Lo Último

¡Amo a mi esposa! (Creo) (4/??)


Sobre las aspiraciones, sobre los ñoños y sobre la posibilidad de mejorar el día (Zack)

 (2005, Texas)
– ¡No te creo! –exclamó entre risas mi vecina en el aula, que no paraba de reírse nerviosamente desde que empecé a charlar con ella, todo iba de acuerdo al plan.
Era una chica algo bajita de tez blanca con un par de enormes ojos café oscuros y una tierna nariz respingada, vestía con unos jeans y una blusa de abercrombie rosa ajustada a su delgada figura, y por sobre encima de todo: un par de hermosos pechos tamaño mediano. En simples palabras una chica muy linda y de aspecto inocente que era perfecta para ser mi primera conquista en Mc Highley.
– Es enserio –Aseguré. – si gustas otro día puedo traer mi guitarra y tocar algo para ti.
– ¿De verdad? – Preguntó ella, desviando la mirada al suelo tras enviarme una sonrisa coqueta. – O podríamos vernos fuera hoy, si tú quieres.
– Estoy libre si se trata de ti –aseguré. – Entonces es una cita, ¿Por qué no nos vemos también a la hora del almuerzo detrás del salón de ciencias? Tu sabes… no quiero que olvides mi rostro.
Después de esa frase solo hizo falta una sonrisa encantadora para cerrar el trato.
– Bien.
Aquella chica (Cuyo nombre me parece era April) escribió en un papelito su número telefónico en el momento justo en que un hombre gordo de cabello canoso con cara de pocos amigos ingresaba al aula y todos los alumnos tomaban asiento, April me entregó el papelito en la mano y me dedicó una linda sonrisa de despedida en el justo momento en que el profesor empezaba a hablar.
– Mi nombre es George Thompson y a partir de hoy seré su profesor de matemáticas, quiero decirles que…
Un lejano sonido que a cada momento se hacía más grande interrumpió al profesor, pronto el sonido inundó todo el edificio, era algo así como el grito de guerra de un soldado cuando corre hacía su batalla final, dicho grito  finalmente se detuvo cuando la puerta del aula se abrió de golpe, dejando ver un chico rubio de aspecto amigable con una entrada triunfal: barriéndose de rodillas cual estrella de rock.
– ¡Ya llegué campeones! ¡Soy oficialmente un estudiante en Mc Highley!
Era el chico que había conocido en la mañana, “Junior Hanigan o algo así”, nuevamente demostraba claramente que era un chico tremendamente peculiar y original, sin embargo el profesor parecía tomarlo más como una burla a su persona que como una expresión de un ser viviente único en su especie.

