Lo Último

Dos mundos, un sentimiento (1/??)


Experimento 1: Beso.
Despierto, me siento pesado, débil y hambriento, siento contra mi adormilado cuerpo la dureza de las puntas sueltas de paja que sobresalen del suelo, probablemente fueron estas las encargadas de despertarme.
Con mucho trabajo bajo de la que supongo es mi cama y me acerco al recipiente rectangular de un metro de largo y apenas unos 3 centímetros de alto que sirve contiene agua fresca desde muy temprano en la mañana, refresco mi sed y continuó mi camino.
Tal como lo esperaba, fuera del edificio ya hay un par de compañeras alimentándose de un costal con granos a medio abrir tirado en el aún frio suelo, pues el sol aún no tiene suficiente iluminando la zona como para entíbiesela lo suficiente, es por ello que mis patas se entumecen aún más al hacer contacto con el frio y terroso terreno.
Apenas me ven, mis compañeras abren espacio, permitiéndome alimentarme junto con ellas, ninguna me dirige la palabra o me mira, en realidad, nunca les había visto haciendo algo fuera de lo común, jamás se ponían a cacarear como locas o a jugar entre ellas, todo era una simple rutina, una simple y segura rutina.
Yo soy igual que ellas, vivo para comer, beber y dormir, es una vida perfecta, sin sorpresas ni riesgos, así es… la vida de un gallo de corral es una vida ideal.

La clase terminó, el profesor guardó su laptop y se alejó apenas nos deseó un buen día, este comportamiento no era más que otra viva prueba de que el ambiente era bastante distinto al de la preparatoria, aquí los profesores no tenían el tiempo, ni la paciencia ni la obligación de estrechar lazos con los estudiantes ni de estar velando por que todos entendieran los puntos expuestos durante la clase, por lo que tenías que estar muy atento a cada hora para no quedarte atrás, de lo contrario no habría quien te salvara.
Me encogí de hombros, guardé mis cuadernos en mi mochila y suspiré con pesadez, ¿Qué estaría haciendo Nahomi en ese momento? Era un verdadero desfortunio que pese a estar estudiando la misma carrera, en el mismo año y en la misma universidad, todas las clases nos hubieran tocado separadas, incluso las horas libres durante periodos estaban a años luz de coincidir, ¿Qué tanta mala suerte era necesaria para que algo tan lamentable como esto ocurriese? Sin importar cual fuese la respuesta, claramente mi ser contaba con esa cantidad y quizá incluso le sobraba la suficiente como para golpearme con un resfriado en verano o para que un perro me orinara en un momento de descuido.
Era el primer día de clases dentro de la universidad, el inicio de una nueva etapa en mi vida y de hecho, la última antes de dar el importante salto a la cruda, difícil y casi siempre traicionera  realidad, no solía pensar mucho en ello por esos tiempos, todo lo que tenía en mi cabeza por esos tiempos era en sobrevivir todas las mañanas en la universidad para en las tardes pasar el rato con Nahomi de forma tranquila y sencilla, yendo de compras, viendo televisión o estudiando, en otras palabras, tenía en mente lo que cualquier chico ordinario tendría, teniendo en cuenta, por supuesto, que el tiempo estaba por terminarse y que pronto sería la hora de sumarme a la sociedad definitivamente y hasta el resto de mis días.
Era, como en cierto momento un muy estimado amigo me dijo a modo de ofensa, “Un simple y aburrido costal de normalidad”, y esto no me molestaba en lo más mínimo, ser parte del promedio es algo que hasta el momento me provoca orgullo y satisfacción.
Mis calificaciones siempre rozaron las ideales, durante cualquier fiesta, mientras todos tomaban alcohol y fumaban por montón, a mí se me veía bebiendo un té Arizona, nunca falté a clases, nunca llegué tarde a casa y nunca se me vio inmiscuido en peleas (Al menos no de forma directa, pues hay un año de mi vida en la preparatoria en el que terminé siendo arrastrado a un mar de pleitos y engaños tomando un papel secundario del que prefiero no hablar), Suena algo aburrido, ¿no? Bien... quizá tengan razón… no… de hecho, definitivamente la tienen, soy de aquellos que lograron soportar la interminable marea de ataques, tentaciones y cuestionamientos de la adolescencia y la juventud; en más de una ocasión se me llegó a ofrecer alcohol, cigarros o drogas, y en más de una ocasión también se me acusó de ser “marica”, “aburrido”, “estúpido”, “ñoño”, “amargado”, y demás por negarme… bien, algunos dirán “eso debió ser difícil”, y sin embargo se equivocan, afortunadamente, además de ser bastante aburrido y normal, nací con el interesante don de la testarudez, por tal, decir no se volvió incluso un deporte mental muy simple.
