Lo Último

¡Amo a mi esposa! (Creo) (11/??)

Sobre el chico que cantó Rockstar, sobre la alianza que este mismo sostenía con el subdirector y sobre el loco de las alfombras(Ellie)
(2005, Texas)
Si ignoráramos las MUY frecuentes miradas venenosas de Sophie tendríamos como resultado una vida estudiantil perfecta; por las mañanas, Charlotte pasaba por mí y me soltaba innumerables avisos y consejos, advirtiéndome que las audiciones para entrar a las animadoras se acercaban y que era ya hora de que comenzara a preparar una rutina de menos de 2 minutos en la que me asegurara de mostrarle a la entrenadora mi buena figura y estado físico, durante esas charlas yo me encargaba de tranquilizarla y asegurarle que tenía todo bajo control; por supuesto, ¿Cómo no iba a ser así? Había estado esperando por esas audiciones desde el inicio del curso y por nada del mundo pensaba echarlo a perder por algo tan simple e irresponsable como la falta de preparación.
Al llegar a la escuela, Charlotte y yo nos separábamos; ella se perdía entre el mar de chicos que siempre la esperaban en el basurero en el costado derecho de la entrada principal y yo entraba al edificio; una vez ahí solo era cuestión de buscar a Karla, quien siempre me esperaba al lado de los bebederos, me daba los buenos días, halagaba mi atuendo y yo hacía lo propio, una vez listo ese ritual: ambas caminábamos juntas a clases.
Durante todas las lecciones nos apoyábamos mutuamente, si una de nosotras se trababa en algo no continuábamos hasta que lográbamos hacerla entender, esto, por supuesto no pasaba con frecuencia, pues nuestro desempeño era notable a tal punto que seguramente éramos las mejores en la clase.
Nuestro nuevo grupo de amigas, era altamente unido, sin embargo; fue inevitable que se crearan ciertas preferencias entre quienes lo conformábamos; Karla y yo terminamos volviéndonos inseparables,  mientras que Romy y Jacqueline hicieron lo propio; así que, aunque ante sobre todas las cosas éramos nosotras 4 un equipo, en caso de salir algún secretillo, chisme, o necesidad de ir a comprar algo, Karla y yo nos volvíamos un dueto.
También se encontraba, por supuesto mi otra gran amistad e importante participe en lo que era mi vida estudiantil y juvenil, Steven; que, por estar en distintas clases solo podía verlo durante el almuerzo, sin embargo, todos los días nos enviábamos mensajes o charlábamos por Messenger, platicando generalmente de los profesores, de nuestros problemas dentro de la escuela, y cosas de este tipo, rápidamente encajamos a la perfección, pues ambos teníamos cierta seriedad en cuanto a lo que es la vida, Steven siempre estaba pensando, analizando, profundizando sobre todas las posibilidades; cosa que yo consideraba bastante linda; sin embargo, cada vez se le notaba más frustrado y molesto con un tema en especifico, aparentemente a Steven le molestaba que el resto de los estudiantes siempre siguieran, aplaudieran e idolatraran al famoso “Payaso de la clase”; esta desesperación guiada en especifico a un tal “Zack Mosh”.
– ¡No entiendo como no lo han expulsado! – Solía quejarse, al menos una vez al día mientras almorzábamos.
– No te preocupes por él. – Solía decir yo. – No te preocupes por esa clase de pequeñeces que así es durante toda la preparatoria; pero al final, todos reciben lo que se merecen.
Esa era mi vida escolar; bastante agradable, debo agregar.
– ¿Entonces, no tienen planeado unirse a ningún club o algo? – Pregunté; antes de llevarme un bocado de ensalada a la boca.
– No. – Respondió Jacqueline, fiel a su estilo discreto y de pocas palabras.
– Mucha flojera – Respondió Romy. – Ustedes son delgadas y por eso pueden ser animadoras sin problemas… pero yo… prefiero simplemente ser una estudiante ociosa más.
– No digas eso, Romy. – Respondió Karla. – En las animadoras no importa cuánto peses, siempre y cuando tú desempeño sea notable.
– Bueno, ese es otro problema. – Repuso Romy. – Igual tengo la gracia de una gallina… no importa realmente…
– Bueno, – Me interpuse. –  yo creo que si te unieras a los entrenamientos privados que Karla y yo estamos haciendo a diario en su casa, podrías presentar algo interesante a las capitanas, pero como gustes.
– Es cierto… – Bufó Steven, que en todo el rato no había abierto la boca, por estar perdido en sus pensamientos; como solía hacer. – Ustedes dos van a audicionar, ¿Cierto? ¿Cómo va eso y cuando es la audición?
– Bueno… – Respondió Karla. – Las audiciones son pasado mañana a las 11 y mejor no podríamos ir, ¡tanto Ellie como yo somos demasiado buenas!
– Les deseo mucha suerte. – Repuso Steven, dedicándonos una tierna sonrisa.
– Muchas gracias. – Respondí. – Por cierto, ¿Tú vas a audicionar al equipo de baloncesto, cierto?
– Así es… las pruebas son en el gimnasio, igual que ustedes, solo que serán a las 2 de la tarde y a diferencia de ustedes, nosotros tendremos abierta la entrada al público, pues habrá un partido de exhibición entre los miembros del equipo y los aspirantes.
– ¿Quieres que vayamos a animarte? He escuchado que van a hacer un partido contra los miembros del equipo.
– ¡Sí! ¡Definitivamente iremos! – Gritó Karla, perdiendo un poco esa conocida compostura y madurez que le caracterizaba. – ¡Esta mañana me he topado un chico súper guapo y me ha dicho que va a participar en la función y me ha invitado! ¡NO PUEDO PERDERMELO!
–  ¿Ah sí? –  Preguntó Steven. –  ¿Quién  era? Sí es aspirante a entrar al equipo seguro lo conozco.
 – Bueno, no sé cómo se llama; solo pudimos hablar un poco, pues él parecía tener prisa; era rubio, ojos azules, súper apuesto…
– ¿Rubio? – Preguntó Steven. – Estoy casi seguro que no hay ningún rubio aspirante.
– Bueno, tal vez era miembro del equipo titular. – Bufé. – El caso es que será divertido… ¿No te molesta si vamos a echar un vistazo?
– ¿Por qué no? –  Respondió, alegre. –  Estaré algo nervioso pero…
– ¡No te preocupes! – Animé. –  ¡Yo sé que lo harás genial!



