Lo Último

Cuando comenzamos a vivir juntos! (Creo) (1/??)


― ¡ESTA HA SIDO LA MEJOR NOCHE DE MI VIDA! ― Guiñó un ojo y golpeó mi mejilla a palma abierta, juguetona. ― ¡Repitámoslo en otra ocasión, ¿Eh, Zack?!

Capítulo uno: Sobre como Emi se subió en ese avión

(Ciudad Grande, 9:00 pm día 0)

Era una noche increíblemente agitada en el gato negro, pese a ya estar en horas nocturnas de servicio (donde usualmente los clientes comenzaban a retirarse y apenas uno que otro llegaba), el lugar estaba a reventar: en las mesas no cabía una sola alma y ni se diga de la barra lateral a un costado de la entrada. Los empleados, como casi siempre, se entregaban al 100% a su trabajo.
―… ¡Y  es por eso que hoy mis amigos y yo tocaremos en el amadeu´s,  el mejor bar con música en vivo de la ciudad! ― Terminó de anunciar Pablo, luego de una fascinante anécdota, demasiado larga como para agregarla aquí. ― ¡Y están todos invitados, incluso los clientes!
El lugar se llenó de aplausos y vítores a Pablo, acto seguido, los empleados interesados en acompañarle durante su función se acercaron a él para preguntar por los detalles. Emi Llanos, quien curiosamente también es la protagonista de esta historia (pero eso ya lo saben ustedes), se acercó a presenciar la lluvia de preguntas con sus respectivas respuestas:
― ¿A qué horas comienza la función y a qué horas termina?
― ¿Cobran para entrar?
― No tengo auto ni quien me lleve, ¿usarás la camioneta del GN para llevarnos a todos los gorrones?
― ¿Es barata la cerveza en ese lugar?
― ¿Por qué tú cabello es tan suavecito?
― Empieza a las 12:30 y termina a las 2, no cobran por entrar, sí, planeo mal utilizar la camioneta del GN, la cerveza es barata y lo último es un secreto que me llevaré hasta la tumba, lo siento Pelón pero ni siquiera a mi hermano se lo he dicho. En fin, espero todos puedan venir, será divertido salir todos juntos, tiene bastante que no lo hacemos.
Hubo asentimiento por parte de casi todos, quienes no estaban interesados en asistir ya habían regresado a sus respectivos asuntos. Una vez la bola de gente que rodeaba a Pablo se dispersó viendo los planes oficialmente armados, Emi pudo acercarse para hablar con él de frente.
― ¿No estás emocionado por tocar en un lugar tan concurrido? ― Preguntó la chica, sonriente. ― ¡Hasta los papás de Laura me han hablado de ese lugar! Se dice en las calles que es tan famoso, que cuando los famosos van ahí no son tan famosos, ¡¿Genial, no?!
― ¿En qué clase de calles te paseas? ― Pablo se recargó en la barra y continuó después de un par de segundos de pausa. ― Pero sí, estoy muy emocionado, más que nada porque casi todos muestran interés de venir, y hablando de eso… ¿vendrás?
Emi dudó. Si Pablo le hubiera preguntado “¿Quieres venir?” La respuesta hubiera sido “Claro que sí” sin pensárselo dos veces, pero al haberle preguntado “¿Vendrás?”, se desencadenó en Emi una serie de incógnitas cuyas respuestas no podría encontrar nunca en su cabeza: principalmente, porque su ir o no ir, dependía únicamente de su sobreprotector, celoso, necio y fastidioso casero: Alex, y es que con solo imaginárselo, ya sabía que respuesta iba a dar el rubio.
― No lo sé ― Apresuró a responder, para evitar silencios incómodos. ― Debo pedir permiso primero.
― Ah, ya veo… ― Pablo sonrió, ocultando su desencanto con maestría. ― Pues… ¿Por qué no lo invitas? Así al menos él podrá enterarse con ojos propios que no estarás haciendo nada malo.
― Conociéndolo incluso si lo invito va a ponerse duro ― Emi se cruzó de brazos e hizo un puchero pensativo con los labios. ― Siempre me ha dicho que si quiero salir debo de avisarle con tiempo y…
Emi se detuvo de golpe, evitando así comentarle a Pablo acerca de la actitud hostil y dominante que surgía de Alex en todo lo referente a su persona. Se sintió aliviada de haber evitado un comentario que pudo causar conflicto.
― ¿Quieres que le pida permiso por ti? ― Ofreció Pablo entonces, en respuesta al silencio otorgado. ― Le diré lo que haremos, que te llevaré a casa entera yo mismo y que es libre de acompañarnos si así lo quiere él, ¿Qué te parece?
― No, no puedo permitir eso ― Emi negó con la cabeza, tomó a Pablo por el hombro con su mano derecha y susurró con voz heroica. ― Esta es mi batalla, la tuya está en el escenario.
Pablo dudó un par de instantes, antes de responderle con un gesto pícaro.
― Mmh… ¿No es eso de una película de triunfos robados? Me parece que ayer la estaban dando en…
― ¡HBO! ― Exclamó Emi, en respuesta. ― ¡Así es, yo la estaba viendo! Pero esperaba que tú no la conocieras… ahora has de pensar que soy una plagiadora.
El joven regaló la mejor de sus sonrisas.
― No pienso eso para nada. En fin, a la salida todos vamos a irnos en la camioneta del GN, trataré de hacer el mayor tiempo posible, ya sabes, cerrando las puertas, yendo al baño antes de salir y demás para que tengas el tiempo suficiente de convencer a Alex por ti misma, ¿bien? Esperaré dentro de lo posible.
― Gracias Pablo, ¡no te fallaré, definitivamente haré todo lo que esté en mis manos para convencer a Alex! ¡Ya lo verás, estaré ahí para escucharte!
(Un par de horas después…)
― Definitivamente no irás a ese lugar hoy. Toma tú casco y sube a la moto.
El rostro de Emi se tensó y demacró en demasía: denotando así en sus facciones lo mucho que esperaba poder asistir.
― P-pero te he dicho que puedes venir también para que veas que no estaré haciendo nada malo ni estando en peligro, ¡Vamos! ¿Podemos? ¿Podemos?
― No se trata solamente de portarte bien ni de mantenerte segura ― Replicó Alex al instante, como ya sabiendo que argumentos lanzaría su inquilina. ―  Se trata de seguir un orden. Sube a la moto.
Emi frunció el ceño, apretó sus puños y trató de evocar toda la paciencia que tenía (que no era mucha) en ese mismo momento. Sabía que si quería convencer a Alex era necesario no molestarse.
― ¿Seguir un orden? ― Pegó los dientes, para evitar explotar. ― ¿De qué hablas, Alex?
― Sabes que si vas a salir de noche quiero que me informes con el tiempo necesario, que me lo pidas justo unos minutos antes va en contra de nuestro acuerdo. Sube a la moto.
― ¡Pero es que surgió de último momento! ― Insistió, cristalizando en sus ojos sus deseos de asistir, y poco a poco liberando su temperamento. ― ¡Y en serio deseo ir! Mira que incluso te estoy invitando, ¡Por favor Alex, prometo no volverte a pedir nada!
― Sin importar que tanto insistas, la respuesta va a seguir siendo no. Piénsalo de esta forma: ¿Crees que tú hermano te permitiría salir así de improviso? Obviamente no, por eso yo tampoco te lo permitiré.
― ¡Pues tú no eres mi hermano Alex! ― Emi se acercó un poco, dando saltitos en modalidad suplicante. ― ¡¿Por qué no puedes simplemente tratarme como una adulta?!
― No soy tú hermano pero él es mi mejor amigo, y si no te trato como una adulta es porque aún eres una niña.
¡Uy! Pisó una mina. Impresionantemente, Emi se mantuvo sin perder el temperamento (cosa extraña, normalmente para estas alturas ella ya estaría soltando insultos, arañazos y patadas, ¿cierto?). La razón de su calma, no era otra que el cambio de ámbito: las palabras de Alex habían pisado terreno personal, y la conversación comenzaba a dejar de tratarse de un simple permiso para tratarse de la convivencia entre ambos a un nivel general.
― Tengo 18 años, Alex. Es edad suficiente para que sepas que puedo cuidarme sola y que puedes confiar en mí… ¿no?
Alex reclinó la cabeza ligeramente, meditó por un par de segundos y esbozó un gesto burlón de esos miles que él tenía, dando obviedad a que aún no captaba la situación que él mismo había generado.
― No, no es suficiente. Ahora, sube a la moto y vámonos.
― Entonces no confías en mí, ¿No? ― Su tono de voz cambió drásticamente de suplicante y amable a neutro rozando con indiferente. ― Crees que soy una niña estúpida, ¿No?
Ya a estas alturas la mayoría de los hombres comenzamos a darnos cuenta de que algo no está yendo conforme al plan (señoritas, hay que decirlo: nosotros SIEMPRE tenemos un plan de cómo deben salir las cosas, aún si rara vez nos funciona cuando se trata de lidiar con ustedes). Pero Alex, al igual que casi todos nosotros, es necio, así que el muy torpe no se tomó la molestia de sentir el momento ni de valorizar sus palabras antes de soltarlas. Prefirió reforzar su postura demeritoria y agregar prepotencia, frustrado al ver que Emi se negara a aceptar sus estatutos. 
― No creo que seas una niña, lo sé. Y lo de estúpida lo has dicho tú misma… ahora, ¿podemos irnos de una vez de aquí? Sube a la moto ya, tengo que terminar algunas cosas para el trabajo que…
Ya que esta es una historia familiar que disfrutarán niños y niñas en sus casas, me tomé la molestia de tachar las palabras altisonantes, lamento las inconveniencias que esto pueda causar a todos los morbosos que amen cuando una señorita dice una grosería.
― Vete a la mierda.
Es muy difícil que a alguien como Alex se le tome por sorpresa, pero Emi lograba hacerlo constantemente en base a su personalidad árida. En esta ocasión, la joven Llanos logró sumar un logro más a su cuenta. Los ojos de Alex palpitaron con desconcierto, pero como toda autoridad que era, debía portarse sereno, al menos hasta que estuvieran de vuelta en el departamento.
― ¿Qué dijiste, pequeña? ― Se quitó el casco de la cabeza, dejando ver como su peinado quedaba aplastado por el peso infringido. ― Creo que no pude escucharte bien por el casco.
Emi se estremeció al sentir la felina y furibunda mirada de Alex encajarse directamente en su rostro, pero su enojo podía más que una simple intimidación primaria. Se mantuvo firme y encaró con decisión y fuerza.
