Lo Último

¡Amo a mi esposa! (Creo) (35/??)


Sobre Ellie, Sobre mí y sobre Ruth (Zack)
(2005, Texas)
– ¿Eh? Q… ¿Qué está haciendo? – Pensé. – ¿Por qué está hablando tan suplicante con él?
– Psst… – Chistó Anna, acariciándome por debajo de la mesa. – ¿Qué haces? ¿No se supone que ibas a encenderle el cabello a Mike apenas se sentaran aquí Blake y Oliver?
– ¿Huh? Sí… claro… – Ignoré.
Rocko acercó su rostro a Ellie, en ese momento por poco y pierdo el disimulo poniéndome de pie, asustado, sin embargo solo continuó hablándole con alegría, después de esto Rocko empezó a moverse.
– Bien, ahora ven hacía acá, Ellie… – Pensé, extrañamente ansioso por que cruzara una línea segura.
Desgraciadamente no fue así, Ellie siguió a Rocko, tomando asiento en una mesa muy distante a la nuestra, esto me hizo ponerme furioso, así que me quedé callado durante todo el almuerzo, permitiendo que fuesen mis amigos los anfitriones de mesa, por mi parte, me dediqué a buscar un hueco entre cabezas para poder ver que estaba haciendo Ellie con ese tonto, mis intentos fueron infructuosos y no hicieron más que hacerme enojar aún más.
– ¿Qué tienes? – Preguntó Anna, apenas el almuerzo terminó, siguiéndome con dificultad a través del tumulto que caminaba de vuelva a clases. – Te viste muy distraído hoy y además pareces enojado.
– Enojado es poco.
– ¿Por qué? ¿Por qué Ellie se ha ido con Rocko durante el almuerzo?
La fulminé con la mirada, como era usual de ella, no retrocedió en lo más mínimo, al contrario, siguió avanzando, con sed de respuestas
– Sí…
– ¿Qué importa? – Escupió, en tono despreocupado. – No es la gran cosa de cualquier forma…
– Es… traición…
– ¿Y no es que ella te guste y simplemente estés celoso?
Me encogí de hombros, me giré, la tomé por la mano y haciendo caso omiso de sus insultos, suplicas, amenazas de denuncia, saludos a mi madre y excusas de no tener ganas porque le dolía la cabeza, la llevé directamente a la parte trasera de la escuela, lugar casi oficial para besuquearse.
– Incluso estando celoso me traes aquí… mira que eres un hijo de…
– ¡No estoy celoso y no me gusta! – Aseguré, sentándome en la base de cemento, ella hizo lo mismo, apoyándose en las ramas de roble que sobresalían y que después se dedicó a romper hoja por hoja, con desinterés.
– ¿En serio no te gusta? – Preguntó con aspereza, sin mirarme.
– Es en serio, me agrada mucho, y creo que es muy divertida… pero no me gusta y tampoco es como si tuviese que gustarme… somos demasiado distintos, tú misma lo has dicho, yo soy el criminal y ella es la santurrona.
– Bueno… júrame que no te gusta.
– ¿Por qué?
Anna continuaba jugueteando con las hojas de la rama, quien la viera pensaría que no me estaba poniendo nada de atención, sin embargo podía sentirla completamente dentro de la conversación y con cierto interés personal.
– Por nada… solo que para creerte necesito que me jures las cosas…
– ¿No confías en mí?
Ella río, soltándome un manotazo juguetón, me sentí frustrado que se comportara como si hubiese dicho el mejor chiste del día cuando intentaba portarme de forma seria; pensé en dejarla sola y largarme, sin embargo ella me aprisionó por la bolsa de mi pantalón con su mano derecha.
– Zack, yo confío en ti a la hora de saber que cuando me digas que nos veamos en cierto lugar a cierta hora, sé que estarás ahí… yo confío en ti cada vez que me dices que vas a ser el rey de todos en la escuela… pero Zack… no puedo confiar en ti cuando de terceras personas se trata…
– ¿Por qué no? – Insistí, ahora ofendido.
– Zack… ni siquiera ha empezado la primera parte de tú plan y ya sé que es lo que tienes en mente… ¿Piensas llevar esto a grandes planos, no? ¿Quieres poner a Karofsky contra Rocko para volver esto un problema más de territorios y de barrios que de escuelas, no? Lo sé todo, Zack… sé que tú y tú hermano Chris han…
– ¿Cómo sabes de esto? – Interrumpí.
– Aquí el interrogado eres tú, Zack… ¿Por qué no nos contaste de esto a nosotros? ¿Ahora vas a escondernos secretos a nosotros también? O peor aún… ¿Vas a empezar a mentirnos?
– ¡De eso nada! – Exclamé. – ¡A ustedes no les ocultaría nada! Pero se supone que se los diría después de que Rocko…
– Lo sé… lo sé… entonces… ¿Comprendes que quiera tú juramento?
– Está bien… Anna… juro que Ellie Clearwater no me gusta y nunca me gustará.
– Entonces… ¿Podemos seguir adelante? No puedes monopolizarla, no puedes obligarla a siempre estar con nosotros o a no estar con Rocko… ¿Para que la necesitas tan cerca de cualquier forma? No está tan buena… y tampoco es la reina de la comedia…
– Quizá no pueda… y quizá tengas razón…
– Entonces… ¿Podemos seguir adelante? ¿Dejar que sea ella quien elija su camino? De cualquier forma ya no vas a volver a utilizarla, ¿Cierto? Si la quieres como amiga, debes entender que no es necesario atarla.
– No, ya no la utilizaré nunca más… pero me pregunto si realmente quiero seguir adelante y dejar que sea ella quien decida con quien caminar…
– Bueno… ya sabes lo que dicen “Si estás interesado en una rubia porque eres un fetichista de mierda, déjala ir… si vuelve a ti es porque efectivamente es tuya… si no, es porque nunca lo fue”.
– ¿Quién dice eso, estúpida?  – Bufé, soltando una carcajada.
– Gente igual de podrida que tú, cabrón… pero cambiando de tema… ya que estamos aquí…
– ¿Segura? Digo, no me molesta…
– Bueno… ya perdimos la clase… tenemos 50 minutos libres… pero antes…
– ¿Sí?
– No mentiste en lo que juraste, ¿Cierto?
– Por supuesto que no… ¿Puedo servirme entonces?
– Hoy vengo mordelona – Advirtió, sonriente. – Ten mucho cuidado, si bajas la guardia no responderé.



(2010, Los Ángeles)
– Por favor… – Murmuró, aferrándose a mi pierna con suplica. – Por favor… aléjate de ella... si me amas en verdad… aléjate de ella.
Era una estampa triste, vergonzosa y lamentable, Ellie, aún desnuda se arrastró hasta llegar a mí y cual niña pequeña se aferró a mi tobillo, su mirada carecía de esa autoridad y de esa esperanza que siempre sobró en sus ojos, ahora, inyectados en sangre y cubiertos por gruesas ojeras pedían piedad, pedían pausa y pedían un cambio inmediato.
¿En qué momento fue que todo se torno a este tan poco deseado escenario? ¿Me había perdido de algo últimamente? Solo pensar que la noche anterior Ellie se encontraba bailando conmigo en la pista con una sonrisa de oreja a oreja, o riéndose alegre de nuestras miradas sensuales me provocaba un agujero de confusión sin comparación antes vista en mi corta vida.
