Lo Último

Dos mundos, un sentimiento (3/??)


Experimento 3: Distracción
El sol está en su máximo esplendor, rocía con su delicioso calor toda la explanada, que, a causa del clima invernal en el que nos encontrábamos atascados, todas las noches quedaba helada a tope. Esto no era sino una molestia para nuestra rutina mañanera, pues todas las primeras horas en que el sol apenas y rociaba con su alumbramiento al orbe teníamos que soportar el entumecedor frío.
Siento hambre, así que como del costal ya casi vacío que el amo ha dejado para nosotros. Algunas de mis compañeras me siguen la corriente, pero siempre guardan la distancia, respetuosas y cautelosas, no les doy mi atención, me concentro en lo mío.
Estoy ya por terminar de comer cuando escucho de pronto un tremendo cacareo proveniente de la parte trasera de nuestro gallinero, no es un grito de pánico o alerta, como el que se hace cuando una comadreja se ha colado por entre la reja protectora, es en realidad un sonido completamente anormal y desconocido para mí.
Mis compañeras pasan de alto esto, sin embargo me es imposible hacer lo mismo, mi instinto me lo impide. Al igual que yo, mi compañero al mando no puede dejar de mirar en esa dirección.
Nos acercamos lenta y cautelosamente a la parte trasera del gallinero, dispuestos a encontrar todo, sin embargo lo que vimos fue lo menos esperado: nada.
No había nada, solo tierra fría cubierta por la sombra del gallinero y un montón de cajas metálicas del amo.
Sin embargo, justo estábamos dándonos la vuelta para regresar a por los últimos granos del día cuando aquello volvió a ocurrir: un llamado de los nuestros de lo más extraño; no pedía auxilio, tampoco anunciaba nada y mucho menos marcaba algún territorio, era solo un sonido sordo perdiéndose en el viento y llegando a nuestros oídos por mera fortuna.
Por puro resorte enfoqué la mirada ligeramente más arriba, a por donde estaban las cajas metálicas del amo, ahí estaba ella:
Con plumas, igual que el resto… con plumas blancas, igual que el resto… con pico, igual que el resto… solo pude notar una diferencia: en ese momento, ella llevaba sus alas abiertas al viento, posando con orgullo y entrega.
Le hice el llamado de atención, indicándole que bajara inmediatamente y volviera, sin embargo ella no emitió ninguna respuesta o finta de interesarse en mis mandatos, ella siguió con esa pose aventurera.
Mi compañero al mando perdió el interés en la escena apenas sus patas comenzaron a congelarse, así que regresó a la parte frontal, dejándome a mí a cargo.
Volví a emitir una alerta, esta vez una muy fuerte, ella no se inmutó.
No sé cuánto tiempo me quedé mirándola, solo sé que de pronto y sin previo aviso, así de espontanea como un parpadeo: pegó un salto con las alas abiertas, soltando nuevamente su grito alocado y liberal, algo nunca antes visto, al menos no por un gallo de corral como yo.
Por un instante, pareció capaz de volar.


  Suspiré con pesadez y alejé la vista del libro de texto que sostenía en mis manos, no tenía caso.
Me tiré sobre el sillón de mi casa y me arrastré cual gusano en la búsqueda del control remoto, al no encontrarlo decidí revolcarme de un lado a otro con fastidio.
― ¿Qué estás haciendo, Mike? ― Preguntó Alison, mi hermanita pequeña, de 6 años, pelirroja igual que yo, rostro angelical y vestida 100% de rosa. Los más expertos psicólogos y pedagogos aseguran que los niños no descubren sus verdaderas personalidades o identidades hasta la aproximada edad de los 12, yo creía esto también hasta que conocí a Alison, cuyas primeras palabras fueron “Soy independiente y debes tratarme como tal”… está bien… quizás exageré y en realidad fue primero “Mamá”, “Papa” y “Mai” (Este último soy yo por si no se enteraron), el caso es que estoy convencido de que Alison está a un nivel distinto.
― ¿No lo ves? ―Pregunté. ―Me revuelco en mi propia miseria.
― ¿No le entiendes a tu tarea? ― Preguntó, tomando el libro que ya había abandonado hace apenas un par de minutos. ― “Historia del arte contemporáneo” No parece muy difícil… ¿Quieres que te ayude?