― ¡Tú crees que yo soy una idiota y que no puedo hacer nada, ¿no?! Pues déjame decirte algo, señor… Don… Departamento Pagado Por Mi Papi Villagra, ¡No soy una niña, no me chupo el dedo y antes de llegar a vivir contigo pasé por muchas dificultades por las que tú nunca podrías padecer sin llorar en el camino! ¿Todo esto para que tú vengas y me digas que no confías en mí y demerites mis capacidades? ¡Hoy no! Te guste o no te guste, voy a ir esta noche con mis amigos, y a partir de ahora vas a tomarme en serio, ¿Quedó claro? Bueno, aún si no es así, ya no pienso discutirlo contigo.
Cuando Emi fintó con darse la media vuelta para alejarse, Alex por mero reflejó estiró todo su cuerpo para aprisionarla con su mano derecha, aunque el amarre era fuerte, Emi se liberó de él con un tirón brusco.
― ¡NO ME TOQUES, IDIOTA!
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Aquí, si me lo permiten, agregaré una pequeña pausa a la escena dramática en turno para mostrarla desde la perspectiva de los espectadores (hablando puntualmente de los empleados del Gato Negro, y más exactamente, hablando de Marco)
― ¿Creen que vaya a haber barra libre para chicas? ― Preguntó Daniela, recargándose en la defensa trasera de la camioneta. ― No tengo mucho dinero así que eso me vendría bien.
― A todo esto ― Marco levantó la mirada y revisó los alrededores. ― ¿Dónde están Pablo y Emi? Sé que aún falta mucho para que la hora de tocar llegue pero no podemos quedarnos esperando aquí afuera todo el tiempo, ¿no?
― ¡NO ME TOQUES, IDIOTA! ― Gritó Emi a lo lejos, por las razones que ya leyeron arriba.
Todos los empleados, incluyendo Marco, giraron sus cabezas en la misma dirección al instante: Emi sostenía una pelea con ese chico de nombre Alex que venía a recogerla todos los días.
A Marco le hirvió la sangre por sus venas, no es un secreto que el muchacho autodenominado “el mejor amigo de Emi” odiaba con todo su corazón a Alex. El verle con Emi significaba de por si un montón de ira, pero el verle haciendo sentir mal a Emi era… sencillamente otra liga.
 Marcó armó en su cabeza la posible situación creada: seguramente Alex había dicho que no a Emi cuando esta le pidió permiso para ir a la tocada de su hermano Pablo y al momento de insistir el desgraciado se molestó y trató de llevársela a la fuerza y por ello Emi se violentó hasta el punto de gritarle en ese tono tan alto.
Aun si Emi le había detenido de forma correcta hasta el momento, Marco sabía que Alex era capaz de cargar a Emi en brazos si hacía falta para llevársela a su horrible departamento. Para evitar que esto pasara, él tenía que ayudar en todo lo posible a su amiga.
Marco, ignorando a los comentarios de las empleadas del lugar (que hablaban incesantes de la guapura de Alex) se interpuso con una pregunta clave.
― ¿Dónde está mi hermano?
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Regresamos a nuestra narración habitual:
Alex se percató a distancia de que los compañeros de Emi, que aún estaban afuera de la camioneta y ensimismados por el frio a un costado de la escalera, ahora comenzaban a mirarles discutir. Como a nadie le gusta que le vean formando parte de una escena, trató de llevar las cosas nuevamente a un ámbito más calmado: bajó de la motocicleta y se adelantó a ella, para mirarla de frente. Ella trató de rodearle y seguir su camino, pero Alex no se lo permitió, interponiéndose ante ella a cada paso que daba.
― Quítate. ― Demandó, cruzándose de brazos y mirándole con naturalidad, dando a entender con su tono de voz que no estaba enojada ni siendo víctima de uno de sus ataques de escapismo.
― No lo haré, aún no terminamos de hablar.
― Sí, ya lo hemos hecho.
Alex, que aún no era capaz de sentir el momento, se sentía irritado a más no poder, ¿Por qué Emi se portaba así? Normalmente, ella hubiera seguido un rato más suplicándole por el permiso, luego, al no obtenerlo, hubiera tratado de escaparse corriendo y se hubiera resignado cuando él se la llevara cargando en hombros como prisionera de guerra. No obstante, ahora su comportamiento era polar al típico… ¿A qué se debía?
¿Se trataba por el mentado asunto de “tomarla en serio”? Alex se lo planteó así en su mente, y aunque para él era una realidad que la pequeña era una persona individual con sus propios derechos e intereses, también lo era que ella no era independiente, vivía bajo su propio techo y lo más importante de todo: odiaba tenerla lejos. ¿Por qué no podía simplemente quedarse en casa peleando con él y desordenando su departamento?… ¿Por qué ella tenía que encontrar intereses donde él no tuviera visión amplia y exclusiva?
Después de plantearse estas incógnitas, es precisamente cuando nace en Alex el lado obstinado, necio, celoso y controlador, pues todo este proceso le llevaba a una única y extrema solución: Si Emi por sí sola no quiere mantenerse en la zona segura, él tenía que obligarla por su propio bien.
― Hoy no vas a salir, y aunque no te guste, te vienes conmigo YA.
Alex no esperó por una réplica, tomó a Emi por los brazos y la levantó unos centímetros en el aire, hizo fuerza y se la llevó a los hombros como costal de papas, luego, comenzó a caminar en línea recta hacia su motocicleta.
― ¡Suéltame idiota, suéltame! ― Chilló Emi, manoteando por su liberación sin cesar. ― ¡Si no me sueltas voy a morderte hasta que te salga sangre!
― Eso suena tentador ― Inquirió Alex, en tono sugestivo y alegre. ― Pero mejor esperemos a llegar al departamento para ponernos rudos, ¿bien?
― ¡MALDITO IDIOTA, PERVERTIDO, LASCIVO, ENFERMO! ¡SUELTAME YA!
Alex obedeció, pero no de la forma que ella esperaba: la bajó al suelo y la tomó por la mano, luego la arrastró con su superioridad de fuerza el tramo restante hacia la motocicleta, aunque Emi puso resistencia, de poco sirvió.
A lo largo de su vida, Emi había hecho una severa cantidad de cosas estúpidas, curiosamente, tratar de escapar de Alex (quién siempre se salía con la suya y terminaba venciéndola) formaba una parte importante en su top 10. Y eso estaba bien, a fin de cuentas las derrotas personales deben de tomarse con orgullo y buscar aprender de ellas para mejorar… lo que le molestaba a Emi, y nunca le había afectado tanto, hasta ese momento, era la forma en que Alex dejaba en claro que no pensaba en ella como alguien que podía estar a su altura: él solo la veía como una niña, como alguien que no puede cuidarse solo.
No era como si él fuese su padre o su hermano mayor, no… era el mejor amigo de su hermano, su amigo de la infancia, el dueño del departamento donde vivía y una… persona  muy especial para ella… pero ni todo eso junto le daba el derecho de propasarse en sus arrebatos autoritarios. ¿No eran ambos mayores de edad ya? ¿Entonces por qué no existía la posibilidad de razonar como adultos? La razón parecía ser evidente.
― Si tan solo me dieras la oportunidad de demostrarte que puedes confiar en mí… que no soy una niña…
Alex se detuvo, fue tan repentino que Emi tuvo que frenar de golpe cuando ya estaban a la par. Dejaron de aparentar la postal de una niñera arrastrando a su encargado malcriado a tomar su baño para empezar a lucir como una pareja auténtica.
Emi sacudió su cabeza, con fastidio, ¿Cómo es que incluso estando tan molesta terminaba pensando semejantes tonterías?
― No es… ― Alex dejó de ejercer fuerza en el brazo de Emi, dejando la forma de su dedo índice como único soporte de la unión. Emi abrió sus ojos, reflejándose a plenitud en la mirada del chico. Estaba impresionada, ¿podría ser qué…?
Un estridente sonido motorizado interrumpió sus pensamientos, ese era el sonido de un motor arrancando a toda potencia justo a sus espaldas, y antes de que ella se diera la vuelta para inspeccionar lo que estaba pasando, el sonido fue recorriéndose hasta estar frente a sus narices: Era la camioneta del gato negro, y Marco era quién estaba al volante. Tenía la ventana del copiloto abajo, así que lo que gritó se escuchó fuerte y claro:
― ¡EMI, SUBE!
Ella no sabía qué era lo que Alex iba a decirle apenas unos instantes atrás. Más allá de que intentaba adivinarlo sabía que no pasaría de ser una corazonada, y aún si él estaba a punto de decir lo que ella creía que iba a decir: el registro negativo de Alex pasó a ser decisivo en lo que ella hizo a continuación.
Si él no quería tratarla como una adulta, entonces ella tampoco actuaría como tal.
Alex ya había aflojado la fuerza usada en su mano, así que pudo zafarse con un simple movimiento de brazo. Luego, haciendo uso de su envidiable velocidad, corrió hasta la camioneta, abrió la puerta, entró, cerró la puerta y se puso el cinturón.
― ¡Que conste que yo te invité! ― Bufó con picardía, agitando su dedo índice, como quién recalca una consecuencia. ― ¡Llego en la noche, ¿bien? ADIÓS!
Alex fintó con dar un paso hacia la camioneta, Marco, asustado, aceleró a fondo y con ello bastó para que el largo vehículo saliera del estacionamiento, pegando un par de saltos al bajar de la banqueta. Luego, la camioneta siguió con su impulso inicial en línea recta. Esta forma tan poco ortodoxa de abandonar un estacionamiento dio conocimiento pleno a Alex de que Marco (con el cual por cierto, tendría cosas muy serias que atender) no tenía idea de cómo conducir.
― Demonios… pequeña, voy a servirte una taza de café extra amarga al llegar a casa.
 Alex corrió hasta su motocicleta y se posicionó en un elegante y estético salto, se puso su casco y arrancó a toda marcha, antes de que la camioneta del GN se perdiera tras la contra esquina. Tenía que salvar a Emi antes de que su amigo idiota se estrellara.
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 ― ¡Eso ha estado ultra genial, Marco! ― Felicitó Emi una vez Marco soltó el acelerador, agitando los brazos de la emoción. ― ¡Ahora solo tenemos que escondernos dando vueltas por ahí hasta que Alex se aburra y podremos irnos al concierto de Pablo!
