Lo Último

¡Amo a mi esposa! (Creo) (10/??)

Sobre el primer tropiezo rumbo a la corona (Parte 2), Sobre la traición y sobre la chica que trabaja en StarBrooks (Zack)
(2005, Texas)
Nuestro plan no era sencillo ni seguro en lo más mínimo, pues al atraparnos creando disturbios mayores era un hecho que no iríamos a la cómoda oficina del señor Feeney, sí no más bien nos llevarían directamente a la oficina del director, donde la expulsión sería un hecho; por lo que Anna y yo nos dedicamos a trazar bien cada paso del plan: básicamente, Junior y yo teníamos que armar un espectáculo previo al partido de exhibición entre los aspirantes para llamar la atención del entrenador Hudge lo suficiente mientras Anna irrumpía en su oficina hasta encontrar el cheque, y si por alguna razón el cheque no estaba en su oficina en ese momento conseguir una copia de la llave de entrada para volver más tarde; cuando Hudge nos atrapara a mí y a Junior, Rocko debía liberar a la oveja (Robada temporalmente de un refugio de animales cercano) en el automóvil del entrenador previamente cubierto de sal y llamar al señor Hudge con urgencia para informarle que había una oveja lamiendo su auto, en ese momento nosotros teníamos que escapar hasta la oficina de Feeney para ser suspendidos y estar libres de la expulsión y listos para reunirnos con Anna y Rocko en un parque a dos calles de la escuela a la hora de salida para ir a cambiar el cheque al banco inmediatamente; todo un plan maestro.
Junior estaba cargando sus pantalones de fuegos artificiales, mientras que yo afinaba mi guitarra; ambos esperábamos el mensaje de señal de Rocko.
– Hermano… –Murmuró Junior, mientras seguía cargando municiones con la cabeza gacha. – ¿Es este en realidad tú sueño?
– Por supuesto –Respondí al instante. – ¿No te lo había comentado aún?
– No, yo pensaba que tu sueño era dominar la escuela para después graduarte y ser el conserje que presume de sus hazañas…
– ¿Eh? ¿Quién rayos querría…? Eh, no importa… bueno… estás equivocado Junior, ¿Sabes? Apenas termine la preparatoria me iré de aquí… viajaré a la ciudad de las estrellas y me coronaré como una, mi sueño es fundar una banda y llegar al estrellato.
– Es algo ambicioso hermano, supongo que esto que hacemos ahora es simplemente una preparación para los reflectores de verdad, ¿No?
– Así es, pero para ser una preparación, debo decir que la estoy pasando genial, ¿Sabes? He besado a muchísimas chicas ya, y no solo las mujeres… tú también Eres un tipo genial, un gran amigo, y Anna también puede llegar a serlo, aunque vaya que es extraña… el punto es que incluso Rocko empieza a agradarme.
 Junior miró sospechosamente a los lados.
– Sabes, hermano… no creo que debamos confiar tanto en Rocko… el no ha jurado lealtad a nosotros en ningún momento y aun es frio cuando se dirige a nosotros, ¿Cómo podemos estar seguros de que no nos va a abandonar hoy en la misión?
– No lo haría, hermano –Lo tranquilicé. –Rocko ya no es el mismo con el que peleamos el primer día.
– Eso siento yo también, pero lo vi hablando de forma muy sospechosa con la ballena…
– ¿Ballena? Hablas de Karofsky?
– Exactamente, ¿Qué tal si nos traiciona y se queda con todo?
– Debemos confiar en Rocko. –finalicé; apenas mí celular se iluminó, anunciando la llegada de un mensaje.
– ¿Es la señal de que el partido está por comenzar? –Preguntó Junior, en tono nervioso.
– Así es… es la hora del show mi hermano…
– Por cierto, recuérdame gritar “Arriba Juan Gabriel”, fue una petición que me hizo Feeney él otro día cuando le dije que íbamos a actuar independientemente.
– ¿Quién es Juan Gabriel, Junior?
