Lo Último

¡Amo a mi esposa! (Creo) (5/??)


Sobre los amigos, sobre los jugadores de baloncesto de aspecto sospechoso y sobre Emmet Avenue (Parte 1)  (Zack)


(2005, Texas)
Apenas April y yo terminamos lo nuestro me disculpé con ella y corrí al salón de español a despertar a Junior (que por cierto, no se había movido ni un solo milímetro) lo sacudí un poco y se despertó en estado de ataque.
– ¡GAH! ¡TACO, TACO Y BURRITO! ¡HOLA AMIGOU!
– Tranquilo amigo –susurré. –No grites, solo soy yo.
Junior se talló los ojos, aun algo confuso.
–Ah, eres tú, Zack Mosh, cazador de mujeres con lindos pechos.
– Sobre eso mismo quería hablarte, ¿Cómo supiste que ella y yo estuvimos ligando?
– ¿Eh? ¿No es obvio?
–no, no lo es… fue algo aterrador, ¿Sabes? ¿Eres un lector de gestos o algo así?
El rostro de Junior se endureció de pronto.
– Bien, te diré la verdad en ese caso… parece que me has descubierto…
Junior miró en distintas direcciones sin dejar ese tono serio en su rostro, y luego me susurró al oído.
–Veo y hablo con gente muerta.
El cuerpo se me paralizó y mi mente entró en shock, no pude evitar casi caer de rodillas y empezar a temblar, en ese instante Junior empezó a reírse como loco.
– ¡Es broma viejo! ¡Sabes que eso es imposible, los fantasmas solo viven en lugares fríos porque son sensibles al calor! La verdad es que al ver cómo te miró cuando ofreciste el asiento de atrás a mi llegada pude darme cuenta.
– Ah, ya veo. –murmuré, aun sin recuperarme totalmente de su broma. Aunque seguía en las mismas una cosa era clara: Junior no era un tonto, y por tal podíamos pasar el rato juntos.
– ¿Quieres ir a la cafetería un rato? Yo invito.
– ¡Ese es mi hermano Zack Mosh! ¡Andando entonces!
Como solo quedaban 10 minutos del descanso, probablemente cometeríamos nuestra primera ausencia en clase; poco nos importó y salimos del aula.
Entramos en la cafetería por vez primera como estudiantes, era un lugar bastante amplio con cientos de mesas donde todos charlaban y comían animadamente, varias chicas nos dedicaron sonrisas, que Junior y yo nos limitamos a responder.
– Apenas es el primer día de clases y ya somos bienvenidos hasta por las de último año. –Observó Junior. – Creo que hice bien al rescatarte de ese abusivo.
– ¿De qué hablas? Fui yo quien te protegió –contesté.
– Ah, ¿En serio?
–Pero en fin, tienes razón… y ni siquiera he traído la guitarra aún, esta escuela estará a mis pies en tiempo record, ya verás.
Junior no pudo responderme, pues se vio obligado a saltar a un costado para esquivar un tremendo puñetazo que llegó sin previo aviso, desvié la mirada inmediatamente al agresor: Era ese chico moreno y fornido del cabello rapado con un mohawk con el que tuvimos problemas en la entrada.
– Ahora sí voy a hacerte pedazos, idiota de mierda. –amenazó, mirando a Junior realmente molesto.
– Ah, eres el calvo de la mañana ¿Cómo estás? –respondió Junior, en tono amistoso.
Por tal respuesta, el chico del mohawk arremetió contra Junior con un severo puñetazo que se estrelló de lleno en su estomago, cuando quise lanzarme y ayudar a mi amigo, alguien me pateó en la cadera y me estrelló en el suelo.
– ¡No sean maricas y aguanten el castigo! –Gritó una voz ronca; apenas me puse de pie nuevamente pude ver a mi atacante: Era un gordo de cabello negro con una chaqueta del equipo de football. Sin duda era un defensor de esos que pesan cientos de kilogramos. – Si se meten con Rock se meten con mi gente y eso se paga aquí en Mc Highley, ¿Lo saben?
La cosa estaba poniéndose bastante fea: angustiosamente vi como a los costados del gordo defensor y del tal “Rock” un grupo de chicos empezaban a aparecer para sumarse al pleito. Esto se había tornado en algo que no podíamos ganar.
– Van a darnos todo su dinero y se van a bajar los pantalones para que todos se burlen de ustedes o ahora mismo les partimos la cara en 2.
