Lo Último

¡Amo a mi esposa! (Creo) (21/??)


Sobre sentirme agradecida, sobre la pizza quemada y sobre sentirme extraña en mi propia casa (Ellie)
(2005, Texas)
– ¿Eh? Lo siento… eh… no me gustan las fiestas.
Zack y Karla me miraron, petrificados, por un momento parecía que el mundo se congeló por la sorpresiva respuesta negativa, pude sentir muchas miradas acusadoras, y es que en cierta forma ya me lo esperaba; si en los pasillos todos hablaban de la fiesta privada de Zack Mosh, para todos, la fiesta del año, y de la cual solo 50 personas podrían disfrutar.
Mi respuesta puede haber sonado como una excusa para alejarme de Zack, sin embargo no fue así, de hecho era verdad, las fiestas no eran para nada lo mío; y tampoco es como si fuesen totalmente obligatorias o vitales, a fin de cuentas solo eran una simple reunión en la casa de un chico cuyos padres se fueron de viajes de negocios en donde ponían un poco de música y de alguna forma conseguían alcohol para esperar que con este las chicas bajábamos la guardia, en otras palabras, no es más que un campo de cacería.
– Eh… – Murmuró Zack, con la boca abierta. – ¿Qué dijiste? Me pareció escuchar que dijiste que no…
– Así fue – Afirmé. – la verdad no me gustan las fiestas entonces…
Zack trató de leer mi rostro, ser observada por sus penetrantes ojos azules me incomodó un poco, tanto así que bajé la mirada pasados unos instantes, Zack aprovechó esta baja de guardia para depositar dos pulseras negras en mi mano con un choque de palmas, luego con sus dedos cerró mi puño y le dio un par de palmaditas.
– ¿Por qué no lo piensas? – Preguntó, ahora cubriendo mi puño con sus manos. – Si te veo por ahí significará que cambiaste de opinión, y si no es así… supongo que no te gustan las fiestas.
– Pero… solo hay 50 invitados y desperdiciar dos pases es…
– No te preocupes – Interrumpió. – No estoy desperdiciándolos.
Zack me guiñó el ojo y se fue caminando con paso relajado, pronto, Anna y Junior le siguieron, aunque este último se detuvo un momento para saludar a Karla y decirle algo extraño.
– El súper equipo surfista químico materialistico de la oveja asesina aún necesita tres ninjas, tienen potencial, la juerza fuerte es en ustedes.
Y dicho esto, se alejó, con paso perdido y seguro, perdiéndose dentro de las puertas de la cafetería, donde seguramente Zack y Anna le esperaban, rodeados de sus nuevos admiradores.
– ¿Qué fue eso? – Pregunté a Karla, que aparentemente comprendía a Junior el doble de lo que una persona normal hacía.
– No tengo idea… – Admitió. – Pero que guapo es… ¿Verdad?
– Es atractivo… pero eso no le quita lo raro… por no mencionar que es algo aterrador si de seguir las ordenes de Zack se trata ¿Recuerdas como le pegaba a Rocko en el rostro para que no pusiera resistencia?
– Ahora que mencionas a Zack… – Murmuró Karla. – ¿Puedes explicarme lo de hace unos segundos? ¿Por qué de pronto Zack viene y te invita a la fiesta del año? No sabía que ustedes fuesen tan cercanos…
– No lo somos – Respondí. – y lo sabes… lo poco que sé de Zack es lo poco que te conté y lo que vimos juntas en el parque…
A mi mente volvió aquella escena en el parque, cuando yo estaba más segura de que Zack era una pésima persona, un delincuente sin remedio y alguien con quien no tenía caso socializar y cuyo mejor remedio a sus despreciables actos era la indiferencia… este terminó hablando con su corazón abierto y provocó un vuelco de confusión en mi mente, en ese momento era imposible para mí decir que imagen tenía de Zack Mosh.
– Ahí sí que se vio genial, ¿Eh? – Preguntó Karla, arqueando una ceja, con tono juguetón. – ¿No sentiste maripositas en el estomago?  ¿No sentiste como entró y se robó tú corazón?
– ¡Para nada! – Exclamé, sobresaltada. – ¡Nadie está cerca de robarse mi corazón en este momento! Es más, ¡De todos los que están lejísimos de robárselo el sería el más lejano! ¡Va en último lugar!
