Lo Último

Breyta! (1/??)


Capitulo 1: Mi llegada a la residencia Clearwater versión Texas.


¿Saben? Cuando yo vivía en Nueva York mi idea de hogar era únicamente el del lugar al que uno llega en la noche para dormir y en el que uno puede guardar sus pertenencias, cuando se vive en la ciudad más majestuosa del mundo y se es joven y aventurero es natural pasar todo el tiempo explorando y conociendo los misterios que esos 830 km2 divididos en 4 distritos  guardan dentro de sus entrañas. Y es que llega a haber un punto en la vida de todo neoyorquino en que se siente la necesidad de conocer a cada uno de los co-habitantes para disfrutar de la inmensa diversidad que existe en los alrededores; por supuesto, apenas todo neoyorquino se entera que hay 8.4 millones de personas esperando ser conocidas los planes se ven obligados a cambiar un poco y uno termina limitándose a conocerse únicamente a sí mismo.
Sin embargo, existen otros lugares, lejos de la inmensa metrópolis, en que los hogares no son únicamente un lugar para llegar a dormir y guardar pertenencias… y no solo eso; sino que los hogares son también una especie de estructura, unida y funcional en donde cada huésped tiene una función específica para mantener el lugar en funcionamiento y con aspecto pulcro… esperen, eso no es lo peor… la historia se vuelve más aterradora todavía… la gente pasa ahí… la mayor parte del día… ¿Terrorífico, no?
Bueno… quizás estoy exagerando un poco, ¡pero vamos! Pasé toda mi vida en un entorno tan ajeno a lo que uno llama “ambiente familiar” que no se me puede culpar por sorprenderme ante esta clase de novedades, ¿Cierto?
Seguro ahora se estarán imaginando a lo que voy, ¿No? Seguro ya se empiezan a imaginar cuales fueron mis impresiones al llegar a la casa que sería mi hogar por 3 largos años hasta terminar la preparatoria. Pues debo decir que tienen razón, ese es el punto al que quería llegar, mi aterrizaje en un planeta completamente desconocido, con costumbres nuevas, con un ambiente extraño y con un grupo de personas completa… bueno, ya entendieron el punto, ¿Cierto? Entonces vayamos directamente a lo que fue mi primer día en Texas:
(Martes 6 de Marzo, 2007, Texas)
Respiré hondo y me impregné del tan mencionado por mi padre “aire limpio”, no era la gran cosa he de decir; de hecho, para ser honesta, era exactamente el mismo aire que Nueva York; aunque quizás eso se debía a que recién estaba bajándome del avión y mis pulmones aún no se habían impregnado de la que sería mi nueva esencia.
― Más te vale que este aire sea tan bueno como dices, papá. ― Pensé, con resignación.
Los aeropuertos no me gustan, es un fastidio tener que andar buscando tu maleta en la ruleta esa que va y viene; y de hecho los empleados que las ponen ahí en primer lugar las maltratan de una forma horrible; de no ser porque llevaba mi laptop a mi lado durante el vuelo probablemente me hubiera puesto a rezar para que sobreviviera al ya mencionado maltrato que se les da al resto del equipaje.
Pero bueno, no debo de clavarme en estos detalles que me provocan ansiedad; volvamos al hilo natural de la historia que si nos clavamos en cada detallito no terminamos nunca.
Tomé mis maletas y después salí a la sala en que todos los que llegan a recibir a alguien esperan, varios de hecho llevaban papeles con un nombre escrito, había todo tipo de nombres escritos: Rajeshninsten, Einstein, Josesito, Michael Jackson Quiñonez y hasta había uno que decía Sharon.
Me detuve precisamente en ese letrero con extrañeza, ¿Tantos años habrían pasado para que mi tía no me reconociera? Miré a la dueña de dicho señalamiento, era una señora rubia de unos 50 años, no se parecía en nada a la tía Eva que yo recordaba.
