Lo Último

Asociación de lectores y escritores (18/??)

Capítulo 18: El camino hacia la grandeza

― ¡¿UNA SEMANA?! ― Exclamaron los 3, al unísono.
― Así es ― Asintió Alice, parpadeando una y otra vez, sorprendida por tan coordinada reacción de sus amigos. ― ¿Por qué se ponen como locos?
― ¡Porque es una locura! ― Exclamó Claudia, sacudiéndose el cabello con ansiedad usando ambas manos. ― ¿Te quiere matar ese tipo o qué?
― ¡Me parece evidente que te quiere matar! ―Coincidió Anthony. ― Sin duda alguna.
― Tampoco exageren tanto ― Musitó Marco, elevando los hombros. ― Pero sí, te quiere matar sin lugar a dudas.
― N-no es eso, chicos ― Negó de inmediato, agitando sus manos. ― Yao solo quiere saber de qué estoy hecha.
― ¡Pues para eso hay que abrir un libro de biología y ya está! ― Exclamó Claudia, con un aura de fastidio emanante de su epicentro. ― Yo te diré de qué estás hecha: sangre, carne y huesos… ¡solo eso!
― P-pero Yao cree que tengo oportunidad de ser grande con el trabajo adecuado.
― ¿Eh? ―Anthony puso su mano sobre su barbilla, pensativo. ― ¿Pues qué en esta escuela enseñarán muy bien o por qué empieza esa frase a volverse muy común últimamente?
― ¿De qué hablas? ―Preguntó Claudia, arqueando una ceja.
― ¿Eh? AH, n-no nada, estaba hablando conmigo mismo, acordándome un chiste que no me sabía y pensando en alguien que no conozco.
Los 3 muchachos miraron a Anthony, con compasión.
― Pobrecito… ― Murmuraron al unísono.
― ¡NO ME TENGAN LASTIMA, NO ES PARA TANTO!
― Pero bueno… ― Claudia retomó su lugar a un costado de Alice. ― El asunto aquí es que una semana es muy poco tiempo para hacer todo ese trabajo… incluso debes de leer varios libros con género semejante, ¿cierto? Eso es imposible, créeme… imposible.
― ¡ESO ES! ―Exclamó Marco, pegando un salto repentino. ― ¡LA PARTE DE LEER LOS LIBROS ES LA MAS PESADA!
― ¿Y eso qué? ― Claudia cruzó su pierna izquierda.
― Es simple: ¡yo ayudaré a Alice con eso! Iremos juntos a la biblioteca, seleccionaré únicamente los mejores libros que en verdad puedan ayudarle y haré resúmenes de ellos de una forma que se le facilité desfibrizarlos.
― ¿No sería eso hacer trampa? ―Claudia se mostró reacia a la idea. ― Además creo yo que una de las razones por las que Alice puede encontrar componentes en las historias es porque las lee completas, si leyera tus resúmenes tendría que hacerlo de forma normal y no con tecno libros, lo cual la cansaría aun más, y además habría el riesgo de que no pudiera sacarle jugo a cada historia de la misma forma a como lo haría con el método tradicional.
― Si lo dices de esa forma tienes razón ― Renegó Marco, ingrato al haberse encontrado con una falla evidente en su plan. ― Pero aún así puedo ayudarle con la selección de títulos, Alice no conoce mucho de libros así que es probable que termine desviándose o tomando historias no lo suficientemente influyentes. Mi ayuda ahí le sería muy útil.
― Tienes razón ― Aceptó Claudia. ― Entonces está decidido, iremos todos a ayudar a Alice hoy a la biblioteca.
― No, no ― Negó Marco, agitando su dedo índice. ―Si vamos todos provocaremos sospechas…
― ¿Sospechas de quien? ― Claudia hizo una mueca, desafiante por demás ante cualquier idea de Marco que implicase estar a solas con su querida mejor amiga. A Marco le tembló una ceja, siendo apenas perceptible su creciente molestia.
― Puedes quedarte haciendo preguntas, o puedes comenzar a caminar hacia el porvenir. Así que por favor, Claudia, solo deja esto en manos de un gigante de mi categoría.
― ¿Qué quieres decir con “gigante de tu categoría”? Es evidente que solo quieres ligarte a Al…
― Entonces, Alice… ― Ignoró Marco, dejándola con las palabras en la boca. ― Hoy a la salida vayamos juntos a la biblioteca, ¿bien?
― ¿Eh? ― Alice se había distraído viendo como sus amigos charlaban y había olvidado que ella era el tema de conversación. ― Ah, claro, ¡gracias, Marco! Cuando sea una escritora popular prometo ayudarte a entrar en la revista usando mis sucias influencias.
― Pero nada de influencias limpias, ¿eh? ― Repuso de inmediato, guiñando un ojo y alzando el pulgar. ― ¡Quiero entrar por la puerta de atrás, que nadie sepa que no tengo nada de talento y que aun así crean que soy un crack por el simple hecho de ser tu amigo! ¡Quiero llenarme de influencias sucias a tal punto que la gente me tenga asco!
Anthony y Claudia intercambiaron rostros de confusión y ligero desagrado. Alice, por su parte comenzó a reír con fuerza.
