dylan planeaba ponerlo en practica. No tenía caso armar conflicto con él sabiendo lo mucho que significaba tanto para Ben como para Ruth… sinceramente no tenía idea del porque le apreciaban tanto, siendo él un amargado, grosero, indiferente y para nada gracioso pero ni hablar.
― Disculpa ― Llamé, acercándome a la otra empleada. ― ¿No sabrás a qué hora llegará el dueño del lugar?
Ella se estremeció en un par de ocasiones, desvió la mirada como buscando apoyo en Dylan y después se vio forzada a pensar para darme una respuesta.
― N-no debe de tardar en llegar ― Sonrió, incómoda.  ― Si gustas esperar sentado… ¿Puedo servirte algo?
― Eh… claro, ¿Venden café?
Me carcajeé, esperando que ella lo hiciera por igual. Sin embargo la muy asustadiza en vez de reírse conmigo se puso nerviosa, puedo jurar que se encogió al menos 10 centímetros de estatura en ese momento.
― Así estoy bien, gracias ― Reparé, carraspeando y alejándome con incomodidad hasta una de las mesas más alejadas de la caja registradora. ¿Qué le pasaba a los empleados de ese lugar? ¿Acaso solo Ruth y Ben eran normalitos y los demás eran un montón de antisociales? ¡Si conseguía el trabajo y ninguno de mis dos camaradas eran elegidos para ir conmigo a la nueva sucursal, renunciaría en el primer día!
Sacudí la cabeza, alejando malas conclusiones. Era imposible que todos los que tuvieran algo que ver con el lugar fueran raros… ¿No?
Justo estaba a punto de convencerme  de ello. Cuando la puerta de la entrada se abrió con fiereza: dando llegada a un sujeto de unos 30 años muy rubio y delgado, con el cabello completamente lacio y en forma de hongo. Hasta ahora no hay problema, ¿No? Bueno, ¿Pensarán lo mismo cuando sepan que iba vestido con una camisa de seda delgada con bordados de flores y un pantalón de tela oscuro pegado al cuerpo como el que usan las chicas? Ahí la cosa cambia, ¿no?
― ¡Ya llegué, mis amores! ― Exclamó, agitando su cabello. ― Buen día, ¿Cómo va esa preparación?
― Ya está puesto el dinero en la caja, ya están encendidas las maquinas y D-Dylan casi termina de limpiar las mesas ― Respondió la chica de gafas, haciéndome entender que con quienes conoce se comportaba un tanto diferente. ― También ya he limpiado el baño y solo falta esperar a que lleguen los pastelitos de la panadería.
El amaneradito besó en ambas mejillas a la chica de gafas y se agachó para dejar su bolso (así es, su bolso) en la parte posterior a la barra donde se encontraba la caja registradora. Al levantarse, su mirada se enfocó en mí.
― Creo que uno de los pastelitos se escapó del horno ― Sonrió. ― ¿Quién es él y porque quiero besuquearlo hasta quedarme sin boca?
― Eh… ¿Sabes? ― Me interpuse, antes de que su compañera pudiera responderle. ― La acústica en este lugar es muy vaga por las paredes de cristal, así que puedo escucharte.
― ¡Ups! ― Se tapó la boca con picardía. ― Lo siento, es solo que eres tan apuesto que se me fueron los caballos. ¿Ya te atendieron, bizcocho? Digo, ¿Ya te ofrecieron uno de nuestros famosos bizcochos con crema de nata?
Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo… la cuenta ya iba a 3 raros a favor de 2 normales… el marcador ya estaba en contra.
― Él viene a una entrevista ― Señaló Dylan, que se acercó a donde se encontraba el amanerado con el trapo en la mano. ― Es el amigo de Ben y de Ruth que te pidieron entrevistaras.
― Ah, ¿Vienes a buscar trabajo entonces amigo? ― Caminó hasta mi lugar y sin preguntar tomó asiento en la silla del frente. ― ¿Te han dicho que eres idéntico a Gaspard Menier?
― Así es, vengo a la entrevista ― Asentí. ― Y… apreciaría que no me halagaras de esa forma. He de suponer por lo que ha dicho Dylan que eres el dueño de este café, ¿no?