Aunque bueno… pensándolo bien, habían pasado ya unos 7 años desde la última vez que nos habíamos visto, es natural pensar que el tiempo suele hacer estragos en las personas mayores… de hecho, si le aumentábamos unos 50 kilogramos y una bolsa de arrugas a mi recuerdo de la tía Eva el resultado era bastante cercano a aquella mujer. Con estas creencias, me acerqué a ella, nerviosa.
― Buenos días ― Saludé, soltando una risa nerviosa. ― Yo soy Sharon…
― No me digas ― Murmuró la mujer, soltando una mirada de sorpresa. ― Eres más joven de lo que esperaba…  ¿Cuál es tu secreto?
― Tener 16 años… dormir 8 horas diarias… no es gran cosa…
― ¡¿16 años?! Eso no me lo mencionó mi jefe de oficina… ¿No eres muy joven para ser una publicista? Aunque bueno, mientras más joven empieces más terreno podrías cubrir, ¿Cierto? Bueno, te llevaré al hotel para después…
― ¿Sharon? ― Preguntó una familiar voz femenina a mis espaldas.
― Eh... señora… ― Murmuré, en tono avergonzado. ―Creo que me equivoqué… usted siga buscando a su Sharon mientras yo me doy la vuelta y pretendo que nada pasó, ¿Trato?
Me di la vuelta sin esperar una respuesta, ante mí se encontraba una mujer que aparentaba unos 30 años de un rizado cabello rubio, piel bronceada y estatura chica; llevaba su cabello atado a una cola de caballo y vestía con una blusa rosa y unos jeans de mezclilla: esa SI era mi tía Eva.
― ¡Sabía que eras tú, Sharon! ― Exclamó, mientras abría sus brazos y me indicaba que era hora del clásico abrazo de reencuentro nostálgico. ― ¡Mira cómo has crecido! Pero no has cambiado nada, tu rostro sigue siendo el mismo.
Ahora mismo caído en cuenta de que no les he contado como soy físicamente, ¿Cierto? Bueno, para no tenerlos flotando en el aire por más tiempo voy a decírselos, pero solo lo haré una vez pues no soy de esas que se sienten muy orgullosas de su cuerpo así como tampoco soy de esas que se avergüenzan del mismo, simplemente soy de las que se limitan a usar su cuerpo sin pensar en cómo va la carrocería.
Soy bastante alta, por aquellos tiempos tendría unos… 1:75 más o menos creo yo, flacucha de caderas medianamente anchas y zancas de rana por piernas, de cabello rubio a peinado corto aproximadamente hasta la mitad del cuello (para no batallar con el peinado y por otra razón que no les contaré aún), de piel ligeramente bronceada y con ojos café claro.
― Usted tampoco ha cambiado nada, tía ― Respondí, diciendo lo primero que se me vino a la mente.
― ¿Por qué hablabas con esa mujer? ― Preguntó, en tono curioso antes de separarnos.
― ¿Eh? Ah, no es nada, ella estaba confundida y yo estaba ayudándole… ¿Nos vamos?
― Ah, claro, claro… ¡Vayamos a casa! ¿Te ayudo con una maleta?
― N-no creo que haga falta, soy una chica joven después de todo.
― No seas tímida ― Se negó, arrebatándome de mi mano izquierda una de mis valijas. ― Chelsea quería venir a recibirte conmigo pero como ya empezaron las clases no pudo venir, pero no sabes lo emocionada que se encuentra por tenerte de vuelta.
Chelsea Clearwater, una prima de mi edad con la que solía tener amistad cuando nos veíamos en las visitas familiares, era muy alegre y animada, cuando éramos pequeñas ella siempre se inventaba divertidas historias para interpretar jugando a las muñecas o jugando a la casita, recuerdo incluso que en una ocasión llegamos a jugar a ser superhéroes en nuestra etapa de “locas por los power rangers”; muy a nuestro modo, creamos una historia en que el mundo necesitaba de ser salvado por dos superheroinas llamadas “Cholín y Cholina”, que eran unas delincuentes de barrio (para otros serán cholos, vándalos o flaités) que utilizaban sus súper poderes de delincuentes para salvar a la ciudad de toda clase de peligros… ¿No queda suficientemente claro? ¡No puede ser, si la historia tiene un argumento muy simple y entretenido! Esto no se puede quedar así, voy a hacerles una pequeña reproducción para ver si les queda claro:
***** Flashback *****
― ¡Cholina! ―Exclamó la pequeña y tierna Chelsea de 6 años, agitando su mano en mi dirección. ― ¡Va a aplastarte ese dragón!