¿Es que quizá ella estuvo aguantándose el dolor todo este tiempo? ¿Es que desde la primera ocasión en que Ruth estuvo en nuestro departamento Ellie se sintió incomoda por su llegada? Recordé nuestro primer encuentro, donde Ellie se comportó muy extraño, pero eso fue obra del alcohol, entonces, ¿Qué la hizo sentirse amenazada en realidad? ¿Es que cada encuentro que tuve con Ruth fue una puñalada en el pecho para ella? ¿Ellie estuvo celosa todo este tiempo? Ruth ya lo había visto venir, por lo que era una posibilidad, y si esto fuese verdad, el unirla al grupo no fue más que una forma más discreta de hacerle daño.
Era frustrante no saber qué había ocurrido, era terrible no poder detener su sufrimiento por culpa de un cerebro desconectado y una lengua incapaz de reaccionar, de cualquier forma, ¿Qué se dice en esas situaciones? Uno debe de reaccionar rápidamente, arroparle, tranquilizarla y hablar con el corazón en mano, diciéndole palabras de amor que solo a ella se le pueden dedicar y jurándole, nuevamente, amor eterno.
Decirlo es simple, actuar no lo es tanto… era deprimente… Ellie, anterior capitana de las animadoras, corazón de hierro, espíritu de acero, alma inquebrantable… de rodillas… pidiéndome, no… implorándome que no me fuera… suplicando que estuviese con ella.
No es como si ella no supiese que yo la amara… hace apenas unos minutos habíamos hecho el amor y no dejé de repetírselo, pude sentir como su cuerpo se liberó en ese momento, pude saborear su relajación y verla llegar al punto donde todas las dudas se iban en el viento con un grito de finalización, aquí el problema no era ese… quizá incluso nunca lo fue.
El asunto era que por más que yo le asegurara que mi amor por ella era el único amor existente en mi corazón, por más que le jurara que entre Ruth y yo nunca existiría nada que pasara de un apretón de manos, su corazón no lo creería del todo, en él se había sembrado y alimentado la semilla de la duda, que corrompe y absorbe sentimientos para crecer y apoderarse del razonamiento, es por ello que Ellie se vio arrastrada a este punto, mejor dicho, es por eso que nos vimos arrastrados a este punto.
Era hora de responder, el silencio comenzaba a tornarse en preocupante y su mano presionaba cada vez más fuerte, su cabeza comenzaba a temblar, en señal del reinicio del llanto y en el ambiente se podía notar la inminente entrada del clímax.
No es correcto entablar tan grande amistad con una persona del otro sexo cuando se es casado, es sentido común y prácticamente una ley de la vida, los celos existen desde el inicio de la humanidad y es por ello que se marcan ciertas líneas de división entre los hombres y las mujeres, ante ojos del mundo, la amistad entre un hombre y una mujer no existe, esto ciertamente es comprensible, pues los registros están en nuestra contra, ¿Cuántos pueden asegurarme que no se han enamorado de su mejor amiga o que se han acercado a ella con dobles intenciones, alegando ser amigos y hombros de apoyo para después buscar una apertura a la recompensa?
Debí pensar en ello el primer día, cuando nos topamos en el pasillo, en ese momento, Ruth y yo nos debimos haber dado la mano como respetuosos vecinos y después cada uno hubiera seguido con su camino, invitarla a tomar cerveza a casa fue un completo error, más no fue este el error decisivo, fue cuando nos distanciamos por un mes entero, en que le pedí que todo volviese a ser como antes, en ese momento todo pudo volver a su rumbo original, con el tiempo, la vergüenza de Ruth hubiese desaparecido y mi matrimonio hubiese continuado intacto.
Me fue imposible no culparme por idiota, me fue imposible no pensar “¿Qué maldita necesidad de arreglar las cosas?”, era culpa de esa terrible decisión que Ellie estuviese en ese estado de sufrimiento y decadencia, tal como lo supe desde que entré en el cuarto y la vi tirada en el suelo, todo era mi culpa… y es que en un corto periodo de tiempo dejé atrás las reglas principales para amar a una mujer:
Cuando eres niño y asistes al jardín de niños, te permiten mezclarte con quien tu gustes para pintar con las manos o dibujar, sin embargo, en el momento en que haces llorar a una niña por meterle su cabello en el bote de pintura se te dice la primer gran regla de la vida “No debes hacerle daño a las niñas”.
Luego creces, ahora puedes correr sin caerte por cualquier obstáculo y por tal te vuelves mucho más activo, no hay nada más divertido que darle mal uso a los juegos del parque, subir la resbaladilla por la parte delantera, colgarte de piernas en el pasamanos, deslizarte de pie en el columpio… en ese momento, se acerca una niña a jugar contigo y accidentalmente terminas golpeándola en cualquiera de las anteriormente mencionadas actividades, ella naturalmente llora, pues mira que se dio un tremendo golpazo, sus padres te regañan, tus padres te defienden y resentidos por ambos bandos, cada quien se va a su casa, para estas alturas ella ya ha dejado de llorar y logra dedicarte una mirada con la que te hace saber que lamenta haberte metido en problemas, pero no importa, el daño está hecho y como hombre, se debe de tomar responsabilidades; aquí se entrega la segunda gran regla de la vida: “No juegues con las niñas”.
Entonces bien, está mal hacerles daño, está mal jugar con ellas, has aprendido correctamente en base a tus errores y se puede decir que ya tienes todos los conocimientos necesarios como para que ellas no te repudien y no tengan que ponerse a correr cada vez que tu tratas de interactuar con ellas, entras a la escuela primaria y te toca compartir asiento con una de ellas, naturalmente, al ser solo niños, se ponen a platicar o a divagar un poco entre clases, desgraciadamente, cuando el profesor les riñe, ella hábilmente se saca de la culpa diciendo “Pues él me está hablando”; bien, eres reñido por el profesor, si tienes mala suerte incluso te saca de la clase y te etiqueta de platicador compulsivo, ahí tú mismo terminas aprendiendo la tercera gran regla de la vida “No confíes en las niñas”.
Para la ultima regla hay que avanzar un poco más en el tiempo, ya lo que has aprendido en base al pasado prácticamente se ha anexado a tu instinto y eres capaz de tomar a las chicas como iguales con privilegios especiales, eres amable, tierno, precavido, desconfiado y por alguna extraña razón, a la que me gusta llamar “pubertad”, empiezas a estar enteramente interesado en ellas, siempre te han gustado, sabes que huelen bien, sabes que son más ordenadas e inteligentes más nunca has sentido una necesidad tan fuerte de estar acompañado de ellas, bien, aquí es justo el momento de aprender echando a perder, justo como durante toda tú vida:
Comienzas a salir con ellas, comienzas a tener novias, vas descubriendo poco a poco lo que significa estar enamorado y sin importar que tantos años pasen, cuantos noviazgos termines y empieces y cuantos corazones destroces o te destrocen, te das cuenta de que siempre, siempre es amor verdadero, tanto es así, que desde los 12 años hasta los 17, ya te has enamorado de verdad unas 800 veces, es en este momento en el que aprendes millones de reglas esenciales para la vida en pareja, pero la más importante de todas es “no puedes vivir sin las niñas”.
