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Amo a Zack! (Creo) (6/??)


Capítulo 6: El momento (segunda parte)
1978, Texas
― ¿Necesitas algo? ― Preguntó ella, que sostenía en sus manos una caja sellada con cinta gris. ― No eres de la mudanza, ¿o sí?
 James parpadeó y despertó de su aletargo.
― Eh… ¿Eh? ¿Mudan… qué? ¡Ah! sí, eso… no, no soy de ellos… eh… conocí a tus padres y…
― ¿Te pidieron que me ayudaras? ― bufó, con desencanto. ― ¡Si serán inconscientes! Lo siento mucho, por favor no te molestes con ellos, y no es necesario que me ayudes… muchas gracias.
― Bueno, eso es un alivio ― Suspiró James. ― En realidad soy bastante malo cargando cosas pesadas, además de que vine con otras intenciones…
― ¿Ah sí? ¿Qué intenciones serían esas?
 Sin responder, James se abrió camino hasta la esquina superior izquierda de la habitación, donde había una especie de irregularidad en la madera del suelo. Se recostó en el suelo y tras removerla un poco con los dedos logró separarla.
― Mi hermano y yo hemos estado usando esta casa como guarida de contrabando, y como vi que se estaban mudando decidí sacar todo el licor y tabaco que tenemos escondidos… ya sabes… lo normal.
― Nor…¿mal? ― Crystal suspiró y con un movimiento de sus dedos alejó el fleco de su frente. ― Bueno… no me importa, puedes tomar tú licor, solo cierra la puerta cuando termines, ¿Bien?
― Claro, lo haré… ― Comenzó a sacar botellas medio vacías del orificio una a una. ― Otra cosa…
― ¿Sí?
― Tú madre ha dicho que son nuevos en el lugar y que no tienes amigos por aquí…
― ¿Qué con eso?
Guardó silencio un par de segundos… cuestión de estrategia para disminuir la posición “a la defensiva” de la chica… según él.
― Pues que si gustas puedo llevarte a donde nos reunimos todos, es un buen lugar… llamado Roger´s, te va a gustar y puedo presentarte a todos.
― En realidad no soy de esas personas que disfrutan de salir… así que voy a pasar en esta ocasión, pero igual gracias por considerar en tomarte la molestia.
Respuesta atípica.
Esto captó la atención de James, que desvió la mirada de su amado licor para echar vista de su nueva vecina: de estatura baja, cabello lacio rojizo, tez morena clara y rostro sereno… el rostro más tranquilo que haya visto nunca antes; pareciera que ninguna mala noticia podría hacerle cambiar tan tranquila tesitura.
No era algo que se viera muy seguido en todas las chicas que conocía (que no eran pocas). ¿Podría ser? ¿Era ella la evidencia que tanto esperaba? Bueno, era de irresponsables adelantarse a los hechos, por lo que guardó la calma y decidió indagar un poco más, dejando lo recién escuchado como una simple peculiaridad.
― Y… ¿Cuántos años tienes? ¿Entrarás a Mc Highley?
Crystal dejó la caja ya abierta en su cama, junto con todas las otras cosas amontonadas alrededor de la misma. Se recargó sobre el buró a un costado y miró con curiosidad a su acompañante.
― ¿Ahora estamos conversando? ― Preguntó con algo de ironía, llevándose los brazos a la cintura. ― Creí que solo venías a recoger el licor.
― Bueno… es solo que se siente raro estar en tú habitación sin charlar contigo, y yo soy un sujeto bien educado.
― ¿Un sujeto educado oculta alcohol, cigarros, habanos y revistas eróticas en una casa deshabitada? Lo que uno aprende cada día.
James se dio cuenta que sostenía en sus manos una playboy del mes de agosto pasado, inmediatamente la ocultó bajo su abrigo.
― Esto es… de mi hermano… y las leemos por los artículos.
― Está bien. ― Aceptó la chica con rapidez e inmediatamente volvió a centrarse en lo suyo.   
― Es en serio ― Insistió James. ― Son muy interesantes
― Por eso dije que estaba bien… ¿No lo dije?
― Pero no lo creíste. ― Reprochó, con seguridad.
― Vaya, me sorprende tú capacidad para dar un concepto contrario a lo dicho casi tanto como me impresiona tú falta de confianza en la gente.
― ¿A qué te refieres?
―  Normalmente ― Volvió a dejar de lado sus trabajos de acomodamiento y encaró a James con temple sereno. ― Cuando se dice que algo está bien, es porque en verdad está bien. No es sano ni correcto desviar los conceptos, aún si la nueva ubicación es la más evidente.