Bien, para evitar que las descripciones de mi persona se extiendan en exceso y esta historia pierda el contexto vamos a resumir todo con una auto descripción sencilla: por esos tiempos tenía yo 19 años, estudiaba arte en el colegio de artes liberales y ciencias sociales de la universidad de Houston en Texas (CLASS para abreviar en sus siglas en inglés) y mi mayor aspiración era canjear el cartoncillo verde oscuro que sostenía en mis manos con ansiedad, más para ello tendría que esperar a que Nahomi me enviara un mensaje de texto, indicándome que ya había salido.
Bostecé, con pereza, mientras veía a cada uno de mis compañeros de clases abandonar el aula, algunos seguro estarían alegres por haber terminado satisfactoriamente su primer día de clases, mientras que otros mal afortunados deberían de soportar algunas clases más por la tarde y solamente estarían gozando de una pausa para ir a comer algo y seguir en la batalla por un rato más.
Afortunadamente mi horario no era malo en ese aspecto, digo, si quitábamos la decepción de que Nahomi no estuviese en ninguna clase conmigo y le dejábamos la gran bendición de tener todas las clases por la mañana, terminaba ganando más de lo que perdía, a fin de cuentas Nahomi y yo éramos tan inseparables que unas cuantas horas por la mañana apenas se notarían y terminarían recuperándose por las tardes.
Finalmente llegó un mensaje de texto a mi celular, “Ya he salido, nos vemos en la entrada al estacionamiento”, era mi señal, me puse de pie con la misma facilidad que un anciano y tomé camino en la dirección indicada.
Físicamente no había mucho de qué hablar acerca de mí, era solo un chico delgado de 1:80, con piel cobriza por tantas horas bajo el sol durante las prácticas de football, cabello rojizo y ojos oscuros, nariz respingada y labios ligeramente sobresalientes por mi cabeza semi redonda; nunca me consideré muy atractivo o muy llamativo, pues pese a ser pelirrojo, mi popularidad con las chicas nunca fue la de cualquier chico entrante en la categoría de “apuesto”, así que tanto en personalidad como en físico, estaba cubierto de una normalidad impresionante.
Estaba bastante emocionado por el nuevo ambiente en el que me veía inmiscuido, el campus era espectacular y cada estudiante y profesor era más fascinante que el anterior, nunca fui realmente un gran admirador del arte o de su concepto, sin embargo en ese momento no podía dejar de pensar que seguir a Nahomi hasta ahí había sido una idea estupenda, tras cada aula se podía apreciar a alguien expresándose en cierta forma, ya fuese actuando, pintando, moldeando, cincelando, tocando algún instrumento o escribiendo, es por ello que bajo el refrescante aroma del lienzo era muy difícil no sentirse inspirado ante tanta expresión.
Justo antes de la salida del edificio me detuve en seco por un curioso aroma que captó mi atención, era algo parecido al café pero ultra cargado con caña de azúcar y canela, se me cruzó por la mente que quizás algún profesor con terrible gusto para el café estaba preparándose un poco en su aula, pero también se me pasó por la mente de que en realidad fuese algún ejercicio de esos expresivos que hacen los artistas, emocionado ante la segunda posibilidad, me aventuré a seguir el olor, llevándome este al aula más cercana a la entrada, el aula de historia del arte, abrí la puerta ligeramente y eché una mirada rápida, el aula estaba vacía.
