Lo Último

¡Amo a mi esposa! (Creo) (8/??)


Sobre el primer round, sobre el segundo round y sobre el tercer round (Ellie)
(2005, Texas)
La primer semana de clases pasó volando casi de forma literal, y hasta el momento todo iba perfecto al plan: los profesores ya empezaban a darse cuenta de mi buen nivel académico y mis compañeros ya soltaban gran cantidad de elogios a mi persona, ya fuera por mi personalidad refinada y templada o por mi estilo de la moda, empezaba a reinar de forma discreta y calmada.
Nuestro grupo de amigas, sorprendentemente solo había recibido un cambio, ahora ya no éramos 6, pues la chica de las botas (cuyo nombre por cierto, era Romy) cayó en cuenta de la diferencia brutal entre gustos y personalidades que teníamos y ahora se juntaba con una linda y callada chica latina de nombre Karla.
También pude ir identificando las personalidades de cada una de mis amigas, Sophie resultó ser “la criticona”, todo grupo de amigas necesita una de esas: se encargaba de hacernos notar los errores en los vestuarios de cada chica (o chico) en la escuela y después hacía comentarios afilados sobre ello, fue con esta con quien mayor confianza entablé; luego, estaba Pauline, una chica muy animada y alegre, estos factores tendrían un gran valor de no ser porque era algo perdida y tonta, era esa clase de chicas que nos dan a todas las rubias el tache de tontas y fáciles; luego estaba Jacqueline, no hay mucho que decir de ella pues nunca hablaba y siempre se limitaba a simplemente seguirnos, un amor; finalmente estaba Jessica, una chica linda de cabello castaño que no mata una mosca, con tanto estilo como Sophie y yo, por no mencionar que era un gran apoyo si de ciencias se trataba.
Parecía ser un típico viernes, nosotras caminábamos por los pasillos con rumbo al aula de ciencias, siendo seguidas por las miradas de todos los que se topaban a nuestro paso (como de costumbre); en el camino nos topamos con Romy, la chica de vestimenta extraña, que estaba tomando agua en el bebedero de afuera de la sala de maestros, llevaba una blusa de manga larga a rayas purpura y negras, unos pantalones entubados negros y unas botas escandalosas. Usualmente hubiéramos guardado silencio y hubiéramos seguido nuestro camino, sin embargo, Sophie no parecía bastarse con eso.
– Hay que llamarle a Hank el conserje y decirle que encontramos al ladrón de sus botas para pisar fango. –bufó, de forma tan alta que todo el pasillo seguro la escuchó.
Hubo risas por parte de algunas personas, yo preferí guardar silencio, al igual que el resto de nosotras.
– ¿Dijiste algo? –Murmuró Romy, a mis espaldas; yo solo deseaba seguir el camino e ignorar lo ocurrido, sin embargo, Sophie se detuvo en seco y encaró a Romy.
– Dije, que Hank desea sus botas de vuelta.
Hubo risas de nuevo, Romy mantuvo un gesto valiente y se fue acercando poco a poco a donde nosotras estábamos.
– No tienes el derecho a burlarte de mi vestimenta.
– ¡No tienes derecho a vestirte tan horriblemente! –repuso inmediatamente Sophie, poniéndose sus manos sobre la cintura.
Una vez más, hubo risas en el pasillo, a este punto yo ya estaría al borde de las lágrimas, pero Romy, simplemente miró a Sophie en silencio, con un gesto defensivo.
– ¿Qué estás viendo? – Retó Sophie, soltando una carcajada. –  ¿Lo que nunca podrás alcanzar a ser?
– Estoy segura –Respondió una fuerte voz femenina a nuestras espaldas. –Que lo que ella está mirando es lo que el ego hace en una mente tonta y superficial.
Karla, la chica latina nos miraba con una furia asesina, severa y calculadora.
– ¿Y tú qué? –preguntó Sophie.
– ¿Yo? Ustedes son las que se están metiendo con mi amiga, si hay alguien mal en este lugar son ustedes.
– No te metas –  Advirtió Sophie, con tono venenoso –  ella se viste como chimpancé.
– ¡Será mejor que no busques problema con Romy porque es una excelente chica!, ¿eh? Princesa tonta.
Hubo un duelo de miradas que bien pudo ser clasificado como duelo de titanes, Karla encaró a Sophie sin titubear ni un segundo, ante la mirada agradecida de Romy.
– Vámonos chicas –anunció Sophie, desviando la mirada y reiniciando camino. – Antes de que se nos pegue lo corriente.
– Mejor ser corriente que una perra superficial de pedigrí. –respondió Karla a nuestra salida.
Antes de darme la vuelta y seguir el camino pude notar el dolor en el rostro de Romy, de no ser porque Karla llegó al rescate sabrá Dios que habría pasado, el sabor amargo de la culpa me inundó el resto de la semana.



