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Asociación de lectores y escritores (ALE) (14/??)


Capítulo 14: La determinación del artista
― Bien… lo mejor será comenzar con la reunión. Líder de grupo A, ¿qué historias han aprobado?
A la cabeza de la gran mesa de trabajo se encontraba un hombre de cabellos y bigote canos con gesto severo y gafas de fondo de botella. Con los brazos cruzados observaba a sus 3 subordinados.
― Bueno… ― Murmuró el más joven de ellos, de aspecto asiático e inexpresivo. ― En el grupo A mis editores han elegido estas obras.
El editor en jefe del grupo A se levantó de su asiento y entregó en manos de su jefe la lista, este la revisó con cuidado.
― Veamos… ― Ojeó el anciano, paciente. ― “Con olor a hierba”, “Llámame”, “Entre las páginas”, “Tics”, “Es así”, “Quiero tu amor”, “perfecta”, “De regreso a casa”, “La forma en que eras”, “Loco”, “Duende” y “Perdón”…
― Es curioso que omitieran a “Olvido” ― Murmuró el aledaño al asiático, un hombre totalmente calvo con gesto malhumorado y sarcástico, de aquellos que tienen en su rostro un letrero de “odio la vida” pegado a un costado de la oreja. ― ¿No será que no leyeron bien las historias postuladas? ¡Hay que estar ciego para gustar de “Loco” por sobre “Olvido”!
― ¿Estás cuestionando la capacidad selectiva de mis editores? ― Preguntó el asiático, conflictivo con la expresión de su colega.
― Bueno ― Escupió el calvo. ― Creo que eres algo lento pero ya estás captándolo, eso es un avance…
― ¡¿Qué dijiste, maldito pelón desgraciado?!
― ¡Suficiente! ― Les detuvo el líder, golpeando la mesa. ― Entonces, líder del grupo B… ¿Tiene ya listas sus elecciones?
― Por supuesto ― Respondió el calvo, ahora sonriente ante el anciano líder. ― Aquí le entrego la lista. Esta si es de verdaderos campeones, no como el incompetente a mi lado.
― Básicamente es la misma lista… ― Murmuró el anciano, mientras revisaba con cuidado la entrega. ― Solo que se ha eliminado “Loco” para agregar “olvido” y “Duende” por… “Demencias de Lily”
― Bueno… creo que eso deja todo en manos del líder del grupo C ― Murmuró el asiático, suspirando bajo. ― Desde que es el señor Ronald quién elige a los 10 primeros participantes…
― Y ha hecho una elección muy interesante ― Interrumpió el anciano. ― Por eso nosotros no podemos quedarnos atrás. Nuestros 10 deben de poder competir con los suyos o la compañía comenzará a darle mayores poderes de los que ya tiene…
― Si es que eso es posible ― Se burló el calvo, poniendo sus pies sobre la mesa. ― Ese infeliz ya es prácticamente el presidente de ALE.
― Pero es sospechoso que se esté metiendo tanto en los asuntos de la mini ALE ― Complementó el asiático. ―Estoy convencido de que algo se traman él y la presidente.
― Bueno, no estamos aquí para discutir de los temas de administración de la compañía ― Interrumpió el anciano. ― Recuerden que el Doctor Ronald tiene un prestigio mundial entre las editoriales, además de un poder inconmensurable ahora mismo en la ALE, y estar en contra suya es una grilla sin salida ni victoria. Solo vamos a manejarnos dentro de lo que nos pidan, es nuestra función. Ahora… líder de grupo C, ¿Puedo ver sus elecciones?
― Por supuesto, señor ― Murmuró con una voz sombría el tercero de ellos, lleno de ojeras y con un cabello enmarañado. ― Ha sido una decisión difícil pero estamos seguros de que estos son los mejores bajo nuestra opinión.
― Eso dependerá de si elegiste “Loco” sobre “olvido” o “Duende” sobre “Demencias de Lily” ― Bufó el calvo. ― Porque si lo has hecho eres tan imbécil como Yamantaka.
― ¡Silencio todos! ― Riñó el anciano. ― A continuación, voy a decir entonces las 10 seleccionadas por mayoría de votos y en caso de ser necesario por promedios…




― ¿Huh? ― Murmuró Alice, tallándose los ojos. ― ¿D-dónde estoy?
