Lo Último

Dos mundos, un sentimiento (2/??)


Experimento 2: Conquista.



La dulce marea matutina serpentea en mi cuerpo agradables cosquilleos en tiempos casi sincronizados, jugueteó con la sensación moviéndome en dirección contraria para aumentar la sensación. Es jugando de esta forma que me doy cuenta que el sol comienza a asomarse por la superficie.
Y es que bajo la tremenda felicidad de las profundidades es muy raro que tome importancia al posicionamiento del astro rey, sin embargo, bajo una temperatura cálida las corrientes se vuelven un tanto más activas y las corrientes se alteran a modo casi perfecto para jugar un día entero.
Es precisamente en eso como se pasan mis días enteros, jugueteando y gozando la excelente vida que se me ha regalado. Hoy no sería la excepción.
Me siento aventurera, es por eso que tomo una corriente inclinada y me decido a explorar un poco, si tengo algo de suerte, podría incluso encontrar a un compañero de juegos, pues vienen haciendo falta en días claros como este.



Las clases del cuarto día terminaron apenas me di cuenta, y es que cuando te diviertes en lo que estudias el tiempo siempre se pasa volando.
Cuando era niña, siempre amé acompañar a mi madre a las galerías artísticas que se efectuaban de vez en cuando en la ciudad, me gustaba mirar a los cuadros uno por uno detenidamente durante varios minutos, tratando de crear historias en base a lo plasmado, por muy infantil que esto suene, fue en base a ello que decidí estudiar arte. Por pura añoranza al mundo de sensaciones y emociones que distintos trazos y tonalidades pueden llevarte.
Tomé mi teléfono celular y comencé a escribir un mensaje de texto para Mike; “Ya salí, nos vemos en el estacionamiento”, volví a depositar el aparato en mi bolso y me puse de pie. Me despedí con una sonrisa de quienes eran mis nuevos compañeros y que aún estaban en el aula (Varios aún parecían tener el espíritu de preparatoria, pues apenas sonó el timbre corrieron cual jauría tras una liebre).
Mi nombre es Nahomi Dawson, por esos tiempos tenía yo 19 años y estaba cursando finalmente mi primer año como universitaria, aún añorando los días de preparatoria pero sin nada de qué arrepentirme y siempre con paso firme.
Mi personalidad no puede ser descrita mejor de otra forma que no sea “pacifica y serena”, desde que tengo memoria he odiado las peleas, los conflictos y las discusiones sin final; esto me ha hecho adoptar una postura de ayudar a la gente, me gusta creer que cada persona necesita un tiempo y un lugar en que se dé cuenta de cómo se debe obrar en realidad. Según mi madre esto se debe a que en mi vida pasada fui una psicóloga o quizás una madre de muchos hijos problemáticos.
Eso sí, en mi personalidad existen también ciertas… irregularidades; por ejemplo, soy muy apasionada, si algo se me mete en la cabeza no dejaré de trabajar hasta lograrlo de la forma en que esperaba, también soy muy afectuosa, no tengo miedo en confiar en la gente para entregarle mi amistad y cariño aún si esta persona ya me ha fallado antes y finalmente soy bastante vanidosa, me gusta verme bien siempre, primero muerta a que alguien que no viva conmigo me vea en pijama.
En cuanto a lo físico, bueno, no soy muy alta, 1:65 aproximadamente, delgada, cabello castaño claro y ojos del mismo color, mi piel es clara, aunque algo bronceada por el clima en que vivimos.
Salí del aula y me encaminé a través de los pasillos, donde varios estudiantes caminaban en direcciones varias y otros tantos sencillamente charlaban, estaba segura de que nunca me aburriría de ver tantos personajes tan llenos de originalidades, chicos con instrumentos musicales, con materiales artísticos o incluso con animales recién liberados de la experimentación química de alguna fabrica. En ese momento me pregunté si con el paso del tiempo también yo me vería igual que ellos... realmente no estaba segura, ya sería el tiempo quién lo diría, de cualquier forma no era como si fuese un requisito ser excéntrico o peculiar para disfrutar de las artes, justo llegaba a estas conclusiones cuando un par de vivaces ojos salidos de la nada se clavaron a pocos centímetros de mi rostro.
― ¡O DIOS MÍO, ¿ESTÁS BIEN?!
Solté un grito ahogado y un salto hacia atrás, asustada. El causante de ello era un chico alto de cabello rubio y ojos claros, que ahora me miraba con preocupación mientras se acercaba a mí con cautela.