― ¿A qué he estado genial, eh? ― Marco sonrió, apenado. ― Pero… oye, ¿te molesta si tomas mejor el volante tú? Pasa que yo no sé conducir, a duras penas creo que puedo lograrlo cuando dejo de presionar el pedal, pero así va muy lento.
― ¿Eh? ― Emi tragó saliva. ― ¿N-no sabes conducir?
― Ni un poco. ― Sonrió, tímido. ― Entonces, ¿te molesta?
― Es que… y-yo tampoco sé conducir, Marco… jeje, jeje…
― jeje… jeje… ¿Qué cosas, no?
― Lo sé, lo sé… esas cosas de la vida, ¿no?
Se miraron el uno al otro, con incómodo pavor de sabor discreto. Finalmente pasados unos segundos, Emi trató de calmar las aguas.
― Bueno, estaremos bien… ¿Dices que si no aceleras puedes controlarlo bien, no? Mira, lo estás haciendo ahora, y no te has estrellado ni nada.
― ¡Pero es que aun no llega la hora de dar una vuelta ni nada complicado! ― Parecía que Marco deseara ponerse a llorar del miedo. ― Además la calle está sola, ¡¿Pero qué si de pronto alguien decide pasar por mi carril y yo lo asesino al frenar?! ¡NO PUEDO IR A PRISIÓN, EMI, ME COMERÍAN VIVO! ¡LO SÉ, HE VISTO PRISION BREAK!
― ¡No irás a prisión, Marco, así que cállate y no pierdas la razón! ― Emi puso su mano sobre su hombro, no sabiendo que eso solo le ponía más tenso aún. ― Mira, adelante hay una esquina, ¿Por qué no das vuelta para practicar? Ya sabes… no puede ser tan difícil, solo asegúrate de no golpear nada… o a nadie…
― ¡¿ENTONCES POR QUÉ NO LO INTENTAS TÚ?!
― ¡Por qué no pienso pagar por las reparaciones de una camioneta, amo demasiado mi paga como para malgastarla en eso! ¡Ahora, concéntrate y da la vuelta con calma!
― Está bien… lo… lo intentaré
Era el momento, ahora o nunca. Marco tendría que desarrollar sus habilidades para conducir: lentamente giró el volante cuando estuvo a la mitad del carril, evitando así la posibilidad de estrellarse contra los autos estacionados en los costados. Una vez la vuelta hubo terminado, Marco terminó con un marcador perfecto a su favor.
― ¡ESO! ― Felicitó Emi, sacudiéndole el hombro con júbilo. ― ¿Ves? ¡Lo has hecho bien! Ahora solo debes hacerlo un par de veces más hasta que estemos a salvo de Alex, esperaremos unos segundos estacionados en el otro lado de la cuadra y en unos minutos volveremos al Gato Negro por todos y listo, ¡Misión completa!
― ¡Es fácil para ti decirlo! ― Recriminó, aferrándose al volante. ― Pero b-bien… lo intentaré… yo… yo puedo… soy un buen conductor… soy un buen conductor… soy un…
― ¡MIERDA, VIENE EN SU MOTO A POR NOSOTROS! ― Bramó la joven Llanos apenas se percató por el retrovisor de la presencia de Alex. ― ¡ACELERA MARCO, ACELERA!
Aceleró como si ya no hubiera mañana, aceleró tan fuerte que inmediatamente ganó distancia con su persecutor, pero también aceleró tan arrebatadamente que no se percató que al final de la cuadra el semáforo mostraba una luz roja, cuando se dio cuenta ya era muy tarde para frenar.
― ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!
Emi vio toda su vida pasar en un solo instante, recordó cuando nació, recordó cuando creció, recordó cuando no se reprodujo y posteriormente recordó que murió en un accidente automovilístico con Marco, pero luego se dio cuenta que eso último no había pasado… aún.
― ¿Eh? ― Emi revisó cada parte de su cuerpo con sus manos y comprobó que estaba entera. ― ¿No estamos muertos? ¿Co-como es posible? E-el semáforo estaba en rojo…
― ¡YO QUE SÉ! ― Exclamó Marco, aún muerto de miedo, aferrado al volante como si de eso dependiera su vida (y de hecho así era). Luchando por mantenerse recto en un solo carril (no lo estaba logrando de muy buena manera, por cierto) ― ¡POR QUÉ NO PASÓ NINGÚN AUTO EN ESE MOMENTO, O YO QUE SÉ! ¡¿Aún nos está siguiendo?!
Emi verificó por el retrovisor, solo pudo ver una luz a unos 100 metros de ellos moviéndose a velocidad moderada, sin duda, era Alex. Afortunadamente, la hora era una ventaja; si esa persecución hubiese cobrado lugar aún habiendo luz del sol muy seguramente ya no estarían con vida, por asuntos del tráfico regular.
― Sí ― Asintió. ― No es de los que se rindan fácil pero… ― Guardó silencio, pegando su rostro al cristal frontal. ― Un momento… ¿Qué son todas esas luces que se ven al frente?
Marco separó la vista de su cuadro cercano para revisar lo que Emi anunciaba, efectivamente: exactamente al frente, a unas cuantas calles de ellos se podían divisar un conjunto numeroso de luces, esperando frente a un semáforo en luz roja.
― ¡SON AUTOS, EMI, SON AUTOS!
― ¡¿VAS EN DOBLE SENTIDO?!
Marco, en su poca experiencia como conductor, había olvidado que existían calles de un solo sentido… y aunque este sin duda era el peor momento para recordárselo, así de injusta es la vida, ¿Qué se le hace?
― ¡LOS DOS VAMOS EN DOBLE SENTIDO! ― Replicó en completa fundición al miedo. ― ¡NO QUIERAS CULPARME SOLO A MI!
― ¡ESO NO IMPORTA AHORA, IDIOTA, FRENA, DA LA VUELTA O ALGO!
― ¡¿A DÓNDE QUIERES QUE DÉ VUELTA? NO VEO NADA!
Emi dio una mirada rápida a la panorámica que se le ofrecía, buscando una salida. Era como Marco lo decía, no había a donde correr.
― ¡ENTONCES AL MENOS FRENA, FRENA!
― ¡NO PUEDO HACERLO, OLVIDÉ CUAL PEDAL ES EL QUE FRENABA!
― ¡NO SEAS IDIOTA, ES EL QUE NO ESTÁS PRESIONANDO AHORA MISMO!
― ¡YA ES DEMASIADO TARDE, EMI, VAMOS A MORIR, VAMOS A MORIR!
― ¡NO VOY A MORIR DE ESTA FORMA GRANDISIMO BRUTO, ME NIEGO A IRME DE ESTE MUNDO SIN VIAJAR! ¡FREEEEEEEENAAAAAAAAAAAAA!
― ¡ADIÓS, EMI!
― ¡SI SOBREVIVO A ESTO BAILARÉ EN TÚ TUMBA, MARCO!
― ¡NO SOBREVIVIRÁS, LOS DOS VAMOS A MORIR! ¡A MORIR, TE DIGO!
― ¡IIIIIIIIIIIIIIIIIHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!
Los autos del semáforo reiniciaron su camino a paso tranquilo, aquellos que estaban en el carril del medio se hicieron a los costados para no colapsar contra la camioneta de color negro que iba en doble sentido a unos 30 km por hora, cuyo conductor, pese a haberse percatado del problema 400 metros atrás no hizo nada.
― Seguro son extranjeros ― Se quejó uno de los conductores con su mujer, mientras veía con gesto fastidiado como pasaban Emi y Marco a su costado, con los ojos cerrados y escudándose con sus manos. ― Esos malditos extranjeros siempre hacen las cosas como quieren.
Marco y Emi no pudieron evitar notar que no les había pasado nada. Abrieron sus ojos, suspiraron y se vieron capaces de tranquilizarse después de haber burlado a la mismísima muerte, o al menos así lo sintieron ellos.
― ¡ESTAMOS VIVOS! ― Celebró Emi, llevándose las manos a la cabeza y palpando con sus dedos la integridad de su cabeza, liberando una enorme sonrisa de esas que solo le salen a uno cada mil años. ― ¡ESTAMOS VIVOS, MARCO, ESTAMOS VIVOS! ¡VIVOS TE DIGO!
 ― ¡LO SÉ! ― Repuso el otro, con tintes cínicos. ― ¡De una u otra forma me las arreglé para esquivarlos! ¡¿Viste?!
― Lo que digas ― Le ignoró, sacudiendo su mano con desprecio al comentario. ― Oye, mejor frena en algún lugar, yo…
― ¡N-N-NI DE BROMA! ― Se negó Marco, en vez de obedecer a Emi dio una vuelta brusca en la primera calle que apareció a su paso. Esta misma daba rumbo a la autopista central. ― ¡NO LE DARÉ OTRA VICTORIA A “ESE”!
― ¡Se llama Alex! ― Riñó Emi, aferrándose al asiento con las uñas. ― Y en serio, detente por favor.
Marco verificó por el retrovisor central, sonrió al ver que Alex no apareció en su visión, tal vez, gracias a su repentina vuelta, le había perdido.
― ¡NO TE PREOCUPES, CREO QUE YA LE AGARRÉ EL TRUCO A ESTA COSA! ― Gritó, y luego  sonrió lo mejor que la situación se lo permitió. ― ¡CONDUCIR NO ES TAN DIFÍCIL DESPUÉS DE TODO!
Cuando casi llegaban a donde terminaba la calle y comenzaba la autopista, pasó un auto a altísima velocidad justo frente a ellos, el estruendoso sonido que hizo estremeció a ambos, dejando bien en claro que andar en la autopista siendo novato era como poner a un payaso de rodeo contra un toro sin un barril en donde esconderse. (Me disculpo por la comparación tan extraña, recuerden que pese a ser un playboy cuya magnitud no conoce fronteras, sigo siendo texano).
― ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHH! ― Gritaron al unísono. Una vez hubo terminado el alboroto, Marco se encogió de hombros.
― Dije que ya le había agarrado el truco… jeje ― Se excusó. ― No que ya fuera un experto… digo…
― ¡No me importa! ― Le interrumpió Emi, estallando en pánico. ― ¡Sólo detén el auto aquí mismo!
― ¿Para qué? ― Preguntó. ― ¿Para qué aquel pueda llevarte a su departamento? ¡NUNCA!
Nuevamente el chico cometió un tremendo arrebato: esta vez, giró el volante completamente a su derecha y aceleró, adentrándose así en la gigantesca autopista central de Ciudad Grande, de la cual, se rumora, ningún novato ha podido salir con vida. Nah, eso último es mentira, pero si es muy grande y difícil de transitar por ahí.