La asquerosa voz del gordo defensor me enfermaba, era como si se sintiese un súper hombre estando acompañado, no tenía idea de con quien se estaba metiendo.
– El único marica que veo aquí es a tu amigo Ricky. –Bufé. – Fue a pedirle ayuda a su novia y ahora todos nos quieren agarrar en montón, se ve que de hombres tienen poco… ¿Por qué no lo hacemos justo en un uno a uno? Yo contra él.
El tipo del mohawk amagó con lanzarse contra mí, pero el gordo lo detuvo con su brazo sin dejar de mirarme de forma amenazante.
– Vamos afuera.
Hubo aplausos en toda la cafetería, todos nos siguieron en nuestro camino al patio trasero del colegio, aplaudiendo y gritando emocionados, algunos cuantos se acercaron a hablar conmigo para darme ánimos y otros para anunciarme que el momento de mi muerte había llegado.
– Su nombre es Ronald Chuck –anunció uno de los chicos que se acercaron a mí. – De ahí viene su apodo “Rock”, es conocido de casi todo el equipo de football y es seguro que se volverá el mariscal de campo del mismo, tiene un genio pésimo y adora hacer de brabucón, mucha suerte.
Finalmente llegamos al patio trasero, me quité mi playera para pelear más cómodo y empecé a calentar un poco, a lo lejos, el chico del mohawk hacía lo mismo.
– Hermano, no tienes que hacer esto. –bufó Junior. –Deja que yo me encargue de él, ¿Sí?
– No te preocupes por mí –le tranquilicé. – ¿Por qué te preocupas tanto?
– ¿¡NO LO VES!? –Gritó. – ¡Está súper mamádolores!
– ¿Eh? –pregunté. – ¿Qué dijis…? Bah, no importa… esto solo tomará unos segundos…
Me di la vuelta y encaré a Rock, que ahora solo vestía una playera negra de tirantes, era impresionante el estado físico en el que se encontraba (Y eso que el mío no era para nada malo; de hecho, de no ser por tenerlo a él enfrente, tendría lo suficiente como para sentirme orgulloso)
– ¡Aquí te espero Rocko! –Grité, algo cansado de ese cursi apodo que lo dejaba como un chico rudo y en un aparentemente falso intento de humillación.
– ¡ALEJATE DE SU BOCA, TIENE UN PESIMO ALIENTO! –Gritó Junior.
Hubo cientos de risas por parte de la audiencia, por tal burla Rocko se lanzó con técnica hasta mi altura, donde soltó un par de fintas antes de encararme totalmente.
– Te voy a hacer mierda. –alardeó.
–Te estoy esperando, calvo hablador.
Apenas terminé mi frase el dio su primer golpe: Un jab fuerte, raso y colocado que por muy poco logre esquivar, contraataqué con un gancho al instante y logré conectar, esto le hizo retroceder unos cuantos pasos.
– ¡Eso Zack! ¡Muéstrale el poder del cabello a ese calvo! –Gritó Junior, una vez más.
En el siguiente golpe de Rocko no tuve tanta suerte: hizo una finta de atacar mi rostro y después soltó un zurdazo a mi estomago, dejándome sin aire, sin embargo logré liberarme de una inminente derrota soltándole una patada en la espinilla y después soltándole un codazo al hígado; con esto los dos estábamos temporalmente inhabilitados, el primero en recuperarse fue él, que me soltó nuevamente un par de jabs que no fui capaz de esquivar y que seguramente marcarían mi rostro por un par de días, este acierto provocó aplausos para Rocko.
– ¿Ya te vas a rendir, idiota? –Preguntó Rocko, con tono altanero, la sola idea de que se sintiera tan superior como para ponerse a platicar conmigo en media pelea me hizo enfurecerme a tal punto que con una buena combinación de 2 jabs y un rodillazo lo tiré al suelo. Él se levantó casi inmediatamente y me respondió ensuciando la pelea con una tacleada que me llevó al suelo, el se puso por encima de mí y me golpeó unas 4 o 5 veces, hasta que alguien levantó de un tirón a Rocko.
– ¡QUIETO TODO EL MUNDO! –Gritó aquel que detuvo la pelea, reconocí la voz del profesor de matemáticas, George Thompson.







