Lo Último

¡Amo a mi esposa! (Creo) (34/??)

Sobre el verdadero Rocko, sobre el brazo de Ruth y sobre mi angustia (Ellie)
(2005, Texas)
– ¡Muy bien, esta vez voy en serio! – Exclamó Rocko, mirándome con determinación.
– Ah, ¡Veo que te han quitado el yeso! – Exclamé. – ¡Felicidades!
– Si… bueno, estará un poco flácido y no puedo forzarlo aún pero… ¡Eso no es de lo que quiero hablar contigo, Ellie! Yo tengo que preguntarte algo…
– ¿Huh? Pues pregúntame…
– Bien… yo estaba preguntándome si… eh… rayos… hablamos después.
Rocko se alejó sin esperar respuesta, como si estuviese huyendo de un grupo de cazadores furtivos, ¿Era solo imaginación mía o el llevaba ya unos días comportándose de forma extraña? De cualquier forma no tuve tiempo de profundizar suficiente en mi nueva teoría, pues Zack me saludó con un codazo amistoso.
– ¿Qué haces tan sola por estos lares, Elisa? ¿Andas buscando a quien ligar o algo por el estilo?
– Claro que no… ¿Y tú? ¿Andas ligando?
– Yo siempre estoy ligando, señorita – Repuso, en tono presumido y como si fuese una respuesta obvia. – ¿Con quién que hablas? Soy el señor de la seducción, ¿Qué tal?
– ¡¿Señor de la seducción?! – Bufé. – ¿Seguro? Bueno, eso explicaría porque tantas chicas de mi clase me preguntan cosas de ti…
– ¿En serio? ¿Y son lindas o…?
– Son lindas – Repuse, encogiéndome de hombros. – Pero menos mal que me dices que eres un seductor total para advertirles que mejor no se metan en problemas contigo…
– ¡Uf! Ya no tengo enemigos en la escuela pero vaya amiguitos que estoy criando… pero bueno, entiendo tus celos.
– Ah, ¿Ahora soy celosa? ¡Sueña, señor seducción!
– Pero bueno, dejando los negocios de lado… ¿Qué te parece si te sientas con nosotros durante el almuerzo? Puedes llevar a Karla también, vamos a prenderle fuego en el cabello a Mike y…
– ¿Puedo invitar a Romy y a Jacqueline? – Pregunté, mirándole con naturalidad, considerando obviamente que era una pregunta de tramite cuya respuesta inmediata sería “Por supuesto”, sin embargo Zack agachó la mirada un poco.
– Pues…
– ¿Qué ocurre?
– Es solo que… últimamente Oliver ha estado muy quisquilloso con esto de…
– Zack… si quieres ser mi amigo tienes que aceptar también a mis amigas…
Miré con seriedad y ligera decepción a mi amigo, esperando que reculara y pensara nuevamente lo que estaba a punto de decir; naturalmente, no esperaba que de pronto aceptara a Jacqueline, una chica que no habla y a Romy, una chica bastante fuera de lo que se clasifica como “Normal” como miembros oficiales del grupo de los populares, pero estaba dispuesta a exigirle que no tratara de separarlas de nosotras lentamente solo para tener intacta su reputación con un miembro del equipo de football; él se encogió de hombros y esbozó una sonrisa.
– Tienes razón, lo siento… claro, puedes invitarlas también.
– Entonces estaré encantada de comer contigo hoy.
– ¡Bien! Nos vemos entonces, oh, y cuida la dieta, creo que algo lucha de salir por aquí… y por aquí…
Zack comenzó a pinchar con su dedo índice ambos extremos de mi cadera y a tamborilear con mi estomago, le detuve con un golpe cariñoso en la cabeza.
– ¡Déjame en paz! – Reñí. – Hoy desayuné mucho, eso es todo.
– En fin… ¡Adiós!
Zack se alejó, en ese momento el timbre anunció el inicio de clases y todos los estudiantes se perdieron dentro de sus aulas, lamentablemente, me distraje tanto hablando con Zack que olvidé tomar mis libros del casillero, lo cual me costó mi primer infracción de retraso por parte del guardián de pasillos en turno, aunque apenas entré al salón de clases, el profesor me perdonó por ser mi primera vez, y encima se molestó en halagar lo buena estudiante que era, otra mañana con saldo blanco.
Las clases, como de costumbre, se fueron con el deslizante y a veces frustrante paso del tiempo, tras una estresante clase con el profesor Thompson en la que quedé bastante estancada con unos conceptos llegó la hora del almuerzo, informé a mis amigas que habíamos sido invitadas cordialmente a la mesa Mosh, ocultando por supuesto, el ligero tropiezo que hubo cuando Zack me invitaba, todas, incluyendo Jacqueline (aunque no lo mostrara) estuvieron felices, incluso Romy aseguró que desde que éramos amigas de Zack su popularidad había aumentado al punto de que Sophie ya no se atrevía a fastidiarla.
– Supongo que todos ganamos entonces… – Pensé.
Mientras esperábamos nuestro turno para cruzar por las puertas de la cafetería, reconocí una péquela mohawk corriendo para perderse en el pasillo que daba hacía los casilleros, reconocí que era Rocko, pues era el único peinado de esa forma en todo el condado probablemente, ¿Estaba en problemas de nuevo? ¿Volvía a buscar guerra en la escuela?
Estas dos posibilidades me sonaron ilógicas, pues Rocko ya no era el mismo que buscó problemas con Zack y terminó perdiendo, al menos así lo veía yo, en realidad se portaba bastante tranquilo, pacifico y amable, conmigo nunca soltó una sola palabrota y mucho menos accionó con algo que mereciera ser castigado con vestirlo como animadora y luego montarlo en un burro, no podía considerarme una experimentadora en carne viva de que las personas podían cambiar, más estaba segura que así era, convencida de esto, (¿o no?) decidí ir a echar un vistazo a lo que Rocko se encontraba haciendo, girando en el pasillo y entrando al área de los casilleros.
Rocko tenía acorralado a dos chicos que si la memoria no me fallaba, eran miembros de la banda escolar, ambos de segundo o tercer año seguramente, en ese momento les tenía encerrados en una pequeña apertura entre los casilleros y la pared, a ambos se les notaba aterrados, minimizándose al máximo cual roedores ante una serpiente.
