Lo Último

¡Amo a mi esposa! (Creo) (29/??)


Sobre como los músicos somos irresistibles, sobre la actitud extraña de Anna y sobre el perro abandonado en medio de la calle (Zack)
(2005, Texas)
– ¡Venga Mosh, siéntate con nosotros amigo!
– ¡No, no, aquí, Zack!
– ¡Hey, Zack!
Me encogí de hombros e ignorando a todos los que me llamaban, tomé asiento en una mesa casi totalmente desierta, solo había tres chicas en ella.
– Señoritas… – Saludé. – Soy tan popular que me es incomodo tener que elegir con quien sentarme, ¿Nunca les ha pasado eso?
– La verdad no, pero debe ser horrible que toda la gente te quiera – Repuso la chica de aspecto tétrico en combinación con un ligero toque de “No seré popular nunca”, en tono sarcástico. – Sinceramente me apiado de tú miseria, Zack Mosh.
– Vaya, si lo dices así pareciera que me estoy ahogando en un vaso de agua…
– De hecho así es… – Continuó, con confianza. – Pero sabes que eres bienvenido a nuestra mesa… ¿Dónde están tus soldados?
– Bueno… eso mismo me pregunto yo… creo que ellos tuvieron que hacer fila para tomar la comida.
– Ah, ¿Ahora no haces fila? – Preguntó Karla. – No sabía que existiera una fila VIP para los populares o algo así´.
– No la hay, solo le robé su charola a Mike y vine corriendo hacía aquí; pero más importante que eso… ¿Dónde está la chica rubia que siempre está con ustedes? ¿Cómo se llama? ¿Isabel? ¿Roberto? ¿Chilindrina?
– Se llama Ellie Clearwater – Interpuso una dulce y melodiosa voz que irradiaba madurez y juventud. – Y porque tú lo pediste hoy se sienta a tú lado.
Ellie tomó asiento en el pequeño espacio que había dejado entre mi y el final de la mesa, por lo que apenas sentí el contacto de sus caderas con las mías recorrí el cuerpo para que pudiera sentarse bien.
– ¡Hola, Ellie Clearwater! – Saludé. – Justo estábamos hablando de ti, esa chica que nunca habla estaba diciéndonos que no te soporta y que está harta del estereotipo de las rubias animadoras, ¡¿Puedes creer lo que calla una mujer callada?!
Estaba más que feliz de que tras el inesperado cambio de planes Ellie siguiera hablándome como si nada hubiese pasado, cuando le envié un texto advirtiéndole del peligro que corría Rocko supuse que ella inmediatamente intuiría que había sido yo quien había puesto la hierba ahí en primer lugar, sin embargo no fue así, el mismo día en que todo ocurrió, cuando nos encontramos en los pasillos ella me agradeció por confiar en ella y con buena fe me pregunto cómo supe yo que en el casillero de Rocko había sido plantado algo ilegal, me limité a mentirle, diciéndole que me pareció ver como un chico calvo metía una bolsita a través de las filtraciones de ventilación del casillero.
Sinceramente estaba asustado de que Ellie se diera cuenta de la terrible persona que era en realidad, debo admitir que estuve verdaderamente asustado de perder su ahora muy importante amistad, afortunadamente, una semana después, ahí estábamos; charlando animadamente.
– Se llama Jacqueline – Indicó Ellie. – Y ella es un amor, es incapaz de decir algo malo de mí, ah, y por si no lo sabes, ella es Romy.
Señaló a la chica con un poco de “Nunca seré popular”, que me dedicó una amistosa sonrisa, le devolví el gesto, con confianza, aparentemente nos veríamos muy seguido de ese momento en adelante.
– Muy bien, ahora que ya todos somos amigos déjenme contarles que…
– ¡Abran paso! – Exclamó Junior, pegando un tremendo salto desde un extremo de la mesa al otro, sentándose a un lado de Karla. – ¡Ya llegó el que trae con queso las tortillas!
– Ah, ¿Ahora cambiamos de mesa? – Preguntó Nahomi, que llegaba junto con Mike  a tomar asiento al lado de Jacqueline, que pese a estar nerviosa como el infierno se las arregló para esbozar una sonrisa amigable.
– Ah, ya era hora de que llegaran, ¿Dónde dejaron a la alegría del hogar?
– Alegría del hogar tú madre, imbécil. – Respondió la alegría del hogar, tomando asiento a un lado de Junior y dedicándome una sonrisa. – ¿Me extrañaste o qué?
–… En fin… – Ignoré. – Y dime, Ellie… ¿Cómo les va en clases?
