Lo Último

¡Amo a mi esposa! (Creo) (22/??)


Sobre el nuevo auto de Feeney, sobre los disfraces de la liga de la justicia y sobre el cuento del patito del bosque(Zack)
(2005, Texas)
– ¿Así que te has elegido por la rubia inteligente y difícil de atrapar, eh? – Se burló Anna, apenas cruzamos la puerta de la cafetería. – “Hola, soy Zack y como estoy bueno tienes que venir a mi fiesta” “No te preocupes, no los estoy desperdiciando” “Soy un maricón al que le gusta decir cosas cools y me la como doblada” “Wawawawawa”
– Bueno… mi querida enana boca sucia… no tienes porque ponerte celosa mi amor… sabes que aún puedes tomarme cuando gustes.
– ¡Vete a la mierda, estúpido! – Gritó. – ¿Para qué mierdas voy a querer tomarte ya todo usado? Mejor me consigo a otros… ¿No viste a los que me rodeaban hace un rato? Puedo reemplazarte fácilmente.
– Si, si… – Bufé, antes de tomar asiento en nuestra típica mesa. – ya en serio, como decírtelo… Ellie Clearwater me intriga muchísimo… no sé porque… pero no me intriga en la forma que tú piensas así que quita esa mirada de “Maldito cerdo” y entérate que los hombres podemos interesarnos en las mujeres en varias formas… y bueno, para variar su mejor amiga es Karla, y nuestro aquí presente amigo Junior siente algo por ella que nunca había sentido antes, ¿Verdad, Junior?
– He sido brutalmente asesinado a flechazos por Cupido – Admitió Junior. – Gracias por invitarlas, hermano.
– No te creo nada, maldito cerdo degenerado – Insultó Anna, mostrándome una versión furiosa de sus tiernos ojos infantiles. – Y de cualquier forma dudo que llegue a presentarse, ¿No te das cuenta? Ella es una santa y nosotros somos unos excomulgados.
– Ya, ya… si no va no pasa nada… – Le tranquilicé, acariciando su rostro con delicadeza, pude sentir como su piel se estremecía. – La fiesta igual será un éxito garantizado, Feeney ahora mismo debe de estar comprando nuestra preciosa cerveza holandesa, Nahomi prometió una parrillada épica y hoy en la mañana llegó el sonido que Bruno nos patrocinó amablemente, hoy en la tarde llegaremos a casa con cientos de galletas y dulces que le entregaremos a mis hermanitos menores antes de encerrarlos con llave en sus respectivas habitaciones y listo, Pool VIP Party a la orden, ¿Tienes algo más que reclamarme, amor?
– Vas a tener que dejar de llamarme así, hijo de put…
– ¡Zackie! – Exclamó Elizabeth, antes de abrazarme por la espalda y sentarse a mi lado. – Gracias por la pulsera, es muy lindo de tú parte que me consideres lo suficientemente importante para ir, me he emocionado tanto que saliendo de la escuela Helena y yo iremos a comprar trajes de baño nuevos.
– Bueno, sé que lo que llevarás será espectacular – Respondí. – Y vamos, No creerías que me olvidaría de la capitana de las animadoras, ¿O sí?
– Bueno… pero me invitaste por ser tú amiga de cuando estabas en primero de secundaria… ¿Verdad?
Elizabeth me miró con seriedad, timidez y nerviosismo, ¿A qué se debía? Me limité a sonreírle y a tomarla por el brazo con delicadeza.
– Por supuesto, ¿Cómo dejar fuera a mi preciada Elizabeth?  
Ella sonrió, satisfecha, al momento en que sus mejillas se teñían de un precioso tono rosado, fue una linda estampa, estaba radiante.
– Zackie, ¿Sabes? Mientras yo estaba en primer año de la preparatoria pude conocer a tú hermano mayor Bruno…
– Ah, ¿Sí? ¿Eran amigos o algo así?
– Bueno… el punto es que el siempre estuvo moviéndose y peleándose con todo el mundo… todo en su afán de ser el más querido de por aquí…
– Y lo logró. – Añadí.
– Bueno… yo creo que tú eres diferente a él… más lindo…
– ¿Eh? – Pregunté, confuso por el rumbo que llevaba la conversación, pues usualmente, a la hora de hablar de Bruno, todo eran halagos y comparaciones.
– Bueno… las clases van a comenzar, mejor me voy… ¿Nos vemos en la noche?
– Claro, te estaré esperando.
– Bien, ¡Nos vemos amigos de Zackie, y pequeñita, cuida esa boquita nena, las niñas así no son lindas, adiós!