Ahora sabiendo que no interrumpía a nadie, abrí la puerta completamente y me adentré en la habitación, era la típica aula universitaria, con asientos en conjunto de madera escalonados y con una capacidad de unos 50 estudiantes por clase, en el área del profesor se apreciaban dos pizarrones, un escritorio sencillo con varios documentos y una maceta con bambúes en agua, a un costado de los pizarrones había un casillero gris de tamaño chico, era en este donde una cafetera pequeña preparaba café cual su función indicaba, esto descartaba mis ahora tontas teorías de experimentación expresiva, me encogí de hombros y suspiré, resignado, me dispuse a abandonar el aula, sin embargo, antes de siquiera poder girarme a la salida, escuché un pequeño sonido metálico que me hizo dirigir mi mirada al extremo superior del aula, fue la primera vez que la vi.
Su cabello era oscuro y brillante, más negro y resplandeciente que el cabello de cualquier otra chica que haya visto antes, parecieran finos hilos de la más delicada y fina obsidiana, el que lo llevara suelto y de largo hasta la cintura no era más que otra prueba más de su desbordante elegancia, pues al estar sentada en el marco de la ventana sus cabellos se agitaban ante el jugueteo incesante del viento sobre sus alrededores.
Su piel era blanca, casi pálida, tanto así que incluso se me pasó por la mente la posibilidad de que fuese una de esas populares muñecas de porcelana en tamaños reales, más sus parpadeos, incesantes y analíticos negaban esto.
Su rostro, severo, inexpresivo, analítico y expectante, nariz y boca pequeñas, esta última, ligeramente rosada y tonificadora a su ya antes descrita tez, sus ojos… oscuros, penetrantes y exigentes, era evidente que con ellos intentaba descifrar algo, pues apenas y se movían en un compás establecido.
Llevaba un vestido sencillo color amarillo con lunares blancos y un moño a la cintura por la espalda, iba descalza por alguna razón, aunque sus zapatos se encontraban justo a su costado, reposando sobre la parte superior del escritorio de trabajo más cercano a la ventana, ella se encontraba sentada sobre el borde previo a la ventana y en sus manos sostenía un cuadro de contenido desconocido para mí, pues solo era capaz de ver la parte trasera, ella le analizaba con impresionante dedicación y como si estuviese tratando de descifrar su significado y su vida dependiera de ello, sus labios esbozaron un pequeño gesto de fastidio, pero continuó analizándole.
Era la chica más hermosa que en mi vida había visto, su gesto severo y analítico, en compañía de su aspecto físico pálido y elegante la hacían parecer sencillamente y en palabras poéticas, “una princesa del hielo”, deseaba hablar con ella, quizás preguntarle que estaba haciendo… sin embargo, también deseaba pasar desapercibido, parecía ocupada y naturalmente cualquier extraño que de la nada se pusiera a charlar con ella sería una molestia, me di la vuelta y abandoné el aula, no sin antes, mirarla por última vez, era distinta al resto de personas que había conocido anteriormente… era como ver a una habitante de un mundo nuevo y desconocido, fue una sensación de incertidumbre y ansiedad indescriptible en palabras.
Aun distraído por mi reciente descubrimiento, me encontré con Nahomi en la entrada al estacionamiento, ella estaba cruzada de brazos y con gesto paciente, me dedicó una sonrisa de las que solo ella puede soltar.
Nahomi era una chica muy hermosa, de cabello castaño y lacio hasta los hombros, con un gesto cariñoso y amable, siempre sonriente y radiante, de complexión muy delgada y con el amor por la moda como su mayor característica, siempre vistiendo de forma espectacular sin llegar a la ridiculez, era esa clase de chica que tenía una clase de atuendo para cada ocasión y que cuidaba extremadamente no pasarse de tono para evitar críticas, naturalmente con este habito se volvió imposible que las chicas le criticaran, pues aunque por momentos su belleza la convertía en un blanco de discordia entre los hombres, su personalidad tierna y amable dejaba bien en claro el tipo de chica que era, para muchos durante preparatoria, la chica más hermosa de todas, y para muchos más “la mamá” de la generación, para mí… mi mejor amiga, prácticamente mi alma gemela y mi inseparable acompañante desde la escuela secundaria.