(2010, Los Ángeles)
 – ¿Entonces, señorita? ¿Es o no es una alfombra mentirosa una vez dicho todo lo anterior?
– Señor… – Me disculpé. – Lamento decirle que yo soy solo quien vende las alfombras y…
– En realidad no era una pregunta señorita, la respuesta es más que obvia.
– ¿Señor? – Pregunté, algo confusa y empezando a mostrarme malhumorada.
– ¿Debo explicarlo de nuevo? – Preguntó, en un tono impaciente que claramente tendría que estar siendo usado por mí. – ¡El slogan de esta alfombra persa es “Muy cómoda, comodísima para gente que le gustan las cosas cómodas y comodísimas”  cuando claramente no es para nada cómoda! ¿No siente usted que está haciendo mal su trabajo al venderme a mí material de tan mala calidad moral?
– Señor, esta tienda solo distribuye las alfombras…
– Claramente así es. – Respondió el hombre, sobándose la calva. – Pues ya se ve la falta de valor que tienen al tolerar las mentiras de una de sus distribuidoras, ¡Debería avergonzarse!
– Lo siento. – Me disculpé.
– No basta con disculparse… ¡Las alfombras son cosa seria señorita!
– ¿Entonces, va a hacer una devolución?
– ¿Devolución? ¿Por qué haría eso?
– Bueno… ¿Usted compró algo de este tipo de alfombra y no ha quedado satisfecho, no?
– En realidad… no he comprado nada aun, solo le estaba diciendo lo mal que hacen al vender este tipo de alfombras.
– Señor…  ¿Quiere usted decir que me tuvo 1 hora escuchando sus quejas sobre una alfombra que ni siquiera compró o piensa comprar?
– Aquí el punto no es comprar o no comprar señorita. – Explicó el hombre, nuevamente, acariciándose la calva. – ¡Es sobre el amor a las alfombras!
– Señor… ¡1 HORA! ¡1 HORA CONTANDOME LA HISTORIA UNIVERSAL DE LAS ALFOMBRAS PERSAS!
– Historia universal de las alfombras persas que usted claramente no conocía. – Se defendió. – Creo yo que es información que un buen alfombrero debe de conocer.
Estaba a punto de estallar, iba a insultarle, tal vez incluso iba a golpearlo, ¿Qué clase de loco entra a una tienda y empieza a regañar a un empleado cuando ni siquiera ha comprado nada? Era precisamente el tipo de personas con el que no tenía caso si quiera gastar energías, sin embargo, ¿Por qué no perder un poco de energías metiendo su cabeza dentro de un cilindro de alfombras turcas?
– Déjeme decirle, señor que es usted un hijo de…
Estaba yo a punto de sacar las garras cuando de pronto mi celular me alertó de la llegada de un mensaje; apenas vi el remitente toda la ira se fue, obviamente, era Zack:
“¡Hola, amor! ¿Cómo estás en tú primer día? ¡Espero todo vaya de lujo! ¿Sabes? Hoy más que nunca siento que todo nos irá bien, todo eso, gracias al apoyo que me diste en la mañana… ahora entiendo que esta nueva aventura es como un monstruo que como pareja debemos de domar y montar, recuerda que te amo más que a nada en esta vida, ¿Bien? Siempre recuérdalo, juntos saldremos adelante… ¡Adiós!”
– ¿Señorita? – Preguntó el sujeto, algo impaciente. – ¿Se encuentra bien?
– Ah, si… le decía, es usted un hijo de alfombrero ¿Verdad? Es que su conocimiento es notablemente amplio.
Notable cambio en mi estado de ánimo, estaba a punto de cometer un intento de homicidio y ahora me encontraba de tan buen humor que incluso podía escuchar todas las historias estúpidas sobre alfombras habidas y por haber, y de hecho lo hice; pues el hombre se aprovechó de mi sonrisa de tarada enamorada para arrastrarme por todo el establecimiento; lo curioso, es que aunque Zack me hubiese enviado un simple “Quiero huevos para la cena”, probablemente el efecto hubiese sido el mismo.


