Lo Último

¡Amo a mi esposa! (Creo) (24/??)

Sobre el abrazo de cintura invertido, sobre las relaciones extramaritales y sobre el parque de los patos (Ellie)
(2005, Texas)
Me senté sobre mis rodillas y reposé la cabeza de Zack sobre mis piernas para que no se ahogara con su propia sangre, la cual no paraba de fluir, por lo que me quité mi pareo largo y lo utilicé para limpiarle el rostro y tratar de drenar su hemorragia, mientras limpiaba toda la sangre pude notar que también tenía el labio superior partido y un ojo comenzaba a teñirse de un color oscuro, no parecía tener intenciones de abrir sus ojos pronto; esto me hizo entrar en pánico, así que angustiosamente empecé a tratar de hacerlo reaccionar, acariciando sus mejillas (abofeteándolo, en realidad).
– ¡Dios mío, Zack, despierta por favor! ¡No te mueras! ¡No cuando yo puedo verte! ¡Tienes prohibido morir mientras te esté observando!
Recibí una respuesta, un quejido de dolor, esperanzada, repetí la dosis de “Despertadores”.
– ¡ZACK! ¡ZACK! ¡DESPIERTA! ¡Si te mueres frente a mí vas a traumarme y te voy a odiar por eso! ¿Me oíste? ¡No es una broma! ¡Te voy a cobrar todas las facturas del psicólogo!
– ¿No se supone que estaría muerto? – Preguntó con lentitud, mientras luchaba contra el dolor para abrir sus ojos. – ¿Cómo esperas que las pague?
Sus ojos se abrieron poco a poco, una vez alcanzaron la apertura total, sus pupilas, ligeramente dilatadas, fueron recobrando brillo apenas enfocó su mirada en mi rostro, confuso por el ángulo en que me estaba observando, movió su cabeza de lado a lado, como tratando de descubrir en donde se encontraba.
– Estamos en el jardín… vino un hombre y…
– Si… eso si lo recuerdo… – Murmuró acariciándose la frente y quejándose con gemidos sincronizados. – Pero…
– ¿Pero…?
– Creo que si hace una hora alguien me pidiera un top 10 de lugares donde mi cabeza nunca tendría contacto, tus piernas serían el noveno lugar, y tus piernas desnudas serían sin duda el tercer lugar… y mírame…
– Creo que te pegó muy fuerte… ¿Verdad? – Pregunté. – Ya hasta perdiste la capacidad de pensar antes de decir cosas raras.
Fue en el momento en que vi que Zack estaba lo suficientemente bien como para decir cosas pervertidas, que me di el lujo de verdaderamente asimilar lo ocurrido y desmoronarme en la angustia, el miedo y el alivio, choqué mis manos contra sus mejillas y las presioné con fuerza una a la otra, provocando que Zack hiciera una trompa graciosa, al momento en que por mi rostro se deslizaba la liberación de tensión acumulada en forma de lagrimas, mis sollozos fueron en aumento hasta el punto en que se volvieron fuertes y alarmantes, un par de gotas cayeron en la frente de Zack, que se quedó mirándome con curiosidad.
– Explícame como es que soy yo a quien le patearon el trasero pero eres tú quien llora… quizá me perdí esa parte…
– ¡Porque estaba asustada! – Grité, dejando que mis sollozos rompieran totalmente mi tono de voz, mientras presionaba con fuerza sus mejillas para dejar escapar mi ansiedad. – ¡Pensé que el sujeto te había asesinado y no abrías los ojos!
 – Entonces… ¿No es solo que estés aliviada de que no necesitas terapia? ¿Al menos no aún?
– ¡No seas idiota! – Grité, abofeteándolo, al pobre inclusive le moví el rostro, fue imposible para él no soltar un tremendo grito de dolor. – ¡Uy, lo siento, lo siento! ¡Es que me enoja que tomes esto tan a juego! ¡Lo dices como si no me hubiera preocupado por ti!
