Lo Último

¡Amo a mi esposa! (Creo) (30/??)


Sobre Zackina, sobre Rocko y sobre la primer pelea en Los Ángeles (Ellie)
(2005, Texas)
– Podemos ir a escucharlo un rato si quieres… – Insistió, cruzándose de brazos. – Sé te nota en la cara que te cargas que quieres ir, por 5 minutos que vayamos no vamos a retrasarnos más de lo que ya estamos con el guion.
– No… no te preocupes… además ya le has llamado a tú mamá así que seguro no tarda.
– Nos enviará mensaje cuando llegue… en serio… si quieres ir vamos rápido.
–…
– ¿Y bien?
–…
– ¿No quieres ir?
– Si… si quiero… ¡Vamos!
La tomé por la mano y me deslicé como delfín en el agua a través de todos los estudiantes que se cruzaban en nuestro camino, unos instantes después ya estábamos en la entrada del gimnasio, cuyas puertas estaban abiertas y en las gradas se distinguía un pequeño grupo de amigos esparcidos por las gradas, cantando al ritmo de una melodía que no conocía.
– Mira ahí están – Señalé. – Oh Dios… están con Elizabeth…
– ¿Elizabeth? –Preguntó Karla, asomándose por la puerta como si estuviésemos espiando. – ¡Es verdad! Ya se han hecho amigos de nuestra capitana… y nosotras que le hemos pedido permiso de faltar a la práctica de hoy para hacer la tarea… si nos acercamos ahí seguro se molesta con nosotras…
– Tienes razón… – Admití, en tono de decepción. – Entonces volvamos antes de que nos vean…
– ¿A quienes espían? – Preguntó una voz gruesa y con tintes de descaro a nuestras espaldas, asustadas nos giramos al instante, era un chico con un peinado mohicano y un yeso en el brazo.
– Ah, Rocko – Suspiré. – Menos mal que eres tú… no estábamos espiando a nadie… es solo que íbamos a ir con Zack a oírlo tocar pero ahí está nuestra capitana y recién le hemos pedido permiso de faltar a la práctica para hacer un trabajo y si nos ve ahí pensará que solo queremos escaquearnos del trabajo; ¿También tú vienes a escuchar a Zack tocar?
– Eh… no… por hoy voy a pasar – Repuso, mirando en distintas direcciones. – Solo que las vi en poses muy extrañas y supuse que estaban haciendo algo sospechoso.
– Nosotras somos niñas buenas – Aseguré. – Pero bueno… nosotras ya nos íbamos… un placer verte y cuídate ese brazo, ¿Bien?
– Ah, por supuesto… oye… Ellie…
– ¿Dime?
– Eh… no, no es nada… cuídense ¿Bien?
Rocko se dio la vuelta y se alejó con pasos tranquilos, dejando a Karla en una pose petrificada, mirándome con su rostro especial de “Exijo una explicación”, comencé a hablar mientras caminaba, para no perder el ritmo y que ella tampoco lo hiciera.
– Es un buen chico – Expliqué. – La primera vez que nos vimos fue algo grosero… sí… y la segunda vez fue golpeado por un burro… sí… pero la tercera fue bastante amable, me pidió perdón por haberse portado así conmigo la primera vez, me explicó que fue porque había perdido algo importante y que tenía la cabeza en otro lugar… en realidad es bastante amable, ayer estuvimos platicando por myspace hasta las 12.
– ¿En serio? – cuestionó, en tono intrigante. – ¿No era el peor enemigo de tú futuro novio?
– No sabía que Johnny Depp odiara tanto a un simple chico de secundaria, mira que incluso los grandes tienen problemas… –Bufé. – Ah, ya entiendo… ¿Tratas de molestarme con Zack, cierto?
– Ah, ya empezaba a pensar que te perdía.
– Bien, lamento decepcionarte, Karlita, pero entre Zack y yo no hay nada más que amistad.
– ¿En serio? – Preguntó, juguetona. – ¿Cuándo fue la última vez que otro amigo tuyo se recostó sobre tus piernas?
 Un chico, de cabellos rizados y gafas de armazón vestido con una camisa a rayas, pantalón de mezclilla y zapatos de vestir café oscuros, pasó justo a nuestro lado en ese momento, consideró adecuado no dirigirnos la palabra, como muestra total de su indiferencia.
– ¡Steven! – Exclamé. – ¡Espera, Steven!