(2010, Los Ángeles)
La posibilidad de conseguir una banda a tan temprana llegada en la ciudad me tenía tremendamente alterado, nervioso y emocionado, se me veía caminando por las calles con una sonrisa estúpida acompañado de Ruth, mi nueva vecina y amiga; que parecía alejarse un poco de mí a cada paso, y aunque me entretuve un buen rato mirando como su rojizo cabello se elevaba con el viento, era algo incomodo no ir a la par con ella; así que aceleré el paso para igualar posición.
– ¿Ruth? – Pregunté, acercando mi rostro de forma curiosa al suyo.
– ¿Dime? – Respondió ella, con una voz de aparente indiferencia y sin dejar de mirar al frente.
– ¿Estás intentando alejarte de mí? – Pregunté, soltando una risita nerviosa.
– Bueno… la sonrisa que traes ahora mismo es algo aterradora… la policía puede creer que soy cómplice de tus crimines pederastas si notan que te conozco, no lo tomes personal.
– ¡¿Pederasta?! ¿Tan horrible me veo?
– Un abuelo pederasta… –Sentenció, soltando una carcajada.
– ¿Abuelo? – Pregunté, en tono ofendido. – Me han dicho pederasta más de 1000 veces, pero abuelo… ¡Nunca!
– Olvídalo. –Murmuró Ruth, con una sonrisa de oreja a oreja y dándome una palmada en la espalda. – ¿Has ido a muchas audiciones antes?
– Nunca he estado en una. –Admití. – De hecho nunca he estado en una banda, al menos no como miembro, pero supongo yo que me pedirán que toque o algo así… estará bien; ya verás.
– Otra cosa… – Recordó Ruth, apenas terminé de hablar. – Creo que es una banda de gente mayor, pues aquí dice que solo tocan música clásica.
– Estará bien… – La tranquilicé. – Gran parte de mi repertorio son clásicos, soy un tipo impresionante, ¿Eh?
– No sé porque no me impresiona. – Murmuró Ruth, aguantándose la risa.
– ¡Oye, basta! – Reñí, soltándole un coscorrón juguetón. – ¡Hace un momento me dijiste abuelo y ahora has insinuado algo con las canciones antiguas! ¿Qué significa?
– ¿En verdad quieres saberlo? – Me retó, arqueando una ceja.
– Sí, quiero saberlo. –Respondí.
Ruth se encogió de hombros y miró a nuestro alrededor; nos encontrábamos a una calle de un parque, donde un grupo de sujetos claramente intimidantes llevaban a cabo una partida de baloncesto.
– Ah, ellos servirán. – Señaló Ruth, apuntando al parque. – Sígueme.
– ¿Para que servirán? ¿¡Hey, a donde vas!?
Ruth cruzó la calle y me esperó del otro lado con las manos en la cintura, como diciendo “¿A qué esperas, imbécil?”; me encogí de hombros y la seguí, una vez del otro lado me tomó de la mano y me arrastró hasta la entrada del parque.
– ¡Muchachos, necesito su ayuda! – Gritó Ruth, sin soltarme; esto atrajo la atención de los 6 que estaban jugando baloncesto, que intercambiaron miradas lujuriosas cuando vieron la atractiva figura de Ruth pidiéndoles asistencia.
Desde el otro lado de la calle uno podía decir que los sujetos eran ciertamente un grupo de intimidantes criminales en la mediana edad que gustaban de jugar baloncesto por las tardes antes de drogarse para poder dormir cómodamente en la noche, pero de cerca era aún peor; y sin embargo, Ruth les había hablado como si nada y había interrumpido su juego solo para que la ayudaran a demostrarme por qué era yo un anciano. Vaya chica.
– ¿Qué pasa amiga? – Preguntó él más grande de todos, al menos 20 centímetros más alto, vestía con una playera de tirantes y una pantalonera, no tenía cabello y llevaba una barba de candado. – ¿Te está molestando el enano este?
– Para nada. – Respondió Ruth, rápidamente.  – Es solo que hace unos minutos le he llamado abuelo y no entiende por qué, me gustaría que se lo explicaran por mí, ya que no es algo que una chica deba decirle a un chico, ¿Cierto?
Los 6 sujetos me rodearon y analizaron de arriba abajo con gesto hostíl, finalmente el más pequeño de ellos, un moreno con una cola de caballo fue el primero en hablar.
– ¿Cuántos años tienes, blanquito?
– 21. –Respondí, sin esbozar gesto alguno.
Hubo una marea de carcajadas por parte de todos ellos, al parecer era el único que no había entendido el chiste.
– ¡Blanquito, no jodas! – Bufó el más grande. – ¡Pareces de 26 o más! ¡Ya estaba pensando yo en preguntarte si estuvimos en la misma primaria!
– ¡Con esa barba pareces todo un señor! – Continuó el pequeño. – Blanquito, no jodas, no quieras parecer más grande.
