Lo Último

¡Amo a mi esposa! (Creo) (27/??)


Sobre Roberto Carlos, sobre Nahomi y sobre reprobar y no lamentarlo (Zack)
(2005, Texas)
–… ¡Vaya, por fin has llegado! – Exclamó Anna, sonriente, apenas entré en la habitación de Nahomi (Que por cierto, tenía que ser el lugar más organizado y limpio de todos los tiempos). –Tenemos demasiada hambre y la bonita de Nahomi se negaba a empezar sin ti… ¿Te sientes culpable?
– Solo por Nahomi – Repuse. – ¿Cómo están, chicos?
Saludé con choques de puños amistosos a Junior y a Mike, para luego tomar asiento junto a Anna, en un costado de la comodísima cama individual de Nahomi, Junior jugaba con un cachorro de puddle demasiado encantador en un rincón, mientras que Nahomi tomó asiento al lado de Mike en un sillón individual bastante ancho color azul rey.
– ¿Y bien? ¿Qué estaban haciendo hasta mi llegada? No me digan que estaban hablando mal de mí…
– Eso no se puede – Lamentó Mike. – Yo soy muy pacifico, Junior es muy fiel y Panchita es muy tierna… solo Anna tendría lo necesario para hacerlo.
– Cállate Mike – Ordené. – Nahomi… demando saber quién es ese perro que está besándose con Junior y porque es tan sexy.
– Ah, ese es el pequeño Roberto Carlos – Explicó, sonriente y orgullosa (Incluso tenía un nombre sensual, estúpido y sexy puddle). – Y me lo regaló Mike hace unas horas apenas.
– ¿Por qué le regalaste un perrito? – Preguntó Anna. – No me digas que es tú cumpleaños… Nahomi…
– Oh, no, no… no es mi cumpleaños – Repuso ella, moviendo sus manos. – Solo me dijo que le recordó a mí cuando lo vio y no resistió las ganas de comprarlo.
Todos miramos a Mike con picardía, él se limitó a cobardemente juguetear con un conejo de peluche sin interés en dar una explicación para la audiencia, tan clásico de Mike.
Para todos nosotros era obvio que entre ellos dos existía algo, cuando no estaban con nosotros se les veía por ahí hablando en soledad, tomándose de las manos y abrazándose a todas horas del día… Dios santo… como se abrazaban… si existiera un concurso de las personas que más se abrazan en el mundo estoy bastante seguro que ellos estarían como mínimo en el top 10, junto con los Teletubies, Joey, Chandler y Barney.
Sin embargo, por alguna razón no lograban hacer oficial el salto de “Amigos” a “Novios”, esto probablemente, por miedo a perder la amistad, fue por esto mismo que tanto Junior, Anna y yo, acordamos en no presionarles de ninguna manera, ese sería un camino en el cual nosotros no tendríamos porque meternos, después de todo el camino de una pareja es cosa solo de dos y si terceros metieran sus narices se volvería algo estético y antinatural… en ciertas perspectivas incluso algo erróneo.
– Eres un asqueroso Mike – Le acusé. – A mí nunca me has regalado nada.
Todos soltaron una sonora carcajada que se extendió más de lo previsto, Mike me miró con agradecimiento, por haberle ahorrado unos cuantos segundos de incomodidad, devolví su mirada con una sonrisa de “No me des las gracias y cómprame un perro, bastardo”.
– Bueno niños… ¿Vamos a la mesa?
Nahomi se puso de pie y con señas de mano nos indicó que era hora de alimentarnos, cabe señalar que Anna y Junior, los pequeñines del grupo, se lanzaron con una velocidad impresionante rumbo a la mesa, mientras que Mike, Nahomi y yo bajamos las escaleras con calma.