El chico se pasó de largo, perdiéndose entre la multitud, como si sencillamente no me hubiese escuchado, Karla y yo nos miramos con un gesto de dolor y arrepentimiento.
– Creo que nunca se lo dijiste… ¿Cierto?
– No quería que lo supiera así… – Me excusé, con ansiedad. – ¿Crees que ahora me odie?
– Bueno… pusiste en tus piernas a quien más odia… y era contigo con quien se descargaba…
– Karla… no estás ayudando tanto como crees.
– Lo siento, lo siento… eh… ¿Qué tal si le compramos un pastelito o algo y luego le explicamos lo que ha pasado últimamente? Así quizá no nos odie tanto por habernos hecho amigas de los del lado oscuro…
– Tienes razón…
– A no ser, claro… que te arrepientas de haberte hecho amiga de Zack, en cuyo caso puedes dejar de hablarle para tener feliz al buen Steven.
– No me arrepiento… Zack podrá ser algo excesivo, agresivo y tonto… pero es muy buen chico por encima de eso…
– ¡TE GUSTA! – Exclamó, moviendo con su dedo mi brazo.
– ¡No!  ¡No me gusta! Bueno… como amigo solamente.
– ¿No te gusta como amigo? ¡Eres una atrevida!
– ¡Karla, estás entrando a territorio peligroso y no he dormido mucho últimamente, cuidadito!
Una hora después finalmente estábamos en casa de Karla, ambas mirábamos el documento de Word en blanco en el que se supone, un guion de 20 páginas tendría que aparecer antes de las 10:30 de la mañana del día siguiente.
– Estamos acabadas… – Murmuré.
– Estamos hundidas… – Murmuró.
– Estamos destrozadas… Murmuré.
– Estamos Fregadas… – Murmuró.
– ¿Por qué no intentamos con algo cliché? – Sugerí, buscando salir del agujero en el que estábamos cayendo.
– Un cliché… ¿Una doncella?
– Y un apuesto galán…
– Ambos muy guapos… y enamorados…
– ¡Con familias que se odian!
– Ah, ¡ya sé cómo llamarla! – Exclamó.
– ¡¿Cómo?! – Repuse, fascinada.
– ¡Felicidades Ellie, acabamos de inventar Romeo y Julieta!
– ¡Rayos! – Exclamé. – ¡Tienes razón! ¡Ahora la chica que se pone liberal en media clase y que por su culpa estamos en este embrollo se burla de mis ideas!
– No tenías porque ser tan ruda… – Murmuró, triste, agachando la mirada; caminé hacia ella y la abracé con dulzura.
– Perdón, me aceleré, me aceleré.
– ¿Qué tal si hacemos un diario de viaje o algo así? – Sugirió, aún bajo mis brazos.
– ¿Cómo el capitán Lawrence o algo así? – Pregunté.
– Exacto… y ya que lo pones de ejemplo… podemos hacerlo de un soldado de la época medieval que escribe cartas a su mujer, donde narra las cosas que ve y lo que vive… ¿Qué te parece?
– Pues me parece muy lindo… si podemos hacerlo, es un 10 seguro, o más te vale que así sea… ¿Empezamos?
– Bien… todo buen guion empieza por el principio.
– Creo que hoy estamos bastante brillantes, ¿no? – Bufé.
Existe un secreto para escribir grandes cantidades de texto y que todo el contenido parezca una obra maestra, divagar, los lectores aman cuando los personajes divagan y escalan en las conversaciones a distintos puntos, utilizando palabras complicadas, metáforas y referencias de todo tipo, no es lo mismo escribir “No, me niego a hacerlo” a escribir “Me rehúso enteramente en carne y alma a vender mi honor a una causa que hace no más de 3 años provocó la muerte de todos los niños de un pueblo entero, si el rey Augusto fue capaz de soportar el peso de la corona maldita, yo estoy dispuesto a tolerar el filo de su hacha quemar en mi cuello”, usando este formato, terminamos la tarea apenas a las 9 de la mañana, no solo habíamos logrado una excelente tarea, si no que dormiríamos cómodamente para presumirlo al día siguiente, miraríamos a la maestra con una sonrisa confiada, como diciéndole “Usted, que pensaba darnos una lección, terminó aprendiendo algo, me burlo de usted”.