― Oh, no… ―Lamenté. ― Sálvame por favor, Cholín.
― ¡NO dragón, NO! ―Gritó Chelsea, con todas sus fuerzas. ― ¡Listo, te he salvado la vida!
― Muchísimas gracias, Cholina, eres mi heroína.
***** Flashback *****
¿Genial, no? Aunque ahora que lo recuerdo… me parece que a mí no me gustaba tanto el juego como a Chelsea… pero eso no es importante ahora, el asunto es que Chelsea para mí siempre fue una chica energética y alegre con una imaginación enorme y  espíritu vivaz. Por muy contraria que fuese su personalidad a la mía (siendo yo la viva imagen de la quietud y la pasividad) estaba emocionada en el fondo por reencontrarme con aquella chiquilla que hizo que varios momentos de mi infancia se volvieran mucho más coloridos, me emocionaba la posibilidad de que al igual que en aquellos días, ella agregara color a mis años venideros.
― Tengo mucho sin ver a Chelsea ― Observé, encogiéndome de hombros. ― Me siento algo mal porque voy a invadir en su espacio...
― Para nada mi cielo ― Me detuvo ella de inmediato. ― Somos familia, ¿Cómo podrías considerar tu llegada como una invasión? Quiero dejarte algo muy en claro desde este momento, cielo…
Se detuvo frente a las puertas del aeropuerto, se giró y me miró con seriedad vivaz, luego esbozó una sonrisa casi al instante.
― A donde nos dirigimos no es a mi casa, y en donde vas a dormir no es el cuarto de Chelsea…
― ¿Ah, no? Eso si es inesperado… no me diga que yo me voy a quedar en otro…
― Vamos a NUESTRA casa y en donde vas a dormir es en TU cuarto.
Un simple comentario que seguramente todos aquellos que reciben un huésped por largos periodos de tiempo en su casa han dicho, seguramente estarán pensando “ah, son lindas las palabras que ha dicho”, ¿Cierto? Yo opino igual… sin embargo, ni siquiera palabras tan concretas y tranquilizadoras son suficientes para hacerte sentir en casa cuando llegas de improvisto a aprovecharte de la buena fe de unas personas con quien apenas y has tenido contacto en muchos años… no puedo explicarlo… me sentí incluso un poco mas incomoda, aun cuando creí que eso sería ya imposible.
― E-está bien… gracias, tía Eva.
― ¡Así me gusta! ― Sonrió. ― Ahora vayamos a casa.
La tía Eva conducía un PT Crussier azul oscuro, de esos que hicieron usando como base autos antiguos y que se pusieron muy de moda al inicio del siglo XXI, cuando iba a subirme pude notar que la limpieza del auto era cosa seria, pues sobre los tapetes tenía bolsas de plástico protectoras.
― Es qué si no las pongo así me tardo varias horas limpiando cada semana ― Explicó. ― Te digo que no entiendo cómo es que los zapatos se ensucian tanto, ¡Pareciera que camináramos sobre la tierra todo el día!
Entonces aprendí la que sería la regla número 1 de la buena convivencia con mi tía Eva:

** ¡LISTA DE REGLAS PARA CONVIVIR EN ARMONÍA CON LA TÍA EVA! **
Regla #1: NUNCA ensucies el auto
Ella encendió el automóvil y marcamos rumbo.
― ¿Tienes hambre? ―Preguntó. ― ¿Quieres que vayamos a comprar algo para comer? Tengo entendido que la comida de avión es un asco y tú estás en pleno crecimiento.