– ¡Ahora denme todo el dinero, maricas! – Gritó, golpeando con su mano izquierda uno de los casilleros, los chicos se estremecieron y con ansiedad empezaron a buscar en sus bolsillos.
– ¡ROCKO! – Exclamé, corriendo hacía él con furia. – ¡¿Qué rayos estás haciendo?!
La mirada aterrorizada de Rocko al verse descubierto por mí no tiene nombre, fue como si con el solo temblor de sus ojos me estuviese diciendo “Ah, rayos… de todos tenías que ser tú”, sin embargo su semblante se tornó en uno serio al momento en que abría paso a sus presas y con un empujón los alejaba de la escena, miró don desinterés en una dirección aleatoria.
– ¡¿Qué rayos fue eso?! – Insistí, buscando con enojo su mirada, pero él desviaba el rostro en cada intento, creando entre nosotros un curioso y peculiar baile que aquel que no comprendiera lo que estaba pasando seguro encontraría gracioso.
– No te fijes. – Murmuró, agachando la mirada mientras empezaba a caminar.
– ¡No, no puedes pedirme eso! ¡No es como si pueda verte haciendo algo malo e ignorarte por completo! ¡Si te comportas distinto es porque seguro algo te ocurre! ¡Tú no eres así!
Rocko se detuvo, su mirada me dejó silenciada y petrificada, cuando sus palabras se perdieron en el viento el continuó su tranquilo paso.
– Te equivocas, este es quién soy yo en verdad… solo que tú no me conocías realmente.
Pese a sentirme derrotada, ofendida y extrañamente atemorizada, un par de instantes después corrí nuevamente hasta donde se encontraba, le intercepté justo en la entrada a la cafetería.
– ¡Pues cambia! ¡Ese no es un camino nada bueno! ¡¿Qué quieres?! ¿Terminar en la cárcel? ¡¿Qué todos te odien?! ¡Dime qué esperas ganar portándote así que no lo entiendo! ¿O es que quieres volver a esos días donde tú y Zack estaban como perros y gatos? ¡No entiendo, Rocko!
– No seas tonta, Ellie – Bufó, soltando una carcajada sonora y forzada. – Esa guerra nunca ha terminado, ¿Qué no lo ves? Aunque ahora que lo pienso mejor…  ¿¡Qué hago preguntándotelo!? ¡Si está más que claro que tú eres una de ellos!  ¡Llevas la M pintada en la frente!
– ¿Qué estás diciendo? – Pregunté, ahora entrando en una postura confusa y nerviosa, con los brazos pegados a los costados, cual soldado en firmes. – Juro que no entiendo que quieres decir… pero yo no tengo nada pintado en el rostro y tampoco sigo fielmente a nadie…
– ¿Ah, no?
– No.
– Entonces…
Se inclinó tan rápido que me fue imposible reaccionar, pegó sus labios a los míos y lentamente presionó con los mismos ambos extremos, yo fui incapaz de reaccionar, no pude quitarme, sencillamente me quedé petrificada, sin terminar de comprender lo que estaba pasando, al notar mi falta de correspondencia (o cooperación) él se separó de mí, y con una sonrisa, se perdió tras las puertas de la cafetería.



(2010, Los Ángeles)
– ¡Debes estar bromeando! – Exclamó Zack, mientras me tomaba por la cintura. – ¿No es broma ni nada?
– ¡Te lo juro! – Contestó Ruth. – ¡Está comprobado en Youtube!
– Pero vaya que es impresionante, ¿No crees cariño?
– Eh… claro que lo es – Repuse, mientras buscaba ansiosamente palabras que complementaran mi respuesta. – Eh… es bastante peculiar… ¿No? Digo… son pacíficos y todo y de pronto…
– ¡Pero no te dejes engañar, Ellie! – Continuó la pelirroja, apretando sus nudillos. – ¡Siempre son los más tiernos los que te hacen sufrir!
– ¡Llegando a casa tenemos que ver el video! – Exclamó mi marido, lanzándole un maní a Ben. – Y tú, ¿Qué opinas de eso?
– ¿Yo? – Preguntó el afroamericano, mirando nerviosamente en distintas direcciones. – Pues eh… si está pesada la cosa, ¿No? Sin Michael por aquí ya no será lo mismo ver moonwalkings y todo eso…
Zack y Ruth se miraron con extrañeza y después se carcajearon, aunque traté de imitarlos, no culpaba al chico por perderse en otros mundos, ciertamente era bastante difícil seguir un ritmo de conversación tan extraño; en los grandes archivos de recuerdos existentes que tengo con Zack y Junior, nunca había visto nada parecido a esto, cuando Zack conversaba con su mejor amigo siempre tomaba una postura bromista pero siempre fuera del limbo “Juniorista”, pero cuando hablaba con Ruth… era como si fuesen capaces de divagar hasta el fin del mundo con las cosas más absurdas jamás pensadas, sinceramente, de no ser porque veía su rostro barbudo, sus ojos amables e intrigantes y su sonrisa de telenovela, podría jurar que era otra persona.
– ¡Ya no estamos hablando de eso, negro! – Riñó Zack, lanzándole otro maní. – ¡Ahora estamos hablando del video del camello matando a un cocodrilo!
– ¿Eh? Ah, lo siento entonces… es que yo hoy… eh… hablamos más tarde, ¿Bien? Yo tengo que ir con mi mamá porque quería no sé qué cosas…
Ben se puso de pie y bajo extrañadas miradas y despedidas abandonó el lugar, Ruth y Zack se miraron con extrañeza.
– ¿Qué le pasará al Ben? –Preguntó Zack. – ¿Se habrá enojado porque no había queso fundido?
– Puede ser – Murmuró su amiga. – Es probable… aunque… no sé… ¿No lo notabas algo triste?
– ¿Tú también? Pensé que solo era yo… ¿Crees que debamos llamarle y preguntarle que le pasa?
– Si algo le pasa él seguro nos lo cuenta después… no te preocupes…
– Ya… A todo esto, ¡¿Has visto al asiático gordito con la mirada seductora?!