Elizabeth  se alejó con un paso orgulloso y estético, tan llamativo que me fue imposible quitarle la mirada de encima hasta que desapareció tras la entrada, Anna me miraba con odio puro, puedo jurar que vi un poco de humo salir de sus oídos.
– ¡ME CAGA ESA PENDEJA! – Gritó, apretando sus puños. – ¿Quién se cree para decirme como debo comportarme? ¡Maldita estúpida crecida! ¡Pequeñita su perra madre! La próxima…
– Ya, ya, tranquila… –  Interrumpí. –  te lo ha dicho con buenas intenciones, además, siendo ella Elizabeth Turner para mí tiene derecho de decirte lo que quiera…
– Así que Zack Mosh tiene interés en las rubias… ¿Eh? – Preguntó Anna, en un sorpresivo cambio de actitud. – Ya empiezan a salir tus fetiches al aire… animadoras rubias.
– En realidad… – Murmuró Junior. – Ya puedo ver el final de esta línea de amor… ¿Quieren escucharlo?  En un aeropuer…
– Prefiero no escucharlo, Junior – Interrumpí. – Pero bueno, Anna, ¡relájate! Lo hemos logrado,  somos lo máximo y nada lo podrá evitar, esta noche tú vas a cumplir uno de tus cometidos, ¡ligar con todos los tipos buenos que te encuentres! ¡Junior va a poder comer carne asada como tanto lo ha deseado desde hoy en la mañana! Y yo, bueno, yo espero dar la mejor fiesta de todos los tiempos… ¿Estamos bien con ello?
– Sí. – Respondieron al unísono.
– Entonces, fin de la charla.




















(2010, Los Ángeles)
– ¿Ellie?
– ¿Huh?
– ¿Estás molesta por algo?
–… son las 3 de la mañana amor, mañana tengo trabajo y tú también.
– Lo siento… es solo que me pareció verte muy callada esta noche… ¿Será que te pasó algo en el trabajo?
– No, Zack… no me pasó nada en el trabajo.
– Entonces todo bien, ¿Verdad?
– Buenas noches, cariño…
Tras una perfecta etapa de noviazgo y tres hermosos años de matrimonio de ensueño, uno termina sintiendo que conoce muy bien a su pareja, lo suficiente como para saber que cuando esta guarda silencio toda la cena, no se ríe durante el maratón de Scary movie, no presta atención mientras jugamos lotería y se va a dormir sin despedirse de la visita algo puede no estar yendo tan bien, por lo que al recostarme a su lado, intenté sin éxito descubrir si algo le pasaba, llegué a la conclusión de que solo era mi imaginación y que si Ellie tenía algo no era más que puro estreñimiento y seguro le avergonzaba comentármelo.
A la mañana siguiente, al salir de la ducha, sorpresivamente Ellie me sorprendió con un desayuno gigantesco y delicioso que constaba de huevos estrellados, salchichas, tocino, pan tostado, jugo de naranja, café y hotcakes, ella ya estaba completamente alistada para empezar el nuevo día.
– ¿Sabes…? – Comenzó Ellie, que se sentó frente a mí y me clavó la mirada, con una sonrisa radiante. – Hoy tengo que hacer inventario y perder el tiempo con Javier y Shirley hasta las 4… estaba pensando en que al salir fuéramos a cenar a algún sitio lindo, ¡SOLO TÚ Y YO! qué opinas?
– Uhm, bueno… hoy es el comic expo y sinceramente no sé a qué hora terminará, sin embargo, si todos los vírgenes que irán son la mitad de geeks de lo que Melmar y Ferguson son, seguro para las 8 todos están en su casa bebiendo su leche y leyendo un poco del impresionante hombre araña… ¿Por qué no quedamos aquí a las 8 y nos vamos juntos en una cita? Podemos ir a cenar, a bailar y a pasear por la playa en la noche… ¿Qué dices? Será como esas películas que amas ver en televisión.
– ¡Me encantaría! – Exclamó, sentí cosquillas en el estomago cuando vi su precioso rostro iluminarse con alegría. – A las 8 aquí entonces, ¡¿Verdad?! Y recalcándolo, ¿Solo tú y yo, cierto?
– Por supuesto – Respondí, algo sorprendido. – Solo contigo haría esas cosas tan cursis, ven aquí amor.