― Bueno, no lo sé… mi estomago parece aún no haberse enterado de que estamos en otra ciudad y tengo miedo de que extrañe la contaminación de la comida rápida de Nueva York… planeaba darle papilla por etapas o algo así para que se fuera acostumbrando de poco a poco.
― ¿Papilla? ¿En serio? Para nada, cielo… ¡Estás en Texas! Que aunque está en el sur de Estados Unidos solía ser parte del norte de México, ¿Sabes lo que eso significa?
― ¿Qué hay una notoria influencia cultural? ¿Qué  gran parte de los nombres de las calles y ciudades están en español?
― ¡Que aquí vivimos por y para las parrilladas! ¡Res, Sharon, te estoy hablando de la res! ¡Toda la que puedas comer! En trozos de carne asada a la parrilla, al carbón, en brochetas, en hamburguesas… ¡Tú decides!
― En realidad nunca he sido muy carnívora, pero…
― Pues lo vas a amar ― Me acarició el hombro, con emoción. ― ¡Te lo aseguro! En cuanto lleguemos a casa le llamaré a tu tío George para que compre lo necesario, ¡Será tu parrillada de bienvenida! ¿No te emociona?
― Bueno… no sé… jejeje…
Ella sonrió.
― Confío en que tu timidez se irá disminuyendo con el paso de los días, de lo contrario vas a pasar 24/7 titubeando en todo durante 3 años, ¿Eh?
― Lo siento. ― Me disculpé.
― No te disculpes, discúlpate cuando acabes con 40 kilogramos de carne durante la parrillada.
Entonces aprendí la segunda regla de convivencia  en armonía con la tía Eva.
** ¡LISTA DE REGLAS PARA CONVIVIR EN ARMONÍA CON LA TÍA EVA! **
Regla #2: Nunca podrás guardar silencio estando con ella alrededor.
En ese momento me dio curiosidad de cuantas reglas terminaría descubriendo… el número final realmente es impactante… no, no se los voy a decir aún…
Ahora seguramente estarán pensando que sí que me gusta guardar secretos, ¿No? Bueno… lamento decirles que tienen razón, amo hacerlo… ¿Pero no es eso bueno? Al menos saben que en un futuro recibirán buenas gratificaciones por su paciencia, justo como en el jardín de niños las maestras nos entregaban estrellitas en la frente cuando nos portábamos bien.
Y ya que hablo de las maestras de jardín de niños, la tía Eva no era muy distinta a ellas, bastaba con escucharla hablar para darme cuenta que era una persona creyente en que las gratificaciones son parte importante de un buen accionar. “Si Chelsea sale bien en la escuela este año le compraremos un auto, así podrán compartirlo y vivir sin cadenas”, “Si Ellie se gradúa con honores prometimos pagarle un departamento para la universidad, y ya que ella es tan inteligente es muy probable que tengas tu habitación propia el año próximo” o “Si tu tío George mueve bien sus cartas puede que esta noche… espera, ¡¿Qué cosas estoy contándote?! Lo siento querida” fueron claros ejemplos de su visión al respecto… me causó gracia que en un simple viaje en auto de media hora aprendiera tanto de ella… me dio la impresión de que era un libro abierto… que equivocada estaba. (Así es, ¡Otro secreto que no se explicará en un futuro cercano! Lo siento, no pude soportarlo… trataré de dejar de hacerlo al menos hasta el final de este capítulo).
Finalmente llegamos a la casa que sería mi refugio durante los próximos 3 años: la residencia Clearwater sucursal Texas. Una linda y típica casa de los suburbios, pintada en ambos pisos de color blanco y con una tonalidad azul marina en las tejas del techo y partes superiores de las ventanas, con un enorme y verde jardín frontal muy bien cuidado, había rosales creciendo en ambos extremos de la casa… bueno, en realidad no eran rosales… de hecho ahora que lo pienso nunca me preocupé por esta clase de mínimos detalles y ahora que estoy contando la historia pago factura… bueno, digamos que son rosas para evitar problemas existenciales, ¿Les parece? Bien, continuemos.