Y es que no hace falta con que la televisión en cada novela te lo demuestre de esa forma, no basta con que en todas las películas de la cartelera del cine exista una chica enamorada o en sufrimiento, no basta con los comerciales, no basta con la radio, no basta con las canciones de despecho y no basta para nada con las chicas de tú familia o de tú alrededor, nuevamente, hace falta echar a perder para aprender, conforme aprendes tú lo que es el amor, aprendes también lo que es una mujer.
Esto es simultaneo, por supuesto, mientras nosotros aprendemos “No le hagas daño a las niñas” ellas aprenden “los niños pueden lastimarnos”, mientras nosotros aprendemos “no juegues con las niñas” ellas aprenden “los niños no tienen cuidado”, y mientras nosotros aprendemos “no puedes vivir sin las niñas”, ellas aprenden “los niños son idiotas”.
Existen, por supuesto, personas en ambos sexos, que al ser conocedoras de estas reglas deciden jugar un poco con ellas, tentarlas al máximo nivel y ver que tanto aguante existe en el sexo opuesto, ahí están los mujeriegos, las come hombres, los maltratadores físicos y psicológicos, las perras manipuladoras y los infieles, para todo juego hay jugadores sucios, y en el amor, el juego más antiguo de todos, hay millones de ellos.
Entonces, ahí me tienen, varios años después y con la inmortalización de mis errores ante mis ojos, con decisiones de tintes infantiles y juguetones con consecuencias brutalmente dañinas, ahora todo estaba sucio, y urgía una limpieza total, urgía limpiar y salir de dudas, urgía comenzar de nuevo, como si recién fuese nuestro primer día en Los Ángeles, quizá un cambio de aires… si, pero eso tendría que esperar.
– Ellie, amor… – Murmuré, arrodillándome y tomando su temblorosa cabeza entre mis manos para abrazarla a mi pecho. – Ben ha perdido dos familiares hoy… dos… no puedo dejarlo solo por más que quiera quedarme contigo aquí amor… ¿Por qué no te vistes y nos vamos juntos?
Ella guardó silencio, más pude sentir un suspiro ahogado de insatisfacción, este se alió a sus sollozos y se transformó en una bocanada de aire en medio del llanto acallado, me partió el corazón, mis piernas flaquearon y perdí el aliento por un segundo, reí nerviosamente.
– Por favor no te pongas así, bebé… sabes… sabes que tú eres toda mi vida… tú eres todo lo que necesito… por favor no me hagas esto…
 – E… ¿¡Entonces por qué te vas!? – Balbuceó con dificultad, siendo su sonido recorrido por un largo sollozo que terminó en mi hombro, cuando ella se recargó sobre él, suplicante.
– Porque aunque eres lo único que necesito… y estar contigo es lo único que amo hacer, hay un amigo mío ahí afuera que necesita saber que no está solo en estos momentos, necesita saber que puede contar conmigo para presentarme en su casa, abrazarlo y cantarle la canción favorita de su hermano como regalo de despedida…
La tomé con ambas manos por las mejillas y con cariño limpié todo rastro de lagrimas, pero ella no detuvo su llanto, cada lagrima era un dolor inconmensurable en mi espalda, no existe nada peor que ver a la persona amada de esta forma, no existe tampoco nada más odioso que tener la obligación de dejarlo como está por un par de horas, ante la necesidad de apoyo en causas de fuerza mayor de un amigo.
– ¡No te vayas! – Suplicó, mientras con trabajo la cargaba en mis brazos para desparramarla en la cama, se aferró a mi cuello y me abrazó a ella con ansiedad e inseguridad, pude sentir su acelerado latido de corazón.
– Ellie… por favor no me hagas esto amor…
– ¡No quiero que la veas nunca más! ¡Por favor! ¡Por favor! ¡Te lo pido, no me dejes si me amas!
Estaba tan angustiado como ella, sin embargo, le sonreí, le besé, la abracé a mi pecho y le aseguré una y otra vez que nada pasaría, mientras hice esto ella no dejó de repetirlo, no dejó de implorarme que me alejara de ella, no dejó de lanzarme cadenas de suplica que me dolían en el alma al ser ella la persona más importante para mí.
Por más que apreciara a Ruth, por más que su personalidad me interesara, por más impresionante que fuese su visión de la vida, por más de lo que se pudiera decir de ella… nunca, nunca iba a valorar su amistad tanto como la felicidad de mi amada, sus lagrimas lo decían todo, era hora de detener el jueguito.
– Amor… no volveré a verme con Ruth… nunca más… te lo prometo… te lo juro… hoy terminaré mi amistad con ella, no te preocupes… no volveré a permitir que alguien te lastime, mucho menos yo.


(2005, Texas)
–… ¿A qué vamos al parque, Zack? – Preguntó Anna, caminando a la par conmigo y con Junior.
– Vamos a ver las luchas, ¿no? – Se adelantó Junior.
– Exactamente mi hermano, hace un rato le acabo de enviar un mensaje al buen calvo y ya está informado, si no se presenta hoy al parque con su gordo amigo la guerra vuelve a comenzar.
– ¡¿Qué?! – Exclamó Anna, en tono alarmado. – ¿Por qué?
– No sé… hoy he amanecido enojado con él sin alguna razón en particular. – Mentí.
– ¡Sí, cabrón! – Repuso. – Y yo soy una princesa, idiota.
– Claramente una no muy educada. – Burlé, chocando puños con Junior.
– ¡Te voy a castrar, estúpido! Pero más importante que eso… ¿Dónde o cuando le enviaste el mensaje, si hoy estuve contigo todo el día?
– Es una técnica muy útil a la que llamo “Besa y escribe”, me tomó muchísimos años dominarla pero ahora soy prácticamente un crack en ello, solo que tú estabas muy embobada para darte cuenta…
– Vete a la mierda, Mosh… además, a Rocko recién le han quitado su yeso, pedirle que peleé sería…
– No importa, no importa… su mejor brazo es el izquierdo, mira que yo ya he peleado con él y sus golpes con la derecha dolían menos que los manotazos de Mike, ¿Verdad, Junior?
– ¡Manotas, Manotas! – Repuso Junior, saltando de un lado a otro, en esta ocasión no me tomé la molestia de preguntar, con Junior era mejor no meterse mucho en detalles a la hora en que se ponía a decir trivialidades.
–… En fin – Murmuró la chica de cabello corto, sacudiéndose la sensación que se le quedaba siempre que Junior actuaba de forma Juniorista. – ¿Por qué no hemos invitado a Mike y a Nahomi?
– Bueno… ¿Qué crees que diría nuestra amada segunda madre Nahomi si supiera que andamos todavía en esto?
– Muy probablemente te haría “la mirada” – Observó. – Ya sabes… esa donde la vena de arriba del ojo sobresale…
– Si… esa mirada es horrible – Coincidió Junior. – Creo yo que cuando está molesta es la vena quien habla, no ella.
– Eso mismo – Continué. – Y no invitamos a Mike porque anda muy sensible y porque queremos que distraiga a Nahomi, que se vayan en una cita por ahí o qué sé yo… ya va siendo hora de que empiecen a salir, quiero seguir vivo para cuando decidan tener hijos.
