Lo Último

Amo a Zack! (Creo) (2/??)


Capítulo 2: “Sobre la ira de Steven, sobre la conducta inesperada de Rocko al respecto y sobre la perfección imperfecta de aquellos días en Los Ángeles”
Ellie
(2005, Texas)
―… Y eso fue básicamente lo que pasó.
― No… no puedo creer lo que has hecho ― Murmuró Karla, con notoria sorpresa y ciertos aires de decepción. ― ¿Lo perseguiste y fue escapando de ti que fue atrapado por el director?
Asentí, mostrando una sonrisa de arrepentimiento autocritico. Ni siquiera yo era capaz de asimilarlo, no era algo que yo haría estando en mi sano juicio, “zapatero a tú zapato”, como dice mi madre. Es solo que…
― Steve estaba muy molesto con él… ― Expliqué, como tratando de justificar mis medios. ― Y cuando me contó lo que pasó yo simplemente… no fui capaz de controlarme.
― Pero hay algo que no me congenia, Ellie ― Se negó Karla, sacudiendo la cabeza con fastidio. ― Me es muy difícil creer que Zack simplemente llegara vestido de pescado al gimnasio de la escuela y golpeara a Steven durante sus prácticas matutinas antes de destruir la oficina del director. Las dos sabemos que Zack no es tonto, no creo que sea de los que dan un paso en vano… si puede molestar a Steven sin usar una botarga como siempre hace, ¿Por qué lo haría con un traje de pez? Más importante todavía, ¿Por qué se arriesgarían Anna y Junior para hacerlo de esta forma? No creo que las “ovejas” sean tan torpes… aquí hay gato encerrado.
― Bueno, le pregunté a Zack si lo había hecho y no me respondió… para mí eso es otorgar su culpabilidad, ¿No crees?
― No estoy diciendo que no lo haya hecho, solo digo que tiene que haber algo que no sepamos…
Guardamos silencio un par de segundos. Suspiré.
― ¿Estás preocupada por lo que le pueda pasar a Junior? Es probable que sean expulsados de la escuela.
― Por supuesto que lo estoy… Junior es un amor… y tú también tendrías que estarlo… ¿No era Zack tú mejor amigo en el mundo hasta hace un par de semanas? Es precisamente por eso que me sorprende que hayas tratado de entregarlo.
―… Zack y yo… ya no somos amigos…
Ella estaba a punto de decir algo pero tras un leve desvío de su mirada guardó silencio. Miré a donde ella hizo, venía un chico delgado con largos cabellos cobrizos y rizados con una sonrisa de oreja a oreja.
― Alguien parece feliz ― Bufó Karla, apenas se acercó ― Y estoy segura que no tiene que ver con la carne misteriosa que se servirá hoy en la cafetería.
Él era incapaz de ocultar su inconmensurable felicidad, en realidad, parecía que deseaba ponerse a bailar sin  playera en ese mismo momento como si fuese un noble campirano sureño.
― ¡Es natural que esté feliz! ― Exclamó, suspirando para después impactarnos nuevamente con las impresionantes dimensiones de su felicidad. ― ¡Hoy finalmente se hace justicia! Después de estos terribles meses de corrupciones, abusos y conspiraciones, ¡HOY SE HACE JUSTICIA!
― Veo que le has contado que Zack Mosh está en dirección. ― Señaló Karla, con sarcasmo.
― ¡Así es! ― Asintió él, radiante. ― ¿No sienten como que ganas de bailar? ¡Yo sí!
Karla dirigió su mirada para con la mía, en su gesto se denotaba cierta insatisfacción con la situación. Esbocé un puchero leve y me encogí de hombros.
― Pero bueno… ― Me froté la frente. ― Es merecido que pague por sus pecados… ¿No?
― Justo le decía a Ellie… ― Arrebató Karla, acercándose desafiante a Steven. ― Que me parece muy excesivo incluso para Zack destruir la oficina del director y después atacarte durante tus prácticas matutinas… ¿No lo crees así tu también, Steven?
― ¿Eh? ― Titubeó, con nerviosismo. ― Eh… eh… claro, claro que sí… así es… si… por cierto, miren, ahí viene Rocko… ¡Hey, Rocko!
El chico de peinado mohicano hizo acto de presencia a su llamado, llevaba una playera de tirantes con aquella famosa fotografía de Bob Marley sonriente y lucia un brazo derecho ya casi tan tonificado como el izquierdo.