Y ahí íbamos de nuevo, 20 largos minutos de dos niños (No encuentro otra definición) imitando al sujeto del video y pidiéndome que fungiera como jueza para después elegir al más sensual y seductor de los 2, seguramente se lo estarán preguntando, y pese a ser un dato irrelevante igual voy a decirlo: La ganadora fue Ruth.
No era la primera vez que Zack me sacaba con sus nuevos amigos, desde hace casi 2 meses atrás se había vuelto una obligación semanalmente vestirme de noche y llevarme a los centros nocturnos que ellos frecuentaban, bailábamos, comíamos, bebíamos y entre risas y charlas tontas regresábamos los tres juntos (Zack, Ruth y yo) a nuestro edificio, listos para dormir y continuar con otra tranquila semana llena de rutinas, incluso en fin de semana.
No estoy diciendo que no era agradable salir con ellos, en realidad, Ruth y sus amigos eran personas muy simpáticas y coloridas: estaba Ben, el chico que se ofendía fácilmente cuando le llamaban negro (Zack comenzó a llamarlo de esta forma solo para fastidiar), era muy divertido y alegre en todos momentos, estaba Ginnie, esa clásica presencia femenina con los pantalones de la casa bien puestos, era imposible por supuesto compararla con Anna, sin embargo su alegría, descaradez, honestidad, brillo y visión de la vida como algo que si no se lleva de forma liberal no se le puede llamar vida le hacían ciertamente un personaje fascinante y perturbante en ocasiones,  estaba Dylan, un chico que usualmente se quedaba callado, observando como todos hablaban y reían, en ocasiones intervenía, sus comentarios eran siempre precisos, cortos y educados, una persona normal se preguntaría porque un chico tan educado terminó en un grupo tan caótico, también estaba un sujeto llamado Fred el cual solo se nos unió una vez y por ultimo otra chica que también solo se unió en una ocasión llamada Janice, de estos últimos no tengo suficiente información para hablar, pero parecían ser muy agradables, humildes y divertidos en general.
Los peores miembros de este grupo, sin duda, eran Zack Mosh y Ruth Johnson, sobretodo estando juntos, escandalosos, astutos, encantadores y ambos líderes natos, pese a tener apenas un par de meses juntándose con ellos, Zack fue rápidamente reconocido como el otro poseedor de la corona, y junto a Ruth era quien tomaba las decisiones de cómo se había que pasar el fin de semana.
Cuando conocí al grupo de amigos de Zack intenté decirle de forma discreta que sus días de preparatoria habían terminado y que no era necesario que buscara una especie de reemplazo para las ovejas asesinas, sin embargo, por miedo a herirle o hacerlo enojar, me evité comentarios y me resigné a que lo que no mata no hace daño y que incluso, te fortalece.
Por habernos quedado cortos en miembros, tras la repentina partida de Ben, nos fuimos temprano del bar de la semana, Zack quedó bastante desilusionado, pues había quedado fascinado con la banda que tocaba en el lugar, un grupo de chicos entrados en su rango de edad y en el que todos clasificaban como “Talentosos y hermosos”, desde la linda vocalista de aspecto frívolo y melancólico, hasta el baterista calvo y musculoso.
– ¡Algún día estaré en una banda de esas! – Exclamaba, mientras los tres esperábamos a que un taxi pasara por nosotros en una parada de autobuses. – ¡Donde no sea yo y unos viejitos! ¿A qué suena lindo?
– De hecho yo creo que es ofensivo para el señor T y los otros – Repuso Ruth, provocando que me callara mi respuesta. – Ellos han sido muy buenos contigo y todo…
– ¡No, no me refiero a eso! – Exclamó, nuevamente. – Pasa que yo admiro y quiero mucho a todos los abuelitos de la banda, ¡Son grandiosas personas y nunca podré pagarles lo que han hecho por mí! Pero siendo francos… si he venido a ser famoso y a dar un salto será necesario encontrar una banda  talentosa y joven… los mayores no pueden volverse famosos… es una triste realidad, aunque si un día llega un cazatalentos y nos ofrece un contrato para un disco, ¡Pues venga a nosotros tú reino!
– Eso me recuerda, cariño… – Murmuré, ambos guardaron silencio y esperaron a mi respuesta, excesivamente amables a mi parecer. – Nunca he conocido a tú banda… ¿Por qué no me llevas este lunes al ensayo? Estoy segura que algo de curiosidad deben de tener por conocer a tú esposa, ¿No?
Solté una risita de seguridad mientras le miraba con ilusión, más su mirada no estaba enfocada en mí y no esbozaba otra cosa que nerviosismo, Ruth y él intercambiaron miradas por un par de segundos.
– ¿Pasa algo? – Pregunté, temblorosa.
– Eh, no, nada amor… ¡Este lunes te llevo entonces! ¡Seguramente el señor T se pondrá muy alegre! Y conocerás a… ¡A la esposa del señor T! ¿Verdad Ruth? ¡Ella es muy, muy agradable!
– ¡Si que lo es, si que lo es! – Exclamó Ruth, coincidiendo con Zack.
– Ya veo… eh… gracias entonces… creo…
Zack tomó mi mano con delicadeza y con su pulgar me acarició con cariño, me recargué a su hombro y cerré los ojos, tranquila, segura y feliz, después de todo, no existía razón alguna para sentirme ansiosa o desplazada, todo había sido tal y como lo esperaba con desesperación: “Obra de mi imaginación”.
Me sentía liberada, revitalizada, pese a no estar enteramente contenta con pasar los fines de semana acompañada de un grupo de chicos menores que nosotros, estaba enteramente feliz, era una sensación bastante parecida a cuando Zack y yo estábamos en preparatoria, rodeados de amigos, pero siempre, tomados de la mano.
Esta sensación de protección y felicidad llegó en el mejor momento imaginable, pues mi imaginación y mis malas ideas comenzaban a cobrar control de mi sentido común, dando posible apertura a sentimientos destructivos tales como la inseguridad, la envidia y el peor de todos, los celos; todos estos, hubiesen terminado dedicados de forma injusta a una chica buena y alegre, que en esos momentos se encontraba sentada a nuestro lado, mirando de frente con una sonrisa de oreja a oreja.
