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Caminar inexistente


Caminar inexistente.

Ella se despertó una mañana y descubrió que no existía…

Ya no sentía el roce de las cobijas con su piel, el fresco de la mañana no le provocaba frío.

Su respiración, aunque constante, no brindaba aire a sus pulmones.

Sentía sin sentir… respiraba sin respirar.

Sintió miedo de salir de su cama. Temía que al poner los pies en la tierra fuerzas más allá de su comprensión le arrastraran a olvidar lo poco que quedaba de aquellos días en que solía ser alguien… si es que alguna vez lo fue.

Solo quedaba vivir en su inexistencia. Nadie la esperaba en ningún lugar, ninguna antigua amistad se preguntaba por su paradero y nadie nunca la mencionaría en una nostálgica charla de recuentos del pasado.

Ya no tenía motivos por los que preocuparse… y tampoco le era posible saber si algún día los tuvo…


Las fechas marcadas del calendario…
¿Por qué dejó de existir?
El marcador en su novela de García Márquez…
¿Existió alguna vez?
Una campanilla de viento…
¿Si fue así… quién fue?
Una tarde en el parque…
¿Alguien la amó?
Una estampilla nueva…
¿Ella amó de vuelta siendo ese el caso?
Un café por la mañana…
¿Tuvo una buena vida?
Un paseo a la orilla de un lago…
¿Hizo el bien? ... ¿o quizás el mal?
Una limosna por compromiso…
¿Qué le esperaba ahora que todo había terminado?



Aunque ya no existía, eventualmente se puso de pie, y descalza comenzó a andar sin que le importara la nada que dejaba atrás. Con la mente en blanco permitió que el camino marcara y lastimara las plantas desnudas de sus pies… no importaba, el dolor no podía herir a un fantasma de carne y hueso.

El paisaje que se dibujaba a sus ojos era grisáceo a cada paso que daba... deprimente, lluvioso y abandonado… casi tan patético como ella misma… ¿en ese triste parque solía divertirse? ¿Con este desolado entorno solía sonreír?

Concreto… jaulas… llaves antiguas y soldadura oxidada…  todas, memorias pérdidas.

Curiosamente, en medio de la inexistencia fue capaz de comprender la existencia que le rodeaba. Comprendió por qué la gente miente, por qué existen las sonrisas falsas, las lágrimas vacías y los corazones rotos; repudió las razones, así como el conocimiento mismo, y después, siguió caminando.

Aprendió a apreciar las mentes artísticas, las personalidades soberbias y las actitudes altaneras. Descubrió de todo un poco, estudiando a las sombras que se topaba en su incesante caminar.

Vio al rico y poderoso con los mismos ojos que vio al pobre y necesitado y comprendió que las diferencias no existen, que el tamaño de una persona no se puede medir por el tamaño de su bolsillo ni por ningún otro medio.

Observando a las sombras, descubrió que las lágrimas y las risas se guardan en el mismo corazón y siempre vendrán por igual. Sin importar que tan feliz pueda ser alguien, será imposible no llorar… y viceversa, sin importar que tan triste y miserable se pueda ser, siempre se podrá sonreír.

Tropezó con varios caminantes, sus rodillas sangraron al igual que las de los demás... y como aquellos fuertes de voluntad, se puso de pie a su lado.

Descubrió la satisfacción de cumplir una meta. Abrazó y felicitó a los ganadores, y consoló y respetó a los perdedores.

Nunca vivió en su inexistencia, pero vio el vivir de quienes conoció en su andar. Entonces, justo como cuando su inexistencia dio inicio, siguió caminando.

No se sabe por cuánto tiempo caminó, tampoco se sabe a donde fue. Su inexistencia fue el manto protector que evitó que superficiales realidades como el tiempo o la ubicación fueran capaces de atarla y le aprisionaran con aquello que provoca la miseria e inexistencia de muchos.

Me la imagino recorriendo un campo nevado en plena tormenta… con la mirada fija al frente, sin dudar por un instante aún cuando la helada parece ser capaz de derribar a todo lo que le haga frente… aún así, sé que no se detendrá y seguirá moviéndose.

Tal vez, en un distante futuro o en un lejano pasado ella logre encontrar la respuesta que todos buscamos en nuestro interior. Es imposible saber si algún día existió o si algún día lo hará… solo ella sabrá si en su blanco, constante, indiferente y frío caminar hay interés de llegar a una respuesta… lo que es seguro es que no se detendrá… pues aún en la inexistencia, siempre se tendrá la libertad de seguir caminando… dejar huella o no, no importa en absoluto.

2 comentarios:

estela madero dijo...

mi comentario es mas bien un gran reconocimiento a tu estilo artistico, asi como un motivo para seguir usando mis mascaras para evitar dejar verme tal cual soy; a veces culpable, otras responsable y otras innutil en los esfuerzos que hago para seguir siendo yo, me reconozco en esta que para mi gusto es el principio de una gran novela que es util alimento para los espiritus mas fragiles y fuertes a la vez. te lei por primera vez. quiero aprovechar el espacio para desearte el mayor de los exitos. hago manifiesto mi mas profundo respeto y admiracion por tu hermoso y provechoso trababajo. tu fan numero tres tu amiga Lucy Madero. Lograste tocar mis mas sencibles fibras.

Mario Chaparro dijo...

Lucy! Que sorpresa encontrarte por aquí, muchas gracias por la lectura! Significa mucho para mí. Un abrazo, que estés super!

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