– Entonces… ¿Estabas preocupada por mi? ¿Eh? – Preguntó, mirándome con una coqueta sonrisa que pudo haber tenido un gran efecto de no ser porque su boca estaba rodeada de sangre seca. – Así que tú también te das la libertad de decir improperios insinuadores… vamos avanzando, si que si…
– ¡Por supuesto que me preocupé por ti! – Grité, sin dejar de llorar, estaba muy molesta y asustada y sus preguntas estúpidas con respuestas lógicas no hacían más que molestarme más. – ¡¿Es que esa paliza te dejó tarado?! ¡Los golpes que te dio se escuchaban súper fuerte! ¡No sé cómo es que te gusta todo eso de las peleas, las venganzas y la violencia! ¡Déjame darte una noticia bomba, eso no es para nada genial, Zack! ¡Puedes terminar muerto!
Sin moverse de donde se encontraba, Zack levantó sus brazos y los entrecruzó alrededor de mi cintura, pude sentir sus tibias palmas hacer un contacto estremecedor con mi piel, sorprendida busqué en sus ojos zafiro una explicación, el me miraba con agradecimiento.
– Este es el abrazo más peculiar que he dado en toda mi vida. – Murmuró, presionando sus manos contra mi espalda con fuerza.
– Nunca antes me habían abrazado así. – Admití.
– Siento haberte hecho llorar, Ellie… también lamento que te preocuparas… alguien en una ocasión me dijo que las lágrimas de una mujer son la piedra preciosa más valiosa, que cuando una mujer llora por culpa de un hombre, este tiene que tomar sus lágrimas y con ellas hacer una pieza de joyería que dure perfecta por siempre… y que sin embargo, hay millones de hombres que no lo comprenden y siguen devaluando sentimientos… haciendo llorar una y otra vez a quienes desde su alma crean joyas del corazón… no quiero ser así… te he hecho llorar así que… hagamos una pieza de joyería… ¿Anillo o collar de perlas?
Zack empezó a mover sus manos en círculos alrededor de mi espalda desnuda, como haciéndome saber que estaba ahí, la sensación era agradable, aún cuando era bastante vergonzoso, fue la primera vez que vi en Zack una mirada tan profunda, poética y natural, fue la primera vez que vi a Zack en realidad.
– ¡No entiendo lo que quieres decir! – Exclamé, soltando una carcajada.
– Yo tampoco – Bufó él, riéndose de sí mismo. – Pero de alguna manera funcionó… ya no estás llorando…
Sonreí, soltándole finalmente, después de tantos minutos angustiosos de llanto total, sus ahora rojas y arañadas mejillas.
–  Sí… tal como lo pensé – Afirmó, sin quitar su mirada de mi.
– ¿Qué pasa? –Pregunté, mientras me enjugaba los ojos.
– Estaba pensando que cuando estabas llorando te veías realmente linda… pero después de todo prefiero tu sonrisa… es mucho más linda.
Mi vergüenza llegó a tal punto que me vi obligada a levantar la mirada y encontrar un lugar en donde apoyar mi visión, pues después de escuchar a Zack estaba tan apenada que era incapaz de mirarlo a los ojos, al hacer esto, pude ver a una chica rubia caminar por la acera en un andar elegante, a la distancia no logré reconocerla, pero esa forma de caminar me recordaba a alguien…
– Te has puesto roja – Se burló Zack. – ¿Será que estás feliz de que te haya dicho eso?
– ¡Cállate! – Reñí, poniéndome aún más roja de lo que ya estaba. – ¡Esa paliza sí que te dejó tarado! Además, ¡¿Cuándo piensas dejar de abrazarme?! ¿¡No ves que si alguien nos ve así va a pensar que somos novios o algo!?
Volví a mirar en la acera, ya no había nadie, quizá solo era un peatón que iba de paso.
(2010, Texas)
Podía dejarme llevar libremente por un torbellino de rencores y celos sin problemas, dejar las cosas tal y como estaban para crear una cicatriz en nuestro matrimonio perfecto, podía permitirme el lujo de molestarme y estar tranquila con la sola idea de saber que no era culpa mía en lo más mínimo y que era todo era por obra de Zack, pero… ¿No sería eso atentar contra todo el significado del matrimonio? ¿No empezaban los errores irreparables precisamente por buscar culpables en lo que se supone tendría que ser un equipo que se ayude en las buenas y en las malas y en donde si ha de haber un culpable ambos deben de tomar equivalencia a la hora de admitir la culpa?