Tomé asiento en uno de los centros de la mesa, según el lenguaje norteamericano de los modales en la mesa, este lugar originalmente pertenece a aquel que lleve el papel de “hombre de la casa” y “Cabeza de la familia”, seguramente ahora mismo están pensando “Lo hizo para dar a entender DE NUEVO que es el líder del grupo” ¿Cierto? Pues lamento decirles que están muy equivocados, digo, sé que con lo que saben de mí hasta ahora tienen suficientes fundamentos como para acusarme de ser ególatra, violento, inmaduro, controlador y poseedor de gigantescos aires de grandeza… pero en realidad lo hice solamente porque era en este lugar donde me quedaba más cerca el puré de papas y los panecillos de horno caseros que Nahomi preparó, ¡Espero estén avergonzados por pensar mal de mí! Y en caso de que no haya sido así me disculpo… cuando uno narra su historia es preferible no perder la objetividad y centrarse en lo que ocurre, ¿Cierto? Bueno… entonces vamos a omitir este pequeño contrapié y vamos a continuar con la historia, que justo llegamos a un punto cumbre.
–… Y aquí está lo que he preparado para ustedes esta noche.
Nahomi apareció desde la cocina, cargando en sus manos una bandeja plateada con un gigantesco jamón ahumado con rodajas de piña pegadas en el brillante glaseado, todos suspiramos y halagamos sin parar, realmente la pinta era espectacular y eran evidentes las horas de empeño.
Unos minutos después, todos comíamos animadamente, charlamos sobre todo tipo de cosas, nos burlamos de lo exageradamente populares que éramos ahora y de cómo todos querían ser nuestros amigos, molestamos a Mike por ser tan Mike, estuvimos todos de acuerdo en que si Bob esponja en cierto momento dejaba de ser popular sería porque el fin del mundo estaba cerca, llegamos a la conclusión de que Michael Jackson viviría para siempre y nuevamente, volvimos a llenar de halagos a Nahomi, que estaba radiante de felicidad, sus ojos brillaban y amenazaban con romper en llanto, dando por evidente lo emotiva que era.
Tomé mi vaso y lo alcé en el viento, llamando la atención de mis pequeñines.
– ¡Brindo por Nahomi y por su bondad, porque ella nos da un toque de bondad sin el cual estaríamos perdidos!
– ¡Por Nahomi! – Gritaron todos, sorpresivamente, ella salió corriendo por las escaleras y nos dejó a todos petrificados.
– ¿Le ganaron las ganas? – Sugirió Junior.
– ¡NO! – Gritó desde arriba. – ¡Es que es el momento perfecto!
– ¿Momento perfecto para que, Nahomi?
Mi pregunta se resolvió al instante, nuestra anfitriona bajó apenas unos segundos después con 4 cajas de distintos tamaños y las puso sobre la mesa, hubo una larga espera por una explicación, 20 segundos de silencio fue lo más que pude esperar.
– Bien… yo pregunto… ¿Qué es esto, Nahomi?
– Me alegra que preguntes, Zack – Respondió. – Estas cajas tienen algo que es muy preciado para mí y que quiero hacerles entrega como seña de nuestra amistad, a cada uno le toca una cajita.
Como movida por un imán, entregó a cada quien una cajita, bajo la estricta norma de no abrirla hasta que ella lo dijera, la mía era la más pequeña de todas, una cajita de cartón arrugado color café, y que al agitarla producía un sonido curioso como de cascabeles.
– Bien… ¡ahora todos tomen su cajita con sus manos y ábranlas!
Así lo hicimos, Anna recibió un zapato diminuto, Junior obtuvo una cinta de cabello, Mike recibió un brazalete y yo obtuve un diminuto broche de cabello con la forma de una guitarra de rock color roja.
– Junior… esa cinta de cabello es de cuando tenía 6 años – Explicó Nahomi, sin esperar siquiera a que analizáramos bien nuestros regalos. – Te la regalo porque siempre que te veo me recuerdas que no hay que dejar atrás las sonrisas y alegrías de la niñez… que hay que abrazarlas ya adoptarlas nuevamente; Anna, ese zapatito es de cuando yo era bebé… y te lo regalo porque cuando te veo sé que nunca dejarás de moverte y se buscar lo que quieres… gracias por contagiarme con tú pasión; Zack, ese broche es de cuando tenía 2 años, no puedo imaginarme algo mío que pudiera ajustarse mejor a ti que este broche… cumplirás tú sueño… yo lo sé… y Mike… ese brazalete es de mi quinceañera… quiero que lo tengas porque es mi posesión más preciada… y… y quiero que esté con mi persona más preciada… chicos… yo… yo…
Nahomi rompió en llanto, todos fuimos a abrazarla, a darle las gracias y por supuesto, a decirle lo mucho que significaba para nosotros… solo fui capaz de decirle “Gracias por tú bondad, nunca te rindas”, aunque esto sonó como una despedida, ella sonrió con agradecimiento y lloró en mi hombro por varios minutos.
