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reestructuración del pasado: Zack y Ellie (Amo a mi esposa) Zack:5/??


Primer paso a  la corona (Parte 1) (Zack)
(2005, Texas)
Tal como se había esperado, la pelea fue una gran apertura a que toda la escuela supiera de nosotros, apenas volvimos al salón de clases después de ser “regañados” por el subdirector Feeney fuimos rodeados por más de medio salón, que esperaban ansiosos una anécdota de campeones, y así se las concedimos.
– ¿No los van a expulsar? –preguntó primero la chica con la que me había besuqueado (y cuyo nombre ya había olvidado).
– Para nada, Nena –respondí con una sonrisa. – ¿Tú crees que ese tal Feeney echaría su escuela a la basura solo por un capricho? Ese sujeto me necesita adentro.
Hubo risas por parte de todos.
– ¿Pero qué les dijo? –preguntó otro, esta vez fue Junior quien respondió.
– Primero intentó reñirnos, pero Zack se levantó y le dijo “Usted a nosotros nos respeta, ¿no ve que somos el súper equipo surfista químico materialistico de la oveja asesina? Y el sujeto prefirió advertirnos que no lo repitiéramos al menos durante este semestre.
Hubo suspiros de ilusos impresionables, risas sarcásticas de celosos desinteresados y uno que otro “Son grandes”.
– Pero este es solo el inicio muchachos –respondió Junior nuevamente. –Lo mejor aún está por venir ¡Recuérdenlo! ¡Zack Mosh va a llevar a esta escuela a otros horizontes!
Hubo gritos, risas y muchos aplausos, se podría decir que ya éramos los héroes de la clase… solo hubo un comentario negativo y llegó de lleno a todo el salón
– Par de payasos.
Recordaba esa voz, era idéntica a la del sujeto que ordenó a Junior sentarse cuando recién había llegado a nuestra clase, inmediatamente me puse de pie para ver al autor de la agresión.
Era un chico con piel clara de estatura baja y complexión delgada, con cabellos rizados hasta el cuello y unas gafas negras con delineado rojo, por su respuesta le fulminé con la mirada, el respondió el ataque.
– ¿Qué dijiste? –pregunté.
– Dije que son un par de payasos –respondió él, sin alterarse. –el profesor acaba de irse, pues ninguno puso atención a su llegada por estarlos atendiendo a ustedes dos, ¿Sabes que eso nos puede costar un reporte a todos?
– ¿Y por eso nos estás ofendiendo? –respondí al instante, con agresividad. – ¿Cuál es tu maldito problema?
El chico se puso de pie y se acercó cara con cara conmigo.
– No creas que eres grande solo por hacer circo, no eres más que un maldito payaso, ya te desenmascararás.
Justo comenzaba a presionar mí puño cuando Sentí a Junior jalarme por la espalda y llevarme hasta mí asiento nuevamente.
– Tranquilo hermano, debemos alardear, ¿Recuerdas? –me susurró al oído; me tranquilicé al instante y seguí como si nada.
– Bueno, ignorando al enano ese, les decía mi mano derecha y Patiño Junior que esta escuela va a ser épica a partir de ahora, ¡¿Cierto?!
Para convencer a un grupo de personas a que te sigan se necesita seguridad en tus comentarios, nadie sigue a alguien que titubea o que desvía la mirada cuando habla, bueno, Junior y yo teníamos seguridad y confianza de sobra; es por eso que rápidamente nos volvimos los grandes héroes de la clase, esos que hacían escándalo durante clases, esos que decían respuestas graciosas cuando se nos preguntaba algo y esos que abucheaban a alguien cuando decía algo estúpido; por supuesto, varias de estas acciones nos costaron ser enviados a subdirección a recibir un castigo: era doloroso caminar tanto para luego tener que morirnos de risa con el señor Feeney al contarle lo que habíamos hecho, pero el castigo debe ser tomado con responsabilidad y sin negar tus errores.
El tiempo pasó con ajetreo, al menos una vez a la semana el señor Feeney nos enviaba un mensaje de texto encargándonos un trabajo, en tan solo el primer mes de clases tuvimos que llenar con jugo de uva el tanque de gasolina de la podadora del jardinero, poner laxantes en el café de la señorita Martínez, robar las llaves de la sala de cámaras al conserje Hank, lanzarle agua de escusado a una de las cocineras de la cafetería, hacer que pareciera un accidente y cambiar el nombre escrito en el lugar reservado en el estacionamiento del profesor George Thompson a “Juan Tontón” y otras más.
Ante tantas actividades nos vimos obligados a pasar mucho tiempo con Rocko y descubrimos algunas cosas interesantes sobre él: la primera, era aun más ligón que yo, todos los días lo sorprendíamos con una chica distinta, su respuesta cuando le preguntamos sobre ello fue “Que les puedo decir… a ellas les gustan los chicos malos, yo solo les doy lo que quieren”.
La segunda: era divertido, en momentos en que teníamos la guardia baja incluso llegamos a bromear y a reír un poco, sus comentarios eran ácidos y sarcásticos, ideales para equilibrar nuestros sentidos del humor; sin embargo, apenas terminábamos los encargos del señor Feeney él se iba en silencio a reunirse con alguna chica o con el gordo de Ian Karofsky, que era el líder de su banda o algo así.
Así pasó un mes, Junior y yo estábamos en una mesa de la cafetería (saltándonos una clase, por supuesto) tratando de descifrar un mensaje del señor Feeney; pues a veces sus mensajes eran de lo más lamentables.
  ¿Quiere que le demos con buche nana y nenepil al tipo orejas de oso? – Pregunté, confuso. – ¿Qué rayos significa eso?
– Ni idea hermano… yo digo que mejor esperemos a que llegue Rocko y ya veremos si él sabe a lo que re refiere mi abuelito Feeney.
– Mosh y Mc Hanigan. –dijo una voz femenina a nuestras espaldas. –Los he estado buscando… ¿Qué me cuentan?
Era una chica muy bajita y delgaducha, con un cabello castaño claro y corto hasta el cuello incluso por los lados, llevaba unas gafas negras que le iban a la perfección con su lindo y angelical rostro de niña de secundaria; llevaba un gorro de invierno apenas aferrado a su cabeza y ropa muy apretada, era una chica muy peculiar, aunque también muy hermosa a su propio estilo.
– ¿Nos conocemos? –pregunté, al momento en que la miraba de arriba abajo.
– Bueno, todos en primero los conocen a ustedes, es por eso que vengo con ustedes; mi nombre es Anna, y vengo con algo que puede interesarles.
Junior y yo nos miramos de reojo, cautivados y seducidos por un buen trato con una chica nada peculiar.

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