– ¡Exacto, exacto! – Complementó un tercero. – ¡Además por algo te lo está diciendo la hermosa señorita cabrón! Así que quítate la jodida barba o ahorita mismo la invito a tomar un café yo.
Tras ese último comentario la lluvia de bromas fue inentendible, cada quien decía sus pensamientos al mismo tiempo y cuando nos dimos cuenta ya nos estaban invitando a jugar con ellos.
– No podemos chicos. –Se disculpó Ruth; regalándoles una hermosa sonrisa blanca. – Tenemos que ir a una audición para una banda, ¡Pero volveremos para jugar!
– ¡Mucha suerte entonces, preciosa! ¡Y si él blanquito no se rasura acepta salir conmigo! ¿Sí? – Pidió el enano de la cola de caballo.
– ¡Está bien! – Aceptó Ruth. – ¿Oíste, Zack? ¡Estás perdiéndome!  Cuando menos te des cuenta me verás paseando con este guapetón.
Entre carcajadas abandonamos el parque, Ruth sonreía con satisfacción, como si estuviera orgullosa de que ese grupo de sujetos de aspecto agresivo no nos hubiera aplastado, ¿Sería Ruth ese tipo de personas que no pueden evitar confiar en el mundo y en quienes los rodean por más que las cosas apunten a lo contrario? Y que cuando el mundo no les falla, no pueden hacer otra cosa que sonreír con orgullo, como diciendo “Mundo, sigues en pie”.
– ¿Huh? – bufó, percatándose de que le miraba con profundidad y pegando su mirada con la mía con intensidad. – ¿Tengo algo en la cara o es que ya te diste cuenta de que soy demasiado hermosa para ser tú amiga?
– En realidad… solo estaba pensando que eres una mujer algo peculiar… ¿No te dio miedo acercarte a esos tipos?
– Al principió sí. –Respondió, mientras miraba a los dos lados antes de cruzar una avenida. – Pero luego pensé “Demonios, tienen piernas como yo, tienen brazos como yo…” ¿Entiendes?
– Lo entiendo, sí… pero creo que debes ser más cautelosa… si sigues pensando de esa forma podrías terminar en blanco de algún loco asesino o algo así…
– Sí eso pasa… – Analizó Ruth, en el momento en que pasábamos al lado de una tienda de autoservicio. – Significará que mi momento ya había llegado.
– Y cuando eso pase… –La tomé por el hombro, dedicándole una sonrisa neutra. – Yo estaré ahí para decirte “Te lo dije”…
– Y yo te diré… “váyase a decirle te lo dije a su abuela” o mejor aún… “a su esposa”.
– Por cierto, Ruth… ahora que hablamos de esposas… ¿Cuál es para ti el mejor animal de todos, el camello o el elefante?
– Esa es una pregunta muy complicada, Zack… para responderla tendremos que hacer una lista de los mejores atributos de cada uno para compararlos y sacar un veredicto; empecemos, los camellos tienen jorobas, los elefantes tienen una trompa larga, los camellos…
Hablar con Ruth era tan natural como respirar, no tenía que esforzarme en lo más mínimo para hacer un comentario y recibir uno por respuesta con igual naturaleza, disfrutamos una buena charla aleatoria sobre un par de animales comunes y corrientes hasta que llegamos a la zona residencial donde la audición tomaba lugar, era un buen vecindario; todas las casas eran iguales: de dos pisos, pintadas color arena, con una cochera al costado y un jardín pequeño en la entrada, aunque tantas semejanzas eran algo mareadoras en ese momento no pude dejar de pensar que sería genial poder llevar a Ellie a vivir a un lugar como ese.
– Quizá en un tiempo. –Pensaba.
– ¡Mira, Ahí es! –Exclamó Ruth unos instantes después, señalando a una de las casas idénticas, excepto que esta tenía una pequeña excepción: Un montón de hombres mayores vestidos de forma algo extravagante y bebiendo cerveza afuera de la cochera.
– Vaya, tenías razón, todos ellos están grandes ya…  – Murmuré.
– ¿Quieres regresar? –Preguntó. – Aunque ya nos están mirando todos aun podemos huir, no creo que sean más rápidos que nosotros.
– No te preocupes. –Respondí. – No soy quien para ponerme exigente, empezaré desde abajo.
Finalmente llegamos donde estaban los hombres, uno de ellos, un hombre rechoncho de piel blanca y una larga cabellera rubia y canosa amarrada en una cola de caballo se puso de pie para recibirnos con un amistoso y alegre apretón de manos.
– ¡Bienvenidos sean! ¿Vienen a la audición para entrar a Emmet Avenue?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Bienvenido al mejor blog del universo!

Puedes seguirme en las redes sociales o suscribirte al feed.

¡Suscríbete a mí blog!

Recibe en tu correo las actualizaciones de mis relatos y cuentos. Sólo ingresa tu correo para suscribirte.