Tomé a Ellie de la mano y me puse de pie, indicándole que hiciera lo propio, una vez lo hizo la atrapé con mis brazos alrededor de su espalda y la besé con ternura, fue un lindo beso, bastante romántico y delicado, aunque pude sentir algo de ansiedad por su parte, esto, uniéndose al resto de sus patrones de comportamiento anormal de las últimas horas re-abría nuevamente la posibilidad de que Ellie no se encontrara bien anímicamente, ¿Qué podría haberla hecho sentir mal? Aparentemente era algo que no podía contarme y que le hacía sentirse insegura y ansiosa…
– Eh… amor… – Murmuró Ellie. – Se nos va a hacer tarde… recuerda que habíamos acordado ya no… al menos no en las mañanas…
– Eh, yo no tenía planeado eso…
– ¿Entonces porque tú mano está ahí?
– Eh… ¿Ugah - Ugah?





 (2005, Texas)
– ¡Toc Toc! – Gritó alguien desde fuera.
– ¡¿Quién es?! – Exclamé.
– ¡Hey!
– ¿Hey qué?
– ¡HEY...NEKEN! – Gritó Feeney, abriendo la puerta con un giro espectacular y presentándose a nosotros con dos barriles en sus brazos. – ¡YA LLEGÓ LA CERVEZA HOLANDESA PAPÁS!
Junior, Anna, Mike, Nahomi y yo nos encontrábamos en mi casa preparando todo para la noche (bueno, en realidad, Mike y Nahomi estaban preparando todo, pues Anna se puso a dormir, Junior se puso a comer todo lo que había en mi alacena y yo estaba viendo televisión), en ese momento Feeney apareció para darnos la grata noticia de que el invitado principal ya había llegado, y por supuesto que no nos referíamos a Feeney.
– ¡Ese es mi Feeney! – Gritó Junior, que tenía la cabeza metida en mi refrigerador desde hace una hora ya. – ¡Eres como el Santa Claus de los adolescentes precoces!
– ¡Y hay otros dos y un regalo por mi cuenta en la cajuela de mi nuevo auto, cabrones! ¿Me ayudan a bajarlos?
– Por supuesto – Respondí. – Vamos, Junior.
Frente a mi casa, estacionado en la acera se encontraba un flamante BMW M GmbH 2004 color plateado, Junior y yo nos quedamos boquiabiertos, Feeney nos miraba con una radiante sonrisa de oreja a oreja.
– Ah, ¿No les he presentado a mi hijo? – Preguntó Feeney, sacando las llaves de su bolsillo. – Se llama Sebastián, salúdalos hijito no seas maleducado, estos dos perros son mis mejores alumnos, no por su desempeño dentro de las aulas, si no por su efectividad en castrar a la gente.
Feeney desactivó la alarma del auto para simular que “Sebastián” Nos saludaba, tanto Junior como yo corrimos hasta el auto y comenzamos a revisarlo de arriba abajo, fascinados.
– ¡Feeney no se pase! – Exclamé. – ¡Es precioso! ¡Es hermoso! ¡Puedo hacer el amor con él ahora mismo! ¡Dios mío!
– Si… sobre hacer el amor mejor no lo intentes… – Bufó Feeney. – Yo traté de hacerlo ayer y por poco me arrestan… la policía a veces se pasa con su moralidad, pero en fin… ¿Qué les parece el FeeneyMovil?
– ¡Es tan hermoso que no se lo merece! – Exclamó Junior, sentándose en el asiento del copiloto. – ¡Es tan cómodo y elegante!
– Es curioso que lo digas exactamente igual que mi esposa, pero bueno… después del triste robo de mi automóvil decidí consentirme un poco…
– ¿Con el dinero del seguro le alcanzó para comprarse esta belleza? – Pregunté. – No me la creo…
– Es bueno que no me creas porque no fue así, solo digamos que como están las cosas en mi familia ahora mismo, solo uno de mis 3 hijos podrá ir a la universidad…
– Bueh… ¿Pero lo vale, no?
– ¡De todas formas mis hijos son unos asnos! Así que, ¿Qué dicen? ¿Quieren que se los preste para dar una vuelta?
– ¡SÍ! – Gritamos al unísono, mientras dábamos pequeños saltos de ansiedad.
– ¡Pues que lastima, idiotas! –Se burló Feeney, carcajeándose como loco. – Tal vez cuando se gradúen, pero por ahora…
Feeney corrió hasta la cajuela del auto y nos indicó que le siguiéramos, tras abrirla girando la llave nos dejó nuevamente, boquiabiertos.
– ¡ESTA SERÁ LA FIESTA DEL AÑO!


(2010, Los Ángeles)
– ¿También nos llevaremos estos de aquí? – Pregunté.
– Oh, no, no, no… esos son como de la familia – Respondió Melmar. –  Solo lleva las cajas del suelo, la camioneta está en el estacionamiento, es la única camioneta con el logo de la liga de la justicia en los costados.
– ¿La liga de la justicia? – Pregunté. – ¿En serio?
– Eh… ya venía así cuando la compramos… – Mintió, avergonzado.
