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Asociación de lectores y escritores (ALE) (5/??)


Capitulo 5: La dedicación de Alice

– ¡Espera, espera, espera! – Ordenó Claudia, tapando la boca de Alice, que la miraba con ojos llorosos y ternura encarnada. – ¿Qué hemos hablado antes de no acelerar las conversaciones  a un punto en que no podemos tratar ningún tema?
– ¿Que no lo hiciera y que si lo volvía a hacer me arrancarías la lengua?
– Exacto, por hoy tu lengua está a salvo… pero vámonos por partes… primero me dijiste que habías leído todos los libros de Mint y que estabas fascinada, luego me dijiste que con ello finalmente habías recibido la iluminación y sabías lo que tenías que hacer, pero que tenías que buscar una serie de objetos; de pronto, pasamos a tu familia y te quejaste de tu abuelo por ser tan sordo y de tu madre por ser tan mala, también dijiste algo de un waffle en la boca… y después me preguntaste, en un cambio interesante de actitud debo agregar, sobre el clima de hoy…
– Correcto… creo que no se te pasó nada… ¿Puedo saber tus respuestas? – La joven desvió la mirada, tímida y aún herida por los sucesos anteriores.
– Eh pues… primero: si, Mint es una máquina. Segundo: ¿qué clase de objetos quieres buscar? Tercero: ¿Tu abuelo no es un veterano de guerra? Tercero: tu madre no es mala y si hablas mal de ella se te hará la boca chicharrón. Cuarto: me gustan los waffles. Quinto: el clima me importa un pepino… y no me respondas todo a la vez, comencemos con lo de los objetos, ¿Bien?
Alice asintió, y llevándose su dedo índice a los labios alzó la mirada hacia el techo, analítica y pensativa.
– Bueno… ni yo misma estoy segura de lo que estoy buscando… pero pienso que necesito un médium, dos almas gemelas, una piedra encantadora en el camino y un enganche.
– ¿Puedes decirlo en cristiano? – Riñó, suspirando y concentrándose en juguetear con el contenido de su sopa instantánea con el tenedor. – No me malentiendas, me gusta buscar médiums, almas gemelas, piedras encantadoras en el camino y enganches tanto como a todas las personas pero…
– Bueno, te explico – Sonrió, radiante. – Primero está el médium, es básicamente el escenario de la historia o el entorno en que se desarrolla el romance. Si lo aplico en la historia de Mint sería el ciclismo; ella le agrega amor al ciclismo y crea una bebida deliciosa llamada “amor en ruedas”… ¿me explico? Mientras leía su historia me di cuenta de algo muy cierto: el amor es algo así como chocolate en polvo, es bastante difícil probarlo por sí solo. Claro, al probarlo te sabe dulce, pero es fácil ahogarse con él y acabar tosiendo… es por eso que necesita algo líquido para mezclarle, eso sería el médium… necesito encontrar un ambiente para crear mi propia bebida deliciosa.
–… Y ahora estamos hablando de bebidas… pero creo que tienes razón, no puedes crear una simple historia romántica sin nada que la haga sobresalir.
– Así es. Con eso aclarado, pasamos al segundo objeto: dos almas gemelas. Me refiero por supuesto a la pareja principal que insertaré en el médium. Necesito dos seres que sean perfectos el uno para el otro, y cuyas personalidades sean atractivas. Por supuesto en la historia de Mint eso se aplica a Tory y Levy, que son la combinación perfecta entre pavo y relleno… ¿me entiendes?
– Si te entiendo… aunque tus comparaciones son realmente terribles, ¿no lo sabes?
– El tercer objeto – Ignoró Alice, con fuego en su mirada. – “Una piedra encantadora en el camino”, no es otra cosa que el rival amoroso; el antagonista, el malo… como tú quieras llamarle. La historia de Mint tiene muchas piedras, pero la piedra Alfa, por así llamarla, tiene su identidad muy clara, ¿No es así?