(2010, Los Ángeles)
– ¿Ellie? Cariño, despierta…
– ¿Mmmh? – Bostecé.
– ¿No tienes trabajo hoy? Ya es hora bebé.
Sentí en la mejilla un tierno roce, por puro instinto llevé mis manos al aire y capturé entre mis manos el rostro de mi marido por los costados, disfruté frotando mis palmas contra su barba por unos instantes.
– Buenos días amor. –Saludé. – ¿Cómo te fue ayer? Lamento por no haberte esperado es que…
– No te preocupes cielo. –Me tranquilizó, antes de darme un pequeño beso en los labios. – Y sobre cómo me fue… tú dirás… ¡ESTOY EN LA BANDA!
Solté el mejor salto que mi posición me permitió para cubrirlo con mis brazos con todas mis fuerzas, la alegría que sentí en el momento en que me enteré de ello es algo indescriptible, fue como si hubiese sido yo quien entró en la banda, que grata sensación compartir alegrías con él.
– ¡Felicidades amor! ¡Eres el mejor guitarrista del mundo, es obvio que te escogieron!
– Bueno… – Murmuró. – En realidad fui el único que se presentó… ¡Pero qué rayos! ¡Soy el mejor!
– ¿Y a qué horas llegaste, cielo?
– Más o menos a las 3 de la mañana… lo siento, lo que pasa es que insistieron en que celebráramos con ellos y…
– ¡No te preocupes! ¡Estoy tan feliz por ti que aunque acabaras de llegar lo hubiera dejado pasar!
– Eso es genial Ellie, porque la verdad es que acabo de llegar hace 2 minutos.
¿QUÉ? Grité, abrazándolo cual anaconda.
– ¡Es broma, es broma! Solo estaba viendo si mentías, ¡Mentirosa!
– Ah, yo también estaba bromeando…
– Claro, claro… –Bufó. – ¿Por qué no te duchas? Yo prepararé el desayuno.
– Bien, gracias amor.
Zack, a diferencia de mí, ya estaba vestido, llevaba unos jeans destrozados y una playera hollister gris.
– Por cierto. –Murmuré, mientras me quitaba mi pijama, que constaba de una playera azul de M&M´S que anteriormente solía ser de Zack y una pantalonera de lana a rayas. – En la tarde te fuiste tan apresurado que ni siquiera me dijiste en que trabajabas ahora, cielo.
– Ah, –Recordó. – Sobre eso, soy… eh… carnicero.
– ¿Carnicero? – Pregunté, arqueando una ceja.
– Así es… claro… soy carnicero en una carnicería… me ganaré la vida matando vacas y patos…
– Cielo… – Reproché; Zack se encogió de hombros y miró al suelo, avergonzado, comenzaba a imaginarme trabajos poco decentes o ilegales, ¿Era acaso que Zack se había unido al creciente y humillante mercado de la prostitución masculina?
– ¿En donde trabajas, cielo? – Insistí, para aplacar el incomodo silencio.
– Trabajo para unos ñoños que han abierto una tienda de videojuegos, comics y juguetitos en el centro comercial de always shore, no encontraba trabajo y ellos me tuvieron miedo así que… eh… la paga es buena… y… no hay mucho que hacer así que…
El rostro de Zack portaba el gesto de un hombre arrepentido camino a la silla eléctrica como castigo por asesinar a un número enorme de asiáticos, no paraba de rascarse la cabeza y miraba con inseguridad al suelo de una dirección a otra; no había que conocer mucho a Zack para saber que era un hombre seguro y orgulloso, y como si de conocerlo hablamos la campeona soy yo, rápidamente supe cual era el problema.