― En tu habitación ― Respondió Claudia, tranquila. ― Has estado durmiendo por las últimas 24 horas…
― ¿24 horas? ― Preguntó, luchando con desesperación contra una dura barrera de lagañas entre sus pestañas. ― Eso significa que ya es…
― Así es, Alice… hoy es el día.
 ― El día…
― Así es, el día.
― Dios mío… el día…
― Exacto…
― ¡CLAUDIA ES EL DÍA!
― ¡ES EL DÍA ALICE!
― ¿Qué horas son?
― Las 11 de la mañana, pero…
― ¡Dios mío! ― Alice se levantó de golpe y saltó hasta su reloj despertador, (que por alguna razón estaba semi destrozado a un costado de la puerta) y corroboró lo recién dicho por su amiga. ― ¡ES VERDAD! ¿No ha llamado el señor Yao?
― ¿Desde cuándo le llamas “Señor Yao?
― ¡DESDE QUE ESTOY NERVIOSA! ― Chilló, agitando por los hombros a su compañera y amiga. ― ¡¿NO HA LLAMADO?!
― Tranquila, no ha llamado… en realidad, ahora que lo recuerdo no dijo a qué hora llamaría…
― ¡PERO SI NO LLAMA NUNCA, JAMÁS SABRÉ SI MI HISTORIA SERÁ PUBLICADA O NO!
― Nunca dije que no llamará nunca… ¿a qué viene eso? ¿Sabes? Creo que lo mejor será que descanses un poco más, no quiero que decidas hacer algo estú…
― ¡TENEMOS QUE IR A LAS OFICINAS DE LA ASOCIACIÓN, ¿QUÉ TAL SI AL SEÑOR YAO SE LE HA DESCOMPUESTO SU CELULAR Y NO PUEDE LLAMARME?!
― Precisamente de eso estoy hablando… anda, Alice… vuelve a la cama…
― Un momento ― Detuvo Alice, volviéndose ahora con un rostro sereno a con su mejor amiga, que tenía el rostro demacrado y con bolsas bajo los ojos. ― ¿Qué haces aquí y porque luces tan cansada?
Claudia desvió la mirada.
― Eso no importa, tonta… anda, vuelve a la cama.
― No, no… ― Se negó la de cabellos castaños, enterneciendo la mirada. ― Tú has estado cuidando de mí… ¿cierto? Te has estado cerciorando de que no entre algún asesino o comience a caminar dormida…
― Créeme, Alice… ― Murmuró Claudia, ahogando un bostezo. ― Es a los asesinos o a tu sonambulismo a quienes menos miedo tengo.
― Entonces… ¿por qué me has estado cuidando?
― En primer lugar… porque ayer te volviste farmacodependiente con todo el asunto de las vitaminas… y en segundo lugar… porque eres mi amiga… y estás en un momento que es importante para ti… así que lo menos que puedo hacer es estar aquí para responder la llamada de Yao si es que estás dormida en el momento…
― Claudia…
Los ojos de Alice se iluminaron en gratitud, su pecho fue inundado por una fuerte sensación de agradecimiento y cariño. Tomó la mano de Claudia y la invitó a levantarse de su asiento.
― ¿Qué pasa? ―Preguntó Claudia, algo asustada. ― No querrás que bailemos… ¿o sí?
― No es eso ― Repuso, negando un par de ocasiones con la cabeza. ― En realidad… quiero prestarte mi cama.
― ¿Eh? N-no hace falta, la que está cansada eres tú… además…
― Ya has hecho suficiente, Claudia… anda, por favor… duerme. Me siento feliz porque me hayas ayudado tanto hasta ahora… lo menos que puedo hacer es asegurarme de que tu también estés bien.
― Bueno… sí que estoy algo cansada ―Admitió, sonrojándose un poco. ― Pero si te dejo sola…
― Prometo no salir corriendo de esta casa ― Alice dio un ligero empujón a su amiga para que esta cayera sentada en el colchón. ― Solo voy a intentar escribir un plan para una nueva idea que me está llegando… ¿bien?
― En ese caso… supongo que estará bien… ― Claudia bostezó, después se recostó cómodamente sobre la cama que antes ocupaba la que ahora estaba de pie.
Alice sonrió.