– ¡Me reservo mi comentario aquí porque luego se molestan de que hago spoiler! – Exclamó Junior, dándome un golpe en la espalda que casi me hace perder el equilibrio.
No se habló más del tema Mike/Nahomi, tampoco volvimos a tocar el tema principal (Rocko/Karofsky) si no hasta que llegamos al parque, donde en nuestro lugar habitual, les esperamos de pie, en realidad no tardaron tanto, 10 minutos después, ambos caminaban con gesto serio y superior, Karofsky aseveró su rostro apenas estuvo frente a mí.
– Me dijo Rock, mi hermanote que querías verme, Mosh. – Murmuró, apretando sus puños. – ¿Quieres una pelea limpia conmigo o qué?
– Si la memoria no me falla ya tuvimos una pelea antes y tú quedaste debiendo mucho – Burlé, sonriente. – ¿No me digas que ya se te olvidó?
– Mira, Mosh, si yo fuera tú le bajaba a la altanería – Amenazó, acercándose hasta quedar cara a cara conmigo. – Aquí no es la escuela, una cosa es como me porto dentro… a como me porto fuera.
– ¿Me estás amenazando con tu pandillita de 50 centavos? – Bufé, carcajeándome. – Pero bueno… ya para que mejor te calles pasemos a lo importante… ¿Quieres saber por qué te hablé hoy?
– ¿Me lo vas a decir o qué? –Preguntó, desafiante, pude sentir su impresionante físico amenazando con lanzarse completamente sobre mí, sin duda, en un uno a uno el sujeto era capaz de hacerme pedazos.
– Oh, yo no te lo voy a decir, gordis…
Lo empujé con todas mis fuerzas, haciéndolo retroceder al menos un metro, apenas fintó con levantar su puño, Rocko se interpuso, asestándole un gancho con zurda impresionante, tanto así que zumbó cual golpe de boxeador, incluso el sonido del golpe se extendió con un eco impresionante, Karofsky cayó al suelo, sonreí, y empecé a carcajearme.
Rocko aprovechó que Karofsky estuviera en el suelo para patearle repetidamente en el torso, después comenzó a pisotearle el rostro, Karofsky torpemente se cubrió hasta que logró ponerse de pie nuevamente.
– ¡Ahí está, gordo asqueroso! ¡Ese es tú hermanote! ¿Cómo la vez?
Karofsky contraatacó, comenzó a lanzar patadas furiosas a Rocko, que siendo muchísimo más ágil fue capaz de quitárselas sin mucho problema, para después, moverse al más puro estilo de Apolo, hasta el punto en que a través de simples fintas puso a Karofsky a bailar para evitar salir dañado, la superioridad era clara, Rocko era tan bueno peleando que quizá incluso podría contra Karofsky, contra mí y contra Junior al mismo tiempo, no era de extrañar que en aquella ocasión en que peleamos me hiciera pedazos.
Con una zurda letal, Rocko terminó con Karofsky apenas un par de minutos después, cuando accidentalmente se topó con un árbol en su escapada, el chico del mohawk no perdonó ese error y ahí mismo le remató a base de zurdazos y patadas chacayoteras, Karofsky terminó con el rostro cubierto de sangre y aterrado de pies a cabeza, sin siquiera decirnos nada, Rocko se alejó en dirección desconocida, de mi bolsillo saqué un trozo de papel y lo arrojé sobre el derrotado Karofsky.
– Bien, creo que con eso estamos a mano, marica. – Bufé, antes de alejarme.
Cuando uno es joven y estúpido, es simple hacer todo tipo de tonterías, uno no piensa en las consecuencias o en como esto va a repercutir en un futuro cercano, porque para empezar solo se tiene un futuro en la mira: el futuro lejano, para el futuro cercano cualquier cosa, de todas formas, ya sabes que en 10 años serás famoso y aclamado por todos, ¿Qué importancia tiene como te comportes durante la semana o que tanto tomes durante las fiestas? Golpeas a un estudiante, “gran cosa… ya le pagaré la operación con liposucción incluida con el dinero que gane por participar en big brother VIP”; pero para todo hay consecuencias… para todo hay un precio a pagar… no soy creyente del karma ni de otras trivialidades supersticiosas de ese tipo, pero la vida nos ha enseñado que a toda acción corresponde una reacción, que si crías cuervos te van a sacar los ojos y que si en cierto momento se te ocurre siquiera pensar en utilizar a tus amigos por beneficio propio y por más pequeño que sea el riesgo, terminarás pagando los platos rotos tarde o temprano.
A la mañana siguiente se veía venir un día turbulento, cuando Bruno fue a dejarme a la escuela, el cielo estaba cubierto por oscuras nubes que prometían un día de intensas lluvias, para aquellos que vivimos en un lugar de clima caluroso casi todo el año, nos vienen de lujo este tipo de días, es por ello que yo iba tan alegre como siempre, cuando Bruno detuvo el auto frente a la escuela me despedí de él de la misma forma que siempre y bajé, frente a mí estaba Elizabeth, portaba su uniforme de animadora y llevaba su rubio cabello atado a una coleta sencilla, se mostraba sonriente y nerviosa, le sonreí.
– ¡Hola, Elizabeth! – Saludé. – ¿Cómo estás?
– Hola, Zackie – Saludó, sonriente, luego desvió la mirada y con la mano se despidió de Bruno, que con un manotazo desinteresado le hizo entender que había visto su saludo pero que llevaba prisa, se perdió entre las calles conjuntas a la escuela un par de instantes después.
– Vaya, con razón te desagrada tanto. – Bufé. – ¿Olvidaste mencionar que estaban peleados o algo así?
– Así era con todos – Repuso, sin tomarle importancia y tomándome de la mano con timidez. – ¿Vamos adentro?
Caminar al lado de Elizabeth por los pasillos de la escuela era el equivalente a la pareja presidencial recorriendo la casa blanca en horas de recorridos turísticos, en realidad hubo poco tiempo para charlar con todos los saludos que nos recibieron, incluso, como era usual, me estresé un poco de no poder caminar tranquilo, fue entonces que la vi:
Cabello recogido en una coleta entrecruzada, uniforme de animadora que resaltaba su piel clara y sus ojos vibrantes en tono, gesto melancólico y porte elegante, Ellie si que sabía tomar sus libros del casillero, puedo jurar que nadie se veía tan bien como ella haciéndolo, no puedo explicarlo, pero si hubiese un concurso de “Miss tomar libros del casillero” sin duda alguna ella sería la ganadora.
– Discúlpame un segundo. – Murmuré a Elizabeth, que se quedó charlando con un grupo de chicos de tercero, me abrí paso entre la gente y me recargué en el casillero de al lado de donde estaba mi buena amiga animadora.
– ¡Vaya, vaya, vaya! ¿Pero a quien tenemos aquí? ¡Es Elisa Pistolas!
– Hola. – Saludó, en un tono indiferente con ligeros tintes decepcionantes, bastante parecidos a aquellos que utilizaba mi madre cuando le entregaba malas notas en primaria o cuando las madres de mis profesoras llamaban para quejarse y para pedir que dejara a sus hijas en paz, por lo que me sentí en peligro y pasé a “modo alerta”.
– ¿Te pasa algo? – Pregunté, arqueando una ceja, ella respondió a mi gesto dándose la vuelta y caminando.
– ¡Ellie! – Exclamé, siguiéndola.