Durante toda su juventud, Zack se dedicó a dominar sus entornos, desde el jardín de niños, donde según él me contó, obligaba a las niñas a tirarse de la resbaladilla cabeza abajo para poder juntarse con él un par de minutos hasta la preparatoria, donde el día de la graduación cientos de personas aclamaron su nombre; para él, pasar de ser un chico popular y amado por todos a ser el ayudante de un par de freaks sin duda alguna representaba una caída brutal de niveles y por consiguiente, un ataque a su ego.
– ¡Oh, cariño! – Exclamé. – ¡¿Te sientes avergonzado por eso?! ¡Ven aquí, amor!
Abrí mis brazos, como si fuese un niño recién regañado por su madre se acercó con gesto nostálgico y se cubrió en mi cuello.
– Yo solía ordenarle a gente como ellos que mejoraran mi computadora sin nada a cambio o que me regalaran videojuegos… – Chilló, en tono infantil.
– Lo sé cielo, estuve presente varias veces. – Le tranquilicé. – Pero ahora eres mucho mejor… ¿Has aceptado solo por mí, cierto?
– Sí… quiero que seas feliz… y para ello necesitamos dinero.
– ¡De eso nada! Soy feliz teniéndote a mi lado bebé… ¿No te das cuenta? ¡Solo te necesito a ti! Porque sabes… para mí sigues siendo el rey del mundo aunque trabajes para unos ñoños… de cualquier forma, en unos meses serás una estrella, ¿no?
Zack suspiró y se aferró a mí, uniendo corazón con corazón y debilitando mis rodillas con su respiración en mi cuello.
– Eres la mejor Ellie, gracias, te amo.
Lo sé… y yo también te amo… ahora los dos vamos tarde, ¿Sabes? ¿A qué hora entras tú?
– Bueno… me dijeron la hora pero no la recuerdo, como sea ya que estamos abrazados podemos…
– ¿Quieres? ¿En serio? ¿Hace unos segundos estabas triste y ahora ya tienes ánimos para eso?
– ¿Tú no quieres? – Preguntó, mirándome con sus famosos ojitos de cachorro.
– No me negaré si tú quieres… –Bufé.
– Entonces si quiero… – Respondió, en tono juguetón y retorciendo una sonrisa perversa mientras sus manos sospechosamente comenzaban a acariciarme la espalda. – ¡Prepárate cariño!
Zack me había enseñado valiosas lecciones sobre su persona durante estos tres años de matrimonio, una de ellas es que pese a estar acostumbrado a ser la estrella en cualquier lugar donde sus pies se plantaran, se necesitaba “Estimular” esa grandeza con regularidad, de lo contrario, se venía abajo y la sensibilidad y nostalgia de las viejas glorías fintaba con apoderarse de su personalidad, para hacer a un lado a Zack Mosh, futuro astro musical y dejar al señor Mosh, asistente en una tienda de comics.
Precisamente fue por el  “After Party” del estimulamiento que se me hizo tremendamente tarde para ir al trabajo, apenas tuve tiempo de una ducha rápida de 5 minutos para poder salir sin desayuno alguno; ya compraría alguna dona durante mi hora de descanso.
– ¡Me voy cielo, no maltrates mucho a esos ñoños! – Grité, desde la puerta.
– ¡No prometo nada! – Respondió él, desde la ducha. – ¡Cuídate!
Gracias a mi buena condición física pude bajar corriendo las escaleras sin problema alguno, para luego detener un taxi que pasaba por ahí apenas abandoné el edificio; si las cosas continuaban así de bien, era bastante probable otro gran día en la gran ciudad de las estrellas.



