Lo Último

Asociación de lectores y escritores (ALE) (21/??)

Capítulo 21: Las contendientes

En el departamento de encuestas de la ALE, en la planta 3, sección b (frente a la máquina de donitas) 1800 horas:

― ¿Ya terminaron de contar? ― Preguntó AsmaX con demanda, que no paraba de caminar en círculos. ― Ya pasaron 2 horas, ¡no jueguen!
― Señor AsmaX… ― Repuso de inmediato uno de los empleados que contaban los votos, se podía notar en su rostro que estaba cansado de la insistencia del hombre. ― Con todo respeto, usted no trabaja en esta revista y no tendría que estar aquí… así que por favor, guarde silencio y ahórreme la molestia de tener que llamar a seguridad.
Todos los empleados presentes se carcajearon.
― Se nota que en verdad quieres saber quién ganó, ¿no? ― Preguntó Ten Zero entre risas. Se encontraba sentado en el suelo y miraba con diversión a su rival de toda la vida. ― Mira que el que gane será mi asistente, no el tuyo.
― Aún así, quiero saber ya que clase de persona te ponen para que meta las manos en tu creatividad… ¿sabes? Eres una especie de mutante: debes ser el escritor con más editores en el mundo y encima te van a poner a un novato para decirte como hacer las cosas… ¡DIOS MÍO! Ten Zero, ¡eres un pobre diablo!
Ahora el que se carcajeaba era AsmaX, que no paraba de pegar saltos juguetones.
― Todos los escritores tenemos editores, no es de extrañar…― Se defendió el atacado, notoriamente herido por la realidad. ― Además… no va a decirme como hacer las cosas… solo va a darme su opinión en mi ámbito romántico.
― Yo despedí a todos mis editores y solo me quedé con el buen Wallie ― Aseguró con confianza, mientras tomaba asiento al lado de Ten. ― Tiene como 90 años y apenas puede ver… pero el hombre sabe un mundo. Solo a él le permitiría poner sus asquerosas manos dentro de mis relatos.
― Y a tu tío ― Añadió Ten.
― Y a mi tío ― Coincidió. ― Al final es casi lo mismo, después de todo, Wallie fue editor de mi tío cuando no era un obstinado veterano retirado.
Guardaron silencio durante un par de minutos. De pronto, AsmaX volvió a ponerse de pie y soltó un tremendo grito que se escuchó incluso en el último piso del edificio y en la explanada de pruebas. Miró a los contadores con desesperación.
― ¿¡AÚN NO!? ― Vociferó.
Los empleados respondieron con la cabeza en forma negativa.
― ¡AL MENOS DIGÁNME QUIEN VA A LA CABEZA, CARAJO!
Parecía que los empleados iban a ignorarlo, sin embargo todos se encogieron de hombros al mismo tiempo. Sabían que AsmaX no era precisamente alguien paciente, pero sí era insistente. Lo mejor sería darle unos cuantos números para calmar su curiosidad.
― V-van dos historias a la cabeza, señor ― Dijo uno de ellos, mirando un monitor. ― La diferencia de votos entre ellas no es más de 4 votos al momento. La primera de ellas es olvido y la otra se llama… las demencias de Lily.
― Olvido y demencias de Lily, ¿eh? ― AsmaX se relamió los labios, emocionado por finalmente tener una idea de lo que se le avecinaba a su amigo. ― ¿Quiénes son los autores?
― La primera de ellas es una historia escrita por TamoTodio, una pareja de escritoras y la segunda es por alguien que se hace llamar “Alice!
― ¿Una pareja de escritoras? ―Preguntó AsmaX, mostrando una notoria sorpresa ante la peculiaridad del asunto. ― ¿Dos personas escribiendo una sola historia? ¿A quién se le ha ocurrido semejante locura?
― Es la primera vez que alguien hace algo parecido, señor ― Continuó el empleado. ― Pero a los lectores les ha gustado mucho el resultado… son muy buen complemento una de la otra.
― Deben ser como almas gemelas si escriben algo juntas y el resultado es digno de competición ― AsmaX se dejó caer en el suelo, impresionado. ― Seguramente son tan parecidas que son hermanas gemelas o algo así…
― Tienes razón ― Coincidió Ten, igualmente fascinado. ― Estoy seguro que hasta han de caminar sincronizadas y de completar las frases de la otra.
*****
Era una mañana fantástica, con cielo despejado y una fresca briza que mantenía la incesante presencia del sol como una simple y agradable iluminación. Día más perfecto para ir a la playa no existía.
Así lo han pensado ambas… bueno, al menos una de ellas, que era precisamente la que se regocijaba de la sensación de la arena entrando entre los dedos de sus pies mientras hacía ejercicios de calentamiento, siendo incapaz ya de esperar un segundo más sin lanzarse al agua.