James se encogió de hombros, tomó una caja libre a un costado suyo y la levantó para que pudiera verla Crystal.
― ¿Te importa si la tomo prestada? Hay muchas cosas aquí.
― Adelante, ya no la ocupo más.
Guardó todo el contenido en ella, se puso de pie y con paso firme abandonó la habitación, una vez estuvo del otro lado del marco, levantó la mano en señal de despedida.
― Supongo que nos veremos por aquí o por allá, si necesitas cualquier cosa, vivo cruzando la calle en la residencia 6, pregunta por James.
― Gracias ― Agradeció, agitando la mano en señal de despedida. ― Que tengas buen día, James.
― Sí, claro, gracias… tú también, Crystal.
Para evitar que los Green lo acusaran de estarse robando una de sus cajas de mudanza, James tomó el camino largo: rodeando el camión de mudanza en la entrada y caminando por las delgadas aceras que daban a los pórticos de sus vecinos. Un tramo que normalmente le hubiera costado apenas unos segundos terminó extendiéndose un par de minutos más de lo planeado, sin embargo logró entrar a su casa y poner su botín a salvo en su habitación.
― Nuevos vecinos, ¿Eh? ― Fred salió del baño en ese instante cubierto con su bata. ― Buen trabajo recuperando nuestro tesoro, hermanito. Triste porque nunca sabré que pasó en los duques de Hazard, pero bien por el material rescatado.
― Los Green ― Repuso el otro en respuesta, mientras tomaba la playboy que hacía unos minutos le había causado tremenda vergüenza. ― Un matrimonio común con un esposo de mal rostro y una mujer amable, nada fuera de lo común; pero…
― ¿Hija linda? ― Fred tomó asiento y arrebató a su hermano la revista. ― Wow, esta es nueva, ¿Por qué no me la habías mostrado?
― Correcto, es muy linda.
Fred soltó una sonrisa picara.
― ¿Te has interesado en otra mujer, pecador?
James resopló, como riéndose absurdamente.
― No seas tonto, Eva es la única chica que me interesa en verdad… solo que debo admitir que esta tiene un no sé qué que qué sé yo…
― ¿La has invitado a conocer el pueblo con nosotros?
― Lo rechazó, dijo que no le interesaba.
Fred se encogió de hombros, su hermano hizo lo ídem; como dando el asunto por cerrado.
― Será mejor que empieces a arreglarte si quieres llegar a tiempo por tú chica, a una dama no le gusta que la dejen esperando; y recuerda que George Clearwater anda tras ella. Escuché el otro día que se conocen desde niños, ¿No te parece tierno que sean amigos de la infancia y sigan llevándose bien?
James no contestó, pero si dedicó una mirada de enojo a su hermano mayor; que sonrió satisfecho al ver su cometido cumplido.
Unos 20 minutos después los dos muchachos se encontraban ya rumbo a su destino (Cabe destacar que el plan principal era ir a dejar a Fred a Roger´s para que después James pudiera ir a recoger a Eva él solo, pero ya que se les hizo algo tarde no quedó de otra). Quién conducía era James, por supuesto; normalmente, Fred hubiese quitado ese privilegio a su hermano menor, pero no le gustaba dar impresiones equivocadas de jerarquía ni dejar mal a su hermano frente a su chica. Eso sí, no se cansó de reprochárselo durante todo el camino.
― Deberías de besar el suelo donde piso ― Decía. ― Soy el mejor hermano del universo, admítelo.
Cuando estaban a punto de llegar a casa de Eva, se toparon sorpresivamente con un rostro sorpresivamente familiar, depresivamente sentado en la acera con los brazos flojos y la espalda encorvada: el profesor Dan Feeney.
― ¡Detente! ― Ordenó Fred al instante, James obedeció. ― Mira, es Dan, ¿Qué crees que le haya pasado ahora?
― Tal vez tuvo otra de esas peleas ― Bufó James. ― ¿Le hablamos?
― ¡PROFESOR! ― Gritó Fred. ― ¡VENGA!
― Supongo que eso es un sí…
Feeney levantó el rostro con desconcierto y miró en varias direcciones para dar con quién le llamaba, cuando vio el auto detenido a unos cuantos metros de distancia, esbozó una sonrisa, se puso de pie y corrió en su dirección.
― ¡Pero si son los imparables Mosh! ― Exclamó el joven profesor Feeney, de unos 22 años. ― ¿Cómo están, perros? Veo que vienen a recoger a la jovencita Carton.