Convencida de que no ganaría nada molestándome, decidí seguir como si nada hubiese pasado, lo ocurrido en esa noche no se tomaría más que un pequeño error de mi marido que no merecía ser sobrevalorado y que seguramente nunca más se repetiría, hay ciertas ocasiones en la vida en que las cosas que hacen daño y tienden a desestabilizar tú mundo son simples gomas de mascar en el camino y a veces es mejor sencillamente dar vuelta a la hoja y seguir adelante en la recién comenzaba búsqueda de nuestros sueños.
Me desperté temprano y preparé un desayuno de reyes para Zack, después, mientras desayunaba, le propuse que tuviéramos una cita, sería la primera desde que llegamos a Los Ángeles, el aceptó sin pensarlo, incluso dijo que aunque sus responsabilidades en el trabajo le obligaban a presentarse a un extraño evento masivo y este se extendiera más de lo común, se saldría solo para tener nuestra primer noche fuera en la tierra de las estrellas; esto me hizo muy feliz, pues me hizo darme cuenta de que él también extrañaba salir conmigo como cuando vivíamos en Texas, que no había fin de semana en que no fuésemos a algún restaurante como mínimo.
–… Y es por eso que estoy tan feliz. – Finalicé.
Javier y Shirley me miraban boquiabiertos, luego se miraron entre ellos y pegando saltitos se acercaron de forma coqueta y con una sonrisa de fascinación.
– ¡Pero qué ardiente! – Exclamaron al unísono.
– ¿Ardiente? – Pregunté, ¿De qué hablan?
– ¿¡No te das cuenta!? – Exclamaron, nuevamente, al unísono.
– Si me lo explican, será más simple que darnos rodeos innecesarios atacando al poco tacto del que soy poseedora.
Ambos arquearon la ceja, comenzaba a asustarme de sus similitudes a la hora de expresarse, ¿Serían ellos actores de un número cómico en algún circo latinoamericano de poca monta en un pasado?
– ¡Los romances extramaritales son lo más in del mundo! – Exclamó Javier, entrecruzando sus dedos. – ¡No hay nada igual!
– ¡WOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOUUUU! – Exclamé, cambiando de golpe mi expresión liberal a una severamente molesta. – ¡Alto ahí, señor!
– ¿Qué pasa, cielo? – Preguntó Javier, como si no se hubiese enterado del terrible comentario recién realizado.
– ¡Yo nunca dije que Zack estuviese en una aventura con la chica! ¡Y nunca será así! ¡¿Queda claro?! ¡Solo cometió el terrible error de exponer su amistad en el día equivocado! ¡Zack nunca, nunca me sería infiel! ¡Estamos enamorados!
– Ah, ¿Es así? – Preguntó Javier, cuyo rostro se tornó a uno excéntrico e indiferente. – En ese caso la historia se torna aburrida… no es más que un simple y encantador matrimonio de LA.
– Aburrida, si, se torna aburrida. – Coincidió Shirley, asintiendo con la cabeza.
– ¡Pero eso es bueno! – Exclamé. – ¡El amor es el rey de los sentimientos después de todo!
– Un rey cuyo reino, a mi parecer necesita una nueva imagen, amor – Respondió Javier, con aparente… ¿astucia? – Lo de hoy es incurrir dentro de lo desconocido, ¿Y porque no? Dentro de lo prohibido, los amores extramaritales y el incesto han re-encendido la llama de los corazones aburridos e indiferentes al romance estereotípico de la pareja norteamericana, es cuestión de pasión.
– Pero… ¿Te das cuenta de que el incesto es amor entre familia, cierto? – Pregunté. – Digo… ¿tú estarías con alguno de tú familia?
– ¡Por supuesto que no, cariño, que asco! ¡Pero por otro lado, si lo vez en otras personas uno logra apasionarse de corazón! Pasa lo mismo con las infidelidades, yo ni de broma le sería infiel a mi novio… si tuviera uno, claro… ¡pero si el primo de un amigo tuviera una relación prohibida sería de lo más sensacional!
– Ah, ya veo – Murmuré. – Ustedes tienen alma de cinéfilo… lo había olvidado, pero bueno… demos por cerrado este tema tan perturbador y volvamos a lo importante de mi historia, mi cita con Zack.