― ¡Marco, te aseguro que no se trata de eso! ― Insistió Emi, aterrada al ver en donde se habían metido. ― ¡Te lo aseguro!
― ¿Ah, no? ― Aseveró, con sarcasmo, pisando aún más el acelerador. ― ¡¿Entonces qué es?! ¿Vas a decirme que lo amas o que quieres casarte con él?
― ¡QUE CON TANTO QUE HA PASADO ME HAN DADO GANAS DE IR AL BAÑO, Y SI NO TE DETIENES AHORA EN UN LUGAR CON SANITARIOS VOY A HACERME PIPI AQUÍ MISMO!
― Ah… yo… yo… eh… yo… e… está bien… pe-perdona… yo no sabía que… eh… a ver, un lugar con baño… con baño…
Pero como en casi toda autopista, todo lo que se podía ver alrededor eran solo paisajes y más autopista. Emi guardó su mal temperamento, y decidió que nada ganaría gritándole más a su amigo, había que aportar, para variar.
―… me parece que si vas todo derecho por aquí en cierto momento va a aparecer la entrada al aeropuerto internacional Granada, lo recuerdo por la ocasión en que vinimos a recibir a Ema… solo ve despacio por el carril de la orilla, repito, lo más despacio posible y cuando toque entrar, entramos y listo…
― B-bien ― Asintió Marco, también calmándose dentro de lo posible. ― Vamos…
Emi miró el reloj con angustia, aún estaban a tiempo para volver al gato negro sin problema alguno, pero ¿podrían hacerlo? Ambos apenas y sabían tomar el volante sin perder el control y su única alternativa actualmente era aprender a andar por la autopista. Aunque bien… también podían llamar a Pablo y explicarle la situación para que viniera a rescatarlos, pero caminando le tomaría tanto tiempo que terminarían perdiendo la función y arruinándole su noche gloriosa. A final de cuentas, todo estaría en sus manos… pero bueno, antes de todo eso, Emi solo deseaba poder entrar a un buen baño.
Luego de varios “Por poco y nos desgraciamos la vida”, uno que otro error de conductor novato y de recibir un par de docenas de “Salúdame a tú mamá, buen amigo conductor novicio”, Marco logró estacionarse dentro del aeropuerto. Agotado, apagó la camioneta.
― Ya vuelvo ― Avisó Emi, abriendo la puerta y bajando con un salto torpe. ― ¿No quieres tú entrar también? ¿O ya te has hecho en los pantalones?
― Seguro mis piernas no se moverían ni aunque les rogara ― Negó. ― Gracias, pero mejor aquí te espero.
Dicho esto, Emi cerró la puerta y se alejó dando pasos tambaleantes (gracias al mareo). Marco en cambio, se quedó pensando, con los ojos cerrados. La alarma de la camioneta se activó por sí sola, subiendo las ventanas y cerrando las puertas a unos segundos de permanecer apagada.
¿Qué veía Emi al tipo ese para empezar? No era más que un imbécil más o menos bien parecido que le decía que hacer y la celaba hasta el límite de lo absurdo con lo aterrador, ¿Cómo podía eso atraerle a su amiga en primer lugar en vez de lo que él tenía para ofrecerle? Si bien Marco no tenía idea de lo que había pasado entre Emi y Alex hasta el momento, nada de ello podía ser más grande que lo que él había pasado con ella… ¿cierto?
― Estúpido Alex. ― Resopló, recargando la cabeza en el respaldo de su asiento.
― Tú tampoco me agradas ― Bufó Alex, sonriendo desde el otro lado de la ventanilla. ― Pero no por eso me ves insultándote… ¿Dónde está Emi?
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Emi entró corriendo cual velocista olímpica, empujando cual jugadora de la NFL e insultando a quien le estorbaba como miembro de una barra brava; todo para poder llegar finalmente al baño, por supuesto que como la vida siempre es injusta y esta chica está seriamente salada, el baño de damas estaba fuera de servicio y se pedía amablemente se usara el baño del piso 2.
― Está bien ― Aceptó ella, doblando sus rodillas con ansiedad. ― Puedo subir un piso más… solo debo presionar al máximo y estaré bien…
Lo logró: nuevamente empujando gente y corriendo como verdadera profesional. Tristemente para ella, como en toda historia, mientras más se avanza en la trama, más difíciles se ponen las cosas en base a las dificultades que se le presentan al héroe: el baño estaba durante su proceso de limpieza, así lo indicaban los letreros de advertencia alrededor de la puerta.
― ¡Al demonio con eso! ― De una patada derribó el letrero y se adentró al baño, sin embargo al instante en que reinició su carrera se estrelló contra una enorme mujer de unos 3 metros de altura y 3 metros de anchura.
― ¿No sabes leer? ― Preguntó la horrible mujer gigante con una voz muy parecida a la niña del exorcista (la de la primera película, no la de la última). ― Estoy limpiando el baño, tomará 15 minutos.
― Es que, no… no puedo esperar 15 minutos señora… jeje… ― Emi retorcía y sus piernas intercalando las flexiones en sus rodillas, a estas alturas, ya le costaba hablar y respirar. ― Te…tengo que hacerlo ahora o… se-señora por favor déjeme entrar solo un…
― ¡EN 15 MINUTOS! ― La horrible mujer demonio la amenazó con su trapeador, como diciéndole “un paso más y estarás acabada”. ― Malditos turistas, nunca me dejan hacer mi trabajo.
― ¡Pero es que me voy a morir si no…
― ¡ENTONCES VE AL BAÑO DEL TERCER PISO Y DEJAME HACER MI TRABAJO!
Retrocedió hasta la entrada, muerta de miedo. Emi miró con angustia el tremendo tramo en línea recta que tenía que recorrer para llegar a las escaleras, y después se angustió aún más viendo la larga fila que se formaba para subir las escaleras, no es de sorprenderse que esa hilera estuviera llena de viejitas, señores y señoras gordas y niños pequeños con sus respectivas madres solteras cargando enormes bolsos.
― ¡Me lleva!
No lo lograría, sabía que no lo lograría… si no quería sufrir un accidente de esos que solo le pasaban a los niños de jardín de infantes (y a algunos de primaria con problemas familiares) debía de enfrentarse nuevamente a la señora de la limpieza… y no solo enfrentarse a ella, vencerla.
¿Pero cómo hacerlo? La mujer era más astuta que político en debate para razonar y más fuerte que el undertaker, por no mencionar que si Emi sufría la más mínima presión…  o la más mínima relajación, terminaría pasándola muy mal.
 Tomó aire y aguantó la respiración. Retorciéndose en sobre medida, volvió al baño caminando más o menos como lo hacen las marionetas.
La mujer demonio se encontraba limpiando los lavamanos, así que desde los espejos pudo darse cuenta de que Emi intentaba entrar nuevamente.
― No te rindes, ¿Eh? Creo que contigo voy a tener que ser un poco más violenta.
Emi tragó saliva, y sin decir nada más salió del lugar, derrotada.
Según su calculador de aguante, le quedaban solamente unos 20 segundos más… ¿era este el fin?
Pensó en su familia, en Alex, en Laura, en Pablo y en Marco… dio las gracias a todos por tantos buenos momentos, pero era la hora de decirles adiós… ya que a partir de ese día, ya no se volvería a ver la luz del sol… ¿O sí lo haría?
Vio la salvación ante sus ojos en el justo momento en que iba a dejarse sucumbir ante la derrota:
 “Caballeros
Y es que es bien dicho que en momentos desesperados, soluciones desesperadas.
Emi entró corriendo tan rápido como el correcaminos, tan rápida fue que los hombres que se encontraban utilizando el sanitario ni se percataron de su llegada. Se encerró en uno de los cubículos y terminó su tortura.
Al salir, Emi escuchaba música angelical en sus oídos, nunca había mostrado una sonrisa tan radiante impulsada por la felicidad más pura que se haya visto nunca jamás. Tanta era su alegría y alivio que no le importó el desconcierto de los hombres cuando se lavaba las manos, inclusive se despidió de uno de ellos con una palmada en el hombro y salió pegando saltos primaverales.
Su teléfono timbró, ella respondió aún con su aletargo de tranquilidad y relajación. Era Marco
― ¿Hola, que desea en una bella noche como esta mi buen amigo?
― ¡Emi tienes que esconderte inmediatamente, Alex nos ha encontrado y ahora mismo va a buscarte adentro!
― ¡HIIIIIIII! ― Despertó. ― ¡¿A mí? ¿No se conformó con atraparte a ti?!
― ¿Qué raro, no? ― Asintió, sarcástico. ― Yo también me pregunté lo mismo… en fin, tienes que esconderte y en la primera oportunidad salir al estacionamiento para que podamos irnos de aquí.
― Está bien, lo haré… y no te preocupes Marco, te sorprenderá saber que cuando se trata de persecuciones uno a uno en lugares enormes como este muy pocas veces he sido derrotada, y a menos que Alex venga con un ejer…
― ¡HAS ENTRADO AL BAÑO DE HOMBRES, ¿CIERTO?!
Emi se volvió a la dirección de la que provenía ese grito infernal: la horrible mujer demonio de la limpieza se perfilaba contra quién requiriera de ser castigada; con el ceño fruncido, un puño presionado en una mano y con el trapeador erguido cual lanza en la otra.
― Escucha, Marco ― Murmuró Emi, en un tono serio digno de una película de acción que ha llegado a su clímax. ― espera por mí 10 minutos, si no llego es porque me han atrapado… entonces deberás irte sin mí.
― ¡Nunca me iré sin ti, Emi! ― Chilló Marco, viéndose contagiado de manera automática en el dramatismo de su amiga. ― ¡No permitiré que te lleve, hoy no!
― Debes hacerlo Marco ― Le ordenó, con un nostálgico suspiro de despedida. ― Por Pablo y los demás… escucha, si llego a fracasar… por favor dile a la mamá de Laura que la quiero.
Colgó el teléfono y lo guardó, sabiendo que si seguía jugando al drama, Marco le seguiría la corriente hasta los límites de lo absurdo. Una vez hubo dicho sus últimas voluntades, era la hora de enfrentarse con el destino. Miró con desafío a la mujer demonio, separó ligeramente sus piernas, abrió sus brazos y…
― ¡IIIIIIIIIIIHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!
Salió huyendo.
La señora, que para tener unos 40ytantos años y pesar unos 300 kilogramos estaba en una excelente condición física, corrió tras ella a una velocidad imposible para alguien de su complexión. Era casi tan rápida como Emi.