(2005, Texas)
– ¡Otra que sale llorando! – Exclamó Karla.
– Ya van 3 con ella. – Murmuré, claramente nerviosa. – Eso significa que las capitanas son exigentes y encima te critican.
– Empiezo a emocionarme, ¿Tú no? – Preguntó.
– ¿Respondería a tú pregunta si dijera algo como “Demonios, me largo de aquí”? Porque estoy a nada de hacerlo.
– ¡Tranquila, Ellie! Estaremos bien, mira que nos hemos esforzado demasiado estos días como para dejarlo solo porque unas cuantas tipas se pusieron a llorar.
Nos encontrábamos sentadas en unas bancas de cemento ubicadas exactamente frente a la entrada trasera al gimnasio, reunidas junto al resto de las aspirantes, ya habían entrado muchísimas chicas y ninguna tenía rostro alegre al salir, clara señal de que su audición no había sido lo suficientemente convincente para las dos capitanas: Elizabeth Turf y Helena Mide.
– Sabes… Karla… he escuchado por unas chicas cuando veníamos por aquí que Helena era una chica súper cruel…
Agaché la cabeza y traté de despistar mi inseguridad entreteniéndome con una hormiga que luchaba por llevarse una ramita del suelo.
– Pero ella es solo la sub capitana, cariño. – Me tranquilizó Karla, sin perder siquiera una pizca de ánimo en esa sonrisa inquebrantable. – Al final es Elizabeth quien va a elegir, ¡Así que no te preocupes por pequeñeces!
– Tienes razón… creo que si pienso mucho en ello voy a terminar por dar una mala actuación.
– Ya estás entendiéndolo, cielo. – Respondió Karla, acariciándome el cabello. – ¡Tranquila! Aunque empiezo a impacientarme que aun no nos llamen, ¿Tú no?
La puerta trasera nuevamente se abrió de par en par, dejando salir a otra chica llorando.
– ¡KARLA RODRIGUEZ! – Gritó una tremenda voz femenina desde dentro del gimnasio; antes de que se cerrara la puerta.
– Ah, ¡Qué casualidad! – exclamó Karla. – ¡Deséame suerte amiga!
Abracé a Karla con fuerza y le solté unas ligeras palmaditas en su cabeza.
– Suerte amiga, ¡Déjalas sin habla!
Karl a se perdió dentro del edificio, no sin antes dedicarme una sonrisa tranquilizadora; eso al menos fue suficiente para mantenerme tranquila por 5 minutos, hasta que la vi salir con una expresión muy seria.
– ¡ELISA CLEARWATER! – Llamó la autoritaria voz.
– ¿Karla? ¿Cómo te fue? – Pregunté, acercándome a ella rápidamente, obviamente preocupada y temerosa por ese gesto seco en su mirada.
– Te espero aquí afuera –Murmuró, sin gesticular. – Tú puedes, Ellie.
Karla se liberó de mi marcaje y se fue a sentar a donde estábamos anteriormente; dejándome aturdida, nerviosa y tremendamente en pánico; sin embargo, no era el momento como para dejarme caer, pues era el momento de la verdad, había estado esperando mucho tiempo para entrar a las animadoras en la preparatoria y si fracasaba en esa actuación claramente esos planes terminarían estropeados, lo cual me llevaría a pensar cosas como “Si no soy capaz ni de entrar a las animadoras ¿Cómo espero yo llegar a ser una actriz?” y esos pensamientos me llevarían a terminar como mi tía Martha, anciana, soltera y con muchísimos gatos; en pocas palabras: En esta actuación estaba mi destino.
Abrí las puertas del gimnasio e ingresé con decisión, al centro de la cancha de baloncesto se encontraba una mesa con un par de chicas vistiendo el uniforme de las animadoras sentadas tras ella, hacían anotaciones sin mirarme.
Una era rubia con unos carnosos labios carmesí, mientras que la otra tenía un precioso y brillante cabello negro  y unos ojos verdes profundos e intimidantes; ambas tenían una piel blanca y hermosa, en resumen y como se esperaría de las capitanas, dos completas bellezas.
– ¿Elisa Clearwater? – Preguntó la rubia, con un tono alegre y maduro; claramente no era ella quien llamaba a las aspirantes.
– Así es. – Respondí, decidida.
– ¿Por qué quieres ser animadora? – Preguntó, arqueando una ceja y esbozando una simpática sonrisa tranquilizadora que me hacía saber que no era mi enemiga.
– Bueno… – Pensé. – Ha sido mi sueño desde siempre, brillar, formar un equipo, amo el trabajo físico y creo que las acrobacias son una de las cosas más hermosas y dific…
– Bueno, bueno. – Interrumpió la chica del cabello negro; sin siquiera mirarme a los ojos. – ¿Vas a hacer alguna rutina o necesitas que te digamos que hacer?
– Eh… de hecho he estado practicando algunas acrobacias que creo que pueden mostrar lo que puedo hacer…
– Veámoslas. – Me retó, esta vez mostrándome de lleno sus potentes ojos esmeraldas.