– ¿Qué significa esto? –preguntó el profesor en un tono severo que pondría en su lugar al mayor de los burlones. – ¿Qué pretende usted entrando de esta forma a mi clase? ¿Tanto le importa a usted ser el bufón que entretenga a una panda de mediocres?
– ¿De qué me está usted hablando George? Yo no intento hacer reír a nadie, solo quería ganarme su amistad.
El salón entero se inundó en risas ante tan relajada respuesta por parte de Junior, lo cual solo hizo enfurecer aun más al profesor, cuyo color se había tornado en rojo y parecía a nada de enviar a Junior a dirección para recoger sus papeles; tenía que intervenir de forma astuta para salvar al rubio del aprieto en el que se había metido, ¿Pero cómo?
– Solo toma asiento y deja que el profesor continúe con su clase –Ordenó una voz gruesa proveniente de uno de los chicos sentados en el extremo izquierdo del aula.
– ¿Eh? –preguntó Junior, algo aturdido por la sorpresa. –Ah, claro…
– Aquí atrás hay un lugar libre – Anuncié al instante, pues no se me ocurría una mejor forma de sobrevivir a las clases de matemáticas que teniendo a alguien idéntico a Junior detrás de mí.
– ¡Ah, pero si eres Clark Kent! –Gritó, corriendo hasta mi escritorio para chocar manos conmigo.
Nuevamente hubo cientos de risas.
– Zack Mosh, pero si, estuviste cerca.
Junior no contestó al instante, echó un par de miradas como comprobando si nadie lo estaba siguiendo y luego se puso de rodillas para susurrarme al oído.
– ¿Ya tan pronto y te ligaste a la chica de al lado verdad? Está muy linda y por lo que veo ella cree que eres genial, mi conclusión es que en el almuerzo vas a comer y no precisamente comida de la cafetería, ¿Cierto?
Abrí los ojos de par en par, ¿Cómo era posible que el supiera todo eso? Él, al notar mi sorpresa simplemente sonrió y tomó asiento detrás de mí.
– Como les decía… –continuó el profesor una vez Junior tomó asiento. – mi nombre es George Thompson y voy a ser su profesor de matemáticas, no pienso tolerar malos comportamientos como este que acaba de regalarnos el joven, cuando estemos en mi clase nadie habla a no ser que yo lo ordene, ¿Entendido?
Con un “Sí” lleno de pereza por parte de todos, la clase dio inicio y continuó sin novedad alguna hasta que llegó la hora del almuerzo, donde teníamos una hora para comer y vaguear por ahí, April me dedicó una sonrisa tímida al momento en que me señalaba la salida.
– ¿Vamos? –Preguntó.
La tomé de la mano (Lo cual es un toque que te puede llevar a segunda base en 1 semana dependiendo de la chica) y la guié hasta la salida del salón; me giré al instante al recordar a Junior, sin embargo mi nuevo amigo dormía plácidamente en su escritorio. Solté una carcajada y seguí mi camino.
 – Es bastante rarito, ¿Verdad? –Preguntó April, ya cuando caminábamos por los pasillos de la escuela con rumbo a la parte trasera del aula de ciencias.
– Algo, pero me cae bien.
– Nos vamos a reír mucho con él, ¡dice cada cosa!
– Yo también lo creo, aunque no es porque sea tonto ni nada… estoy bastante seguro de que es un súper genio o algo así… uhm… creo que aquí estará bien…
Finalmente había llegado al lugar que mi hermano tanto me había contado: la parte de atrás del aula de ciencias, un lugar rodeado de arboles entrecruzados con varios lugares perfectos para sentarse o recostarse y donde es casi imposible ser visto si se anda con cuidado.
Tomé a April por la cintura y la recargué en un viejo y grueso roble inclinado, pude sentir con satisfacción como su piel se estremecía ante mi iniciativa, recorrí con mis pulgares sus mejillas con suavidad y delineé su labio superior con mi dedo índice, era una sensación húmeda y suave. Ella cerró sus ojos con aprobación.
Empezaba mi reinado.