No pasó mucho tiempo para que Claudia cayera rendida en los brazos de Morfeo, después de todo tenía ya un desvelo considerable en sus hombros y el cansancio había de cobrarle facturas más temprano que tarde. Apenas empezó a roncar, Alice salió a cuclillas de la habitación.
― Lo siento, Claudia… ― Murmuró la joven escritora, mirando las llaves en su mano con culpa. ― Pero si Yao tiene el teléfono descompuesto no podrá comunicarse conmigo.
La siguiente escena pareció salida de la mejor película de misión imposible. Alice hizo movimientos ninja severamente complicados para lograr bajar las escaleras y cruzar por la sala para así llegar a la puerta de salida. El esfuerzo fue tal que una gota de sudor cayó al suelo mientras giraba la perilla para así salir de la tremenda fortaleza que era su casa en ese momento.
― Si esto fuera una película de acción ― Pensó Alice, divertida. ― Esta gota de sudor activaría una especie de laser, sensor o algo así… por suerte esto es la vida real y…
― ¿QUIÉN ANDA AHÍ? ― Gritó el abuelo, desde su posición habitual al fondo de la sala.
Alice no tuvo tiempo para pensar en lo ilógico de la situación, ¿cómo era que su abuelo, el hombre sordo más sordo sobre el globo escuchara una gota de sudor caer al suelo? Bueno… ya habría otros días para llegar a esa respuesta.
― ¡NO SEAS RIDICULO ABUELO NO HAY NADIE! ― Gritó la madre de Alice, desde la cocina.
― ¡AH BUENO, ES QUE ME PARECIÓ ESCUCHAR UNA GOTA DE SUDOR CAER SOBRE LA ENTRADA, PERO SI ES UN VENTRILOCUO ESTÁ BIEN!
Alice aprovechó el escándalo para abandonar el hogar, deslizarse hasta el claudiusmovil, encenderlo y alejarse sin mirar atrás.
― Bueno… ― Pensó, buscando disminuir su culpa. ― Técnicamente no salí corriendo, por lo que no rompí mi promesa… de cualquier forma… lo siento, Claudia.
Fue a medio camino que Alice se dio cuenta de un pequeño problema en su plan de escape: nunca antes había conducido. ¿Pero qué tan difícil podía ser? Incluso Claudia podía hacerlo, así que seguramente no era la gran cosa; y de hecho, tenía la razón; claro, las primeras cuadras casi se mata y en las siguientes también… pero cuando llegó a la avenida ya tenía más o menos el chiste de la carcacha agarrado.
― Así que con esto se refieren cuando dicen “echando a perder se aprende” ― Pensó, mientras evadía cristianos a diestra y siniestra. ― Cuanta razón tienen… quizás me decida a sacar mi permiso cuando sea una escritora famosa…
Luego de varios golpes de suerte, salvaciones milagrosas y casi-choques, Alice finalmente pudo llegar al estacionamiento de las oficinas de ALE; al no saber estacionarse, ella sencillamente se detuvo en cualquier lugar y bajó del auto, esperando que nadie le dijera nada… tristemente el encargado del estacionamiento fue el primero en recibirla.
― ¡Señorita, no puede estacionarse así! ¿qué no ve que está inclinada? Además, está estorbándole la salida a dos autos y… ¿Por qué está en pijamas?
― ¿Eh?
Alice verificó, era verdad; iba vestida con una pantalonera a cuadros en tonos azules, calcetines negros y una blusa de tirantes purpura con un estampado de una aparente banda de rock.
― ¿Eh? ¿Quiénes son los One Biebersion? ― Preguntó Alice, sorprendiéndose más por el estampado de su blusa que por el hecho de haber salido vestida de esa forma.
― Es la legendaria banda musical #1 de todos los tiempos que revolucionó la música mundial, ¿no me digas que no los conoces?
― Ni idea señor, no soy muy musical…
― ¿En serio? ¿Y eres escritora así? ¿Sin música?
― Eh… ¿la música es tan necesaria?
― Grandes artistas se han inspirado con la música desde hace mucho tiempo atrás… sé que no es lo mismo, pero yo, cuando hago señas a la gente de cómo salir de su lugar del estacionamiento lo hago aún mejor con ayuda de la música.