(2010, Los Ángeles)
– Un placer charlar se alfombras con usted, señorita… eh…
– Mi nombre es Ellie Mosh, señor; soy la señora Mosh.
– Ah, un placer charlar con usted, señora Mosh, nos vemos mañana.
El hombre calvo abandonó el establecimiento dando saltos de felicidad y con un brillo alegre reflejado por el brillante sol sobre su vasta pelona, viéndolo desde el punto de vista irónico, el sujeto en si era todo un personaje de curiosidades; lastimosamente tuve que soportarlo por 4 horas.
– Ma… ¿Mañana? – Murmuré, aterrorizada.
– ¡Ellie, cariño! – Me llamó la inconfundible voz de Javier a mis espaldas. – ¡Lo lograste! ¡No me la creo!
 –Ah, hola, Javier, ¿Dónde estuvieron todas estas horas?
– ¿Bromeas, verdad? –Preguntó, soltándome un manotazo juguetón. – ¡Obvio estuvimos escondidos! ¡SHIRLEY YA PUEDES SALIR!
– ¡¿Ya se ha ido?! – Gritó Shirley, que salía a gatas del cuarto de intendencia.
– ¿Quieren decir que él viene con regularidad? – Pregunté.
– ¡Viene T O D O S L O S D Í A S! – Respondió Javier, expandiendo sus manos para crear drama en la escena. – ¡Es más pegajoso que Disney con Hillary Duff!
– Parece que le encantan las alfombras. – Complementó Shirley, erguiéndose para estar a nuestra altura, ya sintiéndose en territorio seguro. – No para de hablar de ellas durante 4 o 5 horas y luego vuelve a su casa, es uno de los tantos locos que viven por aquí por Los Ángeles.
– ¡Vaya, pues gracias por advertirme! – Exclamé, seriamente decepcionada; pues hasta hace unas horas para mi ellos eran probablemente quienes me guiarían con su experiencia y resulta que prefirieron lanzarme al precipicio. – ¡Debieron rescatarme!
–  Lo siento cariño. –  Se disculpó Javier, en un tono alegre que no reflejaba la más mínima gota de arrepentimiento. –  Pero al menos ya lo sabes, si ves al calvo Ned mejor escóndete donde puedas, a diario, Shirley y yo traemos bocadillos del Seven Eleven que hay enfrente y los guardamos en el cuarto de intendencia, si gustas, mañana compramos también comida para ti y te unes a nuestra charla de la farándula, ¿Te apetece?
– Eso me encantaría. – Admití. – Bueno, ya lo hecho está hecho, ¿No hay algún otro loco del que tengan que advertirme?
– Al menos aquí dentro de la tienda él es el único. – Repuso Shirley. – Pero si hablamos de los de la ciudad mejor siéntate porque no acabamos nunca, ¿Has visto ese popular video de Jesucristo bailando “I will survive”?
– Por supuesto. – Respondí. – Amo ese video.
– Bien, hay uno idéntico a él todos los días en los lugares donde se filmó el video, o lo hay hasta que llega la policía y se lo lleva…
– Espera, espera… antes que lo olvide… chicos…
– ¿Dinos, cariño?
– Me gustaría que me dijeran donde puedo encontrarme con las audiciones que se hacen, ¿Saben? Soy nueva en la ciudad y deseo ser una actriz más que nada pero…
– Así que no sabes nada, ¿Cariño? – Preguntó Shirley, con rostro comprensivo.
– Así es… lo siento…
– ¡No te preocupes entonces! – Exclamó Javier, casi instantáneamente, a tal punto que no me dejó saborear el aura triste de la escena. – Shirley y yo tenemos una especie de… representante… es un asco, a decir verdad, pero siempre nos consigue audiciones, si gustas puedo llevarte el miércoles entrante a que hables con él.
– ¿En serio? – Pregunté, con una voz quebrada, mis ojos estaban a nada de estallar en llanto.
– ¡Hay cariño no tienes porque llorar! – Gritó Javier, abrazándome. – ¡Para eso somos amigos!
– ¡Pero estoy demasiado feliz! – Chillé.
– ¡Abrazo de amiguis! –Exclamó Shirley, uniéndose a nuestro abrazo.
– Eh chicos… es hora de… eh… olvídenlo… ya haré el inventario yo solo…
El señor Logan se alejó, claramente incomodo por nuestras tempranas muestras de afecto.
– Escucha, Ellie… – Murmuró Shirley.
– ¿Dime?
– Tal vez los 3 seamos actores primerizos… y tal vez seamos rivales por ello, pero siempre, siempre nos ayudaremos, al menos hasta que nos toque competir por un mismo papel.