– Phoebe… – Murmuró Claudia, mostrando una mirada de odio profundo y puro. – Perra desgraciada…
– Exacto, Phoebe es una desgraciada, pero sin ella la historia no sería ni la mitad de buena; ella trae incertidumbre, tentación, inseguridad, conflictos y mil cosas más, con sus hilos, ella maneja la trama a su gusto cada vez que abre la boca. Entonces, necesito una Phoebe que se combine con mis almas gemelas y mi médium.
– ¿Y qué hay del enganche? – Preguntó de inmediato Claudia, ya impresionada por la astucia de su amiga.
– Ese es el más difícil de todos, algo que mantenga a los lectores atentos incluso cuando la historia no pase por un buen momento por la transición entre las distintas tramas. En el caso de Mint supongo que podría darle este título al buen y divertido Robert, que con sus ocurrencias siempre agrega un poco de comedia y sabor a las situaciones mientras la autora prepara nuevos escenarios para los protagonistas. Creo que ningún lector se da cuenta de que la historia pasa por un punto trabado gracias a las ya mencionadas locuras del divertido amigo de ambos protagonistas.
– Ahora que lo mencionas… tienes razón… parece no ser algo muy importante pero si lo dices de esa forma el Robert es básico… hace algo así como mini tramas dentro de las tramas, como aquella ocasión en que le llamó a la madre de Tory y la hizo viajar a Francia para que le diera un jalón de orejas a su hijo, eso me mantuvo muy entretenida mientras Levy tenía problemas con su pasaporte en Ámsterdam.
– Exacto. – Alice asintió, orgullosa por la buena comprensión de su amiga a sus explicaciones. – Tras leer en mi encierro espiritual me he dado cuenta de ello. Sonará algo precipitado, pero es probable que sin la existencia de Robert, la historia de Mint ya se hubiera cancelado hace un par de años.
La joven escritora sonrió con satisfacción, se sentía orgullosa de todo lo que había aprendido y lo que bajo su buena intuición había sido descubierto. De solo pensar que hace no mucho todo el asunto de la literatura era un misterio para ella, le daba por sonrojarse en orgullo propio… era difícil creer lo mucho que había avanzado en tan poco tiempo.
– Pues me quito el sombrero ante ti, Alice – Felicitó su amiga, con la boca abierta. – Te juro que pensaba que para estas alturas ya estarías aburrida acerca de este asunto de ser escritora… pero ahora comienzo a creer que vas en serio.
– Así es, voy MUY en serio… ¿Acaso lo dudaste? – Arqueó una ceja, algo ofendida.
– Eh… vamos, siempre has sido algo inconstante… no puedes culparme… – Claudia se encogió de hombros. – Pero eso no importa… ¿Cómo exactamente piensas buscar esos objetos?
– Bueno… no estoy segura… – Admitió. – Supongo que debo de observar mi entorno detenidamente hasta que lleguen frente a mí y me pidan que los tome.
– ¿Se supone que llegarán por si solos? – Ladeó la vista, incrédula ante las palabras de su amiga. – Vaya, eso sí que es conveniente. Ahora… Acerca de tu mamá…
– ¡Le he dicho que quiero ser escritora y me ha salido con que no puedo por la escuela! – Exclamó, regresando a su antiguo gesto molesto y desesperado, la gente a su alrededor comenzaba a mirarlas con curiosidad. – ¡¿Puedes creerlo?! Encima cuestionó mi dedicación y me ha dicho que ya me aburriré de ello como con todo lo demás… ¡Y su waffle estaba seco!
– Entonces tú madre está en contra de que seas escritora…. Eso sí puede complicarte las cosas, ¿No? Pero supongo que tiene razón, ¿no crees que sería prudente esperar a que termines la preparatoria? Escribir es un trabajo muy pesado y tendrías que perder tu vida social y horas de sueño para dedicarte de lleno a ello y a la escuela.
– ¡No me importa! Quiero ser la primera en ser publicada mientras aún estoy en preparatoria, ¿Es un sueño muy vil?
– Bueno, no es vil… pero tampoco es fácil. De cualquier forma, si tu madre lo decide, debes dejarlo, ¿cierto?
– Lo haré a escondidas… escribiré con mi celular.