― Sí, claro… nada me animará más que mi hermanita ayudándome con mi tarea… ― Espeté, con obvio sarcasmo. ― Si quieres ayudarme… ¿Por qué no buscas el control remoto y lo pones en mi mano? He decidido no moverme más por hoy.
― Está bien… a ver… control, control…
Lo próximo que sentí fue el control remoto encajar perfectamente en la única mano que tenía a medio alzar, la agité en señal de agradecimiento.
― No es nada… oye… ¿Pero en serio estás bien? El otro día vi una telenovela en que un chico de tu edad hacía eso mismo que haces ahora mismo y se pegaba un tiro al final.
― ¿Qué clase de novelas te pones a ver? Ya, sácate de aquí, ándale.
― Pero Hana Montana empieza en media hora…
― Bueno… nos vemos por aquí en media hora… ve a hacer sándwiches o no sé…
― El chico que se pegó el tiro también comía mucho…
― ¡No me voy a suicidar ¿está bien?!
― Uy, que sensible.
Debo admitir que en eso ultimo algo de razón cargaba, no es como si estuviese bajo mucha presión o una serie de eventos desafortunados se encontraran carcomiendo mi estado anímico, en realidad, no tenía idea de que me acontecía. Solo sabía que me estresaba no saber nada de ella, al menos no desde nuestro último encuentro, durante el segundo día de clases, hacia ya 5 días.
Después de que nuestros labios se separaron de lo que pareció una eléctrica unión en que el tiempo no tuvo voz ni voto, Mónica se dio la vuelta, se puso sus zapatos y se alejó en un caminar elegante, sus últimas palabras aún resonaban en mi cabeza.
― Fallido, no fue estimulante en absoluto. ― Dijo con su ya usual frialdad, sin volverse a esperar una respuesta.
Solo recordar la imagen de su elegante porte abandonando la habitación dejando tras de sí corrientes heladas de indiferencia me provocaba ñañaras, ¿Qué rayos había sido eso? ¿Por qué me había besado? ¿Por qué después de hacerlo desapareció sin dar mayor explicación? Pues desde ese día no volví a verla nunca más por el campus… y peor todavía… ¿Tan mal había estado mi beso? Pero ya en serio, estaba confundido en proporciones bíblicas, no solo por el mundo nuevo que representaba una persona tan peculiar como lo era ella, sino también por las sensaciones que ese beso despertó en mí.
Por si se lo están preguntando, no, no fue mi primer beso… mi primer beso es algo a lo que ya llegaremos… pero ese es otro tema. En fin, no fue mi primer beso, pero si fue el primero que se sintió de esta forma… fue eléctrico, frío y misterioso… la suave y húmeda textura de sus labios sirvió de anestesia para el gigantesco torrente de novedades, y es que aunque el tiempo se detuvo en ese momento, al recordarlo apenas y podía reproducirlo como algo fugaz y pasajero.
¿Era curiosidad? ¿Obsesión? O quizás… ¿Enamoramiento? No, eso no era posible… ¿Quién se enamora de una desconocida y solo por un simple beso? Más negable aún era esta posibilidad con los recientemente presentes sentimientos de culpabilidad que me daba el solo pensar en ello.
Algo no estaba bien… fuese cual fuese la razón, no podía sacarme a Mónica Bonnet de la cabeza.
― Oye, Mike… ― Llamó Alison, desde la cocina. ― ¿Hoy no iba a venir Nahomi?
― Es domingo… ya sabes que los domingos le pertenece a Dios y a su familia… ¿No me digas que ya la extrañas?
― No es eso… es solo que estoy viéndola estacionarse frente a la casa y por eso me extrañó.
Levanté mi torso cual suricato para verificar, era verdad: Nahomi estaba bajándose de la camioneta purpura de su madre (cabe mencionar que con bastantes problemas, pues esa camioneta es enorme y Nahomi es pequeñita)
― No sabía que Nahomi supiera conducir ― Agregó mi hermana. ― Con eso de que siempre la traes de arriba para abajo…
― Eso es porque es una floja ― Bufé. ― Pero es capaz de hacer todo por sí sola la desgraciada.