– Que remedio… – Pensé, levantando 4 cajas apiladas en el suelo. – Supongo que es para esta clase de trabajos que me han contratado… soy el burro de carga… el burro de carga de la liga de la justicia, aparentemente…
30 minutos después ya estaba todo sobre la camioneta y el local ya estaba cerrado adecuadamente con un cartel con la leyenda “Hoy no abrimos por razones que ustedes ya conocen, y si no las conocen, es porque en realidad esta tienda y sus artículos no le importan en lo más mínimo” escrita y pegada en la reja de seguridad, si mis cálculos no fallaban ya estábamos listos para irnos a enfrentar al dichoso evento de nerds, sin embargo, tanto Melmar como Ferguson me miraban con nerviosismo al momento en que jugaban con sus manos en señal de inseguridad.
– ¿Ocurre algo? –Pregunté. – ¿Por qué no nos estamos yendo?
– Es que…  – Murmuró Ferguson.
– ¿Es que, qué? – Interrogué, mientras movía mi playera por el cuello para contraatacar al calor.
– Bueno… eh…
– Melmar… Ferguson… – bufé, con impaciencia.
– Aún no llega Ruth…
Suspiré, profundamente, para hacer notar que mi impaciencia se estaba agotando.
– ¿Y porque tendría que llegar Ruth, siendo conocedores nosotros de que ella está en la escuela ahora mismo?
– Acabamos de llamarla para que viniera… – Respondieron los dos, mirando al suelo, cuando ambos miraban al suelo era una clara señal de culpabilidad, ya era oficial que había gato encerrado.
– ¿Y porque de pronto Ruth tendría que hacerles caso en abandonar la escuela para venir con nosotros a un Expo Comic?
– Porque… ella cree que fuiste tú quien la ha invitado…
– ¿Y porque creería eso Ruth? – Gruñí.
– ¡YA NO PUEDO SOPORTARLO! – Gritó Ferguson. – ¡HEMOS USADO UN SISTEMA DE FALSIFICACIÓN DE NÚMERO TELEFONICO PARA FALSIFICAR TU TELEFONO CELULAR Y LO HEMOS USADO PARA ENVIARLE UN TEXTO A RUTH DICIENDOLE QUE VINIERA!
– ¿Y por qué motivo la necesitan a ella aquí? – Pregunté. – Digo… si han llegado tan lejos arriesgando su integridad física seguro es porque hay una buena razón… ¿Me equivoco?
Melmar murmuró algo, tan bajito que no pude escucharle.
– ¡¿QUÉ DIJISTE?! – Grité.
– ¡Dije que la necesitamos para que se ponga el traje de la mujer maravilla!
– ¿La mujer mara… – Balbuceé. – ¡Un momento amigos! ¡Entiendo que se sientan solos y todo, pero eso ya es acoso sexual!
– Pero es que no tendría caso que fuésemos solamente Superman, Batman, Flash y la Chica Halcón, necesitamos al menos otra chica para no parecer tan incompletos… por eso le pediremos a Ruth que se disfrace de la mujer maravilla…
Ferguson me miraba avergonzado, el pobre imbécil no sabía que cada vez que abrían la boca solo terminaban confundiéndome aún más, su nerviosismo y falta de confianza como personas empezaban a crear una barrera de entendimiento.
– A ver… – Murmuré, tratando de calmarme. – Vámonos lento… ¿Quiénes van a disfrazarse y de que personaje lo harán?
– Yo seré Flash… – Murmuró Melmar, con timidez.
– Y yo seré Superman… – continuó Ferguson.
– ¿Y la chica alcohol? – Pregunté.
– Halcón – Corrigieron. – Una amiga de la universidad.
– Muy bien, eso nos deja con Ruth como mujer maravilla… ¿Quién será Batman?
Ambos me miraron, sonrojados.
– Hijos de…
– ¡Por favor, Zack! – Exclamaron los dos, al unísono.
– ¡NUNCA! – Exclamé.
– Pero eres de los tres el único que llena el traje de Batman – Se lamentaron los dos, nuevamente, al unísono. – ¡Por favor!
– Me niego.
– ¡Es una orden!
Levanté la mirada, con ira, Ferguson me miraba con severidad y los puños apretados, se le veía bastante valiente, bueno, así sería de no ser por sus rodillas temblando como si se tratara de un chihuahua encarando a un rottweiler.
– Ah, ¿Es una orden? – Desafié, mirándolo a los ojos.
– S… Sí… somos tus jefes y podemos ordenarte esto… si no lo haces…
– Si no lo hago, ¿Qué?
