Lo Último

Dos mundos, un sentimiento (4/??)


Experimento 4: Ligue.



Voy explorando nuevos paisajes para mí conforme la juguetona marea me va alejando cada vez más de casa, al principio es divertido y placentero, en realidad… el cosquilleo provocado por la velocidad me da una sensación agradable en todo mi cuerpo.
Llego a un punto en que la marea es tan rápida que deja de ser agradable y se torna en algo molesto e incluso doloroso, pareciera que algo me succiona hacia las profundidades, donde la luz del astro rey ya no llega ni consciente.
Lucho con todas mis fuerzas, moviendo mi aleta y brazos para salvarme, sin embargo parece ser tan poderosa la fuerza que mis movimientos no hacen sino acercarme más a la inminente caída en las profundidades. Finalmente pierdo mis fuerzas y soy arrastrada, indefensa.
La corriente comienza a tomar forma, aunque estoy más débil y confundida que nunca, puedo darme cuenta que mi cuerpo está girando en círculos cada vez más pequeños. Pareciera que el gran océano hoy está muy molesto y su furia fuera tal que deseara dar sepultura a todo aquel que estuviera en las cercanías de su ira. Ahí estoy… en el centro de todo.
Justo pienso en la posibilidad de cerrar los ojos y sucumbir ante la inminente derrota cuando de pronto soy golpeada con fuerza por un trozo de madera que se cruzó en mi recorrido, el impulso del golpe es tal que sirve para lanzarme fuera de la corriente e impulsarme a un espacio en que puedo luchar contra la fuerza atrayente.
No doy tiempo por muerto y comienzo a nadar en dirección contraria a la prisión sepultora, sin embargo, es avanzando que me doy cuenta de algo: no me encuentro en las profundidades, sino muy cercana a la superficie; todo el tiempo en que estuve pensando que me hundía en realidad estaba acercándome a la punta de las profundidades marítimas.
No hay tiempo para preocuparse por las reglas, lo primero que tengo que hacer si deseo volver a casa es navegar por estas corrientes medianamente alejadas del peligro y rodear la ira del gran océano, así lo hago hasta que algo capta mi atención y me hace detenerme en seco.
Al principio, se encuentra luchando, forcejeando y aleteando con desesperación  para no ser arrastrado por la corriente, pero poco después, al igual que yo hace apenas un par de minutos, pierde todas sus energías y comienza a ser arrastrado por la potente corriente.
No hay tiempo para preocuparme acerca de las reglas que me dicen que acercarme a aquellos con extremidades está prohibido, no puedo dejarle morir… de poder hacer algo al respecto, nunca dejaría a nadie a la merced de la perdición.



Al igual que casi todas las mañanas, el ambiente era ligero y dinámico, mis compañeros de aula estaban enfrascados en lo suyo mientras llegaba el profesor a impartir su materia. Decidí hacer lo propio, poniéndome al tanto con unos cuantos apuntes que me tenían algo atareada en historia del arte. Tomé asiento, saqué un libro y un cuaderno de mi bolso y comencé a leer.
―Hola. ―Saludó de pronto una voz masculina.
Al tener las aulas del campus, largos escritorios en conjuntos en lugar de pupitres individuales, supuse que saludaba a alguien aledaño a mi lugar, por lo que no me preocupé en desviar la atención de mi libro.
― ¿Por qué me ignoras? ― Insistió.
Entonces separé la mirada del libro y con gesto confuso observé a mi remitente.
Era el mismo chico de aquella ocasión, el que de pronto comenzó a actuar como si yo hubiese sido víctima de un accidente e incluso logró asustarme lo suficiente como para hacerme creer que era verdad y todo para al final hacer gala de un descarado y pasado de tono intento de ligue, el tal “James”.
Viéndolo en una situación más normal (al menos hasta ese momento), pude finalmente enterarme de que era bastante apuesto en realidad; tenía el cabello rubio, algunos de ellos con aparentes tonalidades en base a su peinado, corto y en ese momento relamido cual niño bueno (contrario a la ocasión anterior, dónde puedo jurar que lo llevaba alborotado).
Vestía con un sweater a rayas gruesas horizontales colores azules rey y negro, jeans de mezclilla azul marino y zapatos de vestir cafés. Era delgado  (incluso con las rayas horizontales, es decir, pasaba sin problemas uno de los mayores obstáculos de las ilusiones visuales de aumento del volumen)  y en forma, sus hombros se notaban ligeramente elevados y eso que también era bastante alto.