– Terrible – Respondió la rubia. – Tenemos que entregar un guion original escrito por nosotras mismas para la maestra de literatura y no hemos hecho nada, hoy Karla y yo nos desvelaremos haciéndolo, esperamos un milagro de inspiración.
– Bueno… suerte con eso – Atajó Junior. – ¿Ya saben de que tratará su guion?
– De hecho… – Intervino Karla, tomando a Junior por el hombro. – Creemos que debe ser una historia romántica, pero luego llegamos a la conclusión de que es demasiado difícil, así que estábamos planeando hacer algo más simple… como un musical o algo así… de cualquier forma la obra nunca se va a realizar así que…
– ¿Por qué no la hacen de mí? – Sugerí, esbozando mi mejor sonrisa. – Un chico guapo, amable, amigable y endemoniadamente popular en un mundo de mortales que buscan igualársele.
– Suena tentador… – Bufó Anna. – Pero creo haberte escuchado decir que era una obra acerca de ti, ¿No? ¿Ese chico que has descrito sería el coprotagonista que te ayuda a dejar la prostitución?
Uno esperaría risas de un comentario astuto como ese, sin embargo, la hostilidad terminó allanando el territorio de la zona de juegos y por tal se creó un ambiente tenso e incomodo, todos guardamos silencio por varios segundos, Anna bajó su altanera mirada con un gesto de nulo arrepentimiento unos segundos después, y se concentró en seguir comiendo.
– Eh… quizá agregue un personaje como tú, Zack… – Murmuró Ellie, con timidez y una voz tan baja que quizá solo yo le escuché, en agradecimiento choqué mi hombro con el suyo de forma juguetona.
– ¿Sabes? – Murmuré, en voz muy baja para que solo ella pudiese escuchar. – Hoy tocaré en las gradas del gimnasio un rato a la hora de salida, si gustas puedes pasarte y pedirme alguna canción, la tocaré si la conozco… ¿Te parece?
– Nos vemos ahí más tarde entonces. – Aceptó, sonreí.
El almuerzo continuó de forma común, el ambiente tenso se rompió una vez Junior se puso a hablar de su aventura con la hermanita menor de Mike en el centro comercial de la semana pasada, donde ambos por poco eran arrestados por intentar forzar una maquina de atrapar peluches, fue la dosis de calor necesaria para seguir adelante y olvidar el excesivo improperio de Anna.
Las horas pasaron de forma tranquila, ya no era necesario tentar tanto la paciencia de los profesores, por lo que tanto Junior como yo nos concentramos en estudiar lo suficiente como para no ser dados de baja por malas calificaciones, pues eso sería enteramente desastroso y ni el mismísimo Feeney podría salvarnos de ello.
Cuando las clases terminaron, tomé el estuche de mi guitarra, y seguido de Junior, caminamos hasta el gimnasio escolar, donde Anna, Mike, Nahomi y Elizabeth esperaban, esta ultima fue ciertamente una sorpresa, al llegar hasta donde estaban ella dio su explicación antes de saludar.
– Escuché a los dos tortolos de Mike y Nahomi hablar sobre ti cantando en el gimnasio así que les pedí permiso de venir, ¿Te molesta, Zackie?
Recapitulando: Rubia espectacular, personalidad liberal, animadora, capitana de las animadoras, preciosa y primer amor platónico, ¿Cómo podría molestarme?
– No, no, para nada Elizabeth – Repuse, tomándola por el brazo. – Será un honor tenerte con nosotros hoy.
Elizabeth esbozó una sonrisa de satisfacción y después corrió hasta las gradas para tomar asiento, indicándome que hiciera lo propio; así lo hice, saqué la guitarra del estuche y me senté a su lado, Anna cubrió mi otro costado, la miré a los ojos, ella se limitó a esbozar una sonrisa de resignación, como disculpándose por lo ocurrido durante el almuerzo.
– ¿Estás triste, bebé? – Pregunté, con la pura e inocente intención de medir los niveles de insatisfacción en el cuerpo de Anna. – ¿Quieres un abrazo?
– No.
– Ah, muy bien… pero luego no andes rogándome por uno, ¿Eh?
– No te preocupes, no lo haré, idiota.
Preferí ignorarla, para cuando dijo “Idiota” ya Nahomi, Mike y Junior estaban a nuestro lado, expectantes.
– Entonces… amigos… ¿Quieren alguna canción en especial?