― ¡¿No es gracioso?! ― Exclamó ella, entre risas. ― ¡Simplemente hilarante! Marco, debes de ser un tipo muy sociable y popular, ¿no?
― No, Alice… ― Pensaron Claudia y Anthony, como sincronizados en dimensiones desorbitantes. ― Creo que estás confundiendo sociable y popular con otras cosas…
La verdad es que Marco no terminaba de agradarle a Claudia. A decir verdad, en el poco tiempo que llevaban de conocerse el chico presentaba pocas acciones para ganarse su simpatía, y por el contrario, tenía ya varios atropellos que le entregaban puntos en contra; uno de los más comunes era que tratara de impresionar a Alice a todas horas.
En un principio era entretenido ver de cerca como su amiga no se enteraba de nada y respondía de forma inocente a todas las provocaciones del joven ligón, pues Marco nunca lograba hacer acercamiento alguno al ser Alice tan sensible como una roca. Sin embargo, con el paso del tiempo, Claudia se dio cuenta de lo molesta que le resultaba  su insistencia.
― Si esto sigue de esta forma ―Pensó, sacudiéndose la cabeza con desesperación. ― Voy a terminar sin ser capaz de soportarlo… y es que pareciera que por nada se alejará de ella… calenturiento desgraciado.

****

Después de que Alice y Marco se fueran a la salida de la escuela, la chica se animó a decirle su situación a Anthony, que escuchó con una mano en la barbilla, asintiendo a cada momento hasta que terminó de desahogarse.
―… ¡Y es por eso que no quiero comprarme la falda clara, los tonos de verano pueden ser tu peor enemigo en estas situaciones! ― Claudia se sentó en una banca cercana, agotada por haber hablado sin parar durante dos horas del peor de sus problemas. ― Ah sí, y Marco no me agrada. Comienza a fastidiarme que se la pase tratando de ligarse a Alice… ¿sabes? Para estas alturas ya todos los chicos que la han tratado de abordar ya se hartaron de su lentitud… ¿por qué él aún no lo hace?
Anthony meditó por varios segundos, luego hizo su respuesta objetiva de la situación.
― Me parece que los colores de verano resaltarían el brillante de tu piel, y sobre lo otro… bueno, desafortunadamente para ti este es un país libre desde que Google lo liberó de la esclavitud hace ya 200 años… y me parece que entre esas libertades se encuentra el estar ilusionado y/o enamorado de quien gustes.
― Bueno… eso es…
― Me parece ― Insistió, con condescendencia parental. ― Que la pequeña Claudia está celosilla de que su mejor amiga pueda encariñarse con alguien que no sea ella misma… Alice te ha tenido como única verdadera fuente de apoyo, y que de pronto llegue alguien más que sea capaz de soportar su… extraña forma de ser, te hace tener miedo de ser desplazada.
Claudia cerró su puño y dio a Anthony su recompensa por insolente (aunque sus palabras no estuvieran alejadas de la realidad).
― Tienes razón ― Aceptó, con depresión, mientras veía con ocio al muchacho retorciéndose de dolor en el suelo. ― Pero aun si eso es verdad, me parece que no es un chico de confianza… ¿no has notado los aires de antagonista que se carga?
Anthony rió.
― Me parece que ahora mismo él puede serle de mucha ayuda a Alice… no debo decirte por qué, pero tengo esa certeza. Por ahora vamos a dejarlo pasar, ¿sí?
Anthony tenía una sonrisa segura y concreta, aún cuando hablaba desde el suelo. Claudia se encogió de hombros.
― Si trata de hacerle algo malo voy a matarlo…
― Yo también ― Anunció.
― ¿Tú? ―Bufó, despreciándole con un movimiento de mano. ― ¿De qué hablas si eres una pequeña e inofensiva niñita? Asúmelo, Anthony… eso no te queda.
― ¡Oye! ― Chilló. ― Eso no era necesario.

****

― Lamento que antes de ir a la biblioteca tengamos que parar a mi casa ― Se disculpó Alice, frotándose la nuca, socarrona. ― Es solo que Yao me ordenó registrar todo en un montón de libretas y cargarlas durante clases puede ser un problema…
― No tengo problema con acompañarte a tu casa, pero… ahora me da algo de curiosidad, ¿cómo es que usas libretas reales para hacer las tareas que Yao te ha encargado? ¿Es que no tienes una computadora?
― ¡Claro que la tengo! ― Se enorgulleció, golpeándose en un par de ocasiones con orgullo en el pecho. ― Pero no sé… como me dijo que necesitaba libretas pues fui a una papelería y compré como 200… fue entonces que me di cuenta del inconveniente que representa andar cargando todo eso por ahí…
― Ya veo… ― Asintió. ― Entonces, ¿por qué mejor no tomas tu computadora? Es mucho más fácil escribir y mantener registros en ella que a mano, y estoy seguro de que para Yao será más fácil también revisarte de esa forma. Si no le parece pues bastará con que imprimas lo escrito y se lo entregues de esa forma, no hay fallas.
― Si tú crees que de esta forma es mejor, entonces tomaré tu consejo. ― Le dedicó una amplia sonrisa. ― ¡Gracias Marco! Parece que sabes mucho de esto de la preparación.