Luego vino un abrazo grupal de las ovejas, al entrar a la preparatoria sabía que encontraría un grupo de amigos con el cual me identificaría más que con el resto y en los cuales encontraría apoyo total e incondicional… más nunca esperé llegar a valorarlos tanto… los quería a todos… incluso al torpe de Mike… los quería tanto que bien… podía llamarlos familia.
Tardamos en abandonar nuestro estado sentimental unos 20 minutos, en los cuales terminé colgado en el cuello de Mike, asegurándole que si lo molestaba tanto era porque yo era una persona ruda y que me era difícil expresar mis sentimientos, más cuando todo volvió a la normalidad le aseguré que eso era broma y que en realidad me daba igual su existencia y que lo consideraba como un simple pelirrojo ingenuo y maricón más en el globo.
Nos pusimos a charlar en la sala, riéndonos como locos por cualquier cosa y demostrando que la afinidad lograda en tan poco tiempo no era más que la punta del iceberg de la tremenda amistad que se había forjado bajo jugarretas, engaños y juegos de poder.
–… Por cierto, Zack – Mencionó Anna. – Tuviste una cita con esa chica Clearwater, ¿cierto? Entonces si te gusta…
– Yo también estoy interesada en eso – Coincidió Nahomi. – Me sorprendió mucho verla cantando contigo…
– ¡Suelta la sopa pues hermano que los camarones se derraman! – Gritó Junior.
– Bien, bien… tranquilos – Bufé. – Sobre eso mismo quería hablarles y creo que estarán felices de enterarse…
– ¿Qué ocurre? –Preguntó Mike, abriendo sus ojos con interés.
– Bien… mi estimado Mike… tú riesgo tomado antes ha valido la pena después de todo… hoy he visto a Ellie hablando con él de nuevo en el centro comercial, más interesante aún, parece estar interesado en ella y seguramente planeará utilizarla como nuevo impulso a los altos rangos…
– ¿Planeamos detenerlo de nuevo o vas a esperar a ver cómo se desarrollan las cosas? – Preguntó Anna.
– Bueno, amigos… la etapa “B” del plan “Jodamos a Rocko” iniciará el lunes… Junior, ve a sacar las cosas del árbol del parque mañana mismo y luego ven a mi casa.
– A la orden, capitanazo – Respondió el rubio, con seriedad.
– ¿Y qué hay de las chicas? – Preguntó Mike.
– Bien… chicos recuerden que es prioridad que ni Ellie ni Karla sepan nada al respecto, si queremos utilizarlas las necesitamos lo más naturales que se pueda.


(2010, Los Ángeles)
–… ¡Y aquí queda el susodicho restaurante vegetariano! Como puedes ver es muy limpio, no hay un sujeto hindú con sombrero de mariachi sirviendo tacos de curry ni tampoco hay gente ebria pidiéndote dinero, ¿Sirve para ti?
– Mmmh… tienes razón, Ruth… sí que es un lugar precioso – Admití. – La siguiente semana la traeré aquí en ese caso…
– ¿No me debes algo una vez dicho eso?
– ¿Eh? No querrás un abrazo solo porque me has encontrado un buen lugar para una cena romántica, ¿O sí?
– ¿Un abrazo tuyo? ¡Para nada!
– Bien, porque mis brazos son muy valiosos y no puedo hacerlos trabajar de más solo para complacerte con contacto masculino, ¿Te apetece un abrazo de Ben?
– Al menos él no me trata tan mal como tú… preferiría un abrazo suyo que uno tuyo.
– Bien, porque igual nunca recibirás un abrazo mío.
– ¿Nunca?
– Nunca.
– ¿Ni en mi cumpleaños?
– Ni en tú cumpleaños… que te abrase Ben.
– Bien.
– Bien.
– Oye… ¿Y Ben?