Antes de que tocara el timbre salí a recibirla, como siempre, estaba muy linda: llevaba una blusa azul cielo con estampados sencillos y un pantalón de mezclilla azul claro y llevaba su cabello atado en una coleta sencilla, dando así una visión más amplia de lo que su tierno y lindo rostro era. Antes de abrazarme verificó mi vestimenta.
― ¿Son las 11 de la mañana y sigues en pijama? ― Criticó. ― Muy mal, señorito… muy mal.
― Eso no sonó tan lógico como tú crees, es domingo y yo soy Mike, ¿Qué esperabas? ¿Traje y corbata?
― En realidad estaba pensando en un atuendo deportivo ― Acertó. ― Ah, ¡Hola, Alison! ¿Cómo estás cielo?
― ¡Nahomi! ― Exclamó la pequeña lanzándose a sus brazos con energía, cabe mencionar que solo con Nahomi se digna a actuar como una niña de verdad. ― Que bueno que viniste, ¡Mike está tratando de quitarse la vida!
― Eh… Mike… ¿Traducción? ―Pidió Nahomi, con un rostro de preocupación.
― Bueno… estoy viendo los padrinos mágicos a la espera de que comience Hana Montana y planeo comer sándwiches hechos por mi hermana menor y después seguir viendo tele todo el día hasta que el sofá y yo nos hagamos uno… si a eso se le considera ser un suicida ¡Entonces soy emo, mamá!
― Oh, cielos… ¡Menos mal que vine! No te preocupes, cariño… salvaré la vida de tu hermano en un dos por tres.
― No me gusta cómo suena eso… ―Murmuré, con pesadez. ― ¿No tienes que ir a ver a tu abuela o algo?
― ¡Que grosero! ― Exclamó, llevándose una mano a su boca, pretendiendo estar sorprendida. ― Tienes un hermano muy descortés, ¿Lo sabías Alison?
― Ya lo sospechaba ― Repuso ella, con unos sorpresivos aires de decepción. ― Justo hace unos minutos me trató mal… ahora veo porque…
― ¡Ya basta las dos! ― Espeté, caminando rumbo al sofá en el que hace unos minutos me revolcaba. ― Va a comenzar Hana Montana, así que, ¿Por qué no guardamos silencio y disfrutamos de las locas aventuras de esta Popstar sureña?
― ¿Y porque no mejor Alison hace eso y tu y yo tenemos una charla? ― Sugirió Nahomi, revolviendo mi peinado de recién levantado. ― Anda, toma un sándwich y vamos a la mesa.
― Bien… pero que conste que si Miley Cirus revela su secreto y yo no estoy para verlo me voy a enojar contigo.
― Estoy segura que aún faltan varias temporadas para eso, no te preocupes.
Me levante con pereza del sofá y caminé de mala gana a la cocina, donde había alrededor de 30 sándwiches de jamón con queso amarillo y mayonesa descansando en un gran platón.
― Eh… Alison… ¡¿Por qué hiciste tantos?!
― No me dijiste cuantos tenía que hacer ― Repuso. ― Así que pensé “Mejor que sobre a que falte”
― Dios mío… ― Me lamenté, aguantando una carcajada. ― Mamá se va a poner histérica… “¡Eso era el jamón de todo el mes!” ¡Si vieras las ocurrencias de esta niña cada día!
― Las inscripciones para las pruebas de ingreso al equipo de football ya pasaron,
Vaya cambio de tema más radical, busqué la mirada de Nahomi con reflejo puro; estaba en su modo serio y determinado, con unos ojos desbordantes de pasión.
― Creo que estás en muy buena forma, Panchita y no soy para nada sexista… pero el football es algo rudo para una niñita… ¿No quieres unirte mejor al baloncesto o al voleibol?
― De hecho esto lo digo por ti, graciosito.
― Sigue siendo lo mismo: mucha rudeza para una niñita.
― ¡Mike!
― Perdón, perdón… explícame bien a dónde vas con esto, prometo ya no hacer burlas.
― Como tú sabes, el football siempre ha sido una buena llave para que los estudiantes atletas consigan excelentes becas universitarias, por eso gran cantidad de estudiantes de preparatoria se toman el football colegial tan en serio, su futuro va en ello.