– ¿Quién va en último lugar? ¿De qué hablan?
Steven, un chico bajito con un lindo cabello rizado color castaño claro y con gafas de armazón nos miraba con curiosidad.
– Ah, hola Steven – Le saludó Karla. – ¿Dónde te habías metido todo este tiempo? No vas a creer todo lo que ha pasado… Ellie se ha hecho gran amiga de Zac…
– ¡Zackarías! – Exclamé. – De Zackarías el chico Amish que viene a vender queso de vez en cuando a mi casa, ¡he aprendido mucho de la cultura Amish gracias a él!
 – ¿En serio? – Preguntó Steven, abriendo los ojos, impresionado. – ¿Cómo que cosas? A decir verdad yo soy un apasionado de las culturas diferentes, y la Amish es una de las que considero más misteriosa y conservadora, de hecho tenía entendido que no hablaban más que con su gente… aunque eso es un poco hipócrita, digo, vienen a vender queso… aparentemente.
– Eh… si… bueno… – Balbuceé. – Verás, me enseñó que los Amish se levantan muy temprano en las mañanas para ordeñar vacas y… hacer quesos.
– Interesante…. – Murmuró Steven. – Aunque ya me lo imaginaba de esa forma… ¿Qué más?
– Eh… de hecho Karla y yo ya tenemos que irnos a clase… ¿Sabes? No queremos llegar tarde así que…
– De hecho no es tan tarde aún… – Interrumpió Karla, con una sonrisa malévola. – Puedes seguir contándole a Steven de todo lo que aprendiste de la cultura Amish con Zackarías por unos 5 minutos más.
– NO Karla, tú y yo tenemos que irnos ya… esta conversación se pospone hasta después, ¡Adiós, Steven!
Tomé a Karla por la mano y escapé hasta el aula de literatura, donde tendríamos tiempo libre para trabajar en las ya anteriormente mencionadas obras, de las cuales, solo la nuestra sería original y doblemente revisada.
– ¿Por qué me haces eso? – Pregunté, hiperventilando. – Sabes que Steven odia a Zack, ¡no puedes andar contándole por ahí a todo el mundo que somos los mejores amigos!
– Es solo que pensé que no te gustaría mentirle… digo, ¿Crees que no se enterará que fuimos invitadas a la fiesta VIP? Todos están hablando de eso… de hecho, no me sorprendería que ahora todos supieran que fuiste personalmente invitada por Zack…
– Lo dudo – Aseguré. – Está bien que Zack ahora sea como una estrella de Rock pero…
– ¡CHICAS! – Gritó una voz femenina desde la puerta, era Romy, que nos miraba con una gran sonrisa de emoción. –  ¡Me ha dicho el conserje Hank que Zack Mosh las invitó a su fiesta y que Ellie se negó rotundamente pero que el de forma muy sexy le puso las pulseras en su mano y se la cerró lentamente mientras sus ojos se miraban con lujuria y pasión desenfrenada! ¡¿Es cierto?!
– Eso fue exactamente lo que pasó… – Se burló Karla, con una mirada coqueta.
– ¡Mentira! – Chillé. – Bueno, si le dije que no quería ir… y si me puso las pulseras en la mano y me la cerró lentamente… y si nos vimos por un ratito pero… pero no fue con lujuria ni pasión desenfrenada…
– Pero aun así… – Continuó Romy, mientras se sentaba frente a nosotras. – ¿Por qué le has dicho que no irías? Es la fiesta del siglo, ¿Sabes? ¿No hablas siempre de estar en los reflectores y cosas así? Bueno, una buena forma de hacerlo es estar en la fiesta VIP de Zack Mosh…
– Hay de reflectores a reflectores… – Expliqué, avergonzada de que ambas me miraran con seriedad. – yo sueño con Broadway… Hollywood… no con el cine porno… ¿Me explico? Además, Zack Mosh y yo no somos amigos ni nada parecido… no sé porque me ha invitado… en todo caso solo se me ocurre pensar que me ha invitado para que así Junior pueda pasarla con Karla…
– ¿Y que si no es así? –Preguntó Karla, que aparentemente había decidido abandonar su modo juguetón para entrar en “modo Mamá”. – ¿Qué tal si en realidad Zack está interesado en ti?