Así lo hicimos a la mañana siguiente cuando llegó la hora de entregar todos los guiones, por desgracia la maestra solo los guardó en una caja y aseguró que las calificaciones las entregaría más o menos en una semana, las calificaciones nunca llegaron.
Se nos hizo una costumbre tener a Zack y a sus amigos como invitados de honor en nuestra mesa, constantemente incluso Blake y Oliver, los chicos más populares de la escuela se sentaban a nuestro lado, solo para bromear un rato con Zack, que siempre los trató como iguales, e incluso se daba el lujo de menospreciarlos.
Todo parecía indicar que estábamos a punto de entablar nuevamente una relajante rutina escolar común y corriente, no más burros, no más fuegos artificiales, no más peleas innecesarias… ya todo estaba, o al menos así aparentaba, estar asentado.
Mi amistad con Zack se reforzó en gran medida, así como la cantidad de confianza que nos teníamos, no pasó mucho para que mi bandeja de entrada de textos fuese casi en su totalidad de él, pese a nuestras diferencias naturales, como la personalidad, la madurez, el punto de vista y otros tantos factores que nos alejaban, nos volvimos mejores amigos en menos de lo que canta un gallo.
– ¡Hey, Ellie, ¿Qué crees?! – Exclamó, una mañana, cuando recién llegaba. – ¡Hoy voy a comprarme un traje de animadora!
– ¿Y porque harás eso? – Pregunté, algo aterrada.
– ¡Se-cre-to!
– Por favor dime que no vas a atacar nuevamente a otro chico…
– No es para atacar a nadie – Aseguró. – Pero estoy seguro de que vas a disfrutarlo.
– ¿Ah, sí? Bueno… eso ya lo veremos… solo asegúrate de no hacer nada ilegal, ¿Bien?
No respondió, me dio una palmadita en la espalda y se alejó corriendo a gran velocidad para después subirse de un salto den los hombros del pobre Mike, que casi se rompe la columna vertebral y cayó sonoramente en el suelo.
– Hey, Ellie – Saludó una voz que también se hizo familiar con el tranquilo paso del tiempo, era Rocko. – ¿Cómo estás?
Usualmente charlábamos por myspace por buen rato, siempre charlábamos de cosas que no tenían nada que ver con la escuela, aprendí que le gustaba mucho ver películas viejas, pasear a sus perros y jugar con sus hermanos, además, claro, de su ya conocida afición a golpear cosas.
Por desgracia, aún conservaba ese yeso en su brazo, aunque según él faltaba ya muy poco para recuperar movilidad, por lo que podría recuperar varias de sus aficiones.
– Muy bien, ¿Y tú? ¿Cómo va ese brazo?
– Excelente – Repuso. –Según sé ya mañana me lo van a quitar… casi 3 meses con esta cosa… ¿Puedes creerlo?
– Y pensar que nunca te lo llegué a firmar…
– Si gustas puedes hacerlo – Repuso, tomando un bolígrafo de su mochila y entregándomelo con una sonrisa. – Creo que aún queda algo de espacio en la parte de abajo.
Con mucho cuidado busqué por algún hueco decente, desgraciadamente, en el lugar donde él me indicó solo había un mensaje.
– “Ya falta poco, recuerda tú promesa, atentamente Zack” – Leí. – ¿Qué promesa tienes con Zack?
– ¡¿EH?! – Exclamó. – ¡¿Cuándo rayos escribió eso?! ¡¿Y como lo hizo?! ¡Es un loco! Además necesitaré otros meses para recuperar movilidad… ¡No puede exigirme tanta velocidad!
Rocko se fue corriendo, dejándome confusa, más decidí no tomarle importancia, conociendo a Zack seguro era mejor no entrometerme, preferible hacerse de oídos sordos que terminar con problemas con el FBI por no saber hasta cuando dejar de buscar.