― Efectivamente, no es lo mismo… pero eh… lo tomaré en cuenta… ¡Gracias, venerable extraño!
Sin esperar mayor respuesta, Alice corrió con una dirección fija: las oficinas de la asociación. Pronto dejando atrás al hombre.
― ¡O-oye, e-espera, aún no mueves tu auto! ― Gritó el sujeto, esperando así detenerla.
― ¡No sé cómo hacerlo! ― Exclamó la chica sin detenerse, y hasta acelerando aún más el ritmo de sus pasos. ― ¡Solo haga tiempo hasta que regrese, ¿Bien?!
Cruzó la explanada de pruebas, pasándola completamente por alto; de hecho, era la primera vez que hacía esto… por primera vez, sentía que pertenecía a un peldaño más alto aún… por primera vez: no se sentía como una novata cuyo sueño era platónico.
― ¿¡Oye, lindura, a donde vas con tanta prisa!?
Un sujeto se posó frente a Alice, de forma tan violenta que Alice por poco y se estrella contra él, afortunadamente logró detenerse y encararle, con confusión.
Era un sujeto moreno muy alto, de complexión mediana, con grasosos y largos cabellos negros y con una nariz puntiaguda, sonreía alegremente.
― ¿Qué pasa, amigo? ― Preguntó Alice, frunciendo el seño. ― Ahora no tengo mucho tiempo, ¿Sabes?
― Solo quiero saber a dónde vas, preciosa… es probable que yo pueda ayudarte, ¿sabes?
― ¿En serio? ― La chica sonrió en amplitud, pues en realidad no sabía exactamente donde comenzar a buscar. ― Bueno… ahora que lo pienso mejor no tengo idea sobre a donde tengo que ir… ¿sabes a dónde debo ir para enterarme de los participantes del nuevo concurso de la mini ALE?
El sujeto miró de arriba abajo a Alice y después esbozó una sonrisa serena.
― Por supuesto que lo sé, si gustas yo te puedo acompañar… solo debes de seguirme.
― Ah, ¡Está bien, gracias! ¡Tomaré tu oferta!
― Excelente, entonces vamos por aquí…
Tomando a Alice por la espalda y usando su mano contraria para señalar en dirección a los arboles aledaños a la explanada de pruebas, el desconocido comenzó a dirigir a Alice en una dirección incierta, a una distancia considerable, los del circulo purpura charlaban con un par de rostros nuevos; sin embargo, desde hacia un rato que la mirada de Marco había perdido la atención en su conversación vigente y se había enfocado en los movimientos de Alice.
―… Entonces, considero que unirme a su… grupo sería benéfico para mi desarrollo profesional, y a la vez sería positivo para ustedes por igual.
Quién hablaba era un hombre alto y delgado, ya entrado en sus 30´s, de largos cabellos oscuros y mirada pálida, su actitud era fría, altanera y directa; Marco odiaba eso en él, pero a la misma vez lo respetaba.
― ¿Qué opinas, Marco? ― Preguntó Andrea, acariciando sus rubios, casi blanquecinos cabellos. ― Es Juanstástico de quién estamos hablando… ¿No crees que sería una adquisición muy valiosa a nuestro equipo?
― Pero aquí dice que ha sido cancelado ya en dos ocasiones. ― Agregó Follow, mirando el contenido de una carpeta con cuidado.
― Pero en ALE acaban de oficializar la publicación de mi nueva obra Instituto de dioses y mortales, es un proyecto de largo plazo y que ha tenido altas calificaciones por parte de los jueces… eso es suficiente para saber que soy un escritor de calidad y de confianza que viene bien al círculo purpura.
― Corrección ― Intervino Marco, sin desviar la mirada de Alice, que ya comenzaba a perderse tras el espesor de los robles. ― Eres de calidad, pero no de confianza. Además ya eres muy viejo, tienes 35 años… no me agradan mucho los veteranos, tienen un… algo que no me termina de gustar. No obstante, tu calidad es innegable… quedas aceptado.
― Excelente ― Sonrió el hombre. ― No se arrepentirán de tener a Juanstástico en el equipo. Ahora, ¿podemos hablar de mi compañera? Ella es…
― Sí, sí ― Interrumpió Marco, haciendo un ademán de interrupción con la mano. ― Queda aceptada también… si me disculpan… debo ir a miarbolito…
― ¡No seas vulgar, Marco! ― Riñó Andrea, molesta. ― Si tienes que ir solo ve.
