Lo Último

Cuando comenzamos a vivir juntos! (Creo) (2/??)


¡Hola estimados lectores! Me alegra verlos por aquí en este segundo capítulo de “Perdidos en Texas”, puedo notar por su presencia que mi intrigante y excelsa forma de narrar los sucesos los ha atrapado al punto en que desean saber qué es lo que pasará a continuación con la pequeña Emi Llanos, ¿Cierto? Bueno, va siendo hora de que lo sepan:
NO TODO EN ESTA HISTORIA ES EMI
Ya lo dije. Si alguno de ustedes pensaba lo contrario lamento haberlo bajado de su nube de una forma tan concreta, pero es hora de que todos se hagan a la idea de que los protagonistas en esta historia son 2: Uno de ellos es Emi, que ya tuvo su episodio de 39 páginas, y el otro soy yo: Zack Mosh, impresionante exponente de la genialidad occidental y casualmente narrador.
A los que no me conozcan, no se preocupen; nunca es tarde para empezar a amarme, ya a eso de la página 5 sabrán de lo que hablo. Pero dejemos de hablar de mí sin dirección alguna. Todo este monólogo es solo para informarles que este capítulo comenzará conmigo como protagonista, y es un buen capítulo al que me gusta llamar:
Capítulo 2: Sobre mi pelea con Ellie, sobre el accidente automovilístico y sobre la peculiar forma en que Emi y yo nos conocimos.

 (En algún suburbio Texano, 11:59 am, día 0)
Mientras Emi sufría en un avión cuyo destino no le gustaba nada, yo me encontraba atendiendo otros asuntos importantes con mis colegas del alma: Junior y Rocko. Cuando estoy con ellos, simplemente siento unos deseos inconmensurables por hacer una labor social, justo como la que verán a continuación.
Era una noche preciosa, fresca cómo muy pocas en un clima árido como lo hay en Texas. Se escuchaba el intenso y casi rítmico revoloteo de las aves pasear en búsqueda de sombra y alimento por entre los frondosos árboles que adornaban la calle aproximadamente cada 3 metros en línea recta por entre todo el conjunto de casas que formaba al vecindario. El tranquilo sonido a dueto del viento y las hojas mecía incesante e inundaba al lugar con la tranquilidad arropante que solo una perfecta noche dominical era capaz de brindar.
En el momento justo en que el reloj marcó que eran las 12:00 y el 19 de noviembre había llegado…
¡VENGANSE MARIACHIS! ― Gritó Junior, con una fuerza tan grande que varias aves que descansaban en los arboles huyeron despavoridas. ― ¡CANTENLE CON GANAS CHINGAO!
Presioné “Play” en el estéreo del auto de Rocko, “las mañanitas” en versión mariachi comenzaron a sonar a todo volumen. Las aves que no huyeron con el tremendo grito de Junior, escaparon despavoridas con el inmenso sonido del auto. Una verdadera obra maestra del ruido.
 Ya que es un tanto difícil (y costoso) encontrar Mariachis, se me ocurrió que una serenata podría ser llevada a cabo con un
auto con
buen sistema de sonido. Me imaginé que a la celebrada lo que le alegraría era la intención y el gesto más que el hecho de tener a un grupo de hombres en trajes ridículos bailando y tocando instrumentos para ella… aunque por si acasome equivocaba,decidimos también ponernos nuestras botargas y empezar a tocar aleatoriamente con unas flautas de pan que pedimos a los miembros de la banda.


― ¡ARRIBA, ARRIBA, ARRIBA! ― Exclamó Rocko, que llevaba la parte baja del traje de oso que solía ser la mascota escolar hasta que nosotros la robáramos hace ya 2 años. Se irguió al lado de Junior  y tomándolo del hombro utilizó su mano libre para llevarse su flauta a la boca y unirse al concierto estridente. ― ¡DESPIERTATE PUES´N, PRINCHESHA!
Salí del auto (con la botarga de pescado puesta) y me sumé a ellos, ya que ese traje era solo de una pieza no pude tocar la flauta con ellos, pero lo recompensé bailando como un campeón, un campeón borracho y en traje de pescado.
No sabíamos la letra de las mañanitas, así que solo tarareábamos al azar y nos matábamos de risa a cada segundo. Gracias a nuestro estridente concierto, cada una de las ventanas de los vecinos, obviamente ya apagadas por ser la hora de dormir, se fueron iluminando una a una, y poco a poco los curiosos y molestos comenzaron a salir de sus residencias para ver quién demonios era el responsable de semejante malestar… pronto, todas las luces de la calle estaban encendidas, excepto la de la cumpleañera en cuestión.
― ¡SAL PUEES VIEJHAHHH! ― Gritó entonces Rocko, con paso tambaleante hacia el jardín de la vieja en cuestión. ― ¡TE TRAJE SHERENATA PUESH! ¡YA TIENES 18!
Pero de la ventana no salió ruido alguno, ¿enserio podía seguir dormida incluso después de semejante escándalo? Eso era imposible, si algo nos hacía famosos a Junior, Rocko y a mí, era que cuando nos lo proponíamos, éramos ruidosos en proporciones catastróficas.
La canción de las mañanitas terminó, y al ser esta nuestra única canción del tipo mariachi en la playlist, comenzó Black Betty – Ram Jam, así que nos olvidamos de la cumpleañera y simplemente nos pusimos a saltar y a empujarnos en su jardín, disfrutando del momento.




(Nos gusta la música, así que la agregamos cada que es posible dentro del relato… ¿Es eso un problema? No lo creo)
O eso hicimos más o menos por unos 20 segundos… antes de que la malagradecida cumpleañera abriera su ventana y nos regañara enfrente de todos sus vecinos… con ese peculiar vocabulario que solo una princesa de su categoría dominaría. El filtro de palabras altisonantes que utilizamos con Emi en el capítulo anterior nos será muy útil en esta ocasión.
― ¡ZACK, GRANDISIMO HIJO DE PUTA, YA TE HABÍA DICHO QUE HOY NO ERA MI CUMPLEAÑOS! ― Hizo una pausa para lanzarnos un grueso libro de química, que afortunadamente no hirió a nadie. ― ¡ASÍ QUE TOMA TÚ PUTA FELICITACIÓN DE MIERDA Y METETELA POR EL CULO Y DE PASO METETE A TUS DOS SUBORDINADOS DE PACOTILLA AHÍ TAMBIÉN, QUE TE BESAN TANTO EL CULO QUE SEGURO QUIEREN VIVIR EN ÉL!
― ¡Ah, buenas noches Anna! ― Le saludé con júbilo, agitando la mano con amabilidad en señal de saludo. ― ¡Ya tienes 18 condenada! ¡¿Estás feliz?!
― ¡FELIZ TIENES LAS NALGAS ― Sin tachar porque es termino médico. ― CUANDO ESTÁS CON TUS DOS AMIGOS GRANDISIMO MARICA! ― Lanzó un reloj de mesa que tenía a la mano, esta vez pasó rozando mi hombro. ― ¡LARGO DE MI CASA O LLAMO A LA POLICIA, PUTOS!