― Correcto…
― Conozco a un chico, mi mejor amigo… que además de ser un excelente jugador, rechazó una beca de este tipo en una buena universidad por seguirme a una universidad de arte… eso me hace sentir culpable… por eso, quiero ayudarle a unirse al equipo de football de la universidad, así al menos puede conseguir la beca y brillar como lo hizo durante la preparatoria.
― ¡Eso es una estupidez, Nahomi! ―Reñí. ― ¡La razón por la que rechacé esa oferta es porque el football universitario es otro nivel completamente distinto y en el cual no tengo deseos de adentrarme! Créeme, ya no quiero jugar football, solo quiero pasar el rato contigo y con los demás amigos que haga… si es que alguna vez logro conseguir más… mira que no he hablado con nadie de la universidad y ya pasó la primer semana de…
― Aún recuerdo el último partido del torneo regional… estuviste asombroso.
― Oye, solo soy pateador, tampoco es gran cosa…
― Después de cada anotación tu rostro se iluminaba bajo una sonrisa tan enorme que no entiendo como entraba en tu rostro…
― Eso sonó más a insulto que a halago…
―… Y cuando perdieron el partido en el último segundo y lanzaste tu casco con furia al suelo… incluso lloraste…
― Y esto… solo es doloroso…
― El punto, Mike… es que sé cuanto amas este deporte, se vio en tu rostro esa noche… por eso quiero ayudarte a entrar al equipo de la universidad.
― Oye, Nahomi… hace unos segundos dije que no tengo deseos de adentrarme en el nivel del football universitario, ¿No me escuchaste o…?
― Decidí ignorarlo, pues es tu pereza al habla.
― De hecho, es mi realidad… yo no estoy a ese nivel.
― ¿Cómo lo sabes si no lo intentas?
― Por la misma razón que Goofy no estudió física cuántica, cada quien conoce sus limitaciones.
― ¿Estás diciéndome que no importa que tanto lo intente, Goofy sería incapaz de ser un físico?
― Al menos uno con un Nobel, no.
― ¡Mike, eso es lo más terrible que has dicho en todo lo que tengo de conocerte!
― Creo que la palabra que buscas es realista, terrible suena un tanto…
― ¡No, terrible es la palabra, terrible! ¡Estás diciéndome que la gente debe de conformarse y vivir en mediocridad!
― Si lo dices de esa forma suena feo… pero vamos, ¿No esperarás que yo compita con los futuros refuerzos de los vaqueros o los empacadores de greenbay, o si?
― ¿Y por qué no?  ¿No tienen ellos dos piernas y dos brazos igual que tú?
― ¡No se trata del número de extremidades, sino de las competencias! No estoy a su nivel, punto final.
― ¿Cómo puedes saberlo sin siquiera intentarlo?
― No se necesita ser un genio, Nahomi… dime, si te dijera que mañana voy a retar a un duelo de inteligencia a Stephen King ¿Quién crees que se llevaría la victoria? ¿O qué tal si le juego unas carreritas a Usain Volt? ¿Apostarías en mi favor en un sucio bar ruso? ¡Claro que no! Hay ciertos lugares en que uno sabe que puede competir y hay otros tantos en que es natural saber ponerse un límite, el football, para mí, es uno del segundo tipo.
― ¡Deja de decir eso! ― Gritó, hundiendo sus cejas con severidad y haciéndome encogerme un poco, Nahomi con gesto molesto era igual a “Cállate y cambia tus ideales”. ― ¡Nada me pone más furiosa que cuando te portas así!
― “Así” ¿Cómo?  ― Pregunté, sorpresivo. ― ¿Realista? ¿Lógico? ¿Honesto?
― Conformista, cobarde y mediocre.
― Tomates, jitomates… papas y patatas…  lo que para ti es algo para mi es otra cosa, ¿No?
― Eso parece.
El ambiente se puso tenso, eran muy pocas las ocasiones en que Nahomi y yo diferíamos en algo a rasgos tan altos que terminábamos ofendidos y con las garras al viento, ese momento fue uno de ellos. Sus aires de decepción fueron los que bien hicieron la diferencia, pues me entró remordimiento ante la posibilidad de haberme pasado de tono ante alguien que claramente solo buscaba ayudarme. No tardé mucho para tomar la palabra que ya había sido sepultada bajo el resentimiento.
― Oye… ― Llamé. ― Lo siento, me pasé…
― Lo sé. ― Repuso, en tono seco y mirando a la televisión a distancia.