― Bien, bien… lo siento.
Marco se puso de pie y corrió en dirección fija a través de la explanada de pruebas, esquivando gente y escritorios a la mayor velocidad que sus piernas le permitían. Finalmente cruzó la explanada completa y se adentró con torpeza en los arboles.
― ¡ALICE! ― Gritó, a todo pulmón. ― ¡¿DÓNDE ESTÁS?! ¡ALICE!
Rebuscó con desesperación, fuera de la explanada y el edificio de la asociación, el resto del terreno era un tremendo conjunto de arboles cual parque nacional. Era tal la frondosidad del lugar que parecía ser de noche y una brisa helada cubría en su totalidad el terreno. Marco decidió moverse por las cercanías para ver si daba con ellos.
― ¡ALICE! ¡ALICE!
Era inútil, no había pistas de donde podría estar… si sus presentimientos eran correctos, no había tiempo para fallar, tenía que localizarla inmediatamente o estaría verdaderamente en un peligro inconmensurable
― ¡AYUDA! ― Gritó de pronto una voz femenina. El sonido fue tan tergiversado a través de la espesura que pareció irreconocible por unos instantes, sin embargo, por mera lógica Marco supo que se trataba de Alice.
― ¡ALICE! ― Gritó nuevamente el chico. ― ¡¿DÓNDE ESTÁS?!
― ¡POR AQUÍ! ¡AYUDA, AYUDA!
Finalmente pudo rastrear la proveniencia de los llamados, corrió nuevamente a toda carrera ahora esquivando arboles y ramas sueltas hasta que dio con lo que parecía ser un declive en el terreno de un metro y medio aproximadamente. Al fondo, Alice se encontraba parada, con la mirada dirigida hacia donde Marco se encontraba.
― ¿Marco? ― Preguntó Alice, sorprendida. ― ¿Qué haces aquí?
― ¡Alice! ― Exclamó Marco, saltando hasta donde ella se encontraba, la tomó por los brazos y comenzó a revisar que estuviera bien. ― ¿Estás bien? ¿Qué pasó? ¿No te hizo nada?
― Yo estoy bien ― Le tranquilizó. ―Pero él no… dijo que me llevaría a donde podría verificar si he sido aceptada en el concurso pero cuando llegamos a este lugar se resbaló y…
Marco miró al suelo: justo debajo de la declive se encontraba el sospechoso desconocido,  empapado, con lo que parecía ser un brazo roto, revolcándose del dolor y soltando quejidos ahogados.
― Ah… ya veo ― Murmuró. ― Además de bastardo, estúpido…
― ¿Eh? ― Preguntó Alice. ― ¿Dijiste algo?
― No, nada… a ver, déjame lo reviso…
Marco se acercó hacia el sujeto, que con solo ver la mirada furibunda de su nuevo amigo soltó un suspiro ahogado y en vano trató de ponerse de pie. Marco se arrodilló frente a él y le susurró al oído.
― ¿Con que la ibas a llevar a revisar si su historia era aceptada, eh?
― Eh… Eh… así era… eh… yo… yo…
― Dime… ― Marco comenzó a palpar la mano afectada del sujeto. ― ¿Cómo te llamas?
― Juro que no iba a hacerle nada malo… eh… yo… yo…
― He preguntado tu nombre.
― S-s-s-soy Corel…
― ¿Corel, eh? ― Asintió Marco, amable. ― Se te ha dislocado el hombro, Corel.
― ¿Eh? Ah… b-bueno… no te preocupes, en el hospital me lo arreglarán… por ahora solo vámonos de aquí y…
― No, no, no… ― Interrumpió, con prepotente insistencia. ― ¿Por qué esperar al hospital? Digo… si en medio de esta arboleda donde no hay ni un alma se entregan resultados de revistas… ¿por qué no han de arreglarse hombros aquí mismo de igual forma?
― ¿Está bien? ― Alice fintó con acercarse al ver su impaciencia desbordarse.
― Sí, está muy bien ― Respondió Marco, tapándole la boca a Corel con su palma para que no pudiese decir nada. ― Solo que me ha pedido que le acomode su hombro antes de irnos.