― ¡NO ESCAPARÁS, CONDENADA!
― ¡Perdóneme! ― Le gritaba Emi una y otra vez, iba esquivando gente en zigzag con las intenciones de subir las escaleras al tercer piso. ― ¡Es que si no lo hacía me iba a hacer encima!
― ¡ROMPISTE LA REGLA SAGRADA, Y VOY A CASTIGARTE CON MIS PROPIAS MANOS POR ESO!
― ¡USTED ES UNA MUJER HORRIBLE Y TENDRÍA QUE ESTAR TRABAJANDO EN PRISIÓN!
Emi aceleró en el momento en que llegó a las escaleras automáticas, aprovechó las brechas dejadas por quienes las subían para ganar ventaja a la señora demonio y una vez estuvo en el tercer piso buscó de forma periférica un punto en que pudiera esconderse: al ser una zona de plataforma de vuelos, todo lo que había alrededor eran monitores, empleados vendiendo boletos en las orillas y varias sillas de espera en el centro. Era un campo abierto.
Justo comenzaba a pensar en una forma de regresar al segundo piso (donde al menos había algunos restaurantes y tiendas que podían fungir como escondites) cuando alguien le presionó con fuerza en el hombro: la señora de la limpieza sonreía con los pocos dientes amarillentos que le quedaban, victoriosa.
 ― Trabajé en la prisión como conserje durante un par de años ― Explicó la horrible mujer, con un gruñido juguetón y una risa burlona. ― Pero me despidieron por ser más temida por los reos que los propios guardias.
Emi se puso blanca, sintió como todas sus fuerzas se desvanecían en un solo instante.
― Por favor no me haga nad…
― Disculpe, señorita ― Interrumpió una voz muy familiar… más familiar de lo que le gustaría a Emi. ― Pero esta chica es mía y si no le molesta, me gustaría llevármela a casa.
― ¡DE NINGUNA MANERA, HA IGNORADO MI AUTORIDAD Y VOY A DARLE UN BUEN CASTIGO POR ESO!
― No hace falta que grite, y no se preocupe, en casa le espera un gran castigo… vamos, hágame el favor, ¿Sí?
A Emi le provocó nauseas ver como incluso la mujer demonio se sonrojaba y esbozaba un gesto de adolescente coqueta ante los innegables encantos de Alex, pero también le alegró saber que era esa su oportunidad de escapar.
― Hola Alex, nuevamente: ¡Nos vemos en casa! Y señora… ¡Una ensalada no le vendría mal! En serio, para su temperamento y para su salud.
Dio un giro para liberarse con facilidad de la gruesa mano de la señora e hizo un sprint recto hasta las escaleras y aún estando ahí no se detuvo; de hecho aceleró más aún, arriesgándose a caer por las mismas o a estrellarse con alguno de los transistores. Una vez estuvo a una distancia segura se dio la media vuelta y verificó lo obvio: Alex y la señora demonio bajaban las escaleras para ir a su captura, pero gracias a la gran cantidad de personas utilizándola se encontraban indefinidamente atrapados. Sabía que incluso si mantenía esa ventaja que tenía sobre ellos, terminarían alcanzándola cuando subiera a la camioneta con el pésimo conductor que era Marco, de una forma u otra tenía que perderlos antes de salir de ahí.
Miró a su alrededor en todas direcciones hasta que dio con el punto ideal: cercano al extremo derecho, justo contrario a las escaleras, había una pequeña sala privada de conferencias con alfombrado purpura, el único problema que había era un guardia bastante alto que protegía la entrada desde un costado. Emi ya antes había burlado a guardias más altos e intimidantes, le costaría un poco, pero estaba confiada en que podría burlarlo.
 Caminó por las orillas con cautela, aprovechándose del constante paso de la gente para mezclarse entre ellas y sus maletas hasta que finalmente estuvo frente al que sería su escondite temporal. Se detuvo con disimulo a un costado de una palmera en maceta a la izquierda del corredor. Se percató con la mirada que el guardia no la estuviese observando.
― Todo va bien, Emilia Llanos ― Pensó, tragando saliva al cruzársele por la mente que el tiempo se le estuviera acabando. ― Ahora lo que debo hacer es irme acercando lentamente… un paso por cada 5 segundos… hasta que esté dentro y pueda…
Emi sintió como si la mujer demonio y ella tuvieran una especie de conexión entre némesis que le permitía saber cuándo una acechaba a la otra, y eso estaba ocurriendo justo en ese mismo instante. (En realidad escuchó unos gigantescos pasos, parecidos a los de un elefante, retumbando desde una distancia lejana, pero ya saben cómo le nos gusta el drama).
Se asustó tanto sabiendo que aquella horrible mujer se acercaba que decidió olvidarse de su plan ese de “ser sigilosa para engañar al guardia” y optó por el plan de “entra corriendo para salvar tú vida”. No es de extrañar, que el cambio de posturas la convirtiera en presa fácil para el guardia de seguridad, que se adelantó a ella al instante.
― Disculpe señorita ― Le detuvo, tomándola del hombro cuando ya estaba a la mitad de la entrada. ― Ahora mismo en esta sala se está llevando a cabo una exposición privada de poesía para un grupo de estudiantes universitarios de todo el mundo llamado amantes del arte, ¿Viene al evento?
Emi torció la boca y se quedó a nada de gritar “¡¿Qué es eso?!”, pero reaccionó al instante, recordando lo vital que era para ella estar oculta durante un rato. Era hora de utilizar sus sobresalientes dotes del engaño para poder refugiarse.
― Porrr supuestho qhue vengho al eventho mi buen amigo ciudadgrrandecino, mi nombre es vikarrr…bonato… estudianthe rrusa de… Sodio, en Moscú.
El guardia arqueó el rostro y levantó las cejas, esbozando sorpresa en sus labios.
― Ha dicho que es Vikar Bonato de Sodio, ¿Señorita? ― Preguntó, incrédulo.
― Eh… ssí, ssí, eso mismho he discho sseñorr, ¿No ha escuchado de la rreal univerrsidhad de artes en Moscú? Crreo que no le vendrría mal abrihr un poco máss wikiphedhia, buen amigho.
― Eso dice mi mamá ― Se encogió de hombros, apenado. ― Escuche, solo voy a revisar que se encuentre en la lista antes de dejarla pasar, ¿Bien? No tomará mucho tiempo, por favor espéreme aquí.
― Esthá bien, esthá bien. Vengo de tomarr 30 horas de vuelo desde Rusiah pero esperar nuevamente no me matarhá.
El guardia sonrió, caminó unos metros y después se perdió tras la primera puerta del corredor, apenas lo hizo, Emi corrió como verdadera lunática para ocultarse tras la puerta del fondo del pasillo. Se puso de cuclillas y apenas asomando su rostro a la salida pudo percatarse de cómo la mujer demonio pasaba por donde ella había estado unos instantes atrás. Un par de segundos después, Alex hizo lo propio, solo que este último lucía mucho más molesto. En su rostro podía notarse la impotencia de aún no ser capaz de capturarle.
― ¿Jugando a las escondidas? ― Preguntó una voz masculina nueva para Emi, que se retorció de la sorpresa, perdiendo el equilibrio y cayendo como roca en el suelo. ― Lo siento, ¿Te asusté?
Resulta que Emi se había metido en una especie de cámara de exhibiciones: había un grupo enorme de unas 200 sillas (todas con su respectiva persona sentada en ellas) en un semicírculo ordenadas a través de un escenario al centro, donde una chica leía un poema en voz alta. Todos, a excepción del chico que se encontraba a un costado de Emi y que recién la había sorprendido, escuchaban atentos a su recitación.
Era un joven más o menos de la edad de Alex: cabello oscuro, barba de campanilla y rostro simpático, a diferencia de todos los otros presentes: llevaba puestos sus lentes de sol y una chaqueta de piel.
― Lo siento ― Se disculpó Emi, poniéndose de cuclillas. ― No me prestes atención, por favor sigue disfrutando de tú… poesía…
― ¿¡POR QUÉ EL MALDITO PERIODO ES UNA MALDICIÓN QUE NOS CONDENA A TODAS!? ― Gritó a los 4 vientos la chica que leía al centro, en un sorpresivo cambio de tono que por poco saca un grito a Emi. ― ¡¿POR QUÉ NO PUEDEN LLEVARLO SOLO LAS QUE UTILICEN SU FUENTE SAGRADA COMO LUGAR DE DESAGUE PARA LA PORQUERÍA QUE SUELTA EL MIEMBRO MASCULINO?!
El joven  hizo un puchero sarcástico
― Como puedes ver ― Señaló de forma despectiva a la poeta en turno. ― eso que llamas “mi poesía” no tiene ni tendrá nunca “mi atención”.
Emi rió.
― No seas malo con ella, no es tan ma…
― ¡TE MALDIGO EVOLUCIÓN, Y MALDIGO MI TERRIBLE PUBERTAD POR HACERME SENTIR DIFERENTE A LAS DEMÁS POR HACER QUE MI SENO IZQUIERDO CRECIERA ANTES QUE EL DERECHO!
Nuevamente, el joven hizo un gesto sarcástico, para inmediatamente insistir en charlar con ella.
― Y… ¿De quién te escondes? ¿La policía? ¿El ejercito?
― En realidad… ― Emi sacó su celular, su rostro sufrió una transformación y fue incapaz de continuar  en cuanto se percató de la hora que era: la función de Pablo tendría que haber empezado hace 10 minutos ya.
― Oh no… ya es tarde… y… si Marco sigue esperándome en el estacionamiento… ¿Sabes lo que eso significa?
El joven pensó por un par de segundos, gesticulando como un filosofo.
― ¿Se aburrirá? ¿Se acabará la batería del auto escuchando la radio? Lo siento, si vamos a jugar a las adivinanzas vas a tener que ser un poco más precisa.
Nuevamente, en tiempos desesperados, medidas desesperadas. Emi decidió en ese momento descargarse con un desconocido en un aeropuerto durante una exposición de poesía horrenda; le contó acerca de cómo terminó viviendo con el mejor amigo de su hermano y de cómo peleó con él apenas hacía poco más de una hora atrás por la falta de confianza más que por no habérsele concedido el permiso de ir al concierto de Pablo, desmenuzó toda la culpa que sentía y sentiría aún más si por culpa de su tonto capricho Pablo no lograba llegar a tiempo para su función y fue muy grafica en todo el desprecio que sentía por Alex en ese mismo momento. Y me refiero a MUY, MUY grafica, literalmente, dijo que si él fuera un pollo ella estaría dispuesta a arrancarle la cabeza con la boca.