― Ah, lo siento ― Se disculpó. ― No había notado tú anillo, eso significa que ya no tengo posibilidades. Y respecto a lo que preguntas, solo desde hace unos meses ― Sonrió y entrelazó sus dedos. ― Era de mi hermano pero me lo heredó cuando murió, y ya que me lo ha entregado con tanta confianza, supuse que lo mejor que podría hacer sería hacerme cargo de él y eso estoy haciendo: voy a abrir otra sucursal y próximamente cambiaremos de nombre y de imagen. Por ello comprenderás que necesito contratar a un buen personal que se encargue de la otra sucursal mientras yo me concentro en dar una imagen ganadora a starbrooks, ¿no?
Asentí.
― Comprendo perfectamente. Soy una persona trabajadora y si se me da la oportunidad verá qué…
― El trabajo es tuyo. ― Me interrumpió.
― ¿Qué? ― Parpadeé, atónito.
― Como escuchas, me agradas. Puedo ver que eres apuesto, cordial y también fuerte… ¿Haces pesas?
Suspiré, con pesadez.
― Escucha, no me gusta para nada que me hables así… yo vengo dispuesto a dar una entrevista seria y no paras de hablar de lo atraído que te sientes por mí, Si me contrataras e hicieras algo parecido al primer día, yo te demandaría por acoso laboral… ¿Eso te parecería atractivo de mi parte? No lo creo… entonces, ¿Podemos por favor comenzar a respetarnos mutuamente y tener una entrevista seria?... y si, hago pesas muy de vez en cuando.
Soltó una risita, esto solo me irritó… y mucho. Al ver como mi mirada comenzaba a reflejar un “me voy al carajo de aquí”, comenzó a dar explicaciones.
― No intento seducirte ni acosarte en lo más mínimo, de hecho, será mejor que sepas que así me expreso yo… no es mi intención para nada faltarte al respeto, simplemente soy creyente de que una persona honesta dice lo que piensa. Y por el otro lado, no pienses que es por lo atractivo que te encuentro que te estoy dando el trabajo… las razones por las que voy a contratarte, se deben a lo bien que ha hablado de ti tú recomendación.
― ¿Mi recomendación? ― Pregunté. ― ¿Ben y Ruth le dijeron algo de mí?
Negó con la cabeza.
― Solo Ruth. Ayer en la tarde me llamó y me dijo maravillas de ti por casi una hora entera, pareciera que estaba hablando de su héroe favorito.
Me sumí en mis pensamientos, ¿Acaso apenas abandoné su departamento Ruth se tomó la molestia de hablarle de mí a su jefe? Era un gesto tan fantástico y apreciable que no sabía ni que decir ni como tomarlo.
Al ver mi silencio, el sujeto amanerado continuó por su cuenta.
― Solo la conozco de hace unos 10 meses, pero eso me basta para saber que nunca antes había hablado tan bien de una persona a la hora de dar una recomendación de trabajo… hace 5 meses recomendó a Dylan… dijo que lo conocía de hace años, y no fue ni un tercio de lo parlanchina que fue contigo ayer. No se ahorró palabras en halagos… ¿Cómo no contratar a alguien que ha causado tal impresión en Ruth Johnson?
― Bueno, es probable que solo quisiera ayudarme a conseguir el empleo y por ello ha exagerado un poco ― Sugerí, encogiéndome de hombros. ― Después de todo, somos buenos amigos.
― Tú lo has dicho, eres un BUEN amigo para ella…
Hizo una pausa para observar mis reacciones. Al notar que no logré comprender del todo lo que dijo, se encogió de hombros.
― El asunto es que el trabajo es tuyo. En 3 días va a llegar la maquinaria ordenada al nuevo local así que voy a necesitar que empieces supervisando mientras los trabajadores hacen las instalaciones, ¿Está eso bien para ti?
― Está excelente. ― Asentí.
― Bien, entonces bienvenido a bordo, me aseguraré de enviarte un croquis con Ruth para que sepas donde está la nueva sucursal… ¿Cuál es tú nombre? ¿El bombón?
― Zack Mosh, mi nombre es Zack Mosh… ¿El tuyo es…?
― Soy Lee, Lee Rouge… pero tú puedes llamarme mi amor.
― Prefiero no hacerlo ― Admití. ― ¿Hemos terminado ya entonces?
― Nos vemos el Jueves ― Hizo un ademán con la mano, avisándome que era libre de retirarme. ― Un placer conocerte, Zack Mosh el guapo.
― Lo mismo digo, Lee Rouge el…
Guardé silencio y abrí los ojos con penuria: casi soltaba una barbaridad.