― B-bueno… ― Soltó una risilla nerviosa, sonrojándose al verla tan contenta y agradecida con él. ― Es solo que llevo más tiempo que tú en esto de la escritura, así que conozco varios de los tips que redondean al respecto… en realidad creo que las mañas que vayas aprendiendo pueden ser tan, o hasta más útiles que el talento o la calidad que tengas al comenzar… por ejemplo, el primo de un amigo me contó que una hermana suya tenía una vecina que conocía a una chica que era escritora en una revista y que una semana entera se la pasó fiesteando con sus amigos y olvidó escribir su capítulo, y como había perdido su celular pues sus editores nunca pudieron ponerse contacto conmi… e-ella… entonces llegaron a recoger el capítulo correspondiente el día de la fecha limite a su casa, y ella para zafarse del problema, tomó un capítulo antiguo al azar y le cambió la perspectiva a la de otro personaje. De esa forma solo le tomó 30 minutos escribir algo que normalmente le hubiera costado una semana entera. Además a los fans les encantó leer algo viejo con un poquitín nuevo.
― ¡Eso es impresionante! ― Exclamó Alice, mientras subían al autobús.
― ¿Verdad? ― Soltó una sonrisa orgullosa. ― Así que como puedes ver, las mañas pueden salvarte en cualquier ocasión.
―… aunque me parece que esa escritora tendría que estar avergonzada ― Alice frunció el ceño y cambió a un tono de voz algo molesto. ― Mira que atreverse a fallarle a sus fans y que estos encima, ignorantes de su irresponsabilidad le aplaudan por ello… ¡una escritora como ella tendría que avergonzarse por su falta de compromiso para con su historia y con sus lectores!
Marco casi pierde el equilibrio por semejante golpe directo, sus ánimos se bajaron a tal punto que ahora se mostraba deprimido y avergonzado de si mismo. Comenzó a jugar con sus dedos.
― T-tienes razón… eso no estuvo bien por muy genial que le resultara todo… aunque bueno, en su defensa puedo decir que hay veces en que no se puede estar siempre al 100% así que…
― ¡Para nada, Marco! ― Alice lo sacudió, apasionada. ― ¡No hay excusas para fallar como escritor! Dime, ¿cómo se llama esa escritora? Me gustaría enviarle un mail con un sermón por su mala actitud. Quizás si lo lee como si fuera de uno de sus fans pueda hacer conciencia.
― ¿EH? ― Se sobresaltó, ahora sí que estaba en un lío. ― Su nombre… ¿eh? Ah… eh… Yah, es Yah de la asociación de lectores y escritores… ¡sí! Ella es esa desgraciada, ¡dile sus verdades cuando puedas! ¿Bien?
― ¡Lo haré, no te preocupes por eso! Aunque es raro… en los foros Yah siempre es elogiada por sus buenos modales y entrega para con su profesión… estoy algo decepcionada…
― Y-yo también… esa Yah es una oveja descarriada…
Marco suspiró, agotado. Ya se disculparía con Andrea después.
Pero eran precisamente esos arrebatos de entrega y amor para la escritura de Alice los que llamaban tanto la atención de Marco. Era evidente que la joven aún desconocía muchísimas cosas sobre el extenso mundo de las letras; se preguntaba entonces, cómo era posible que en una novata existiera tanta determinación para algo que aún era desconocido para ella. Aún sin conocer los mayores placeres (y desgracias) que la escritura podía brindar, Alice ya aparentaba amarla más aún que muchos escritores con años de sapiencia y conocimiento de la misma. Eso lo encontraba admirable, admirable e intrigante.
Fuese cual fuese la inagotable fuente motivacional que movía a Alice a pasos agigantados dentro del medio, para Marco no existía duda alguna: ella era un miembro potencial del círculo purpura. Estaba convencido que de concretarse como una escritora profesional, podría bien convertirse en una adquisición astral para sus planes, y es que lo mejor de ella aún estaba por mostrarse, al igual que con el resto de los miembros del círculo.
― Falta poco… ― Pensó, recargando su mano en el marco de la ventana del autobús. ― Solo un poco más… ¿podrás hacerlo a tiempo, Alice?
― Marco, ¡Marco! ¡Esta es nuestra bajada, Marco! ― Anunció Alice, jalándole una mejilla para sacarlo de sus pensamientos. ― ¿Vamos?
Marco se sobresaltó, y por la sorpresa casi cae al suelo. Avergonzado, asintió en silencio.
― Me disculpo por adelantado por mi familia ― Murmuró Alice ya cuando caminaban por la zona residencial en que vivía, recordando cómo había sufrido el pobre Yao apenas el día anterior, cuando por un malentendido el abuelo terminó retándolo a un duelo de dominó. ― No sé por qué, pero tengo el presentimiento que no te la van a dejar fácil… si gustas puedes esperarme afuera, así estarás a salvo.
― ¿Eh? No es molestia para mí. ― Repuso de inmediato. ― De cualquier forma me gustaría presentarme con tus padres ya que estaremos viéndonos muy seguido a partir de ahora. Es mejor que me conozcan para que vean con quién andas y estén tranquilos, ¿no crees?
 ― ¿Eh? ― Alice le observó, con una curiosa sonrisa de grata sorpresa. ― ¡Es la primera vez que escucho algo tan educado y considerado! ¿No serás europeo o algo así, Marco?
