Lo Último

Ishar: Las cenizas del heroe y la leyenda del brujo esclavo


El canto mañanero de las pequeñas criaturas del vasto bosque estaba más callado de lo normal, el general Uthor prácticamente podía escuchar sus pensamientos, cosa poco común en tan apretujado terreno y con tantas fuerzas reunidas en el campamento militar que se preparaba para una fiera batalla.
Salió de su tienda y se estiró con pereza, eran las 3 de la mañana y el sol apenas asomaba un pequeño fragmento de luz purpura por las elegantes montañas del oeste; pese a la temprana hora; Ya había cocineros y armeros moviéndose con velocidad por entre los cedros, atendiendo a soldados heridos y preparando el alimento previo a la posible gran invasión que se les esperaba, era un aire tenso… Sin embargo el general sonreía, el tenía un buen presentimiento: tenía cerca de 100, 000, 00 hombres y todos estaban estupendamente entrenados, nada podría estorbar en su victoria.
– General. –llamó una voz a sus espaldas, su emisor sonaba algo asustado. –Creo que tiene que venir conmigo, según mis escoltas hay alguien que nos ha estado observando por los alrededores.
– ¿Será que ese tirano nariz de cerdo se ha dado cuenta de nuestra presencia? –Bufó el general con un gesto bravucón en el rostro, sacudió su rubia melena y tomó su ancha espada de dos manos de su tienda de acampar. –Vamos a jugar al cazador.
– Eh… Según mi escolta… no parecía ser parte del ejercito de Stormhandler, señor…
– ¿Entonces porque me molestas? Seguro es un Trol vagabundo o algo así.
– Eh… Seguro tiene razón señor, lo siento.
Un ligero escalofrió recorrió el robusto cuerpo del general de pronto como queriendo recordar algo importante, algo no pintaba tan bien después de todo.
– Oh… ¿Será posible…?
-¿Señor? –Preguntó su informante, nervioso.
– Llévame inmediatamente a donde lo han visto por última vez. –Respondió el general con algo de pánico.
Ambos corrieron a gran velocidad unos kilómetros hasta donde se encontraba un centinela oculto, con un arco pesado en manos y escondido entre unos arbustos de colina, parecía bastante asustado.
– Eh, Tú. –Se adelanto el general, sin esperar a que el Centinela se levantara a dar el saludo de ceremonia. –Dime qué aspecto tenía el sospechoso.
– Se… Señor… Usted pensará que estoy loco… Pero juro que era… Que era algo así como un simio… Señor.
– Un simio. –Repitió el general, con un gesto de pánico, que recobró color un momento acompañado de una sonrisa altanera. –Al parecer hoy será un buen día después de todo.
– ¿Un buen día?, ¿Señor?
– No quiero alarmarlos, soldados… Pero en la gran ciudad de Jillbrad he escuchado rumores provenientes de los mercaderes, me han dicho que hay un brujo muy poderoso desafiando las fuerzas de defensa del reino de Akhael.
– Un brujo de Stormhandler. –Dedujo el centinela.
– No, mi buen amigo… De hecho el también se opone a la fuerza atacante de la furia desértica, es una tercera gran fuerza… según me han dicho, planea encontrar las cenizas del héroe… Para devorarlas en la fuente demoniaca del portal Ganta.
– ¡¿Qué?! –Gritaron los dos soldados al unisonó.; semejante barbaridad era tan ridícula como atemorizante.
– Solo pensarlo me provoca pavor, lo admito… Pero si es verdad que ese brujo está por aquí, podremos derribarlo y al atardecer estaremos matando traidores seguidores de Stormhandler.
– ¡Por supuesto, Señor! –Contestaron los dos hombres, tranquilizados por la fanfarronería del general.
– En ese caso, vuelvan a sus labores… Si encuentran algo, avísenme para movilizar una pequeña tropa y atrapar a ese hombre misterioso hombre simio.
El general hizo un gesto de romper formación y regresó al campamento caminando, podía sentir en sus manos la aventura… Esa garra que surge antes de enfrentarte a un enemigo nunca antes visto y en el que se desea triunfar de forma épica entre los aplausos de tus compañeros.
– Un brujo que desea el poder del gran Alger y al mismo tiempo la magia demoniaca que trajo Marchand, ¡qué locura! –Ahora el general se burlaba, olvidando por completo su pánico de hace apenas unos minutos.