(2005, Texas)
– ¡VAMOOOOOOOOOS OSOOOOOOOOS!
Bajé los brazos, hiperventilando; la rutina que Karla y yo habíamos planeado para mí me había salido a la perfección; no noté ningún error en mi baile y el que estuviera de pie era prueba que mis piruetas y giros respondieron a la perfección.
– ¿Qué les habrá parecido? – Pensé, alarmada. – ¿Y si creen que he sobreactuado?
El inconfundible sonido del aplauso acalló mis pensamientos, la chica rubia se había puesto de pie y ahora aplaudía con fuerza, con una gran sonrisa en su rostro.
– ¡Notable! ¡Sobresaliente!  ¡Impresionante! ¡Magistral! ¡Gigantesco!  – Gritó. – ¡En verdad no había visto algo tan genial desde…! Bueno, desde que yo hice audición hace ya unos ayeres.
– ¡¿En serio?! – Exclamé.
– Así fue… y la que entonces era la capitana dijo “Si sigues con ese espíritu, llegarás lejos”, hoy soy yo quien te lo dice a ti… los resultados no se entregan hasta dentro de una semana, pero te lo adelantaré por igual: ¡BIENVENIDA A LAS ANIMADORAS!
Empecé a saltar como loca y a gritar, la alegría era tal que no había espacio para la compostura; aparentemente.
– ¿Algo que desees agregar, Helena? – Preguntó quien aparentemente era la capitana, por tal eso la convertía en Elizabeth Turf.
– Nada en realidad. – Respondió la aparente sub capitana, es decir, Helena Mide.
– No te ves nada alegre, Helena – Riñó Elizabeth. – ¿Por qué estás así? ¿No me digas que estás triste porque de tantas entrevistadas solo ella y la anterior han sido aceptadas?
– ¿La anterior? – Interrumpí. – ¿Hablan de Karla Rodríguez?
– Así es. – Respondió Elizabeth. – ¿La conoces? Ella, al igual que tú ha sido aceptada.
– ¡Genial! Eh… ¡Muchas gracias por aceptarnos!  Pero ahora… eh… ¡Debo ir a matarla por asustarme!
– ¡No olvides ocultar el cadáver! – Me despidió Elizabeth, quien ya empezaba a ganarse mi admiración.
Salí del gimnasio por la parte trasera armando un tremendo estruendo y corriendo con una cara molesta hacía Karla; ella por puro instinto soltó una tremenda sonrisa y se hecho a correr.
– ¡Eres una desgraciada! – Grité, corriendo tras ella.
– ¡Perdón, perdón! – Suplicó, mientras esquivaba aspirantes para huir de mis poderosas garras.
– ¡Perdón nada, te voy a matar!
Tras unos segundos de persecución nuestra adrenalina fue disminuyendo y terminamos recostadas en el césped, charlando sobre lo bien que nos había ido.
– Hay como 50 aspirantes... – Murmuré. – Y de esos 50 ya habían entrevistado a unas 40, ¿Puedes creer que seamos las primeras elegidas?
– Lo sé… – Respondió Karla. – Creo que es porque somos sensacionales.
– ¿En serio? Yo pensé igual, y estoy segura de que sin ti no lo hubiera logrado… ¡Muchas gracias Karla! Eres una excelente amiga, de esas que duran para toda la vida.
– ¡Tú igual Ellie! ¡Eres un amor! Yo tengo esta extraña sensación que me dice que siempre seremos beffas por más que pasen los años… y sinceramente quiero que sea así…
 – Somos demasiado cursis… – Observé.
– Bueno… ¿Quieres ir a tomar algo mientras las clases empiezan? Recuerda que terminando tenemos que venir a apoyar a Steven y al misterioso rubio guapo.
– Andando. – Acepté.
Durante clases me fue difícil poder concentrarme, la asombrosa noticia bomba de que tanto Karla como yo estábamos dentro de las animadoras era combustible en exceso que me costó un llamado de atención con el profesor Thompson, por estar distraída y un por poco, un par de huesos rotos por casi caer por las escaleras cuando fui al baño.