– ¿Qué pasa?
– ¡Te noto rara! ¡Eso pasa! Exijo que me digas que te pasa… quizá yo pueda…
– Dime… Zack… ¿Fuiste tú quien puso eso en el casillero de Rocko en primer lugar?
Fue como si todo se congelara en el momento, la mirada furiosa de Ellie era comparable a un trágico terremoto trascendental en el desarrollo de un país en desarrollo, nunca había experimentado tal sensación, nunca antes me había quedado petrificado ante una chica, era la primera vez en que realmente tenía miedo de responder de forma equivocada, pues era conocedor de lo importante que era ella para mí.
El que calla otorga, Ellie se fue, no sin antes darme una última probada de una mirada llena de decepción, ¿Por qué precisamente ahora? ¿Acaso Rocko se estaba aprovechando de la única ventaja que tenía sobre mí, el conocimiento de mi culpabilidad? No, no era eso, si él estuviese tratando de traicionarme, probablemente hubiese ido con el director en compañía de Ellie y caso cerrado hace tiempo atrás, Ellie se había dado cuenta de otra forma, de otra lengua, o quizá por pura intuición o merito propio.
Tenía que hacer algo, no podía evitarlo, saber que Ellie estaba molesta conmigo me generaba un malestar impresionante y nunca antes visto en el pecho, me sentía vacío y asustado, ¿Qué pasaría si ella daba por finalizada nuestra amistad? ¿Podría simplemente dejar atrás todos los momentos vividos con ella hasta el momento? Prefería no encontrar la respuesta a esas cuestiones y sencillamente arreglar las cosas, es por ello que apenas llegó la hora del almuerzo, corrí hasta su mesa acostumbrada, ella era la única que faltaba.
– Creo que está en el gimnasio… – Murmuró Karla, después de varios minutos de presión y de rogarle para que me dijera en donde se encontraba su buena amiga.
Tenía que encontrarla, tenía que pedirle perdón y tenía que hablarle con la verdad, aún no era tan tarde y el mal no era tanto, quizá comprendería si le daba a entender que al final me retracté y que fue ahí justo cuando yo acudí a ella, tenía que aferrarme a esto y confiar en que ella comprendería, no me quedaba de otra.
Ella se encontraba parada en las gradas, dándole la espalda a la cancha de baloncesto y hablaba con alguien, se le notaba apenada y movía las manos exageradamente mientras explicaba un punto, la persona con quien charlaba era Steven, el perdedor de mi clase, primer detractor y hasta hace un tiempo, buen amigo de Ellie.
– ¡Ellie! – Grité, para llamar su atención. – ¡Tengo que hablar contigo!
– Después, Zack – Respondió, sin siquiera prestarle atención a la seriedad que estaba entregándole a las palabras. – Ahora estoy hablando con Steve.
– ¡No, Ellie, no quiero esperar! ¡Me urge que sepas algo!
– Pues eso puede esperar, no seas maleducado, ya hablaremos más tarde.
Terco, subí a través de las gradas y me uní a ellos, Steven me miró, molesto pero sin voluntad de réplica, mientras que Ellie me miró con enojo puro, eso me hizo perder tamaño considerablemente, mi valor se redujo en gran medida; ahora me preguntaba que hacía en las gradas cuando debí haber esperado a otro momento en que estuviese sola.
– Si tienes algo que decir dilo ya… – Suspiró, cruzándose de brazos.
– Vayamos a otro lugar y…
– No – Interrumpió. – Quiero que me lo digas aquí, no me voy a estar moviendo solo para hablar contigo.
– Bien, Steven, lárgate.
– ¡No! – Riñó. – ¡Él escucha o no estoy dispuesta a escucharte!
Me encogí de hombros, me tragué mi orgullo (en situaciones como estas eso era bastante fácil) y comencé a hablar, con una timidez poco común en mí.
– Si, fui yo quien puso eso ahí…
– ¿Eso era todo? – Preguntó, impaciente ante mi pausa. – Porque si era eso creo que ya lo sabía… ahora…
– Espera… eso no es todo, en medio del plan yo… cambié de opinión…
Le conté todo, desde lo que Anna había averiguado de Rocko, hasta cada fase del plan, le expliqué cual era su verdadera y única función dentro del mismo y me encargué de recalcar bien en claro que para ella no existía riesgo alguno, que no era más que un simple obstáculo en juego y que en realidad no esperaba gran cosa de ella, pero que al confiar muchísimo en ella y ser conocedor de su relación con Rocko, decidí otorgarle la misión principal durante el cambio de planes, al terminar de hablar, su tono se había dulcificado un poco y ahora en sus labios se dibujaba una mueca analista, que era continuamente refrescada por su linda lengua rosada.
– Entonces si me ibas a utilizar… –Murmuró.
– Si… pero solo fue al principio… ¡Y sé que me equivoqué! ¡Pero te aseguro que nunca fue mi intención hacer uso de ti como un objeto!
– ¿Cómo saberlo, Zack? ¿Qué me puede asegurar que ahora mismo no tienes un plan bajo la manga en el que me necesitas más adelante? ¿Qué si quieres liberar a un grupo de presos de prisión y deseas usarme a mí como señuelo, arrestando a mi padre por homicidio o algo así?
 – ¡Ellie… yo jamás haría eso! ¡Nunca fue mi intensión hacerte sentir que yo era capaz de algo así! Mira… yo soy una persona terrible… y soy muy rudo… y soy muy todo lo que tú me quieras decir… ¡Pero contigo es diferente! Esa vez que me protegiste durante mi fiesta… ¡De solo recordarla me dan escalofríos! Y te juro que cada vez que la recuerdo me dan muchísimas ganas de cambiar, pues al verte a ti, tan ideal y tan perfecta siendo solo sencilla, me dan unas ganas impresionantes de ser como tú… ¡En serio! ¡Quiero estar más contigo para ser más como tú! ¡Tú me inspiras, Ellie! En verdad, no quiero perder tú amistad.
Ellie se sonrojó, su mirada, aunque solo fuese por un instante, mostró un brillo espectacular, cual cielo despejado después de un día cubierto por tercas nubes, más las nubes regresaron tan pronto como se fueron, pues me miró con dolor nuevamente.
– Te escucho decirme esto, con esos ojos tan tiernos y honestos… y en serio me dan ganas de creerte, Zack… en verdad que sí… pero entonces recuerdo la mirada que tenías en el rostro ayer cuando Rocko golpeaba a Karofsky… esa mirada sedienta de caos y de destrozos… Zack… esa mirada me asusta… tú me asustas… Zack… me asusta pensar de lo que eres capaz… me asusta pensar que podrías hacer si un día te molestas conmigo… te tengo miedo, Zack Mosh… es por eso que aunque tú yo de ahora me pida perdón de forma tan sincera, y cante canciones a sus amigos, y me diga cosas poéticas y románticas, y se comporte como todo un poeta… sé que tú tienes a otro Zack Mosh viviendo dentro de ti… ese Zack que golpea gente, que viste de animadora al caído, que pone a los amigos a pelear entre si y que es capaz de entrar a lo ilegal sin miedo alguno… y prefiero tenerlo lejos de mi… es por eso que lo siento, Zack… no puedo perdonarte… andando, Steve…
La voz de Ellie fue quebrándose mientras hablaba, más se alejó en el momento justo, antes de que sus ojos se humedecieran o su vulnerabilidad saliera a flor de piel, por mí parte… fui incapaz de reaccionar… solo me quedé ahí, sentado en las solitarias gradas del gimnasio.