Mi vida escolar era casi perfecta, por las mañanas ponía atención y dedicación al pizarrón en compañía de mis compañeras de clase Karla, Romy y Jacqueline, durante el almuerzo disfrutaba de las locuras de Zack y de sus entrenados, Junior era un experto en sacar anécdotas fuera de lugar, Anna era sensacional en insultar a Zack, Nahomi era un encanto de chica que tomaba el papel de la madre y Mike era algo inexistente, pero igual era agradable, y por supuesto, como dejar de lado al que se encargó de reunir a tan peculiar grupo, Zack era ególatra, vanidoso y escandaloso, pero sin importar el estado de ánimo que cargaras, sin importar que tan frustrada te sintieras porque tú hermana haya metido un calcetín rojo en tú ropa blanca por accidente, terminaba sacándote una sonrisa, durante las tardes asistíamos a las prácticas de las animadoras, donde al mando de Elizabeth y Helena el grupo mejoraba a cada momento, cuando la entrenadora de las animadoras desapareció misteriosamente después de haberse robado todos los fondos reunidos en tres años, todos pensaban que el grupo terminaría disolviéndose por un tiempo, pero esta gran pareja de capitanas lograron mantenernos en el mapa, e incluso con buenas posibilidades de competir de forma satisfactoria en el concurso regional, que tomaba lugar en noviembre.
El único defecto en mi excelente vida escolar, era ese chico al que anteriormente consideraba mi mejor amigo y que tras enterarse de mi buena amistad con Zack terminó alejándose de mi a tal punto de siquiera mirarme, me molestaba realmente su actitud, me molestaba más no podía hacer nada; era ya su decisión si por algo tan infantil terminaba nuestra buena relación... un momento… eso ha rimado, ¿Qué bien, eh?
– ¡Bien chicas, desde el inicio! – Gritó Elizabeth. – ¡5, 6, 7, 8!
– ¡Ya vamos, capi! – Gritó desde detrás de las gradas una masculina voz tratando de fingir el tono femenino, justo como en las películas. – ¡Nada más termino de ponerme las medias!
– Somos animadoras, no usamos medias, tonto – Riñó otra voz masculina al instante, todas nos miramos con confusión, Karla y yo intercambiamos sonrisas irónicas.
– ¿No crees que sean tan idiotas… o sí? –Preguntó.
– Nah… no serían…capaces…
– Si… – Soltó una risita nerviosa. – Tienes razón.
– ¡¿Quién está ahí?! – Exclamó Helena, llevándose sus manos a la cadera.
– ¡Somos animadoras! – Gritó una chica rubia con peinado de chico y piernas muy peludas en traje de animadora mientras salía agitando pompones y soltando saltitos coquetos. – ¡Yo soy Juniar y ella es Zackina!
Del mismo lugar de donde Juniar había salido, Zackina hizo aparición, repitiendo una rutina consistente en elevación de piernas, medios giros y sentadillas, todas las animadoras rompieron filas y corrieron hasta donde estaban esos dos, soltando risas como locas y en una actitud coqueta.
– ¡y espérense, también traímos a otra amiga! – Gritó Zackina. – ¡Micaela, ven aquí!
– ¡No quiero! – Gritó al instante la tal Micaela, en tono furioso. – ¡Y dame ya mi ropa!
– Niñas… ¿Quieren ir a ayudarnos a sacar a Micaela del cuartito? – Preguntó Zackina a sus nuevas admiradoras. – Es que es muy tímida y se siente gorda… ¿Vamos a decirle que aquí todas somos amigas y que nos queremos mucho sin importar como nos veamos?
Todas asintieron y siguieron a Zackina y a Juniar hasta el cuarto de sonido, unos instantes después en sus brazos cargaban a Mike… digo a Micaela, vestida de animadora y con cara de pocos amigos, claramente fue obligado a la fuerza.
Después de arrastrar a Micaela hasta el centro del gimnasio, las tres chicas peludas hicieron una coreografía bastante atractiva mientras cantaban “Man, i feel like a woman” con mucho corazón y poco talento, por supuesto, Micaela se negó a moverse durante esta peculiar presentación, cuando terminaron, se vieron rodeados de chicas nuevamente.
– Vaya, incluso vestidos de mujeres son populares – Admiró Karla, cruzándose de brazos y esbozando una sonrisa de fascinación.
– Dios mío… son unos idiotas… – Murmuré, cubriéndome el rostro con ambas manos y deseando ser tragada por la tierra. – Qué no nos vean… qué no nos vean…
– ¡Esperen niñas! – Exclamó Zackina. – ¡Vamos a hablar con nuestras amiguis! Mientras tanto ¿Por qué no juegan con Micaela y le demuestran su amor?
Zack y Junior corrieron hacia nosotras con pasos afeminados, nos besaron en ambas mejillas haciendo ese ridículo sonido de “Mua, Mua” y después se dieron una vueltecita para lucir sus trajes.
– ¿Qué opinan? – Preguntó Juniar.