 Cruzando la clásica cerca de madera pintada de color blanco había un sendero de ladrillos rojizos que guiaba hasta la entrada, una puerta de caoba con cristales adornados en la parte superior y con una campana rustica como timbre.
― Nadie nunca toca esta campana ― Se lamentó mi tía al ver que había llamado mi atención su diseño. ― La gente siempre nos grita desde fuera de la cerca por miedo a Guillermo.
― ¿Guillermo? ―Pregunté.
― Nuestro perro ― Repuso, mientras había la puerta con la llave. ― Es un regalo del novio de Ellie… vas a adorarlo cuando lo veas, es un amor.
― Creo que ya me imagino porque la gente le teme ― Observé. ― Ha de ser uno de esos gran danés o un bóxer intimidante, ¿No?
― En realidad… ― Abrió la puerta, en ese instante lo que me pareció un poni salió como meteorito para correr alrededor del jardín, con tal brusquedad que por poco pierdo el equilibrio. ― Es un lobero irlandés, Ellie no se conformaba con un puddle o un hámster… ella quería a alguien que parado fuera más alto que ella y… así llegó nuestro bebé a la casa.
Guillermo era realmente una bestia, una bestia encantadora… tenía patas flacas y largas como zancas de rana, cabello cobrizo y brillante como quien usa extracto de aguacate a diario, rostro amigable y juguetón, un hocico largo y lo más notorio de todo: tenía el alma de un niño pequeño.
Corrió en círculos, dio vueltas en el suelo, se paró en dos patas (presumiendo su impresionante altura) y hasta se restregó a mi pierna para que le acariciara.
― ¡E-es un perro genial! ― Exclamé, fascinada; al vivir en un departamento nunca me fue permitido tener mascotas, así que al ver una tan enorme fue como si mi infancia regresara por unos instantes.
― ¿Verdad? La única razón por la que tolero su tamañote es porque su corazón mide el doble… ¡Mira Guillermo, ella es Sharon de la que te hablamos! ¿No crees que es linda? Va a estar viviendo con nosotros, así que cuídala mucho ¿Eh?
Pensé que sería como en las películas infantiles y caricaturas, en que el perro contesta con un ladrido… pues no fue así, Guillermo se limitó a lamerme la rodilla y a empujarme para que entrara en la casa.
Por dentro la casa era igual de acogedora y encantadora, apenas en la entrada a la derecha había un baño, al frente una sala en la entrada en tonos claros y otra más oscura al fondo donde también estaba el televisor, en medio de ambas salas había una mesa circular muy elegante con todos los cubiertos preparados para ser usados
― Esta es la mesa, pero no comemos en ella ― Anunció. ― Es un adorno, donde comemos es en la otra mesa que está en la cocina… Por favor, no pongas nada sobre la mesa o despertarás mi ira.
** ¡LISTA DE REGLAS PARA CONVIVIR EN ARMONÍA CON LA TÍA EVA! **
Regla #3: La mesa es solo de adorno.
― No lo haré. ―Prometí, tragando saliva.
― Bien, la mesa es el único lugar prohibido, de ahí en más siéntete libre de usar todas las habitaciones del lugar… si quieres bailar en calzoncillos en la lavadora también eres libre de hacerlo.
Solté una risilla nerviosa, ¿Qué más se puede hacer alguien pasivo contra las bromas extrañas?
― Ahora vayamos al piso de arriba, de mostraré tu habitación.
Subiendo las escaleras curvas con una alfombra azul marino igual al color de las tejas había 3 habitaciones bastante amplias y un baño al centro, mi tía me guio hasta el del fondo a la derecha.
― Este es tu cuarto ― Explicó, abriendo la puerta. ― Tu cama no llega hasta dentro de unos días así que por ahora Chelsea y tu tendrán que compartir la suya.
Era un cuarto precioso, muy ordenado, tenía un tocador blanco, un closet de pared completo, una cama matrimonial con un edredón florido en colores sobrios y como gran parte de las chicas del mundo, tenía colgados en las paredes posters de los chicos que le gustaban.