En realidad nos habíamos conocido en la escuela primaria, aunque por esos tiempos yo me juntaba con un par de chicos de nuestra aula y jugábamos gameboy todo el día, mientras ella se iba con su grupo de amigas a caminar o a jugar con el resto, no fue sino hasta la escuela secundaria, en donde, al vernos en la misma clase y sin ningún otro conocido nos vimos obligados a entablar amistad entre nosotros, a partir de ese momento nos volvimos inseparables, congeniamos de tal forma que por momentos pareciera que nos aislábamos del resto, es por ello que tan pronto nuestra amistad comenzó también lo hicieron los rumores, comenzaron a asegurar que nosotros estábamos saliendo e incluso por ahí llegaron a preguntarnos si estábamos casados, en lo personal nunca hice caso a estas acusaciones, y Nahomi tampoco, es por ello que nuestra amistad duró tanto tiempo, 3 años de secundaria y 3 más de preparatoria, y lo que nos faltaba por continuar juntos.
– ¿Listo para irnos, señor universitario? – Preguntó, con su tierna y maternal voz, a la vez que se aferraba de mi brazo con naturalidad. – ¿Cómo le fue en su primer día?
– Estuvo muy bien, en realidad – Admití. – Creo que esto de estudiar arte comienza a gustarme.
– ¡¿Verdad?! – Exclamó. – ¿Tuviste historia del arte? ¿¡A qué es excelente!?
– Aún no me toca, pero mañana a última hora voy a tenerla con el Profesor Stephoward.
– ¡Es excelente! Te lo aseguro, ¡yo aún estoy fascinada por lo que nos explicó! Y mira que apenas es el primer día…
– Aunque me decepciona un poco estar solo en clases – Reproché, en tono de fastidio. – ¿Qué los de la universidad no entendieron como iban las cosas? Hemos estado juntos en todas las clases desde sexto de primaria… ¡Exijo que siga siendo así!
– Bueno, en cierto momento tendría que surgir el valiente que nos cortara la racha, ¿no? – Bufó, riéndose. – No te preocupes… seguramente en el siguiente semestre nos toca juntos, he escuchado que se corta una cantidad importante de alumnos y las clases se dividen a la mitad, así que estará bien si soportamos estos mesecitos.
Llegamos a mi auto, un Ford Focus 2002 color verde metálico, como siempre, estaba increíblemente sucio, esto debido a que recientemente había llovido y los charcos terminaron dejándolo bastante feo.
– ¡Por Dios, Mike! – Riñó Nahomi, pasando la mirada por el auto con un gesto de ansiedad y autoridad. – ¡lava a este pobre auto de una vez, ya pasaron 3 semanas desde que llovió! ¡3 semanas!
– Pasa que el Mikemovil le teme al agua – Bromeé, mientras le abría la puerta del copiloto y cual elegante chofer le ofrecía mi mano para introducirse dentro del vehículo. – Y cada vez que trato de bañarlo sale corriendo… ah, pero eso me recuerda algo…
– ¿Qué pasa?
Rebusqué en mi bolsillo por un par de instantes y saqué el trozo de cartulina verde que estuve acariciando con ansiedad durante todas las clases, Nahomi le revisó con curiosidad y después sonrió.
– ¿Ya tan pronto vas a utilizar el “Vale por una pizza grande cortesía de Nahomi?
– Bueno… tengo hambre… y quiero pizza… y son mis boletos así que…
Ella se encogió de hombros y con desdén se puso a acariciar mi estomago.
– ¡Esto va a crecer, va a crecer! ¡Lo veo venir!
– ¡No voy a engordar! – Aseguré. – ¡Y aunque así fuera estoy seguro de que tú me seguirás queriendo!
– Bueno, eso es cierto… pero no puedes vivir solo de mi cariño, Mike, ¿Tolerarías que tu familia te diera la espalda por gordito? ¿Soportarías que Alison te negara como su hermano?
– Te diré algo… vamos a beber jugo en vez de refresco, así no engordaré tanto… ¿Trato?
– Bien… pero nada de pedir anchoas… las odio.
Así éramos, así vivíamos, éramos esa clase de amigos inseparables que siempre van tomados de la mano, abrazados o recostados en el regazo del otro, nunca le tomamos importancia a lo que la gente opinara de esto, pues es bien conocido que las lenguas nunca se detienen y por ello es recomendable sencillamente dejarlas hablar y seguir adelante.
Fuimos a la pizzería más cercana, después fuimos a comerla mientras veíamos una película de piratas del Caribe en mi casa, revisamos las tareas de cada uno por internet y una vez terminamos con las mismas, la fui a dejar a su casa, indicándole que pasaría por ella mañana a primera hora para nuestro segundo día de clases.
