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Asociación de lectores y escritores (ALE) (4/??)


Capitulo 4: El genio aparece

–… ¡Y TERMINÉ! – Exclamó, estirando sus brazos al viento, con goce. – ¡Me he leído todos los volúmenes al momento de Mint! ¡Me pregunto si la ex esposa de Tory logrará entregarle la carta a su ex marido! ¿Cómo se le ocurre dejar las cosas precisamente en el punto más interesante?
Fue un encierro bastante extremo. Tenía los ojos rojos e hinchados, rodeados de unas gruesas ojeras. Su habitación, normalmente pulcra y ordenada ahora parecía una réplica del cuarto de Claudia y no se había bañado en todo el fin de semana, pero estaba orgullosa. Ahora sabía cómo se supone que una historia romántica debía ser y no solo eso, ahora comprendía que el objetivo principal del romance era dejar una sensación cálida en el pecho al lector, si lograba conmover a la gente con sus historias definitivamente podría considerarse realizada.
– Creo que finalmente lo tengo… – murmuró recostándose en su cama, con pesadez. – Ahora solo necesito encontrar lo que necesito… ¿pero cómo? Si no me equivoco necesito un golpe de suerte y yo…
El sueño la venció, finalmente después de un muy pesado fin de semana de aprendizaje en vela, pudo descansar. Ya podría preocuparse enteramente en lo que necesitaba al día siguiente; después de todo, nada se interponía entre su meta y ella, tenía el camino libre y toda una juventud por delante.
– ¡ALI, HOY ES EL PRIMER DÍA DE CLASES! – La estruendosa voz de su madre le hizo abrir los ojos de par en par a la mañana siguiente como una lluvia de martillos sobre sus sueños e ilusiones. – ¡LEVÁNTATE YA O VOY A SOLTAR A PULGOSO EN TU CUARTO DE NUEVO Y YA SABEMOS LO QUE PASÓ LA ULTIMA VEZ!
– ¿Huh? – Balbuceó Alice, levantando el torso y tratando de cobrar conciencia de su ubicación y situación. Sus adormilados ojos se veían cubiertos por su rebelde copete mañanero. – ¿Primer día de clases?
Se le había olvidado por completo: aún era una estudiante de preparatoria y su tiempo incondicionalmente libre había por terminar tan pronto como las vacaciones de verano, (y todos sabemos lo cortas que estas son), especialmente cuando te la estás pasando de lo lindo, ya sea asoleándote en una playa o descubriendo tu mayor sueño en la vida.
– ¡ALICE! – Insistió su madre, con mal humor.
– ¡YA TE ESCUCHÉ! – Repuso, con voz ronca. – ¡ESTOY TRATANDO DE DEPRIMIRME RÁPIDO Y EN SILENCIO PARA SEGUIR EL DÍA DE FORMA NATURAL SIN ALTIBAJOS Y NO ESTÁS AYUDANDO!
Gruñó, pataleó y maldijo en silencio por un par de minutos, ¿A qué clase de chica se le olvida que es una estudiante? Esto representaba una traba bastante importante para cumplir su sueño de ser una escritora publicada. Ahora la escuela consumiría 8 horas diarias de su vida durante 5 días de la semana sin contar a las malditas tareas extras, ¿Podría encontrar tiempo para escribir algo digno de ser publicado y mantenerlo durante varias semanas estando preocupada por no tener completa la tarea de biología o por el examen de física?
– No… no lo estoy viendo de la forma correcta – Pensó. – Esto es algo positivo… ¿No? El que aún tenga 16 años habla de lo apasionada que soy para con esto de la escritura y si logro ser publicada mientras estoy en clases y lo mantengo de forma exitosa seguro me gano la admiración de las masas… es algo que puedo lograr… digo… el ser humano solo necesita 8 horas de sueño diarias para funcionar a tope, entonces supongo que puedo sacrificar unas 4 horas de esas y estar a medias durante los 2 años restantes que me quedan de clases para escribir un episodio por semana… tampoco es como si mis padres me exigieran calificaciones perfectas, ¿Cierto? Siempre y cuando no repruebe ellos tendrían que estar conformes… entonces trabajaré a medias en la escuela y me dedicaré de lleno para la escritura y quizás contrate a Claudia para que me haga algunas tareas o algo, aunque ahora que lo pienso Claudia no es buena para…
– ¡ALICE JOHANNA DELAWARE GUZMÁN, TIENES 30 SEGUNDOS PARA BAJAR VESTIDA, PEINADA, ARREGLADA Y SONRIENTE O TU DESAYUNO SERÁ PARA PULGOSO!
Ya pensaría después en eso, por el momento era mejor no tentar la furia de una madre en ambiente mañanero. Sabrá Dios como lo hizo, pero se las arregló para bajar en el tiempo indicado por la madre, ahora con un ligero cambio en su aspecto: las coletas de la suerte se vieron reemplazadas por un lacio cabello suelto hasta los hombros y su tierna mochila de conejito se ausentó en sus hombros; a cambio se presentó a su familia con un bolso grande cargado de libros y cuadernos, vestía con una blusa purpura y un pantalón de mezclilla azul oscuro.