― ¿Eh? ― Alice ladeó la cabeza, interesada. ― Ah, ya veo… entonces eres enfermero o algo así, ¿No?
― Si, algo así… dame un segundo, ¿Bien?
Marco se acercó un poco más a Corel, liberó su boca en ese momento.
― ¿E-eres enfermero? ― Preguntó el chico, esperanzado.
― Para nada. ― Negó, con picardía. ― ¿Aunque sabes? He oído por ahí que echando a perder se aprende.
― No… ¡no! ¡Por favor no! Prometo no volver a hacerlo… escucha… ¡No sabía que fuera tu novia! Yo solo… yo s…
― Shh… shh… ― Interrumpió, llevándose su dedo índice a los labios. ― ¿Estás diciendo que si no fuera mi novia no te hubieras arrepentido de nada? Ese razonamiento no me gusta, Corel… ¿sabes? Creo que eres lo que en la sociedad llaman basura.
― L-lo soy… lo soy… pero… pero… por favor no me hagas nada.
― Me enfermas, Corel.
― A-así soy yo… s-soy un asco de persona… p-pero prometo n-no hacerlo de nuevo… ¡solo por favor no me hagas nada!
― Bah, solo eres un cobarde y llorón… ― Marco se levantó de sus rodillas sin dar tiempo a una réplica, y se volvió a la chica, que expectante esperaba de brazos cruzados. ― Alice, él dice que tiene que reunirse con alguien aquí, dice que podemos irnos adelantando.
― ¿Qué hay de su brazo? ― Preguntó ella, arqueando la cabeza.
― Resulta que no está dislocado después de todo, dice que estará bien, Así que no te preocupes, ¿bien? Vámonos.
― Está bien. ― Asintió. ― ¡Adiós desconocido, gracias por todo!
 ― N-no es nada… ― Dijo Corel, cerrando los ojos para aguantar el dolor y dejar ir el susto mientras los otros dos presentes abandonaban el lugar.
― Oye, Marco, ¿No te estás equivocando de camino? ― Decía la chica mientras le seguía con los brazos cruzados por el fresco del entorno. ― El desconocido dijo que era después de cruzar los arbóreos.
― Seguramente se confundió, en realidad las oficinas de los editores están en el edificio frente a la explanada de pruebas ― Mientras hablaba, observaba a la chica para asegurarse de que no fuese a resbalar. ― Y por cierto… ¿por qué estás en calcetines y pijama?
― Es una larga historia, mejor espera a que salga el tecno-libro para enterarte.
Unos minutos después se encontraban de vuelta en la sociedad, donde el sol aún iluminaba y daba calor. Alice, ya disfrutando de la calidez entrante en sus brazos desnudos, enfocó sus ojos entonces nuevamente al edificio principal de ALE, majestuoso e inmaculado.
― He leído en los foros que entrar a este recinto es un privilegio que incluso a los escritores cancelados les genera satisfacción con solo recordarlo. ― Alice caminó en línea recta, hasta posarse en la estructura que adornaba la entrada. ― ¿Crees que sea cierto?
― Me suena a una descripción muy romántica… en lo personal eso no me va.
― Entonces supongo que tampoco te va la historia de esta escultura, ¿No? A decir verdad… nunca he encontrado nada al respecto y tampoco he logrado comprenderlo…
― Bueno ― Murmuró. ― En realidad…
― La escultura se llama “compartiendo pasiones”.
 Marco y Alice se giraron con sorpresa, un hombre mayor, alto, de cabellos castaños claros y gafas delgadas. Ten Zero observaba a la escultura con aires nostálgicos.
― ¿Ah… sí? ― Preguntó Alice, abriendo la boca al máximo.
― Sí… muchas personas se confunden… ¿Sabes? No logran comprender como es posible que una revista de escritores individuales y en constante competencia usen una escultura tan poco adecuada como lo es una que aparenta fomentar el trabajo en equipo… en realidad están equivocados… esta obra no habla del trabajo en equipo… habla de la interacción entre escritores, habla de cómo ambos comparten un gusto.
― ¡No solo eso! ― Exclamó Marco, como buscando llamar la atención de Alice. ― También habla de cómo comparten una satisfacción, un fin y un placer mundano: La satisfacción de leer, el fin de escribir y el placer de ser leídos.