(2005, Texas)
Curiosamente, las chicas necesitamos de todo un gran proceso de interacciones para poder decir lo que pensamos y lo que sentimos entre nosotras, así como somos capaces de hacer amigas rápidamente y sin problemas nos es muy difícil entrar en desacuerdo y darlo a conocer, es cuando esto ocurre que el chisme entre grupos comienza a empeorar las cosas: empezamos a decir cosas como “Es que lo que hizo estuvo mal, sinceramente alguien tendría que detenerla” y “No puedo creer que sea tan mala persona” en vez de tratar de solucionarlo con un civilizado dialogo, yo no era la excepción a este defecto mundial entre mujeres.
– ¡Lo que hizo estuvo mal, sinceramente alguien tendría que detenerla! –Grité, antes de soltar un mordisco a mi hamburguesa.
– Si. –respondió Jacqueline, soltando una mirada nerviosa e insegura.
– ¡No puedo creer que sea tan mala persona!
– Si. –respondió nuevamente mi callada amiga.
En estos últimos días, Jacqueline se había vuelto mi punto descargador de stress, el asunto con Sophie iba de mal a peor, ya no había día en que no se metiera de lleno con Romy y que no intercambiara miradas a muerte con Karla, lo peor de todo es que ahora Pauline y hasta Jessica se habían unido a la causa y soltaban risitas de vez en cuando a los ataques crueles de Sophie, que a mi parecer no era más que bullying en su máxima expresión, tan detestable y lamentable como cualquier otro crimen contra las libertades de humanidad.
– Lo peor de todo es que incluso Pauline y Jessica se fueron de su lado… ¿no te sientes mal por Romy?
–Sí.
– ¡Debe haber algo que se pueda hacer!
–Sí.
– Me encantaría pedirle perdón… ¡No sabes cuantas ganas tengo de hacerlo!
– ¿Y porque no lo haces?
Y… aquella que nunca decía más que monosílabos había dado en el clavo: estaba más ocupada organizando reuniones secretas en Mc donalds con Jacqueline y a espaldas de Sophie en vez de ir a hablarlo con la mayor victima de la situación, todo era tan simple como eso.
– ¡TIENES RAZÓN! –Grité, fascinada por la idea. – ¡Mañana mismo lo haré!
– Ok. –repuso, sin mucho teatro.
Al día siguiente, como por obra del destino me topé en los casilleros con Romy, que apenas me vio llegar agachó la cabeza y se minimizó, aparentemente temerosa de un ataque por mi parte, ya no era como al principio, que nunca bajaba la mirada, ahora era como si ya estuviese sin defensas todo el tiempo; era triste, tanto así que me provocaba abrazarla.
– Disculpa, Romy. –llamé, tímidamente.
Romy se estremeció y después me miró con desconfianza, esto me hizo sentirme aun más culpable.
– Oye… escucha… yo…
– ¿Te mandó tu jefa? –interrumpió una voz a mis espaldas, era Karla, que me miraba amenazante.
– No… de hecho yo vine sola… pero no es lo que tú crees.
– ¿Ah, no? ¿Entonces que será… señorita mejor amiga de Sophie? Sí no es a molestarla… ¿Vienes a golpearla? ¿No es suficiente con los ataques verbales y van por más? ¡Brabuconas!
– Yo venía a disculparme…
Karla soltó una carcajada y miró al techo un par de segundos, debo admitir que estaba muerta de miedo, pues de sus gestos se emanaba una actitud de superioridad que me intimidaba.
– Disculparte dices…
– E… ¡Es verdad! ¿Sabes? Yo creo que lo que ha estado haciendo Sophie es pasarse y por mucho… tengo tiempo pensándolo, no es justo que se meta con Romy y entonces yo me sentí tan mal que…
– ¿Y porque no la detienes?
Nuevamente fui interrumpida a mitad de mi disculpa, Karla me miraba con ironía, como esperando que no supiera que responder, lamentablemente tuve que darle la razón.
– ¿Disculpa? –pregunté.
– Claro… Si es que te sientes tan mal como dices ¿Por qué no la has detenido nunca?
No encontré respuesta alguna, ¿Por qué no había detenido nunca a Sophie pese a saber que lo que ella hacía era cruel en exceso? Ahora era evidente: yo tenía una gran falta de autoridad y fue precisamente esa falta de autoridad la que llevaba a Sophie a seguir dañando a Romy.
– Yo… lo siento…
– ¿Crees que con tu perdón basta? ¿En serio?  ¡Han lastimado a esta chica un montón! No sabes lo insegura que es por culpa de ustedes, aunque ella siempre me diga que no le importa o que le da igual yo sé que no es verdad, ¡ella baja la mirada ante ustedes! ¿Consideras que con un perdón se arregla el miedo?
– Yo…
– Mejor lárgate, seguro tus amigas te extrañan…
Karla se cruzó de brazos y enarcó una ceja, esperando con impaciencia a que me fuera.
Agaché la mirada y me fui con un tremendo nudo en la garganta, no pude soportar el llanto, ahora estaba molesta conmigo misma más que con Sophie.
 Había muchas cosas por revalorar y replantear.