― She nosh pusho difícil la chaparritah… ¡Hic! ― Observó con habilidad un alcoholizado Rocko con la mirada perdida. ― ¿Por qué se enoja?
― Creo que es por qué yo traigo mi traje de chango al revés ― Sugirió Junior, revisando su ropa. ― Si, ha de ser eso.
― Pero si tuh no traes trajheh de changoh juniorh ― Rocko dejó caer su peso sobre el rubio. ― Tu trais una mascarah de perro… guau, guau, guau, guau.
Miré por un par de segundos a mis colegas charlar, pero luego decidí que era más interesante tentar los nervios de Anna, ver hasta dónde estaba dispuesta a llegar con tal de sacarnos de su jardín.
― Oye, Anna… ¿Por qué no bajas a fiestear con nosotros un rato? Vamos, ¿No somos amigos?
Ella sacó la cabeza por la ventana, y con un gesto incrédulo torció la boca, en desaprobación.
― ¡SON LAS 12 DE LA NOCHE Y ES DOMINGO IDIOTA, Y SI FUERAN MIS AMIGOS NO ME JODERÍAN DE ESTA FORMA, MIERDAS!
Me encogí de hombros, estaba claro que a la gente no le hace gracia cuando se le despierta en medio de la noche con un inocente chascarrillo, pero no por eso íbamos a dejar de celebrar. Teníamos ganas de fiestear y eso era algo con lo que ella tendría que lidiar, después de todo, ser parte de nuestro grupo de amigos tenía muchas ventajas como para andarse quejando por las desventajas.
―  ¡Súbele al volumen y pon las rancheras, Junior! ― Exclamé, dándole la espalda a Anna, dispuesto a castigarla por malagradecida. ¿Cómo se le ocurre maltratar a los que vienen a cantarle sin ser su cumpleaños?
― ¡VOY A LLAMAR A LA POLICIA, ZACK, EN SERIO!
― Claro Anna ― Asentí. ― Claro…
Reímos con su amenaza. Me acerqué a mis dos amigos y recargué mis aletas sobre sus espaldas para después empezar a bailar como irlandés.
Bailamos, bebimos, saltamos, gritamos y hasta al vecino de Anna: el señor Duncan, un trago le preparamos (eso rimó, ¿o qué?). Gracias a la complexión intimidante de Rocko ningún vecino se atrevió a acercarse a decirnos algo, sin embargo era evidente por todo el ajetreo que provocamos que nuestra presencia no les era nada grata, bueno… eso se ganaron por ser vecinos de Anna, ¿Cierto? Eso les enseñaría a escoger mejor sus vecindarios.
La iluminación alternada en azul y rojo, más el sonido de las sirenas de las patrullas hicieron acallar nuestros deseos de fiesta. No pasó un segundo para que instintivamente girara la cabeza hasta la ventana de Anna y le mostrara los dientes, con un sorpresivo desconcierto. Ella me dedicó su mejor sonrisa y me lanzó un saludo tímido con sus dedos.
― Te lo advertí, Zack… ¡Diviértanse en la cárcel! Ah, sí, y no te preocupes, ¡yo le aviso a tú novia dónde estás!
Corrimos hasta el auto, Rocko entró por la puerta del piloto, yo por la del copiloto y Junior… bueno, él se lanzó al techo y se aferró con las uñas a los extremos.
― ¡ARRANCA, ROCKO! ― Gritó Junior, como todo un lunático. ― ¡NO VOLVERÉ A PRISIÓN!
― ¡ESO INTENTO! ― Respondió Rocko, agitando sus manos con pánico. ― ¡PERO NO ENCUENTRO LAS LLAVES!
― ¡PUES ENCUENTRALAS! ― Le ordené, como pueden notar, muy calmado y sereno. ― ¡ENCUENTRALAS, POR EL HONOR A TÚ SANTA MADRE, PORQUE SI NO LAS ENCUENTRAS VOY A DECIR ALGUNAS COSAS MUY FEAS DE ELLA!
― ¡LAS ENCONTRÉ! ― Celebró Rocko, con una sonrisa de oreja a oreja. ― ¡AHORA PODEMOS ESCAPAR, AMIGOS!
Para ese momento ya era muy tarde, la patrulla llegó a la calle, la muy desgraciada se puso inmediatamente a hacernos el ruidito ese con el que se da la orden de detenerse a un auto.
― Por favor bajen del auto con las manos al cuello ― Demandó el oficial desde el altavoz. ― Es la primera y última llamada para hacer una detención pacifica.
Miré por la ventana de copiloto para verificar que Anna seguía observándonos, y sí, la muy infeliz estaba tomando fotos con su celular. No valía la pena ya hablar con ella, solo nos traería más horas de penitencia.
― Así que…. ― Rocko suspiró y me dedicó una sonrisa. ― Volveremos a prisión, ¿eh? Ellie te va a matar.
― No te preocupes por Ellie ― Le tranquilicé, mientras abría la puerta para después bajarme del auto con las manos en la nuca (tal y como el protocolo indica… y no es que sea un experto ni nada por el estilo). ― Ella no se molesta por esta clase de cosas, es la ventaja de tener la mejor novia del mundo.
Si el yo de 10 horas después hubiera estado presente cuando mi yo de ese momento decía esas líneas, sin duda me hubiera abofeteado por asno, pero que no sea yo quién les dé el dato, véanlo por ustedes mismos:


(10 horas después…)
― ¡Por supuesto que me molesta! ― Agitó las manos con desesperación. Podía sentir como sus deseos de abofetearme me daban bofetadas espirituales. ― ¡Es la tercera vez que te arrestan este mes, Zack! ¡LA TERCERA!
¿Saben qué es una mala idea? Decirle a tú novia “no pensé que te molestara” mientras te grita desde afuera por tú mala conducta y pareciera que lo único que la detiene de lastimarte es tú celda. Todos mis compañeros de celda estaban tan aterrados que estaban abrazados… excepto de un par que estaban abrazados porque se amaban, de hecho me parece que los arrestaron porque se amaban demasiado en un área pública… pero ese no es el punto, el caso es que Ellie estaba hecha una fiera.
― Es que era el cumpleaños de Anna ― Expliqué, masajeándome el rostro. Maldije a la resaca, que no hacía de esta pelea algo más fácil. ― ¿De acuerdo? ¡Teníamos que celebrarlo!
― ¡El cumpleaños de Anna es hasta dentro de 9 meses y LO SABES! ― Se llevó ambas manos a la cabeza, meneó su cabello y resopló, estresada. ― Solo querías fastidiarla, sabes que odia cuando se portan así con ella y aún así insistes en tratarla mal… ¿Es que no entiendes que por mucho que ella sea una de ustedes sigue siendo una chica y quiere que la respeten como tal?
Guardé silencio, bajé la cabeza y suspiré. Ella se encogió de hombros.
― ¿Qué? ― Puso sus brazos a la cintura. Resopló ligeramente. ― ¿Zack?
Me estremecí.