Todo parecía indicar que así sería nuestra rutina escolar, no era tan diferente a la de la preparatoria, lo cual era un poco decepcionante, sin embargo las ansias de volver a ese peculiar ambiente expresivo reavivaron mis ánimos, dándome incluso el extra necesario para vencer a mi hermana en Halo 2 antes de enviarla a dormir (cosa bastante difícil, pues ella es una genio en el 1 a 1).
Estuve vagando por mi casa hasta las 12, recordé que despertarme estando desvelado era tarea difícil para mí, así que inmediatamente corrí a mi habitación y me acobijé en mi cama, antes de dormir recapitulé el día (costumbre heredada de un libro cuyo nombre no recuerdo), fue un día normal, excepto por una cosa… esa chica… deseaba volverla a ver.
A la mañana siguiente, con algo de dificultades logré llegar a tiempo por Nahomi y de milagro llegamos a tiempo para nuestras primeras clases, luego de ser severamente regañado y de pedirme nuevamente que esperara su mensaje de texto para reunirnos y así no tenerme esperando, nos separamos y cada quien se fue por su rumbo.
Entre clases, nos enviábamos mensajes de texto tontos, preguntándole al otro si estaba aburrido o preguntando por algo tonto como “¿Apagaste la estufa antes de salir?” o “¿El pollo Kentucky se inventó en Kentucky?”, de esta forma, el segundo día se pasó de forma mucho más rápida que el primero, y así llegamos a la última clase, que casualmente también era la primera vez que tomaría la materia “Historia del arte”, que a su vez, casualmente también fue donde encontré a aquella hermosa chica con aires fríos y misteriosos.
En esta ocasión el profesor estaba presente, era un joven de unos 25 años con un largo cabello cobrizo amarrado a una cola de caballo bastante enmarañada, vestía con una chaqueta de tela café, un pantalón de pana azul y con un sandalias sencillas, sus gafas le daban un aspecto ciertamente intelectual, pero de ahí en más parecía un hippie total.
– Buenas tardes, jóvenes – Saludó, una vez todos estuvimos en nuestros asientos, él nos miraba uno a uno, con total interés, su mirada era abierta y por tal te daba la impresión de que se podía confiar en él. – Mi nombre es Jason Stephoward y estoy a cargo de encaminarlos por el extenso mundo de la historia del arte, materia que les acompañará por un buen tiempo y que seguramente amarán tanto, o más de lo que yo la amo, muy bien… normalmente les pediría que me dijeran sus nombres y que hiciéramos una actividad que nos uniera como grupo… pero el rector me ha regañado ayer por ello y me ha pedido que me limite a hablar de lo que me da de comer… entonces… hablaremos de esto…
El señor Stephoward se acercó a su escritorio por detrás y se agachó un poco mientras rebuscaba con un ligero forcejeo, un par de segundos después, reapareció nuevamente, esta vez con un cuadro en sus manos.
Se podía apreciar a una mujer encadenada por los brazos a una roca, varios huesos humanos estaban a su alrededor, prueba total de que se encontraba en medio de un peligro total, en el fondo se apreciaba a un guerrero con un casco dorado, montado en un caballo alado y con espada en mano enfrentarse a una especie de dragón marino, detrás de la violenta escena se apreciaban dos mujeres montándose en un barco y una ciudad inmensa e imponente.
– Empecemos por algo simple. – Comenzó. – Esta es…
Un ruido sordo provocó que guardara silencio y desviara su mirada hacia la entrada, por la posición en la que me encontraba me era imposible saber que había pasado.
– Ah, señorita Bonnet, ha vuelto… ¿Por qué no toma asiento con el resto?
Sin responder o sin esbozar gesto alguno de réplica, una hermosa chica de piel blanca, cabello negro y mirada frívola, vestida con un pantalón de mezclilla y una blusa sencilla color negra, se abrió paso por delante del profesor y tomó asiento en primera fila, ahí estaba ella de nuevo, era justo como ayer, intimidante, preciosa, fría y misteriosa.
Recordé que el día anterior ella estaba observando un cuadro desde la parte alta del aula, por lo que probablemente estaba interesada en el cuadro que el profesor sostenía en ese mismo momento, ¿Realmente se podía ser tan apasionado con algo que se rebuscaba hasta el infinito hasta obtenerse la respuesta buscada? Aparentemente, ella era la viva prueba de ello.