– Buenos días familia – Saludó, sacudiendo el cabello de su hermano menor, que estaba sentado en la mesa y tomando por el hombro a su padre. – Oigan, quiero aprovechar que están todos para hacerles un anuncio muy importante.
– ¿Qué será ahora? – Preguntó su madre desde la cocina, una mujer rechoncha con aspecto amable pero gesto severo, ese tipo de mujer que se sabe que son fuertes como las rocas pero suaves como terciopelo. – No me digas que nuevamente nos vas a poner a hacer el ritual africano ese…
– No es africano mamá – Defendió, en tono serio. – Es sueco y sirve para enfocar la suerte familiar en un punto, y no, no es nada de eso… pero ya que te noto tan interesada lo diré sin rodeos… ¡He decidido que voy a ser escritora!
– ¡¿QUE VAS A SER LUISA SORIA?! – Preguntó el abuelo, desde la sala, asomándose con curiosidad por la puerta que separaba ambas habitaciones. – ¡Eso no se puede mijita!
– No abuelo – Repuso su madre, con paciencia. – Dijo que quiere ser escritora pero está loca así que no le hagas caso.
– ¿Escritora? – Preguntó su hermano con interés en el nuevo proyecto de su hermana mayor. – ¿Escritora de tecno libros?
– ¡Exacto! – Asintió la chica, con un brillo de emoción en su rostro. – Tú si sabes de lo que hablo, ¿No, Max?
– ¡Claro! ¡Yo sigo a Ten Zero, escritor de ALE, memorias perdidas es lo máximo!
– Pero como dije – Se interpuso su madre, evitando que Alice pudiera responder a su hermano. – estás loca, no vas a ser nada de eso y siéntate que tus waffles se van a enfriar.
Por tal contestación, la progenitora se ganó una fulminante mirada de fastidio por parte de su retoño.
– ¿Por qué no? – Preguntó Alice, en tono serio y con el ceño fruncido, viéndose víctima de la injusticia.
– Porque tienes 16 años, porque solo te quiero concentrada en los estudios y porque eso de los escritores de tecno libros no me dan muy buena espina, ¿No sabes que el sobrino de la amiga de la señora Fis, la comadre de la abuela de nuestra vecina murió por trabajar en exceso en la escritura?
– ¡Pero mamá…! – Chilló, en tono infantil. – ¡Papá, dile algo!
– Eh… s…si claro… – Murmuró el hombre, sin despegar los ojos del periódico. – Pero no vayas a llegar muy tarde, ¿eh?
– Creo que ya todo se ha dicho, ahora  a comer – Ordenó nuevamente la que llevaba los pantalones en el hogar.
– Pero igual voy a ser escritora – Amenazó, tomando asiento en la mesa con mal humor notorio.
– Ah, pero que necia eres… haz lo que quieras, de todas formas siempre te da por hacer todo tipo de cosas raras y difíciles pero pierdes el interés muy rápido… ¿Te acuerdas cuando quisiste ser futbolista profesional?
– O cuando quiso ser pintora – Recordó el hermano.
– O diseñadora de interiores… – Contraatacó la madre, sonriente. – O enfermera…
– ¡NO, NO INVITES A MI ABUELA! – Pidió el abuelo, asustado.
– ¡Ya basta! – Exclamó Alice, sacada de sus casillas. – Solo porque en el pasado he sido un poco… experimentadora con lo que quiero ser en la vida no quiere decir que no me tome en serio cada uno de mis intereses… además, ahora siento distinto… ¡En verdad quiero ser escritora! Y no solo eso, ¡Seré una escritora de romance en la asociación de lectores y escritores y le quitaré el primer lugar a Ten Zero! Ahora, si me disculpan voy tarde, así que me voy.
Tomó entre sus manos un par de waffles, les esparció un poco de miel y mantequilla, dio un beso de despedida a sus padres y a su hermano, se puso su mochila al hombro, regresó a su cuarto por un libro que olvidó, y acto seguido dio inicio a su muy dramática salida, golpeando la puerta y dejando a todos en su familia en un ambiente de desconcierto… aunque bueno, todas las mañanas era algo parecido.
Los planes de llegar a la supremacía literaria se complicaban para Alice. Con la escuela y un aparente choque de posturas con su familia, no pareciera haber una fecha de debut pronta para ella.
Aunque, desanimándose poco podría lograr, ¿cierto? Uno nunca sabe lo que se le espera, y es bien conocido en el mundo que aquel que se esfuerza con buena fe, frutos recibe. Tal vez no al día siguiente, pero sí en algún mañana.
– Esto solo incrementa la dificultad de obtener la victoria – Pensó, esbozando una sonrisa mientras avanzaba por el tranquilo sendero camino a la preparatoria. – Y por ello mismo el premio será mayor… ya lo verán… voy a ser publicada en la asociación.
Alice no sospechaba que en ese preciso momento, en uno de los lugares más importantes para los mejores escritores de la nación, el café Gambino´s, algo especial estaba ocurriendo, un evento bastante anormal que bien podría significar un cambio significativo para lo que sería su cometido, su objetivo y su sueño.