– ¿Cómo fue que me preocupé por nada? – Pensé, con culpabilidad. – Ella es un amor de niña y yo…
Estaba segura de que mi comportamiento en ocasiones anteriores hacía Ruth nunca fue el ideal, pese a que todos lo dejaron en el olvido, yo aún era capaz de recordar lo ocurrido la noche en que la conocí… la ataqué de forma injusta, me porté de forma infantil y me vi obligada a escapar fingiendo estar desmayada para que Zack quitara esa mirada lastimosa y acusadora, ambos me llevaron a mi cama y después se pusieron a charlar en la sala, e incluso me oculté tras la puerta y cual niña pequeña escuché recelosa su charla, en mi estomago sentía algo vibrar, y dolía, ese día me dejé llevar enteramente por la irracionalidad y terminé muerta de celos, golpeando el suelo una y otra vez, deseando que ella se fuera ya para que siguiéramos solo él y yo… vaya idiota.
Tenía que recompensárselo a Ruth, aunque ella no conociera la otra mitad de la historia, tenía que hacerle notar que ahora las cosas eran distintas, si nos poníamos a revisar cada uno de nuestros encuentros, no quedaría de otra más que pensar que o la odiaba o que me era indiferente, ¿Han sentido esa necesidad de hacerle saber a una persona que no es así? Ese tipo de gestos como un apretón de mano, una caricia en la cabeza, un abrazo, simples pero expresivos, acompañados de una sonrisa y de una promesa de un nuevo comienzo, como diciendo “Me equivoque” sin palabras; era esa clase de gesto el que necesitaba hacerle a Ruth en ese momento.
Sin embargo, apenas abrí mis ojos nuevamente, ella se puso de pie, mientras comenzaba a caminar en línea recta.
– ¡Ahí viene uno! – Exclamó. – ¡Taxi, taxi!
En su afán de llamar la atención del taxista, Ruth terminó atorando sus sandalias de plataforma en un pequeño hundimiento de la acera, provocando que perdiera el equilibrio y callera de forma estruendosa y soltando un grito aterrorizante.
– ¡RUTH!
Zack se puso de pie apenas Ruth estaba cayendo, de hecho, al estar yo recargada en su hombro terminé golpeándome la cabeza con el respaldo de la banca en la que estábamos sentados, pero lo que más me dolió fue cuando nuestras manos se separaron, pues fue cuando lanzándose de rodillas al suelo tomó a Ruth por la espalda y con ansiedad se dedicó a analizar si estaba herida.
El taxista se detuvo frente a nosotros, abrí la puerta trasera e indiqué a Zack que la metiera dentro.
– Vayamos al hospital, cielo.
– Bien, Ruth… – Murmuró Zack a la chica, que no paraba de soltar quejidos y lloriqueos. – Voy a levantarte poco a poco y te voy a llevar hasta el taxi, ¿Bien?
– ¡Me duele, Zack, me duele! – Gritó, gimiendo, al momento en que de sus ojos comenzaban a salir lagrimas.
– Pero sí parece que te has dislocado el brazo… con razón… escúchame, Ruth.
Zack limpió las lágrimas del rostro de Ruth y la tomó por las mejillas, ella le miró, obediente.
– Tranquila, solo te dolerá un poquito pero inmediatamente vamos al hospital, ¿Bien? Tú tranquila.
¿Dónde estaban? ¿Dónde quedaron? ¿A dónde se habían ido mi tranquilidad y mi felicidad? ¿Por qué es que ante una simple estampa desaparecieron con el viento de una cálida noche en la ciudad?



(2005, Texas)
– ¡¿Qué rayos fue eso?! – Exclamé, tomando una hamburguesa.
– ¿De qué hablas? – Preguntó, con naturalidad.
– De… eso… ¡Tú sabes de qué!
– No, en realidad no lo sé… ¿Por qué no lo repites para poder responderé?
– Pues… sobre ese… bsbhsbso
– ¿Ese qué? – Preguntó, con malicia.
– ¡No seas tonto, Rocko! ¡Explícame! ¡Quiero que me digas todo ahora mismo!
– ¿Segura?
– ¡Sí, segura!
Rocko acercó su rostro al mío, en esta ocasión me hice hacía atrás, para evitar otro ataque a mi pureza, sus juguetones ojos café oscuros se mostraban fascinados.
– Ahora mismo, Zack Mosh está lanzando miradas curiosas hacía aquí, creo que quiere que comas con él hoy… pero si quieres saber por qué ando por ahí besando chicas desprevenidas, tendrás que sentarte en mi mesa hoy, como puedes ver todo tiene un precio… ¿Qué harás? ¿Me seguirás a la modesta mesa de Rock o te irás con el popular y legendario Zack Mosh?
Disimuladamente desvié mi mirada hasta la mesa de Zack, justo en la parte trasera, distinguí a Karla y a las demás, a Blake y al grupo completo de las ovejas asesinas, Zack, mientras hablaba, no paraba de lanzar miraditas hacía donde nos encontrábamos; enfoqué mi mirada nuevamente en Rocko, que levantando sus cejas me indicó que era hora de una respuesta, me encogí de hombros.
– Bien, andando.
Era una mesa bastante llena, todos gritaban y tenían su propia fiesta, Rocko les saludó a todos con alegría y me presentó uno a uno, como son tantos, dejaremos sus nombres y personalidades para otra ocasión, pues realmente no había mucho que decir de una persona tras solo saludarle con una sonrisa, todos parecían conocerme, pues al menos la mitad hicieron comentarios acerca de ello, desde un “Ah, claro que conozco a Ellie Clearwater” hasta un “Con que ella aquí, ¿Eh?”.
– Estos son algunos de los pocos a los que les vale un pepino lo que Zack diga, solo quieren estudiar y divertirse y no tienen tiempo para idolatrar a un simple estudiante con aires de grandeza – Explicó. – ¿Fascinante, no? ¿Cómo incluso en un espacio tan reducido como lo es una escuela los lideres siempre tendrán detractores?
– Ya veo… entonces es posible que…
Dejé de hablar, un chico de cabello rizado y bajo en estatura miraba directamente a nuestra mesa, al darse cuenta de que estaba yo en ella, se fue hasta el otro extremo, ignorándome.
– Él es el mayor blanco de Zack, Steven No sé qué – Explicó nuevamente Rocko, al notar mi interés en Steven. – Dicen que solía ser amigo tuyo hasta que tú pasaste de ser una estudiante ejemplar para volverte una fiel Zackista extrema derecha.