– ¡No tengo idea amigo! ¡Pero seguro es un crack!
Junior se montó en su patineta y aceleró con técnica al momento en que con un fuerte manotazo abría las puertas del gimnasio de par en par.
– ¡ANIMO EQUIPO! ¡A GANAR PESCADOS!  –Gritó Junior con todo su corazón, cosa bastante rara pues la mascota escolar era en realidad un oso; me encogí de hombros y corrí en su dirección apenas me puse la correa de la guitarra alrededor del cuello.
– ¡PESCADOS, PESCADOS!  – Grité; grata sorpresa: el gimnasio estaba lleno; la confusión fue tal que incluso los jugadores que estaban por comenzar un partido empezaron a aplaudirnos.
– ¿QUÉ INTENTAN HACER? –Gritó un sujeto enano, gordo, bigotón, vestido con el típico traje de entrenador: Pantalones cortos, una playera sencilla y una gorra.
El entrenador Hudge tomó a Junior por el hombro con enojo.
– ¡¿QUIEREN SER EXPULSADOS?! –Gritó nuevamente, presionando a Junior cada vez aun más fuerte.
– ¡Aliviánese, Martín! – Gritó Junior, con una sonrisa radiante.
Hubo risas en todo el gimnasio, el entrenador estaba tan rojo como un tomate.
– ¡PARA TI SOY EL PROFESOR HUDGE!
– ¡Tranquilo hermano! ¡Escuche la rola que va a tocar mi hermano casi primo Zack!
Junior se liberó de un jalón de la presión del profesor y sacó de sus bolsillos algunos explosivos, los encendió con habilidad y los lanzó a mí alrededor.
Era imposible mostrarse nervioso, apenas el espectáculo estuvo por comenzar pude sentir una adrenalina indescriptible en mis venas, mi deseo de cantar era tal que no me importaba si era expulsado después de esto.
– ¡PORQUE QUIERO SER UNA ESTRELLA DE ROCK LES CANTARÉ MI SUEÑO!, ESTA CANCIÓN ES DE NICKELBACK, SE LLAMA ROCKSTAR Y ESPERO SE CULTIVEN, ¡BASTARDOS!
Corriendo del entrenador empecé a tocar y a cantar, Junior no paraba de lanzar fuegos artificiales y el público no paraba de aplaudir, no sé cómo estuvo mi canto o mi nota; sin embargo puedo decir que se sintió increíble ver a tantas personas aplaudiendo; aun sí era porque estaba humillando a un profesor.
Al terminar la canción el entrenador logró tomarme por el cuello de mi chaqueta de piel y me arrastró a la salida junto a Junior, que quien sabe desde cuando estaba ya en la mano derecha del entrenador.
– No olvides decir lo de Juan Gabriel –Le recordé. – ¡Vamos a hacer feliz a Feeney!
– ¡Y ARRIBA JUAN GABRIEL! –Gritó Junior, provocando júbilo total en el gimnasio; ahora nos tocaba soportar el castigo de nuestras acciones.
– ¡Pero van a ver, los van a expulsar! ¡Se lo han ganado! ¡Animales! ¡Imbéciles!
– Eh… Martín –Murmuró Junior, tímidamente. – Ya puede soltarnos del cuello, ¿Sabe? Mi mamá se enoja si llego con la ropa arrugada.
– ¡DEJA DE LLAMARME POR MI NOMBRE! – Gritó el entrenador, dejando en claro que intenciones de entablar amistad con nosotros no había.
Algo no marchaba bien, ya habíamos pasado el área visual del estacionamiento y Rocko aun no llegaba, ¿Por qué estaba retrasado?
– “¿Dónde está Rocko?” –Preguntó Junior, usando solo mímica.
– “No lo sé” –Respondí, angustiado al ver que ya estábamos a unos metros de llegar a zona de peligro total.
– Solo por curiosidad, Martín… ¿A dónde nos va a llevar?
– Con el director, por supuesto. –Respondió el entrenador.
– ¿No desea enviarnos con el subdirector?