Pero fue su rostro lo que más me llamó la atención, tenía unos lindos ojos verdes, nariz cincelada y labios finos, tras estos últimos se mostraba una sonrisa amigable y pasiva, representaba todo lo que él no había demostrado en nuestro primer encuentro.
―Ah, lo siento… ―Me disculpé, casi de inmediato, tratando de mostrar compostura y evitando a toda costa demostrar que aún le guardaba cierto resentimiento por nuestro primer encuentro, pues la educación es lo primero sin importar la situación. ― Es solo que estaba concentrada y…
― No te preocupes ― Repuso, tomando asiento a mi lado y después volviéndose a mí con interés, su voz era gruesa y concreta, no seseaba ni pausaba al hablar. ― ¿Cómo has estado?
― Bien, gracias por preguntar ― Agradecí. ― ¿Y tú?
― De lo mejor, oye… quería hablar contigo sobre lo que pasó el otro día…
― Ah ― Asentí, intuyendo que estaba apenado y que deseaba disculparse para volver a empezar, como cualquier persona. ― No te preocupes por eso… solo me sorprendió un poco.
― ¿De qué estás hablando? ― Preguntó, gesticulando como si estuviera más confundido que nunca. ― Bueno, ya me contarás… lo que quiero decirte es que no estoy conforme con que me hayas rechazado después de haber armado yo una escena tan excelente… ¿No te enseñó tu madre a valorar las cosas que los demás hagan por ti? Creo que fue egoísta y grosero, así que vengo a que te disculpes.
Le miré, de forma irónica. Era como la primera vez, él llegaba de pronto actuando de forma extraña y encima esperaba salir ganando; el elemento sorpresa efectivamente me hizo estar desprevenida a la hora de su respuesta, sin embargo, ya su accionar no causó un desequilibrio en mi razonamiento.
― ¿Disculpa? ―Pregunté, sosteniendo la mirada irónica previamente lanzada.
― Tal como lo escuchaste, vengo por una disculpa.
― Una… disculpa…
― Así es.
― Una disculpa mía…
― No veo a nadie más por aquí que se haya portado groseramente, ¿Tú sí?
― Bueno… ¿James, cierto?
― Ese es mi nombre, no lo gastes nena.
― James, te decía, James… depende de cómo veas las cosas, James… ¿No te parece una grosería a ti avergonzar a una chica, James? ¿Frente a cientos de personas haciéndole creer que tiene algo malo, James? ¿Para luego pedirle su número, James? ¿No crees que eso sea una grosería, James? ¿James?
 ― Para nada, en realidad… esa chica tendría que sentirse feliz por aún estar estudiando y ya ser capaz de juntar multitudes enteras para disfrutar de su espectáculo… además… no sé si te diste cuenta pero dijiste mi nombre muchas veces aún cuando te dije que…
― Adiós, James ― Interrumpí. ― Estoy algo ocupada con estos apuntes y tengo que terminar… ¿Podemos continuar esta “conversación” después?
― ¿Por qué usaste comillas en la conversación? ¿Estás siendo grosera de nuevo?
― Para nada ― Sonreí. ― Yo no soy así, no te preocupes.
― En ese caso, te dejaré trabajar… vendré más tarde por mi disculpa, ¿Bien?
― Claro, claro…
Unos 10 minutos más tarde la profesora Shawn, una mujer entrada en sus 45, de largos cabellos  rizados color rojo casi naranja, finalmente se presentó en el aula, en sus manos llevaba unas fichas bibliográficas y las barajeaba cual maestro de mesa en un casino, parecía estar encantada.
― Jóvenes, buenos días… ¿Recuerdan que les dije que me gustaba hacerlos aprender con actividades que fomentaran sus sentidos artísticos?
― ¡NOOO! ―Exclamaron todos.
― ¿Eh, como que no se acuerdan?
― Nunca nos dijo eso, maestra. ― Explicó una de las que se encontraba en la primera hilera.
― Ah, ¿No?
― No ―Explicó nuevamente. ― De hecho, el primer día de clases nos dijo que literalmente nos iba a enseñar en base a leer millones de páginas y a copiarlas exactamente iguales en los cuadernos…
― Ah, bueno… esa era la yo del pasado así que vamos a olvidarlo y vamos a movernos al futuro, ¿Les parece? ¡Bien, pues hoy les traigo una asombrosa actividad en parejas! ¿Ven estas fichas?
Las levantó con su mano izquierda, para que todos pudieran verlas un tanto más claras, aunque para mí seguían estando en blanco, probablemente por estar en una de las últimas hileras.