– Si no lo haces… nosotros… no… nosotros te…  te despediremos…
Abrí los ojos, impresionado por el repentino ataque de valor de Ferguson, me fue imposible contener una sonrisa de orgullo.
– Bueno… te has visto bastante autoritario ahí – Admití. – Te propondré algo… ¿Por qué no tratan de convencer a Ruth? Si ella acepta hacerlo yo también lo haré.
– ¡Trato! – Exclamaron ambos, emocionados.
– Pobres ilusos – Pensé.
Era simple, ¿Qué mujer en su sano juicio aceptaría vestirse con un traje tan sugestivo como el de la mujer maravilla frente a un montón de acosadores? Ruth, en el poco tiempo que llevaba de conocerla, me había demostrado ser la clase de chica que defiende la individualidad y la naturaleza de cada ser, es por ello, que estaba totalmente seguro de cuál sería su respuesta.
– ¡Genial! – Exclamó Ruth. – ¡Amo a la mujer maravilla! ¡Acepto!
– ¡¿QUÉ?! – Gritamos los 3, al unísono.
– ¿Por qué no? – Bufó. – ¡Su traje es genial! Además, ya me han sacado de la escuela así que no importa… entonces, ¿Dónde está el traje?
– Te está esperando en la expo comic – Respondió Ferguson. – Así como a Zack le está esperando el de Batman.
Subimos a la camioneta, Melmar y Ferguson pusieron sus raras canciones japonesas y en la parte de enfrente se pusieron a Rockear al máximo nivel, por mi parte, me indigné y guardé silencio en la parte de atrás, portándome seco con Ruth a causa de su decepcionante afición a disfrazarse.
– Vamos… ¿Piensas estar enojado todo el día? –Preguntó Ruth. – Si me hubieras dicho desde un principio que en mi respuesta recaía tú orgullo me hubiese negado desde un principio, ¿Cómo quieres que sepa que pasa por tú cabeza así como así?
– Da igual… – Bufé. – Igual en esta ciudad nadie me conoce… además, tú serás la mujer maravilla y por tal tendrás que ser novia de superman… en otras palabras, serás novia de Ferguson, ¡felicidades!
– Tú serás novia de un vampiro fronterizo – Se defendió Ruth.
– ¿Qué rayos es un vampiro fronterizo? – Pregunté, arqueando una ceja. – Bah, ya me enojé de nuevo…
– ¿Por qué estás molesto, Bruno Días? – Se burló Ruth.
Media hora después finalmente llegamos al centro de convenciones, donde cientos de freaks de todo tipo llegaban corriendo como si estuviesen en el paraíso, a un costado de la entrada, se llevaban a cabo duelos con espadas de luz interpretados por los más famosos personajes de la guerra de las galaxias, del otro lado, los amantes de viaje a las estrellas miraban con recelo y odio a la competencia, ya estando dentro, había varias filas para pedirle autógrafos a unos sujetos bastante feos y otros no tanto, pues había unas chicas bastante, bastante llamativas, Ferguson y Melmar no pararon de mencionar sus nombres, sin embargo, fue tan poca la atención que les puse que me es imposible transcribirlos a esta historia.
Ruth y yo nos sentíamos en un país extranjero, todo lo que había a nuestro alrededor era totalmente nuevo para nosotros, debo decir que en ese momento se me desarrolló un peculiar miedo a las botargas obesas del capitán América, miedo que hasta la fecha, no se me quita.
Finalmente llegamos a un cubículo con una mesa gris como base, donde una chica rellenita, morena con un rayo purpura pintado en su negra cabellera nos recibió con una sonrisa, abrazó a Ferguson y a Melmar con camaradería y luego me indicó amablemente en donde depositar todas las cajas que llevaba en mis brazos.
– Mucho gusto, tú debes ser Zack Mosh, yo soy Topanga – Saludó, dándome la mano. – ¡No tienes idea de lo mucho que me han contado Melmar y Ferguson de ti! ¡Te admiran como no tienes idea!
– Ah, ¿Sí? – Pregunté, con una sonrisa ególatra y dedicándoles una mirada burlona a mis jefes. – No tenía idea.
– No hablan de otra cosa que no sea de lo mucho que les enseñas, te agradezco mucho por cuidarlos.
– No hay problema – Respondí. – Después de todo me están pagando buen dinero por no hacer nada, así que no importa…
– Y tú debes ser la mujer maravilla – Observó, mirando a Ruth de arriba abajo. – Dios mío que cuerpazo te cargas… ¿Sabes? Si yo tuviera tú cuerpo la haría de mujer maravilla pero por desgracia me gusta comer mucho.