– Vaya… eh… pues… – Respondió Karla.
– ¿Y tú, Ellie? – Preguntó Zackina.
– Eh… Zack… yo…
– Ah, en resumen, lo hemos hecho estupendo dices tú, ¿No? – Asintió, guiñándome su ojo derecho.
– No de hecho yo…
– ¡¿Qué rayos haces, Zack?! – Exclamó Helena, corriendo hasta donde estábamos. – No te pases y ve a cambiarte ya, ¡¿No ves que estamos practicando?! ¡Váyanse antes de que me queje con el director!
Helena estaba furiosa, nunca la había visto tan enojada, y eso que de eso vivía ella, siempre, durante las prácticas, era obligatorio que regañara al menos a una persona por su rendimiento, actitud o presentación, en este día, le tocó a las pobres Zackina y Juniar.
– Ah, vamos, Helena… ¡Relájate! – Exclamó Zack, abandonando su papel de mujer y dedicándole una sonrisa coqueta a la furiosa sub capitana. – Las veía muy desanimadas así que decidí darles una probada de sabor en su rutinaria vida de animadoras, ¿Es eso tan malo?
– 30 segundos para que se larguen o reporto al director. – Amenazó.
– Bien, bien… ya nos vamos…
– Vaya que no se pueden estar quietos, ¿Verdad, Zackie? – Preguntó Elizabeth, acercándose con una sonrisa. – Mira que vestirse de animadoras… eso nunca lo había visto ni en Bruno ni en nadie más.
– Rompemos los esquemas, ¿Qué te diré? – Repuso Zack, mientras Elizabeth lo tomaba por el brazo. – ¿Me vas a entregar con las autoridades?
– No, pero vamos a charlar a solas. – Respondió. ¡Un descanso nenas, 10 minutos!
– Bueno… parece que voy a ser regañado… – Murmuró Zack, con una sonrisa. –Nos vemos después, Ellie…
– Adiós… suerte. – Repuse, devolviéndole la sonrisa.
No puedo decir que ese tipo de actitud de Zack era algo de aplaudirse, pero era justo como lo dije antes, sin importar la situación, sin importar como… terminaba sacándote una sonrisa… es solo una forma de hablar y quizá esté fuera de contexto… pero a mi entender, se necesitan personas como Zack en el mundo… el planeta necesita Zacks para seguir moviéndose sin explotar de tensión.
– Voy a comprar un té helado – Anuncié a Karla, aprovechando el descanso. – ¿Quieres algo?
– Un té está bien, gracias. – Respondió, mientras hacía estiramientos.
– Bien, no me tardo.
Fuera del gimnasio había una maquina distribuidora, aproveché para servirme de mis necesidades justo ahí, mientras digitaba “A3” para sacar mi Arizona de té helado con sabor a limón, una sombra me cubrió la vista, era Rocko.
– ¡Hola! – Exclamé. – ¿Qué haces por aquí todavía?
– Bueno… estaba viendo la función de tus buenos amigos… no tenía nada mejor que hacer.
– ¿Les has visto? – Pregunté, avergonzada. – No tienen inhibiciones… incluso metieron al pobre de Mike en eso… el pobre merece mejores amigos, ¿No crees?
– Oye… Ellie…
– ¿Sí? – Pregunté, mientras insertaba las monedas para el otro té helado. – ¿Qué pasa?
–… Sabes… estaba preguntándome si te gustaría salir conmigo a comer algo un día de estos o algo así…
Levanté la mirada, con sorpresa, Rocko me miraba con una sonrisa tímida.


(2010, Los Ángeles)
– ¿Sorpresa? – Pregunté. – Ah, encima vienes de graciosito… ¿Eh? Qué bueno que estés feliz… ¿Dónde estabas? Digo… si se puede saber… ¿Se puede, verdad?
– Bueno… – Comenzó, tímidamente acercándose hacía mí, me fui al otro extremo del sillón, haciéndole saber que no deseaba que me tocara. – es que unos amigos del trabajo y yo…
– ¿Amigos del trabajo? – Bufé, con sarcasmo. – Me muero de curiosidad por saber qué interesantes actividades puedes hacer con tus jefes que viven con sus madres a la ¡1 DE LA MAÑANA!
 – Bueno… no del trabajo precisamente… pero si trabajan en el piso de arriba, son de una cafetería y…
– Ah… qué bien, has hecho amigos… ¿Y por qué hace un rato venías llegando con Ruth en vez de con tus amigos de la cafetería?