(2010, Los Ángeles)
–… ¡Y entonces le dije “Cabrón, este simio es nuestro, así que si en tú zoológico no cuidan bien de sus simios no quieras robarme al mío, ¿Bien?”! Y el tipo me dijo “Está bien, perdóneme señor” ¡y se fue casi llorando!
Se carcajearon, satisfecho, me tomé un caballito de tequila y mordí mi delicioso taco de camarón con pescado mientras reían ya casi sin aliento, ya era la quinta anécdota, ¿Es que esos chicos no tenían punto de aburrimiento de mis historias? No es como si me molestara contarlas, sin embargo, nunca había podido contar tantas de forma consecutiva, más que con los implicados, es decir, mis buenos amigos las ovejas.
– ¿Pero y que pasó con el mono después? – Preguntó Ben. – ¡¿No me digas que Parches se lo comió?!
– Oh, no, no, eso era broma solamente… ¡Lo entrenó, lo vistió y ahora pasan todo el día en el parque haciendo funciones de bailes exóticos para ganarse la vida! En honor a Junior nombramos “Junior-Junior” al simio y de vez en cuando siguió visitándonos a la escuela.
– ¡Increíble! – Exclamó Ruth. – Y esta chica… eh… ¿Cómo se llamaba la grosera?
– Anna. – Repuse.
– Si, ella… ¿No se molestó? Digo… por lo que cuentas parecía estar echando fuego por los oídos.
– Así es ella siempre – Aseguré. – Aunque hubo una ocasión en que… pero bueno ese no es el caso…
– ¡Cuenta otra! – Exigió la amiga de Ruth, cuyo nombre era Ginnie, una chica de cabello negro y ojos oscuros, con la peculiaridad de que su cabello tenía rayos rubios y rosados en capas y varios piercings alrededor de todo el rostro… y quizás en otras partes de su cuerpo, su vestimenta también era bastante fastuosa, acerca de su personalidad, solo puedo decir que era bastante descarada, alegre y sucia. – ¡Seguro tienes miles de historias más!
Miré a mis acompañantes, Ruth, Ben y Ginnie sonreían de oreja a oreja y habían caído totalmente en mi llamativa narrativa anecdótica, sin embargo había un miembro que, a pesar de no mostrarse descontento, no esbozaba emoción alguna, este era el ya anteriormente mencionado Dylan, el chico inexpresivo con cara de pocos amigos, que por cierto, no me interesaba en lo más mínimo.
– Bueno… tengo más historias, si… pero ahora quiero que me dejen comer un poco, apenas es mi primer taco así que… ¿Por qué no me cuentan alguna ustedes y así puedo comer algo?
– Si de anécdotas hablamos, Ginnie es la que mejor las cuenta – Aseguró Ben. – ¡Incluso mueve los brazos para actuar las escenas! ¡Es espectacular!
– Claro que no hago eso – Riñó, palmeando amigablemente en reclamo a Ben. – Pero ya que lo mencionas… creo que a Zack le gustará escuchar de cierta aventura que tuve con cierta pelirroja en “Bandoleros”.
– ¡NI SE TE OCURRA! – Exclamó Ruth, poniéndose de pie y señalando a Ginnie con su dedo índice. – ¡SI DICES UNA SOLA PALABRA TE MATO!
– ¿Por qué me atacas así? – Preguntó Ginnie, desafiante. – Amas que cuente esa anécdota…
– Pero… pero… a Zack no… ¡Va a creer que vive al lado de una loca y va a empezar a juzgarme!
– ¡Bah, él acaba de contarnos como un negro gigantesco trató de arrimárseles a él y a un amigo en un establecimiento de pollo frito mientras vestían trajes de animadoras y tú te pones de ridícula! ¡No me lo creo!
– ¡Hey, eso es racista! – Exclamó Ben.
– Vaya… pues si para Ruth significa tanto esa anécdota vaya que me interesa – Admití. – Anda, Ruth… prometo no juzgarte.
Ruth miró tímidamente su taco maromero, pude notar como sus mejillas se teñían de color rosado, algo bastante inusual tratándose de ella, sin embargo no duró mucho, pues levantó la mirada, con seriedad.
– Bien, cuéntala, pero por favor omite el ultimo dialogo.
– ¡Va qué va! – Exclamó la chica de los piercings. – Todo pasó cuando yo recién había conocido a Ruth, antes de pasar a preparatoria, nos la arreglamos para colarnos a uno de estos bares de vaqueros guapos con la simple intención de ligar un poco, ya sabes… una chica a sus 15 años tiene necesidades…
– Por supuesto, por supuesto. – Mentí, aguantando la bizarrees del momento.