― Escucha… es solo que… no soy del tipo extrovertido y lanzado, tú que me conoces más que nadie deberías de saberlo…
― Lo sé, y por ello es que me molesta… siento que abusas mucho de la comodidad, a tal punto que buscas evitar retos a toda costa... Como si solo tomaras los riesgos obligatorios en la vida, ya sabes… como ir al baño a la merced de que un oso te ataque o algo…  y dejaras de lado aquellos que son evitables por ser muy difíciles o que incluyan un posible fallo… solo quería ayudarte a demostrarte que más allá de una barrera alta no necesariamente debe de haber fracaso... solo… solo quería demostrarte lo lejos que puedes llegar.
Mi pecho dolía, escuchar las hermosas razones de Nahomi había despertado mi lado sentimental, mis ojos se tiñeron en dulces lágrimas de conmoción, ella se notaba algo avergonzada y vulnerable… muy tierna. Caminé hasta donde estaba y la abracé con dulzura.
― Te adoro, ¿Sabes? ― Pregunté, mientras con mis dedos jugaba deslizándolos por sus cabellos, la sensación era muy agradable y suave. ― Me halaga que pienses que tengo potencial y que quieras ayudarme, en serio que si… ¿Sabes? No sé qué haría yo sin ti por estos lares…  probablemente ya estaría muerto… gracias por todo, Nahomi… en serio, gracias por tu amistad, por tu apoyo, por creer en mí y por ser como eres.
Nahomi se puso de pie correspondió a mi abrazo, posó su barbilla sobre mi hombro y descansó de esta forma por varios segundos, comencé a mecerla en un compás delicado y a acariciar su cabello con lentitud, como si tratara de hacer dormir a un bebé.
― Vas a hacer que me dé sueño ―Bufó. ― Y si eso pasa voy a dormir, y cuando duermo durante las tardes no puedo dormir en la noche…
― Está bien ― Repuse, liberándola. ― No podría soportar con semejante cargo de culpabilidad, me suicidaría de la presión.
 ― Mike… entonces… ¿Me dejarías ayudarte a tratar de entrar al equipo de football?
Nahomi se miraba tímida, pude darme cuenta de lo mucho que significaba para ella que yo le permitiera ayudarme en cosas de este tipo, lo menos que podía hacer era pagarle con gratitud y confianza, y cuando se trataba de Nahomi, confianza y gratitud había mucha.
― Bueno… si… digo, después de ese discurso tan conmovedor ¿Cómo decirte que no? Nada me haría más feliz que ser ayudado por ti, sin embargo… como tu dijiste las pruebas para entrar al equipo de football ya pasaron… lo siento.
― Ya veo… ¿Entonces de no ser porque las pruebas ya terminaron accederías a que te ayudara?
― Totalmente, ¿Qué tan difícil podría ser de todas formas? Solo llevo 2 meses sin hacer nada de ejercicio y solo me llevan unos dos metros de altura y dos toneladas de peso, definitivamente con un poco de tu entrenamiento haríamos trizas a esos niños de mami.
― ¿Me lo prometes por la garrita? ― Nahomi puso su dedo meñique en forma de gancho, sin pensarlo dos veces hice lo propio con el mío y nos unimos en un pacto más sagrado que el pacto de sangre: el pacto de la garrita.
― Por la garrita.
― ¡Eso es excelente! ― Exclamó, tomándome por las mejillas y mostrándome una sonrisa radiante. ― ¿Sabes porque?
― ¿Por qué el haber dicho esto ha reforzado nuestra ya de por sí poderosa amistad y va a ser recordado como uno de nuestros momentos más lindos?
― ¡Ni cerca! ― Bufó. ―  ¡Porque mentí cuando dije que las pruebas ya habían pasado, serán a medio semestre! Y ya que me has prometido POR LA GARRITA que me dejarías ayudarte a hacer esto, supongo que mejor me lo tomo con la misma seriedad que tú.
― ¿Eh?
― Si, ya sabes… debo ir a comprar algunos libros, estudiar un poco… buscar información de cómo se entrena a un pateador y después podremos comenzar…
― ¿Eh?
― Deja de decir Eh, te recomiendo que mejor vayas a una tienda de deportes a comprar ropa de entrenamiento, algo cómodo… esa pijama no va a servir… bien, tengo mucho que hacer y tu también, ¡Nos vemos mañana!