Recordé el momento en que la conocí, recordé los choques de ideologías y las discusiones divertidas al respecto, sentí una curiosa sensación en la garganta cuando recordé mi fiesta, donde ella y yo reforzamos nuestros lazos a niveles ciertamente enormes, bueno… todo eso ya no importaba… y no era capaz de reaccionar por ello, supongo que eso me provocaba tantas sensaciones al mismo tiempo que terminaron estorbándose las unas a las otras, dejando mi corazón en un limbo de neutralidad y de análisis frio, ¿Por qué hacía esto? ¿Por qué me comportaba de forma tan excesiva? ¿Valía la pena ser tan popular si se perdían amigos importantes en el camino? ¿Valía la pena siquiera ser popular?
– ¿Zackie?
Elizabeth estaba frente a las gradas, apenas a unos escalones de mí, se le notaba preocupada y extrañada.
– ¿Estás llorando?
– No… no te preocupes… – Mentí.
Ella subió las escaleras y se sentó a mi lado, sin abrazarme y sin hacer más preguntas, simplemente se quedó mirando la amplitud de la cancha, pacientemente, esperando a que estuviese listo para hablar.
– ¿Es la preparatoria tal como te la imaginaste? – Pregunté, suspirando.
– Es… muy rutinaria… y poco sorpresiva… yo la imaginaba un poco más glamorosa.
– ¿Con todas las chicas populares siendo unas perras? – Sugerí.
– Y fastidiando a las normales. – Complementó, con una sonrisa.
– A partir de hoy pienso igual que tú… si la tomas como la gran cosa solo terminas dándole importancia de más…
– Si piensas eso dejarás de ser un Mosh…
– No dije que renunciaría a ser popular… solo que… te equivocaste un poco… soy igual de horrible que Bruno… quizás peor…
Ella me tomó de la mano, sus ojos cafés oscuros irradiaban una inconmensurable felicidad.
– Estás consciente de ello… y has dicho que te has cansado… nunca fuiste parecido a él para empezar.
Sentí como si las palabras de Elizabeth se colaran a través de mi cuerpo y poco a poco revitalizaran el magullado sentimiento de la derrota para darme la posibilidad de mirar de frente a todos nuevamente, y volver a sonreír.
– ¿Es este el momento en que debo besarte?
– Debiste besarme hace varios minutos, tontito.


(2010, Los Ángeles)
Cerré la puerta con llave y me encogí de hombros, vaya situación más lamentable, agotado y ya sin fuerzas para más me di la vuelta y encaré el pasillo, donde a la mitad, en las escaleras, Ruth esperaba, sentada y con la mirada perdida.
– Lamento la tardanza, estaba afinando la guitarra.
– Ah, no te preocupes… andando.
Cuando Ruth se enteró que el  extraño comportamiento de Ben el día anterior se debía a que uno de sus hermanos y un primo suyo habían sido víctimas de un accidente automovilístico, puso manos a la obra, se comunicó inmediatamente con él y le hizo saber que deseaba estar con él durante el funeral, pese a que él, aparentemente prefería dejarnos apartados de esto, pues la noche anterior, en el bar, fue la noche en vela previa al funeral.
No sé como hizo Ruth para enterarse, pero así fue, Ben rompió en llanto por teléfono con ella y fue entonces cuando acudió a mí, contándome que le rompía el corazón verlo tan desanimado y que en serio quería encontrar una forma de hacerla sonreír, le expliqué que a veces la gente tiene que estar triste, pero le motivé a ir a hacer acto de presencia en la casa de Ben para entregar el pésame, y así lo hicimos, Ben estuvo bastante tranquilo y pudimos conocer al resto de su familia: su madre, y una pequeñita de 10 años, además de varios tíos y familiares variados presentes.
De pronto surgió el tema de la canción favorita del hermano de Ben, apenas escuchó el nombre, Ruth me miró con determinación, asentí, era lo menos que podía hacer; propuse tocársela con la guitarra a modo de tributo, su madre aceptó, agradecida.
Entonces pues, Ruth y yo regresamos al departamento por mi guitarra… ya ustedes saben que pasó después de eso.
Ruth y yo salimos del departamento en silencio y de hecho todo el camino fue así, ahora sobre ella podía sentir una carga injusta, no podía mirarle sin pensar en el estado actual de Ellie, me era imposible no sentir la necesidad de hacerle saber que todo terminaría apenas se le diese entierro al hermano de Ben; anteriormente, al mirar a Ruth, no veía otra cosa que alegría, diversión, amistad y camaradería, ahora solo podía ver una bomba de tiempo que no hacía otra cosa que explotar una y otra vez dentro de mi esposa.
Ella trataba de crear conversación sobre temas tranquilos, a los que yo respondía con frialdad, mentiría si dijera que no me sentía mal de hacer esto, en realidad era bastante difícil, esa clase de cosas que no te dan felicidad en lo más mínimo pero igual tienen que hacerse para preservar algo más valioso todavía.
Llegamos a la casa de Ben, los familiares comenzaban a abandonar el lugar, era hora de traspasarse al cementerio.
Como nadie de nosotros llevaba auto (Dylan y Ginnie habían llegado mientras Ruth y yo estuvimos fuera) nos vimos obligados a dividirnos para irnos en distintos autos de la familia, con tal suerte que Dylan y yo terminamos en la moderna camioneta de un viejillo bonachón que estaba casi totalmente sordo, para presentarnos tuvimos que gritarle nuestros nombres por casi 10 minutos, al final quedamos como Cesar Millán (Dylan) y Juan Moe (Yo), pero bien, era solo por un día y era solo un pequeño sufrimiento en comparación a lo que vivía Ben en esos momentos.
–… Y… ¿Cómo te trata el voto de silencio que hiciste en Bancock, Dylan?
– ¿A qué viene eso? – Repuso con frialdad, después de varios segundos de silencio.
 – Bueno… ya que no hablas nunca… supuse que tendrías un voto de silencio o algo así…
– No hablo porque no hay nada que comentar…
– Oh, si… ¡Tienes razón Cesar Millán, las fresas con crema no son para prestar! Si son riquísimas…
Dylan y yo nos quedamos observando con sorpresa al viejecillo, que sonreía, alegre, ambos nos encogimos de hombros.
– Pero ya que has iniciado la conversación… – Continuó Dylan. – Creo que es amable de tú parte que vayas a tocar durante el entierro, debe de ser la primer cosa buena que haces desde que llegaste.
– Bueno, no sé si me estás halagando o si sencillamente buscaste una forma discreta de atacarme, pero igual te responderé, Ben es mi amigo y lo menos que puedo hacer es prestar lo único que hago bien.
– Ya veo.
– Si lo dices de esa forma pareciera que no ves nada y que solo me estás ignorando…
– No, ya veo significa que ya ves algo… ¿Es qué para ti hace falta continuar las conversaciones cuando algo ya está bien claro?
– Bueno… todo sea por mantener apariencias o buenos modales como mínimo, ¿No?
– No hace falta, eso lo cree solamente la gente parlanchina como tú.