– ¿Él te dijo eso? – Pregunté, con amargura. – Por qué si es así creo que se está portando muy infantil.
– ¿Y puedes culparlo? – Contraatacó. – Utilizando a los brutos que le siguen fielmente por ser gracioso, astuto y atractivo le han orillado a ser el tonto de la clase, le patean la mochila y le acusan de todo lo que ocurra dentro del aula de clases… incluso ya sin que Zack se los pida se ha vuelto de esta forma, así de fuerte es el poder sobre las masas, estúpidas y volubles, comienzan a portarse como su líder querría, ¿Comprendes ahora al buen “Steve Pañales”?
Guardé silencio, ¿Steven estaba siendo abusado por Zack? ¿Cómo es que no me había enterado de ello? Zack siempre se comportaba de forma tan fresca, natural e inocente que tras su sonrisa nunca me imaginé que existieran platos rotos, aunque por otro lado, tras recordar todas las quejas de Steven no me extrañaría que así fuese también en el aula, quizá intentó rebelarse y hacerle frente a Zack, y tras verse superado en número y en convencimiento terminó volviéndose el blanco de toda la clase.
– Vaya…
– Así es… vaya, ¿Curioso, no? Sabes… no te voy a contar lo ocurrido el día en que me salvaste de la expulsión, pero creo que sin ello tengo suficientes historias como para que consideres el sentarte un día a analizar si tú amistad con el amigo del pueblo es tan necesaria.
– Pero yo no vine por eso… – Murmuré, agitando la cabeza y enfocándome.
– Ah… ¿Quieres saber por qué te he besado?
– ¡No lo digas así! – Reñí. – Pero sí… y también lo del asalto… y sobre el bullying y todo…
– Bien… – Murmuró. – Te explico: todo este tiempo en que me comporté de forma amigable contigo ha sido una mentira para ser tú novio, yo soy en realidad el criminal de la escuela, mientras tú estás en clases yo estoy quitándole el dinero a los perdedores y lanzándolos a la basura, es lo mío, también soy excelente buscando pelea y jugando football, soy demasiado sexy y las chicas no lo pasan por alto, por eso después de tú bien cotizado amigo, de Blake Turner y de Oliver Yessil, soy yo el preferido de las damas.
– Un dato innecesario, pero continúa.
– Me encanta conquistar chicas, las nenas son mi razón de existir, bueno, ellas y el placer que genera golpear perdedores por aquí y por allá, de pronto me di cuenta de que era posible acercarme a una de las chicas de Zack Mosh y pensé “Ella es lindísima, ¿Por qué no?”, pronto tú amabilidad se fue impregnando en mí y terminaste gustándome en serio,  por ello pensé en invitarte a salir pero tú, como todo una tonta sugeriste que saliéramos junto con Zack, así que para guardar un poco de dignidad escapé como perro con la cola entre las patas, en resumen, soy un bully apuesto y dos caras que al principio pensó en usarte como forma de atacar a Mosh, pero cuando se dio cuenta de que ese tipo es demasiado peligroso y qué tú eras un encanto, prefirió sencillamente conquistarte.
– ¡No puede ser! – Exclamé. – ¡Me has querido usar como medio para dañar a Zack!
– Y acabo de decir que me gustas en serio pero solo escuchaste lo que quisiste…
– ¡Pero es qué no me lo creo! Ustedes… ¡Ustedes sí que son tontos! ¡¿No se fijan en los sentimientos de la gente?! ¿Popularidad? ¿Poder? ¡Estamos en preparatoria, dejen de comportarse como niños en la zona de juegos de un Mc Donalds!
– Claramente tú tampoco estás fijándote mucho en los sentimientos de la gente pues nuevamente admití que me gustabas y me has ignorado…
– ¡Es terrible! Y eso no es todo… ¡¿El bullying te parece una profesión o algo así?! ¡Eso es terrible!
– No es como si yo quisiera hacerlo… juro que todo el tiempo me propongo a mi mismo cambiar para bien, llego a la escuela sin asaltar ni fastidiar a alguien… pero cuando llega la hora del almuerzo ya estoy con el extintor en las manos disparándole a algún idiota… es algo así como una enfermedad crónica, ¿Sabes?
– Aún así no me parece algo de lo que debas hablar de forma tan altanera y orgullosa, ¡Sí hasta te están brillando los ojos!
– No, no es cierto…
– Sí, es verdad…
– Y dime… ¿Te gustan mis ojos?
Rocko inclinó la mirada, dedicándome una sonrisa coqueta, sus ojos mostraban ternura y coqueteo, desvié la mirada.
– ¡Ya basta! Entonces, ¿Eres un mentiroso total?
– No del todo – Repuso. – En verdad me gustas y quiero que salgas conmigo, ¿Qué dices?
– No puedo salir con criminales, lo siento…
– ¡Vamos, los criminales y las mojigatas vamos como pan y mantequilla!
– ¡Y ahora me llamas mojigata!
– ¿No lo eres?
– ¡Claramente aunque lo sea eso no es de tú incumbencia!
– Vaya… ¿Entonces he de suponer que he sido rechazado por la chica de Zack Mosh?
– No soy la chica de Zack Mosh, y tampoco soy una de ellos, y no pienso unirme a ninguno de los dos extremos, ¡Punto! ¡Soy solo amiga de Zack Mosh y no por serlo soy como él!
– Ah, entonces solo fue mi imaginación…
– ¿De qué hablas?
– Bueno… por momentos… – Rocko dejó de lado su comida y me miró con seriedad.
– ¿Sí?
– Pareciera que tú y él son iguales, iguales como espejos.
Concentrarme en clases no fue nada fácil, habían pasado tantas cosas durante el descanso que ya me era imposible mirar el pizarrón por 30 segundos sin recordar el beso que Rocko me había robado, y aunque no fuese el primer beso de todos, si fue el primero de la preparatoria, y había sido robado y sin disfrute alguno.
A la hora en que el timbre de salida anunció que era todo por hoy, esperé como de costumbre, a Karla en la entrada para irnos a nuestra practica de animadoras, ella no me recibió con la sonrisa habitual, más si que mostraba interés.