– No, no… – Negué con la cabeza. – Eso es imposible…
– Ellie… Zack robó un burro de una reserva de animales y lo usó para noquear a un bully, ¿No te das cuenta de que para hablar de Zack y de sus amigos se debe de redefinir la palabra imposible?
Guardé silencio y fingí estar hojeando mi libro de literatura, tontamente esperanzada en que ellas se comieran mi patético intento de escape y creyeran que en realidad tenía ganas de ponerme a trabajar.
– ¿Y bien? –Preguntó Romy. – ¿Irán a la fiesta o qué?
– Yo no iré… – Murmuré, en tono débil.
– Yo no puedo ir si Ellie no va conmigo… – Se lamentó Karla, desviando la mirada a la puerta. – Es una lástima… ¿Sabes? A mí en realidad me gusta mucho Junior y quisiera verlo fuera de la escuela…
Romy me miró con reproche, acusadora; como diciéndome “Eres la peor persona que ha existido en la humanidad, mira que quitarle el amor a tú mejor amiga por un simple prejuicio”, ¿O quizá fui yo quien me dije eso a mí misma?
Después de que Zack rechazara a mi hermana y se perdiera en las calles residenciales que rodeaban al parque, Karla y yo volvimos a la escuela, pues seguramente tanto Charlotte como la madre de Karla estarían esperándonos impacientemente en el estacionamiento, mientras nos dirigíamos a dicho lugar a la distancia pude ver como Chelsea caminaba en dirección a control escolar, todo parecía indicar que había decidido hacerle caso a Zack con la orden de comprarme un nuevo uniforme, en ese momento me sentí extrañamente en gratitud con él, pues el buen accionar de mi hermana en pro a mi persona no era más que el reflejo del cariño y admiración que ella sentía por él, y más tarde, cuando mi hermana llegó a casa, tocó la puerta de mi habitación y con la mirada gacha me entregó un par de uniformes de animadora, empaquetados con un fino plástico sellador, explicándome que había perdido mis otros dos uniformes y que por eso había decidido comprarme otros, luego, muy a su modo me invitó al cine el sábado entrante, con la excusa de que quería ver una película muy buena pero que mamá la había obligado a invitarme para no tener que estar al pendiente de ella, nuevamente me sentí agradecida en grandes proporciones a Zack, apenas cerré la puerta de mi habitación me fue imposible contener el llanto, no supe encontrarle el significado a mis lagrimas, ¿Gratitud? ¿Alegría? ¿Alivio por penar que quizá podría ganarme una hermana gracias a todo lo ocurrido?
Supongo que en cierta forma se podría decir que estaba en deuda con Zack por todo lo que había hecho, no podía decir que era su más grande admiradora y tampoco alegar que éramos amigos… sin embargo se podría decir que me inspiraba a respetarlo.
– Está bien… Karla… – Bufé. – Vayamos… solo porque sé que quieres pasar tiempo con Junior y porque quiero agradecerle a Zack lo que ha hecho…
(2010, Los Ángeles)
¿Les ha pasado que tienen un día muy difícil y sin embargo se encuentran de pie y con una sonrisa de oreja a oreja, siendo conocedores de que cuando lleguen a la comodidad de su casa todo mejorará? Ese día, Trabajé doble turno, caminé como loca por horas y gasté una gran cantidad de dinero, y sin embargo, estaba feliz, pues sabía que al final valdría la pena, Zack y yo tendríamos una romántica cena parecida a las de las mejores películas de romance, con vino y queso de alta calidad… bailaríamos melodías lentas con la luna como única testigo, nos acurrucaríamos en la cama y reviviríamos todos nuestros bellos momentos juntos para cerrar la velada perfecta haciendo el amor, nada podía salir mal ante tan perfecto plan.
– ¡No seas pasado, Zack! ¡Si sigues diciendo eso va a creer que en serio me huelen! ¡Hola Ellie, Cuanto tiempo! ¿Cómo estás?