– Ah… – Murmuró Ruth, algo incomoda. – ¿Eh? ¿Cuerpazo? pues… a mí también me gusta comer… pero por más que lo haga no subo de peso…
– ¡Mucho cuidado con las palabras que escupes, amiga! – Exclamó Topanga, lanzándole una mirada de muerte. – En fin, ¿Por qué ustedes no cuidan del puesto mientras nosotras nos cambiamos?
– Por mí está bien – Respondió Melmar.
– Bien, entonces nos vamos.
Topanga tomó unas bolsas de plástico negras del suelo y se fue, no sin antes tomar la mano de Ruth y arrastrarla con ella, Ruth me dedicó unos ojos de borrego, como diciéndome “Sálvame, por favor”, por tal petición le devolví una mirada de “¡Soy Batman!”.
Mientras las señoritas regresaban, Melmar, Ferguson y yo sacamos todos los productos que habíamos traído con nosotros, un montón de tiras cómicas, algunas figurillas de acción y por supuesto, el avión de la película de King Kong, que según Melmar, sería la mejor venta de toda la convención en la sección de subastas.
Una vez completado este procedimiento, decidí que sería divertido atentar un poco contra los nervios de mis patrones, por lo que sin previo aviso me quité la playera y empecé a rebuscar en las bolsas de plástico que había dejado Topanga; ambos se congelaron.
– Aquí están nuestros disfraces, ¿no? Vamos a cambiarnos entonces…
– D… Debemos de cuidar el puesto hasta que las chicas vuelvan… – Balbuceó Melmar.
– ¿Quién dijo que teníamos que ir a cambiarnos al baño o algo así? Hagámoslo aquí, de cualquier forma, traen calzoncillos, ¿No?
P… P… eso es ¡exhibicionismo! – Exclamó Ferguson.
– Mientras no muestres a tu amiguito de abajo no habrá problemas… ¡Vamos! Hace poquito vi a un sujeto disfrazado de Hulk ¿y ahora me vienen a decir que les da vergüenza cambiarse en público?
Finalmente encontré el traje de Batman, era bastante pequeño y hecho de licra, me recordó al antiguo traje que usaba el batman de la serie de televisión de los 80´s, ese batman con barriga cervecera; no pude evitar soltar una carcajada.
– Ah, Vamos… ¡¿No llenan esto?! ¡Hasta Ruth podría llenarlo! Pero en fin… a ver…
Me desabroché los jeans y me deshice de mis zapatos, fascinado ante el pánico de mis acompañantes y encantado por las curiosas chicas mirando con disimulo en la lejanía y otras tantas un poco más de cerca y en primera fila.
– Mucho mirar pero nada de tocar – Pensé, esbozando una sonrisa de emoción. – Lo siento nenas.
Un par de minutos después ya estaba dentro del disfraz, solo faltaba ponerme la máscara, esta ultima era preferible dejarla de lado hasta que Melmar y Ferguson empezaran a presionarme por no llevarla puesta, no es por ser presumido (Aunque en realidad sí que lo soy) , pero en verdad me veía bastante bien; era como llevar una playera bien apretada para mostrarle a todos que has estado haciendo ejercicio, claro, con una capa de por medio, pero si estás en el expo comic…
Un rato más tarde, Topanga y Ruth volvieron ya vestidas con sus respectivos disfraces, voy a ahorrarme mis comentarios acerca de Topanga y voy a centrarme en la descripción de Ruth: Espectacular.
– Ahora vamos a cambiarnos nosotros – Anunció Melmar. – Cuiden bien la tienda, ya sabes los precios Zack.
– Si jefe, si jefe… – Bufé, algo decepcionado de que no se hayan animado a cambiarse conmigo. – Entonces… No sabía que la mujer maravilla fuese tan pelirroja y pequeña
– Bueno… no sabía que Batman fuese tan exhibicionista y barbudo… – Se defendió hábilmente la mujer de la soga mágica y el avión invisible.
– ¡Ah! – Exclamé. – ¿Estabas viendo mi escultural cuerpo? ¿Quieres saber mi secreto?
– ¿Esteroides?
– No, trabajo arduo, ¿Qué opinas?
Hice poses heroicas en secuencia, fascinado ante lo bien que se me veía el traje.
– Pues…. – Murmuró. – No eres tan espectacular como crees… ahora mismo se me ocurren 10 personas que podrían llenar ese traje aún mejor…
– ¿Eso te incluye?
– ¡Hey! ¡¿Insinúas que tengo cuerpo de hombre?!
  – Disculpen… señores batman y mujer maravilla… – Murmuró una tímida voz mi espalda, era un niño de unos 10 años. – ¿Puedo tomarles una foto?
– Eh…
– ¡Claro! – Asintió Ruth. – ¡Ponte la máscara, Batman!