El resto de la clase dejó de prestarle atención y fijó su mirada en el profesor, esperando que reanudara su clase, yo me quedé mirando con la boca abierta como ella repetía lo del día anterior: se deshizo de sus zapatos, dobló sus calcetines y ya descalza, se puso a esperar junto con el resto a que el profesor continuara, sin mover su mirada ni por un instante.
–… Bueno, como les decía – Continuó el profesor, que al igual que yo se mostró interesado en el accionar de la temporalmente llamada “princesa de hielo”. – Para que vean lo que estaremos haciendo durante el semestre voy a tomar como ejemplo esta pintura, anexada a la lista de obras del arte occidental, ¿Bien? Pues comencemos.
El profesor tomó un caballete y depositó ahí el cuadro, luego comenzó a narrarnos la historia del mismo utilizando sus dedos como señaladores.
– Luego de vencer a Medusa, el guerrero Perseo iba de regreso a casa cuando se encontró con la hermosa Andrómeda encadenada a una roca a la orilla del mar, ella había sido encadenada al lugar por ordenes de sus padres Cefeo y Casiopea, algunos dicen que para ser sacrificada al monstruo marino Ceto por orden de un oráculo, otros dicen que solamente para contener su ira, pues al estar ella atada a esa roca significaba que era propiedad de dicho monstruo y por tal su ira estaba calmada; Perseo se enamoró perdidamente de Andrómeda apenas la conoció, por lo que fue con sus padres y ofreció matar al monstruo marino a cambio de la mano de su hija, ellos de mala gana aceptaron y fue así como haciendo uso del producto de la sangre de Medusa, Pegaso, el caballo alado, fue a enfrentarse a la temible bestia, aquí la historia nuevamente se divide, algunos dicen que Perseo asesinó al monstruo con su espada y otros dicen que fue haciendo uso de la cabeza de medusa, convirtiéndolo en un coral, lo que es seguro, es que Perseo amaba a Andrómeda lo suficiente como para arriesgarse a tal punto después de una batalla tan fiera como la que tuvo con Medusa, numerosas tragedias fueron escritas a través de esta historia, y si el tiempo nos lo permite iremos analizándolas una a una y en su orden conforme las clases vayan avanzando… ¿Alguna duda?
Recordando a la princesa de hielo, desvié la mirada nuevamente hacía su asiento, ella ya no estaba ahí, pero se encontraba mirando por la ventana más cercana, utilizando su brazo como almohadilla sobre si barbilla y empleando una elegancia increíble para cualquier chica de la alta sociedad, y más aún para alguien que se descalzó apenas pudo.
La clase terminó y poco a poco los estudiantes fueron abandonando el aula, el profesor se despidió de todos los que pudo y después también abandonó el aula, yo no podía moverme, pues aún tenía que esperar a por el mensaje de Nahomi, por lo que me dediqué a curiosear mi alrededor, al final mi vista quedó enfocada en un solo lugar.
Ella no se había ido, de hecho, había esperado a que el profesor se alejara para tomar en sus manos la pintura y analizarla de cerca nuevamente, justo como el día anterior, abrió una ventana y se sentó en el borde, permitiendo que la ligera brisa acariciara su cuerpo y cabello.
Me quedé embobado mirándola por un par de segundos, ¿Debería hablarle? Ciertamente me daba gran curiosidad saber que era lo que buscaba en la pintura, pero era mayor el miedo que sentía a su persona que la curiosidad que me provocaba, y es que alrededor de su persona se levantaba un escudo invisible de inaccesibilidad, por ello todos los que se mostraron curiosos ante ella al final de la clase recularon y se dirigieron en silencio a la salida.
Pronto solo quedamos ella y yo, no era gran cosa, ¿O sí? Solo tendría que preguntarle que era lo que le interesaba en la pregunta y ofrecer mi ayuda, no es como si ella fuese a morderme por acercarme a donde no me llaman o como si fuese a matarme con un lenguaje lleno de hostilidades, de forma impresionante, con estas simples creencias logré ponerme de pie y acercarme hasta su locación, una vez estuve a solo un metro de distancia, me fue increíble que no se inmutara de mi presencia, ¿O quizás me estaba ignorando?