― Es impresionante lo bien que te has recuperado ― Observé, sonriente.
― Ah, ¿Estabas disfrutando de mi aspecto? ― Bufó, coqueto y mostrándonos a todos como se veía su brazo ejerciendo presión. ― ¿Qué opinan? ¿No estoy incluso más papito que antes de que se me rompiera el brazo? Esto se debe a horas y horas en el gimnasio, luego les presentaré a mi entrenadora, es una…
― Detén ahí mismo tus caballos ― Interrumpió Karla. ― Estabamos hablando del supuesto ataque de Zack Mosh a las oficinas de la escuela Y a Steven, ¿Qué opinas al respecto?
Me tensé al instante, recordé aquella ocasión en que Helena me llevó a ver el verdadero rostro de Zack, este de una forma u otra se las arregló para poner a Rocko en contra de su mejor amigo y protector y le hizo golpearlo. De eso apenas era un mes, era evidente (al menos para mí) que a Rocko no se le debía de hablar de Zack para evitar hacerlo sentir incomodo. Todos mis pensamientos negativos fueron en vano, pues Rocko sonrió al instante, despreocupado.
― ¿Así que atraparon a Zack, eh? ― Preguntó. ― ¿Entonces fue él el que causó el alboroto ese tacleando al director y destruyendo la oficina?
― En realidad fue Ellie quién lo atrapó ― Agregó Karla, arqueando una ceja. ― Lo que no me encaja aquí es que Zack y su grupo se hayan arriesgado de esta forma por simple vandalismo. Tú conoces bien los estilos de las “ovejas”, ¿No? ¿Crees que ellos se lanzarían al precipicio por un simple momento de diversión?
Él dudó por varios segundos, pero después respondió, con una sonrisa de oreja a oreja.
― Lo dudo mucho ― Explicó, poniendo sus ojos en blanco. ― Zack es muy listo y táctico, Anna es muy precavida y ordenada y Junior es un genio en toda la extensión de la palabra… en cuanto a Nahomi Dawson y Mike Mattews, bueno ellos dos son algo así como el toque de razón en el grupo… por donde lo mire, son todos gente pensadora… si las cosas pasaron como lo están contando ustedes, estoy convencido de que hay gato encerrado… aunque ahora que lo pienso un poco mejor… ¡¿ELLIE ENTREGANDO A ZACK?! ¿Cómo es que terminé en esta extraña dimensión en que Ellie entrega a…?
Guardó silencio de pronto, pensé que era por mi mirada suplicante; sin embargo su mirada estaba enfocada en otro lugar… ya desde ese instante sabía que algo no planeado ni en los peores pronósticos estaba ocurriendo
― Pues no sé que opinen ustedes ― Murmuró, señalando con su dedo índice al gimnasio. ― Pero yo los veo muy felices como para que les hayan  expulsado a su líder o que lo hayan castigado siquiera.
Los 3 miramos a donde Rocko nos indicó; era verdad: Zack, Anna y Junior caminaban junto con Elizabeth, todos ellos sonrientes y alegres (excepto Anna, que parecía estar muy molesta, pero la felicidad de los otros recompensaba con creces su amargura).
Busqué a Steven al instante, él también había ya desviado su mirada, ahora se enfocaba en el suelo, mientras apretaba ambos puños con tanta fuerza que si estuviera enterrándose sus uñas seguramente ya estaría sangrando.
― Steven… ― Murmuré, con preocupación. ― ¿Qué te pasa?
― Siempre se las arregla para escaparse de sus problemas, eso pasa…
― O quizás están felices de haber sido expulsados ― Sugirió Karla. ― ¿Puede pasar, no? Se puede dar el caso de que estén felices por tener tantos meses libres o algo así…
― No… eso no es… ― Musitó Steven en un tono pausado. En su frente comenzaba a marcarse una vena. ― De cualquier forma, para Zack Mosh y sus amigos cada día en esta escuela son vacaciones… y todos nosotros somos sus payasos…
― Oye, viejo ― Intento tranquilizarlo Rocko. ― No te lo tomes tan a pecho, seguramente eran inocentes y lo probaron o quizás por ahora les han pausado el juicio, no tienes por qué…
― ¡No! ― Interrumpió él, con un pesimismo notorio, me era difícil pensar que hacía apenas unos minutos era él el que quería ponerse a bailar por la justicia que reinaba y ahora vaticinaba un mundo lleno de falsedades. ― Hay que ser realistas y asimilarlo: en esta escuela NUNCA van a expulsar a Mosh… hoy ha golpeado al director, me ha golpeado a mí y ha destruido una oficina, ¡Y mírenlo! ¡Acaba de besar a la capitana de las animadoras y ha entrado al gimnasio con una sonrisa gigantesca!