– ¿Dónde estuviste en el almuerzo? Recuerda que fuiste tú quien nos invitó a sentarnos con ellos en primer lugar y no te presentaste, fue bastante vergonzoso.
– Larga historia… te cuento por Messenger.
Nos encaminamos hacía el gimnasio, donde ya se notaban varios uniformes de animadoras saltando por el lugar, algunas corrían y hacían calentamientos mientras que otras sencillamente flojeaban, la única novedad era que tanto Helena como mi amiga Charlotte se acercaron a nosotras apenas llegamos.
– ¿Ocurre algo? – Pregunté.
– Bueno… – Se adelantó Charlotte. – La señorita sub capitana helena ha insistido en que quiere mostrarte algo exclusivamente a ti, así que le voy a prestar las llaves del auto para que se vayan, ¿Bien?
– ¿Eh? – Pregunté, mirando aterrorizada la malévola figura de Helena, que me sonreía de forma maliciosa, sin darse necesidad de ocultar que algo tramaba. – D… ¿De qué se trata?
– Bueno… no lo sabrás hasta que vayamos, ¿No? – Murmuró, tomándome del brazo y arrastrándome fuera de nuestra área de prácticas, Karla y Charlotte se despidieron de mí, con rostros llenos de sorpresa.
Caminamos en silencio hasta el estacionamiento, donde ella de un salto se insertó cómodamente dentro del convertible de Charlotte, pensé en imitarla pero llegué a la conclusión de que muy probablemente resbalaría y terminaría rompiéndome la pierna y haciendo el ridículo, por lo que aburridamente abrí la puerta y me puse el cinturón.
Helena era una reina en todo lo que hacía, animando era la mejor, siempre vestía de forma excelente, nunca permitía que se le viera con el cabello desaliñado, siempre sacaba las mejores notas y mantenía con gran orgullo y fidelidad su actitud de “perra americana”, es por ello que verla conducir me dejó con los ojos muy abiertos, llevaba puestas unas gafas de sol y cantaba de forma discreta al son de la semi diosa Lady Gaga.
 – ¿Tengo algo en la cara? – Preguntó, con su usual tono de fastidio.
– Eh… no… pero me preguntaba a dónde íbamos… ¿Me vas a abandonar en el bosque o…?
– Oye, oye… no soy tan cruel para hacer eso… ¿Qué imagen tan rara tienes de mi?
– Bueno… yo siento que no te agrado…
– Y no me agradas – Aseguró, con una sonrisa de honestidad bastante irónica si tomábamos en cuenta el tema que estábamos tratando, aunque admiré su sinceridad. – Eres la niña consentida de Elizabeth, eres tan torpe como cualquier estudiante de primero, careces de liderazgo y pareciera que eso fuese digno de premiarte, pues ahora eres voladora… pero eso no quiere decir que te odie o que no te respete como compañera de equipo, somos animadoras y es por eso que debemos ayudarnos.
– Ah… ¿Es así?
– Así es… es por eso que hoy te llevaré al parque para que charlemos sobre animación, te daré los mejores tips para ser la mejor.
– Vaya… pues… gracias… en serio lo aprecio.
Admitir abiertamente que no le agradaba y en la misma oración asegurarme que me daría los mejores consejos para ser una excelente animadora, fue inevitable que mi admiración por esa hermosa chica de actitud altanera y frívola creciera considerablemente, cuando llegamos al parque que estaba a un par de cuadras de la secundaria de Chelsea, aquel donde habían pasado ya saben que tantas cosas, sin embargo en esta ocasión nos fuimos hasta el extremo opuesto.
Al llegar, Helena me ordenó calentar, ella hizo lo propio, varios minutos después ya estábamos listas para comenzar, sin embargo, algo llamó su atención a distancia y me indicó que me acercara un poco más, a la distancia se divisaba a 3 personas de espaldas con los brazos cruzados.
– ¿No Es el de en medio Zack? – Preguntó Helena, extrañada. – ¿Qué harán aquí?
Ciertamente era Zack, y estaba acompañado de Anna y Junior, los tres parecían reírse por algo, aunque no era extraño, pues siempre se la pasaban riendo por todo, eran un grupo bastante carismático.
– No tengo idea… – Respondí.
– Aunque con ese Zack ya ni se sabe…
– ¿Por qué lo dices? – Pregunté.
– Bueno... – Murmuró. – Ah, ¡Mira, vienen otros dos!
Efectivamente, de la dirección en que los tres chicos estaban mirando llegaron otros dos hombres, reconocí de inmediato a Rocko y a Tim Karofsky, aquel que me ayudara con la dura misión de salvar a Rocko de la expulsión, ¿Estaban ahí para buscarle problemas a Zack y a sus amigos? Después de la conversación que había tenido con Rocko durante el almuerzo esa me parecía una posibilidad bastante loable.
– Ah, pero si son ellos… creo que las cosas se pueden poner feas… me llegaron rumores de que Zack en una ocasión le plantó marihuana al casillero de Rocko y trató de entregarlo a la policía, eso significa que estos dos probablemente se tengan odio del bueno… mejor volvamos a la escuela y dejemos esto para después, ¿Bien?
¿Zack era capaz de hacer algo así? No cuadraba, para empezar, fue él quien me advirtió de ello, ¿Por qué plantaría droga en el casillero de Rocko y después me informaría sobre ello? Era ilógico, en todo caso, si Zack fuese el culpable, no hubiese dicho una sola palabra y Rocko ya estaría en un reformatorio juvenil.
Aunque… también estaba la otra posibilidad… Rocko pensó en utilizarme cuando supo que yo era amiga de Zack… ¿Por qué no haría lo mismo Zack? ¿Qué si solo utilizó el señuelo de la droga para llamar mi atención y ganarse mi confianza? ¿Qué si toda la amistad que habíamos desarrollado hasta el momento era solo la caratula a un plan incluso peor a los implementados hasta el momento? ¿Qué si Zack solo me estaba criando como cerdo al matadero? Tras todo lo evidenciado anteriormente, era una posibilidad, y una posibilidad bastante fuerte.
Me sentía ansiosa, asustada y preocupada, tanto así que con el temblor de mis manos batallé un mundo para abrocharme el cinturón de seguridad, ¿Se convertiría esto en una pelea callejera? ¿Es que Zack sencillamente ignoraría mis palabras de angustia dichas aquella noche en el jardín de su casa cuando un hombre le golpeó horriblemente?