Contar la historia completa (hasta el momento) le tomó más o menos una hora y media (unos 36 capítulos de unas 20-25 páginas cada uno si lo hubiera escrito, aunque eso sería un trabajo de un año entero y nadie tiene esa paciencia… ¿o sí?).
―… A ver, déjame ver si entendí… ― Bruno (porque en medio del gran relato de Emi se presentó) suspiró con seriedad. ― ¿Tienes una hermana gemela que quiere tener todo lo que tú tienes, y te agobió tanto que te escapaste de tú casa y terminaste pasando por muchas dificultades hasta que comenzaste a vivir en la casa del mejor amigo de tu hermano, por el que tienes sentimientos muy fuertes tanto de amor como de odio… y hay un taxista que te topas en todos lados y el tipo desea con lujuria y pasión desenfrenada a Alex… también mencionaste algo de un tal Johan con quien antes estuviste a punto de tener un romance y su novia Francesca, cuya trama es completamente irrelevante para tú historia pero igual decidiste contarla… y Pablo tenía un concierto muy importante hoy y tú estabas emocionada por ir pero Alex no te dejó y tú te enojaste y luego te dijo que no confiaba en ti y te enojaste aún más y escapaste con Marco en una camioneta pese a que ninguno de los dos sabe conducir y terminaste viniendo al baño del aeropuerto donde luchaste con una gigantesca mujer demonio y después Alex te encontró y comenzó a perseguirte junto con esa terrible bestia y ahora te has dado cuenta de que ya es muy tarde y la función de Pablo ya comenzó y estás preocupada de que se haya perdido su noche por culpa tuya?
 Emi tardó un par de segundos en responder, como si estuviese recibiendo en su cerebro todo lo que citaba su nuevo conocido. Asintió una vez estuvo lista.
― Así es, eso es básicamente lo que ha pasado hasta ahora.
― Vaya chica, tú historia podría ser inmortalizada en un libro.
― ¡Nah, no seas absurdo! ― Emi despreció su “halago” con un manotazo. ― ¿Y bien? ¿Qué crees que deba hacer?
― Creo que debes de llamar al chico músico para ver si ha llegado a su función… y si no es así, pues no te queda de otra que disculparte.
― Tienes razón… eso haré.
Emi sacó su celular, ignoró las 10mil llamadas perdidas de Marco y llamó a Pablo. Apareció la maquina contestadora.
― ¡Hola, mi nombre es Pablo, deja tú mensaje después del BIP!
BIIIIIP
― Hola Pablo… eh… soy Emi… yo solo quería saber si has podido llegar a… tiempo… si no es así, entiendo que no quieras hablarme… solo quiero que sepas que lo que Marco y yo hicimos fue muy estúpido y no volveré nunca más a poner en peligro algo importante para ti solo por mi egoísmo… espero sepas perdonarme, y si no es así yo… lo entenderé. Espero tú llamada… chao.
― ¿La contestadora, eh? ― Preguntó Bruno. ― Ah, yo he pasado tantas horas hablando con esa hija de perra… ¿Cuenta algo nuevo?
Emi sonrió por compromiso.
― Espero que no haya contestado porque esté tocando y no porque esté molesto.
 ― ¿Sabes? ― Observó Bruno, insistente en cambiar el humor de la chica. ― En mi caso es lo opuesto: Cuando mi novia se enoja conmigo yo espero que no conteste porque esté molesta, y no porque esté tocando a alguien más… ¿Irónico, no?
Pero Emi no se sentía con ánimos para reírse por los chistes obscenos de un desconocido. Tras citar todo lo ocurrido en las últimas horas, se dio cuenta de que si bien este incidente era en gran parte culpa suya, nada hubiera pasado si tan solo Alex fuera una pizca más comprensible y permisivo, si tan solo la dejara hablar, exponerse y debatir, en vez de simplemente sobreponerse ante todo… tal vez si él se tomara la molestia de tomarla en serio, ella también podría dejar de comportarse como la niña que él veía en ella.
―… Y ES POR ESO QUE ESTAS MANOS NUNCA TOMARÁN A UN NIÑO EN BRAZOS MIENTRAS AÚN TENGA DEDOS.
La sala entera se llenó en aplausos. La escandalosa muchacha poeta, que había estado recitando desde que Emi entró en la habitación, finalmente terminó de hablar, y aparentemente, su presentación había sido tan legendaria como la interpretación de música ligera de soda stereo en Buenos Aires, pues el aula quedó inundada en vítores.
― Creo que nunca entenderé a los poetas ― Bufó la chica, sorpresiva. ― No puedo creer que les haya gustado tanto.
― Ni yo ― Coincidió, sonriente. ― Ha sido la mayor bazofia en la historia, ¿No crees?
― Ya lo creo ― Soltó una risita nerviosa. ― Pero oye, al menos nunca tendrás que volver a ver a esa chica, ¿Cierto? Fue un sufrimiento de solo una ocasión.
Bruno mostró sus dientes y emitió un chillido de duda, retorciéndose en ligereza de un lado a otro.
― Bueeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee… yo no diría que no volveré a verla…
― ¿Ah, no? ― Emi parpadeó, sorprendida. ― ¿Es que se han visto muchas veces en convenciones de poesía como esta?
― Bueeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee… podría decirse que sí… pasa que…
― Ishmar ― Le interrumpió una voz femenina a su espalda. ― Ya he liberado mi kashkar. ¿Quién es nuestra amante espiritual? ¿Una oveja campante?
Era la chica que había estado recitando todo este tiempo. Era muy bonita viéndola de cerca: tenía una piel un tanto pálida, largos cabellos oscuros lacios sin recoger que le sobrepasaban la cintura y una figura esbelta. Bruno la abrazó por la cintura.
― Básicamente ― Se rascó la cabeza con su mano libre y esbozó un gesto de resignación pícara. ― Tengo que volver a verla a diario ya que es mi prometida. Te presento a Perfume De Lago De Cristal, mi novia.
Emi parpadeó.
― ¿Eh? ― Parpadeó nuevamente, sosteniendo en sus labios una sonrisa neutra cargada de sorpresa. ― ¿Pro…prometida? ¿E-ella?
La sorpresa de Emi fue enorme, ¿Bruno se la había pasado criticando la poesía de… Perfume De Lago De Cristal (cuyo nombre también daba un espacio enorme a las sorpresas), y de pronto resultaba que era su prometida? ¡¿Cuáles eran las probabilidades?!
― Así es ― Asintió Bruno, recargando su rostro en… para no estarla llamando “Perfume De Lago De Cristal” todo el tiempo, vamos a asignarle un nombre normal para no batallar tanto y que además sea nombre de hombre para reírnos un poco con ello, digamos… “Pedro”. ― Nos vamos a casar en unos meses. Como poeta es horrible pero demonios, ¡la amo!
Emi esbozó un gesto aún más impresionado (si es que se podía). ¿Acababa de llamar mala poeta a su novia en su cara justo después de que hiciera una interpretación de más de una hora?.
― Ishmar, ¿Tratas de que hagamos el amor con esta joven? ― Preguntó Pedro con naturalidad descarada, mirando con curiosidad a Emi y después arrugando su nariz. ― No parece buena idea, su aura está perturbada y noto confusión en su kashkar.
― No, ― Negó de inmediato Bruno. ― No tratamos de hacer el amor con ella, en realidad solo me contó que es lo que tenía su aura dañada y su kashkar confuso.
― Disculpa, ¿Bruno? ― Emi levantó la mano, como si estuviese en el salón de clases. ― Tengo unas cuantas preguntas: ¿Por qué tú novia pregunta si quieren hacer el amor conmigo? ¿Por qué te llama Ishmar? Y ¿Por qué están criticando mis aromas? Sé que he estado corriendo pero me puse desodorante en la mañana y…
Bruno soltó una carcajada extensa y fuerte, fueron segundos un tanto incómodos para Emi, que ya empezaba a sentir que tendría que salir corriendo de ellos dos también.
― Lo primero: porque ella me permite practicar el amor libre siempre y cuando estemos los dos presentes y la chica le llame su atención. Lo segundo: Ishmar es mi nombre espiritual según le contó una taza de té en Malasia aún cuando ella nunca ha estado ahí. Lo tercero: No criticamos tus aromas, estamos hablando de tú aura y tú Kashkar, que es… bueno… digamos que son unas formas espirituales de referirse a los estados de ánimos de la gente que usan los hippies y gente rara como ella.
― ¿Puedo agregar que me parece bastante cruel de tu parte que llames rara a tú novia?
 Bruno hizo, por tercera vez desde que Emi le había conocido, un gesto sarcástico.
― Se hace llamar Perfume De Lago De Cristal. Créeme, ella sabe que no es normal, de hecho, lucha por no serlo.
― La normalidad es un opresor que ellos quieren que usemos, yo no caeré. Por eso no uso el nombre y apellido que me dieron madre flor y padre roble… mi corazón palpita por ellos sin necesidad de arrastrar sus nombres a mis espaldas.
Emi y Bruno se quedaron  mirando a Pedro, que ni se inmutó.
― ¿Ves de lo que hablo? ― Bufó, señalando con fascinación a su mujer amada. ― Pero bueno… fuera de que es una mujer súper rara y loca, es una buena calmadora… si te parece bien, ella puede escuchar tú historia. Te aseguro que al terminar de hablar con ella, te sentirás como una nueva persona.
Emi dudó, nunca fue de las que gustaba contar una y otra vez historias largas, mucho menos cuando se trataba de temas tan personales y los oyentes eran desconocidos. Negó con la cabeza.
― No… yo… creo que ya tuve suficiente por hoy… ― Se puso de pie. ― Gracias por su interés y todo pero… eh, mejor salgo de aquí para que Alex pueda llevarme de una vez a su casa…
― Ishmar, vete a leer tú poesía ― Ordenó entonces Pedro, dando un jalón a su prometido para que se pusiera de pie. ― Hablaré con Kabrishka mientras tanto.
― ¡Pero no quiero leer mi poesía! ― Renegó Bruno, caprichoso. ― Solo es un cuento de un perri… ― Se detuvo por la fulminante mirada de Pedro, que se cruzó de brazos. ― Está bien, voy a leer mi poema de un perrito… suerte, Emi.