― ¡No te preocupes, vas a estar bien! ¡Solo cálmate! Mira… ven, siéntate.
― Pero si yo no…
No esperó a por mi respuesta, me tomó del brazo y como se lleva a un enfermo recién operado me encaminó hacia una silla que sabrá Dios que hacía en el pasillo. Una vez tomé asiento comenzó a examinar mis ojos con precaución.
― Parece que no hay daños en el sistema nervioso… al menos no a la vista…
― ¿De qué estás hablando? ― Pregunté, ahora empezando a asustarme aún más. ― E… es natural… yo no tengo nada…
― Es peor de lo que creía ― Lamentó, mientras sacaba una linterna de bolsillo de su mochila y comenzaba a examinar mis pupilas nuevamente. ― ¡LLAMEN A LOS PARAMÉDICOS!
Para este momento ya había muchísimos curiosos, todos viéndome con preocupación y susurrando con incertidumbre a mí alrededor. Mis ojos comenzaron a teñirse en lágrimas de ansiedad, mientras soltaba una boba sonrisa de nerviosismo.
― Pero si yo no tengo nada… ― Murmuré, atemorizada. ―… Creo…
― Shh… shh… no te sobre-esfuerces querida ― Pidió con amabilidad mi aparente salvador. ― Todo se va a poner bien, ¿Me escuchas? ¿Por qué no hacemos ejercicios de respiración mientras llegan los paramédicos? Mira, vamos a contar hasta 10 y comenzaremos a inhalar y exhalar, ¿Bien?
Estaba tan asustada que comencé inconscientemente a hacerle caso, en su rostro habían ciertas expresiones de seriedad y confianza que me hacían seguirle, aunque por otro lado, también estaba esa sensación de miedo al desconocido creado por lo confuso de la situación, solo deseaba que Mike llegara por mí y me llevara a casa.
― Mike… ¡Mike! ― Grité.
― En realidad me llamo James, querida ―Bufó. ― Pero como quieras decirme estará bien…
― ¡Abran paso a los paramédicos! ― Gritó alguien desde el fondo, acto seguido la marea de personas dieron paso a un par de sujetos grandes con trajes azules y equipo de rescate.
― ¿Sigue consciente? ― Dijo uno de ellos, mientras abría la camilla.
― Si ― Respondió el aparentemente llamado James. ― Me sorprende… después de esa caída…
― ¡Pero si yo no me he caído de ningún lado! ― Chillé.
― ¿En serio? ― Preguntó, ahora con una gran sonrisa y falsa confusión. ― Porque puedo jurar que con esa belleza vienes caída del cielo.
― ¡No! Yo no me… ¿Eh?
― Ya me escuchaste, linda… eres un ángel…
Parpadeé con velocidad y puse mis manos en mi pecho, mi corazón latía a mil por hora, causa del miedo y sorpresa originada hace apenas unos minutos y de pronto todo comenzaba a tomar sentido.
― Dale tú mail ― Murmuró, tras mi falta de respuesta y con una sonrisa socarrona. ― Dale tú mail, dale tú mail, ¡Dale tú mail!
De pronto todos los presentes comenzaron a acompañarle en coro, incluso los paramédicos comenzaron a vitorear. Aplausos se le unieron a la porra. James me miró con resignación y fascinación, encogiéndose de hombros.
― Parece que es lo que ellos quieren… ¿Qué se le hace?
Me era muy difícil poner los pies en la tierra, ¿todo el susto que me había hecho pasar no era sino un cruel y terrible plan de ligar? Eso era imposible, ¿Cierto? Nadie está tan demente, ¿No? Esto tenía que ser una de esas bromas de cámara escondida, es por ello que con desesperación me puse a mirar a mi alrededor, en busca de una cámara de televisión.
― ¿Y bien? ― Insistió, acercándose nuevamente a mí. ― ¿Vamos a tomarnos un café o algo?
Esto me hizo sentar cabeza, reconectar mis neuronas y activar mis defensas; con un manotazo le indiqué que se alejara de mí, me puse de pie y me abrí paso entre la marabunta que se había creado; estos, al ver mi reacción, comenzaron a abuchear al supuestamente llamado James por su derrota y otros tantos a aplaudirme o a querer hablar conmigo, les ignoré con la poca dignidad que me quedaba.
Resoplé, con mal humor, me sentía humillada, utilizada para un espectáculo público y encima obligada a flaquear en mi propio estado físico… ¿Qué tan idiota era por siquiera permitir que un extraño me hiciera dudad de mi estado de salud? No quería pensar en ello. Tristemente me era imposible desviar mi atención de lo recién vivido.
― Son gente con percepción artística ― Pensé. ― Es probable que aquello fuera una especie de teatro callejero o simple reflejo de la peculiaridad humana existente tras perseguir el mundo de las bellas artes.