Nahomi estaba encantada, de hecho, salió tan contenta que me fue imposible reclamarle por haberme engañado de una forma tan ruin. Solo me quedé ahí, parado como tonto… preguntándome si toda la conversación que recién habíamos tenido había sido obra de su plan o si había improvisado aprovechando las ventajas del momento, fuese cual fuese la respuesta, todo terminaba en una triste y borrosa escena de mí corriendo en zigzag a través de unos conos naranjas mientras Nahomi fastidiaba con un silbato de entrenador, sentía lastima por ese Mike… lo peor de todo es que próximamente ese sería yo.
Caminé arrastrando los pies hasta el sillón de la sala, donde mi hermanita miraba con serio interés su programa, me desparramé a un lado de ella y me revolqué cual hormiga ante un niño malvado con una lupa.
― ¿Hermano, consumes metanfetaminas? ― Preguntó Alison.
― Muy bien, mañana mismo voy a mandar activar el control parental.
Al día siguiente cuando recogí a Nahomi para ir a clases, contrario a lo que esperaba, no hizo comentario alguno acerca de lo acordado el día anterior; de hecho, incluso parecía como si hubiese perdido el interés en ello o algo parecido, esperanzado a esta posibilidad me decidí a no mencionar nada al respecto para ver si el problema se iba por sí solo.
Nos despedimos bajo las mismas indicaciones de siempre, me ordenó a esperar por su mensaje de texto y se perdió en el edificio 3, me dio algo de nostalgia verla alejarse… extrañaba esos momentos en que incluso durante clases nos la pasábamos juntos… ¿Por qué ya no podía ser así? ¿En serio tenía que esperar un semestre entero para volver a tener esperanzas de compartir clases con ella? y es que 6 meses parecen una eternidad cuando uno se encuentra impaciente. Con aires de amargura, marqué camino hasta el aula de la primera clase del día, en el edificio 1.
Entré abriéndome paso entre los estudiantes que estaban en el pasillo y giré para tomar las escaleras, fue entonces que me llegó ese aroma.
Me refiero a ese agobiante olor del café con caña, canela quemada y azucares saturados que había olido por primera y única vez el primer día de clases. Como impulsado por un resorte seguí el aroma, con una peculiar sensación en el estomago, cada paso que daba me hacía temblar más, sin embargo no deseaba detenerme.
Mi búsqueda me llevó finalmente a una de las aulas del último piso, la puerta estaba medio abierta y a través de la iluminación solar se notaba humo blanco saliendo del lugar, definitivamente era el lugar.
A pasos de bebé llegué a la puerta, ¿Ahora qué? ¿En serio planeaba sencillamente entrar y saludar? Eso era de locos, ¿Qué si pensaba que era un acosador? Aunque bueno… claramente lo era, seguir un aroma para encontrarme con alguien a quién solo había visto una vez no era precisamente lo que una persona normal haría…
Suspiré, después de todo no tenía el valor necesario para entrar en la habitación.
― Voy a llegar tarde a clases. ― Pensé, soltando la perilla de la puerta.
En ese justo momento, la puerta se abrió de par en par con brusquedad, dejando en su lugar aquella mirada que en mis recuerdos permanecía intacta como dura todo lo inmaculado y perfecto.
Llevaba una gabardina larga de lana negra que combinaba a la perfección con su brillante y oscuro cabello semejante a la obsidiana, a su rostro inexpresivo, frío e incluso apático y a su porte pálido y elegante, fue lo único que pude ver de su vestimenta, pues mis ojos perdieron capacidad de reacción apenas los suyos se les clavaron con su ya conocida potencia, de hecho, todo mi cuerpo dejó de responder.
Puedo jurar que su mirada sometió a la mía por horas enteras, pues así me pareció a mí en ese momento, ¿Qué se pasaba por su mente mientras me veía de esa forma? Era imposible saberlo, no gesticulaba y su accionar no dejaba más que el conocimiento de que había un mundo de distancia entre ella y yo.
― ¿Quieres algo de mí? ― Preguntó, en un tono rápido, frío e incluso hostil.
Traté de responder, en serio que si… pero me fue imposible… mi boca no reaccionó.
Su mirada me dominó.

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