― Debes estar bromeando… ― Espetaba la otra, que se untaba bloqueador solar en la seguridad de su protectora y enorme sombrilla enterrada en la arena. ― Venir a la playa solo va a resecarnos la piel y a dañarnos la vista… y mejor ni hablar de las alteraciones a nuestro sistema digestivo… además, vaya día más malo que has elegido. ¿No te das cuenta que hoy nos dirán como nos ha ido en el concurso de one-shots?
― Por eso estamos aquí ― Respondió con casi apatía la que calentaba con prisa. ― Para celebrar… ¡anda, sal ya que vamos a jugar! Mira que tipos tan buenos hay por aquí… ¡Mira a ese de la tanga de leopardo!
Sin rechistar la otra salió de su refugio una vez se protegió como era debido (con 5 capas de bloqueador solar), se paró al lado de su compañera y miró en la dirección indicada.
― Xio… ― Murmuró, con desconcierto. ― Esa es una mujer… y una bastante fea por cierto… créeme, esa no es una tanga…
―… En fin, Nath… ¿qué quieres hacer primero? ¿Entramos a la playa? ¿Jugamos Volleyball? ¿Ligamos con chicos guapos?
― Ya que lo mencionas, creo que deberíamos ir a…
― ¡NADAR, EXACTO!
Xioaly era alta y delgaducha con piel clara, poseedora de un rostro simpático y cabello castaño claro amarrado a una coleta, mientras que Nathaly, era más baja, piel cobriza y cabello negro amarrado por igual a una coleta. Lo más contrastante de ella en comparación a su amiga era su rostro serio, que parecía revelar de forma oficial su desacuerdo de estar ahí… extrañamente, a su vez forzaba una sonrisa; como diciendo “sacaré lo mejor que se pueda de este terrible momento”.
 ― Váyalo a nadar entonces, criatura… tal parece que no estás nada nerviosa por los resultados.
Xioaly no la escuchó. Haciendo caso omiso a su compañera, lanzó carrera abierta al mar y comenzó a jugar por su cuenta: pataleando, nadando, mojando a una familia turista desconocida y hasta derribando el castillo de arena de 9 pisos de un chiquillo.
Nathaly suspiró, siempre era lo mismo así que ya estaba acostumbrada. Se limitó a recordar la forma en cómo terminó con tan contrastante pareja mientras caminaba en dirección a ella.
Ella pasaba prácticamente todas las horas del día leyendo, principal (y única) mente historias del género terror, gore, gótico, creep y todos sus allegados. Lo que más le apasionaban eran las historias aterradoras con demonios, una dosis decente de sangre, desmembramientos, ¿y por qué no? Algo de romance para finalizar la mezcla. Si una novela lograba reunir todos esos componentes, era un sensacional fin de semana en la residencia Castle.
Con Xioaly la situación era similar. Ella también pasaba horas y horas leyendo en su casa para aprovechar todo el tiempo a solas que se le brindaba mientras su madre trabajaba, pero en lo relacionado al género ella tenía un gusto marcado completamente distinto al de su compañera: Fantasía y romance. No había más; si una historia no tenía influencia mágica y apasionadas escenas de amor, no era una historia siquiera. Bajo estas creencias leyó cientos y cientos de títulos que abarcaran sus caprichos.
― Hola, chicas, ¿cómo están? ― Eran dos muchachos, aproximadamente de unos 20 años cada uno. Sonreían con esperanza de lograr un contacto satisfactorio.
― B-bien ― Respondió Nathaly, trabándose un poco.
― ¿Cómo se llaman, linduras? ― Repuso el otro. ― Nosotros somos Alex y Pablo, dos hombres guapos y perfectos en todos los aspectos que normalmente estamos conquistando a una chica en particular, pero ella ahora está en Texas rescatando a un niño perdido o algo así. En fin… ¿quieren pasar el rato con nosotros?
Todo lo que Nathaly pudo escuchar fue “linduras”. Esos sujetos eran ciertamente un par de monumentos griegos a la perfección masculina cuyos encantos en definitiva podían derretir a toda fémina en el globo. Se puso roja como tomate al instante, nunca fue su fuerte hablar con los hombres (y mucho menos con los hombres guapos). Tomando esto en cuenta, era entonces la hora de que su amiga las guiara a buen puerto.
Miró con algo de emoción combinada con nerviosismo y fascinación a su compañera, que tomando en cuenta los ánimos que tenía de ligar con chicos buenos (como ella misma lo predicaba a cada tantas), tendría que estar tan emocionada como ella por haber captado la atención de semejantes galanes.
Error grave cometió asumiendo. Ya tendría que estar acostumbrada a que con Xioaly las cosas nunca eran tan simples como un “sí” o un “no”.
Xio estaba tensa, hecha prácticamente un ovillo con las piernas sumergidas en el mar y con los brazos abrazados a su cuerpo para ocultar sus llamativos pechos, apenas cubiertos por el traje de baño.