Finalmente los periodos de clases finalizaron, por supuesto, no pasaron ni 2 segundos después de escuchar el timbre de salida cuando Karla, Romy y Jacqueline ya me hacían señas de que saliéramos, aparentemente todas estaban emocionadas por el partido de exhibición.
– Es que los del equipo de baloncesto son los más guapos. – Explicó Romy, cuando pregunté por las prisas. – Así que queremos asientos en primera fila.
– ¿Más que Blake Turner? – Preguntó Karla.
– ¡Él es un dios, así que no entra en la clasificatoria! – Reclamó Romy.
– ¿Quién es Blake Turner? – Pregunté, algo perdida.
– Es el amor platónico de Romy. – Explicó Karla. – Es el mariscal de campo del equipo de football y creo es el chico más popular de la escuela.
– ¡y es el ser humano más precioso del universo! – Exclamó Romy, con un brillo interesante en los ojos.
– ¿En serio? – Pregunté. – No lo he visto.
– Bueno, eso es porque no te has paseado mucho –Explicó Romy. – Pero ahora que eres animadora, seguro le ves a diario durante las prácticas del equipo de football.
– Ya veo… – Bufé.
Finalmente llegamos al gimnasio, sorprendentemente había muchísima gente; nos costó mucho, pero logramos conseguir asientos en la parte media de las gradas, ya se podía ver a los miembros del equipo calentar y a lo lejos se hacía lo propio con los aspirantes, distinguí la mata de cabello de Steven.
– Ahí está Steven. – Señalé, entusiasmada. – ¿Creen que ganen?
– Lo dudo. –Respondió Romy. – Pero si lo hacen que genial, ¿No?
– Olvídense del marcador. – Pidió Karla. – Y busquen al chico rubio.
– Ahora que lo mencionas… –Observé. – No veo ningún chico rubio en ninguno de los equipos… ¿Será que el sujeto te ha mentido?
– ¡No lo creo! ¡Ya aparecerá, ya verás! Seguro está algo retrasado… el me aseguró que estaría en la función de hoy…
– ¿Función? – Pregunté; en ese momento 5 representantes de cada uno de los extremos ingresó a la cancha, del lado de los aspirantes, Steven entró como titular; pese a ser tan pequeño era obvia su buena condición física.
– ¡Mira que bajito se ve en comparación a los otros! – Exclamó Romy. – Debes tomarle una foto Ellie, ¿Seguro la guardas para toda la vida, eh?
Solté una risita nerviosa, al no poder encontrarle realidad a su comentario.
De pronto, un ensordecedor sonido cubrió al gimnasio entero, alguien abrió las puertas traseras de par en par con tremenda fuerza y por ello todos guardaron silencio; asustados.
– ¡ANIMO EQUIPO! ¡A GANAR PESCADOS!  –Gritó de forma ensordecedora una gruesa voz masculina; seguido de ello un chico rubio montado en una patineta ingresó al gimnasio, levantando los brazos como gesto de victoria.
– ¡Es él! – Exclamó Karla. – ¡Él es el rubio del que te hablé! ¡Sabía que vendría!
– ¡un momento, Karla! –Pedí. – ¿Tú apuesto chico es un revoltoso?
– ¡PESCADOS, PESCADOS!  – Gritó otra voz masculina ajena a la primera, en esta ocasión quien ingresó a la cancha fue un chico de cabello negro con una guitarra; de sus labios se dibujaba una sádica sonrisa de satisfacción, que se hizo más grande conforme todos, incluyendo los jugadores empezaban a aplaudirle.
– ¿QUÉ INTENTAN HACER? –Gritó el entrenador lleno de ira y acercándose a ellos con una velocidad antinatural para su fisiología.
– ¡¿QUIEREN SER EXPULSADOS?! –Gritó mientras tomaba al chico rubio por el brazo.
– Me parece que así es… –respondí, irónica. – ¿Quiénes rayos se creen?