(2010, Los Ángeles)
Fue una mañana realmente difícil, estuve repartiendo solicitudes por todos los alrededores, tiendas de música, restaurantes, peluquerías (estaba bastante desesperado) y hasta veterinarias, sin embargo, todos tenían plazas llenas y eso solo significaba algo para mí: llamar a papá y pedirle más dinero, tragándome el orgullo que tanto presumí cuando nos mudamos a Los Ángeles.
– ¡Demonios! – Maldije, mientras descansaba en una banca vacía de un pequeño centro comercial  de dos pisos cercano a nuestro departamento; el lugar era bastante básico y pequeño, pero entre negocios todos se conocían y daba un ambiente a mercado de los de antes, donde todos eran un equipo que se encargaba de mantener al cliente satisfecho, sin embargo, estaba claro que mantener al desempleado no estaba en sus planes.
– ¡Y luego… se quitó la ropa! – Exclamó una voz desafinada, a mi derecha; eran un par de sujetos, ambos vestidos con una camisa azul cielo y unos pantalones de tela color café claro, los dos tenían el cabello relamido y llevaban gafas, la única forma de distinguirlos era que uno estaba lleno de granos y el otro tenía un moño rojo en su camisa.
– ¡Cállate! – Gritó, el del moño rojo. – ¿En serio?
– ¡Te lo juro! ¡Y se puso a bailar para nosotros!
– Este perdedor seguro fue de colado a alguna fiesta de universitarios. – Pensé, soltando una carcajada ahogada.
– ¿Y cómo fue? – preguntó él del acné.
– ¡Fue tan DULCE! – Respondió “moñitos”.
Ambos pasaron caminando frente a mí, me miraron unos instantes y siguieron caminando, con miedo; ambos llevaban un par de cajas cargadas de lo que parecían ser películas.
– ¡No puedo creer que vieras a la draenei nivel 80 de la poderosa Athene bailando en orgrimar! ¡Eres un suertudo!
– Par de perdedores. – Bufé, apenas estuvieron a un par de metros de distancia de mí.
Sin embargo, como me dio algo de curiosidad ver a donde se dirigían les clavé la mirada un poco más, terminaron deteniéndose en uno de los locales que estaban cerrados cuando yo repartí solicitudes por el lugar, era un pequeño local a un lado de las escaleras y no tenía nombre.
– ¿Será? – Pregunté, esbozando una sonrisa esperanzada.
Uno de ellos sacó de su cuello una llave y abrió el candado de las rejas del local, era justo la esperanza que yo tenía.
– ¡Genial! – Exclamé, poniéndome de pie y caminando hasta donde se encontraban los perdedores, para cuando llegué ellos ya estaban dentro del local.
Era una habitación espaciosa, pintada totalmente de blanco y con un piso de azulejos del mismo color, había varias mesas al fondo y unas cuantas vitrinas de cristal vacías apiladas a un costado de la puerta, los dos sujetos me miraron asustados.
– B… B… Buenos días. – Saludó Moñitos.
– ¿Buscabas algo en especial? – Preguntó Acné, con la mirada gacha. – Tenemos muchas cosas, si esperas unos minutos las ponemos todas sobre la mesa.
– De hecho… – Respondí, con el tono más amable que pude. – Quisiera saber qué clase de tienda es esta…
– Vendemos fghas jgos, sros… esas cosas… – Respondió, agachando la cabeza moñitos.
– ¿Disculpa? –Pregunté, pues me fue imposible entender.
–Eh… esté… lo que mi compañero quiere decir. – intervino Acné. – Es que vendemos figuras, juegos, series, comics y esa clase de cosas… tú sabes…
– No sé porque, pero ya me lo imaginaba. – Murmuré. –En fin, ¿Recién empieza este negocio? ¿Es de ustedes, o solo son empleados?
– Ah, no, no – Respondió Moñitos, al instante. – Somos los dueños, somos sopios, digo socios…
Tuve que hacer una pausa dramática de varios segundos, pues era una decisión muy importante en mi vida, ¿Estaba tan desesperado como para buscar trabajo con esos perdedores? ¿Pagar la electricidad y el alquiler era algo tan necesario? Apenas visualicé a Ellie en mi mente la respuesta llegó por sí sola.
– ¿Puedo trabajar para ustedes? – Pregunté, sin dar crédito a lo que mis labios estaban diciendo.