Si había una persona en el pueblo que pudiera considerarse parte incondicional del grupo de amigos de los Mosh y hombre de entera confianza para ambos, ese era Dan Feeney: el joven profesor de la preparatoria Mc Highley cuya filosofía era “para sacar lo mejor de los jóvenes de hoy y del mañana es necesario estar en su sintonía”. Creyendo ciegamente en esto, constantemente abandonaba las aulas de clases y trabajaba horas extras para pasar rato con sus estudiantes, comprenderlos, ganarse su confianza y tratar de hacerlos interesarse en las clases mientras tanto. En una de sus tantas salidas, terminó conociendo a los hermanos Mosh y entablando una gran amistad, más grande que con ningún otro alumno, profesor o persona.
― Así es, el pequeño James está enamorado ― Bufó Fred. ― En realidad a mí van a dejarme en Roger´s de paso, ¿Por qué no vienes? Puedo ver que estás ocupado estando deprimido en la acera pero creo que puedes hacerlo después.
Feeney tuvo una batalla interna entre su moral, su orgullo, su amor y sus deseos de pasarla bien… al final se encogió de hombros y sin decir nada se subió en la parte trasera del auto. Hubo desconcierto por varios segundos, Fred y James intercambiaron miradas de sorpresa.
― ¡Al demonio! ― Exclamó Feeney apenas se puso el cinturón de seguridad. ― ¡De todas formas mañana a primera hora estarán aquí de regreso!
― ¡Esa es la actitud, Feeney! ― Aplaudió Fred. ― ¡Ahora ya podemos irnos de jarra los tres!
― En realidad… ― Se adelantó James. ― ¿Recuerdas que tengo planes? ¿Eva?
― Ah, claro, claro… ― Fred suspiró con aburrimiento. ― Tú novia, lo olvidaba.
Era evidente el desencanto de Fred con todo el asunto de “James con novia”; después de todo, desde que los dos tenían memoria eran compañeros incondicionales tanto de juego como de fechorías. Y ahora con James pensando más en como pasar el rato con su pareja, el distanciamiento se volvía evidente y cada vez pasaban menos tiempo juntos. Fred no podía esperar a que su hermano perdiera su interés en esa chica para que todo volviera a ser como antes, (aunque claro, comenzaba a pasar tanto tiempo que empezaba a creer que quizás su cariño fuera genuino… lo cual significaría el final de toda la diversión para siempre).
La actitud recelosa de Fred cambió apenas se estacionaron frente a la residencia Carton: cuando se diera cuenta de que la rubia muchacha que vestía con un short de mezclilla azul con mallas negras por debajo y con una blusa de rayas horizontales verdes y blancas charlaba en el pórtico con un chico delgaducho y con una abundante (y algo enmarañada) cabellera castaña clara: reconoció inmediatamente a George Clearwater.
Fred sonrió de forma picara y buscó con diversión al rostro de su hermano, que miró la escena por un par de minutos y sin decir nada bajó del auto con naturalidad.
― No vayas a traerlo con nosotros ― Bufó Fred, carcajeándose.
― ¡Te están pedaleando la bici, James! ― Complementó Feeney, haciendo lo propio en el asiento trasero.
― Cállense los dos ― Espetó el muchacho, que sin darles mayor importancia marcó paso firme hacia el pórtico.
― Tan sensible como siempre tú hermanito ― Observó Feeney con diversión, soltando un codazo amistoso a Fred.
 ― ¿Y qué hay de ti, Dan? ― Preguntó él, con notoria seriedad. ― ¿Cómo estás?
Dan sabía a qué se refería Fred, pero para nada deseaba hablar de ello. Se limitó a observar como James se acercaba hasta donde estaba su novia y como ella se ponía de pie al momento en que esbozaba una sonrisa enorme.
― Yo estoy bien, Fred ― Aseguró Feeney, suspirando con optimismo. ― Son cosas que pasan a veces, ¿No crees? Al final las cosas siempre se arreglan cuando se llega a nuestro punto.
― Eso no lo sé ― Admitió en brevedad. ― Pero espero de todo corazón que así sea, amigo.
― Hola, Eva ― Saludó James con cortesía y con una radiante sonrisa. ― ¿Cómo estás?
― ¡Hola, James! ― Respondió ella con entusiasmo y alegría. ― Estaba esperándote afuera para que papá no te entretuviera como suele hacerlo y George vino a hacerme compañía mientras tanto, justo estaba contándole sobre nuestros planes el día de hoy.
― Ah, ¡que considerado por parte de George! ― James encaró al implicado. ― ¿Cómo estás, Clearwater?
― Bien ― George se puso de pie y extendió su mano con caballerosidad. ― ¿Qué tal tú?