– ¡Aliviánese, Martín! – Gritó el chico rubio, con una sonrisa radiante; me fue imposible contener la risa ante tan descarada respuesta.
– ¡PARA TI SOY EL PROFESOR HUDGE! – Gritó el entrenador, cuya ira era tan enorme que incluso yo me asusté.
– ¡Tranquilo hermano! ¡Escuche la rola que va a tocar mi hermano casi primo Zack!
El chico rubio se escapó de la mano del entrenador y empezó a encender lo que parecían ser fuegos artificiales por el suelo luego de encenderlos; mientras el chico de cabello negro con un peinado de salón estilizado llevaba sus manos a su guitarra.
– ¡PORQUE QUIERO SER UNA ESTRELLA DE ROCK LES CANTARÉ MI SUEÑO!, ESTA CANCIÓN ES DE NICKELBACK, SE LLAMA ROCKSTAR Y ESPERO SE CULTIVEN, ¡BASTARDOS!

I'm through with standing in line
To clubs we'll never get in
It's like the bottom of the ninth
And I'm never gonna win
This life hasn't turned out
Quite the way I want it to be

(Tell me what you want)

I want a brand new house
On an episode of Cribs
And a bathroom I can play baseball in
And a king size tub big enough
For ten plus me

(So what you need?)

I'll need a credit card that's got no limit
And a big black jet with a bedroom in it
Gonna join the mile high club
At thirty-seven thousand feet

(Been there, done that)

I want a new tour bus full of old guitars
My own star on Hollywood Boulevard
Somewhere between Cher and
James Dean is fine for me

(So how you gonna do it?)

I'm gonna trade this life for fortune and fame
I'd even cut my hair and change my name

'Cause we all just wanna be big rockstars
And live in hilltop houses driving fifteen cars
The girls come easy and the drugs come cheap
We'll all stay skinny 'cause we just won't eat
And we'll hang out in the coolest bars
In the VIP with the movie stars
Every good gold digger's
Gonna wind up there
Every Playboy bunny
With her bleach blond hair

Hey hey I wanna be a rockstar
Hey hey I wanna be a rockstar

I wanna be great like Elvis without the tassels
Hire eight body guards that love to beat up assholes
Sign a couple autographs
So I can eat my meals for free
(I'll have the quesadilla on the house)
I'm gonna dress my ass
With the latest fashion
Get a front door key to the Playboy mansion
Gonna date a centerfold that loves to
Blow my money for me
(So how you gonna do it?)
I'm gonna trade this life for fortune and fame
I'd even cut my hair and change my name


And we'll hide out in the private rooms
With the latest dictionary and today's who's who
They'll get you anything with that evil smile
Everybody's got a drug dealer on speed dial, well

Hey hey I wanna be a rockstar

I'm gonna sing those songs
That offend the censors
Gonna pop my pills from a pez dispenser

I'll get washed-up singers writing all my songs
lip sync 'em every night so I don't get 'em wrong


And we'll hide out in the private rooms
With the latest dictionary and today's who's who
They'll get you anything with that evil smile
Everybody's got a drug dealer on speed dial