– ¿Bromeas? ¡Lanzaron fuegos artificiales en mí gimnasio! ¡Me encargaré de que los expulsen!
Llegamos a la entrada de las oficinas escolares, Rocko nos había traicionado.



(2010, Los Ángeles)
Ruth vestía una playera amarilla 2 veces más grande que ella con un dibujo de una carita feliz y un pequeño short de mezclilla, en sus pies llevaba unas sandalias sencillas; llevaba su cabello recogido con una coleta sencilla.
– Decidí darme una vuelta. – Explicó, dedicándome una amplia sonrisa y arqueando una ceja. – Ya sabes, ayer después de que cenáramos me contaste que trabajabas aquí y como vine a recoger mi cheque decidí aprovechar…
– ¿Tú cheque? – Pregunté. – Además, no estoy seguro de que a eso se le pueda llamar cenar, ¿Sabes? Eso fue algo… distinto…
– ¿Verdad que sí? – Exclamó Ruth, levantando su mano y pidiéndome 5; gesto que le devolví al instante. – ¡Tenemos que aprender a hacer tepache, campeón!
– ¡Hoy mismo le diré a Ellie que aprenda, verás que buenas” tepache partys” nos echaremos a partir de ahora! Pero espera, ¿Qué es eso de tu cheque?
– ¿No lo sabes? – Preguntó Ruth. – Podría jurar que lo sabías, trabajo en el café que está en el segundo piso.
– ¿Starbucks? – Pregunté.
– Casi, StarBrooks, es una versión pirata… pero wow, ¿Así que aquí trabajas?
Ruth recorrió el lugar con su juguetona mirada con una verdadera dedicación; su mirada claramente era de confusión; y ciertamente podía entenderla, ese lugar era como otro planeta.
– Así es, esta es la tienda de comics inter espacial de Melmar y Ferguson. – Murmuré, algo nervioso. – Chicos, ella es…
No pude continuar, Melmar y Ferguson se encontraban casi acurrucados el uno contra el otro, limpiando el avión con desesperación y claro pánico, aparentemente se habían desconectado del mundo humano como ruta de escape de alerta roja ante la invasión de una chica hermosa.
– Bueno, Ruth, ellos son Melmar y Ferguson, mis… jefes.
– Ah, ¿Son ellos? – Murmuró Ruth, fascinada, acercándose a ellos y picándoles la cabeza con la punta de su dedo índice, fue un acto de valentía impresionante el contener la risa en ese momento. – ¡Vaya que son exactamente como me los describiste! Aunque viéndolos mejor, me parecen algo conocidos… ¿No estuvieron en la preparatoria Thomas Jefferson de casualidad?
– S… S… S… S… S…. Sh…. Shh… N… N… Shaanghoss… – Balbuceó Melmar, tratando de dar respuesta a Ruth.
– Creo que lo que mi compañero quiere decir… – Murmuró Ferguson, sin siquiera despegar la mirada del avión. – Es que sí, estuvimos en último año cuando tú recién ingresaste.
– Ah, ya veo… Por eso se me hacían conocidos, ¡Sabía que los había visto siendo golpeados un par de ocasiones!
Solté una sonora carcajada; ciertamente hace unos minutos estábamos hablando de sus terribles pasados en la preparatoria y el comentario de Ruth añadió un poco de sal a la herida.
– Digo… no solo los vi solo cuando los golpeaban… una vez también los vi colgados en el asta de la band…
– Pero en fin. – Interrumpí, antes de que Ruth siguiera lanzando improperios. – ¿Tú no tendrías que estar en la escuela?
– Como he dicho. – Defendió, sin alterarse. – Soy demasiado hermosa, inteligente y perfecta como para que encima de eso me pidan una asistencia perfecta a clases; siempre que es día de paga significa que Ruth, ósea yo, sale temprano, ¿Me explico?
– Entiendo. – Admití. – ¿Pero qué harás por el resto del día? ¿No me digas que tienes planeado que te compre cerveza siendo tan temprano…? Porque si es así voy a tener que pedirte que me des el maldito dinero y que compremos Heineken para todos.