¿Se me podía culpar por haberme sorprendido, desilusionado y molestado en ese momento? ¿Realmente una chica, como esposa, tenía que planear sus veladas con la posibilidad de que su marido  invitara a la chica del otro lado del corredor para darle un masaje en los pies en mente? ¿Una mujer casada realmente tiene que considerar a la vecina de piso como una visitante común? ¿Estaba mal ser egoísta y grosera cuando en realidad tendría que haberle dedicado una sonrisa y saludarla con alegría?
Es cierto que durante la primera semana Zack y Ruth socializaron mucho, sin embargo, cuando Zack se estabilizó en la banda y en el trabajo supuse que ya no sería necesaria su presencia en cada actividad que Zack llevara a cabo, y de hecho así fue, Zack nunca volvió a hablar de ella ni a fintar con buscarla a la hora de ir a explorar algún sitio desconocido en la ciudad, ¿Por qué tan de pronto aparecían con lazos tan fuertes que incluso hay masajes de pies de por medio? De hecho, pensándolo con un poco más de lógica, ¿Qué clase de amigos se dan masajes de pies entre ellos?
– Voy a ducharme… – Anuncié. – Además… ¿Están cocinando algo? Huele a quemado…
– ¿Quemado? – Preguntó Zack, poniéndose de pie. – ¡LA PIZZA!
Zack corrió en mi dirección y con un pequeño giro de caderas me esquivó para entrar a la cocina, donde apagó el horno y lo abrió con desesperación, de adentro del mismo comenzaba a salir humo negro, Zack se puso a toser.
– ¡Rayos! Yo que quería sorprenderte, amor… Ah, y tienes suerte, Ruth, ¡resulta que el olor a queso quemado no era tuyo!
– ¡Ya lo sabía, baboso! – Respondió ella, carcajeándose. – ¿Cómo pudiste olvidar que tenías una pizza en el horno?
Me encogí de hombros y mostrando indiferencia a la situación me encerré en el baño, desde adentro pude escuchar como Zack y Ruth se carcajeaban de la situación, para poner el embrollo más divertido aún, parece que Ruth se levantó de donde se encontraba y fue hasta la cocina, donde se resbaló y golpeó a Zack contra la puerta del horno, todavía caliente, ambos se carcajeaban como locos; abrí el agua caliente y el agua fría a máxima potencia para evitar escucharlos, solo tenía que durar una media hora en la ducha, así, al salir, ella ya no estaría y el plan de la velada perfecta podría realizarse.
Así lo hice, me relajé y dejé que el agua caliente se encargara de relajar toda la tensión creada durante todo el día y especialmente apenas hace unos minutos, salí envuelta en una toalla, crucé hasta nuestra habitación y me dispuse a vestirme lo más atractiva posible, sin embargo unas risitas alegres me hicieron comprender que Ruth seguía en casa.
Me puse un vestido sencillo que solía usar para pasearme en comodidad por el departamento, me cepillé un poco el cabello y me lo até con una coleta sencilla, aún húmedo, y salí a la sala, ambos estaban sentados en la mesa, charlando animadamente mientras Ruth meneaba con un tenedor de dos puntas el contenido de la estufa que yo recién había comprado.
– ¿Qué tal tú baño, amor? – Preguntó Zack, ofreciéndome la silla al lado de Ruth. – Decidimos sorprenderte, así que le pedí a Ruth que cocinara lo que has traído, ¡Siempre quise probar el Fondue!
– Ah, gracias, Ruth… – Murmuré, incómodamente.
– No hay de que, Ellie – Respondió ella, radiante y con una sonrisa llena de amistad. – Le estaba comentando a Zack que el pan que has traído sirve pero si se come con carne es mejor aún, por lo que ya estamos calentando unas chuletas en la cocina ahora mismo, solo espero que a Zack no se le vuelvan a quemar, ya vez que el pobre quema todo…
– ¡No me vas a dejar nunca por lo de la pizza! ¿Eh? Se me hace que mientras comemos voy a patearte el tobillo por accidente unas cuantas veces…
– ¡No importa, gracias a la súper pomada de Junior ya estoy bien!
– ¿A que es mágica? – Preguntó Zack, sonriente.
– ¡Tienes razón! ¡Es impresionante! Debes contarme como fue que la fabricó.
– Ah, pues verás…
¿Qué era esta extraña sensación de sentir que no pertenecía a ese lugar aún estando en el lugar que hasta hace unas horas reconocía y me hacía sentir como mi hogar?

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