Hey hey I wanna be a rockstar
Hey hey I wanna be a Rockstar
La aceptación que recibió con su actuación fue memorable; todos le aplaudieron, le animaron, le incitaron incluso a cantar otra, de hecho, gracias a los fuegos artificiales del chico rubio incluso parecía el concierto de una verdadera estrella de la música, sin embargo, el entrenador, que no pensaba igual que la audiencia, logró atraparlo tanto a él como al rubio y se los llevó aprisionados con sus grandes brazos.
– ¡Y ARRIBA JUAN GABRIEL! –Gritó el chico rubio justo antes de perderse tras las puertas de la entrada trasera; este último grito metió a la audiencia en un estado de éxtasis total, todos empezaron a corear “Juan Gabriel, Juan Gabriel” una y otra vez, a tal punto llegó esto que las gradas se volvieron una pista de baile y tuvimos que evacuar para no ser arrolladas por los hinchas.
La cancha de baloncesto quedó hecha un desastre, los fuegos artificiales la chamuscaron y las marcas de las llantas de la patineta estaban por todos lados, aparentemente la primer actividad del equipo de baloncesto sería limpiar todo antes que reclutar nuevos miembros.
– ¡Vaya que la han armado buena! – Exclamó Karla. – ¡Esos dos chicos sí que son dinamita! Sobre todo el rubio… ¡Ellie, vayamos a ver lo que les hacen!
– ¿Eh? ¿Estás bromeando? En realidad a mi no me interesa…
– ¡Anda, vamos!
– Yo las acompaño. –Murmuró una voz masculina, era Steven, cuyos ojos mostraban una ira indescriptible.
– ¡Andando entonces!
Caminamos charlando todo el camino sobre lo ocurrido; almenos Karla y yo así lo hicimos, pues Steven guardó silencio casi todo el tramo, Karla estaba extasiada totalmente por el valor de esos dos y yo trataba de calmarla, pues era obvio que eso a Steven no le causaba la más minima gracia, de hecho, no abrió la boca hasta que estuvimos frente a las oficinas de control escolar, donde se encontraba la oficina del subdirector; encargado de castigar los improperios diciplinarios.
– Ellie, ¿Recuerdas que te había hablado de un payaso total?
– Zack Mosh, ¿cierto?
– Pues lo acabas de conocer, era el tipo de la guitarra, el otro era su Patiño, Junior Hanigan.
– ¿Se llama Junior? – Preguntó Karla, sin disimular su interés en él.
– Lo dudo –Explicó Steven, que a pesar de estar más molesto que nunca, guardó compostura estando con nosotras. – solo que nadie sabe su verdadero nombre, incluso los profesores le llaman así… seguro comparte nombre con quien sea su padre… el punto es que los dos son un par de payasos que quieren llamar la atención… ¡Nos han arruinado el partido solo por una tontería!
– ¿En serio crees eso? – Preguntó Karla. – Yo creo que son geniales.
– Estoy con Steven. –Me interpuse. – Podrán ser alegres y todo, pero lo que hicieron… es de expulsión.
– Por eso mismo las acompaño… – Explicó Steven. –Muero por ver ese “Al final todos reciben lo que merecen” que tanto me dices tú, Ellie.
– Bueno, ¿Pero a que son súper guapísimos los dos? ¡Podrían ser modelos!
– Bueno yo…
– ¡Miren, ahí van! – Señaló Steven. – Van a las oficinas administrativas, ¡Los llevará con el director!
El entrenador Hudge caminaba en silencio con los tan mencionados Zack Mosh y Junior Hanigan, abrió la puerta a las oficinas administrativas y les indicó que entraran, ambos llevaban un rostro preocupado, como si estuvieran sorprendidos de que las cosas terminaran de esa forma ¿Qué esperaban si armaron un concierto ilegal y destrozaron el gimnasio?
– ¿Será que por fin les llegará la justicia? – Preguntó Steven
– Es imposible que se salven de esta. – Observó Karla. – Espero que no les hagan nada…
– Vamos a sentarnos en el césped para esperar. – Sugerí, señalando un árbol con una sombra tentadora; Karla y Steven aceptaron al instante, aunque no tuvimos que esperar mucho; un par de minutos después él entrenador salió del edificio, seguido de Zack, Junior y el subdirector.
– Ah, miren… – Señalé. – A fin de cuentas si los trajo con el subdirector.
– Seguro sabía que estaba ahí o algo así. – Observó Karla.
– Bueno, él igual tendrá que expulsarlos. – Murmuró Steven.
El entrenador se alejó, un poco ya más tranquilo sabiendo que esos dos obtendrían su merecido, pobrecillo… no sabía que…
–  ¡A que la vieron cerca, cabrones! – Gritó el subdirector, soltando una carcajada tremenda digna de un borracho de cantina. – ¡Suerte que estaba de visita por aquí si no ustedes ya serían historia pasada!
– ¡nos ha salvado la vida Feeney! – Gritó Junior – ¡Le juro que yo ya estaba sudando la gota gorda!
No pudimos escuchar el resto de la conversación, pues bajaron el tono de voz, sin embargo el mensaje estaba claro: Zack Mosh y Junior Hanigan de alguna forma, se habían hecho amigos del subdirector; esto los convertía en prácticamente payasos intocables, por más travesuras que hicieran, por más conciertos que armaran, por más víctimas que cobraran, siempre se saldrían con la suya.
Pude sentir el dolor que a Steven eso le provocaba, pues él los tenía en su clase, lo cual era sinónimo de soportarlos todo el tiempo.
– Es increíble… – murmuró Steven, cuyo rostro no expresaba más que confusión. – Increíble…
Tomé a Steven por el hombro y le esbocé una tierna sonrisa, pues era lo único que podía ofrecerle.
– Vamos a comer algo.

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