– Entonces, Ruth y yo tomamos asiento y pedimos un par de cervezas y tal, estábamos en una mesa muy al fondo, estábamos súper felices de que nos hubieran dejado pasar, a decir verdad nunca lo hubiésemos imaginado, pero ya estando ahí la sensación era bastante gratificante… y que de pronto… un chico vaquero bastante guapo de unos 21 años solamente se acerca con ella y le pide bailar… ella dice “Está bien, pero si tratas de pasarte me devuelvo”, esto asustó al chico y se portó como un caballero, varias canciones después ambos volvieron a la mesa, obviamente yo también había conseguido a mi propio vaquero personal, ¿No? Y bien, de pronto, el vaquero de Ruth trata de ponerse cariñoso con ella, besándole la mejilla y tal, y Ruth empezó a hacerse la difícil, girando la cabeza y haciéndose la tonta como si estuviese bebiendo de su cerveza para ver si el chico la dejaba en paz…
Con los ojos muy abiertos le di una mordida a mi ahora casi congelado taco, aparentemente empezaba lo bueno.
– ¡Pero no fue así! ¡Ósea, el cabrón de plano ya estaba prácticamente lamiéndole la oreja y esta idiota no reaccionaba! Pues no se nos violenta el vaquero y trata de besarla por sorpresa y con brusquedad y nuestra estimada pelirroja se espanta y lo muerde… ósea, ustedes como hombres no me dejarán mentir cuando les digo que les gusta que los muerdan mientras besan, ¿No?
Ben y yo asentimos, expectantes ante lo que podría pasar… Dylan parecía no estar interesado en lo más mínimo.
– Pues bien… ¿Les gusta que les hagan una perforación express del labio inferior? Porque aquí la señora dientes de león parecía tener hambre, pues casi mata al pobre tipo, ¡Soltó un grito de niña y empezó a sangrar como loco! ¡También había sangre en la boca de Ruth y puedo jurar que de su boca escupió un trocito de carne!
– ¡ESO NO ES CIERTO! – Exclamó Ruth. – ¡Bueno, al menos lo del trocito de carne no! ¡Y en mi defensa digo y sostengo que fue porque el tipo me asustó con su brusquedad!
– ¡Vaya, pero que caníbal me saliste! – Exclamé, sonriente.
– ¡Y eso no es todo! – Continuó Ginnie, que comenzaba a reírse como loca. – ¡Ruth se levanta de su silla, tomó su tarro de cerveza, se lo lanzó en la cara al vaquero diciendo “Apáguenlo, apáguenlo”, me tomó de la mano y salió corriendo mientras gritaba perdón una y otra vez!  ¡Cuando le pregunté qué rayos había sido eso no paró de repetir “Es que me asustó, es que me asustó”! ¡Juro que ni siquiera estando ebria se ha vuelto a portar como esa noche, donde aún estaba sobria! Y créanme, siempre que vamos a alguna fiesta y ella lleva una cita o sale con algún chico, ¡Se lo recuerdo, advirtiéndole que los labios no son para llevárselos a casa!
Una anécdota épica, no puedo decir que ha sido precisamente graciosa, ciertamente fue algo cómica, pero se adapta más al término “Tétrica” e “Incomoda”, sin embargo me reí por mero compromiso y me uní a los fastidios de Ben a la pobre pelirroja, por supuesto, siendo muy cuidadoso a la hora de elegir mis fastidios, pues lo que menos deseaba era que pensara que estaba juzgándola, justo como prometí no hacerlo, aunque pensándolo un poco mejor, ¿De qué iba a juzgarla? ¿Canibalismo? ¿Y quién no lo es?
Llegó la hora del karaoke, afortunadamente el lugar estaba bastante vacío ese día, por lo que nosotros logramos acaparar la maquina casi en su totalidad, Ben y yo cantamos casi todos los discos de Black Eyed Peas, Ginnie le dio con todo a los mejores éxitos de los 80´s y Ruth arrasó con las de paquita, luego Ruth y yo nos apoderamos el escenario y juntos cantamos todo tipo de canciones, desde las más guarras hasta las más decentes, deshonré a varios de mis ídolos esa noche y no lo niego, en realidad, sigo recordando ese momento con una tremenda sonrisa de oreja a oreja.
Entre copa y taco, entre taco y copa, las inhibiciones fueron desapareciendo y cuando menos nos dimos cuenta, yo me encontraba subido en el escenario, con solo un zapato en el pie, en camisa de tirantes y con la parte superior de mi cabello amarrada con una liga rosada, cortesía de Ruth, que casualmente, era mi compañera para la siguiente y última canción de la noche.
– ¡Ruth… tú y sho vamosh a hacer la mejor canshion del mundo… hic! ¿Estásh lista?
– ¡No me grites abuelo! ¡Acuerdate que yoo ya vivía aquí cuando tú nacistesh! ¿Sí? – Riñó.
– Bueno, bueno… pero no te enojesh… ¿Cuál canción vamos a tocar hoy, banda? ¡Hic!
– Yo quiero que cantemos la de ¡LA GASOLINA! – Gritó, soltándome un zape en la nuca. – ¡Hic!
– ¡Pues no vi ni cual seleccioné… pero puesh a ver que nosh shale…!
(Hey, soul sister – Train)
Hey, hey, hey