― ¡¿BESAR?! ― Grité, volviéndome al instante al gimnasio, naturalmente ya no estaban ahí. ― M-más importante que eso… es mejor que no le tomes importancia, Steven… nada ganas molestándote por ello… como has dicho… es un chico astuto y…
― Eso te encantaría, ¿NO? ― Desafió al instante. ― Sé que independientemente de lo que pase tú siempre vas a sentir un hormigueo en el estomago cuando lo veas pasar, ¡Seguro solo quieres que lo deje en paz para que puedas volver  a sus brazos! ¡¿NO?!
― ¡Dije que te tranquilices, VIEJO! ― Se interpuso Rocko, encarando a Steven de frente y velando por mí, que comenzaba a temblar y a estremecerme por la inesperada hostilidad que Steven generaba contra mí, que solo trataba de ayudarle.
Steven tronó sus dientes y se dio la vuelta. Se alejó de nosotros, lanzando chispas. Nunca lo había visto tan enojado.
Guardamos silencio un par de segundos, fue Rocko quien rompió el hielo.
― N-no vayan a enojarse con él… solo está tan molesto que no es capaz de contenerse… conociéndolo seguro en un rato les pide disculpas… creo que esto de que Zack se haya librado del castigo realmente le pegó duro.
― ¿Tú crees? ― Preguntó Karla sarcástica, que hoy andaba en llamas para soltar comentarios afilados. ― ¡Mira que arremetió contra Ellie y le recriminó haber sido buena amiga de Zack! Me preguntaba si le guardaba rencor por eso, comenzaba a dudarlo tomando en cuenta que ya había pasado bastante pero ahora lo sacó de la nada ¡Rayos!
Con la mirada baja escuché lo que cada uno tenía que decir, pero yo tenía dos cosas claras en mente por las que pensar:
1.- Steven aún guardaba resentimiento para con mi persona por haberme hecho amiga de Zack y era una conversación que tarde o temprano debíamos tener.
2.- Rocko hasta ahora, siempre se había referido a Zack como “Mosh”, ¿Por qué empezar a llamarlo por su nombre tan de pronto?






(2010, Los Ángeles)
― El tiempo es dinero cuando se trabaja en el extenso mundo de la venta de alfombras, siempre, pero siempre debes de tener en cuenta lo siguiente:
“Por cada alfombra existente en el mundo, existe alguien a quién vendérsela”
― Por eso, yo como empleada del mes en el glorioso imperio de las alfombras “El mundo de las alfombras”, me esfuerzo al máximo vendiendo alfombras, pues soy conocedora de que como vendedora, es mi deber, mi obligación y mi compromiso para con el mundo, de poner una superficie suavecita y calientita en los pisos de todos nuestros clientes.
Guardé silencio y dejé que todo el público se uniera en vítores (solo estaban Shirley, Javier, el señor Logan y el calvo Ned, ese hombre loco que amaba a las alfombras más que a nada) y en realidad solo el calvo Ned y el señor Logan aplaudían, pues Shirley y Javier estaban muy ocupados twiteando su vida como para vivirla.
― ¡Excelente discurso de triunfadora como empleada del mes! ― Felicitó el calvo Ned, acercándose a mí aún aplaudiendo. ― ¿Sabe, señorita? Cuando la conocí debo admitir que estaba decepcionado con el señor Logan, “¿Contratar una novata?” pensaba, “¡Que locura!”.
― Señor Ned ― Murmuré, algo nerviosa y encogiéndome a cada paso que daba para acercarse a mí lado. ― Ya puede dejar de aplaudir… en… en serio… normalmente los aplausos se detienen… y…
― ¡Los aplausos se detendrán cuando mis felicitaciones a usted cesen! ― Explicó, con fascinación y esta vez acorralándome contra mi asiento. ― Ahora, como le decía… aunque no estaba de acuerdo en que el señor Logan contratara a una novata, veo que vio en usted un potencial alfombrero notable… ¡No puedo creer que no lo haya visto yo también antes!
― Señor Ned, en serio me está asustando… por favor deténgase ― Ordené, arrinconándome cual bestia acechada. ― A-además… s-si dice que no vio en mi el potencial… ¿No debería de aplaudirle entonces al señor Logan y no a mí?