– Ruth trabaja en la cafetería… – Explicó, mientras se quitaba los zapatos. – Lamento por no haber llegado más tarde… vayamos a dormir, ¿Sí?
– ¡PUDISTE HABERME AVISADO QUÉ IBAS A LLEGAR TARDE! ¡Aquí me tienes a mí de estúpida preocupada por qué algo pudo haberte pasado! ¡Ni un jodido mensaje fuiste capaz de enviarme! ¡Te estuve llamando toda la noche! ¡¿Y tú celular?!
Revisó su celular y me miró con sus ojos de cachorro arrepentido tras destrozar unos zapatos.
– Ellie… lo siento…
– ¿¡Y SE PUEDE SABER A DONDE FUERON!? – Insistí, apenas sentí que fintó con acercarse a mí.
– Fuimos a comer tacos de pescado… en un karaoke…
– ¿Por qué no me avisaste qué ibas a salir? Pensé que ibas a tener practica en la banda Zack… hice de cenar algo para que llegaras comiendo y pudieras descansar… cuando vi que ya era muy tarde para practicar comencé a llamarte… ¡Estaba muy preocupada! ¿Crees que con un estúpido “Lo siento” se va a quitar mi angustia? ¡NO!
Mi voz comenzó a quebrarse y mi autoridad fue rebajándose conforme mis palabras aumentaban, sabía que mi escudo “No me toques” pronto se rompería, pero no podía dejar que eso pasara sin dejar bien en claro mi enojo.
– ¡NO HEMOS PAGADO LA ELECTRICIDAD ESTE MES, ZACK! ¡¿Crees que puedes darte el lujo de irte a comer por ahí?! ¡No somos ricos, maldita sea! ¡¿Cuánto gastaste?!
Zack guardó silencio, mientras miraba fijamente nuestra mesita de centro.
– ¿¡CUÁNTO GASTASTE!?
– Poco más de 50 dólares… – Respondió.
– 50 dólares… ah… muy bien… ¡MUY BIEN! “¡Al demonio el departamento, al cabo yo puedo irme a comer con mis amigotes y llegar cuando ya es hora de dormir!”
– Ellie eso no es…
– ¡ODIO QUÉ ME DEJES FUERA! ¡¿CREES QUÉ SOY UNA ESTUPIDA O QUÉ?!
– ¡No, para nada!
– ¿Entonces? ¿Entonces? ¡¿Crees que puedes gastarte nuestro dinero mientras yo me quedo aquí como la estúpida esposa del chico que sale con los de la cafetería de arriba?!
Zack se acercó a mi mientras hablaba y me abrazó con fuerza, mientras yo inútilmente trataba de alejarlo de mí me susurró al oído de forma embriagante.
– Me he equivocado… el tiempo pasó volando y cuando me di cuenta de la hora yo estaba tirado bajo el escenario del karaoke… sé que no debí haber aceptado ir en primer lugar… le pediré un adelanto a Melmar y a Ferguson y saldremos de deudas, sé que debí haberte avisado que iría… pero por alguna razón se me borró de la mente… sé que debí haberte llevado… fue algo de improvisto… en serio lo siento… no creo que seas estúpida, ¿Bien? Creo que eres la mujer más espectacular que he conocido… y aunque hoy me equivoqué prometo que no se repetirá… ¿Bien?
– No… no está bien… – Murmuré, alejando su rasposo rostro de mi mejilla y sosteniendo las lagrimas con el estomago, no iba a llorar, no esa noche. – ¡Odio que hagas eso!
– ¿Qué cosa? Preguntó, soltándome.
– ¡Odio que siempre busques solucionar las cosas tan rápido y que para todo encuentres una respuesta tranquilizadora! ¡ODIO ESO!
– ¿Estás diciéndome qué quieres estar enojada conmigo más tiempo? ¡Eso no tiene sentido, si te equivocas en algo pides perdón y se sigue adelante, así es el mundo, ¿No?
– ¡Pues odio eso! ¡Y no es que quiera seguir enojada contigo! ¡Es qué no es justo que tan fácil quieras que te perdone tantas horas de angustia! ¡No es justo, Zack!
– Ellie, te amo… ¿Lo sabes?
– Lo sé…
– ¿Y tú me amas, no?
– ¿Ves? Lo estás haciendo de nuevo, no es justo, no es justo.