― Últimamente le ha entrado un amor por el tal Orlando Bloom ― Explicó, señalando al chico que adornaba la pared en el centro. ― Pero cambia de galán cada mes, así que no te encariñes con ninguno.
Había una mesita de noche color blanca a un costado de la que seria nuestra cama, sobre ella había un retrato de Chelsea con un grupo de amigos. Abrí la boca por la sorpresa de lo mucho que había crecido.
Era todo una belleza, podría ser fácilmente modelo si así lo deseara. En su sonrisa juguetona encontré la realidad que ya veía venir, Chelsea era  hermosa, popular y alegre.
Imaginé los comentarios que me hubiera dicho mi padre si la viera “Deberías aprender de ella”, “¿Ves? Por eso te dije que compraras zapatos en vez de botas” o mi favorita “Bueno… zapatero a tus zapatos… es solo que a ella le tocó mejor zapatería, es todo”.
― Es una vaga esa niña ― Señaló mi tía, sonriendo. ― Pero también es muy popular, así que no te sientas nerviosa, que con ella harás muchísimos amigos en poco tiempo.
Me pareció obvio con solo ver a quienes aparecían en la fotografía que ni de broma me considerarían su amiga aun si Chelsea me paseara con ella a donde quiera que fuera. Me dieron escalofríos de solo pensar en el duro proceso de hacer amistades.
― Te noto algo cansada. ―Observó mi tía. ― debes estar cansada por el vuelo ahora que lo pienso… ¿Por qué no tomas una siesta? Te despertaré en un rato cuando sea hora de la parrillada
Iba a negarme sin pensarlo dos veces, me daba miedo dormir en una habitación que claramente no era la mía cuando la dueña no se encontraba… pero en verdad estaba cansada, en los últimos días habían sucedido una serie de acontecimientos extraños que me tenían agotada. Me recosté sobre el suave edredón de algodón egipcio y apenas unos instantes después caí presa en los brazos de Morfeo.
― S-si tía… ― Murmuré. ― Creo que puedo dormir un ratito…
*********
― No jodas está bien alta, ¿Es una jirafa o qué?
― ¿Verdad? Desde niña así era la gigantona.
― ¿Y no te fastidia tenerla aquí, Chels?
― Vaya pregunta, estúpida, por supuesto que si… a ver, imagínate que cuando llegues a tu casa tu mamá te salga con que vas a compartir tu cuarto con una extraña que no has visto en muchísimos años.
― ¡No te creo! ¿Voy a vivir con una extraña? ¿Te lo dijo mi mamá?
― Te dije que te lo imaginaras, no que fuera a pasar… pff olvídalo, no vas a poder entenderlo aunque te lo explique con manzanitas porque eres una idiota… ¿Nos vamos?
― Si, ¿Me prestas perfume?
― ¿A ti? Claro que no, ándale vente ya.
― ¿Le apago la luz a tu roomy?
― Nah, déjasela así, que vaya aprendiendo que ella no manda aquí.
Ambas voces rieron hasta que se perdieron en el ruido blanco del silencio.
*********
Hasta la fecha no estoy segura de si esto fue un sueño o si pasó en realidad, sin embargo me hizo despertarme asustada y vulnerable, no reconocí mi alrededor, no reconocí la casa en que me encontraba… aun si era la casa de mis familiares… estaba sola en un sitio desconocido.
Hiperventilaba, estaba sudada como si hubiese tenido una terrible pesadilla.
― Ah, ya has despertado…
Miré a la puerta, una chica de delgados y brillantes cabellos rubios con ojos avellana me miraba con una gran sonrisa. Se acercó a mí con un porte elegante y me abrazó con cariño.
― Ha pasado mucho ¿Verdad? Has crecido demasiado, eres menor que yo y aun así ya eres más alta que yo.
Su tono de voz era sereno y maduro, inspiraba confianza, seguridad y temple… me era difícil creer que fuera una chica joven, su porte era parecido al de una mujer de alta sociedad.
― Hola, Ellie ― Saludé, viéndome tranquilizada por su amable actitud.  ― Lamento la intromisión.