(2010, Los Ángeles)
– Estas son las alfombras rojas. – Señaló el señor Morgan Freeman 2, mejor conocido como señor Logan. – Si se fijan son más rojas que las de color vino que vimos unos minutos atrás.
– Ya veo. – Respondí, fingiendo interés. – Y también veo que tienen la textura de una gran alfombra.
– ¡Exacto! ¡¿No le parece fascinante el gran mundo de las alfombras, señora Mosh?!
– Ciertamente. –Respondí, una vez más, fingiendo. – Entonces creo que con eso terminamos el recorrido instructor, ¿Cierto? ¡A vender alfombras!
– ¿No creerá que hay una horda de clientes esperando a que termine de enseñarle, cierto? Lamento decepcionar sus ánimos, señora Mosh, pero en alfombras y más alfombras tenemos pocos clientes diarios, así que la mayor parte del tiempo tendrá que estar haciendo inventario o haciendo como nuestros otros dos empleados, chismorreando sobre todos los negocios en los alrededores.
– ¿Otros empleados? – Pregunté, sorprendida. – ¿Hay más empleados?
– Ah. –Exclamó el señor Logan. – ¿No me digas que no los has conocido aun? Bueno, supongo que es una buena excusa para convocar a una reunión de trabajo, acompáñame.
Nos dirigimos a la sección de la caja registradora, donde él, haciendo uso del sistema de sonido llamó al personal para una reunión planificadora, era algo tétrico escuchar tan estridente sonido en tan enorme lugar, que para variar, era como un desierto, un desierto de alfombras.
No tuvimos que esperar mucho cuando dos personas vistiendo orgullosamente nuestros ridículos chalecos purpuras hechos con tela de alfombra se unieron a nosotros, uno era un sujeto bajito de cabello castaño claro relamido hacía atrás, sus ojos se abrieron de par en par apenas notó mi presencia.
– ¿Quién es ella? – Preguntó, retorciendo un poco el cuello hasta el señor Logan.
– Ella es E…
– ¡Eres preciosa! – Interrumpió nuevamente aquel sujeto, acercándose a mí con paso ferrocarrilero y tomándome por la mano para obligarme a dar una vuelta de modelaje. – ¡Mira Shirley!  ¿A que es preciosa?
– Sí que lo es. – Observó una chica alta y muy delgada con cabello negro, amarrado en una pequeña cola de caballo sencilla, lo más llamativo de ella eran sus ojos saltones. – Ciertamente podrías ser modelo, cariño.
Ambos me miraron de cerca, como buscando defectos en cada sección de mi cuerpo; ciertamente era notorio que durante los próximos momentos la discreción iba a sobrar en mi área de trabajo.
– Eh… – Murmuré, como tratando de librarme de la marca de los dos inspectores.