La casa de los Delaware era tan pintoresca como siempre: su madre hacia millones de tareas por toda la residencia, controlando todo con la cocina como su base principal, el abuelo hacia nada en la sala al fondo, su papá leía el periódico en la mesa, sin prestar atención a lo que pasaba a su alrededor, y su hermanito no estaba, por suerte.
― Están todos muy distraídos y no saben que he llegado ― Alice habló en voz muy baja, Marco asintió sonriente, embobado en las gesticulaciones de la chica. ― Así que aún tienes oportunidad de escapar de esto.
― Insisto en que estás exagerando, Alice ― Marco dio un paso al frente dentro de la residencia Delaware. ― Todas las familias son un poco…
― ¡¿Cómo te fue en la escuela, Alice?! ― Interrumpió su madre, saliendo de la cocina con una escoba en la mano. ― Ah, has traído a Anthony.
― No mamá, él…
― ¡UN MOMENTO! ― Gritó su madre, sobresaltando a ambos jóvenes con su inmenso escándalo. ― Él no es Anthony…
― Eso iba a decir, mamá ― Alice se encogió de hombros. ― Él es Marco, un amigo de la escuela.
― ¿Eh? Otro… ¿amigo?
― Así es, es nuevo en la escuela pero ya lo conocía de antes. ¿Adivina qué? ― Preguntó, dando saltitos de emoción como una niña pequeña. ― ¡Él también es escritor!
― Ah, con que eso era ― Su madre retorció un puchero, con decepción. Se había ilusionado en vano. ― Mucho gusto jovencito… lamento las molestias que mi hija pueda causarte.
― M-mucho gusto, señora ―Repuso Marco, amable y educado. ― Y su hija me ha ayudado mucho, pues aún soy nuevo en la escuela así que no tengo muchos amigos.
― ¡CARIÑO, ALICE TRAJO UN AMIGO A CASA! ― Marco se sobresaltó de nueva cuenta, aún no acostumbrándose a los altos tonos de voz que al parecer se acostumbraban en esa casa. De hecho, cuando la madre de Alice gritaba parecía que estaba molesta, aún si en su rostro había una sonrisa cuando lo hacía.
― ¿Qué amigo? ― El hombre dio vuelta de hoja a su periódico a la distancia. ― ¿Anthony o ese chino del otro día?
― ¡OTRO CHICO!
Hasta ese momento, la casa había sido portadora de ruido disperso por toda la residencia, pero en el momento en que la madre de Alice dijo que se trataba de otro chico además de Anthony o Yao, por alguna razón todo se quedó en silencio; a Marco le dieron escalofríos.
― Otro chico… ― El padre de Alice se separó del periódico lentamente para dejarlo en la mesa con cuidado. ― Otro chico… veamos… chico torpe y sin actitud es mejor amigo… negrito es editor chino… el tercero…
― No hay tercero… ― De las escaleras tapizadas con una alfombra color arena bajó un chiquillo de unos 10 años con una consola de juegos portátil en sus manos. ― Este es nuevo.
― “Este” ― Murmuró Marco, encogiéndose de hombros. ― Debes ser el hermanito menor de Alice… mucho gusto, soy Marco.
― Marco… ¿eh? ― El jovencito le miraba de arriba abajo, con desconfianza. ― Dime… ¿puedo saber por qué te cae bien mi hermana? Ella normalmente espanta a todos los chicos.
― ¿Q-qué clase de pregunta es esa? ― Pensó Marco tragando saliva. ― ¿Es que a Alice la tienen tachada de loca espanta hombres en esta casa o algo así?
― Lo cual me hace pensar…― Se interpuso la madre de Alice, que se cruzó de brazos y sonrió con picardía. ― ¿Cuáles son tus intenciones con mi hija? Te digo de una vez que “Amistad” y “Entrenarla para ser la mejor escritora del mundo” ya han sido ocupadas, ¿eh?
Alice, percatándose de que Marco comenzaba a verse en aprietos, se decidió a reaccionar de forma rápida y efectiva. Sabía que si daba tiempo a que el abuelo comenzara a entrometerse en la plática ya no habría salida, aún si intentara escapar corriendo seguramente su padre lo detendría en la entrada para tener la famosa “charla” que inclusive al pobre de Yao le había tocado escuchar un día antes… si deseaba librar a su amigo de la penuria había que ser certeros.
― Bueno, Marco… ― Le tomó de la mano y lo arrastró hacia las escaleras. ― Ayúdame a buscar mi computadora, ¡Vamos a mi cuarto!
Alice no dio tiempo de réplica ni de reacción. Con fuerza y decisión, logró poner a Marco a Salvo. Una vez estuvieron en su habitación, ella cerró la puerta y suspiró, con pesadez.
― Te lo dije ― Se lanzó sobre su cama boca abajo, agotada y aliviada de verse fuera de presión. ― En mi casa son muy insistentes con las personas que no acostumbran venir seguido… creo que de mis amigos solo a Claudia la dejan respirar tranquila.
― B-bueno… tienes una familia muy… alegre, ¿no?
Marco admiró su entorno, sorpresivamente: la habitación de Alice estaba muy limpia y ordenada, teniendo en cuenta su personalidad distraída e intensa, esperaba encontrarse con un verdadero desastre, pero era todo lo contrario; sus libros, sus peluches, su escritorio… todo estaba muy bien ordenado. Hablando de gente resaltante… incluso en esos detallitos, Alice no paraba de sorprenderle.