– Eso es demasiado estúpido, mejor deberías escribir algo genial y mostrárselo… quizás con eso cambie de parecer y te dé oportunidad de...
– ¡ESO ES, CLAUDIA! – Gritó interrumpiéndola, sonriendo de nuevo. Ahora toda la cafetería las miraba. – ¡SI SOY PUBLICADA NO PODRÁ NEGARSE!
– Yo no dije eso, yo dije que…
– ¡Y TENDRÁ QUE VIVIR CON ELLO!
– Pero eso sería…
– ¡GRACIAS CLAUDIA, ERES LA MEJOR AMIGA DEL MUNDO, AHORA VOY A LA BIBLIOTECA PARA COMENZAR CON UNA HISTORIA CAMPEONA Y DIGNA DE PUBLICACIÓN!
– Bah… para que me molesto en querer hacerte razonar…
– ¡Y TÚ VENDRÁS CONMIGO!
– ¿Eh? Pero ya pronto entraremos a clases y…
– ¡CÁLLATE Y VEN!
Sin esperar respuesta, Alice tomó a Claudia del brazo y se la llevó prácticamente arrastrando, ante la incertidumbre total de los espectadores, que no lograron entender del todo que le pasaba a esa loca y a su pobre amiga. Ya serían problema de otra audiencia: en la biblioteca.
La popular idea maestra de mc donalds aún no ha llegado al sistema educativo, pues al ser este un producto registrado que paga regalías es complicado anexarlo a un servicio laico y gratuito. Recientemente la compañía hamburguesera ofreció un tratado de adaptación gratuito a la secretaría de educación, pero este fue rechazado bajo el motivo de que se necesita primero crear varias reformas educativas y capacitaciones para preparar a todas las escuelas con esta tecnología que sin duda revolucionaría la educación en todos los sentidos.
Por lo explicado arriba, la biblioteca de la escuela de Alice no era más que una biblioteca común y corriente con libros de estudio; y contrario a lo que se podría imaginar, no hay ninguno que narre alguna historia. Teniendo esto en cuenta, es natural cuestionar el que estén ahí en primer lugar.
– ¿Me recuerdas qué hacemos en la biblioteca? – Pidió Claudia a su amiga, que por cierto, antes de tomar asiendo en su silla la hizo girar sobre su eje en dos ocasiones para espantar distractores invisibles (otro de sus tantos rituales). – ¿No dijiste que primero tenías que conseguir tus objetos?
– ¡Exacto! – Repuso, con una mirada seria. – Presiento que uno de ellos está por aparecer aquí…
– ¿En serio?
– En serio.
–… y… ¿Debemos estarnos en silencio o…?
– Obviamente, Claudia, de lo contrario podríamos asustar a lo que sea que se presente ante nosotras…
– Ah… ya veo… eh… bien.
Nuevamente estaban llamando la atención, aunque en esta ocasión de una forma distinta y peculiar; esta vez ambas se quedaron mirando al vacío, expectantes a la dichosa llegada del dichoso objeto. Poco antes de cumplirse los cinco minutos de espera, un chico delgaducho, de cabello negro quebrado, ojos adormilados, con un ligero bigote adornando su cara de pocos amigos pero con aspecto calmo en general se acercó a ellas.
– Con que aquí estaban – Saludó a ambas, acercándose. – La maestra me ha enviado a buscarlas, ¿Qué no piensan entrar a clases?
– Ah… se ha ido… – Murmuró Alice, con tristeza. – Creo que después de todo se ha asustado.
– ¡Eres un idiota, Anthony! – Gritó Claudia, poniéndose de pie y tomando al recién llegado por su camisa. – ¡¿Tienes idea de qué tan cerca nos quedamos de capturarlo?! ¡Espero estés listo para atrapar cosas invisibles porque será necesario si quieres conservar todos tus dientes hasta el final del día!
– ¿Eh? – El chico se sobresaltó por la hostilidad, un delgado hilo de sudor se deslizó por su frente. – ¿Y-yo?… Esto… Claudia…
– Déjalo, Claudia – Ordenó Alice, cabizbaja. – No tiene caso, él no tenía idea…
– Tienes razón –  Admitió, soltándole lentamente pero sin dejar de fulminarlo con la mirada. –  Vayamos a clases.