Las líneas de su rostro eran tan finas que parecieran invisibles, su gesto, pese a ser severo no contenía gesto de enojo alguno, su ceño reposaba en la neutralidad y sus labios se mostraban acallados, se me pasó por la mente la duda de cómo se vería ella estando molesta, sonriente, triste o agotada, no encontré respuesta alguna bajo la cortina de tela que era su rostro.
– Eh… disculpa… ¿Te gusta esa pintura?
Esperé por varios segundos, no recibí respuesta, esto me hizo sentirme brutalmente incomodo, por lo que intenté retroceder lentamente y alejarme con la poca dignidad que le quedaba a alguien ignorado, por desgracia es precisamente en esos momentos incómodos en que tú cuerpo decide mostrar lo más torpe de ti, tropecé al pisar mi pantalón y caí de forma estruendosa, además de que solté un grito muy parecido a un “AY”.
Angustiosamente desde el suelo, levanté la mirada en dirección a la princesa del hielo, que ahora encajaba su penetrante mirada en mi persona, no esbozó gesto alguno y tampoco murmuró si me encontraba bien, simplemente se quedó mirándome.
Me sentí pequeño, intimidado y congelado, no podía moverme, con algo de angustia sentí como mis brazos temblaban ante tan poderosa y fría mirada, me sentí juzgado, pude imaginarme lo que en su mente estaba idealizando acerca de mí, seguro pensaba “es un imbécil” o “pobre petardo”, esto solo me hizo angustiarme un poco más.
– Eh… Hola… – Saludé, aparentemente producto del nerviosismo, ¿Curioso, no? Incluso la mente termina haciendo idioteces cuando estás nervioso. – S… soy… Mike Mattews… ¿tú…?
Ella no gesticuló en lo más mínimo, comenzaba a volverse frustrante el ser incapaz de leer su rostro, por si volvía a ser ignorado me puse de pie, esta vez dispuesto a huir corriendo, esperanzado a no volver a verla nunca más.
– Mónica Bonnet.
Su voz, impresionantemente contraria a su aspecto recto y analítico, era melodiosa y tierna oculta bajo su actitud callada y seria, aunque sonó algo ronca al ser esta su primera oración al menos desde que ingresó al aula hace una hora con 20 minutos atrás, una vez se presentó, desvió su mirada nuevamente al cuadro.
– Eh… veo que te gusta mucho esa pintura… – Murmuré, con nerviosismo, al no ver respuesta, continué. – ¿Qué es lo que tanto te llama la atención?
Esperaba que me ignorara nuevamente, sin embargo inclinó la cabeza lo suficiente como para clavarme nuevamente sus dañinos ojos, sentí la necesidad de escapar, pero me fue imposible al verme inmovilizado.
– Eh… digo… si quieres…decírmelo…
No estoy seguro de si fue mi imaginación, pero me dio la impresión, por un instante que ella arqueó una ceja, sin embargo rápidamente volvió a su gesto inicial, así como también siguió con su ardua investigación de la pintura.
– No entiendo el detonante que da vida a la leyenda y por tal me es imposible entender al cuadro.
– ¿Huh? – Balbuceé, soltando un ligero salto de sorpresa, no era mi imaginación, ella efectivamente había dicho varias palabras juntas, palabras concretas y que explicaban su estado actual, sin embargo no logré captar lo que trataba de decir.
– ¿Tú lo comprendes? – Preguntó, sin tomarse la molestia de mirarme, me sentí agradecido por ello.
– Eh… te refieres a la historia del cuadro… ¿No? Si es así… tengo entendido que Perseo se enamoró de…
– Exactamente, ¿Cómo es que Perseo se enamoró con solo observarla? ¿Qué lo motivó a librar  una batalla a muerte con una poderosa bestia marina como lo era Ceto? ¿Solo para contraer matrimonio con una desconocida?