― Estas son las libretas que compré ― Explicó, al darse cuenta de que el chico revisaba con la vista su habitación. Señalaba a un montón de cuadernos apilados encima de su escritorio. ― Son muy lindos, incluso compré uno con un delfín usando un sombrero. ¡¿No es adorable?!
― E-eh… c-claro… ― Mintió. ― En fin, ¿dónde está tu computadora?
― Ah, ¿mi pequeña campeona? ― Se levantó dándose la vuelta y caminó hasta el escritorio, donde abrió uno de los cajones de abajo. ― ¡Aquí está!
Alice sacó su pequeñísima laptop azul. La primera vez que se vieron, Marco la atacó por su inadecuado tamaño, y en esta ocasión su reacción fue bastante parecida: de hecho cuando Alice se la mostró, esbozó un gesto de repulsión y asco por puro reflejo.
― ¡No seas grosero! ―Riñó Alice, dando un santo. ― ¡Será pequeña y todo pero sigue siendo mi amada computadora, ¿sabes?!
 ― Lo siento, lo siento ― Se carcajeó por la reacción. ― Es solo que es demasiado pequeña, ¿en serio no te cansas escribiendo en esa cosa? Pensándolo bien, creo que sería más fácil para ti escribir a mano que en esa monstruosidad creada para adolescentes coquetas amantes de las comodidades.
― ¡Eso es muy cruel, Marco! ― Se quejaba la chica, abrazándose con cariño a su laptop como si de una hija se tratase. ― Como si pudiera abandonar a mi fiel compañera del alma… admito que como las teclas son muy pequeñas constantemente se me pegan letras extras y para corregir los errores ortográficos me tardo muchísimas horas… pero no se puede evitar… es la única que tengo.
― Ya veo… ― Marco acarició la pequeña computadora, como si ahora la respetara. ― Bueno… hasta que seas una famosa escritora publicada que gane muchísimo dinero como para comprarse su propio notebook con tecno lector y teclado moderno supongo que tendré que aceptar a tu pequeña criatura como herramienta principal…
― Así me gusta ― Asintió Alice, para luego fruncir el ceño. ― ¡Pero antes de que nos vayamos debes de pedirle perdón!
― ¿EH? ¡Claro que no! Dile que se conforme con que la reconozca, si quiere mi admiración tendrá que demostrar de lo que está hecha.
― Tampoco exageres ― Bufó Alice, con una mirada burlona y condescendiente. ―Solo es una computadora, ¿sabes?
― ¡Tu empezaste con…! ― Marco estaba a punto de echar bronca en una batalla perdida, pero se detuvo justo a tiempo. Se encogió de hombros y cambió de tema. ― En fin… ¿nos vamos? Aún hay muchas cosas por hacer.
Marco y Alice abandonaron la residencia Delaware de forma rápida y silenciosa. Para no perder mayor tiempo en despedidas y comentarios inapropiados, Alice no se despidió sino hasta que estuvieron afuera y con la puerta cerrada, en zona segura.
― ¡ME VOY A LA BIBLIOTECA, VUELVO EN LA NOCHE!
― ¡A MI TAMBIÉN ME TRAES PONCHE! ― Se alcanzó a escuchar conforme echaban rumbo hacia la biblioteca pública.
Uno de los sitios más importantes para un escritor en la ciudad y que hasta ahora Alice no había aprovechado, era la biblioteca: un inmenso centro de almacenamiento de libros de todo tipo y para todos los fines. Uno de los únicos lugares donde podían encontrar gran cantidad de libros sin que sean necesariamente tecno-libros, y no solo eso; la biblioteca también consta de grupos de estudio, acceso a internet y actividades correspondientes a las artes literarias, como grupos de lectura o calurosos equipos de debates sobre historias polémicas.
Era un edificio antiguo y enorme, con gigantescos ventanales de coloridos cristales grabados en tonos pálidos. Asemejaba a una especie de templo, y es que de verdad así era. Alice se encontraba boquiabierta, ¿en serio existía un lugar tan maravilloso ante sus ojos que nunca notó? ¿Por qué dejó pasar 16 años de vida para encontrarse con un sitio tan especial? No tenía caso mirar al pasado, pero en esos instantes en serio deseaba haber crecido como una de esas chicas que pasaban todo el día leyendo, para haber hecho de ese sitio maravilloso su segundo hogar.
― Es enorme… ― Se talló los ojos, incrédula por un instante. ― ¿¡Todo esto está lleno de libros!?
― ¡Por supuesto! Espera un momento… ¿cómo que es enorme? ¡La biblioteca está a unas calles de tu casa! ¿Cómo es posible que recién ahora te impactes por su tamaño?
― Bueno eso es porque… ― Se sonrojó, desviando la mirada. Realmente le apenaba ser tan ignorante en temas referentes a la escritura y la lectura. ― Eh… en fin… entremos, Marco, entremos…
La biblioteca de los señores Gambino era ciertamente magnífica como colección personal, sin embargo, la biblioteca pública le superaba en cantidad de forma brutal: 4 pisos llenos de enormes y viejos estantes que a su vez se encontraban repletos de libros de todos los tamaños, edades y colores.