– Ah, claro – Se adelantó Shirley. – Solo asegúrate de no echarlo a perder como la ultima vez, vístete sexy y recuérdale porque está incondicionalmente atado a tus cadenas, supongo que ya sabes cómo seducirle, ¿No?
– Eh… claro – Mentí, pues por suerte, Zack siempre fue de “Encendido sencillo”. – Soy una experta seductora… nadie sabe atraparlo en su red como yo lo sé.
– Ah, mira… y eso que tienes una cara de mojigata que puede darte papel de monja en cientos de películas. – Atacó Javier. – Pero supongo que ha de ser verdad, digo, si te atrapaste a semejante bizcochote seguro algo te debió de ver, ¿No?
– ¿Eh? ¿Conoces a Zack? – Pregunté, extrañada.
– Por desgracia no – Se lamentó. – Pero ayer mientras limpiabas el almacén Shirley y yo decidimos esculcar un poco en tú celular y nos enviamos todas las fotos que tienes de él… solo puedo decir, citando a Janice en friends “Oh, my god”.
– Exacto, exacto – Coincidió Shirley. – Si algún día decides abandonarlo dile que yo estoy dispuesta a consolarlo.
– ¿Pero qué les pasa a los dos hoy? – Pregunté. – Hasta parecen adolescentes urgidos, ¡Basta!
Bueno, no fue precisamente el mejor día en el trabajo, pues Shirley y Javier se encargaron de hacer de todo momento algo incomodo, sin embargo, una vez el reloj marcó la hora de mi salida, fue como si también marcara la tan esperada oportunidad de pasar un tiempo a solas con Zack.




(2005, Texas)
– Te digo que estoy bien – Murmuró Zack, tratando de levantar su brazo de mí hombro para caminar el mismo, le detuve con mi mano izquierda, en señal de desaprobación.
– No – Ordené. – Tienes que ver a un medico… por si acaso… por favor no quieras entrar en el papel de macho que con la pinta que traes no te queda para nada.
– Pero… la fiesta…
– ¡Tranquilo! Le diré a Karla que hable con Junior y les informe a todos que has conseguido anotar con una chica y te la has llevado a un hotel o algo… eso te dejará exento por ausencia, ¿Cierto?
– Pero… pero…
– Nada. – Finalicé.
– Pero… ¿Y el tequila de caramelo? ¡De caramelo!
– Me importa un bledo el tequila de caramelo – Aseguré. – Y te recomiendo que te importe un bledo a ti también, así, al menos podrás resignarte a que no volverás a esa fiesta.
Después de un par de minutos de que Zack dijera esa cosa tan vergonzosa, el auto de mi madre apareció en la escena, estacionándose un par de metros atrás, por lo que ordené a Zack que se pusiera de pie y que caminara a donde yo le dijera, más, apenas se entero que íbamos al hospital, empezó a ponerse tan necio como una mula, más mi autoridad prevaleció.
Una vez estuvimos fuera del territorio de la residencia Mosh mi madre se percató de que en mis brazos ayudaba a caminar a un chico cubierto de sangre, por lo que se bajó del automóvil y camino hasta nosotros.
– Ellie, ¡¿Qué ha pasado?!
– Tenemos que llevarlo a un hospital mamá – Respondí. – ¿Podemos?
– Pero claro que lo llevaremos, tonta – Respondió ella, abriendo la puerta trasera. – Entra, no te preocupes, todo estará bien.
– Eh… – Murmuró Zack. – Claro… es solo que… es algo vergonzoso que nos conociéramos en estas circunstancias… 
– Bueno… si gustas, cuando el doctor revise todas tus heridas y nos asegure que no tengas nada roto podemos repetir la ceremonia, ahora, adentro del auto.
Zack obedeció al instante, recostándose en la parte de atrás de nuestro Pt Crusier, cruzó las manos como si se tratara de un cadáver en su ataúd; decidí no hacer comentarios al respecto, me limité a subir al auto y cerrar la puerta.
Escribí un texto a Karla, explicándole lo ocurrido e indicándole como proceder, mientras tanto, mi madre y Zack comenzaban a entablar conversación.
– ¿Cómo te llamas, cariño?