― No dije nada…
― Conozco tus gestos ― Insistió. ― Cuando bajas la cabeza y te pones en plan “niño ofendido” es porque tienes algo que decir pero prefieres ahorrártelo… suéltalo.
Dudé. Ella arqueó una ceja, expectante.
― Debo decir… Ellie… que el que te pongas a defender a Anna no tiene nada de sentido, ¿bien? ― Saqué las manos a través de la celda y la tomé por los hombros. ― Para empezar porque… bueno, eres mi novia.
Ellie parpadeó, atónita para dar énfasis a la desaprobación de mi comentario, dándome entonces un avance de lo que diría en su próxima línea.
― ¿El que sea tú novia significa que debo de apoyarte en todas las cosas estúpidas que hagas? ― Se quitó mis brazos de encima. ―  ¡Yo no recuerdo haber firmado para eso!, mi buen amigo.
― ¡Oye, yo no pido que me apoyes en TODAS las cosas estúpidas! ― Traté de tomarla por los hombros de nuevo, ella se apartó. ― ¡Pero al menos puedes resignarte!
― ¿Resign… ― Ellie sacudió la cabeza. ― ¿De qué estás hablando?
― ¡Ya sabes, resignarte a que yo soy así!
― ¡Un momento! ― Se acercó en un gran paso a la celda, retrocedí por mero reflejo. ― ¿En serio estás diciéndome que debo resignarme a que serás arrestado 3 veces o más al mes y que no piensas hacer nada para cambiarlo?
― ¡Oh, vamos! me conoces desde hace casi 3 años, ¡Ya deberías de saber como vienen dándose las cosas!
Hablando de malas ideas… nunca le digan a su chica que se tiene que resignar. A ninguna mujer le gusta resignarse, y mucho menos les gusta que les corten la posibilidad de soñar en un cambio futuro. Créanme, se los dice la experiencia hablando.
Ellie suspiró, acomodó su blusa (que por cierto la hacía ver preciosa), se aseguró que no estuviera arrugada, se acomodó el peinado y me fulminó con la mirada. Se dio media vuelta y se alejó. Dejándome ahí, hablando solo… bueno, casi solo.
― No estuvo tan mal, ¿no? ― Preguntó Junior, separándose de aquel hombre arrestado por tratar de sacrificar a su gato en honor a la alcaldesa. ― Digo, al menos no le dijiste que querías vomitar sobre la tumba de su abuela, y eso ya es ganancia.
― Claro ― Asintió Rocko con sarcasmo, tirado en el suelo. ― Porque eso planeas decírselo en su aniversario, ¿no? Hay que guardar las sorpresas más duras para las fechas importantes.
― ¿Intentan decirme que he dicho algo malo? ― Tomé asiento para recargarme en la pared lateral. ― Porque yo creo que no fue así… simplemente defendí mi punto, como debe pasar en todas las peleas de parejas del mundo.
― Corrección ― Insistió Rocko. ― En todas las peleas de parejas con un hombre machista, irracional, terco y cuya pareja es una mujer pensante y nada sumisa.
Estaba a punto de responderle con un insulto acerca de su ridículo peinado cuando un guardia llegó hasta nosotros y abrió la celda, recorrió la mirada uno a uno, intimidante.
― ¿Zack Mosh? ― Preguntó finalmente, pasados unos instantes.
Me puse de pie y levanté la mano.
― Han pagado tú fianza, puedes irte.
Todos mis compañeros de celda rieron.
― ¡A mí me parece que se ha decidido a enterrar tú cadáver ya en vez de esperar a hacerlo cuando te suelten! ― Gritó uno de ellos, muerto de risa.
 ― ¡Te espera una buena niño bonito, vamos a ver cómo te va sin la celda protegiéndote! ― Me advirtió otro, también riéndose a mis espaldas
― ¡Se vale taparse con las manos, ¿eh?! ― Este último ya me dio igual, sin embargo igual se rió como loco.
Solté un recorte de manga para todos y salí del lugar, ignorándoles con fastidio.
― ¿Y nosotros qué? ― Preguntó Rocko a Junior una vez me perdí en los pasillos. ― Sé que Ellie está enojada con Zack pero, ¿No crees que debió preguntarnos si queríamos salir también?
― No podemos confiar en nadie allá afuera, Morgan ― Murmuró con tristeza Junior, meciendo su cabello. ― Aquí en prisión… estamos solos. Te recomiendo que lidies con ello como yo he hecho: Me he decidido a ser el que mete cigarrillos, eso me dará una buena reputación en los grupos más fuertes
― Eh… ― Se rascó la barbilla, incómodo por la atmosfera que Junior comenzaba a crear. ― ¿Sabes que nos sueltan en 12 horas, no?
― No podemos esperar tanto tiempo, Morgan… me niego a permitir que mis hijos olviden el rostro de su padre… escucha, voy a decirte lo que se rumora en los patios… hay un chico, un tal “Morgan” que está planeando una fuga masiva… tal vez me una a ellos… y tú deberías de hacerlo también.
― ¿De qué malditos patios estás hablando? Esta es la estación, solo encierran aquí a los revoltosos de delitos menores cuyas sentencias no sobrepasan de una semana, así que no hay patios… ¿Y qué no era yo Morgan?
Junior abrió los ojos, sorprendido. Se acercó a Rocko arrastrándose con sigilo con la seriedad increíble que distinguía al rubio cuando entraba en papel.
― ¡¿Tú eres Morgan?! Oh, me han hablado mucho de ti, chico… dicen que organizas un plan que nos sacara a todos de este maldito lugar. Quiero entrar.
― Suficiente ― Rocko se puso de pie, dio largas zancadas para alejarse de Junior y se aferró a los barrotes. ― ¡Guardias, exijo un cambio de celda YA!
__________
Mientras Junior y Rocko montaban su drama en las celdas, yo me veía enfrascado en mis pensamientos durante el recorrido por los largos pasillos de la comisaría; sabía que mis palabras a Ellie de hace unos minutos no eran ni correctas ni acertadas (seguro ahora están pensando que soy un cínico por haber dicho todas esas cosas, pero no soy nada cínico, no. Soy un hombre, y los hombres, tendemos a crear conflicto por esta clase de estupideces aún si sabemos que lo que hacemos no está nada bien… no digo que sea algo correcto o aplaudible, pero está en la genética o algo así, la verdad no sabría decirles con exactitud. Solo sé que es algo que TODOS tenemos; y si tú, hombre, al leer esto estás pensando algo como “eso es mentira, yo no hago eso”, ¡deja de mentir infeliz, que sabes mejor que nadie que así es!). Pero bien, comienzo a irme por las ramas: lo que quiero decir es que incluso sabiendo que estaba haciendo las cosas de la peor manera posible, mi propia condición humana me impedía hacer un cambio de estrategia.