― Están en blanco, maestra… ― Explicó por tercera ocasión la misma chica de enfrente, que comenzaba a caerme bien.
― ¡Exacto! ― Exclamó la maestra. ― ¿Saben que vamos a hacer con ellas?
― ¿Escribir? ―Atinó a decir nuevamente mi futura mejor amiga.
― ¡Exacto! Alguien tiene ganas de graduarse con honores, ¿No? ¡Pues está funcionando! Pero en fin… ¡Vamos a escribir!
― ¿Escribir qué? ― Gritó alguien desde el fondo.
― Todo lo que les identifique como personas, su nombre, sus gustos y disgustos, sus pasiones, sus canciones favoritas… todo lo que puedan escribir acerca de ustedes deberá ir escrito en estas tarjetitas, como verán… son muy chicas, es por eso que vamos a tener que resumir lo que somos como persona de una forma muy compacta, una vez terminen, deben de entregárselo a su pareja y memorizar todo lo que ha escrito,  el propósito de esto, es anotar en sus cuadernos sus conclusiones al respecto al final… ¿Pueden jactarse de conocer a la persona que fue su pareja? ¿Pueden llamarse amigos ahora que literalmente han leído lo más importante de ellos? ¿Son más cercanos a ellos? Ese tipo de cosas… entonces, quiero que se pongan en pareja y…
― ¡YO QUIERO IR CON ELLA, NADIE LA AGARRE QUE HOY ES MÍA!
Todos giramos la cabeza en dirección del grito, asustados; al final resultó ser lo que más me temía: James se encontraba parado sobre el escritorio, señalándome con su dedo índice de forma pasional y decidida. No hay que mencionar que todos rieron.
― Bien, ― Aceptó la profesora. ― El chico apasionado puede ir con la chica bonita, pero bájese del escritorio que si lo rompe usted debe de pagarlo, ¿Eh?
― No se preocupe maestra ― Tranquilizó James. ― Con mi reciente resultado de 7% de grasa corporal es imposible que rompa escritorios tan grandes, ¿Quiere que le muestre mi lavadero a la clase?
― Será en otra ocasión, joven… pero en serio, bájese de ahí.
Suspiré.
Dicho y hecho, se armaron parejas en la clase y cada quién comenzó a escribir en la pequeña ficha entregada por la profesora, cabe mencionar que casi todos escogieron a alguien cercano a su lugar… en realidad, solo James decidió seleccionar a alguien ubicado en el otro extremo del aula.
― Tengo curiosidad… ― Comenzó, apenas tomó asiento. ― Hoy te vi llegar al campus en la mañana y…
― Tenemos trabajo, James. ― Recordé, carraspeando.
― Lo sé, lo sé… pero tenemos toda la hora y en realidad esto no tomará mucho tiempo.
― Está bien… ¿Qué pasa?
― Bueno…  te vi llegar con un chico… ¿Es tu novio o algo?
― Eso no es de tu incumbencia… Dime… ¿Qué crees que deba de escribir además de mi nombre y edad?
― Bueno… yo estoy escribiendo lo que me gusta comer y cosas así…
― Tienes razón, eso haré… ¿Sabes? me siento como si estuviera haciendo un trabajo de esos que te ponen a hacer el primer día de clases en la secundaria y preparatoria, ¿Tú no?
― Entonces… ¿Es tú novio?
― Nuevamente, James…
― Es solo que eso explicaría que me hayas rechazado de una forma tan grosera, ¿Sabes? Si ese fuera el caso, te perdonaría.
― En realidad, me fui de esa forma porque a nadie le gusta que le aborden de esa forma… es rudo, es cruel y está a nada de ser acoso.
― Eso no puede ser verdad ― Negó, soltando una risilla. ― Oye… ¿Crees que deba de poner algo sobre mi familia?
― Estoy pensando en lo mismo… se supone que debemos hablar sobre nosotros pero en cierta forma la familia es parte de lo que somos, ¿No? Yo digo que si… y sobre lo otro, te lo aseguro… a nadie le gusta eso.
― Bueno… me ha funcionado con muchísimas chicas.
― Exactamente, ¿Dónde conociste a esas chicas?
― ¿Eso importa realmente?
― Por supuesto.
― Me parece despectivo y grosero, ve y discúlpate con ellas.
Solté una risotada y después volví a pegar mis ojos en el papel.
― Si me dices dónde puedo encontrarlas puede que vaya y lo haga.
― Entonces ve a la cantina “Mencajosola” en Tijuana, aquí te espero.