― ¡Panchita! ― Exclamó la voz familiar que tanto esperaba escuchar, me volví a donde provenía el llamado y por puro resorte caminé en su dirección.
― ¡MIKE! ― Chillé, lanzándome a sus brazos, el correspondió el gesto con lentitud y confusión.
― Eh… no tengo dinero hoy, ¿eh? ― Se burló. ― ¿Qué te pasa?
― ¡No tienes idea de lo que me acaba de pasar! ― Grité, aferrándome aún más fuerte a su torso, finalmente liberando un poco de la tensión generada. ― ¡Te juro que sigo sin entender! Acabo de conocer a la persona más extraña del mundo…
― ¿Ah sí? ―Preguntó, tensándose ligeramente. ― ¿Q-Quién es?
Le conté lo ocurrido con lujo de detalle para cuando llegamos al estacionamiento, Mike fue endureciendo su rostro conforme el relato avanzaba, aunque claro, gracias a lo absurdo de la situación le fue imposible no soltar algunas risillas o exclamaciones a la máxima y divina deidad.
― ¡Es increíble! ― Gruñó. ― ¡Los ligones cada vez están peor! ¡Demonios! Deberíamos… demandarlo o algo.
― Bueno, tampoco me iría a tantos extremos, Mike… técnicamente no hizo nada fuera de la ley…
― ¡Díselo a los paramédicos con su falsa alarma! ¿Qué si hubo llamadas de emergencia durante ese periodo de tiempo en que iban a ayudarte?! ¡Lo que hizo fue irresponsable y ridículo!
― Y yo que estaba indignada por lo ocurrido ― Bufé. ― Creo que a ti te ha hecho enojar aún más.
― ¡Por supuesto que me hizo enojar! La próxima vez que lo veas ignóralo, ¿Bien? No se sabe de lo que es capaz.
Cuando la gente me preguntaba qué era lo mío con Mike siempre respondía de la misma forma: “amistad”, y casi siempre (por no decir siempre), había inconformidad en base a esa respuesta: “¿En serio? Parecen novios”, “No te creo” o “Deberían salir”, esas eran las respuestas más comunes y a las cuales ya me había acostumbrado con el paso de los años.
Y es que cuando uno tiene una amistad tan cercana y apegada como la que él y yo teníamos existen algunas cosas que dejan de importar, por ejemplo, cuando alguien pregunta a un par de amigos comunes y corrientes “¿Están saliendo, verdad?” Estos se avergüenzan y comienzan a negarlo con palabras exageradas y risas nerviosas, en cambio, para nosotros ya era algo tan común que pasaba a ser sencillamente un comentario muy redundante y tratable.
― Veo que hoy te has despertado en plan sobre protector, ¿Eh?  ― Bufé, soltando una sonrisa. ― Mira que ya se me bajó la impresión y molestia del momento con solo escucharte.
― No le encuentro la gracia ― Gruñó, sin despegar la vista del camino. ― Te lo digo… esa clase de chicos son un problema… por eso te lo digo, aléjate de él.
― Está bien, Mike… prometo no escaparme con él para casarnos en las vegas el día de mi debut como solista TexMex en el cowboy stadium.
― ¡Genial! ¡Ahora te burlas de mí! ― Levantó sus manos del volante y se las llevó a la cabeza con exageración, aprovechando que en ese momento estábamos en un semáforo en rojo. ― Recuerda que cuando nos encontramos estabas enojadísima por la vergüenza que te había hecho pasar ese loco ¡y ahora resulta que el excesivo soy yo!
― No es que ahora me encante lo que el chico hizo, tontín, es solo que no tiene caso que haya dos personas enojadas por una sola cosa, eso sería sobrevalorarlo.
Mike esbozó un puchero caprichoso que arrugó su nariz como un champiñón, se me pasó por la mente presionarla y hacerla sonar como el claxon de un auto pero probablemente eso solo lo irritaría aún más, por lo que solo me quedé mirándolo sin decir nada.
― ¿Qué? ― Preguntó un par de segundos después, cambiando su gesto irritado y caprichoso por uno confuso y avergonzado, se veía tan indefenso que parecía que de haber un arbusto u otro tipo de escondite natural se iría a ocultar al más mínimo movimiento. ― ¿T-Tengo algo en la cara o qué?
― No es nada ― Repuse, dedicándole mi mejor sonrisa. ― ¿Quieres ir a comprar palomitas al cine y a rentar una película a Blockbuster para verla a mi casa?
― No lo sé… ― Murmuró, bostezando. ― ¿Vas a pagarlas tú?
― Sabes que eso no es posible, el caballero debe pagar todo.
― Bueno… no sé quién es el caballero pero tras su aparente ausencia pagaré esta vez.
Probablemente ya lo saben, pero la razón por la que mi enojo e indignación se escaparon apenas le conté lo ocurrido a Mike se debía a esa discreta y cálida felicidad que me provocaba el sentirme protegida, e incluso hasta celada por él.

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