Me levanté del sillón y corrí hasta la habitación, donde me puse a preparar la cama para dormir.
– ¿No es justo? Ellie... ¿Si no quieres perdonarme tan fácil entonces que quieres que haga? ¿Qué me arrodille ante ti y te suplique tú perdón? ¿Desde cuándo un “Lo siento” dejó de ser suficiente? Pero bien… lo haré.
Zack se arrodilló y puso sus manos frente a mis pies, mientras repetía “Perdóneme, oh mi amada” una y otra vez.
– Y ahora quieres hacerme sentir culpable por estar molesta, ¡Eso tampoco es válido! ¡También odio eso!
– ¡No quiero hacerte sentirte culpable por nada, Ellie! ¡Es que en verdad odio que estés molesta conmigo! Pero bien… sigamos tus reglas… ¿Quieres estar molesta conmigo por más tiempo? ¡Bien! ¿Quieres que duerma en el sofá esta noche? ¡Perfecto! Me lo merezco y tomaré mi castigo como se debe.
– Si quieres irte solo debes de decirlo. – Murmuré, en voz baja y deseando que no me hubiese escuchado.
– Ah, eso es nuevo… ¿Quieres que me vaya? – Preguntó, tomándome por las manos con violencia.
– Solo si tú quieres irte.
– ¡Dime si quieres que me vaya y me voy a ir, Ellie Clearwater! No quiero ser una molestia para ti, solo dímelo y me voy a un hotel y vuelvo cuando tú me digas que quieres que vuelva.
– ¡PUEDES IRTE SI ASÍ LO QUIERES! ¡AL CABO TE ENCANTA ANDAR EN OTROS LADOS! ¡¿NO?!
– ¡BIEN! ¡SOLO DILO! ¡DIME QUE ME VAYA, ANDA!
– ¡¿POR QUÉ INSISTES EN HACERME A MI LA MALA?! ¡¿POR QUÉ TENGO QUE SER YO QUIEN TE ECHE?! ¡¿POR QUÉ NO PUEDO SER YO LA CHICA HERMOSA Y POPULAR QUE NO SE PREOCUPA POR NADA Y TU EL ESPOSO AMARGADO QUE TIENE QUE PONERSE RUDO EN CIERTOS MOMENTOS?!
– ¡Nunca he intentado hacerte a ti la mala! ¡Eso lo haces tú sola tratando de hacerme sentir aún peor de lo que ya me siento por haber cometido un estúpido error esta noche!
– ¡SI LO HACES! ¡TÚ QUIERES SER EL BUENO SIEMPRE Y ESO ME OBLIGA A MI A SER ASÍ!
– Ah, ahora estás insinuando que yo te hago cambiar, ¡¿No quieres acusarme de violencia intrafamiliar de una vez para que me encierren en prisión y no tengas que volver a verme nunca más?!
– ¡NUNCA DIJE ESO! ¡¿VEZ?! ¡LO HACES DE NUEVO! ¡DETESTO ESO Y NO HAS PARADO DE HACERLO EN TODA LA NOCHE! ¡DETESTO QUE SEAS ASÍ!
– ¡BIEN! ¡ENTONCES PARA QUE NO TENGAS QUE SOPORTARME ME LARGO!
– ¡BIEN, LARGATE!
Zack se dio la vuelta y se alejó a la velocidad del rayo, me estremecí al escuchar el tronido de la puerta cerrarse, me quedé quieta, hiperventilando por un par de instantes y luego salí del cuarto, apenas lo hice, la puerta se abrió de nuevo, Zack tenía un rostro completamente distinto al que tenía hace un momento, ahora se veía triste y arrepentido, mi rostro también había cambiado.
Corrí hacia él y él corrió hacia mí, me colgué con mis piernas en su cintura y lo besé con fuerza, él me abrazó con cariño y fuerza excesiva, como tratando de evitar que me fuera.
– Lo siento… lo siento… lo siento… – Repetimos una y otra vez mientras nos besábamos con torpeza.
– No quiero que te vayas… – Murmuré, mientras comenzaba a sollozar, pese a haberme prometido esta noche no llorar.
– Yo no quiero irme… no quiero dejarte nunca…
– Por favor… perdóname…
– Perdóname tú a mi… por favor…
– Te amo, Zack… te amo…
– Yo te amo más, Ellie, en serio lo siento…

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