– Mi nombre es Zack Mosh, señora. – Respondió Zack, con un tono respetuoso que no le conocía.
 – Ah, ¡¿Tú eres el tan nombrado Mosh?! ¡¿Qué te pasó?! ¿Algún enemigo?
– Bueno… supongo que se le puede llamar así, señora… es un hombre que se metió a la casa… justo fintaba con subir por las escaleras cuando le detuve, le tomé por el cabello y le saqué hasta el jardín de enfrente, por desgracia resultó ser bastante fuerte y bien… esto que ve aquí es el resultado… y de no ser por su hija probablemente hubiera sido algo peor aún… llegó en el momento justo.
– ¿Y qué hizo mi hija, le gritó que te dejara en paz y se puso a llorar?
– Bueno… a decir verdad no estoy seguro – Admitió Zack. – Pero creo que fue algo así… cuando me desperté ella estaba suplicándome que no me muriera para no dejarla traumada mientras me abofeteaba con fuerza…
– ¡Pero no solo dije eso! – Exclamé, defendiéndome. – También… eh… también…
Recordé lo ocurrido después, ¿Realmente deseaba que mi madre supiera de lo ocurrido después? ¿No era eso darle suficiente material para molestarme por 30 años? No podía contarle que me puse a llorar mientras presionaba sus mejillas, tampoco era posible decirle del abrazo de cintura invertido de Zack y mucho menos podía decirle de lo que Zack dijo después de eso.
– ¿También qué? – Preguntó mi madre, con paciencia.
– También sacrificó su bonita falda para limpiar la sangre mientras no despertaba – Adelantó Zack, con un tono de gratitud. – Y esta quedó arruinada… prometo pagártela, Ellie... sé que amas esta cosa… mañana iremos a comprar otra, ¿Bien?
– Pero que considerado – Respondió mi madre, en ese tono insinuador y descarado que ya a estas alturas detestaba. – Ellie, también debes de comprarle algo a él mañana, ¿Bien? Al pobre lo tuvimos que sacar temprano de su fiesta por qué un ladrón se metió a su casa… y como es Mosh seguro que eso le duele en el alma.
– Un poco, sí – Respondió Zack. – Pero estar con su hija también es divertido… además, había muchas bebidas para poca gente así que seguro siguen ahí hasta el amanecer…
– Hablando de eso… ¿No habrás tomado, o sí, Ellie?
– No se preocupe, señora – Se interpuso Zack, nuevamente. – Para su hija y su amiga Karla compramos muchos arizonas, su hija es pura hasta la medula.
– Eso me imaginé… – Respondió mi madre, con un tono lleno de orgullo. – pero ya que hablamos de hijas, hijos y alcohol, ¿Cómo se llama tú padre, Zack?
– ¿Mi padre? Su nombre es James Mosh.
Miré a mi mamá con curiosidad, por primera vez en la noche era yo quien tenía el control, mi mirada se tornó en una maliciosa, como diciendo “¿Qué se siente, madre? ¿Qué se siente que Zack sea hijo de un ex novio tuyo?”, mirada que ella respondió con un gesto de “Cállate”.
– Ya veo, ¿Sabes? Yo estuve en la preparatoria con tu padre y tu tío.
– ¿En serio? – Preguntó Zack. – Vaya, entonces seguro también conoce a mi madre, Sharon Crown.
– Ah, la conozco… – Respondió mi madre, presionando el volante sospechosamente fuerte. – Una pelirroja muy linda, ¿no?
Muy a duras penas logré contener la risa, sin duda era la pelirroja por quien mi madre fue abandonada en su relato contado durante la tarde, aparentemente ella logró lo que ninguna pudo: enganchar a un Mosh con un anillo.
– Bueno, en realidad no es pelirroja – Explicó Zack. – Se teñía el cabello de ese color en esos tiempos, siempre me presume de cómo nadie lo sospechó nunca, alegando que fingió ser pelirroja natural por 5 años hasta que se aburrió de hacerlo.
– Ah… ya veo… – Murmuró mi madre. – Pero en fin… hablemos de otras cosas… Zack… ¿Qué relación tienes con mi hija?
– ¡MAMÁ! – Grité, estremeciéndome a tal punto que casi me mato con el cinturón de seguridad.