Respiré hondo, me acomodé el cabello, liberé tensión de los hombros y di la vuelta a la derecha en final del pasillo: lo primero que vi fue, efectivamente: una severa y acusadora mirada con el ceño fruncido, en combinación con unos brazos cruzados y un puchero arrugado en los labios. Sé que no viene al caso, pero Ellie sí que se ve preciosa estando enojada, me recuerda a aquellos no tan lejanos tiempos en que recién nos conocíamos y ella me odiaba por… bueno, por cosas como estas que la tenían recogiéndome en la estación policial.
― Eres la chica más preciosa del mundo ― Sonreí bobamente y me acerqué a ella con intenciones de abrazarla. ― Eres hermosa, ¿Lo sabes?
No se apartó de mi abrazo, tal vez porque ella sabía que de esa forma podría hacerme más daño: es de esos abrazos que uno no puede disfrutar a causa de la tensión del abrazado en cuestión. Como cuando abrazas un calentador de agua que está a punto de explotar o a un furibundo oso panda sediento de carne humana.
Me separé, ella seguía exactamente en la misma postura; la única diferencia fue que recargó su peso en su pierna izquierda. Sostuvo su mirada en mis ojos, expectante a mi argumento. Al no obtener respuesta inmediata arqueó una ceja con notoria impaciencia.
― ¿Sabes? ― Tragué saliva y carraspeé. ― Acabo de recordar que tengo que ir por mi hermano al aeropuerto… ¿Me acompañas?
Puso los ojos en blanco, se dio la vuelta y marcó camino hasta la salida. Le seguí a una distancia segura, a sabiendas de que podía ser mordido al menor descuido.
― Por cierto, ¿Cómo llegaste hasta aquí? ― Pregunté, tallándome los ojos por culpa del primer contacto con la luz del día.
― Tomé el auto de Chelsea.
¡Uy! Respuesta seca.
― Oh ya veo, Chelsea… esa Chelsea, ¿Eh? ― Reí. ― Es toda una diva, ¿eh? Te quita el agua caliente de tú casa todas las mañanas, ¿Eh?
― ¿En serio planeas evocar mi ira hacia mi hermana menor para tú quitarte de problemas? En serio Zack, eso no funcionará nunca. Además, hoy me ha prestado su auto para que pudiera sacar a mi novio de prisión… debiste ver qué vergüenza me dio cuando Anna me llamó hace una hora… cuando le conté a Chelsea ella dijo “menos mal que me lo ganaste”.
― Míralo por el lado bueno ― Sonreí. ― Al menos ya no tendrás que preocuparte de que tú hermana trate de seducirme.
Se volvió solo para mirarme con fastidio, como diciendo “¡por favor!”. Negó con la cabeza en dos ocasiones y se dio la vuelta, esta vez para llegar finalmente a donde se encontraba el auto: un muy bonito bmw color azul oscuro.
― Escucha ― Insistí, una vez los dos estuvimos dentro del coche. ― Prometo pagarte el dinero de la fianza, ¿bien?
― ¡No es el dinero lo que me molesta, Zack! ― Se aferró al volante con ambas manos, como tratando de hacerle daño en vez de a mí. ― Es solo que…
― ¿Qué…? ― le incité a continuar, girando mis muñecas.
― ¡Es la tercera vez que te arrestan este mes!
― Mmmmh… ― Medité, me crucé de brazos y levanté la barbilla. ― Lo siento, no entiendo tú punto.
 Ella expandió sus ojos para mirarme nuevamente, yo sonreí, tímido.
― Zack… este mes has cometido 3 acciones consideradas como crímenes bajo las leyes estatales…
― ¿No me estás menospreciando? Me han arrestado 3 veces, pero eso no significa que solo haya cometido 3 crim… ― Me detuve bajo el peso de su mirada impaciente. ― No estoy aportando nada con esto, ¿no?
Se encogió de hombros y encendió el auto.
― ¿Sabes que es lo que más me molesta de todo esto? ― Preguntó entonces, echando reversa para después salir del estacionamiento con un grácil giro de volante. ― Que venga yo a pedirte una explicación y tú me salgas con que debo de resignarme y aceptar que tú eres del tipo “me hago arrestar”. ¿Al aeropuerto, no?
― Sí, la ruta más rápida es tomando la 34 ― Repuse, señalando con el dedo la dirección. ― Y que curioso Ellie, es precisamente esa la parte que a mí tampoco me tiene muy contento… dime, ¿no se supone que debes de aceptarme como soy y amarme por sobre todas las cosas?
Soltó una risa sarcástica, dando negatividad a mi comentario. Fruncí el ceño.
― ¿Qué es tan gracioso? ― Pregunté, ahora viendo los papeles invertidos.
― ¡El solo hecho de que te atrevas a decirme que debo de amarte por sobre todas las cosas malas! ― Aceleró un poco. ― ¡Sabes que así no funcionan las cosas!
― ¿Cómo qué no funcionan así? ― Cuestioné, empezando a molestarme. ― ¿Estás diciendo que desde que comenzamos a salir no estabas dispuesta a tolerar mis pasatiempos?
― No he dicho eso en ningún momento, además; leer es un pasatiempo… intentar secuestrar a la mascota de la ciudad de Oregon en su gira por el país, es un crimen.
― ¡Oye, Junior me dio su palabra de que esa jirafa no era feliz!
― Zack, no estamos discutiendo si esa jirafa era o no era feliz, el asunto aquí es que eres severamente impulsivo, excesivo y… bueno…
― ¿Y qué más? ― Le incité, provocativo. ― ¿Qué más soy?
 ― Inmaduro. ― Aprovechó que nos encontrábamos en un semáforo en luz roja para tratar de observarme con neutralidad pese a que el momento le impedía no estar enojada conmigo. ― Tus acciones son muy inmaduras a veces, Zack.
¡Uy! Ellie dijo la palabra con I… y si hay algo que nos duela a los hombres más que una patada en la zona blanda, ese es el uso de la palabra con I. Más todavía cuando quién lo dice tiene la razón: no hay nada peor que te digan tus verdades antes de que tú las aceptes.
Ya antes les he hablado de la irracionalidad masculina que viene en el ADN, ¿no? Bueno, ya para estas alturas deben estar hechos a la idea de que es una condición humana que se presenta en esta clase de situaciones y con resultados bastante negativos para el hombre en cuestión… así que está de sobra que les explique mi actitud a continuación.
― Ya veo… así que soy inmaduro…
Ellie guardó silencio, pero pude notar como trataba de pensar en algo rápido para dar réplica. Decidí contraatacar en modo “ofendido” antes de que arreglara la situación con su atrapante capacidad lirica.
―  Pues lamento si mi inmadurez te molesta, Elisa ― Desvié la mirada hacia la ventana del copiloto, no la movería de ahí para nada. ― Trataré de que mi inmadurez no te estorbe nunca más.
Suspiró, y gracias a que nuevamente nos había tocado un semáforo en rojo se detuvo y volvió su mirada hacia mí.
― Zack no es eso lo que…
No pudo terminar su oración… no sé si porque no supo que decir o porque en ese momento un auto nos impactó con fuerza al no haberse percatado de que nos habíamos detenido por la luz roja. El impacto sonó brutalmente horrible, pude sentir como el auto se zarandeaba en círculos. Instintivamente me impulsé hasta el asiento del piloto, donde Ellie conducía para cubrirla con mi propio cuerpo de todo impacto posterior que pudiera llegar a impactarnos. Afortunadamente ese no fue el caso, después del primer golpe no hubo segundo que le siguiera.