– Bien, siendo tú amigo de solo gente parlanchina tendrías que volverte parlanchín, ¿no?
– Ah, sí, tienes razón mi Juan – Intervino el viejecillo. – Solo la gente de la india hace esas cosas.
–… yo no me junto solo con gente parlanchina.
– Ah, ¿No? ¿Tienes otros amigos?
– Me junto con Ruth.
– ¡Por favor! ¡Si Ruth es más parlanchina que yo! ¡Ella es mi compañera parlanchina!
– No, no lo es.
– ¿No la has visto cuando salimos juntos? Vamos… no guardamos silencio nunca…
– Ser parlanchín significa hablar sin parar solo por hablar… ella no abre la boca solo por abrirla, Zack.
Terminó la conversación, no logré entenderlo del todo, sin embargo pareciera algo evidente para mí, pues llegué a la conclusión de que tenía razón; fue la primera vez que hablé con Dylan durante tanto tiempo, creo que escuché su voz más en ese momento que en los meses que llevaba juntándome con la gente de su círculo, y no terminé tan molesto como esperaba, de hecho, ahora me parecía alguien un poco más tolerable.
Recordé mi situación actual, y esta vez me di algo de tiempo para pensar más en Ruth que en Ellie, había sido una excelente amistad, logré conocerla a fondo en muy poco tiempo y estoy seguro de que en otras circunstancias pudimos haber sido los mejores amigos, incluso hermanos, recordé con nostalgia cada una de sus conversaciones profundas y revitalizadoras, recordé también el cuento del patito del bosque, recordé su rostro puro y triste cada vez que hablaba de la situación actual de los corazones de las personas.
Llegamos al cementerio, y acompañados del simpático viejecillo llegamos al lugar donde todos estaban reunidos, algunos de pie, otros sentados en las sillas frente a la ahora abierta tumba, algunos lloraban, otros consolaban, y algunos más, justo en medio de estas dos etiquetas, entre ellas, Ruth, que no se separó de Ben en ningún momento.
– Esta canción era la favorita de John Stewart, dedicada con mucho amor por parte de su madre y sus hermanos, que su letra le acompañe por siempre y su espíritu persista por siempre en todos sus familiares y amigos presentes.
http://www.youtube.com/watch?v=LBh7Muv0yac
(FROM WHERE YOU ARE – LIFEHOUSE)
So far away from where you are
These miles have torn us world's apart
And I miss you
Yeah, I miss you

So far away from where you are
I'm standing underneath the stars
And I wish you were here

I miss the years that were erased
I miss the way the sunshine would light up your face
I miss all the little things
I never thought that they'd mean everything to me

Yeah I miss you
And I wish you were here

I feel the beating of your heart
I see the shadows of your face
Just know that wherever you are
Yeah, I miss you
And I wish you were here

I miss the years that were erased
I miss the way the sunshine would light up your face
I miss all the little things
I never thought that they'd mean everything to me

Yeah, I miss you
And I wish you were here

So far away from where you are
These miles have torn us worlds apart
And I miss you
Yeah, I miss you
And I wish you were here


Fue un chispazo, un momento único, un solo instante… mientras tocaba mis ojos se cruzaron con los de ella y fue como si pudiese ver a través de su alma, sentí en mis mejillas las lagrimas que ella derramó, pude ver mucho más allá de mis ojos, pude sentir mucho más allá de mi cuerpo, pude sentir su pesar.
¿Qué fue ese instante? Aún no encuentro la respuesta, más el deseo de correr a su lado y abrazarla fue enorme, tuve que aferrarme a la guitarra con todas mis fuerzas para seguir tocando, nunca me hubiese podido perdonar el arruinar la despedida del hermano mayor de Ben, aún si era por un impulso único y nada común de fusión de sentimientos, esa sensación se fue tan rápido como llegó, apenas Ruth cerró las ventanas a su alma, al mismo tiempo que hizo con sus ojos.
– Muchas gracias por venir, Zack, eres un buen amigo.
– No hay problema – Repuse, abrazándolo. – Cualquier cosa que necesites no dudes en hablar conmigo, haré lo que pueda para echarte una mano, ¿Bien?
– Lo tomaré en cuenta… muchas gracias en verdad.
Ben continuó despidiéndose de los presentes, yo hice lo propio con su madre, su hermanita y el viejecillo cuya relación sanguínea con Ben desconocía, después de Ginnie y de Dylan, que avisaron que se irían con un tío de Ben que vivía en la misma zona que ellos, de esta forma quedamos Ruth y yo, nuevamente solos y caminando por un estrecho sendero cubierto de verde césped, ella estaba tranquila, más no animada, había tanto que quería decirle… sobre lo que recién había pasado… y sobre lo que había pasado en casa… ¿Pero como comenzar una despedida temprana en primer lugar?
– Ruth… yo…
– ¿Podrías acompañarme a un lugar? No queda muy lejos.
– Eh… claro…
Ruth se abrazó a si misma mientras caminábamos, con sus palmas acariciaba sus brazos como si tuviera frio, sonreía, sonreía incluso cuando era evidente que aún estaba triste, admiré su valor y guardé silencio, para que liberara su mente, comenzaba a preguntarme si era un buen momento para despedirme de ella.
Caminamos por 30 minutos aproximadamente, cuando sus pies se detuvieron estábamos en una zona de la ciudad completamente desconocida para mí: había cientos de condominios en mal estado rodeando el lugar, las calles estaban sucias y aterradas, se apreciaba un grupo de hombres mayores sentados en una esquina, bebiendo y gritando a su gusto pese a estar en un área pública, a un par de cuadras se divisaba un parque, los juegos habían sido robados, del columpio solo quedaba la base y lo demás ya no estaba, no era más que un trozo de tierra sin nulo propósito.
A nuestras espaldas había un condominio especialmente tétrico, en cada pequeño hueco entre un cuarto y el otro había ropa colgando, estaba lleno de grafitis y por el aspecto derrumbado que tenía uno diría que muchos años de vida no le quedaban al pobre, para darle un toque aún más lamentable al ambiente del lugar, un niño de unos 10 años pasó caminando, descalzo, sin playera y con un cigarrillo en la boca.
Y frente a nosotros… un terreno mediano con tres edificios de dos pisos esparcidos, con un suelo cubierto de cemento y con varios juegos de piso pintados en el suelo, a la distancia se podía observar también un cuarto de un solo piso y muy pequeño, solo uno de los edificios del lugar estaba pintado y arreglado, el resto eran solo bloques y cemento, al edificio más lejano a nosotros le faltaba una puerta, es por ello que pude ver a una pequeñita de unos 5 años pasar de un extremo a otro, con una muñeca en manos y vistiendo únicamente una playera de tirantes que le quedaba grande.
Una ligera brisa de viento movió sus rojizos cabellos para despejarlos de su frente, el azul de sus ojos se irritó un poco con la sensación del viento pegando directo y le hizo derramar un par de lagrimas, Ruth estaba aferrada al maltratado enrejado que rodeaba todo el lugar que aparentaba ser un orfanato, se veía hermosa, nostálgica, sencilla y profunda.
– ¿Sabes? La canción que has tocado hace un momento… – Murmuró, con voz ronca. – Fue muy hermosa… en verdad… muy hermosa…
– Gracias… pero… ¿Por qué me das las gracias? ¿Pasa algo?