– Para nada, señor Mosh. – Respondió Ruth, fingiendo el tono de una mujer de la alta sociedad. – Primero voy a ir a pagar unos servicios y después tenía planeado ir a dormirme todo el día en mi departamento, pero ahora, pensándolo un poco mejor, creo que volveré para jugar un poco con ustedes, ¿Puedo?
– No lo sé. – Respondí. – ¿Qué dicen ustedes, chicos?
– S…S….S….
– No hay problema por nosotros. – Interrumpió Ferguson. – Siempre es bueno tener féminas por aquí, eso atrae clientes.
– De… acuerdo… – Respondió Ruth; con un gesto neutro. – Entonces, vuelvo en un rato, chicos, ¡Cuídate, Zack!
– ¡Tú también! – Exclamé, dirigiendo a Ruth por la cadera hacía la salida. – ¡Nada de comprar drogas! ¡¿Eh?!
– ¡A estas horas nadie vende! – Gritó, ya lejos de mí.
– Bueno, chicos… ¿Quieren que acomode toda esta basura que tienen en las cajas en las estanterías o…?
Melmar y Ferguson estaban frente a mí, con sus puños muy apretados y una perversa sonrisa dibujada en sus rostros; sus ojos brillaban, como si recientemente hubiesen sido testigos del regreso de Jesucristo a la tierra de los mortales.
– ¿Qué tienen? Chicos… me están asustando…
– ¡CONOCES A RUTH JOHNSON! – Gritaron al unísono.
– ¿Sí? – Pregunté, mientras trataba de abrirme espacio, pues los dos estaban tan cerca de mí que podía sentir su respiración.
– ¡CONOCES A RUTH JOHNSON! – Gritaron nuevamente.
– Así es, es mi vecina. – Respondí. – Y nos llevamos bastante bien… ahora, podrían… ¿Hacerse a un lado? Yo no soy de esos que disfrutan de tener el rostro de…
– ¡ELLA ES UNA DIOSA! – Gritaron, comenzaba a sospechar que estaban siendo poseídos por una especie de demonio lujurioso amante de las pelirrojas.
– Muy bien… ya basta, ¡QUITENSE! – Grité, mientras los empujaba con fuerza para liberarme de su acoso.  – Ahora, ¿Qué rayos significa eso? ¿Ruth una diosa? Ya veo, ¿Tanto les gusta, eh?
– No es eso. – Respondió Melmar, con seriedad. – Digo, es verdad que nos gusta pero… en la preparatoria… ella fue nuestro único toque de alegría…
– ¿Toque de alegría?  – Pregunté, tomando asiento.
– Así es… – Respondió Ferguson, tomando asiento a mi lado. – Mira… hace unos minutos tú nos contaste que en la preparatoria eras algo así como un rey, ¿No?


(2005, Texas)
El entrenador Hudge abrió de par en par las puertas a las oficinas con lentitud digna de una novela dramática; todo parecía indicar que estos eran nuestros últimos instantes como estudiantes de la preparatoria Mc Highley.
– Entonces, Paquita… ¿Cómo dice que se llaman esas cosas que usan en México para limpiarse los dientes?
Esa voz era inconfundible, una voz que nos traía esperanza, posibilidad y escape: El subdirector Feeney estaba por azares del destino de visita en el edificio de las oficinas principales de la escuela.
–Cepillo de dientes –Respondió la mujer.
– ¡Cepillo de dientes! – Exclamó Feeney, soltando una carcajada. – ¡Me encanta la idea!
– Buenas tardes –Murmuró el entrenador Hudge cuando nos acercamos hasta donde se encontraba el anciano, que charlaba animadamente con una de las secretarias del director.
– Ah, profesor Hudge… –Saludó Feeney. –Ah, veo que anda paseando un par de cabras descarriadas, ¿Qué le hicieron los muchachos estos?