Abrí mis ojos  y de inmediato llevé mis manos al rostro de Ellie, que hiperventilaba. Podía sentir el acelerado latir de su corazón en mi hombro izquierdo. Una vez recuperé el aliento, abrí el dialogo.
― ¿Estás bien?
― S-sí ― Repuso, aún con la respiración entrecortada. ― G-gracias.
― Gracias a Dios… ahora, espera aquí.
Ya que estaba prácticamente en el lado del piloto bajé por la puerta de Ellie, tambaleándome por el mareo del impacto pero con una dirección fija: el auto responsable del choque.
Era un tsuru color blanco (no conozco mucho de automóviles, así que lamento no poder darles mayor detalle). Su estado era infame: gran parte de su frente había quedado machacado, justo como la parte trasera del auto de Chelsea… no quería ni imaginarme que cara pondría la hermanita de Ellie cuando se enterara del accidente.
Verifiqué por la ventanilla que el sujeto estuviera consciente, y así era. El muy desgraciado rebuscaba en su celular en vez de preocuparse por nuestro estado actual. Di un par de golpecillos para que notara mi presencia. Se estremeció.
Era un sujeto bastante pintoresco: peinado de rodilla (calvo por las entradas, con apenas una pequeña mata en el coco), piel rosada, labios protegidos por una barba mal cuidada, nariz puntiaguda y unos lentes de hipster que cerraban con broche de oro la pinta de uno de los sujetos más curiosos que había visto en mi vida.
― ¿Qué pasa? ― Preguntó, bajando el vidrio. ¿Qué se le ofrece?
― ¿Qué se me ofrece? No lo sé… ¿Saber por qué carajo se ha estrellado contra nosotros?
Marcó un número en su teléfono e ignorándome completamente se lo llevó al oído. Apenas respondió la persona al otro lado de la llamada, comenzó a hablar con velocidad.
― ¿Hola, Lee? Lo siento, se cortó la llamada porque tuve un accidente automovilístico. ¿Me decías?
― ¡Oye! ― Reclamé su atención, golpeando la puerta levemente. Él reaccionó levantando su dedo índice. Me encaró, molesto.
― ¡Oye, tú! ― Me señaló, acusador. ― ¡Esta llamada es importante así que cállate!
Puse los ojos en blanco y pedí paciencia para no partirle la cara. Volví al auto de Chelsea, donde Ellie esperaba sentada.
― ¿Qué pasó? ― Preguntó de inmediato, poniéndose de pie y recorriendo los pocos metros que me faltaban para llegar a su lado. ― ¿Está bien?
― Está más bien de lo que me gustaría verlo ― Bufé. ― Está haciendo una llamada de negocios o algo así…en fin, parece que su auto quedó muy golpeado del motor así que dudo que pueda encenderlo y simplemente escapar.
En ese justo momento, se escuchó a mis espaldas el sonido de un motor intentando encender marcha. Me volví para verificar: el sujeto que recién nos había impactado, intentaba encender su motor para irse de ahí.
― Ah mira ― Señalé. ― Tenía razón, no puede encenderlo.
Me encogí de hombros y volví a caminar hacia el auto de aquel a quién había decidido llamar Hipster hasta conocer su verdadero nombre. Esta vez, Ellie me siguió.
― Oye, oye ― Golpeé la puerta de nuevo. ― ¿Qué tramas?
― ¿Otra ves tú? ― Preguntó el muy cínico, con un fastidio todavía más cínico. ― Creí que ya te habías ido.
― ¡¿IRME?! ― Exclamé y solté una carcajada. ― ¿Por qué habría de irme cuando acabas de golpearnos brutalmente y debes pagar por ello?
Él agitó su cabeza, con su ya a estas alturas característico cinismo acido, tiró un manotazo de desprecio y volvió a tratar de encender su automóvil.
― Hay que aprender a superar las cosas, niño, el choque ya fue hace mucho y todos debemos de superarlo. Tengo cosas mucho más importantes por las que preocuparme ahora que por su carrillo.
¿Carrillo? ― Pregunté, echando un ojo a su infame tsuru de modelo antiguo. ― ¡Es un BMW y le has dañado toda la parte trasera! Ellie, llama a la policía.
Como impulsado por un resorte, el sujeto abrió la puerta y salió del auto echando saltos. Pude notar que llevaba un traje elegante que contrastaba su de por sí ya peculiar pinta.
― ¡No, a la policía no! ― Suplicó, ahora entrecruzando los dedos de sus manos y arrodillándose. ― ¡Tengo que ir a recoger a la estrella más grande que Texas haya conocido jamás y si no lo hago mi carrera estará arruinada!
Vamos a pausar este lado de la historia por un rato para ver el estado de la otra protagonista: Emi, ya que la dejamos sola por unas 12 o 13 horas va siendo hora de que ustedes sepan que ha sido de ella.
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Como ustedes recordarán, Emi fue iluminada por la sacerdotisa de la luna Pedro, que le dio la oportunidad de tomar un vuelo a un lugar desconocido para que se descubriera a sí misma y pudiera ser una diosa del blablablabla. En fin, Emi estaba muy emocionada por todo este asunto del renacimiento espiritual, le apasionaba el logro personal e intimo que podría conseguir si en una aventura en una tierra desconocida terminaba descubriendo también quien era…
― Hola ― Saludó. ― ¿Perfume De Lago De Cristal? Creo que en Ciudad Grande a estas horas aún es muy temprano, eso explicaría porque me contesta tú buzón de voz jeje… en fin, solo quería decirte que ¡ERES UNA MENTIROSA MALA VIBRA TRAICIONERA Y PONZOÑOZA! ¡¿Cómo pudiste enviarme en un avión a Texas?! ¡DIJISTE QUE PARÍS ESTABA CERCA! ¡Y no me vengas con que París Texas es el París de la división sureña de los Estados Unidos porque me han dicho eso ya tantas veces que he decidido que al próximo que me lo diga voy a morderle el brazo! En fin, soy una chica tolerante así que hubiera soportado que me hubieras enviado a Texas con el dinero suficiente para comprar un boleto de regreso… ¡PERO NO! ¡Con los $200 que me prestaste no me alcanza ni para colgarme en las alas del avión! Estoy en un lugar extraño para mí, sin conocer a nadie, sin dinero y lo más importante…
… Por supuesto que toda esa emoción se debía solamente a que ella se imaginaba que el vuelo se dirigía a Francia… de otra forma, nunca hubiera aceptado.
Se colgó su llamada, frustrada volvió a marcar.