Helena dio vuelta en “U” y pasamos frente al grupo de chicos, que no hacían más que mirarse fijamente, sin embargo, en el justo momento en que casi los perdíamos de vista Rocko se giró hacía donde estaba su compañero, Tim Karofsky y le asestó un tremendo golpe en el rostro que lo dejó tirado en el suelo.
Lo último que pude ver fue una sonrisa perversa dibujada en el rostro de Zack, que ante sus ojos veía con satisfacción como dos chicos que antes se hubiesen defendido el uno al otro hasta la muerte, se despedazaban en un uno a uno brutal.




(2010, Los Ángeles)
– Eh, muy bien… voy a tener que pedirle que se tranquilice, llevo 20 años en servicio a la medicina y en esos años he recibido cientos de casos como este… y le aseguro que no hay riesgo alguno, así que ya deje de comportarse como niña y déjeme arreglarle el brazo a su novia.
– ¿¡Pero no ve que está muy asustada!? ¡Por eso quiero yo ponerle un alto a usted, abusivo!
– Eh… de hecho no soy su novia, Doctor… pero tiene razón en algo… ¡Ya déjalo trabajar, Zack!
– Ah, ¿Entonces es su hija o algo así? – Bromeó el Doctor, mirándolos con picardía.
– Algo así supongo… – Bufó Ruth, acariciando el cabello de Zack, que avergonzado por ser evidenciado, se puso de pie y se puso a curiosear el consultorio.
– Bien… muerda fuerte esta plaqueta y cuando grite tres, va a sentir un tirón, ¿Bien?
– Bien, repuso Ruth.
– Entonces… 1, 2, ¡3!
 ¿Qué me estaba pasando? ¿Por qué me sentía de esta forma nuevamente? Hace no menos de una hora estaba, se podría decir “Mejor que nunca” y unos minutos después, mientras Zack y Ruth gemían de dolor mientras el doctor insertaba donde correspondía su brazo, me sentía insegura como el día en que al llegar a casa vi a Ruth recibiendo masaje de pies por parte de mi esposo.
Más era algo distinto, aquel día me dejé llevar por la tristeza y tomé un papel resentido, más esta ocasión sencillamente repudié el sentimiento y luché con todo lo que pude contra mi corazón para hacerle entender que estaba equivocada, para hacerle entender que no había sido otra cosa que mi imaginación al ver a Zack tan preocupado por ella, era natural de cualquier forma, ¿No? Digo… si alguien se cae al suelo… tú te asustas y vas y le ayudas para ver si está bien, ¿No? Eso hacen los chicos cuando ven a una chica caer, fue una reacción común.
¿Pero cómo explicarle a mi corazón ese gesto protector que iluminó el rostro de Zack cuando le dijo que todo estaría bien mientras cariñosamente limpiaba sus lágrimas, cuando ni siquiera mi mente tenía la respuesta?
Luché, todo ese tiempo estuve luchando, pero el corazón herido es más fuerte que una mente necia, incluso en el taxi me sentí evidenciada cuando Zack se sentó en la parte de atrás con ella, cuando Zack le ofreció acompañarla hasta la cama si aún le dolía, incluso sentí dolorosos raspones cuando en la comodidad de nuestro hogar recapituló lo ocurrido, todo lo que se hablara de Ruth no eran más que armas de filo que una a una me desangraban, para cuando llegó la hora de dormir el dolor era tan insoportable que me resigné en arroparme bajo la angustia y descargarme en un llanto tan silencioso que mi compañero de vida no fue capaz de escuchar, al despertar sería otro día.
¿Quién esperaría que la afinidad de dos completos desconocidos pudiera crecer a tal medida en apenas unos meses? ¿Quién supondría que cuando una pareja decide independizarse y reforzar lazos únicamente solo entre ellos por medio de un cambio de aires es cuando sería más difícil socializar entre ellos? ¿Por qué era tan necesario que se presentara ante él al tener un problema? ¿Por ser vecino de piso? ¿O quizá es por algo más y oculta sus verdaderas intenciones? No, no era eso… por alguna razón, me era imposible ser totalmente imparcial, de hecho, me daba la impresión de que ella tampoco sabía la respuesta a porque acudir a él, ¿Podía eso considerarse una ventaja? ¿O es qué el verdadero problema vendría cuando se diese cuenta de ello?
A la mañana siguiente, en nuestro departamento, ella lloraba, más no como lo hizo la noche anterior, esta vez era en serio, aparentemente algo había ocurrido con Ben y con su familia, ella le explicaba a Zack todo lo que sabía, mientras que angustiosamente se abrazaba a una almohada, viéndose desesperada a no tener solución al problema de su amigo entró en una actitud impotente e implorante, suplicando por algo de apoyo por parte de él… que con tranquilidad repitió la dosis de la noche anterior, limpiándole las lagrimas con sus ligeramente toscos y alargados dedos, le aseguró que todo estaría bien, le ordenó que fuese a cambiarse y que la esperara en las escaleras, pues él haría lo propio.
Ella obedeció inmediatamente, no sin antes, al cerrar la puerta lanzarme una mirada de arrepentimiento, sí, yo también lo sentía, pero no había nada que hacer, ¿O sí? Viéndolo desde un punto de vista competitivo, la victoria era suya, nada ni nadie puede vencer lagrimas sinceras y de corazón, en caso de que hablara yo, o diera replica en reproche solo terminaría quedando como la mala de la historia, ¿Curioso, no? Terminaría volviéndose algo así como la hermosa princesa del cuento pidiéndole al príncipe encantador que por favor no acompañara a la malvada bruja, ¿Dónde se ha visto algo así?
Bien, él se fue apenas un par de minutos después, no hubo tiempo para explicarme a donde, solo me dijo “Vuelvo más tarde”, sorpresivamente eso ayuda bastante, en todo caso hubiese sido desastroso tener en mente la posibilidad de que no volviera más, por como mi mente funcionaba en ese momento incluso un “nos vemos, Ellie” hubiese sido seria declaración de un posible abandono.