– Eh… ¿Qué se traman ustedes dos? –  Preguntó Anthony, mirándolas de forma intermitente. –  ¿No me digan que andan ligando y he espantado al chico en cuestión?
– Eso es imposible, ¿No? – Negó Alice agitando su mano derecha mientras se levantaba. – Ligar nunca ha sido lo mío…
– Además de que es imposible que tú espantes a un chico –Bufó Claudia, soltándole un golpe en la espalda. – En fin, vamos a clases, no es gran cosa… es solo que Alice quiere ser escritora.
– ¿Escritora? – Preguntó el muchacho, llevándose sus manos a los bolsillos y caminando a la par con las dos muchachas. – ¿Cómo es eso?
– Quiero ser publicada en la asociación de lectores y escritores… ya sabes… una de esas revistas semanales muy populares… ya te contaré los detalles después.
– ¿Eh? No la conozco en realidad… en mi casa creen que los tecno libros son del diablo… pero suena bastante interesante si ha logrado captar tu atención… – Anthony dudó durante un par de instantes, para luego continuar. – Y tú… ¿Claudia? ¿También quieres ser publicada en esa cosa?
– No, no, eso es imposible, yo solo estoy ayudándole porque… pues… eh no sé…
– Por amistad – Ayudó Alice, sin esbozar emoción alguna.
– Eso, eso… por amistad… y también porque me ha obligado.
– Pues suena muy interesante – Apuntó Anthony. – ¿Saben? Quizás me compre un volumen de la asociación de lectores y escritores si significa tanto para Alice, es más, cuando ella sea publicada puedo ser algo así como el presidente del club de fans…
– Hasta para eso serías muy torpe – Se burló Claudia. – Pero bien, ya que hablas del club de fans yo también estoy dispuesta a unirme, me pregunto cuánto tiempo pasará para que nuestra tierna amiga amante de la fortuna y los juegos del destino logre ser publicada.
– No conozco esa respuesta… – Se lamentó Alice, acariciando su cabello con ansiedad. – Pero… algo es seguro… en dos meses pienso entregar un nuevo trabajo en la explanada de ALE, no sé si seré publicada… pero algo les puedo asegurar… será mil veces mejor que lo que escribí la primera vez.
Con esa promesa el tiempo pasó cual flujo tranquilo en riachuelo de montaña; Alice entregó lo necesario y poco más a la escuela, decidida a no darle ventajas a su madre para intentar detenerla en sus trabajos de investigación e inspiración, que a final de cuentas no eran más que leer otras historias para usar como referencia, viéndose convencida de que toda historia podía ser analizada y desmembrada en una serie de factores, hechos, fenómenos y fórmulas.
Se hizo experta en toda clase de clichés cursis, comparó las mejores obras románticas de todos los tiempos y estudió sus similitudes, fortalezas y vulnerabilidades. Leyó toda clase de tips en los foros, escribió, borró y volvió a escribir cientos de veces. Lloró, se desesperó, se rindió, se recuperó, se levantó y siguió escribiendo.
Con ayuda de la amable familia Gambino se vio ilustrada desde las bases hasta las ramificaciones. Por cuestión de ética y de respeto a ella como escritora se negaron a calificar su estilo o a aconsejarle acerca de sus escritos, pero siempre estuvieron presentes para escucharla e impulsarla a seguir.
Hubo también, una tediosa sesión de una semana en la que los Gambino le metieron a la fuerza hasta la más mínima regla ortográfica y gramatical. Ya lo demás sería cuestión de su estilo, de su talento y de su vocabulario; este último se vio nutrido con su ingreso al club de oratoria en su preparatoria.
Con  trabajo duro, dedicación, fuerza, convicción, corazón, sangre, sudor y lágrimas, Alice cumplió su primer cometido: tener una segunda historia escrita y lista para revisión en la explanada de ALE en tres meses. Si le preguntaran si había sido difícil probablemente se hubiera puesto a llorar con solo recordarlo, pero como resultado: en ese grueso engargolado estaba su mayor fruto de orgullo, aquel que había nacido en base a meses de un trabajo, tan agotador, que de no ser por ella haberlo vivido en carne propia, no hubiese podido creer que sus torpes e inconstantes manos lo cumplieran con maestría.