― Podría estar mejor ― Aseguró James, mirándole a los ojos con desafío y respondiendo al apretón de manos con fuerza. ― Bueno, debemos irnos, un placer verte. Manda saludos a tú hermano de mi parte, y dile que se aleje de los Chuck, no son gente de fiar
George hizo un saludo militar y se adelantó para salir por el pórtico antes que la pareja, claro, no sin antes decir:
― Hasta luego Eva, nos veremos por aquí.
A James no le agradaba nada escuchar semejante despedida, pero era inevitable: no podía evitar que fueran vecinos a no ser que tuviera suficiente dinero en su billetera como para comprarle casa a Eva y no era así, y seguramente así seguiría durante algunos años más.
Curiosa postura, ¿Cierto? Parecería increíble para aquellos que conocían  James Mosh (que no eran pocos en el área) asimilar que el chico comenzaba a pensar cosas más grandes que las citas y el noviazgo para con la joven Carton. Inclusive para quién mejor lo conocía, Fred, parecía imposible encontrar en una persona anteriormente tan alocada y fiestera semejantes fintas con sentar cabeza.
― ¿James? ― Eva ladeó su cabeza con curiosidad, su rubia cabellera atada en una coleta elegante con una gama de variedades de rizos en su desenlace, al hombro. James sintió un suave cosquilleo al ver el brillo natural en los ojos de su chica, ese brillo que siempre le sacaba una sonrisa. ― ¿Pasa algo?
― N-no realmente, ¿Nos vamos? Fred y el profesor Feeney están en el auto… lo siento, han insistido en que los deje en Roger´s de paso.
― A mí no me molesta, no te preocupes ― Le tranquilizó, luego dio un par de pasos en el pórtico de mármol rosa y abrió la puerta apenas a un octavo. ― ¡Mamá, Papá, ya me voy!
Luego de un “cuídate” por parte de su madre y de una especie de gruñido por parte de su padre, Eva marcó paso rumbo a la salida, James la siguió a 50cm, como indicaba la caballerosidad americana.
Luego de un pequeño conflicto entre Fred y James, (debido a que el primero de ellos se negaba a irse al asiento de atrás hasta que su hermano menor utilizó ojos de cordero (última y patética medida de suplica defensiva)), el pintoresco grupo se alejó del buen vecindario para dar paso a la avenida principal, acto seguido llegaron finalmente a Roger´s.
Al ser el lugar de moda, es de esperarse que estuviera prácticamente a reventar, inclusive desde la tercera fila de estacionamiento podía verse a los jóvenes bailando junto a la rocola y a aquellos que festejaban algún logro estudiantil o deportivo en las barras de bebida o simplemente pasaban el rato en las mesas de los extremos con vista a las ventanas. Apenas el auto se detuvo, Feeney y Fred se bajaron del auto con un desliz.
― No llegues muy temprano por nosotros hermanito ― Pidió Fred con descaro al acercarse a la ventana del conductor. ― Si mi vista no me engaña he visto a Caroline Benson bailando por ahí, y si eso es verdad voy a estar muuuuuuy ocupado, si sabes de lo que hablo.
James esbozó un gesto de fastidio y asintió con resignación.
― Estaré aquí apenas deje a Eva, después de eso puedo esperarte si gustas.
Fred sonrió de oreja a oreja y levantando el dedo índice dijo:
― ¡Plata pura, hermano, plata pura te digo! Oye… ¿Y Feeney?
Feeney no se encontraba entrando en un escondite secreto que en realidad fuera un transporte que lo llevara a su base operacional de espía si es lo que se están imaginando, en realidad el buen Feeney ya se encontraba bailando en el medio de la pista de baile y con todos los que son, fueron y serían sus alumnos animándole con aplausos fascinados.
 ― Ah ― Fred se cruzó de brazos con sorpresa. ― Ahí estás, Feeney.
Por supuesto, cuando volvió a mirar a donde anteriormente se encontraba un auto con su hermano y su novia adentro, ya no había nada.
― Supongo que lo retrasamos un poco… ― Se encogió de hombros. ― Suerte… hermanito.
El rostro de Fred se tornó severo, borrando toda sonrisa de su rostro se dio media vuelta e ingresó al lugar con paso firme.
La gente normalmente hubiera corrido a saludarle, sin embargo ya todos sabían que cuando Fred se mostraba molesto era mejor no acercarse. Sacó de su bolsillo trasero una cajetilla de cigarrillos con un encendedor de plata y con una M escrita con un metal contrastante en opacidad. Encendió uno con habilidad y llegó a la mesa de más al fondo, con un movimiento de manos los que la ocupaban se hicieron a un lado. Tomó asiento y esperó pacientemente.