– Eh… no lo sé… – Respondió Zack, esto atrajo mi mirada a la suya como un imán. – Hasta hace unas horas llevábamos una relación de indiferencia, ahora yo me pregunto lo mismo… ¿Somos amigos, Ellie?
¿Cómo se las arreglaba para conmover mis sentimientos con gestos tan sencillos? ¿Cómo es que su mirada lograba atraparme sin necesidad de utilizar estos métodos anteriormente mencionados? En esos tiempos aún no conocía la respuesta, aún era muy pronto para poder dar una conclusión, solo una cosa era segura, Zack Mosh me agradaba, y estaba muy equivocada por haber pensado en lo contrario con anterioridad, quizá era un sujeto pedante, prepotente, violento e inmaduro, pero detrás de esa mascara, fácilmente se podía apreciar su amabilidad, ternura y encanto impredecible, y aún faltaba mucho por explorar detrás de su envoltura; para mí, sería todo un placer explorarlo.
– Por supuesto que somos amigos, Zack.


(2010, Los Ángeles)
– Ahora… un poco de perfume y… ¡Estoy lista!
Por el calor que hacía en las calles, opté por vestirme con un minivestido color azul rey de tirantes delgados con escote y por unas sandalias de tacón alto, una elección bastante sencilla pero totalmente acertada desde el punto de vista estratégico, pues mis piernas (mi mayor atributo) se lucían en su máximo esplendor con este tipo de atuendo, como Zack siempre ha adorado como me veo con el cabello planchado esa noche decidí llevarlo suelto de esa forma.
– ¿Cómo vas, amor? – Pregunté, mientras miraba como había quedado en el espejo a cuerpo completo en nuestra habitación.
– Bueno… – Respondió. – Tú dime.
Ambos nos miramos de arriba abajo boquiabiertos, él vestía elegantemente un traje de color negro con camisa del mismo color, solo que esta ultima ligeramente más brillante que el traje, su peinado, usualmente estilizado al máximo nivel con un corte de salón de $50 en esta ocasión se encontraba humildemente relamido a un costado, dándole un aspecto de madurez imposible de resistir, estaba perfecto, como siempre.
– Estás guapísimo. – Murmuré, suspirando de la sorpresa.
– Tú estás… ¡Fabulosa! ¡Perfecta! ¡Preciosa! ¿Segura que quieres salir? Podemos quedarnos y…
– No… de hecho creo que ya que te has vestido así… vale la pena sacarte a pasear para presumirte y que todas se mueran de envidia.
– Tienes razón, va siendo hora de abrir una sucursal LA. De las nenas de Zack – Bromeó, mientras se ponía su cinturón. – Seguro una que otra mujer deseosa de mis huesos habrá.
– Pues de hecho hoy en el trabajo Javier me dijo que él estaría dispuesto a darte cariño en caso de que lo nuestro no funcione.
– ¿Sabes? – Interrumpió. – Creo que lo que diga tú compañero gay sobre mí, no hará otra cosa que perturbarme, ¿Por qué no a partir de ahora censuras sus comentarios desagradables para mí?
– Trato.
5 minutos después, ambos nos encontrábamos fuera del departamento, mientras Zack cerraba con llave, desvié la mirada hacía el departamento del otro lado del corredor, estaba cerrado, suspiré, aliviada y luego me colgué del brazo de mi esposo, para abandonar juntos el edificio.
Era una noche muy bella y tranquila, por las calles, las parejas y las familias regresaban después de un agradable día de campo o recién se encaminaban a alguna función de teatro o de cine, por momentos, no pareciera que nos encontráramos en la ciudad de las estrellas, daba la impresión de que estuviéramos en un tranquilo pueblo rutinario.
Zack llamó un taxi y caballerosamente me permitió entrar primero, a partir de ahí nuestra primer velada en LA. Comenzó.
Fuimos a cenar a un lindo restaurante italiano que Zack siempre veía cuando pasaba en las mañanas rumbo al trabajo, era un precioso lugar ambientado en un estilo rustico de la antigua Italia, los meseros eran bastante amigables e inclusive nos regalaron una botella de vino, cabe mencionar que fue en ese lugar donde  comí la mejor ensalada que he probado en toda mi vida, una deliciosa mezcla de vegetales mixtos y tomates pequeños enteros con un aderezo hecho en casa, sencillamente esplendido.
