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reestructuración del pasado: Zack y Ellie (Amo a mi esposa) Zack:8/??


Derrota. (Zack)
El entrenador Hudge abrió de par en par las puertas a las oficinas con lentitud digna de una novela dramática; todo parecía indicar que estos eran nuestros últimos instantes como estudiantes de la preparatoria Mc Highley.
– Entonces, Paquita… ¿Cómo dice que se llaman esas cosas que usan en México para limpiarse los dientes?
Esa voz era inconfundible, una voz que nos traía esperanza, posibilidad y escape: El subdirector Feeney estaba por azares del destino de visita en el edificio de las oficinas principales de la escuela.
–Cepillo de dientes –Respondió la mujer.
– ¡Cepillo de dientes! – Exclamó Feeney, soltando una carcajada. – ¡Me encanta la idea!
– Buenas tardes –Murmuró el entrenador Hudge cuando nos acercamos hasta donde se encontraba el anciano, que charlaba animadamente con una de las secretarias del director.
– Ah, profesor Hudge… –Saludó Feeney. –Ah, veo que anda paseando un par de cabras descarriadas, ¿Qué le hicieron los muchachos estos?
– ¡Entraron a la mitad de las audiciones del equipo de baloncesto, lanzaron fuegos artificiales y cantaron mientras escapaban de mí! ¡El gimnasio se volvió un desastre por su culpa! ¡Por eso vine a que los corran porque yo no quiero volver a verlos en el terreno escolar!
Feeney nos lanzó una mirada venenosa y severa.
– Vino al lugar correcto, Hudge… A partir de ahora yo me encargaré.
– Eh… –balbuceó Hudge. –De hecho yo quería llevarlos con…
– Ah, ¿Venía a entregárselos al director? Él está muy ocupado con los asuntos económicos y esas cosas como para encargarse de simples revoltosos como estos… no se preocupe, que yo me encargo de esto; vayamos a mi oficina.
Abandonamos el edificio de las oficinas principales siguiendo de forma obediente al subdirector, que iba tranquilizando al entrenador; asegurándole que nosotros recibiríamos nuestro merecido y que él podía volver a sus audiciones tranquilamente.
– ¡No se preocupe, Hudge, yo les daré su merecido! – Se despidió Feeney, cuando nuestros caminos debían separarse.
– ¡Eso espero! – Gritó Hudge, lanzando humo por las orejas.
Apenas el entrenador se perdió de nuestra vista, Feeney empezó a carcajearse a los 4 vientos; soltándonos palmadas emocionadas.
 ¡A que la vieron cerca, cabrones! ¡Suerte que estaba de visita por aquí si no ustedes ya serían historia pasada!
– ¡nos ha salvado la vida Feeney! – Gritó Junior, lanzando un choque de puños juguetón con nuestro subdirector. – ¡Le juro que yo ya estaba sudando la gota gorda!
– Son unos cabrones… no me habían dicho que tocabas guitarra Zack, ¿Se puso bueno?
– ¡No tiene idea Feeney! – Se adelantó Junior. – ¡Nos adoraron!
– ¿Gritaste lo de Juan Gabriel?
 ¿Qué si lo hice? ¡Lo hice por usted solamente!
– Bueno… entonces, ¿Cuánto tiempo debería suspenderlos? ¿3 días? Llegando a mi oficina haré un justificante para entregar en su clase.
– Mejor que sea una semana. –Sugerí. – Ya sabe, para evitar que Hudge lo meta en problemas a usted con el consejo.
– El consejo… esos hijos de perra. –Gruñó Feeney. – Bien, en ese caso una semana será… aunque se veía muy molesto y eso que apenas tiene 40 años, ¡Mírenme a mí! ¡Tengo 55 y aun puedo cagarme de risa de sus estupideces!
– Pero es que usted es el mejor anciano del mundo –Aseguré.
– ¡Cabrón! ¡Soy un jovencito todavía! En fin, ¿Quieren algo más?