Your lipstick stains on the front lobe of my left side brains
I knew I wouldn't forget you, and so I went and let you blow my mind
Your sweet moon beam, the smell of you in every single dream I dream
I knew when we collided, you're the one I have decided who's one of my kind

Hey soul sister, ain't that Mr. Mister on the radio, stereo, the way you move ain't fair, you know!
Hey soul sister, I don't want to miss a single thing you do...tonight
Hey, hey,hey

Just in time, I'm so glad you have a one-track mind like me
You gave my life direction, a game show love connection we can't deny
I'm so obsessed, my heart is bound to beat right out my untrimmed chest
I believe in you, like a virgin, you're Madonna, and I'm always gonna wanna blow your mind

Hey soul sister, ain't that Mr. Mister on the radio, stereo, the way you move ain't fair, you know!
Hey soul sister, I don't want to miss a single thing you do...tonight

The way you can cut a rug, watching you's the only drug I need
You're so gangsta, I'm so thug, you're the only one I'm dreaming of
You see, I can be myself now finally, in fact there's nothing I can't be
I want the world to see you be with me

Hey soul sister, ain't that Mr. Mister on the radio, stereo, the way you move ain't fair, you know!
Hey soul sister, I don't want to miss a single thing you do tonight,
Hey soul sister, I don't want to miss a single thing you do...tonight
Hey, hey,hey