Charlamos sobre muchísimas cosas, recordamos cosas del pasado, hablamos desde lo ocurrido ese día de primer año en que él se acercó a mí y me retó a una partida de ajedrez hasta nuestro último año en Texas, en el cual vivimos muchísimas cosas que nos fortalecieron como pareja, tanto se extendió la charla que al abandonar el restaurante ya eran las 12 de la noche.
Las calles estaban casi totalmente vacías, fue agradable sentir el calor restante después de un día caluroso desaparecer mientras avanzábamos, Zack me tomó de la mano y me llevó caminando en dirección contraria a nuestra casa.
– ¿A dónde vamos? – Pregunté, soltando una carcajada nerviosa, estaba un poco pasada de copas. – Ya es algo tarde para ir a bailar, ¿No crees?
– Bueno… –Murmuró Zack, tambaleándose. – hoy descubrí un parque sensacional y decidí que podríamos ir a charlar un rato ahí… ¡Hay patos! ¡Patos!
– Ahh… bueno… me gustan los patos. – Admití.
– Entonces vayamos con los patos. – Finalizó.
Caminamos por casi media hora, sin embargo, la charla aligeró la espera, recordamos la aventura de Zack y Junior en el Kentucky y el día en que Rocko se vistió de bombero e hizo un privado en recompensa a Simon, en ambos recuerdos, no paramos de reír.
Finalmente llegamos al ya mencionado parque, ciertamente era enorme, me recordó un poco al Central Park de Nueva York pero un poco  más pequeño y guardando proporciones de majestuosidad, sin embargo, era bastante grande, cubierto de frondosos árboles de todo tipo y con un lindo lago al centro, conseguimos una buena banca al lado de una pareja extremadamente cariñosa y exhibicionista y del vagabundo que les observaba.
– ¿Crees que debamos decirles? – Pregunté.
– ¡No te preocupes! – Respondió, enfocando su visión en el extenso lago, que permanecía quieto, como si fuese hielo. – ¿Recuerdas a Parches? Él es la viva prueba de que todos los vagabundos son inofensivos.
Solté una gigantesca carcajada, había olvidado totalmente al famoso vagabundo que Junior y Zack habían ayudado a robar un mono del zoológico para entrenarlo y ganar dinero haciéndolo bailar ante la gente.
– Hoy estamos muy recordadores de los buenos tiempos, ¿No? – Pregunté.
– Esos sí que son buenos tiempos, ¿Verdad? – Respondió, con otra pregunta.
– Así eran… pero, ¿Sabes? Prefiero estos días… solo somos tú y yo…
– Y Ruth como invitada especial. – Recordó Zack, genial, una flecha al pecho.
– Claro… y Ruth como invitada especial… – Murmuré, esperanzada a que mi tono de indiferencia fuese lo suficientemente claro con respecto a mi postura. – pero en general solo somos tu y yo… enfrentándonos a nuestros sueños… ¿No crees que es romántico?
– Claro… – Asintió. – ¡Es un sueño hecho realidad! Sabes…
El teléfono de Zack comenzó a timbrar, indicando que tenía un nuevo mensaje de texto, él interrumpió lo que estaba diciendo para leer dicho mensaje y después me miró con sorpresa.
– Oye, un dato curioso de nerds, tú sabes… por si en alguna ocasión llegan a hacerte una pregunta al respecto…
– Dime… – Murmuré, mirándole con curiosidad.
– Resulta que la mujer maravilla en realidad no está enamorada de superman como yo lo pensaba, en realidad, Batman y ella tienen roces románticos desde que J. Hoksleff así lo sugirió en uno de sus números, a todos les encantó la idea y desde ese entonces, Batman y la mujer maravilla son una de las parejas más usadas en el mundo del comic.
– Vaya… – Murmuré. – Tus jefes sí que tienen tiempo libre… ¿Y eso que significa? Digo… ¿Por algo te lo enviaron, no?
– Eh… no es nada, no te preocupes – Aseguró.
Zack se quitó el saco y lo puso sobre mis hombros, luego extendió su brazo y permitió que me acurrucara a su pecho.

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