Nathaly arqueó una ceja y buscó en su mirada una explicación a tan peculiar postura, pero ella no respondió, solo se quedó con la mirada perdida en el seseante movimiento de las olas.
― ¿X-Xio? ― Llamó la chica, en un tono suplicante. ― ¿Q-qué te pasa? ¿No estás viendo lo que yo estoy viendo? Solo date la vuelta y mira lo que hemos conseguido… s-son chicos… y son guapos… y… y…
No respondió, sin embargo se puso de pie, tomó a Nathaly por la mano y se la llevó arrastrando a toda velocidad, sin esbozar siquiera una finta de explicación.
Xio no se detuvo hasta que llegaron a donde estaban sus cosas. Se resguardó bajo la sombrilla donde antes Nathaly se cubría de los rayos V, se sentó en posición fetal y bajó la mirada al momento en que se mecía de adelante hacia atrás una y otra vez, en silencio.
― ¿Qué fue eso, carajita? ― Preguntó Nathaly, que observaba con los ojos muy abiertos la marca rosada con forma de mano que se había formado en su brazo. ― Tú eras la que estaba muy emocionada con que querías ligar con chamos guapos, ¡y mira! Has sido la primera en salir corriendo cuando se acercaron.
Pero Xioaly ya no estaba escuchándola. Se había encontrado con un libro a su alcance, y apenas tuvo oportunidad lo abrió y escapó de la realidad para evitar ser regañada. Nathaly se encogió de hombros.
― Bueh, a final de cuentas yo hubiera estado muy nerviosa para hablar con alguno de ellos… creo que hiciste bien en sacarnos de ahí, me has ahorrado la vergüenza de trabarme mientras hablo, de decir cosas sin sentido y de transpirar en exceso.
Tanto Xioaly como Nathaly sabían que eran muy distintas, en realidad… es probable que fuesen las dos personas más distintas en la historia de la humanidad. Una seria, precavida y calculadora, la otra liberal, despistada y bipolar… no obstante, aún si ambas sentían dudas acerca de la forma de ser de su pareja de escritura, si de algo estaban seguras, es que mejor compañera y co-autora no podían haber conseguido aún si las hubiesen preparado en molde.
Nathaly se disponía a imitar a su amiga, decidiendo que era mejor viajar a otro mundo que pasar un par de horas sola en la playa, cuando se dio cuenta que la muy tonta de Xioaly, en su intento de escapar lo más rápido posible había terminado tomando el libro gore llamado la guillotina que ella estaba leyendo.
― Y yo que quería seguir leyéndolo ― Se lamentó, con un puchero. ― Ni hablar… a ver qué libro trajo Xio…
Rebuscó en las cosas de su amiga y encontró:
La princesa de diamantes
Un libro tan cursi que se dice, podría convertir al tigre Toño en diabético. Levantó los hombros, se sentó a un lado de Xioaly y se puso a leer.
Cuando ambas despertaron ya estaba oscuro y la playa comenzaba a vaciarse, dejando solo a un grupo de jóvenes armando una fogata enorme para una lunada de iguales dimensiones. Ambas se tallaron los ojos y trataban de quitarse el amargo sabor en la boca que tantas horas de trance les dejó.
― ¡ACABO DE LEER EL PEOR LIBRO DE LA HISTORIA! ― Gritó Xioaly, rascándose la cabeza con desesperación. ― ¡ES LO PEOR QUE HE LEÍDO EN MÍ VIDA! ¡NI UNA SOLA PIZCA DE MAGIA!
― Lo mismo podría decir de la princesa de diamantes ― Defendió Nathaly, con mal humor. ― Te juro que dijeron más veces la palabra “flores” que un catálogo de floristería. ¡Cursi hasta la coronilla! Oye, Xio… mira esto…
En la pantalla del celular de Nathaly, se mostraban más de 20 llamadas perdidas. Todas de la editora en entrenamiento que les había ayudado a inscribir la historia en el concurso.
Intercambiaron miradas, ambas mostraban ahora un nerviosismo total.
― Márcale. ― Pidió Xioaly.
Nathaly asintió y así lo hizo, mientras marcaba, activó el altavoz, puso el teléfono en el suelo y se tomó de la mano a su compañera. La editora respondió.
― ¡¿Dónde estaban, cabezonas tontas?! ¡LLEVO TODO EL DÍA LLAMÁNDOLES!
― Lo sentimos ― Se disculpó Xioaly. ―La verd…
― Eso no importa ― Les interrumpió al instante con menosprecio. ― Nenas, debo informarles que ustedes acaban de… ¡GANAR EL CONCURSO DE RELATOS DE LA MINI ALE!

Compartieron una sonrisa mutua… finalmente habían dado un paso certero hacia adelante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Bienvenido al mejor blog del universo!

Puedes seguirme en las redes sociales o suscribirte al feed.

¡Suscríbete a mí blog!

Recibe en tu correo las actualizaciones de mis relatos y cuentos. Sólo ingresa tu correo para suscribirte.