Obedecí sin rechistar, pues sospechaba que aunque lo hiciera igual terminaría tomándome la foto, el niño nos tomó un par de fotos a mi y a Ruth solos y después se nos unió, alegre.
– ¿No quieres tomarte una foto con la chica Halcón? – Pregunté, cuando se despidió de nosotros.
– En realidad no… esa chica halcón da algo de miedo…
Miré en dirección a Topanga, que movía su arma medieval de un lado al otro mientras gritaba improperios ante un público sorprendido y claramente perturbado.
– Si… yo también empiezo a temerle. – Admití.
Unos minutos más tarde, Ferguson y Melmar regresaron, dándonos una interesante vista de lo que serían las cosas si superman y flash se volvieran anoréxicos y bulímicos, más no me dio tiempo de burlarme de ellos, pues apenas estuvimos juntos un montón de personas desearon tomarse fotos con nosotros, como dato curioso, casi siempre se nos pedía a mí y a la mujer maravilla tomarnos una foto juntos por separado, aunque no sabíamos el porqué de ello.
– Debe ser porque somos los que nos vemos más decentitos – Murmuró Ruth a mi oído, para no ofender a nuestros compañeros. – Más importante… ¿En verdad venden estas cosas a un dólar cada una?
– Acá entre nos – Respondí. – Juro que en las 5 semanas que tengo trabajando con ellos esta es la primera vez que en verdad vendemos algo, no recuerdo haber tenido un solo cliente en la tienda…
– Vaya… si siguen así las cosas pronto serás un desempleado de nuevo…
– Bueno… supongo que tengo que ir buscando algo mejor, ¿Sabes? Ya pronto empezaremos a tocar en la banda así que espero pronto llegar a los oídos de algún representante famoso o algo así… pero mientras tanto tengo que alimentar a mi mujer…
– Te entiendo… bueno, en realidad no… nunca he estado casada, pero lo veo como una responsabilidad en equipo, y siendo ustedes un par de soñadores, seguro trabajan al doble…
– Así es… de hecho desde que llegamos a Los Ángeles no hemos tenido tiempo de salir a ningún lado ni nada parecido… aunque hoy quedamos para salir, así que sin importar si esta cosa no se ha terminado, a las 7 yo me largo…
– ¡Que hombre! – Exclamó Ruth, burlona.
Pasaron las horas con fluidez, para ser un evento enorme donde todos andaban haciendo cosas raras y donde un bully podría sacar el dinero para sustentarse por un año entero con lujos innecesarios, era un lugar entretenido, no puedo decir que me sintiese como pez en el agua, sin embargo hacer cosas nuevas nunca está de más, cuando era chico nunca tuve tiempo ni interés suficiente como para abrirle paso a la tolerancia, así que me es imposible marcar este evento como una experiencia negativa, yo la clasificaría como “Instructiva”.
A las 4, Ruth se despidió anunciando que tenía que irse a trabajar, pedí permiso a Ferguson y a Melmar de retirarme junto con ella, pues ya todo estaba vendido y prácticamente solo faltaba entrar a las subastas para lo del avión, ellos, muy agradecidos me dejaron irme, no sin antes recordarme que era yo una gran persona por dejarme vestir de una forma tan ridícula; unos minutos más tarde, Ruth y yo ya caminábamos por un precioso y extenso parque contiguo al auditorio, donde también había varios locos luciendo sus disfraces y jugando todo tipo de juegos de mesa.
– Ha sido divertido, ¿No? – Preguntó Ruth.
– Bueno… no fue aburrido – Admití. – No me habían tomado tantas fotos desde la graduación.
– ¿También en la graduación ibas vestido de vampiro superhéroe?
No pude contestarle a Ruth, me quedé fascinado viendo a unas niñas pequeñas, una de unos 6 años y otra de unos 3 o 4 años como máximo, persiguiendo a un par de patos, que resignados, corrían del inminente acoso de las pequeñitas, ambos nos quedamos parados, mirando la simpática escena, de pronto, la más pequeña de las niñas perdió el equilibrio y cayó al suelo, rompió en llanto.
Ruth no esperó por nada, prácticamente corriendo fue al auxilio del doloroso llanto de la pequeñita, la puso de pie y le limpió su vestido, luego le revisó con cuidado su herida y tras un par de instantes de revisión, la niña estaba sonriente de nuevo.
Ruth se sentó en el suelo y comenzó a hacerles señas a las niñas que siguieran persiguiendo a los patos, sin embargo ellas prefirieron curiosear el peculiar color de cabello del que era poseedora mi amiga, me encogí de hombros y me acerqué hasta donde estaban ellas, mi presencia no pasó desapercibida por sus nuevas amigas.