Ellie, aquella responsable de mi extrema felicidad día a día se merecía lo mejor, y no me importaba si tenía que trabajar en una mina de carbón para poder ayudarla a salir adelante para cumplir su sueño, iba a lograrlo, por ella, por nuestro sueño y por nuestra promesa; y aunque trabajar para aquellos que en el pasado me hicieron los mandados era ciertamente una flecha al orgullo, esta sanaba de solo pensar en ver el rostro de felicidad de Ellie cuando descubriera que había conseguido un trabajo, esa sonrisa blanca y pura lo valía todo.
Los perdedores se miraron el uno al otro, asustados.
– ¿Por qué no? – Preguntó uno. – Apenas estamos empezando… y no sabemos…cuanto… vamos a ganar… pero si usted quiere… ¿Verdad, Ferguson?
– C… C… Claro, Melmar… si él quiere unírsenos bien…
– No los noto muy convencidos. – Repuse. – ¿Están seguros? Además, ¿No tendrían que entrevistarme primero?
– S… sí.. es cierto, je… eh… ¿Sabes algo sobre videojuegos?
– No realmente. – Admití.
– Eh… ¿Sabes de comics?
– No me interesan. – Admití.
– ¿Qué hay del anime?
– Para nada…
– Eh…
– Vaya. –bufé. – Sí que soy un inútil, ¿No?
– Para nada, eh… puedes aprender mientras trabajas si gustas, mientras tanto puedes limpiar y ayudarnos a acomodar las cosas para la inauguración…
– ¿Eso es un sí?
Ambos se miraron, nerviosos, estaba más que claro que me tenían pavor.
– Claro… empiezas mañana… ¿Te parece?
– Muy bien, muchachos… eh… Melmar y Ferguson, ¿No? – Comencé, acercándome a ellos y tomándolos con mis brazos. – Si voy a trabajar para ustedes van a tener que hacerse a la idea de que yo no muerdo, no soy un abusivo y no voy a golpearlos si me regañan por hacer algo mal, ¿Entendido? ¿Por qué no nos dedicamos unos momentos de este día a que se acostumbren a mi presencia y a que me eduquen con lo básico?
Después de varios minutos de tensa convivencia, finalmente logré que Melmar (Anteriormente moñitos) y Ferguson (Anteriormente acné) confiaran en mí lo suficiente como para hablarme sin llamarme “señor” y para que pudieran mostrarme su repertorio de artículos a la venta.
 Ferguson era un amante total de las figuras de acción, por ello, dedicó grandes momentos a mostrarme sus juguetitos del hombre araña y compañía, cabe destacar que mientras me explicaba el valor y función de cada uno él perdió la vergüenza y me habló con un brillo en los ojos digno de respeto; mientras que Melmar era más bien un amante de los comics y de los videojuegos, me recomendó una gran cantidad de cosas para leer y también prometió prestarme un Xbox que tenía sin usar desde hace ya varios meses, pues le comenté que tenía ya varios años sin sostener un control con las manos, al igual que Ferguson, la vergüenza y la inseguridad se iban apenas tomaba discurso.
Ellos eran estudiantes de mecatronica en la universidad tecnológica de Los Ángeles, al parecer junto a otro amigo suyo habían jurado que apenas ahorraran lo suficiente iban a iniciar un negocio de videojuegos y comics, sin embargo el tercero les traicionó e inició su propio negocio él solo hace ya un año, por lo que juntos empezaron de 0 y recién estaban listos para iniciar.
Me sentí algo celoso, pues ellos ya estaban viviendo su sueño, y, aunque recién estaban comenzando, podía verse lo duro que habían estado trabajando para lograrlo, mientras que yo, recién había logrado mudarme a Los Ángeles, aun me faltaba muchísimo; finalmente, la postura de los dos perdedores (ahora mis jefes), terminó inspirándome a doblar esfuerzos, para darle a Ellie, una vida de estrellas.
– Muy bien, Melmar y Ferguson, ¿Nos vemos mañana a las 10 de la mañana?
– Sí… se… Zack… –Respondió Melmar.
– ¿No estás olvidando algo?
– ¿Debo decirlo? – Preguntó, cabizbajo.
– ¡Es una orden!
– Está bien… No llegues tarde… maldito holgazán…
– ¡Así me gusta! –Exclamé, satisfecho. – ¡Cuídense, ñoños!
Terminó siendo un día duro pero con frutos, tenía trabajo y la paga no estaba mal, aunque eso podría cambiar si el negocio no daba frutos, ya me ocuparía de eso en el momento.