El calvo Ned procesó mi lógica por varios segundos, incluso dejó de aplaudir. Una vez terminó de computar todos y cada uno de los cabos de mi revolucionaria visión, se dio la vuelta y comenzó a caminar aplaudiendo en dirección al señor Logan, que se encogió de hombros y me dedicó una mirada de “¿Y yo que te hice?”.
Apenas me vi libre de aquel pesado marcaje, me escabullí por entre los pasillos. Shirley y Javier me siguieron al instante, cada uno se tomó de uno de mis brazos.
― Hola. ― Les saludé. ― Mucho tiempo sin verlos colgando de mis brazos, ya saben… como desde hace 5 minutos cuando empezó la ceremonia de premiación al empleado del mes.
― Pero que ridiculez, ¿Verdad? ― Bufó Javier, en su usual y afilado tono “amanerado” de decir las cosas. ― Mira que cada mes es lo mismo, no puedo creer que el señor Logan le haga caso al calvo Ned con esto de que hay que hacer una ceremonia para premiar a todos aquellos que se entreguen en cuerpo y alma al alfombrado… sencillamente ridículo.
― Lo curioso es que el sujeto ni siquiera ha comprado una sola alfombra en este lugar ― Agregó Shirley, carcajeándose. ― Y aún así tiene más poder que nosotros que tenemos trabajando aquí desde hace ya un par de años.
― Bueno, es que sabe mucho de alfombras ― Complementé con sarcasmo. ― ¿No vieron como sermoneaba a aquella familia china antes de la ceremonia? ¡Estuvo dos horas contándoles cosas de alfombras! Me recordó un poco a aquella ocasión en que Oprah regañó a Clark por maldecir mientras le maquillaban para salir en el programa…
Shirley y Javier se detuvieron en seco, al estar aferrados a mis brazos casi me caigo por su repentino freno. Miré en estéreo buscando una explicación. Ambos me miraban con los ojos muy abiertos, después, tan sincronizados como siempre: sonrieron y reflejaron en sus ojos un inmenso brillo de orgullo.
― ¡Impresionante! ― Exclamaron los dos al mismo tiempo.
― ¿Qué pasa? ― Pregunté.
― ¡Has dicho un comentario afilado de la farándula completamente aplicable a la situación! ― Felicitó Shirley, abrazándome como si fuera su hermana.
― ¡Y no solo eso, has hecho una cita a la excentricidad del Calvo Ned y la has comparado con los valores de Oprah! ― Javier me abrazó por igual. ― ¡Eres una de nosotros, linda!
Sentí una dulce sensación de hormigueo en el vientre, quizás era porque con su apretujado abrazo me aplastaron la vejiga, pero me sentí muy feliz por ser considerada parte de ellos con tan solo 3 meses de conocerles. No había que ser un genio para saber que Shirley y Javier eran un combo incondicional, sentirme el refresco de esa hamburguesa con papas era sencillamente, sensacional.
― Muchas gracias, chicos ― Agradecí con lagrimas en los ojos, correspondiendo a su abrazo. ― Prometo no defraudarlos.
― Más te vale, ¿Eh? ― Advirtió Javier, en tono serio (reducido notoriamente por su acento afeminado) ― Que la última vez que añadimos a una en el grupo nos traicionó apenas se volvió famosa.
― ¿En serio? ― Pregunté, anonadada. ― ¿Quién era?
― La mataviejitos ― Aseveró.
Iba a carcajearme en ese justo momento, pero Shirley con sus grandes ojos se las arregló para informarme que eso no había sido una broma.
― E-en fin… ― Cambié de tema. ― ¿Qué harán este fin de semana?
― Fiesta de té con mi amigo Juan ― Maulló en tono coqueto Javier. ― Creo que podría ser la noche, ¿Qué opinan ustedes?
… como sé que este tipo de conversaciones pueden no gustarle a más de uno… mejor nos saltamos esta parte y nos adelantamos hasta el momento en que Shirley pregunta:
― ¿Y tú que harás, Ellie? Una vez dejamos bien en claro lo que pasaría con Javier y su amigo este fin de semana no veo por qué no podamos cambiar de tema.
― Zack me va a llevar a cenar hoy a un restaurante nuevo que está en Anaheim, y pasaremos el fin de semana acurrucados en casa, como ha estado teniendo problemas buscando trabajo nos hemos visto muy poco y aprovecharemos este fin de semana para desquitarnos.