No pasó mucho para que llegaran dos de sus habituales: Abraham Blake y Michael Clint.
El primero de ellos de piel blanca casi rosada y con ojos de borrego en matadero pero con un físico tremendamente intimidante. Llevaba el cabello al ras, con suficiente fleco apenas para cerrar la coronilla de su peinado relamido. Mientras que el otro era un sujeto de piel oscura con el cabello esponjoso, un tanto más delgaducho que el primero pero igualmente notoriamente fuerte, su mayor fuerza era su color así como su estatura.  
― ¿Qué te pasa, Fred? ― Preguntó Michael. ― ¿Por qué esa cara?
Fred no contestó, pero vio con satisfacción como llegaba otra de sus habituales: Francia.
Tenía una piel blanca y brillante, un cabello castaño claro que desfilaba en el viento a cada uno de sus pasos, acompañado siempre de un aspecto alarmantemente arreglado: uno de los mayores rumores de la escuela es que nunca se le había visto despeinada, desmaquillada o sin ropa apropiada para la situación, ella era la reina indiscutible de la escuela, ex novia de Fred y actualmente… bueno, se podría decir “mejor amiga”, aunque el término “compañera de malicias” es mucho más apropiado para la situación, pues para alguien tan cauteloso, distinto e inteligente como Fred los amigos no podían existir (salvo la fantástica excepción de Feeney, que comenzaba a romper la regla). Cabe destacar que Francia (aunque no es de extrañar) recibía admiración por parte de prácticamente todas las chicas en el pueblo, sus pulcras maneras de ser así como si vivo espíritu amigable la volvían alguien incapaz de ganarse un enemigo.
― ¿Viste todo el silencio que provocaste cuando entraste con esa carota? ― Bufó la chica haciendo uso de su melodiosa voz (así es, como si no fuera suficiente con su inconmensurable belleza y su inexplicable perfección con la gente, la maldita también había sido encarnada en este mundo con la voz de un ángel. Tan hermosa era su voz que una disquera local esperaba a que ella cumpliera la mayoría de edad para firmar un contrato).
― Eso se llama inspirar miedo ― Repuso el muchacho, encogiéndose de hombros. ― Tengo algo que decirles…
― Suéltalo entonces ― Ordenó Abraham, pelando los dientes.
― En primer lugar a mi no me vas a hablar así, bola de hormonas con patas, y en segundo lugar, sabes que no puedo empezar sin Feeney, no tardará seguro.
Feeney tardó 4 canciones más.
― Bien… ― Feeney llegó hiperventilando, se desparramó en la mesa, justo a un lado de Francia, que discretamente se hizo a un lado para evitar contacto físico con el sudoroso profesor. ― ¿Qué pasa, chicos?
― Estoy cansado de los Chuck. ― Fred apretó un puño con todas sus fuerzas. ― Lo que pasó en la biblioteca ha sido la gota que derramó el vaso.
― Pretenden ir por ahí diciendo que este es su territorio y que solo están protegiendo los intereses de los vecinos cuando en realidad solo son una familia campirana con deseos de ser grandes ― Michael se tronaba dedo por dedo. ― Cuando supe que habían tratado de golpearte cuando salías de la biblioteca pensé lo mismo que tú.
― Opino igual ― Coincidió Abraham, golpeando la mesa a palma abierta. ― Sabes que puedes contar conmigo, Fred.
― Como siempre ― Francia acarició su perfecta cabellera con sus delgados y refinados dedos. ― No me despeinaré por ti, pero haré lo que sea necesario.
Fred asintió ante las positivas de  sus compañeros, entonces observó directamente a Feeney, como presionándolo para dar su respuesta. El profesor se encogió de hombros.
― No voy a golpear a nadie ni haré algo que pueda manchar mi reputación como profesor, pero trataré de ayudar dentro de lo posible.
Fred sonrió, satisfecho con las posturas de su grupo.
― Me alegra que estén conmigo, pues necesitaremos su ayuda.
― ¿Necesitaremos? ― Cuestionó Feeney, que miraba en varias direcciones, como tratando de evitar que hubiera espías cercanos. ― ¿James también entra en tus planes?
― Por supuesto ― Sonrió. ― Somos hermanos, y la familia siempre es primero.
Su grupo esbozó una sonrisa de aprobación a su comentario, entonces, Fred se puso de pie, recargó sus brazos sobre la mesa y soltó la última bocanada de humo de su cigarrillo. Esbozó confianza.
― La mueblería recibe nuevo inventario en unos meses, creo que deberíamos de ir a ver las cosas nuevas que tendrán.

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