En la planta baja se encontraba la recepción, donde las bibliotecarias administraban el ingreso y retiro de libros de los afiliados, también se encargaban de regresar todos y cada uno de los libros prestados en su posición determinada. Delante y por un costado del área administrativa, se encontraban muchísimas mesas largas separadas apenas por la brecha necesaria para que la gente transitara. En estas mesas, gran cantidad de personas leían en silencio, o trabajaban en tareas escolares o proyectos personales.
En la esquina inferior izquierda de la entrada, había unas escaleras subterráneas que llevaban hasta la planta inferior, ahí era precisamente donde los grupos didácticos y actividades en grupo varias cobraban lugar.
Los demás pisos estaban dedicados a los libros, tecno-libros, hemeroteca, audios y audiovisuales, con el solo tamaño de cada piso Alice sabía que podría perderse si se separaba de Marco. Se acercó a él, con precaución y emoción combinadas.
― ¿A dónde vamos primero? ¿Eh? ¡¿EH?!
― No pierdas el foco, recuerda que estamos aquí para comenzar a trabajar con tu relato… primero tomemos asiento para que elijas tu primera combinación.
Así lo hicieron, tomaron asiento en un punto aislado de una de las largas mesas de la planta baja. Cada una de estas mesas tenía a cada metro un set de conectores eléctricos, usando uno de ellos Alice conectó su pequeña computadora y la encendió.
― Combinaciones… combinaciones… ― Alice tarareaba con nervios, se denotaba por el temblor de sus manos a con el teclado. ― Muchas… combinaciones…
― Creo que será más fácil para ti si llevas un orden en las combinaciones… por ejemplo, terminar primero con todas las combinaciones posibles entre… no sé, recuentos de la vida y aventura, y después pasar a todas las combinaciones entre recuentos de la vida y fantasía y así sucesivamente hasta que los recuentos de la vida no puedan mezclarse con ninguna otra. Así, estarás lista para comenzar con los géneros restantes… ¿qué opinas?
― Tienes razón ― Aceptó la chica, sonriendo levemente. ― En ese caso, hoy comenzaríamos con….
Recuentos de la vida
-Romance
-Drama
-Vida diaria
-Superación
-Comedia
-Tragedia
― Y con…
*Aventura
-Acción
-Batallas
-eras antiguas
-Recorridos
-guerras

― Y para comenzar sería…

-Romance +Acción = Una historia de acción con romance/ Una historia de romance con acción
― Espera… ―Marco se acercó aún más a Alice, para poder leer bien lo que escribió en su portátil. Sus brazos desnudos rozaron, pero ninguno de los dos se enteró, estaban en otra sintonía en ese momento. ― Esas son dos combinaciones muy distintas… ¿cierto? Eso significa que a cada combinación de géneros te saldrán dos posibilidades en gran parte de los casos… ¿tienes planeado escribir ambas posibilidades?
― Bueno… creo que no hay de otra, ¿no? Como has dicho, son resultados muy distintos y cada uno puede cargarse a sí mismo como género secundario, así que ambos son parte del trabajo. Por ahora, usaremos la que tiene como género titular al romance ya que dijimos que acabaríamos con las combinaciones de recuentos de la vida primero, de la otra nos encargaremos cuando aventura sea la combinada titular. Entonces:
*Una historia de romance con acción*
― Una historia de romance con acción, ¿No? ―Marco se puso de pie. ― Entonces es la hora de recopilar historias con esta característica… no me tardaré mucho, ¿bien? Espérame aquí, vas a enterarte de porque soy el más indicado para ayudarte con esto…
Sin esperar una respuesta, Marco dejó a Alice con una mirada de intriga, que después se transformó en una sonrisa de confianza.
― A ver… a ver… historias de amor con acción… ― Marco recorría los estantes de la biblioteca con inquietud y sigilosa velocidad. ― Veamos… veamos…
Al finalizar su andar alrededor de una hilera entera de estantes, se detuvo en seco y se sujetó los cabellos con ambas manos, enredando sus dedos en su rizado cabello enmarañado. Se le notaba con auténtico pánico en el rostro.
― ¡MALDICIÓN! ― Pensaba, pues no podía gritar en voz alta o lo echarían. ― ¡No tengo idea de cómo empezar a buscar! ¡YO NO LEO NADA!
Cayó sobre sus rodillas en el suelo, y en esa posición se fue dejando llevar por su depresión y su pánico. Estaba siendo sincero… en verdad nunca leía, no le gustaba leer en absoluto. Creía, que no existían escritores en el mundo que pudiesen enseñarle algo con sus letras, después de todo, su talento le bastó para llegar hasta la ALE y figurar como un joven prodigio.
Aún así, mintió a Alice y a sus amigos, les dijo que era el indicado para ayudarle al ser un vasto conocedor sin pensárselo dos veces ante la posibilidad de estar a solas con ella. “Ya se me ocurrirá algo en el momento” se decía una y otra vez mientras se dirigían a la casa de Alice. “Aún no se me ocurre nada, pero improvisaré algo genial en la biblioteca”, pensaba sin parar cuando estaban en camino… por desgracia, no fue así; y ahora estaba en problemas.