Caminé a casa, el calor era pegajoso e infernal, por lo que apenas llegué al departamento me desabotoné la camisa y disfruté del agradable aire acondicionado del que gozábamos, Ellie estaba en la cocina, era una mujer preciosa: cabello rubio lacio hasta la cintura, rostro delgado, como cincelado por los mismísimos Ángeles, ojos verdes esmeralda, cautivadores y apasionados y finalmente; una figura sencillamente perfecta, ella era mi Ellie.
– Oh, hola Ellie… ¿Cómo te fue? – Pregunté, desabotonándome los botones restantes. – ¡El calor está infernal!
– Lo sé, pero aquí está súper agradable, ponte cómodo amor; la comida estará lista en unos minutos. –Respondió ella, con su preciosa y madura voz
– Gracias, pero prefiero ayudarte; ¿No te importa, o sí? – Pregunté, acercándome a ella para atraparla entre mis brazos con algo de rudeza, incapaz de controlarme.
– Tengo huevo en las manos y te estoy manchando la camisa. – Advirtió ella, pude sentir su aliento en mi cuello. – Y conseguí trabajo, ya que preguntas… ¿Te he dicho que me encanta como te ves con barba?
– ¿En serio? – Exclamé. – ¡Genial, amor! ¡Eso! ¡Ya dimos nuestro segundo paso, no moriremos de hambre en LA! ¿Sabes porque? ¡Porque yo también conseguí trabajo, nena!
– ¡EXCELENTE! ¡¿En dónde?! – Pregunté, sonriente; al momento en que la liberaba temporalmente.
– Ah, pues soy un…
Alguien empezó a azotar la puerta con una extraña melodía que reconocí como “La cucaracha”; Ellie me miró con extrañeza.
– Ah, ¡Seguro es Ruth! – Exclamé, recordando que la noche anterior prometió volver a visitarnos; corrí a la puerta para recibirla, emocionado.
Tras la puerta se encontraba Ruth, vistiendo unos jeans, sandalias y una blusa azul, estaba hiperventilando y parecía como si recién hubiera corrido en las olimpiadas.
– ¿¡Que pasó, mujer nefasta!? –Grité. – ¿Qué te trae por aquí?
– ¡Quieres entrar a una banda! ¡¿Verdad?! – Gritó, con un tono fuerte.
– Así es. –Respondí, preparándome para recibir una posible buena noticia. – ¿Por qué?
Ruth se tomó un par de segundos para tragar saliva y recuperar el aliento, yo esperé con paciencia  a su recuperación, esta no tardó mucho en llegar.
– ¡Ahora mismo hay una audición a unas calles de aquí! ¡Le he contado a un amigo que trabaja en una tienda de música de por aquí de ti y me ha mostrado esto! Es un folleto que dice que hoy hay audiciones para ser guitarrista en una banda que hace shows en bares por las noches los fines de semana, ¿Qué opinas? ¡¿Vamos?!
En sus manos sostenía un papel rojo, cuyo contenido era enviado del mismísimo cielo: ¡Una audición a una banda! Si había algo que me preocupaba más que Ellie desde mi llegara a LA, era encontrar una banda rápido, y con este papel, Ruth estaba librándome de una gran tensión, ahora solo teníamos que ir a ese lugar y dar lo mejor de mí.
– ¡Esto es… IMPRESIONANTE! –Exclamé. – ¡GRACIAS RUTH! ¡Espérame aquí, iré por mi guitarra!
Recorrí a velocidad hipersónica el departamento, tomé mi guitarra y volví a la puerta.
– Ellie, tengo que irme – Anuncié. – ¡Ruth acaba de conseguirme una audición! ¡Te cuento más tarde que pasó! ¡Cuídate, Mira a los dos lados antes de cruzar la calle y huele a quemado, creo que se están quemando las papas! ¡Adiós!
Cerré la puerta y le dediqué una sonrisa de agradecimiento a Ruth.
– Muchas gracias, enserio, gracias por recordar lo que te dije y gracias por tomarte la molestia de investigar por mí.
– ¡No seas cursi! – Me riñó Ruth, soltándome un codazo. – ¡Vamos, tenemos que correr!
¿Podría el día ponerse mejor todavía?

2 comentarios:

Anónimo dijo...

hey aniki, tanto tiempo sin leer algo de ti xd, va muy interesante esto, ojala termine como lo previsto 10/10 XDD

Anónimo dijo...

Como dicen por acá; ¡Quiuboles!

Yo cambiaría esta parte:

– S… sí.. es cierto, je… eh… ¿Sabes algo
sobre videojuegos?
– No realmente. – Admití.
– Eh… ¿Sabes de comics?
– No me interesan. – Admití.
– ¿Qué hay del anime?
– Para nada…
– Eh…¿No? Pues vallase a chin@*#ar a otra parte. Aquí nesecitamos gente con más noción de admirar el arte de una draenei nivel 80 ¡en todo su EXPLENEDOR!

Ja ja ja ja....sya.

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