Por segunda ocasión se encontraba ahí, ya había olvidado lo enorme y majestuoso del lugar, la ansiedad de los aspirantes, la desesperación de algunos otros y la miseria de otros tantos.

Aún así, algo había cambiado en esta ocasión.

La primera vez que presentó su trabajo en la explanada, hacia ya 5 meses, hacía un día gris, nublado y lúgubre… este nuevo día, con mayor experiencia y un espíritu más fuerte que el anterior: brillaba el sol en lo más alto del cielo, y junto al sol estaban sus ánimos.
Llevaba su ya característico par de coletas de la suerte, su muy infantil mochila-conejo y había llegado patinando desde prácticamente el otro lado de la ciudad, pero esta vez llevaba consigo otro amuleto distinto a un peinado de triunfadora, un animal de felpa que sirve de espanta-fracasos o un sacrificio físico que le traería la gracia de los dioses: en su pecho colgaba un collar con forma de sol azteca. No estaba segura si realmente daba suerte o si en realidad estaba maldito, pero se lo había encontrado en medio de la calle camino a la explanada, así que tenía que ser el destino quien lo puso frente a ella. Fuese cual fuese el efecto del colguije en su vida, Alice estaría lista.
Se tomó unos minutos para recuperar el aliento, tomó asiento en una de las bancas cercanas a los escritorios y cerró los ojos, agotada.
– Finalmente ha llegado la hora de tú gran momento, ¿Eh? – Preguntó Claudia.
– Si… ¿Puedes creerlo?
– Parece que fue ayer cuando te pusiste a llorar porque una Catarina se te subió en la mano cuando estábamos en el jardín de niños… y ahora… ¡Mírate! A punto de cumplir tu sueño.
– ¿Cómo es que recu… un momento… – Abrió lentamente uno de sus ojos para verificar que no estuviese alucinando; y efectivamente, su amiga estaba delante suyo. Se sobresaltó. – ¡CLAUDIA! Q… q… ¡¿Qué haces aquí?! ¿Cuándo llegaste?
– Hace como 10 minutos… no me perdería esto por nada… ¿Recuerdas que me uniré a tú club de fans?
Quizás Claudia normalmente era muy ruda, grosera y por momentos incluso algo excesiva, pero algo era más que claro para Alice: no podía sentirse en mejores manos estando ella a su lado. Detrás de su actitud burlona y grosera siempre encontraba un apoyo incondicional y una sonrisa impulsora. Sin decir nada, la abrazó con cariño.
– ¡Oye, estás toda sudada y me vas a dejar apestando! – Exclamó, soltando una carcajada seca. – Yo también te quiero, Alice.
– ¡No rompas el momento con bromas de mal gusto! – Riñó. – Cielo santo… ¡Eres increíble!
– Lo siento, lo siento… tiendo a romper estos momentos… pero en fin… Mira quien viene para acá…
– ¿Eh? – Preguntó, alzando la vista en la dirección indicada. – ¿Es ese Anthony? ¿Lo invitaste?
– Para nada, pero creo que está feliz… mira, nos está gritando desde lejos para que lo saludemos con la mano o algo…
– Sería grosero no responderle el saludo, ¿No?
– Nah, déjalo sufrir un rato… de hecho, vamos a verlo como si no lo conociéramos y luego actuemos asustadas para que la gente crea que es un degenerado.
Así se hizo, un par de minutos después Anthony finalmente llegó a la par con las chicas. Cargaba en su rostro un gesto resentido y avergonzado, en sus manos sostenía el volumen semanal de ALE.
– La gente se me quedó viendo raro… que malas son – Chilló.
– Eso te pasa por saludarnos desde lejos – Sentenció Claudia. – ¿Y bien? ¿A qué debemos tú presencia hoy aquí?
– Eh… bien… ¡he comprado una revista ALE tal como les dije que haría!
– ¿Y bien? – Preguntó Alice, intrigada.