– Ah, pero que maleducados somos. – Respondió el hombre, con un tono… femenino. – Mi nombre es Javier Chávez, trabajo aquí desde hace tres años, ¡mucho gusto! Y no te asustes amiguis, no soy un acosador ni nada, de hecho soy de tu equipo así que mejor vamos estableciendo límites de los hombres que nos tocan a cada uno, ¿Eh?
 – ¿Eh? No, de hecho yo soy…
– ¡Ya basta Javier! – Exclamó la otra, cuyos ojos saltones se enfocaban con análisis en los míos. – La vas a asustar, ¡Yo soy Shirley Marvin!  No soy gay como Javier, no te asustes, tus carnes están a salvo… por ahora…
– ¿Por ahora? –Pregunté, nerviosamente.
– ¡Ya basta, ustedes dos! – Gritó el señor Logan, entrando en escena con gesto severo.
Sorprendentemente, tanto Javier como Shirley se detuvieron apenas el señor Logan abrió la boca, aparentemente estaban muy bien entrenados.
– Así me gusta… ahora, ella es Ellie Mosh, estará trabajando con nosotros a partir de ahora, viene de Texas y ya tiene mucha experiencia en cuanto a las alfombras se refiere, espero la respeten y no la metan en sus mareas de chismes, que no quiero que termine tan mal como ustedes.
– ¡No se preocupe, señor Logan! Nosotros nos encargaremos de ella. – Aseguró Shirley, tomándome por el brazo. – Vamos, Ellie, andando, tienes que contarnos mucho sobre Texas.
El señor Logan se encogió de hombros cuando le dediqué una mirada suplicante, como diciéndome “Lo siento, hice lo que pude”; esos dos terminaron arrastrándome con ellos.
– ¡Se la devolvemos más tarde! – Gritó Javier.
– ¿A dónde vamos? – Pregunté.
– ¿A dónde? Bueno… vamos a recostarnos en una alfombra mientras platicamos. – Respondió Shirley, cuyos ojos saltones eran tan simpáticos que incluso empezaba a confiar en ella solo por ellos.
– Ya veo… –Respondí, algo nerviosa. – ¿No se enoja el señor Logan por que hagamos eso?
– Bueno… –Respondió Javier. – Hay como 3 clientes diarios, mientras los atendamos como dioses no habrá problemas…
Finalmente se detuvieron en uno de los muchos pasillos con varios rollos de alfombras de todo tipo, como movidos por un imán, Shirley y Javier desenrollaron uno de estos tanto como para cubrir el suelo, después se echaron al suelo y me indicaron que los acompañara.
– ¡Siéntete cómoda, nuestra alfombra es tú alfombra!
Tomé asiento justo donde ellos me lo pidieron, en el medio, no pasaron ni 2 segundos cuando ya había sido bombardeada de preguntas.
– ¿Cuántos años tienes? ¿Cuánto tienes con tú esposo? ¿Cómo es Texas? ¿Cuál es tú color favorito? ¿Te gusta U2? ¿Quién es tú diseñador favorito? ¿Tienes hijos? ¿Cuál es tú secreto para ser tan atlética?
– La respuesta a todo eso se puede leer con los accesorios que llevo ahora mismo. – Respondí, hábilmente y esbozando una sonrisa amistosa que ellos correspondieron al instante.