― El homosexual está bien ― Bufó, tranquilizándome al instante. ― También se vale que la honestidad sea colateral.
Le dediqué una sonrisa antes de salir, pese a todas las malas maneras del sujeto, que sin duda nunca serían de mi agrado, había terminado agradándome un poco.
Corrí con todas mis fuerzas apenas estuve afuera. Bajé las escaleras y pasé directamente a donde había una tienda de comics, videojuegos y figuras de acción recién inaugurada.
― ¡Ferguson, Melmar! ― Les saludé alegremente, ellos, aunque se estremecieron al inicio, me dedicaron una sonrisa de oreja a oreja y agitaron su mano en señal de saludo.
― ¿Cómo estás, Zack? ― Preguntó uno de ellos. ― Te ves feliz.
― ¡Ya tengo trabajo! Escuchen, ahora tengo algo de prisa pero, ¿Les parece si quedamos para hacer algo después?
Asintieron al mismo tiempo sin dudarlo un solo segundo.
― ¡Entonces los veo después, nerds!
No esperé a una respuesta, corrí hasta la salida del centro comercial y después seguí corriendo en línea recta hasta cruzar el pequeño estacionamiento del lugar. Hay que recordar que el america´s mal no era precisamente un súper centro comercial.
Me detuve una vez llegué a la parada del autobús, verifiqué que mi ropa no se hubiera arrugado mucho y que mi peinado no se perdiera. Recuperé el aliento y esperé, recargado en la señal, con paciencia.
No pasó mucho tiempo para que llegara un autobús a la parada y del mismo bajaran unas 5 o 6 personas, entre todas ellas: una pelirroja con cabello lacio de largo medio, de estatura baja y complexión delgada, vestida con una playera azul rey y unos pescadores caquis. Llevaba un morral cruzado en el cuello. Justo como siempre: un baluarte de la autenticidad, una defensora de su identidad, un simbolismo de lo que ella misma representaba.
― ¿Zack? ― Se volvió hacia mí y en su rostro esbozó preocupación. ― ¿Qué haces aquí tan temprano? ¿Por qué no estás en la entrevista?
Permití que fuera mi abrazo quién hablara por mí. Crucé mis brazos alrededor de sus hombros y aplicando fuerza a sus costados la aferré a mi pecho. Pegué mi rostro a su cabeza, llegó a mi nariz el ya conocido olor frutal de su cabello y a mis ojos la visión panorámica de lo que era mi camino de regreso a casa todos los días.
Fue un abrazo distinto a los que nos habíamos dado… en esta ocasión ella no se mostró con ese inicio tenso que le caracterizaba… era como si por vez primera no temiera a una penitencia por estar siendo abrazada por un hombre casado. El resultado fue reconfortante y seguro.
― Tengo el trabajo ― Murmuré, apretándola un poco más. Me ha dicho lo que has hecho por mí… gracias por llamarle y decirle todas esas mentirillas… prometo devolverte el favor.
― No hay nada que devolver ― Aseguró, en voz baja y sin movilizarse en lo más mínimo. El movimiento de sus labios provocó cosquillas en mi hombro con su barbilla. ― Además, no he dicho una sola cosa que no fuera verdad… es una de mis cualidades.
― He escuchado por ahí… ― Reí un poco antes de poder continuar. ― Que también se vale que las verdades sean colaterales… muchas gracias por este gesto Ruth… has hecho de nuestra llegada a Los Ángeles algo más fácil.
Finalmente se separó de mí lo suficiente como para poder verme a los ojos. El zafiro de su mirar se ocultó por un instante tras el arqueo de sus cejas.
― Solo te he ayudado a conseguir empleo y banda, tampoco es la gran cosa, ¿No?
Sonreí, me separé de ella completamente y pellizqué con delicadeza su mejilla derecha.
― No has hecho solo eso…
― ¿Entonces? ― Giró la cabeza.
Dudé por varios segundos, para finalmente volver a pellizcarle la mejilla.
― Solo digamos que no eres la única con una o dos historias ocultas.
Así era… por aquellos tiempos, Ruth y yo habíamos pasado por una gran cantidad de vivencias juntos. Y sin embargo, aún había demasiadas cosas que no sabíamos el uno del otro… así como también aún nos quedaba mucho por recorrer uno al lado del otro.
… Aún teníamos mucho por contar… afortunadamente, habría tiempo de hacerlo.

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