– Bueno… he de suponer que el amor a primera vista le hizo…
– ¿Pero cómo se manifiesta entonces un amor a primera vista? ¿Es que con lo que sus ojos vieron le fue suficiente para saber que valía la pena arriesgar su vida? En todo caso si se agrega la posibilidad del amor a primera vista dentro de mi explicación interna eso solo dificulta el entendimiento del detonante; me parece más comprensible la posibilidad de que la historia se esté tomando desde el punto de vista de una de las tragedias con tintes románticos que escribió Eurípides al respecto, es más probable que haya habido intereses políticos de por medio, quizás lo hizo con el único propósito de gobernar Argos o para fundar años después la poderosa ciudad de Tirinto.
– Bueno… supongo que eso es posible… – Murmuré, pretendiendo no estar quedando atrás en la conversación. – Pero como decirlo… cuando un hombre ve a una chica hermosa… indefensa y en problemas… siente la necesidad de ayudarla… la verdad yo no comprendo el amor en lo más mínimo… pero creo que el lenguaje corporal es bastante importante…
– Explícate. – Ordenó, desviando su mirada del cuadro y dejándolo recargado en la pared, ahora prestándome su total atención.
– Bueno… según la pintura lo explica, Andrómeda estaba encadenada a la roca completamente desnuda… es probable que Perseo al haberse percatado de ello sintiera… atracción física hacia ella y tuviera suficiente motivación como para arriesgarse por ella… después de todo era el hijo de un dios y en sus manos tenía la cabeza de medusa así que…
– ¿Estás sugiriendo que el llamado “amor a primera vista” no es más que un simple caso de atracción sexual? – Acusó.
– Eh… yo… – Balbuceé. – No necesariamente… aunque creo que la atracción física es necesaria en el amor… así que… yo… no sé…
– ¿Lo es?
– ¿Disculpa?
– ¿Lo es? He leído en infinidad de libros y revistas que el amor es ciego… ¿Eso también es una mentira?
Me sentía acorralado, sentía que sin importar cual fuese mi respuesta siempre surgiría otro cuestionamiento que me costaría muchísimo responder, sin embargo no podía sencillamente quedarme callado y escapar.
– No… no lo es… probablemente es una combinación de todo eso… eh… tú sabes… quizás charlaron un rato, tuvieron algunas cosas en común… tal vez comieron juntos algo… y quién sabe, a lo mejor hasta se besaron.
– ¿Cómo una cita estereotípica de la actualidad?
– Eh… si… probablemente. – Murmuré, ahora sintiéndome idiota por siquiera plantear la posibilidad de Perseo y Andrómeda charlando en la orilla del mar como un par de adolescentes.
– Aunque… parece algo ilógico y patético... – Acusó. – Es cierto que los besos son clave total según grandes novelistas y románticos de todas las épocas…
– Si… bueno… después de todo son los besos los que despiertan sentimientos, bien dicen las novelas, ¿No? – Bufé, soltando una risita nerviosa.
Ella se estremeció ligeramente apenas terminé de hablar, de un salto se puso de pie y dando pasos cortos se acercó a mí lo suficiente para saber que apenas y me llegaba al pecho, me miró de arriba abajo.
– Mike Mattews, estudiante de arte de la escuela de artes liberales y ciencias sociales… ¿Cierto?
– Eh… cl…claro… así es…– Murmuré, avergonzándome y desviando la mirada al verla tan cerca de mí.
– ¿Quieres hacer un experimento?
Lo dijo con la misma frialdad que había estado utilizando desde el inicio de la conversación, sin siquiera alterarse en lo más mínimo, y sin embargo, no lograba comprenderlo.
– ¿Un experimento? – Pregunté, rascándome la cabeza. – No entiendo de qué clase de experimento estás hablándome en realidad… pero yo en poco tiempo debo irme a casa y…
– No tomará mucho tiempo – Aseguró. – No te preocupes, es llamado “Creación de afecto, prueba 1”.
– Ya veo… entonces… acepto, supongo… sea lo que signifique eso…
Tan pronto como acepté, levantó sus brazos y con sus manos se enganchó en mi cuello para agacharme un poco, y posando la punta de sus pies desnudos sobre mis zapatos para alcanzar, me besó en los labios.
Fue una sensación helada, sorpresiva, y revolucionaria sus labios estaban fríos; mi teléfono comenzó a timbrar, anunciándome la llegada de un mensaje de texto.

1 comentario:

eric dijo...

es bueno me atrapo no medi cuente cuando termine descriptivo expresivo me dio hormigueo en el estomago

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