― D-demonios… ¿qué puedo hacer? ― Pensaba, aún en el suelo. ― ¿Preguntar a las recepcionistas? No, ellas solo conocen de géneros etiquetados, los géneros secundarios son materia de lectores… y no es como si de pronto un lector experto fuese a caer del cielo para ayudarme…
― ¿P-puedo ayudarle en algo?
― ¿Huh? ― Se preguntó Marco, confuso. Se dio la vuelta por la espalda para observar a quien le observaba con preocupación.
Era una chica de unos 13 o 14 años, de piel pálida, estatura mediana, cabello castaño corto y lentes delgados y estilizados. Su mirada era nerviosa e insegura. Lo más llamativo a su alrededor eran sus ojos azul claros, que para ser de color tampoco eran muy notorios que digamos.
― No lo creo ―Negó, volviendo a enfocar su mirada en el suelo. ―  Se supone que estoy buscando libros de romance con acción, pero no conozco ninguno
― C-c-conozco unas 350 novelas de ese género ― Miró al suelo, servicial. ― ¿Q-q-quieres que te las muestre?
― ¿Eh…? ― Marco se volvió a dar la vuelta para observar a la jovencita con detenimiento curioso. ― ¿Será que eres un robot?
Ella negó con la cabeza.
― U-u-un robot no puede tener aspecto humano, en el momento en que un robot tenga dicho aspecto pasaría a ser un androide o un cyborg.
― Entonces… ¿eres un androide o un cyborg?
― P-p-para nada. U-una mujer no puede ser un androide, a los androides femeninos se les conoce como Ginoide.
Marco se encogió de hombros, podían durar años jugando a eso.
― Ya veo… entonces… ¿qué eres?
― S-solo soy una chica normal que puede ayudarte.
― Entonces eres una empleada de la biblioteca, ¿cierto?
― N-no.
Nuevamente desvió su mirada al suelo, a Marco comenzaba a colmarle la paciencia.
― Está bien… ― Suspiró, levantándose del suelo. ― Ahora, si me disculpas… voy a alejarme lentamente de ti…  
― P-pero yo puedo ayudarte a encontrar lo que buscas… en muy poco tiempo…
Marco dudó. Lo pensó por un par de segundos y después volvió a encogerse de hombros, a decir verdad no tenía otra alternativa. Dejaría que la niña mucho menor que él solucionara el lío en que él mismo se había metido.
― Está bien ― Aceptó, tomándola del hombro derecho para sacudirla con fraternidad. ― Llévame a esos 350 títulos… ¿aunque sabes? Pensándolo bien, mejor llévame a tus 10 favoritos solamente… queremos ayudar a Alice, no queremos asesinarla.
― T-t-tengo 14 favoritos, si me pides elegir 10 solamente no podría… y… ¿Q-quien es Alice?
― Está bien, está bien… llévame a ver tus 14 favoritos. Alice es una amiga a la que estoy ayudando en su capacitación rumbo a la maestría literaria, ya sabes… la típica relación, nada fuera de lo común.
― ¿U-una escritora?
Los ojos de la chica se iluminaron cual antorchas olímpicas de un instante a otro, en su poco disimulado arrebato de emoción se aferró de la manga de Marco, que intentó zafarse, en vano.
― Ya entendí, ya entendí… eres una chica loca amante de los libros que pasa todo el tiempo leyendo y que al parecer admira a todo aquel que se llama escritor… ¿sabes cómo le decíamos en mi antigua escuela a la gente como tú? Ratones de biblioteca. Una vez sabiendo esto, ¿te molesta si a partir de ahora te llamo ratón?
La chica bajó la mirada y esbozó un gesto triste, sus labios dibujaron un puchero de inconformidad.
― Está bien, mal chiste y muy grosero… la gente me dice constantemente que debo cambiar mi actitud con la gente pero no puedo evitarlo… ¿qué te parece si para recompensarte comienzo a llamarte ratón vaquero? No es tan ofensivo y estoy convencido de que a la gente les gustarías más sabiendo que además de ratón también eres una guerrera del viejo oeste.
Ella negó en silencio y liberó a Marco de su aprisionamiento, después pegó sus manos a su pecho.
― M-me llamo D-Debité…
― ¿Debité? ― Marco imitó a los perros cuando ven algo que no comprenden, ladeando la cabeza con extrañeza. ― ¿Qué clase de nombre es ese? Voy a preguntarte algo muy directo… ¿hiciste algo malo a tus padres para que te odiaran tanto?
― E-es el nombre de mi abuela. ― Nuevamente, dejó ver como un libro abierto su tristeza.
― Ah… excelente Marco, ¡Eres un maldito crack! ― Se dijo, golpeándose la frente. ― Escucha, ¿por qué mejor no vamos por esos libros antes de que empiece a insultar a tu madre o a decirte que Santa Claus no existe? Estoy en uno de esos días en que suelto cosas inapropiadas por montón…
― S-si… vamos…
Debité se movía como pez en el agua a través de las estanterías, controlando la escalera corrediza era una verdadera maestra; de hecho, podría hacer de ello un juego extremo si se lo propusiera. Fue impactante la velocidad con que encontró sus primeros 5 favoritos.
― Eres realmente asombrosa con esto de los libros, ¿eh? ―Preguntó Marco, con admiración. ― Supongo que no está tan mal ser un ratón si se trata de un ratón extremo como lo eres tú.