– ¡ES LO MEJOR QUE HE VISTO EN MI VIDA! – Exclamó, soltando un salto de emoción. – ¡ES ASOMBROSO! ¿SABEN? ¡SALIÓ UN ESCRITOR NUEVO Y ES LA BOMBA! Me ha hecho pensar que sería bueno…
– ¿Qué clase de escritor? – Interrumpió Claudia. – Déjame ver.
– Eh… bien, búscalo, su nombre es “Kopazo” y escribe una historia de romance llamada cartas a la banca, como me has dicho que tú admiras a una tal Mint que también escribe romance pensé que quizás…
– Yo calificaré si es bueno o no… silencio que voy a leer.
Sin decir más, Claudia buscó en el libro y un par de segundos después ya se encontraba adentrada dentro de la lectura, 10 minutos después recobró sentido de la realidad.
– ¿Y bien? – Preguntaron Anthony y Alice, al unísono.
– Bueno… no lo sé… es muy sencillo de leer… es muy básico y muy simple… pero en cierta forma es excelente… ¿quieres leerlo, Alice? Después de todo esta historia sería tú rival en género en caso de quedar publicada.
– Sí, sí quiero.
La historia comienza con Luke, un hombre de negocios que se ha parado a descansar en la banca de un parque después de caminar varias calles con un calor infernal. A su lado hay una chica muy hermosa de cabello negro con un vestido sencillo color blanco y gafas de sol. En el espacio que hay entre ambos está un sobre blanco con “V” como destinatario, de pronto la chica se pone de pie y finta con marcharse, Luke, al notar que ha olvidado el sobre se lo hace saber y ella responde “No puedo leerla, es por eso que estoy aquí, ¿Sabes? Llevo ya 3 días repitiendo este acto y de 79 personas que se han sentado a mi lado eres el primero que me detiene y me recuerda que he olvidado mi sobre, ¿Cuál crees que sea la razón por la que tomó tanto tiempo para que alguien se preocupara por un extraño?” a lo que Luke respondió “Debe ser que en una ciudad de ciegos, las cartas en una banca son solo apreciables para los que podemos ver con el alma, no así con los ojos”.
– Eso fue… vaya… – Alice tragó saliva, tratando de llegar a una conclusión sobre lo que recién leyó.
– Incluso aunque no seas de mente profunda ni poética alguna sensación te causará esta lectura, ¿No crees? – Preguntó Claudia, con fascinación. – Creo que ese tal Kopazo tiene el romance escrito en la frente.
– Lo mío no es tan bueno como lo suyo…
Tanto Claudia como Anthony clavaron sus ojos en Alice, que ahora yacía cabizbaja en la banca, con sus ánimos derruidos y una serie de pensamientos negativos invadiendo su mente. Ambos intercambiaron miradas fugaces acto seguido.
– Alice… –Murmuró su amiga, en tono suplicante. – No digas eso… tu historia es muy buena…
– No provoca un sentimiento tan cálido con solo el primer capítulo, en cambio… hace reír.
– ¡Es comedia romántica! – Animó, nuevamente. – Vamos, ¿No creerás que son completamente iguales en género? ¡Para nada! ¡Tú vas a por las risas, a por el brillo, a por la novedad!
– E… ¿En serio crees eso? – Preguntó, con lágrimas a punto de escapar de sus ojos.
– ¡Si no que me parta un rayo!
– C… C… ¡CLAUDIA!
Y nuevamente la abrazó con fuerza, había llegado la hora de su segunda cita con el destino.

¡TOP 10 DE LA SEMANA DE ALE!
1. – Memorias perdidas – Ten Zero
2. –La leyenda del rey dragón – Ten Zero
3. –  Lagrimas del Dios de la muerte – Ten Zero
4. – Bella agente secreto – Ten Zero
5. – El príncipe oscuro – Ten Zero
6. – Un nuevo… ¿inicio? – Yah
7. – Una escuela algo extraña – Huisqui
8. – Bailando por un chesco – Follow
9. –  Coleccionista de paraguas – BENKA

10. –  Juegos de azar – ArmedHeart

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