Me senté en la alfombra, utilizando el sillón como respaldo y traté de distraer mi mente con la televisión, esto no funcionó en lo más mínimo, la televisión quedó apagada y descartada apenas unos minutos después de entrar en el juego.
Desaliñada, despeinada, sin bañarme y en ayunas, no me importaba, el paso del reloj frente a mí, colgado en la pared arriba del televisor era más importante, era impresionante ver como el paso de los minutos se volvía notorio con apenas un poco de paciencia, fui capaz de presenciar 60 vueltas completas por parte de la manecilla más delgada, 60 vueltas en la que no hice más que intercalar miradas entre la puerta y el reloj.
Después eso no se hizo suficiente, cambié posición y me dediqué a intercalar entre la ventana que daba a la entrada del departamento, el reloj y la puerta, por momentos me daba la impresión de que la perilla giraba, en ese momento el miedo de que Zack se molestara por verme tan poco presentable hacía aparición y pegaba un salto de reflejo para que al menos me viera de pie, por desgracia era solo un efecto de mi imaginación, él aún no regresaba.
Pude ser capaz de burlarme de la situación, ya no importaba oponer resistencia, era mucho más simple dejarse llevar por la duda del corazón que luchar por mantenerme al ras, era más simple volverme la víctima y pensar con una sonrisa disgustante en el rostro que había una posibilidad de que en ese mismo momento Zack y Ruth estuviesen haciendo el amor.
– ¿Con cuantas chicas ha estado Zack además de mí? – Pensé, de pronto, y ya que estábamos entrados en materia de ironías. – ¿Y cuántas de ellas ha habido durante nuestro matrimonio?
El pensamiento retumbó una y otra vez en mi mente, en esta ocasión fue imposible jugar con fuego sin salir quemada, dolió… dolió y mucho, más el dolor me hizo despertar medianamente, me hizo darme cuenta de que Zack había hecho un juramento inquebrantable a mí lado y que no por algo tan simple como el placer carnal se dejaría llevar con cualquiera.
Ups, otra apertura en mi lógica… ¿Qué si no era con una cualquiera? ¿Qué si en verdad acabáramos de conocer a alguien con la entera e impresionante capacidad de cambiar sentimientos? ¿Qué si era Ruth quien estaba destinada a estar con Zack?
El pecho me ardía, la ansiedad me corrompía, me jalé el cabello, pataleé, grité, lloré, supliqué y oré, lamenté enteramente que la mente humana fuese capaz de entrar tanto en las posibilidades, sufrí por no encontrar argumento alguno en que fuese yo mejor que ella, al menos uno que no fuese el anillo descansando en mi dedo anular, que en esta ansiedad no era más que un castigo que iba apretando más y más, amenazando con desaparecer al no encontrar otro motivo.
En ese momento la puerta se abrió, y en esta ocasión no fue mi imaginación, él entró en la habitación con gesto severo, al verme en el suelo llorando corrió hasta donde yo me encontraba, me abrazó, consoló mis sollozos, me preguntó que me pasaba y con dulzura acarició mi espalda mientras esperaba a que me calmara, cuando mi llanto se detuvo, varios minutos después, exigió una respuesta… le pregunté si estaba enamorado de ella, le pregunté si la prefería a ella o a mí, él sorprendido, me preguntó a que se debían mis celos, esto solo provocó nuevamente un río de llanto, entre sollozos le expliqué sobre la mirada que le dedicó para tranquilizarla, sobre el dolor que sentí al imaginarme una vida sin él, sobre todo, le hablé sobre todo.
Pacientemente esperó a que terminara de hablar y a que mi llanto se tranquilizara, limpió mi nariz y ojos con unos pañuelos que había cerca en repetidas ocasiones, acarició mi cabello, me abrazó y me besó con paciencia, una vez solté todo lo que había guardado dentro de mí desde hace tiempo atrás y que recién había despertado en una irremediable bomba de paciencia, él me cargó en sus brazos y me llevó a la recamara.
Con delicadeza me recostó en la cama y mientras me desvestía susurraba en cada parte de mi cuerpo “Eres la única”, cada uno de sus besos, rasposos y sincronizados, era como una dosis de antídoto que poco a poco eliminaba todo el veneno de mi cuerpo, hicimos el amor como hace mucho no lo hacíamos, de forma tranquila, romántica, permitiendo que cada movimiento no tuviera otra función que expresar la unión que teníamos, me sentí una tonta por no haberlo visto antes, nuevamente era capaz de sonreír, nuevamente fui feliz y con ayuda de la sabia guía de mi amado encontré el puerto en una noche de neblina.
Quedamos mirándonos de frente al terminar, fue tan agotador que aunque luché con todas mis fuerzas mis ojos se fueron cerrando poco a poco, exigiéndome un poco de descanso después de uno de los días más pesados de toda mi vida.
Más un pequeño ruido proveniente de nuestro closet me hizo abrir los ojos de pronto, él se estaba vistiendo, con su torso desnudo se rociaba desodorante mientras elegía que camisa usar a continuación; me explicó que Ben necesitaba de su apoyo y que iría solo un momento a brindárselo, prometió volver pronto y me aseguró que no volvería sin un regalo especial para mí.
Que tonto… no me interesaban los regalos en lo más mínimo, nunca fue así… su presencia era el único regalo que deseaba, era lo único que necesitaba. Al decirle esto, él solo me agradeció, besándome con dulzura, sin embargo siguió vistiéndose, una vez estuvo listo, se montó su estuche de guitarra en el hombro y extendió la mano, en señal de despedida.
– ¡Aléjate de Ruth, Zack! – Imploré, con voz ronca.
Me acerqué arrastrándome hacía él y lo atrapé por su playera como un niño pequeño, él me miraba, extrañado, como si no diese crédito a mis palabras; y no es como si yo tuviera completa idea de lo que estaba haciendo, en realidad era mi ansiedad hablando por mí, esas no son palabras que yo en mi sano juicio diría, sin embargo por alguna razón sentía que era lo correcto… sabía que de no ser así terminaría sufriendo justo como hacía apenas unas horas, era angustioso el solo verme así de miserable de nuevo… él… él tenía que ser solo mío.
– ¿Alejarme de Ruth? Pero Ellie… si yo voy con…
– Por favor… – Interrumpí. – Por favor… aléjate de ella... si me amas en verdad… aléjate de ella.

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