― G-gracias. ―Se sonrojó y esbozó una leve sonrisa.
― Oye, oye ―Marco soltó una risa. ― Debiste decirme que no eras un ratón, no sentirte halagada por lo que dije…
― L-lo siento… no soy m-muy buena con las charlas.
― Bueh, supongo que naciste tímida, ¿qué se le hace?  Oye… ahora que lo pienso… ¿por casualidad lees revistas de historias semanales?
― S-sí… McMagazine, Lovely Magazine, ShawnMadness, Clickonit, ¡Joder que no me leas, carajo ENTIENDE!...
― Presiento que si no te detengo durarás mucho rato hablando así que te voy a interrumpir e iré directamente a mi punto… ¿lees ALE?
― S-s-sí.
― ¿Y cuál es tu escritor favorito?
Ella dudó por aproximadamente 3 segundos, entonces sus labios se abrieron.
― S-sin duda, Kopazo.
― ¿En serio? ― El pecho de Marco se expandió, e incluso creció un par de centímetros en el instante, en su rostro se dibujó una sonrisa orgullosa. ― Yo también creo que es un amo, ¿qué es lo que más te gusta de él?
― S-su romanticismo… es espontaneo y vivaz…
― ¿Verdad, verdad? ¿Y no crees que sus palabras sean hermosas a cada línea?
― S-sí… creo que es por mucho el novato del año… y si sigue así… n-no lo sé…
― Sabes lo que quieres decir… y ambos sabemos que quieres decirlo…
Marco sonrió a su amiga, ella bajó la mirada con su ya clásico nerviosismo.
― P-puede ser el mejor del m-mundo…
Los ojos de Marco se ensancharon y se llenaron de la ambición que rebosaba de su interior. Su sonrisa se retorció en ansiedad y se deformó en la emoción, sus altas expectativas le hacían impacientarse por momentos, pero él debía comprender que Roma no se hizo en un día… aún había que esperar un poco más… solo un poco.
Cuando Debité terminó de reunir sus 14 libros favoritos, Marco le acarició la cabeza como si de un animalillo silvestre se tratase, ella se estremeció con sorpresa y pánico.
― Muchas gracias, pequeña Deb… estoy seguro que tus esfuerzos no serán en vano, en verdad le ayudarás a mi amiga…
― N-no es n-nada, señor… eh…
― llámame Marco, y no soy un señor. ¡Ah! Por cierto…
― ¿S-si?
 ― ¿Quieres saber por qué te pregunté esas cosas acerca de Kopazo?
Ella asintió, abriendo la boca un poco.
Fue un simple murmullo, tan silencioso que solo una persona pudo escucharle y que por respuesta solo recibió una notoria expresión de sorpresa petrificada en la emoción… pero para Marco, eso era solo el inicio… él estaba convencido de que el momento de su revelación llegaría pronto, y cuando eso pasara habría millones de gestos como el de aquella chica, sabía que alguien querría bautizar una calle con su pseudónimo y que más de un monumento se erguiría a su semejanza… él no buscaba que le compararan con los demás, no… él era mucho más ambicioso que eso… él deseaba brillar más que los demás… él deseaba opacar a aquellos que eran considerados astros.
Aún si sabía que estaba mal perder el foco de lo que importaba en realidad a la hora de encaminarse en las letras, él deseaba la fama, el poder y el reconocimiento de las masas.
― Ten Zero… AsmaX… Mint… solo esperen, falta un poco más.
*****
― ¿Dónde rayos está ese chico? ― Andrea suspiró. ― Nos pidió que nos reuniéramos aquí pero no ha venido y no contesta su teléfono.
Gambino´s era nuevamente lugar anfitrión de otra reunión del circulo purpura. En esta ocasión se encontraban sentados Yah, Follow, Juanstástico y una chica de cabello castaño discutiendo en una mesa amplia.
― Vaya líder más extraño hemos conseguido, ¿no? ― Juantástico tensó la finura de sus cabellos lacios. ― Me parece que últimamente ha perdido el foco de lo que buscamos.
La otra chica asintió.
― ¿Ven? Hexa está de acuerdo conmigo.
Follow y Andrea intercambiaron miradas, sonrieron con complicidad.
― Estamos de acuerdo en eso… pero les sorprenderá una vez lo conozcan mejor… ¡ah! ― Reaccionó con un saltito al escuchar su celular timbrar al ritmo de una dulce melodía calma. ― Me acaba de llegar un correo de una admiradora… veamos…
― ¿Lees toda la correspondencia de los lectores? ― Juantástico bostezó. ― A mi sinceramente me da pereza, son demasiados…
― Por supuesto que lo hago ― Asintió al instante, con finura. ― siempre tienen cosas alentadoras o constructivas que decirme… mira, por ejemplo este dice… ¿eh?

Señorita Yah, ya me enteré que usted hizo trampa en uno de los capítulos pasados, ¡debería estar avergonzada! ¡Deje de irse de fiesta todos los días y póngase a trabajar por los lectores que le han entregado su preferencia!
Espero recapacite y tome un poco de amor por una profesión tan bella y deje de andar de loca por otros lados, de lo contrario, me habrá decepcionado aún más.
Un saludo.
Anónimo


―… ¡¿QUÉ?! 

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