– No… ya no pasa nada… hace tiempo que no pasa nada.
Con su mano agitó su cabello, sonrío de oreja a oreja y siguió su discurso, sin desviar nunca la mirada de ese lugar.
– Ellie quiere que te alejes de mí, ¿No?
– ¿Nos escuchaste?
– Un poco solamente… las paredes del edificio son muy delgadas… además de que ya lo veía venir.
– Está muy dañada…
– La entiendo… es tú esposa… no se supone que deba compartirte con nadie en primer lugar.
– No quiero herirla más…
– A ti también te entiendo… es tú esposa… debes hacer hasta lo imposible para que ella esté feliz…
– En verdad me agrada ser tú amigo pero…
– No te preocupes… fue bueno mientras duró, debo decir que nunca antes había tenido un amigo tan bueno como tú.
– En otras circunstancias quizá…
– Si, yo también siento lo mismo… en otras circunstancias, donde tú no estuvieses casado… pudimos haber estado lado a lado por muchísimo tiempo…
– Siento que las cosas terminaran así… nunca antes había terminado con una amistad así que…
– Yo también lo siento… pero vamos, no te pongas tan serio, si Ellie te viera despedirte con esa cara seguro se angustia más… Anda, no seas dramático y… ¡Sonríe!
Ruth me dedicó una sonrisa de oreja a oreja, con sus expresivos, radiantes y optimistas ojos, aquellos a los que había visto por tan poco tiempo pero que ya comenzaba a adorar, aquellas puertas a la posibilidad y a la exploración, capaces de remover ideales y de ponerte a recapacitar, le devolví la sonrisa.
– Adiós, Zack, cuídate mucho y hazla muy, muy feliz.
– Gracias por todo, Ruth.
Vaya persona, vaya forma de siempre sonreírle a la vida y de afrontar las cosas como son, nunca antes pensé que llegaría a conocer a alguien tan grande como ella, capaz de poner a pensar a alguien tan soñador como yo en que además del futuro y de los grandes sueños existe una gran vida en el presente y que hay que atenderla con el mismo respeto e incluso con mayor importancia que lo que vendrá después, jamás pensé que existiría alguien capaz de hacerme recapacitar, alguien capaz de abrirme la posibilidad de cambiar lo que era yo en realidad, cualquiera pensaría que es imposible que alguien así exista solo porque si, cualquiera que no conociera a Ruth daría por imposible que una chica de 18 años fuese capaz de pensar de esta forma tan peculiar, para ello tendría que haber vivido tantas experiencias como un anciano, y claramente una adolescente común y corriente en estas épocas tan establecidas por las modas y los “Que dirán” no aspira a ser ni un 1% sabia.
De pronto se cruzó por mi mente la ligera posibilidad de que esto fuera verdad… de que Ruth no fuese así solo porque así nació… ¿Qué si había algo detrás de todo esto? ¿Qué si en cada una de sus palabras se guardaba una experiencia pasada que forjó parte de su carácter y actitud actual?
Recordé sus palabras cuando encontramos al perro tirado en medio de la calle:
“No tienes idea…  esto pasa todo el tiempo… lo que no queremos sencillamente lo tiramos a la calle… como si fuese basura… incluso a aquellos que tienen sangre, corazón y vida”.
Cuando admiró el cuadro de mi departamento:
“eso lo hizo con intenciones de impresionar a quien fuera su maestro de arte desde niño, él estaba enamorado de su maestro con profundidad; así que una vez tuvo la capacidad, hizo la pintura de un anciano llorando, representando los sentimientos retenidos, su maestro dijo que no era una obra careciente de profundidad y sentimiento, al escuchar esto… no pudo más y… se fue”.
Cuando hablamos sobre volar o vivir en la comodidad del suelo:
“alguien que no piense las cosas a futuro, alguien que viva el presente como si fuese lo más importante, que dejara el mañana para su “yo” del mañana y que se encargue de no tropezar en el suelo antes de volar… ya que el futuro siempre será incierto para todos, es precisamente eso lo bonito de la vida, ¿No crees?”
Y muchos otros momentos, quizá era solo mi imaginación, pero era probable que Ruth tuviera algo más que contarme, era posible que tras esa sonrisa estuviese escondido algo más fuerte y oscuro, algo tan dañino que causaría dolor con solo escucharlo, era probable que Ruth estuviera cargando con un gran peso en ese momento, un peso que quizá incluso le acompañaría por el resto de sus días… era probable.
Me di la vuelta y busqué sus ojos con pánico, ahí estaban de nuevo.
Justo como cuando tocaba durante el entierro del hermano de Ben, sus ojos se mostraban vulnerables, débiles, cansados, agotados y tristes, por sus mejillas se derramaban gruesas lagrimas de pesar y en su boca se dibujaba un puchero doloroso y desconsolado, no apartaba la vista de ese lugar, era como si algo la tuviera encadenada y obligada a estar por siempre apegada a ese lugar.
Entonces era real, la Ruth sonriente que yo conocí era solo el resultado de los golpes que la verdadera Ruth sufrió en el pasado, pasado que aún no lograba dejarla ir y que le carcomía el alma desde bastante tiempo atrás.
Aquellos ojos alegres, expresivos y alentadores de Ruth no eran más que el reflejo total de su fuerte espíritu, que para alejar el dolor y la incertidumbre se vio obligado a sonreír, a seguir adelante, a moverse de forma precavida y discreta por lares donde no se podía salir lastimada, sin compromisos serios y sin relaciones fuertes para evitar decepciones.
Hace unas horas estaba seguro de conocer a Ruth como la palma de mi mano, ahora me di cuenta de que no podía estar más equivocado, nunca la conocí, Ruth era una desconocida total, no sabía nada de ella, no sabía sobre su pasado, no conocía a sus padres, nunca escuché nada sobre su familia y nunca supe de algo que le hiciera daño… ¿Cómo pude sentirme tan orgulloso de ser su mejor amigo cuando en realidad era solamente buen amigo de su cubierta?
Corrí hasta donde estaba y sin decir nada la abracé por la espalda con todas mis fuerzas, crucé mis brazos alrededor de su pecho y la presioné contra mí con desesperación, ella no se inmutó en lo más mínimo, fue como abrazar a un muñeco, sin embargo, sus palabras me hicieron darme cuenta que no era así.
– Cuando me prometiste que nunca me libraría de ti fui más feliz que nunca… sentí como si por primera vez en toda mi vida realmente hubiera alguien interesado por mí… sentí que finalmente había conocido a alguien capaz de quererme lo suficiente para estar a mí lado y ayudarme a seguir… me lo dijiste con un tono tan sincero y seguro que te creí de inmediato… estaba segura, no… estoy segura de que si hay alguien capaz de ello ese eres tú, Zack… pero la vida me ha hecho otra mala jugada… te trajo a mi siendo casado.
Guardé silencio, pero lloré mientras me aferraba a su pequeño cuerpecillo, mis lagrimas resbalaron por mis mejillas y algunas terminaron en su cuello, ella levantó sus manos y las posó sobre mi cabeza, entrelazó sus dedos con mi cabello.
– Este lugar es donde todo comenzó… Zack… aquí es donde mis memorias comienzan.

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