Bruno las dejó solas para irse a leer su poesía. Apenas subió al escenario y empujó al delgaducho que estaba leyendo para ponerse a leer él, Pedro tomó a Emi por los hombros y la forzó a sentarse en el suelo ejerciendo presión. Ella esbozó una sonrisa nerviosa, oficialmente asustada.
― Te-tengo que irme, Perfume De Lago de Cristal… vo-voy a llegar tar…
― Tarde al santuario de alguien más.
― Iba a decir que al departamento de Alex pero… sí, podemos llamarlo santuario si quieres.
Ella negó con la cabeza, luego acercó su rostro al de Emi hasta que sus frentes se toparon una con la otra. Emi orbitó sus ojos, sintiéndose invadida por sentir el aliento de menta de Pedro en su rostro.
― Kabrishka, no hay santuario al que puedas volver que no sea el tuyo propio, de otra forma, tú kashkar jamás sentirá el equilibrio y te perderás en la negatividad.
― Eh… bueno… ― Emi trató de alejarse de ella, pero Pedro de inmediato la presionó nuevamente a su frente con sus manos. ― Hace unos meses que ya no tengo un “santuario” propio, de hecho tuve que escapar de mi santuario porque mi hermana gemela jodía mucho así que…
― No estás escuchándome, Kabrishka, siento en tú aura que ese santuario de Alex que ahora sientes ajeno también fue santuario para ti hasta hace poco… hasta que algo malo pasó y rompió el equilibrio…
― Alex demostró no confiar en mí ― Completó la chica, ya con fastidio. ― Escucha, admiro tú buen ojo para adivinar los problemas de la gente, pero en serio no estoy de humor como para mirar mi problema del punto de vista espiritual, suficientemente tengo con el punto de vista normal. Solo me rendiré, permitiré que se me pase el enojo con él dejando de hablarle por un día entero y después me resignaré a no ser tomada en serio con el paso del tiempo. Todo al estilo “Ama de casa de los 60´s”.
Emi soltó una risa, orgullosa de su buen chiste, pero a Pedro no le causó gracia en lo absoluto: frunció el ceño, guardó silencio por un par de segundos y de pronto y sin previo aviso, colocó sus dedos índice sobre las sienes de Emi, que en respuesta soltó un chillido frustrado.
 ― ¿No me vas a dejar ir, cierto?
― Por el contrario, Kabrishka, siento que es mi deber guiarte a la salida de esta prisión.
― Muy bien amiga, en primer lugar vas a tener que dejar de llamarme Kabrishka, pues me suena como a Cabra bizca, y en segundo lugar “esta prisión” eres tú, que no me deja irme.
― Eres un ser independiente, poderoso y libre ― Pedro soltó a Emi para abrazarse a sí misma. ― Y si lo sabes, los demás también deben saberlo.
― Eso es… ― Hizo una pausa, razonando y asimilando. ― Cierto… ¡sí! Soy independiente porque trabajo, soy poderosa por lo que he logrado y soy libre porque me gusta serlo. Y me gusta que los demás puedan aceptarlo.
― ¡Nadie que no seas tú tiene el conocimiento o el derecho de decirte que puedes y que no puedes hacer, solo tú tienes autoridad suficiente en tú existencia para decidir en como debes existir!
― ¡Exacto! ― Exclamó Emi, tan fuerte que llamó la atención de varios de los presentes, pero no les tomó importancia. ― ¡Yo tengo que ser mi única jefa, ya estoy grande como para que alguien me ande prohibiendo como vivir!
― Una vez una valiente y fuerte mujer se atrevió a decir la verdad: que todas nosotras éramos unas diosas del viento en el pasado, siempre majestuosas, orgullosas y potentes, recorriendo el cielo a nuestro gusto, viajando y siempre disfrutando de la dulce sensación del viento en nuestro cabello, pero que toda nuestra libertad se vio mermada y finalizada cuando nos topamos con nuestros destinados de toda la vida: los dioses del trueno, los hombres.
Emi abrió la boca a su máxima capacidad y tomó a Pedro por los hombros.
― ¡Por favor cuéntame más! ― Pidió, fascinada ante la nueva perspectiva que se le presentaba. ― ¿Qué hay con los dioses del trueno?
― Son dioses, tan libres y poderosos como lo somos nosotras, la diferencia es que, a diferencia de nosotras, ellos tienen en su naturaleza una tendencia oculta a querer aprisionarnos bajo sus relámpagos, y como nuestra naturaleza es pasiva y poco ambiciosa ante el dulce sabor del jugo del poder, a lo largo de la historia las diosas del viento hemos reprimido la extensión de nuestras alas para vivir bajo el relámpago de los dioses del trueno, hemos dejado de volar.
― ¡Eso no es justo! ― Emi rechinó los dientes, con enojo. ― ¡No es posible que por ellos no extendamos el vuelo! Entonces, ¿Qué se debe de hacer, asesinarlos o qué?
― Como ya lo dije, los dioses del trueno son nuestros destinados de toda la vida y así seguirá siendo. Nuestro destino es reinar los cielos con ellos para siempre, ellos son nuestros compañeros ideales, así que matarlos sería matarnos a nosotras mismas… lo que si podemos hacer, es dejar de permitir que traten de imponerse con su relámpago sobre nosotras, extender nuestras alas y volver a recorrer los cielos con libertad, solo una vez que hagamos esto, los dioses del trueno podrán comprender que somos tan majestuosos como ellos y volverán a tratarnos como omnipotentes y como iguales. Ese es el camino a un reinado del cielo equitativo y perfecto.
― ¡ESO! ― Emi pegó un brinco del cual hubo innumerables replicas y agitó los brazos en un arrebato de emoción inconmensurable. ― ¡Yo quiero eso, quiero un cielo equitativo y perfecto! ¿Pero como hago para extender mis alas? Mira que creo que el dios del trueno que me presta su sofá tiene un relámpago muy bien cargado así que voy a necesitar de un gran impulso si quiero librarla sin electrocutarme.
― Para que un dios del trueno te reconozca como una diosa debes de llegar a los extremos que él te orille a tomar, a veces es necesario dar un salto enorme para que tú altura en el cielo sea tan enorme que ni él pueda alcanzarte, siento por lo mucho que te conozco, a que este es tú caso… debes de volar más alto de lo que nunca has volado, tomarte un tiempo para ti misma y regresar a él para mirarlo de frente y volar a su lado, hombro con hombro.
Las pupilas de Emi brillaban tanto como el sol y sus mejillas se tiñeron rosadas de la inmensa emoción que las palabras de Pedro provocaban en su cabeza, el mensaje que recién había recibido era justamente lo que necesitaba para que Alex aprendiera a tratarla como igual. Estaba segura de que quería hacerlo, pero, ¿Cómo? Pedro recién acababa de decirlo: necesitaría volar más alto de lo que nunca antes había volado y mucho más alto de lo que Alex haya hecho antes, ¿Cómo superaría tan altas elevaciones sin ir a buscar trabajo a la NASA?
― Lo que me has contado es perfecto ― Emi suspiro. ― Perfume De Lago De Cristal, pero la verdad es que no tengo una forma de volar más alto que él… supongo que es algo que tendrá que esperar hasta que pueda hacerlo, ¿No?
Pedro sonrió, acarició la cabeza de Emi y comenzó a rebuscar en su bolso.
― Como orgullosa diosa del viento que soy, tengo volando en el cielo con libertad desde hace ya mucho tiempo, y es mi deber ayudar a una diosa que busca elevarse por igual… esto, es el impulso que necesitas para llegar al cielo.
Entregó a Emi un trozo de papel y una especie de carterita de piel: era un boleto de avión y un pasaporte a nombre de “Geraldine Rivers”
― ¿Geraldine Rivers? ― Preguntó Emi, al ver que en el pasaporte aparecía una fotografía de Pedro un poco más joven.
― Los gobernadores y opresores aún no saben de mi nuevo nombre ― Explicó, sonrojándose con notoria pena. ― Como puedes notar, somos bastante parecidas en esa fotografía, quiero que subas en ese avión, recorras el océano, conozcas hermosos lugares nuevos para ti, fuera de tus fronteras. Solo durante un par de días para que puedas entrar en comunión con tu diosa interna, una vez lo logres, podrás regresar a tú santuario, sabiendo que ahí te espera un igual.
― ¡¿Irme de viaje?! ― Emi trató de devolver el boleto y el pasaporte, pero Pedro lo rechazó. ― Eso ya son palabras mayores, de ninguna forma voy a hacerlo… no tengo ni dinero ni equipaje ni idea de a dónde voy… por cierto, ¿Dijiste que hay que recorrer el océano? No será que este boleto te lleva a… París… ¿O sí?
― París queda a 150 kilómetros de ahí, pero no es el destino del boleto lo importante, tampoco es si tienes dinero o equipaje contigo… lo importante es que puedas tener un tiempo para ti, un campo libre donde puedas explorar a fondo y caminar sin que nadie te diga que hacer. Si lo que te preocupa es el techo, la ropa y el alimento, te pasaré las llaves de mi departamento y te escribiré la dirección para que puedas quedarte ahí el tiempo necesario, siéntete libre de considerar mi humilde hogar como tú humilde choza de refugio y descubrimiento espiritual.
Si a mí una extraña poeta loca me ofreciera su boleto de avión y pasaporte, luego me prestara su departamento, su ropa y su comida sin duda le diría que no y me iría corriendo a contarle a quien más confianza le tenga. Pero es que yo no siento la necesidad, molestia y urgencia de darme a respetar como Emi la sentía en ese mismo instante: estaba cansada, se sentía humillada, molesta y menospreciada. Ya en este punto, la emoción generada por la posibilidad de dejarse llevar por el momento se hacía presente, y los deseos de Emi de aceptar el favor de Pedro también se inmortalizaban poco a poco en su rostro, y es que también estaba lo más importante de todo: ¡Estaría a 150 kilómetros de París! ¡Incluso si caminaba podría llegar a ver la torre Eiffel! Es más, ¡tocarla! ¿Y por qué no? ¡Lamerla!
― ¡No lo sé! ― Dudó Emi, aferrándose a los últimos trazos de cordura que luchaban por sostenerse en su alborotada (y ligeramente lavada) mente. ― Es que es un paso muy riesgoso… ¿Sabes? Tengo trabajo, tengo escuela... si me voy sin avisarle a nadie todos se preocuparán, ¡Y no sería la primera vez que alguien piensa que estoy muerta!