– ¡Animadoras desnudas! –Gritó Junior.
– Lo pensaré, no estaría nada mal… estas jovencitas de hoy también a mi me despiertan un no sé qué, que qué se yo.
– Pero ya enserio, Feeney –Me adelanté. – No se suponía que esto pasara… es por ello que creo que nuestro siguiente golpe tendría que ser al equipo de football, ya sabe… hay que recordarles que solo son un montón de homosexuales.
– Tienes razón. –Respondió Feeney. – ¿Por cierto, Rocko no se les unió en esta ocasión?
– Solo le diré, señor Feeney, que a partir de nuestro próximo golpe Junior y yo trabajaremos solos.
– Ah, problemas dentro del grupo, ¿Eh? Bien, entonces no haré más preguntas y simplemente les daré encargos por separado; ahora, ¡Váyanse a sus casas, los veo en una semana!
 Nos despedimos amistosamente de Feeney, pero una vez que nos quedamos solos tanto Junior como yo adoptamos una actitud seria y molesta.
– Ese bastardo… –Bufé.
– De pura suerte seguimos siendo estudiante, Zack… ¿Por qué no le dijiste a Feeney de la traición de Rocko?
– Porque de esto nos encargaremos tanto tú como yo… ¿Listo para ir a encarar a ese hijo de perra?
– ¡Nunca estuve más listo, hermano! –Aseguró.
Rocko nos había traicionado, con la esperanza de que Junior y yo termináramos siendo expulsados había fallado a su parte del plan y seguramente ahora estaba regocijándose de ello con Karofsky; teníamos que encontrarlo para anunciarle que su plan había fallado y que ahora estaba fuera del plan de los mil dólares; apenas unos minutos después lo vimos a la entrada, acompañado de Karofsky y de otros miembros del equipo de football; riéndose como loco.
– ¿Qué pasó Mosh? –Me saludó Rocko. – ¿Cómo les fue?
– Seguimos siendo alumnos, para tú mala fortuna, hijo de perra, traidor. – Respondí inmediatamente, al momento en que le soltaba un empujón tan fuerte que casi cae al suelo.
Los amigos de Karofsky inmediatamente se pusieron en alerta, pero Rocko los detuvo con una señal con su brazo.
– No recuerdo haberte dicho que era uno de los tuyos Mosh, eso te pasa por confiarme tanto.
– ¿Esas tenemos? –Bufé. – Bien… nosotros nos quedaremos con la plata y tú puedes irte a la mierda, ¡Hijo de puta!
Rocko soltó una carcajada; luego de su bolsillo sacó un papelito: era el cheque.
– Esa enana será una ruda malhablada, pero sigue siendo una debilucha de 40 kilos. – Se burló Rocko. – ¿Adivina que, Mosh? ¡Yo me quedo con todo y tú, esa enana y el rubio Lamebotas que tienes a tu lado se quedan sin nada!
Todo estaba dicho, habíamos perdido contra Rocko, mi confianza en él había sido la firma de mi derrota.
– Vámonos, Zack. –Murmuró Junior. – Recuerda que estamos suspendidos… ya nos la cobraremos después.
Estaba por darme la vuelta e irme sin nada, pero no podía hacerlo; estaba tan enojado que al menos tenía que haber un premio de consolación… presioné mi puño con todas mis fuerzas, caminé hasta donde estaba Rocko y le solté un puñetazo con todas mis fuerzas de lleno en la nariz, la fuerza fue tal que Rocko cayó al suelo y empezó a retorcerse.
– ¡Corre! – Grité, cuando vi que Karofsky y sus amigos se ponían de pie para enfrentarnos.
– ¡¿A dónde vamos?!  – Gritó Junior, una vez abandonamos terreno escolar.
– ¡Al parque donde quedamos con Anna!
Él atardecer llegó con nosotros huyendo de los amigos de Rocko; todo lo bueno estaba a punto de comenzar.

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