– ¡Entraron a la mitad de las audiciones del equipo de baloncesto, lanzaron fuegos artificiales y cantaron mientras escapaban de mí! ¡El gimnasio se volvió un desastre por su culpa! ¡Por eso vine a que los corran porque yo no quiero volver a verlos en el terreno escolar!
Feeney nos lanzó una mirada venenosa y severa.
– Vino al lugar correcto, Hudge… A partir de ahora yo me encargaré.
– Eh… –balbuceó Hudge. –De hecho yo quería llevarlos con…
– Ah, ¿Venía a entregárselos al director? Él está muy ocupado con los asuntos económicos y esas cosas como para encargarse de simples revoltosos como estos… no se preocupe, que yo me encargo de esto; vayamos a mi oficina.
Abandonamos el edificio de las oficinas principales siguiendo de forma obediente al subdirector, que iba tranquilizando al entrenador; asegurándole que nosotros recibiríamos nuestro merecido y que él podía volver a sus audiciones tranquilamente.
– ¡No se preocupe, Hudge, yo les daré su merecido! – Se despidió Feeney, cuando nuestros caminos debían separarse.
– ¡Eso espero! – Gritó Hudge, lanzando humo por las orejas.
Apenas el entrenador se perdió de nuestra vista, Feeney empezó a carcajearse a los 4 vientos; soltándonos palmadas emocionadas.
–  ¡A que la vieron cerca, cabrones! ¡Suerte que estaba de visita por aquí si no ustedes ya serían historia pasada!
– ¡nos ha salvado la vida Feeney! – Gritó Junior, lanzando un choque de puños juguetón con nuestro subdirector. – ¡Le juro que yo ya estaba sudando la gota gorda!
– Son unos cabrones… no me habían dicho que tocabas guitarra Zack, ¿Se puso bueno?
– ¡No tiene idea Feeney! – Se adelantó Junior. – ¡Nos adoraron!
– ¿Gritaste lo de Juan Gabriel?
–  ¿Qué si lo hice? ¡Lo hice por usted solamente!
– Bueno… entonces, ¿Cuánto tiempo debería suspenderlos? ¿3 días? Llegando a mi oficina haré un justificante para entregar en su clase.
– Mejor que sea una semana. –Sugerí. – Ya sabe, para evitar que Hudge lo meta en problemas a usted con el consejo.
– El consejo… esos hijos de perra. –Gruñó Feeney. – Bien, en ese caso una semana será… aunque se veía muy molesto y eso que apenas tiene 40 años, ¡Mírenme a mí! ¡Tengo 55 y aun puedo cagarme de risa de sus estupideces!
– Pero es que usted es el mejor anciano del mundo –Aseguré.
– ¡Cabrón! ¡Soy un jovencito todavía! En fin, ¿Quieren algo más?
– ¡Animadoras desnudas! –Gritó Junior.
– Lo pensaré, no estaría nada mal… estas jovencitas de hoy también a mi me despiertan un no sé qué, que qué se yo.
– Pero ya enserio, Feeney –Me adelanté. – No se suponía que esto pasara… es por ello que creo que nuestro siguiente golpe tendría que ser al equipo de football, ya sabe… hay que recordarles que solo son un montón de homosexuales.
– Tienes razón. –Respondió Feeney. – ¿Por cierto, Rocko no se les unió en esta ocasión?
– Solo le diré, señor Feeney, que a partir de nuestro próximo golpe Junior y yo trabajaremos solos.
– Ah, problemas dentro del grupo, ¿Eh? Bien, entonces no haré más preguntas y simplemente les daré encargos por separado; ahora, ¡Váyanse a sus casas, los veo en una semana!
 Nos despedimos amistosamente de Feeney, pero una vez que nos quedamos solos tanto Junior como yo adoptamos una actitud seria y molesta.
– Ese bastardo… –Bufé.
– De pura suerte seguimos siendo estudiante, Zack… ¿Por qué no le dijiste a Feeney de la traición de Rocko?