– Sonaste como Phineas… ¿O es que quieres abrazarlo?
– ¿Y que si es así? ¿O será que estás celoso de que tú no seas mi único amigo? Eso sí que sería sorpresivo, señor Mosh.
– Ciertamente, sí que sería trágico… no se preocupe señorita Johnson, a decir verdad nunca me he considerado alguien celoso…
– Me alegra escucharlo, señor Mosh… y ya que hemos dejado esto como cerrado... me acabo de dar cuenta de que tampoco Dylan está con nosotros… ¿Dónde se habrán metido?
– Bien… seguro que Dylan se ha ido a estar callado sin decir nada a algún rincón y Ben está tratando de animarle…
– Vamos… no es tan callado…
– ¿No lo es? Desde que le he conocido solo ha dicho 3 palabras, si no me crees puedes ir al capítulo anterior y comprobarlo por ti misma.
– ¿Capitulo? ¿De qué hablas?
– No es nada… el punto es que el tipo es muy callado y siempre tiene ese gesto de enojado.
– Es cierto que es muy callado, pero es muy comprensivo y maduro… yo creo que es lindo…
– ¿Lindo? Bueno… son tus hormonas hablando… no sabía que tuvieras inclinación por los del tipo emo…
– Dale oportunidad… verás que se llevan súper.
– Bien.
– Bien.
Hubo un silencio de un par de minutos, Ruth y yo nos recargamos en la sombra frente al establecimiento, mientras esperábamos al regreso de sus amigos.
– Si quieres puedes irte… – Murmuró. – Ellie se molestará contigo… ya van a ser las 7.
– Ella llega a casa usualmente a las 7:30 más o menos… así que si llego un poco tarde no importa, además… no puedo dejarte sola, ya me iré cuando ellos vuelvan.
– Bueno… si te regañan no estoy dispuesta a dejarte dormir en mi departamento, bueno, si te lo permitiría, pero te advierto que en mi sillón vive una serpiente que se llama Shakira.
– Vaya, con ese nombre seguro es peligrosísima…
– No es broma.
– ¿En serio?
– En serio.
– Vaya, tienes una serpiente en tú sillón… ¿Alguna vez te ha hecho daño?
– En realidad no…
– ¿Y a tus padres?
– No, tampoco le ha hecho daño a mis padres… es una serpiente buena.
– Ya veo… algo así como Lorenza…
– ¿Qué?
– No, no… nada…
– Ah… bien.
– Bien…
– ¡ESTO ESTÁ MAL! – Gritó de pronto alguien, fue un grito tremendo que inundó toda la calle, provenía del otro lado de la avenida, en realidad, fue una voz, bastante, bastante familiar.
Mis sospechas se hicieron realidad apenas el responsable asomó su cabeza desde detrás de un muro, era Ben y nos miraba con fastidio, moviendo la cabeza de un lado a otro con desaprobación cruzó la calle y se detuvo ante nosotros, su gesto reflejaba dolor, decepción y otra cosita.
– ¡¿QUÉ RAYOS ES ESTO?! – Gritó, mirándonos con impotencia, Ruth y yo le observábamos sin gesticular ni dar respuesta alguna, yo estaba recargado en una pared, mientras que Ruth se encontraba sentada justo a mi costado.
– ¡GAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH NO ME IGNOREN! – Gritó nuevamente, cayendo bajo la desesperación ante nuestra indiferencia a sus reacciones, nuevamente, guardamos silencio.
– ¿Me van a ignorar todo el día? – Murmuró, tomando asiento a un lado de Ruth. – Es porque soy negro, ¿Verdad?
– Para nada… – Murmuré. – Es porque eso fue tan endemoniadamente aleatorio que preferimos no hacer comentarios al respecto… pero ya que pides que hablemos… ¿Dónde rayos estabas? Ruth y yo hemos estado aquí parados como por 90000 años esperándote, y como segunda pregunta… ¿Dónde está Dylan?
– ¡DYLAN, VEN CAMPEONISIMO! – Gritó ben. – ¡NOS HAN DESCUBIERTO!
Del mismo escondite en el que se encontraba Ben, Dylan apareció, encogiéndose de hombros y caminando con fastidio hasta nuestra ubicación.