Cuando llegó al campamento principal sus ojos se quedaron en blanco y sus piernas flaquearon, cayendo estrepitosamente de rodillas: donde antes había un vasto bosque y un gran campamento aliado con miles de hombres listos para la batalla ahora solo había fuego, cenizas y una gigantesca pila de hombres muertos, todo el ejército de defensa había sido destruido.
–Pero… ¿Qué? –Balbuceó el General, asustado y sin dar crédito a lo que sus ojos miraban. -¿Quién pudo…?
–Yo responderé a eso, General. –Bufó una voz proveniente del cielo, Uthor levantó la mirada hasta la punta de uno de los gigantescos arboles restantes y pudo ver a un hombre no muy alto de cabello rojizo y gesto burlón, con unos penetrantes ojos verdes y unas llamativas orejas de simio sobresaliendo de su capucha de cuero ligero, su piel era blanca y brillante, y de su espalda sobresalía una delgada y peluda cola color negra.
– Identifícate. –Ordenó el capitán, con una voz que rebelaba el temor que le provocaba tan denigrante situación.
No está en condiciones de ordenarme algo, general. –Contestó con un tono burlón y de superioridad, con una voz infantil que daba a pensar que el sujeto estaba en sus 15 años. –Por si no se ha dado cuenta, acabo de darle a su ejército otro uso.
– ¿Otro uso? ¡Los has matado! ¡Monstruo! –El general desenvaino su gran espada y se puso en guardia.
– No están muertos, al menos en alma aun no. –El hombre bajó de un salto de la rama en la que se encontraba sentado, al caer al suelo miró con agresividad al asustado general. –Ahora harán más daño del que iban a hacer siendo tus hombres, yo los usaré bien, no te preocupes.
El misterioso hombre simio medía 1:50 como máximo, su cuerpo era delgaducho y poco atemorizante, sin embargo esa complexión tenía al general en estado de alerta máxima.
– Que… ¿Quién eres?
El hombre simio soltó una sonora carcajada al momento en que se llevaba sus manos a su estomago.
– Supongo que antes de ser mi herramienta tienes derecho a saber mi nombre como mínimo… Te diré eso y un poco más.
El general esperó paciente, sin bajar su arma, notó como el ambiente se puso caliente y pesado.
– Mi nombre es Belack –Comenzó la criatura, haciendo una reverencia burlona – soy un simple hechicero del bosque que busca eliminar a todo el reino al que juraste lealtad y también a aquellos con los que has estado peleando toda tu vida con el simple propósito de ser más poderoso que los mismísimos dioses, ¿alguna duda?
El general no podía dar crédito a lo que estaba escuchando, eso atentaba a lo que su vida significaba y además atentaba con la gloria y poder que los dioses tenían, ¿En verdad podía existir alguien tan atemorizante, ambicioso y poderoso que pudiese aspirar a convertirse en más que un dios?
– Te vamos a detener… –advirtió el general, sin ponerse de pie. – Tal vez yo muera hoy… Pero somos más… Y aunque el Héroe ya no esté con nosotros… Su legado durará para siempre, y aplastará a insectos insolentes como tú.
– Ustedes serán vencidos por las fuerzas de Stormhandler aun si yo no interfiero –respondió al instante Belack, con una blanca sonrisa. – ¡Lo he visto con mi oráculo!
El rostro del General Uthor se paralizó con totalidad, el gesto de locura de Belack era escalofriante y su verdad rebelada era como un aviso del fin del mundo.
– Veo que te ha decepcionado mi pronóstico, ¿En serio esperaban durar tanto sin su leyenda? Como sea, el tiempo se ha acabado y yo he de apoderarme de tu alma, piensa en este momento como el principio del final del reino de Akhael.
De su espalda, el brujo desenvainó un bastón de cedro oscuro con algunos pendientes colgando, lo último que el general pudo ver fueron las torres del palacio real cayendo una a una, mientras escuchaba una insana risa burlona de quien deseaba ser más que los dioses.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Bienvenido al mejor blog del universo!

Puedes seguirme en las redes sociales o suscribirte al feed.

¡Suscríbete a mí blog!

Recibe en tu correo las actualizaciones de mis relatos y cuentos. Sólo ingresa tu correo para suscribirte.