–… eres Yah, la escritora de un nuevo… ¿Inicio?... ¿Cierto?
–… ¿Me disculpas, jovencito? – Repuso aquella mujer, de cabellos rubios, casi blancos, con una actitud refinada y postura elegante digna de cualquier dama de alta sociedad. – Estoy hablando con el señor Gambino, propietario del lugar… ¿No sabes que es de mala educación interrumpir a la gente cuando está hablando?
– Eso de la educación nunca ha sido lo mío, Yah, ¿pero sabes qué se me da de lujo? La escritura… de hecho… me gusta llamarme a mí mismo un genio… ¿por qué no mejor le echas un vistazo a mi escrito? Me gusta que mis letras hablen por mí.
Yah arqueó una ceja, y con fulminante hostilidad se giró sobre si misma para observar desafiante al muchacho, que respondió a su desafío con una sencilla y franca sonrisa de confianza.
– ¿Sabes?… muchos novatos se me acercan diariamente pidiéndome opiniones de sus escritos… es imposible hacerle caso a todos… ¿qué te hace distinto al resto?
– Como ya lo he dicho – Repuso el chico, tranquilo. – Soy un genio… ¿Por qué no le das una oportunidad? Solo una página, eso pido… el resto lo leerás por tu solo gusto.
Entregó en manos de la mujer un pequeño cuaderno con unas cuantas páginas escritas a mano. Ella leyó con quietud cada una de ellas, sin apartar los ojos por un solo instante, al final, enfocó su mirada en el muchacho y esbozó una sonrisa nerviosa. Incrédula y sorpresiva, apreció al joven que ahora tenía su entera atención.
– ¿Tú escribiste esto?
– Por supuesto. ¿Genial, cierto? Apuesto a que nunca en tu vida leíste algo así.
La mujer guardó silencio. Sumergió nuevamente sus ojos en las páginas frágiles del cuaderno, que aún eran resguardados por sus dedos. Finalmente, carraspeó un poco y alzó la vista para asentir al muchacho.
– Veo que no mentías – Murmuró, con los ojos muy abiertos. Luego, se volvió con el hombre de la barra. – Señor Gambino… ¿puede por favor servirle algo a mi acompañante?
– Por supuesto – Repuso el anciano, que había estado expectante al veredicto de la rubia. – pero si no es molestia… me gustaría leer también lo que ha escrito el joven.
– No me importa – Repuso el chico sin mostrar emociones al respecto. – Entonces… Yah…
– Puedes llamarme Andrea. – Interrumpió ella, sonriente mientras entregaba al señor Gambino el manuscrito, que de inmediato se inmiscuyó en el texto, curioso.
– Andrea… quiero reunir un grupo de escritores talentosos para formar una hermandad, he estado leyendo tu historia y creo que eres digna de formar parte… desgraciadamente también serías la primera del grupo que es publicada oficialmente...
– ¿Para qué sirve una hermandad? –Preguntó, sin dejar nunca la elegancia de lado en cada uno de sus gestos.
– En un principio… ayuda. Recomendaciones, contactos, apoyo constante y amistad… poco a poco nos iremos apoderando del medio, conforme vayamos creciendo en prestigio y fama nuestros compañeros serán más y más. – Torció una sonrisa ligera apenas arqueando sus labios. Se notaba en su gesto que saboreaba el resultado de sus palabras. – Y cuando menos lo esperemos será como ser dueños de una empresa, una compañía, una organización… todo eso con el precioso talento de la escritura.
– ¿Te interesa el poder, eh? – Preguntó, algo desilusionada sin temor a que esto se reflejara en su semblante. – ¿No crees que eso ensucia el gran talento que se te ha regalado?
– Mi conciencia y mi talento no son muy buenos amigos, trabajan por separado. En un polo enteramente opuesto, quiero trabajar contigo… ¿qué me dices?
– En verdad no me interesa nada el poder… por otro lado no me desagrada la idea inicial, aquella de un grupo de ayuda y apoyo… – Andrea se encogió de hombros, y dedicó a su colega una sonrisa amigable. – Por ese lado estoy dentro… pero cuando todo comience a deformarse me iré sin mirar hacia atrás… ¿Queda claro?
– Bienvenida en ese caso, Andrea, oficialmente eres miembro del circulo purpura.
La chica asintió, y luego arqueó la cabeza, curiosa.
– Ahora que pertenezco a tu grupo, supongo que no pasa nada si me dices tu nombre… ¿cierto?

– Mi nombre es Marco, próximamente la mente revolucionaria que cambiará la escritura de revistas semanales para siempre. Padre de miles de hijos tarados, y genio literario: Kopazo.

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