 (2005, Texas)
No podía estar más molesta conmigo misma, mi evidente falta de valor era un fuerte participe en tan temprana crisis social, la pregunta seguía retumbando en mi cabeza “¿Por qué nunca traté de detenerla?” Siempre me mostré inconforme e incómoda, mas nunca hice nada al respecto, ¿Era eso lo que haría una verdadera triunfadora?
Falta de ánimos y sin intenciones de interactuar con nadie, especialmente con Sophie, decidí ir a saltarme una clase al patio trasero, me recargué sobre un árbol frondoso y puse mis manos sobre mi rostro, esperando a que la frustración se detuviera por arte de magia.
– Ellie, ¿Te pasa algo? –Preguntó una voz masculina, al destaparme la cara pude ver a Steven, aquel chico lindo de rizos y gafas, me miraba con preocupación.
– Estoy bien –respondí, agachando la cabeza, dando notoriedad a mi mentira.
– No parece que estuvieras bien –respondió él. – ¿Puedo sentarme?
– Claro, siéntate por favor –respondí.
– Bien… ¿Problemas con la escuela tan pronto?
– No es eso… bueno… no con la escuela… es Sophie…
– ¿Una amiga?
– Sí… ella se porta mal con otra chica, la insulta y la denigra hasta puntos deprimentes… y yo me siento mal por la chica, le he pedido perdón pero… pero…
La impotencia y la rabia finalmente terminaron venciéndome nuevamente: empecé a sollozar.
– No llores… eh… mira... si no me cuentas que pasa no podré saberlo…
– Ellas no confían en mi… me han dicho que no podían confiar en mi si nunca había hecho nada para detener a Sophie… y tienen razón.
– Supongo que si –repuso él, con tono lastimoso.
Hubo varios segundos de silencio, ambos nos quedamos perdidos mirando al frente, podía escuchar repentinos rugidos de pensamiento por parte de Steven, parecía acomodar sus pensamientos.
– Sabes… creo que si la detienes a la próxima será como si desearas empezar de nuevo…
Desvié la mirada a sus ojos, su mirada estaba serena y confidente; eso me tranquilizó en gran medida, si bien era cierto que era mi error él nunca haber hecho nada para evitar los ataques de Sophie y ya era imposible para mi ganarme el perdón de Romy, el problema aun era reparable, aun podía evitar que eso se repitiera y podía poner un fin, todo estaba en dar el primer paso y ser firme, todo estaba en mi.
– Tienes razón. –observé. – Eres bueno dando consejos.
– Bueno… soy bueno observando… cuando necesites un consejo no dudes en decírmelo, ¿bien?
El delgado rostro de Steven se ruborizó un poco, haciéndolo ver aun más lindo de lo que ya era, desvié la mirada; avergonzada.
– Eh… bueno… ¡yo me voy! ¡Nos vemos, Steven!
– ¡Eh, espera!
Me detuve en seco, y le miré, sorprendida.
– ¿Por qué no intercambiamos números de celular?
Dudé un instante, pero era seguro que podía confiar en él.
– Bien, hagámoslo.
Entré a clases para reunirme con mis amigas apenas el timbre me lo permitió, respondiendo preguntas sobre mí paradero en las clases anteriores fue que mi última oportunidad se presentó: En la entrada Sophie y Romy chocaron por accidente, choque que provocó que los cuadernos de Romy cayeran al suelo haciendo un desastre.
– Más cuidado, Marilyn Manson. – Bufó Sophie, pateando uno de los cuadernos de Romy.
Era ahora o nunca, apreté los puños y encaré a mi amiga.
– ¡Basta, Sophie! ¡No es gracioso!
El silencio que provocó mi grito fue sepulcral, Sophie me miró boquiabierta.
– ¿Qué pasa? ¿No ves que se metió en mi camino?
– ¡No es buena onda que andes molestándola todo el tiempo, ya basta! ¡Es grosero, es de mal gusto y sinceramente me tiene harta! Romy es tan chica como tú o como yo, no eres nadie para tratarla así.
– Como quieras. –respondió en seco Sophie, antes de empezar a andar, dándome la espalda.
Sophie fue seguida por todas menos Jacqueline, que se quedó a mi lado, con un gesto en el rostro que interpreté como orgullo.
– Eso estuvo bastante bien, pero no va a ser suficiente –murmuró Karla apenas estuvo a mi lado. – Aunque supongo que has probado que lo sientes…
– ¡Así es, lo siento! ¡Demasiado! –Miré tanto a Romy como a Karla con ojos de cachorrito perdido, esperanzada a recibir un apretón de manos.
– Bueno… ¿Tú qué opinas, Romy? –preguntó Karla, mirándome con análisis.
Romy me miró con un gesto satisfecho y agradecido, como si le hubiese hecho recuperar su fe en la humanidad.
– Yo no soy nada rencorosa, no hay rencores por mi parte…
– En ese caso tampoco por mi parte –agregó Karla. – Pero sigues en observación, señorita Clearwater.
– Bueno, vayamos al salón de clases –Sugerí.
– Por cierto… ¿Crees que tu amiga se haya enojado? –preguntó Romy. –lo menos que quiero es causar problemas entre amigas…
Jacqueline y yo compartimos una mirada fugaz, de esas miradas que dicen todo.
– Si eso pasa no necesitaremos la amistad de alguien intolerante…
– Bien dicho –Celebró Karla. – Sigues ganando buenos puntos, Clearwater.
Desde ese momento nuestro grupo de amigas sufrió un cambio importante: abandoné a las chicas amantes de la moda y de los chismes con las que seguramente hubiese conquistado la escuela en pocos meses para empezar a pasar el rato con una chica distinta como Romy, una chica que nunca dice nada como Jacqueline y una latina con lengua y carácter afilado como Karla, quien rápidamente se convertiría en la mejor amiga que haya tenido.