― Creo que el misterio se ha resuelto ―Bufé. ― Moraleja: No trates de ligar chicas en un campus como se ligan chicas en un bar.
― ¿Y por qué no? Son chicas igual, ¿No?
― Son chicas en el exterior, si… pero el alcohol transforma a las personas… las vuelve vulnerables… creo que un ligón como tú debería de saberlo.
― Ahora asumes que soy un ligón… eso es racista, ¿Sabes?
― Dime que estoy mintiendo y ahora mismo te entrego mi número.
― Estás mintiendo. ― Murmuró, soltando guiños a cada palabra; solté otra carcajada.
― ¡No vale decirlo con guiños! Aunque bueno… al menos eres honesto.
― Oye… muchacha…
― ¿Si?
― No te agrado, ¿Cierto?
Busqué su mirada, con sorpresa. Él sostenía una sonrisa a labios cerrados y sinceridad en sus ojos.
― No te conozco, no puedo decir eso… aunque con la primera impresión que me regalaste… y con el cinismo de hace un rato… y con el escándalo para ser mi compañero…  me es algo difícil decir que puedas ser mi mejor y más querido amigo en el mundo.
― Bueno… normalmente las otras caen con estas actitudes…
― ¿Me estás diciendo que haciendo lo que acabas de hacer es como conquistas chicas?
― ¿Qué te puedo decir? Las hago reír, se dan cuenta de que soy divertido… comienzan a buscarme para reír y pasar el rato y de pronto… ¡Listo!
― Ah, ya veo… haces el “Bufón”, ¿No? Por lo que he escuchado de cierto amigo, es una de las mejores formas de ligue.
― Tristemente creo que contigo ha tomado el efecto contrario al deseado.
― Bueno… tras tanto tiempo de triunfos era natural que con el tiempo de toparas con una chica que no busque un graciosito, ¿No? No es como si yo fuera una en un millón ni nada por el estilo, es solo que sencillamente eso no me va ni me viene.
― Entonces, ¿Qué buscas en un chico?
Pensé con cuidado mi respuesta, no era algo que me preguntaran muy a menudo.
― ¿Qué tal esto? Que sea de confiar, que sepa cuidarme, mimarme y que esté dispuesto a pasar un día entero viendo un maratón de películas de Johnny Depp en orden cronológico.
― Suena a que quieres salir con Billie Wonka. ―Bufó.
― No estaría mal, pero él está casado con su trabajo como empresario chocolatero.
― Y dime… ¿No te gusta siquiera “Pasar el rato” con un chico apuesto y que ni en broma vería películas de Johnny Depp un día entero?
― Te voy a preguntar algo… ― Murmuré, sin apartar la vista de mi hojita, que ya estaba a punto de llenar en el primer lado. ― ¿Por qué te interesa tanto ligar conmigo?
― Eres la chica más hermosa que he visto… creo.
Así seas una súper modelo de talla internacional o una preciosa actriz famosa, que te digan que eres linda, hermosa, preciosa, bonita y demás… siempre va a teñir tus mejillas y a debilitar tus defensas por algunos segundos.
― Gracias… ―Agradecí, apenada. ― Pero también te lo digo de una vez, para no causar malentendidos y para que no gastes energías…  no va a resultar.
― Entonces si tienes novio, ¿No?
― No, no tengo novio ahora mismo…
― ¿Entonces?
― Tengo un… eh… no sé… como explicarlo… ni siquiera sé porque intento decírtelo… el caso es que no estoy interesada en ligar, pasar el rato, tener novio o vivir un romance.
― ¿Qué hay del sexo casual? ―Preguntó, sin alterar su gesto sereno.
― Vaya, eso fue descarado ― Admiré. ― Gobiérnate, James.
― Ya veo… ― Murmuró, sin tomar atención en lo más mínimo a lo último que dije. ― Comprendo… supongo que entonces en definitiva no tengo oportunidades contigo, ¿No?
― Así es… lo siento.
― Bueno… no siempre se puede ganar… terminé.
Me entregó en las manos su hojita, yo hice lo propio; pues también acababa de terminar.
― Oye… ― Llamó, con una voz seria.
― ¿Dime?
― Mucho gusto… Nohemi Patson, ha sido divertido charlar contigo hoy.
― Es Nahomi Dawson, pero digo lo mismo… James Johnson, si ignoramos que estuviste tratando de ligarme e incluso me propusiste una relación de sexo casual, creo que ha sido una de las charlas más entretenidas que haya tenido.
Sonrió, divertido, luego puso sus ojos en mi tarjeta y comenzó a estudiar mi vida entera en una ficha bibliográfica.

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