Tonight

Hey, hey,hey

Tonight



– ¡Y estos, señorash, señores y Dylands… hemos sido Ruth… la pelirroja esta que está a mi lado y que la neta la neta está muy bonita… y yo soy Zackito “El cochilito” Montiel Mosh!
– ¡APLAUSOOOOOOOOOOOS! – Gritó Ruth, empujándome con tal fuerza que me caí sonoramente del escenario, no paré de reírme del alivio de no haberme roto ningún hueso si no hasta que llegó la hora de irnos del lugar porque ya era hora de cerrar, Ben, Dylan y Ginnie tomaron caminos contrarios al mío y al de Ruth, no sin antes decirme que había sido un placer reunirse conmigo y que esperaban ansiosamente volver a salir juntos, para cuando esto pasó ya había recuperado la compostura (Era entendible, ese tremendo golpe me despertó casi totalmente) y pude responderles de forma amigable y realista, con un sencillo:
– Lo mismo digo, hermanos.
Era la 1 de la mañana, por lo que las calles ya estaban desiertas, Ruth y yo recorríamos una avenida principal en silencio, pude ver como se abrazaba a sí misma, me quité mi camisa de la cabeza (La usaba como sultán hindú) y la puse sobre sus hombros, con amabilidad.
– ¿No te dará frio en tú cabeza? – Preguntó ella, soltando una risa seca.
– No te preocupes, la liga que me has puesto me mantiene bien cubierto.
– ¿Y en el torso? –Señaló, tocando mi playera de tirantes con su dedo pulgar, noté lo sorprendida que se mostró al palpar la fuerza en mi abdomen.
– ¿Qué te puedo decir? Soy todo un toro. – Presumí.
– Un toro bastante metrosexual, ¿Eh? – Burló.
– Ah, vamos… ¿No me dirás que en realidad no sobresalgo en lo absoluto, o sí?
– No diré eso… pero tú esperas que te compare con Taylor Lautner, ¿No?
– ¡Por supuesto que sí! ¡Soy 9000 veces mejor que ese tipo!
– De hecho estoy bastante segura de que Taylor tiene más lavadero que tú, créeme, Ginnie me ha hecho ver las películas de crepúsculo una y otra vez… pero si te sirve de consuelo a Robert Pattison si le ganas en unas vencidas.
– Ah, ¡Pero no vale calificar a un hombre solo por su lavadero! También está el equilibrio de todo ¡El equilibrio! Mira, yo estoy más flacucho que él pero mira mi rostro de galán de telenovela, ¡¿No crees que sea más apuesto que ese petardo?!
Ruth se encogió de hombros y tentó con sus manos mi barba, para luego sacudírsela en su pantalón, como tratando de quitarse la incómoda sensación que esta le dejaba.
– Si, Zack, eres más apuesto que él… aunque por otro lado… dudo que en ese aspecto le ganes a Robert… ahora que lo pienso, podrías ser el tercero en discordia dentro de la historia… un vampiro súper guapo… un hombre lobo buenísimo y un “Mortal equilibrado con complejo de competencia permanente”.
 – ¿Sabes? Si la primaria me enseño algo, es que cuando los niños molestan a alguien es porque están enamorados de esa persona…
– Eso solo aplica a los niños molestando a las niñas, ¿Sabes? Las niñas no son así, y si estás insinuando que yo estoy loca por ti, no podrías estar más equivocado.
– ¿En serio? – Pregunté. – Porque puedo jurar que Susie Caboozie me pisó a diario durante 6 largos años… de hecho aún me duele cuando juego football… y tus constantes ataques a mi carismática persona no hacen más que llevarme a compararte con la estimada y ya anteriormente mencionada Susie, “El tanque” Caboozie.
– Quizá solo no le agradabas. – Finiquitó, con astucia.
– Puede ser… digo… le decía de todo…
– Ah, ¿Eras un Bullie? Estoy muy decepcionada de usted, señor Mosh.
– Algo así… en realidad toda la primaria fui un desgraciado, en secundaria fui bastante tranquilo y en preparatoria fui un imbécil todo el primer año… de ahí en adelante me convertí en este adorable sujeto al que todos aman que ves ahora.
– Solo por curiosidad… ¿Ellie era tú novia en la preparatoria y en la secundaria? Digo… para estar casados…
– Bueno… en realidad solo salimos desde preparatoria.
– ¿Desde qué año? – Insistió.
– Bueno, desde…