(2010, Los Ángeles)
– 21, 2 años, muy hermoso, rosa, mucho, Coco Chanel, no, matarte haciendo ejercicio. – Murmuró Shirley, con una sonrisa de seguridad impresionante.
– ¡Asombroso! – Exclamé. – Lo adivinaste a la primera.
– ¿Qué te puedo decir? Soy grande para leer accesorios.
– ¡bah! – Bufó Javier, celoso. – ¡Fue suerte!
– ¿Suerte? – Preguntó Shirley. – Mira que eso ni siquiera Eddie Murphy puso esas excusas cuando fue desterrado a ser una estrella de Disney Channel, ¿Eh?
Javier chilló, como si recién hubiese sido acusado de sacrilegio, no pude evitar esbozar una sonrisa.
– ¡Como te atreves! – Exclamó Javier. – ¡No me compares con esa cosa! Incluso te toleraría que me pusieras en el mismo saco que Paris, ¿Pero qué Murphy? ¡Qué asquito!
– ¿Son actores? – Pregunté, tratando de unir piezas.
– Un tip, cariño… – Murmuró Javier, tomándome por el brazo. – Aquí, casi el 90% de los empleados de supermercados y tiendas de este tipo somos actores, solo lo digo para que no gastes tú lengua preguntando; así es, somos actores estancados por ahora… y no sé porque, pero presiento que tú también eres como nosotros.
– Vaya, su olfato me impresiona. – Admití. – Así es, quiero ser una actriz.
– ¡Lo sabía! –Exclamaron los dos, perfectamente sincronizados.
– Pero ella es hermosísima. – Observó Shirley.
– Ciertamente lo es. – Coincidió Javier.
– Ella podría ser la nueva Jennifer Anniston
– ¿Tan grande? – Cuestionó Javier. – Lo dudo, pero tal vez sea la nueva Sarah Jessica Parker.
– ¡No le desees el mal a tus colegas de profesión, Javier! – Regañó Shirley.
– ¡Perdóname, era broma! ¡Ojala llegues a ser como Jennifer Anniston cielo!
– Es curioso que lo digan… mi esposo no para de decir que yo seré la nueva Jennifer Anniston, ¿Tanto me parezco?
– Bueno, cielo… en realidad eres más una Kari Sweets rubia, pero en unos años puede ser, ¿Por qué no? Ella necesitó varios años para llegar a donde está, mira que antes de friends ella era poco…
– ¿Viste su más reciente película? – Murmuró Shirley. – Puedo jurar que opacó a Smith.
– ¡Verdad de Dios amiguis! – Bufó Javier. – ¡Apuesto a que será seleccionada para la siguiente comedia romántica que dirija Albert!
– Y que lo digas, aunque últimamente se rumora que el hombre podría ser Adam Sandler, ¿No te parece ilógico ponerlos juntos?
– Bueno, ya Albert tiene tantos años en esto, confiemos en que sabe lo que hace cariño.
Me sentía en una conversación tremendamente interesante, sin embargo mis conocimientos acerca de todo lo que hablaban eran tan pocos que mejor decidí guardar silencio y escuchar fascinada todos los conocimientos que Shirley y Javier guardaban bajo sus mangas, me fue imposible contener una sonrisa de felicidad, tenía un presentimiento de que tanto Shirley como Javier iban a ser grandes amigos míos, ¿Y porque no? Podían incluso convertirse en valiosos resortes a las numerosas audiciones que se libraban diariamente en la ciudad, por ahora solo tenía que aprender todo lo posible, y disfrutar de los primeros amigos obtenidos en esta nueva etapa de mi vida.

1 comentario:

Anónimo dijo...

me encanto los cambios de espacio tiempo que tubo este cap. genialidad es lo que tienes aniki XD 10/10

Publicar un comentario

Bienvenido al mejor blog del universo!

Puedes seguirme en las redes sociales o suscribirte al feed.

¡Suscríbete a mí blog!

Recibe en tu correo las actualizaciones de mis relatos y cuentos. Sólo ingresa tu correo para suscribirte.