― Hola de nuevo, maquina contestadora de Perfume De Lago De Cristal. Como te decía: y lo más importante, ¡NO TENGO COMO VOLVER A CASA! ¿Voy a tener que hacer malabares en los cruceros para ganarme el vuelo de moneda en moneda? Ah, y también lo olvidaba: ¡Aún si encuentro una forma de volver a Ciudad grande, ALEX VA A MATARME EN CUANTO LLEGUE! En fin, espero te comuniques conmigo en cuanto escuches esto, creo que mi llanto se escucha más bonito cuando se escucha en tiempo real… adiós.
Se desplomó sobre uno de los muchos asientos en la sala de recibimiento. Suspiró con pesadez y cerró los ojos, acariciando con ambas manos sus sienes, era un duro inicio de semana para ella y todo parecía indicar que así seguiría siendo.
― ¡Maldita sea! ― Exclamó un sujeto, que se tiró con una pesadez muy parecida a la de Emi a un par de sillas de distancia y en la misma hilera. Emi le observó de reojo. ― ¿Un accidente? ¡Si no vienes ahora voy a perderlo!
Tendría unos 28 años pero vestía como alguien de 15: llevaba una playera negra con un lobo de caricatura estampado, un short de mezclilla a las rodillas, calcetines blancos hasta las espinillas y unas botas de leñador color café claro, pero lo más llamativo en la vestimenta del sujeto era sin duda la gorra al revés que colgaba en su cabeza. Por no dejar de lado sus rasgos físicos: tenía cabello castaño claro, ojos de color y barba al ras por todo el rostro empezando desde las patillas.
― Veo que en Texas nadie es feliz ― Observó Emi en sus pensamientos con astucia… una astucia un tanto xenofóbica si me preguntan. ― Por eso todos deberían vivir en Ciudad Grande, ahí nada malo pasa… ah, qué bonita es mi ciudad.
Emi estaba a punto de ponerse de pie para cantar el himno de ciudad grande cuando su celular comenzó a timbrar al ritmo de “me roba el oso polar”. Sus ojos en cierta forma reflejaron alivio y felicidad cuando vieron que “Perfume De Lado De Cristal” era la responsable de la llamada, aún si la forma de saludarla reflejaba sensaciones completamente polares.
― ¿Dónde has estado? ― Preguntó de inmediato, seca. ― ¿Dormida aún sabiendo que yo estoy en un gran peligro en una ciudad extranjera, sin dinero, esperanzas o familia?
― Majal´jalam, Cabrischa ― Le saludó Pedro, sin perder ese temple inquietante que a estas alturas (y pese a apenas haberla conocido) ya le era característico al menos a los ojos de Emi. ― Lamento no haberte respondido de inmediato, estaba trabajando. Veo por tus mensajes una nube gris de tormento, confusión e infortunio sobre tú kashkar… Ishmar dijo que esto pasaría.
― Pues Ishmar ha de tener un poderosísimo sexto sentido, mi estimada Perfume De Lago De Cristal ― Repuso con sarcasmo la pequeña Llanos. ―  ¿De otra forma cómo sabría que hay una nube en mi chancla porque me enviaron a una ciudad extranjera sin dinero suficiente para regresar? Ahora que lo pienso mejor, ese sexto sentido suyo pudo haber sido de mayor ayuda si lo hubiera usado para evitar que yo, no sé… ¿¡ACABARA AQUÍ!? … un momento, ¿Dijiste que estabas trabajando?
― Tú sufrimiento se clava cual flechas en mi pecho, Cabrishca… ― Hizo una pausa para soltar un sollozo. ― Siento tú dolor y de mi rostro salen fragmentos de alma por tú confusión… lo siento mucho… lo… lo siento… debí saber que esta encomienda era… era…
Esta vez la pausa fue mucho más prolongada y las replicas del acallado sollozo de Pedro nubló todo el enojo que apenas hace unos segundos cubría el juicio de Emi en su totalidad. La chica ahora luchaba con todas sus fuerzas para que su lengua articulara un discurso de arrepentimiento lo suficientemente convincente como para acallar el llanto de su guía espiritual. Después de todo, ¿Cómo podía culparla? Pedro solo había buscado de buena fe un camino para que Emi lograra poner en orden sus pensamientos y dentro de sus limitantes encontró la posibilidad de enviarla a su tierra natal, pese a no conocerla y a no tener obligación alguna de ayudarla la excéntrica chica poeta le entregó todo lo que tenía a sus manos con tal de ayudarla…
― No llores por favor, Perfume De Lago De Cristal ― Murmuró entonces, quebradiza Emi. ― Lamento haber dicho todas esas cosas… es solo que estoy muy confundida, ¿sabes? Me asusté mucho al verme en una ciudad nueva para mí sin dinero suficiente para volver a casa y sin querer hablé de más… yo no te estoy culpando para nada, de hecho te agradezco lo mucho que has hecho por mí aún cuando apenas y me conoces… perdóname por favor, ¿Sí?
― Está bien, Cabrishca ― Respondió una completamente recuperada Pedro al instante en que Emi presentó su disculpa. Como si nunca se hubiera sentido mal en realidad. ― Ahora escucha, trataré de evocar tus sentimientos a los míos para ayudarte a despejar tus dudas… dame uno segundos.
Pedro comenzó a meditar con los espíritus o algo así, durante un par de minutos no se escuchó más que su “mmmmmmmmmmmmmmm” de meditación en la bocina, una vez terminó de hacerlo, empezó a hablar sin parar.
― Tú preocupación primaria es el dinero ― Comenzó, seseante. ― Pero has olvidado que has viajado a una nueva tierra para encontrarte contigo misma, Cabrishca… y sin una prueba de esta magnitud, ¿Cómo esperas lograr tú cometido? Si lo que deseas es liberar tú espíritu de diosa, debes abrazar esta clase de retos que desafían tú astucia, ¡Tú fuerza! Todos, todos en este mundo sabemos que mientras más rocoso sea el camino más gloriosa será la meta… tienes techo y comida en mi departamento, ¿Por qué no aprovechas esa ventaja y te lanzas a trabajar en algo que siempre hayas querido?
― ¿Cómo astronauta o algo así? ― Preguntó Emi, que ya comenzaba a dibujar una sonrisa en su semblante. ― ¡Porque eso sería asombroso!
― ¡La luna y las estrellas serán tú límite entonces!  ― Hizo una breve pausa. ― Ahora, tú segunda preocupación es aquel dios del trueno, compañero de cielo… dueño del santuario al que deseas volver.
― ¡Sí, sí! ― Asintió Emi, poniéndose de pie con preocupación. ― ¿Sabes? Cuando me subí al avión le llamé muy inflada y le dije que me iba a ir y que lo vería después, pero ahora que estoy con los pies en tierra firme me voy cuenta de que a mi regreso, siendo diosa del viento o no, ¡me va a desplumar como pollo!
― Kalskur ― al igual que Emi, vamos a intuir que este es Alex ― sin duda es un guerrero persistente, necio y obstinado ― Coincidió Pedro. ― Pero se encuentra en una situación muy parecida a la tuya, Cabrishca… está muy confuso, perdido y pese a que tiene un trueno muy potente no tiene idea de cómo usarlo y constantemente termina quemando todo lo que se acerca a su paso… no puedo contarte todo… pero interesantemente, al igual que tú necesita encontrarse a sí mismo.