– ¡Mira, Zack! – Interrumpió, tomandome por la mano y acelerando a toda velocidad hasta media calle, donde en una caja de cartón, un pequeño cachorro calvo lloraba desconsoladamente, parecía ser un puddle o algo parecido, me pareció impresionante que Ruth hubiera podido escucharle desde tan lejos, el perro se moría de frio, su caja estaba llena de vomito y desgraciadamente, unos metros más adelante, yacía el inerte cuerpo del que aparentemente era su hermano.
–… seguro les ha parecido más sencillos lanzarlos por la ventana del auto en movimiento que tomarse la molestia de llevarlos al refugio de canes – Murmuró Ruth, con tono furioso. – Ven conmigo, chiquitín… yo te daré hogar…
Cariñosamente, Ruth lo resguardó bajo su blusa y mi camisa, acariciándolo con delicadeza para calmar sus incesantes aullidos de auxilio, yo por mi parte, corrí hasta donde estaba el cadáver de su hermano y lo deposité en la caja, una vez estuvimos frente a un bote de basura, le di entierro.
– Lastima que este no sobrevivió – Lamenté. – Que mala onda, ¿No?
– No tienes idea… – Murmuró. – Esto pasa todo el tiempo… lo que no queremos sencillamente lo tiramos a la calle… como si fuese basura… incluso a aquellos que tienen sangre, corazón y vida.
Quizá eran los efectos del alcohol, pero lo sucedido recién evocó el lado sentimental de Ruth, que en silencio dejó que brillantes pruebas de sus sentimientos puros se resbalaran por sus preciosas mejillas, no pude decir nada… sin embargo, en ese momento mi admiración por Ruth era enorme… tanto que incluso me asusté un poco.
La tomé de la mano, en señal de apoyo, y con mi pulgar acaricié el inicio de cada uno de sus dedos, esperando pacientemente a que se recuperara, una vez se vio capaz de sonreír nuevamente seguimos nuestro camino.
–… Me parece excelente que existan personas como tú, Ruth…
– ¿Qué? ¿Por qué? – Preguntó, aclarándose la garganta.
– Tú siempre estás sonriente… siempre estás llena de vida… saltando, jugando, golpeando, experimentando y viviendo… siempre estás en movimiento y vives alegremente toda tú vida… y sin embargo… eres lo suficientemente humanitaria como para detenerte en medio de una calle para rescatar a un cachorro y llorar por la falta de humanidad del resto del mundo… creo que si medio planeta fuera la mitad de lo que eres tú, la tierra sería un mejor lugar para vivir.
– No lo creo así… Zack… mi forma de ser no es más que la encarnación de mi cobardía…
¿Qué fue esa pureza que sentí en ese instante? ¿Cómo puedo ponerlo en palabras? Sentí como si un rayo blanco cegara mis ojos y ensordeciera mis oídos por un instante, fue como si solo a través de mí corazonada pudiera saber que Ruth estaba a mi lado… como si no existieran pruebas de que al decir eso ella estuviera a mi lado… mi corazón palpitó con fuerza, ella tenía la mirada gacha, mientras seguía acariciando al cachorro a través de su ropa, sus ojos estaban tristes pero gratos, como si estuviesen conscientes de algo y trataran de convencer a todo el planeta de ello.
– Tú… cobardía… – Murmuré.
– Bueno… Zack… después de todo todos tenemos secretos… incluso tú tienes alguno para mí… ¿No?
Ruth sonreía de nuevo, ¿Fue solo mi imaginación? Pareciera que desperté en ese instante de un mal sueño, quizás el efecto del alcohol efectivamente me hacía exagerar las cosas y veía cosas que en realidad no pasaban, Ruth estaba feliz.
– Por supuesto que tengo secretos para ti – Murmuré. – Por ejemplo… nunca te diré mis gustos en la cama.
– ¡Eso es tan poco necesario de saber, déjame informarte! – Exclamó, carcajeándose.
– ¡Tampoco te diré nunca el secreto para ser tan guapo!
– ¡Podré vivir sin él! – Renegó.
– ¡Y nunca, NUNCA te diré cual es el secreto de las galletas saladas!
– ¡Son horneadas, lo descubrí leyendo la caja el otro día!
Bajo este formato juguetón logramos llegar al departamento, sanos y salvos, ya eran las 2 de la mañana y estábamos muertos de cansancio, por eso apenas llegamos al corredor nos separamos moviendo nuestras manos y diciendo “Fue divertido”, con mucha dificultad logré abrir la puerta de entrada, más sin embargo hubiese preferido quedarme afuera de haber sabido que Ellie me esperaba con su bata puesta, sentada en la sala y con cara de pocos amigos.
– Eh… ¿Sorpresa? – Pregunté.

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