Como es común en ellos, intercambiaron miradas de complicidad y empezaron a fantasear con los mejores títulos románticos del cine y del teatro como su evangelio, me recomendaron cientos de opciones de vestimenta, me dieron algunos tips para echarme una noche exitosa a la bolsa y hasta me recomendaron que tendría que comer para no quedar inflada.
― Va a ser una noche perfecta ― Aseguré, cuando había ya llegado finalmente mi hora de salida. ― Así es cada día con mi Zack. ¡Les cuento el lunes!
Mientras caminaba por las calles, recordé como fueron los primeros días en nuestra nueva ciudad: me perdía fácilmente cuando caminaba por las calles, siempre terminaba pidiéndole indicaciones a un peatón, me inundaba un terrible miedo cada vez que daba un paso fuera de la ruta trazada del departamento al trabajo y no conocía a nadie. Solamente, claro, a Zack.
Sin embargo, con el paso incesante del tiempo eso fue cambiando, aprendí los nombres de las calles, me animé a explorar más y más, conocí gente de a poco y finalmente un día, me desperté confiando en mi nueva ciudad… aquella a la que ahora me enorgullecía llamar Hogar.
En un principio fue difícil, me era imposible ver a Los Ángeles de una forma que no fuera una especie de enemigo que deseara terminar conmigo y arrebatarme todo. Y es que pareciera que la muy malintencionada de la ciudad buscaba ponérmela difícil, pues puso en mi camino varias piedras, que aunque al principio parecían ser solo pequeñas manchas en el sendero, conforme más pasaba el tiempo demostraban ser en realidad montañas inamovibles.
Dicen que la fe mueve montañas, bien… me apegué a eso.
Por un momento perdí la esperanza, estaba aterrada y casi convencida de que no podría contra semejante obstáculo… fue entonces, que recordé que desde hacía ya más de 3 años, no estaba sola. Tenía 3 años compartiendo sendero con alguien más.
Zack, mi esposo, me ayudó a salir adelante. Se encargó de las montañas que amenazaban la perfección de nuestro sendero y ahora juntos solo teníamos que encargarnos de recorrer nuestro camino con tranquilidad.
Toda mi vida siempre fui una chica planificadora, perfeccionista. De las que buscan que todo salga de acuerdo al plan, que no quieren errores, que no quieren manchas en mantel blanco y que buscan que todo siempre salga de acuerdo al plan.
Mentiría si dijera que amé a Zack desde el primer momento en que lo vi, o que desde que lo vi a los ojos supe que quería pasar toda mi vida a su lado. En realidad, él fue un cambio radical en mi plan de vida, pero fue el cambio de planes más maravilloso y perfecto de todos… nunca, en ninguna vida podría pensar en alguien más indicado que él para compartir un sueño fantástico, que es alimentado por nuestro amor tanto como por nuestras convicciones. Juntos tendríamos una vida perfecta a partir de ahora.
Así es… todo era perfecto.
Llegué a nuestro edificio, él sol comenzaba a ocultarse bajo los gigantescos rascacielos que se divisaban a la distancia en el horizonte y con su partida llegaba también una fresca brisa que me hizo abrasarme a mí misma.
Iba a entrar al edificio cuando una serie de sonidos repetitivos captaron mi atención, me detuve y me di la vuelta. Grave error.
Ella justo estaba terminando. Dio un giro y…
Me miró, con aquellos ojos azules cual zafiros que inmortalizan su ya de por si despreocupada aura de adolescente.
― Oh, ¡Ellie! ― Exclamó, jovialmente y esbozando una sonrisa. ― ¡Hola!
Ella ya no era más una montaña… ya no era una piedra… sin embargo, siendo tan invisible como el viento se las había arreglado para inculcar en mi un sentimiento mucho peor que la inseguridad o los celos: la culpa.
Era injusta, yo lo era también… las dos lo éramos, solo que de formas muy distintas. Y la que quedaba como la mala a final de cuentas era yo, interesante giro de papeles. Bueno, no me importaba en realidad siempre y cuando lo que yo protegiera estuviese intacto, y así era de momento… pero aun así… la sensación seguía haciendo acto de presencia. Ella era la provocadora, detonante, ejecutora y patrocinadora de la perfección imperfecta que vivimos durante esos días.
― Hola, Ruth. ― Sonreí, amable. ― ¿Cómo estás?

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