― ¿De qué estás hablando? ― Preguntó Emi, con pesadez. ― N-no me dirás que tú… lo enviaste aquí…  ¿O sí?
― Yo no lo envié ahí, no te preocupes Cabrishca ― Negó rápidamente Pedro, dando alivio por unos instantes a Emi. ― Él solo ha decidido tomar un rumbo… sus destinos, por supuesto, se cruzan inclusive traspasadas las fronteras de la ciudad donde residen.
― ¡¿ENTONCES VIENE PARA ACÁ?!
― Así es, él va en camino ahora mismo, Cabrishca.

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(3 horas antes, en ciudad grande…)
― Entonces… ― Alex se cruzó de brazos. ― ¿Quiénes son ustedes y por qué….
¿Saben qué? El formato natural de la historia exige que en esta parte contemos como es que Alex terminó rumbo a Texas, pero creo que para crear un poco de tensión mejor me lo guardo para el próximo capítulo, ¡Será para la próxima! Volvemos entonces con Emi hablando por teléfono con Pedro:
_____

¿Para qué describir todo el miedo inmenso que inundó a nuestra pequeña protagonista si es obvio ya como se sintió? Mejor pasemos directo a la parte donde se dejó sucumbir por los nervios y donde Pedro hace de las suyas.
― ¡Me va a asesinar en tierras lejanas! ― Exclamaba Emi, vuelta una verdadera bestia herida. ― ¡Voy a morir lejos de mi amada cuna de nacimiento! ¡Va a atraparme sin duda, Perfume De Lago De Cristal! ¡VA A MATARME TE DIGO! ¿Qué debo de hacer? ¿Encerrarme en tú departamento hasta que se canse de buscar y se vaya? ¡Sé que si paso mucho tiempo afuera se las va a arreglar para dar conmigo! ¡Es un tigre que persigue a su presa con paciencia para después arrancarle el cuello! ¡De Cristal Lago De Perfume! Tú siempre sabes que decir, tú sabes darme instrucciones… ahora vas a hacer como has hecho desde que me conociste y me vas a dar instrucciones de cómo puedo evitar toparme con Alex, ¿Bien? ¿BIEN? ¡Hazlo! ¡HAZLO!
Pero Pedro tenía otros planes, por alguna razón guardó silencio.
― ¡¿POR QUÉ NO LO ESTÁS HACIENDO?! ― Gritó, ya envuelta en la desesperación.
― Cabrishca, la chica de cabello corto castaño y gafas es Marco, ¿No? ― Preguntó.
― No, no ― Negó, en medio de su furibundo ataque, dándose un tiempo para soltar su pesada respiración. ― Ella vendría siendo Laura, ¿Por qué?
― Bueno, Cabrishca ahora ya no hay más instrucciones que deba darte, a partir de ahora debes encontrar tú camino por ti mis…
― ¡NO! ― Le  interrumpió, suplicante. ― ¡Por favor no me hagas esto, Perfume De Lago De Cristal! ¡Al menos dime una forma fácil de ganar 400 dólares para poder escapar de aquí antes de que me cuelgues!
La noticia cayó de peso sobre Emi, ¿En serio Pedro pretendía dejarla sola justo en el momento donde más la necesitaba? Y es que no la necesitaba solamente para que le diera un consejo sobre como poder librarse de Alex, también había otras cosas que deseaba obtener de ella: por ejemplo, un informe de lo que ocurrió con Pablo. ¿Había perdido su gran noche de tocar en un bar famoso por su culpa? Había muchas cosas de lo que pasaba o había pasado en Ciudad Grande a su partida que deseaba saber y la única forma segura de obtener dicha información (considerando que cualquier persona que llamara terminaría regañándola) pasaba a ser precisamente quién le anunciaba su abandono.
― No será necesario, Cabrishca ― Aseguró Pedro, con un temple que irritaba a Emi cuando se encontraba sumida en la desesperación. ― Al final todo se pondrá frente a ti… solo, sigue adelante y haz lo que creas que pueda ayudarte a extender tus alas… ah, y no te olvides que cuando tú jaula sea demasiada carga podrás pedir ayuda a quién esté a tu mano derecha.
Pedro no dijo nada más, colgó la llamada, dejando a Emi en un estado en que las fuerzas ya no rinden para perder la cabeza: tenía hambre, sueño, estaba cansada por el vuelo y tanto stress parecía haberle bajado la presión. Sus rodillas flaquearon y poco a poco fue desparramándose en el suelo. Recargó su rostro en la silla donde antes se había sentado.
¿Qué haría? Ella sabía que era cuestión de tiempo para que Alex llegara a la ciudad y comenzara la cacería. Lo más sensato sería ponerse de pie, ir a la salida, tomar un taxi al departamento de Pedro, comer algo y dormir…
― Oye tú ― La llamó alguien a un costado, con disimulo. ― La chica tirada en el suelo… he escuchado que necesitas dinero, ¿Qué dirías si te dijera que estoy dispuesto a pagarte $500 en este mismo momento por un pequeño trabajito?
Emi utilizó las pocas fuerzas que le restaban para levantar la cabeza y mirar al sujeto que la llamaba: era el ya previamente descrito sujeto, ¿Qué? ¿Creían que era en vano? ¡Claro que no!
― Le diría que no soy ese tipo de mujer ― Espetó. ― Y luego iría a acusarlo con los guardias.
El tipo soltó una risa nerviosa y miró en direcciones ambiguas.
― No es eso de lo que hablo ― Aseguró, sonriendo ahora con confianza. ― Estoy diciendo que estoy dispuesto a pagarte $500 dólares a cambio de que tomes mi mono y lo saques.
Emi retorció el rostro, con disgusto.
― ¡Que persona tan asquerosa es usted! ― Se puso de pie y alzó los brazos, escandalizada. ― ¡Ahora mismo voy a acusarlo, enfermo infeliz! ¡AAHH…
― ¡No, no me estás entendiendo! ― El sujeto también se puso de pie y se adelantó a Emi con 3 zancadas, guardando una distancia segura al ser conocedor de la mala imagen que estaba dando. ― No hablo de esa clase de mono. Hablo de mi mono mascota.
―… ¡AAAAHHH! ― Emi bajó los brazos lentamente y redujo la severidad de su rostro dentro de lo que la situación se lo permitía. ― Eso hubiera dicho desde el principio… ¿Dónde está el mono y por qué no lo saca usted mismo? ¿Cuál es el truco?