― Veo que interpretas muy bien a la estructura ― Felicitó Ten. ― Pues tienes toda la razón… sobre eso habla esta escultura; una vez se ve de esta forma parece ser la más indicada para estar aquí, ¿no creen? Es motivante, correcta y significativa.
Pero no hubo respuesta a su pregunta. La joven escritora no podía pensar en ello de momento.
― Eres Ten Zero, ¿Verdad? ― Preguntó, acercándose a él lentamente.
― Así me llaman. ¿Quién eres tú? ¿Una novata, quizás?
― Mi nombre es Alice Delaware, y sí… soy una escritora novata por ahora.
― Ya veo, mucho gusto Alice ― El hombre sonrió, amigable. ― ¿Y tu amigo es…?
― ¡Ah! ― Exclamó, girándose hasta donde su amigo se encontraba. ―  Él es Mar… ¿Eh?
Marco ya no estaba ahí.
― ¿Se fue?… es una pena… ― Se lamentó Ten, buscándolo con la mirada por los alrededores. ― Su respuesta fue bastante interesante.
― Tal vez tenía cosas que hacer… ― La chica de igual forma observaba en los alrededores, buscándole. ― Solo me lo topé aquí por casualidad…
― Ya veo… ― El hombre se encogió de hombros. ― Bien Alice, si me disculpas yo también tengo cosas que hacer, ha sido un gusto y espero que logres ser publicada pronto. Recuerda nunca rendirte, ¿bien?
― G- Gracias… ― Alice se sonrojó y bajó la mirada, aunque para ella era un sueño llegar a ser la mayor rival de aquel escritor, en ese momento le era imposible no admirarle al mismo tiempo al ser conocedora del inmenso reto que era triunfar en una revista tan competitiva.
― Entonces, ¡nos vemos!
El hombre comenzó a caminar con rumbo a la entrada del edificio, dejando a la chica detrás de sus pasos.
― Ten Zero… ― Murmuró Alice, apretando sus puños.
― ¿Eh? ― Se volvió un poco al escucharla apenas, amable sonrió. ― ¿Dime?
― Yo… voy a superarte.
Ten Zero se estremeció, dirigió su total atención a Alice, como si el tiempo se congelara. Sus palabras contenían decisión, intensidad, fuerza… espíritu. Le fue inevitable no recordar las palabras de Gambino, y los tantos rumores que recientemente surgían con respecto a la nueva generación venidera.
― Ya veo ― Musitó, sonriente. ― Me niego a dejártelo tan fácil. Pelearé con uñas y dientes para que eso nunca pase. Nos vemos.
Ten Zero se adentró en el edificio, dejando a una decidida Alice inundada en determinación e inspiración. En ese momento, su celular comenzó a timbrar.
― ¿Hola? ― Saludó.
― ¿Alice? ― Preguntó Yao. ― ¿Dónde estás ahora mismo?
― Fuera de las oficinas… ¿tienes los resultados?
― ¿Qué haces ahí? Ah… y sí, los tengo… has quedado clasificada entre las 20 historias finalistas y eres oficialmente una participante en el concurso, ¡Felicidades! ¡Vas a ser publicada por primera vez!
― Ya veo ― Sonrió ampliamente. ― Eso es excelente, ¡Sencillamente excelente!
― Si me esperas unos minutos puedo tomar un taxi e invitarte un filete para celebrar, ¿Qué dices? ¿Estás de ánimo?
― ¿Qué te parece si mejor nos reunimos en un par de horas? Me he robado un auto, tengo los pies mojados y estoy en pijama.
―… ustedes los escritores sí que son excéntricos.
― Nosotros los escritores… ― Repitió las palabras del asiático, le provocaban un calor agradable en el corazón. ― Tienes razón… soy una escritora, ¿cierto?
― No solo eso, Alice… eres una novata muy prometedora. He estado pensando acerca de tu crecimiento, y creo que he llegado a una interesante conclusión. ¿Por qué no lo hablamos más tarde?
― Entonces nos vemos en un par de horas en el restaurante de la vez anterior, ¿Q¿qué tal?
― Trato, y nuevamente: ¡Felicidades!
Alice colgó el teléfono y dirigió su mirada a la majestuosa escultura representativa de la asociación de lectores y escritores.

― ¡Quiero escribir!

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