– Porque de esto nos encargaremos tanto tú como yo… ¿Listo para ir a encarar a ese hijo de perra?
– ¡Nunca estuve más listo, hermano! –Aseguró.
Rocko nos había traicionado, con la esperanza de que Junior y yo termináramos siendo expulsados había fallado a su parte del plan y seguramente ahora estaba regocijándose de ello con Karofsky; teníamos que encontrarlo para anunciarle que su plan había fallado y que ahora estaba fuera del plan de los mil dólares; apenas unos minutos después lo vimos a la entrada, acompañado de Karofsky y de otros miembros del equipo de football; riéndose como loco.
– ¿Qué pasó Mosh? –Me saludó Rocko. – ¿Cómo les fue?
– Seguimos siendo alumnos, para tú mala fortuna, hijo de perra, traidor. – Respondí inmediatamente, al momento en que le soltaba un empujón tan fuerte que casi cae al suelo.
Los amigos de Karofsky inmediatamente se pusieron en alerta, pero Rocko los detuvo con una señal con su brazo.
– No recuerdo haberte dicho que era uno de los tuyos Mosh, eso te pasa por confiarme tanto.
– ¿Esas tenemos? –Bufé. – Bien… nosotros nos quedaremos con la plata y tú puedes irte a la mierda, ¡Hijo de puta!
Rocko soltó una carcajada; luego de su bolsillo sacó un papelito: era el cheque.
– Esa enana será una ruda malhablada, pero sigue siendo una debilucha de 40 kilos. – Se burló Rocko. – ¿Adivina que, Mosh? ¡Yo me quedo con todo y tú, esa enana y el rubio Lamebotas que tienes a tu lado se quedan sin nada!
Todo estaba dicho, habíamos perdido contra Rocko, mi confianza en él había sido la firma de mi derrota.
– Vámonos, Zack. –Murmuró Junior. – Recuerda que estamos suspendidos… ya nos la cobraremos después.
Estaba por darme la vuelta e irme sin nada, pero no podía hacerlo; estaba tan enojado que al menos tenía que haber un premio de consolación… presioné mi puño con todas mis fuerzas, caminé hasta donde estaba Rocko y le solté un puñetazo con todas mis fuerzas de lleno en la nariz, la fuerza fue tal que Rocko cayó al suelo y empezó a retorcerse.
– ¡Corre! – Grité, cuando vi que Karofsky y sus amigos se ponían de pie para enfrentarnos.
– ¡¿A dónde vamos?!  – Gritó Junior, una vez abandonamos terreno escolar.
– ¡Al parque donde quedamos con Anna!
Él atardecer llegó con nosotros huyendo de los amigos de Rocko; todo lo bueno estaba a punto de comenzar.


(2010, Los Ángeles)
– Correcto, yo era un rey… – Respondí.
– Bueno, –Repuso al instante Ferguson. – cuando nosotros estábamos en ultimo año también había un rey, todos le hacían caso… y él nos odiaba por ser… bueno… todo lo contrario a él…
– Entonces, ¿Él era guapo, atlético, popular, talentoso y bribón?
– Ah, ¿Lo conoces? – Preguntó Melmar. – Bueno, el punto de todo esto, es que él solía molestarnos para quedar bien ante sus seguidores, cuando llegamos a ultimo año esto empeoró aún más, no había día en que no nos lanzara al basurero o cosas por el estilo…
– Que mal… – Admití.
– Sí… pero había una chica. – Continuó Ferguson. – de primer año que siempre nos miró con lastima, esta chica era la chica más preciosa de todas, pelirroja y con aspecto de loli con buenas te…
– Ok, mejor vayamos al punto cumbre de la historia. – Pedí.
– Bueno, ella se volvió rápidamente el mayor punto de discordia para todos los chicos de la escuela, todos querían estar con ella, el primero en poner sus ojos en ella fue precisamente el que era el rey de la escuela… pero cuando le ofreció salir con él, ella le dijo que no, que ella no toleraba a la gente como él…
– ¿Ruth hizo eso? – Pregunté.