― ¿De qué hablas? ― Preguntó, tomándome de los hombres. ― ¡Si has llegado en el mejor momento! La vida a partir de ahora será como una pijamada todo el tiempo, te hemos echado de menos… en verdad me alegro de tenerte por aquí.
― G-gracias… ― Mis ojos se cristalizaron, puse duro el estomago para no caer en la sensibilidad.
Ella me abrazó nuevamente.
― Escucha, ya estamos todos aquí excepto Chelsea que ha salido con unas amigas, pero mi papá ya ha puesto el carbón en el asador y ya tenemos todo en el patio trasero, ¿Por qué no bajamos a celebrar tu llegada?
― S-si…
Fui al baño a lavarme la cara y acomodarme al menos un poco el cabello, acto seguido bajé junto con Ellie hacia el patio trasero, cuya entrada se encontraba en el cuarto de lavado.
― Intenta no bailar sobre ella, ¿Eh? ― Señaló Ellie a la lavadora, con una carcajada. ― Lo siento, es un chiste local… ya lo entenderás.
EL patio trasero era un gran cuadrado cubierto de césped, al fondo del mismo había un grande y grueso roble y al extremo contrario había una enorme parrillada construida con ladrillos, esta ultima tenía a su alrededor varias mesitas y bancas organizadas en posiciones estratégicas. Me fue más evidente aun el amor que tenia esta familia por las parrilladas.
― ¡Ha llegado la celebrada bella durmiente! ― Exclamó mi tía Eva, con una sonrisa de oreja a oreja. ― ¿Dormiste bien?
― S-si, gracias…
― ¡Excelente! Ahora mira ― Cruzó su brazo alrededor de mi cuello y me señaló en dirección a la parrilla. ― Allá se encuentra tu tío George, tiene muchísimas ganas de verte, ¿Así que porque no vas a decirle hola?
Me dieron escalofríos, presentarme, al igual que muchas otras situaciones sociales no se me da correctamente. Sin embargo era evidente que al ser él tío George la columna del hogar tenía que darle las gracias por su apoyo. Caminé con nerviosismo hasta la parrilla.
Era un hombre rechoncho y de estatura media que estaba moviendo el carbón con unas pinzas, su gesto era neutral, pareciera que no experimentara sensación alguna. Llevaba un abultado bigote y el tan popular “peinado de rodilla” creado por la calvicie.
― H-hola tío George ― Saludé, con voz baja y dubitativa. ― M-muchas gracias por su hospitalidad.
Él me miró de reojo por un par de segundos, después siguió removiendo el carbón ardiendo.
― ¿Cómo estuvo tu viaje? ― Preguntó, en tono seco.
― B-bien, gracias…
Guardó silencio de nuevo, yo estaba asustadísima… ¿Estaba molesto por tener que cuidar de mi?
― ¿Dormiste bien?
― S-si, gracias…
― La comida va a estar lista en un rato, entonces podrás descansar otro rato si quieres… mañana empiezas la escuela así que no te desveles.
― E-está bien, tío… gracias de nuevo.
― Bien.
Con miedo me decidí a alejarme de su rango de vista, no podía decir si odiaba tenerme ahí o si estaba solo tratando de ser amable de mala gana por el compromiso… sin embargo, como ya les he dicho antes, mi mayor temor es ser una molestia para los demás.
Me di la vuelta y comencé a caminar hacia donde Ellie y mi tía Eva se encontraban, a causa del temor mis pasos eran torpes, como entumidos.
― Bienvenida a casa. ―Murmuró.
Giré de nuevo la vista hacia donde él se encontraba, él seguía acomodando el carbón.
Recordé las palabras de papá…
― Y mi hermanito, tú tío George es una de las mejores personas que conozco… es solo que no sabe expresarlo… ya lo verás cuando lo conozcas.
Y sonreí… aliviada.
La parrillada fue bastante alegre, Ellie y su madre eran muy platicadoras, así que pasé un buen rato escuchando su dialogo, aunque también fue algo incomodo que trataran de hacerme hablar para decir mi opinión en cada fragmento de la conversación, esto era una especie de tendencia a la que llamaré “Síndrome de querer hacer que alguien se sienta como en casa”, y si la medicina moderna nos ha ensenado algo, es que todo tiene curación, ya se les pasaría con el tiempo.