– Hey, Dylan. – Saludó Ruth, aún sin gesticular.
– Hola. – Saludó él, con su agria frialdad.
– Bien… respondiendo a su primera pregunta… estábamos escondidos en esa pared de haya… y lo que pasa es que queríamos descubrir si entre ustedes dos existía un romance o algo así… ya saben… queríamos ver un poco de contacto de lengüitas.
Ben nos miraba con sensatez, ¿Qué tan imbécil se tenía que ser para decir esa clase de improperios y seguir mirando a los implicados con hermandad? Planeaba dedicarle otros minutos de indiferencia, sin embargo, Ruth se adelantó.
– Zack y yo solo somos amigos, tonto… ¿No te lo había dicho? Zack es casado.
– ¡¿QUÉ?! – Gritó el afroamericano al instante.
– Ah, ¿No lo sabías?
– ¡NUNCA DIJISTE QUE FUESE CASADO! ¡Y MIRA QUE TE LA PASAS HABLANDO DE ÉL!
– Estoy segura haberlo mencionado al menos una vez… seguro que lo has olvidado.
– ¡OH, NO, NO, NO! ¡NO HABÍAS MENCIONADO ESO ANTES!
– ¿En serio? Bien… te lo digo ahora, es casado… y somos vecinos en el departamento así que…
– ¿Y qué tal es tú esposa? – Preguntó, superando el incidente de narrativa de Ruth con facilidad.
– Es genial, es la mejor. – Respondí.
– ¿Mejor que Ruth? – Preguntó, nuevamente.
– ¿No te enseñó tú madre que no se debe de comparar a las personas? – Se adelantó Dylan. – Y para que conste, yo no quería averiguar nada, Ben me arrastró hasta el escondite y se negó a dejarme salir.
– Bueno, bueno… – Bufó Ruth. – Dejemos eso de lado, supongo que es la hora de irnos… ¡Antes de que se acaben los tacos!
– ¡Tacos! – Gritó Ben.
Ruth se puso de pie y con su mano ayudó a Ben a levantarse, pronto, ambos se pusieron en línea con Dylan y me miraron con una sonrisa.
– Bien, señor Mosh… nosotros nos retiramos… y recuerda que me debes un vaso de tepache de piloncillo.
– Te lo pago cuando quieras. – Respondí.
– Ah, ya se… – Intervino Ben. – ¿Por qué no vienes con nosotros?
– No puede venir… recuerda que tiene esposa. – Riñó mi vecina de piso.
– Ah… es una lástima… entonces cuídate hermano, será para la próxima, ¡Mucho gusto!
Agité mi mano en señal de despedida (No quería darle apretón de manos a Dylan), los tres chicos pronto se encontraron caminando en dirección contraria a la mía, pararon en una esquina y esperaron a que pasara un taxi.
¿En qué momento dejé de ser apto para irme de reventón entresemana? ¿Cuándo fue que envejecí y me vi obligado a rechazar invitaciones de amigos para ir a cenar un rato? La respuesta era clara, llega un momento en el que te ves convencido de que es la hora de crecer y así te obligas, de pronto, eres un adulto, un hombre de familia y junto con tú compañera de alma estás listo para dejar atrás la juventud y buscar avanzar temprano en la vida, convencido de que estás listo en cuerpo y alma, hasta ese momento todo va bien, cumples con la tarea de forma estupenda y te comprometes día y noche para dar un buen papel, no es como si esto fuese cansado, aburrido o rutinario, en realidad, cada día es una experiencia nueva y siempre, siempre vale la pena… sin embargo, cuando llega a tus ojos un pequeño flashback de lo que solías ser en el pasado es como si la vida te diese de nuevo a elegir aquello que supuestamente ya estaba impuesto por ti mismo con anterioridad, supongo que esto es como una oportunidad de cambiar el rumbo, o más bien una prueba de fuerza para saber si verdaderamente estás listo de seguir la ruta que has elegido, una prueba de fuerza y de valía, yo… esa tarde/noche, reprobé.
– ¡Esperen, Ruth! – Grité, trotando hasta ellos. – ¡Voy un ratito con ustedes!

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