– Así es… y, aunque salió con muchos chicos, nunca salió con la única persona que nos hizo sentir miserables… eso nos bastó para hacerla nuestra musa.
– Vaya, chicos… pues… con que poco se conforman.
Melmar y Ferguson se encogieron de hombros y se miraron, decepcionados, pues su historia no logró conmoverme tanto como ellos esperaban.
– Pero vaya que el mundo es pequeño… ¿No? – Pregunté. – Yo conozco a Ruth porque vive en mi piso, ustedes la conocen de la preparatoria y terminamos trabajando juntos, encima, justo arriba Ruth trabaja a medio tiempo en una cafetería, parecería incluso que ustedes lo tenían planeado.
– Bueno… – Murmuró Melmar. – No sabíamos que tú conocías a Ruth… pero rentamos este local porque ella…
Abrí los ojos como platos.
– Eso… eso tiene que ser acoso. – Murmuré, fingiendo estar asustado.
– Para nada. – Repuso Ferguson. – Hemos investigado bien las leyes y no es acoso hasta que no se atente contra la integridad psicológica, mental, física o moral de la persona en cuestión, ¿Crees que somos de los que nos lanzamos sin investigar?
– Bueno… tal vez no sea acoso pero sigue siendo algo patético…
– ¿Y bien? – Preguntó Melmar.
– ¿Y bien, qué? – Pregunté.
– ¿Qué tal se sintió?
– ¿Qué tal se sintió qué?
– Ya sabes… la… la… cintura.
– ¿La cintura? – Pregunté, ahora con un poco de dolor de cabeza.
– Sí… has tomado la cintura de Ruth hace un rato… ¿Cómo se sintió?
– ¡Seguro fue algo dulce! – Exclamó Ferguson.
– ¿Lo hice? Supongo que normal… digo… no recuerdo haberlo hecho sinceramente… pero en fin, chicos… creo que empiezo a darme cuenta de que esto no ha sido una casualidad… ¡He sido enviado por los cielos para que ustedes sean rescatados por mi manto celestial!
– ¿En serio? – Preguntaron, nuevamente, al unísono.
– Así es, ¡Voy a enseñarles a comportarse con las chicas! No es por nada, Melmar, pero son unos pervertidos, Tú, Melmar ni siquiera puedes hablarle a una mujer y Tú, Ferguson no eres capaz de mirarlas… No les estoy diciendo que les enseñaré a cómo conseguir una chica del nivel de Ruth, ya que eso me parece imposible… ¡pero puedo convertirlos en seres humanos!
– Esto me recuerda al número 468 de Batman en la edición Ribo. – Bufó Melmar. – ¡Estoy tan emocionado!
– ¡Es cierto, Melmar! – Exclamó Ferguson. – ¡Yo estaba pensando en lo mismo!
– Esperen, esperen… ¿De qué están hablando? –Pregunté, llevándome la mano a la cabeza.
– Ya sabes… ese tomo en el que Batman debe enseñarle al guasón a como conquistar a una chica en un territorio alternativo.
Ferguson y Melmar rompieron a carcajadas, mientras yo me golpeaba contra la mesa, al parecer esto iba a ser más difícil de lo que pensaba.
– Pero bueno, supongo que si Ruth está aquí juntos podremos transformarlos a ustedes en unos padrotes.
– Por cierto, Zack… – Murmuró Ferguson.
– ¿Dime?
– ¿Qué tienes tú con Ruth? Creí que eras casado…
– Soy casado… ella y yo solo somos amigos. – Respondí, sin tomarle mucha importancia, y por supuesto, ignorando el cruce de miradas sorprendido que intercambiaron esos dos, mis jefes, amigos y próximamente conejillos de indias para mantenerme entretenido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Bienvenido al mejor blog del universo!

Puedes seguirme en las redes sociales o suscribirte al feed.

¡Suscríbete a mí blog!

Recibe en tu correo las actualizaciones de mis relatos y cuentos. Sólo ingresa tu correo para suscribirte.