Después de comer me dediqué a desempacar mis cosas en donde mi tía me había indicado: 3 cajones del fondo a la izquierda del closet de pared me pertenecían ahora, así como también el tubo para colgar de la parte de abajo. Como no tenía mucha ropa conmigo en el momento no fue necesario utilizar todo el espacio, bastó con un par de cajones y un pedacito de tubo; quizás incluso una vez llegaran todas mis ropas seguiría sobrándome una parte importante.
― Si eso pasa, le devolveré a Chelsea uno de los cajones. ―Pensé.
Al terminar de desempacar llegué a la conclusión de que lo mejor era irme a dormir, sin embargo myspace me llamó con sus tentadoras garras, terminé conectando mi lap para revisar como estaban las cosas en casa.
JJ me había dejado como 900 nuevos comentarios, todos con un mismo mensaje “¿Ya pasaron 3 anos?”, excepto el ultimo que decía “Ups, perdón… quise decir años”, mientras que Cristy había cambiado su top 10 friends a un top 1 friend, dejándome a mí como única miembro, como un tributo… “A tu regreso lo devolveré a la normalidad” dijo.
 ― ¿Desde cuándo eres tan cursi, payasa? ― Pensé, soltando una risilla.
Lo cual me recuerda a una conversación que tuvimos a los 14 años…
***** Flashback *****
― Oye, Cristy… ― Murmuré, sonriente ante la emotividad del momento. ― ¿Sabes? Eres mi mejor amiga… en verdad te valoro.
― ¿Estás borracha, drogada o acabas de salir del closet y quieres un abrazo? ― Preguntó, midiéndome la temperatura.
*****Flashback*****
Después de responder los respectivos comentarios me disponía a apagar la lap para irme a dormir, sin embargo había una sensación en mi pecho que me impidió hacerlo; sentía que aun había una cosa por hacer… más bien por decir.
Recordé aquel blog que habíamos hecho para JJ cuando había decidido lanzarse como cantante pop del momento, sin pensármelo dos veces lo abrí, como un resorte.
Aun se encontraba en blanco, el nombre del blog era “El afro de las rimas” y seguía teniendo 0 visitas.
― Esta generación no estaba lista para ti, JJ ―Bufé.
Mi nombre es el afro de las rimas, soy un adolescente que acaba de mudarse de su casa para vivir con sus tíos por culpa de un torpe malentendido, ¿Saben? Hasta hace apenas unas horas estaba muy asustado… sin embargo, ahora que he visto la amabilidad de quienes me rodean por aquí me siento un poco más tranquilo, por supuesto que aun tengo miedo de que no conozco a nadie en la escuela y que estoy muy lejos de mi casa… pero no sé… siento que estoy seguro en este techo… incluso puedo darme el lujo de emocionarme por lo que me espera… ¿Se han sentido así? ¿Seguros pero temerosos? Leí en una revista que esto es lo que se siente crecer… ¿Qué opinan?
― Eh… no ha quedado nada bien ―Me lamenté, encogiéndome de hombros. ― Pero bueno, por fortuna nadie lo leerá.
Apagué la computadora y la dejé en su maletín, apagué la luz y me recosté pegada a la pared para incomodar lo menos posible a Chelsea en su cama. Ahora que lo recuerdo  aun no me quedaba dormida cuando ella llegó y se recostó a mi lado sin hacer nada de ruido. Pensé en levantarme para darle la bienvenida y disculparme por las molestias, sin embargo me dio miedo, ya en la mañana tendría muchísimo tiempo para socializar con ella… y vaya que lo tendría… pero eso, ya es asunto del siguiente capítulo.
No sé qué se debe decir al final de un capítulo… así que solo les diré eh… adiós, no olviden cepillarse los dientes después de cada comida… o no sé, cualquier cosa… nos leemos en el siguiente episodio.

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