― Yo me encargaré de todo, Kabrishka ― Aseguró entonces Pedro, acariciando el hombro de Emi, relajándola en demasía con una técnica de masaje. ― Le pediré a Ishmar que me acompañe en la cruzada. Él es uno de los más nobles dioses del trueno que hay, y sin duda alguna juntos podremos ejercer tranquilidad sobre tus compañeros de memorias. Cuando empiecen a extrañarte, estoy segura de que ya habrás regresado.
¿Las cosas eran así de simples? ¿Realmente Emi podía de pronto decir “Hey, me voy a Francia” sin que hubiera efectos colaterales a su partida? ¿Era todo tan simple como decir “hoy voy a elevarme en el cielo”? A Emi no le parecía así, pero tras el convincente discurso de Pedro, que le dio a conocer lo mucho que podría ganar al triunfar en su encomienda, sentía que si no cometía este error (aún sin comprobar que fuera un error como tal) lo lamentaría toda su vida. Al final no había nada que perder.
― ¡Paríspuesto que acepto! ― Exclamó Emi una vez se decidió, estrechando manos con Pedro. ― Perdón, ¡Por supuesto que acepto! No sé porque, pero siento que esto es algo que pasará una sola vez en la vida.
― Vaya que te llama la atención París, ¿No? ― Observó la poeta, sorprendida.
― ¿Paris qué lo dices? D-digo, ¿Por qué lo dices? No es tanto, digo… creo que es una ciudad hermosa pero… tal vez ni vaya a verla cuando esté allá.
Pedro sonrió, alegre de ahora sentir un aura aventurera y emocionada alrededor de su nueva amiga.
Unos segundos después Bruno terminó de leer su poema y regresó con las chicas. No se mostraba muy feliz con la – no tan grata- sorpresa de que su prometida iba a regalarle su pasaje y pasaporte a una desconocida, pero no era eso lo que le molestaba: lo que no le gustó fue que su prometida lo forzara a entregarle también sus papeles (y algo más que eso) a Emi.
―… Cuando ella vuelva nos entregará nuestros pasaportes, y así sabremos que nuestra tarea ha sido un éxito. ― Explicó Pedro, mientras Bruno rebuscaba en sus bolsillos con mal humor. ― Ah sí, y también préstale un poco de dinero para que pague su boleto de regreso, recuerda que es un viaje costoso.
― Genial ― Espetó el chico, nada contento. ― No solo me entero que no voy a subir a un avión que me llevará a casa en un par de horas, sino que también voy a perder dinero. ¿Sabes? Estas son las mejores vacaciones del mundo.
― No hace falta que me entregues tú pasaporte y boleto ― Se interpuso Emi. ― Si en verdad quieres volver a casa… ― Guardó silencio cuando Pedro la fulminó con la mirada. ―… Tendrás que… esperar a tú encantadora prometida.
― Así funcionan las cosas normalmente con esta mujer… si… ― Suspiró. ― Pero vaya que el sexo es excelente. ¿Te he dicho que hacemos esta cosa en que ella…
― Si bueno… ― Emi se rascó la cabeza, incómoda. ― Eso no me interesa.
Fijaron bien los últimos detalles: Pedro escribió en un cuaderno su dirección, y teléfonos tanto suyo como el de Bruno, entregó a Emi la llave del departamento y $300, mientras que Emi entregó a ellos los números de Alex, el Gato Negro,  la escuela, Laura, Pablo y Marco, encargándoles que por favor avisaran a cada uno de ellos la situación.
―… Y si puedes contarles el cuento ese de las diosas del viento a todos para que no se enojen tanto, sería de mucha ayuda.
― Las diosas del viento no somos un cuento ― Negó Pedro, ya cuando iban rumbo a la terminal. ― Somos una realidad. Pero entiendo lo que me pides, y lo haré.
― Otra cosa, Emi… ― Bruno se acercó a ella con una seriedad que en el par de horas que tenía de conocerlo nunca antes había mostrado. ― Mi hermano menor quedó en irme a recoger del aeropuerto, es de tú edad, sí quieres que te muestre el lugar solo pídeselo con confianza, ¿Bien? O si lo que buscas es estar sola un rato bastará con que le pidas que te lleve al departamento de Perfume De Lago De Cristal.
― Ah, gracias Brunishmar- ― Agradeció Emi en tono burlón, sonriente con una reverencia oriental. ― Muy amable de tú parte por ofrecerme un mayordomo, pero estaré bien por mí misma.
Durante sus últimos minutos en Ciudad Grande, Emi disfrutó de ver como a lo lejos su archienemiga la mujer demonio seguía buscándola con irritación. Buscó esperanzada a Alex, deseando poder despedirse de él en persona, no obstante, el joven rubio no apareció en su campo de visión, seguramente porque había terminado resignándose a volver al departamento con las manos vacías hacía ya unas horas. Después de todo, había estado oculta en una feria privada e internacional de poesía durante casi 3 horas.
― Antes de que el avión despegue, tienes la oportunidad de usar tú teléfono por un par de minutos. ― Murmuró Pedro, adivinando el pensamiento de Emi, que sonrió con alivio.
Cuando llegó la hora de abordar, se despidió estrechando la mano a sus nuevos amigos y fue a formarse de inmediato. Ya que en la fotografía del pasaporte Pedro (por aquellos entonces Geraldine Rivers) llevaba el cabello recogido y un tanto más corto, era muy parecida a Emi, por lo que no hubo problema alguno a la hora de abordar (a excepción de un pequeño incidente con el detector de metal por culpa de la llave del departamento). 5 minutos después, Emi ya se encontraba arriba del avión.
 Inmediatamente sacó su celular, presionó el #1 de marcado rápido y se llevó el auricular al oído.
― ¿Dónde estás? ― Preguntó de inmediato Alex, se le escuchaba jadeando. ― Pequeña, necesito que me digas dónde estás ahora mismo, el juego ha terminado.
― Estoy de acuerdo contigo, Alex, el juego ha terminado… voy a irme un tiempo de viaje, estoy en un avión ahora mismo. En unos minutos una pareja muy peculiar probablemente te llame por teléfono dándote los detalles. Estaré bien, voy a pensar algunas cosas y volveré pronto. ¿Bien?
― ¿Eh? ¿Un avión? ― Se escuchó cómo al fondo algo se desplomaba en el suelo. ― ¿Pero qué… ¡¿Qué demonios estás pensando?! ¿A dónde piensas ir? Pequeña, vamos a vernos ya mismo, ¿Dónde estás?
― Ya es tarde Alex, despegaremos en unos minutos y no bajaremos hasta estar en nuestro destino. Escucha, tengo una tarea para ti mientras no estoy… ¿Qué te parece si en mi ausencia empiezas a pensar en mí como una adulta que toma sus decisiones y no como una niñata hermanita de tú mejor amigo? Créeme, te hará bien irlo asimilando. Así no te dolerá tanto verme como una diosa del viento libre de tú relámpago en los cielos, porque créeme, al volver las cosas van a ser MUY, pero MUY diferentes. Seremos iguales.
― ¿Esto es por eso de llamarte niña? Emi, eso…
― Señorita ― Llamó una azafata, dirigiéndose a Emi. ― Vamos a encender ya los sistemas, apague por favor su celular.
― Uh, se me ha acabado el tiempo… hablamos en unos días, ¿bien? ¡Adiós!
― ¡No Emi N…
Colgó la llamada y apagó su celular, con una sonrisa de oreja a oreja: era la primera vez desde que tenía memoria en que dirigía una conversación con Alex exactamente por donde ella deseaba, y si eso se debía a que fue una conversación absurdamente corta, no le importaba, una victoria era una victoria ahí y en… ¡PARÍS!
― Tengan ustedes buenas noches pasajeros, gracias por elegir Kurau´s international como su aerolínea de confianza, mi nombre es Jaime Camil y seré su piloto durante las próximas 12 horas de vuelo. El clima es despejado, las condiciones son óptimas, el número de escalas es de 0 y nuestro destino es Austin, Texas.
Emi estaba hecha una esfera de felicidad, no podía esperar a que…
― Un momento… ― Detuvo todo su torrente de felicidad de un instante a otro. ― ¿Austin Texas?
Llamó con una seña educada a una aeromoza cercana a su asiento.
― Disculpe, señora aeromoza ― Carraspeó. ― ¿Por qué ha dicho el señor capitán que iremos a Austin Texas si nuestro destino es Francia?
Ella negó, esbozando una sonrisa educada.
― Me temo que está equivocada joven, nosotros vamos a Austin, en Texas, Estados Unidos.
― AH… ― Soltó una risilla. ― ¿No vamos a Francia?
― No, señorita. Lo siento.
―…
―…
―…
― Si es todo lo que necesita saber, ya vamos a comenzar con los protocolos de rutina para antes de despegar. Con permiso, señorita.
― P-p-p… ¡Espere! ¡A mí me dijeron que París estaba a 150 km de nuestro destino!
― Bueno… está París Texas, una ciudad industrial, señorita. Es muy fría pero tiene un par de parques muy bonitos… y tiene una versión a súper ultra escala de la torre Eiffel original.
Emi se puso pálida, tomó una bolsa para el vomito del respaldo del asiento de enfrente y comenzó a respirar una y otra vez sin parar, inflando y desinflando a la pobre bolsa.
― ¿Se encuentra bien, jovencita? ― Preguntó la Azafata, midiendo la temperatura de Emi con su mano a contra frente. ― ¿Quiere algún medicamento o que le liberemos su tanque de oxigeno?
Emi negó con la cabeza.
― No, no… estaré bien… solo… solo quiero bajarme antes de que despeguen si no es molestia… déjenme bajar… tengo que ir a desgreñar a una hippie engañosa…
Emi fintó con levantarse, pero la aeromoza la detuvo al momento, con un simple bloqueo con la mano.
― Me temo que eso es imposible señorita, las compuertas no se abrirán hasta que estemos en Texas.
― Ah… ya veo… ― Sintió el frio de su sudor recorriendo por su espalda. ― S-supongo que… estaré bien… digo… yo me imaginaba ya en una hermosa y añeja ciudad europea… pero… pero… bueno, no hay problema… en cuanto llegue solo debo de programar un nuevo vuelo y…y… y… estaré bien… dígame señorita… ¿Van a reproducir alguna película durante el viaje?
― Así es señorita ― Asintió, sonriente. ― Le garantizo que se divertirá mucho viendo DragonBall Evolution.
― ¡NO! ― Emi se desplomó completamente en su asiento. ― NO… esto no puede ser… NO… ¡NO!
― Y será en audio latino ― Continuó la aeromoza, extendiendo su sonrisa.
― ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!

¡Continuará en la segunda parte!

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