― Verás ― Se encogió de hombros y tomó asiento, luego invitó a Emi a que hiciera lo propio. Ya con la guardia reducida, accedió. ― Vengo de regreso desde Canadá, y allá una amiga me lo regaló. Como es un animal exótico, es ilegal tenerlo, así que soborné a algunos guardias de aduana para que me permitieran traerlo a casa, y sellaron su jaula con unas cintas que supuestamente lo absolverían de ser registrado y demás, pero aquí esas cintas no sirvieron para nada… de inmediato registraron su jaula y al ver que era un capuchino me dijeron que me lo iban a confiscar… y yo amo demasiado a mi mono como para cedérselo a esos infelices… ¡Sé que lo van a tratar mal y no lo mimarán como yo he venido haciéndolo!  Me niego a abandonarlo… ahora, ya antes intenté escaparme con él, así que si ahora mismo me acerco pondrán su guardia al máximo… pero en cambio si lo haces tú… una niñita bonita e inocente, ¡seguramente no lo verán venir! Sé que necesitas el dinero y yo tengo el dinero ― Se movió un poco para sacar de su pantalón un fajo de billetes de considerable grosor. ― ¿Qué dices? ¿Aceptas?
Era un riesgo enorme, ¿No era eso un crimen? ¿Tan desesperada estaba Emi por conseguir el dinero que le diera una temporal garantía de seguridad? Recordó parte de las palabras de Pedro:
“Al final todo se pondrá frente a ti…”
¿Estaba tan desesperada como para darle una ambigua interpretación a unas líneas que bien podrían significar cualquier cosa? La respuesta es sí.
― ¿Dónde está el mono? ― Preguntó, usando su tono de voz de películas de acción.
El hombre respondió con su dedo índice, que señalaba en dirección a la banda giratoria donde los pasajeros recogían su equipaje a unos 30 metros, más concretamente a un grupo de sillas rectangulares que había a un costado. Donde descansaban varias piezas de equipaje, entre ellas, una jaula pequeña. No había nadie vigilando.
― Te veré en la salida entonces.
Emi se puso de pie, se acomodó la ropa, guardó su celular y sin dudar caminó a paso firme hasta que estuvo frente a la mesa. De la jaula del mono salían pequeños gemidos de esos que sueltan esos animales. Emi se asustó.
― Tranquila, Emi ― Pensó, suspirando. ― Está encerrado, no va a morderte ni nada por el estilo… no te hará daño… no te hará daño…
Apretó el estomago, tomó la jaula por la agarradera, la levantó (sorprendiéndose por el liviano peso del mono), la bajó a la altura de su cintura y comenzó a caminar con naturalidad rumbo a la salida.
Salió del área de recibimientos sin problemas, bajó las escaleras mezclándose con las otras personas y de esta forma llegó con facilidad al corredor que daba al estacionamiento del aeropuerto. Casi lo lograba.
“solo, sigue adelante”
Para narrar esta última parte del episodio hay que mencionar que mientras Emi sufría en el aeropuerto yo también había estado moviéndome. Tanto me moví que en el justo instante en que Emi dio el primer paso en ese largo corredor que la llevaría a ella y a ese mono enjaulado a la libertad yo estaba entrando por ese mismo corredor. ¿Qué hacía ahí si apenas hace un rato Ellie y yo habíamos tenido un accidente automovilístico? Eso se los explicaré después.
Me alineé en el costado izquierdo y caminé en línea recta, Emi hizo lo propio en el costado derecho. Por supuesto que en aquellos segundos previos a conocernos ni siquiera nos habíamos percatado de las presencias (o existencias) el uno del otro, ambos teníamos muchísimas cosas en la cabeza como para fijarnos en nuestro entorno.
El destino obra de formas muy curiosas, y es que en ese momento nosotros no pensábamos para nada en lo que pasaría después, solo deseábamos pasar del momento y seguir adelante… y es que tan curiosamente obra el desgraciado del destino que a veces uno no puede entenderlo o preverlo siquiera. Es tan aleatorio que las formas en que se manifiesta podrían bien representar una burla para su concepto propio. Aquel momento, por ejemplo, sería testigo del inicio de una de nuestras más extrañas vivencias, y creo que la forma en que las cosas se dieron, dignifican mis creencias.
En el justo instante en que ambos nos alineamos uno al costado del otro, se escuchó un fuertísimo grito proveniente de unos metros adelante mío.
― ¡HEY, ALTO AHÍ!
Tanto ella como yo nos detuvimos; yo alcé la mirada, confuso y sorprendido. En cambio, Emi se detuvo con tensión y un susto tan inconmensurable que no soy capaz de describir con mis propias palabras.
Ambos nos miramos por vez primera, con una neutralidad cómplice de lo que el momento sugería. Por mí parte, había confusión detrás del desconcierto… por la suya, pánico.
Emi recordó otra parte de las palabras de Pedro:
“y no te olvides que cuando tú jaula sea demasiada carga podrás pedir ayuda a quién esté a tu mano derecha”
Si hubiera estado presente cuando Pedro le dijo eso a Emi, me hubiera gustado arrebatarle el teléfono y decirle a esa Hippie infeliz que se metiera sus frases de naturaleza profética por… en fin, el hubiera no existe, pero el “hizo” si, y Emi hizo lo siguiente:
― A-ayúdame ― Murmuró, perfilándose levemente a mi costado. Sin esperar a mi respuesta estrelló la jaula en mi pecho, provocando que yo por puro reflejo la tomara en mis manos. Empezó a correr con una velocidad que ni al mismísimo Speedy Gonzales se le vio usar nunca ni en sus mejores años. ― ¡Adiós!
― ¿Por qué corre? ― Me pregunté en mis pensamientos. ― ¿Y por qué me ha entregado una… jaula?
Cuando levanté la vista en mi dirección actual obtuve mi respuesta: a apenas unos 10 metros de distancia unos 7 u 8 guardias corrían a toda velocidad en nuestra dirección. Parecían enojados, y la razón era sin duda la jaula que aquella chica (en ese momento aún una desconocida para mí) me había entregado.
Vi como todos se dirigían hacia mí, así que tiré la jaula, retrocedí un par de pasos y traté de darme la vuelta para escapar… en ese mismo instante un par de esos hijos de su guardia madre me aplicaron unas tacleadas de esas que solo se ven en la NFL. Luego de eso, todo lo que vi fue el piso. Escuché el sonido de armas cargándose a mis espaldas.
― Ya los tenemos a ambos ― Anunció uno de ellos por la radio. ― Los hemos atrapado justo a tiempo, ahora mismo los llevaremos a la sala de detención para que puedan proceder.
― ¡Oh, tienes que estar bromeando! ― Grité, tratando de liberarme. Fui esposado al instante. ― ¡Si llega una cuarta en este mismo momento voy a quedar soltero!
Aún quedan muchas cosas por contar, ¿Por qué Pedro le dijo a Emi que estaba trabajando y por qué le preguntó por Laura? ¿Cómo es que Alex también terminó en un avión rumbo a Texas? ¿Por qué estaba yo en el aeropuerto SIN Ellie después de haber sufrido un accidente automovilístico? ¿Quién es ese sujeto dueño del mono? ¿Quién ese mono? ¿Qué hay con el sujeto que nos chocó a mí y a Ellie? ¿Saldrán algún día de la comisaría Junior y Rocko? ¿Quién engaño a Roger Rabit?
Las respuestas a todas, menos a la última pregunta las encontrarán si siguen leyendo “¡Cuando comenzamos a vivir juntos! (CREO) perdidos en Texas” ¡No se pierdan el capítulo 3!

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