– ¿Es tú novio? – Preguntó la más grande.
– No, no es mi novio – Respondió Ruth, sonriente. – Es un amigo, se llama Zack, díganle hola.
– Hola Zack – Saludaron las dos, al unísono.
– ¿Cómo te llamas tú, chiquita? – Preguntó Ruth, acariciando el cabello de la más pequeña.
– Katin – Respondió ella.
– Se llama Katherine – Explicó la mayor. – pero todavía no puede decirlo bien.
– Ah que bonito nombre, Katherine – Afirmó Ruth. – ¿Y tú cómo te llamas, linda?
– Yo soy Lilianne.
– Que bonitos nombres tienen las dos, ¿Dónde está su mamá?
– Está en la banca esa de ahí –Señaló la menor, donde una mujer observaba con curiosidad nuestra presencia, Ruth le lanzó un amable saludo, tranquilizándola.
– ¿Saben ustedes el cuento del patito del bosque? –Preguntó Ruth, tomando las manitas de las niñas y moviéndolas arriba y abajo.
– No – Dijeron, al unísono.
– Bueno, se los voy a contar… había una vez, en un hermoso bosque muy, muy lejano, una familia de patitos muy hermosos que vivían felizmente en un lago, la familia constaba de mamá patita, papá patito y dos bebés patitos, para llegar a casita ellos tenían que saltar 5 piedritas flotando en medio del lago, así que primero saltaba papá patito… 1, 2,3,4,5, luego le tocaba a mamá patita, 1,2,3,4,5, luego le tocaba a bebé patito 1,2,3,4,5, y por último le tocaba al otro bebé patito, que era el más chiquito de la familia, 1,2,3,4,5…
Ruth tenía a las niñas fascinadas, cada paso que daba cada pato movía sus manos en zigzag, como simulando a los patitos saltando las piedras, incluso yo empecé a reírme con ellas.
– Un día – Continuó. – Papá patito y mamá patita tuvieron que irse, más prometieron regresar, por lo que los dos bebés patitos prometieron esperarles en su misma casita en el hermoso lago, por lo que todas las mañanas salían de su casa, primero bebé patito mayor, 1,2,3,4,5, y luego bebé patito menor, 1,2,3,4,5, iban a comer a la orilla y luego regresaban, 1,2,3,4,5, y 1,2,3,4,5, un día, patito bebé mayor también se fue sin decir nada y patito bebé menor se quedó solo y muy triste… pero recordó que patita mamá y patito papá prometieron regresar… así que siguió esperándolos en la casita… todas las mañanas iba a comer, 1,2,3,4,5, y regresaba, 1,2,3,4,5, así lo hizo por mucho tiempo, hasta que un día, patito bebé mayor regresó a casa, aunque ya no era un bebé, ahora era patito mayor y le dijo que no volvería a irse de su lado, juntos cruzaron las piedritas hasta su casa y siguieron juntos por siempre, 1,2,3,4,5, y 1,2,3,4,5, fin.
– ¿Y mamá patita y papá patito regresaron? –Preguntó la niña pequeña, con un gesto triste.
Ruth guardó silencio un par de segundos, pero después le regresó una cariñosa sonrisa a la niña.
– Por supuesto que regresaron, lo prometieron, ¿Recuerdas? Bueno… ese fue el cuento del patito del bosque… espero les haya gustado… mi amigo y yo ya tenemos que irnos o se nos hará tarde a los dos… cuídense mucho niñas y cuidado con no caerse.
Las niñas se negaban a separarse de Ruth, más conforme fuimos avanzando tuvieron que despedirse, pidiéndole a Ruth que las visitara a su casa de vez en cuando, Ruth les dijo que si volvían a ese parque seguido, seguro se encontrarían de nuevo y con un abrazo de despedida corrió hasta alcanzarme el paso, donde caminó en silencio.
– Te viste muy tierna ahí – Murmuré. – Es una historia muy bonita… nunca la había escuchado…
– Mi mamá solía contármela… – Respondió, agachando la mirada por la fuerte pegada del sol, que en la dirección que íbamos, nos pegaba de frente. – Es mi cuento favorito… bueno… también me gusta mucho la cenicienta…
– Algún día me gustaría que me contaras ese… si lo cuentas la mitad de bien que contaste este… seguro será épico.
– Bueno, un día de estos te lo contaré… en fin… debo tomar el autobús unas calles a la derecha… ¿Puedes llegar solo a casa, no?
– Por supuesto – Respondí. –No te preocupes por mí, cuídate mucho y suerte.
– Gracias.
Ruth se perdió entre la multitud, dejándome una curiosa sensación, ¿Felicidad? ¿Confusión? ¿Cómo describirlo?

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