Lo Último

¡Amo a mi esposa! (Creo) (2/??)


Sobre como inició todo, sobre la fascinante filosofía de nuestra vecina de piso y sobre los tacos al pastor con Faratas (Zack).
(2005, Texas)
Era un grandioso día en mi bella ciudad sureña, el sol brillaba en lo más alto del despejado cielo y se recorría una fresca brisa  que calmaba completamente el calor veraniego; yo miraba con indiferencia por la ventana mientras tarareaba la letra de Smack that, pues mi hermano había tomado costumbre de escuchar música exclusivamente R&B y consecuentemente yo ya era casi un experto dentro del género.
– Escúchame, Zack… debo advertirte esto antes de que lleguemos, ahí es como en la prisión, si ve la oportunidad, algún brabucón va a llegar y tratará de hacerte su perra… y si lo logra te puedo asegurar que sufrirás los peores 3 años de tu vida.
Bruno, mi hermano mayor, me miraba con seriedad, como si el verdaderamente temiera por mi vida; su cabello era negro y lacio, tan largo que sus orejas estaban cubiertas, llevaba una barba de candado  bien afeitada que le daba un toque de madurez del cual había carecido hasta hace apenas un mes atrás.
– ¿Estás bromeando, verdad? –pregunté, aun esperanzado por la posibilidad de no tener que recordarle quiénes éramos, por tal contestación el soltó un suspiro y se encogió de hombros al momento en que sacaba un cigarrillo de su chaqueta de cuero, lo cual indicaba la hora de una de sus famosas “Lecciones de vida”
–Ya entiendo, crees que te estoy subestimando.
–Para nada creo eso, se que lo estás haciendo.
–Hermanito, me ofende que malinterpretes las cosas –bufó, en el instante en que encendía su cigarrillo con ese encendedor metálico color plata con una M bordada que tanto me gustaba. – ¿Crees que si yo pensara que tu eres un perdedor te hubiera invitado a tantas fiestas? ¡Para nada! ¡Yo pienso que eres genial!
Me era difícil creer sus palabras, ¿Si era así, como es que de pronto empezaba a advertirme de los peligros en un terreno en que él fue amo y señor por 3 años? Arqueé una ceja y me apoderé de su cigarrillo.

  Entonces, si tú sabes que soy dinamita ¿Por qué empiezas a advertirme como si tuvieras un hermano nerd o algo parecido?
– Eso es porque este es el primer día de clases… ¿no lo sabes? Los bullies de tercero van a buscar a sus clientes de todo el año, necesitan gente débil para golpear y que les tengan miedo, necesitan gente con dinero para robarles haciendo uso del miedo que se ganan golpeando y necesitan quien mantenga limpios los sanitarios que ellos usan para digerir lo que se comen con su esfuerzo.
Bruno sacó otro cigarrillo de su chaqueta, resignado a la pérdida del anterior y continuó.
–En fin, por más plata pura que seas, si uno de esos imbéciles trata de intimidarte y lo logra vas a ser atormentado por 3 años, así que debo advertirte que dejarte intimidar es lo peor que puedes hacer, si te golpea regrésale el golpe, si trata de asaltarte golpéalo en las bolas y si te dice marica lígate a la chica que le gusta, ¿bien? La mayoría de esos imbéciles solo son maricas que no se atreven a salir del closet y desahogan su frustración golpeando a todo el mundo.
– Ah –suspiré, aliviado. – si es eso… no te preocupes hermano, así como tu dominaste esta escuela durante tres años pienso hacer yo, no te preocupes, ¿no soy una futura estrella de rock? ¡Esto será pan comido para mí!
– Me alegra tu confianza –repuso en el momento justo en que el auto se detenía frente a un gigantesco conjunto de  edificios de ladrillos rojizos rodeados por frondosos robles que a su vez estaban rodeados por un esponjoso y verde césped, en el que varias chicas estaban sentadas, charlando animadamente, estaba, por vez primera frente a la secundaria mc highley como estudiante; bajé del auto y encaré a mi hermano para hacer un amistoso choque de puños.
– ¿Y eso? –Preguntó de pronto. – ¿Por qué no traes tu guitarra? Creí que ibas a jugar el rol de músico guapo.
–Nah –bufé. –Eso será ya cuando tenga a alguien en la mira, por ahora solo voy a presentarme al mundo.
 –Cuento contigo entonces, ¡Yo me largo a la universidad baby!
Con un grito vaquero el hermoso mustang de mi hermano arrancó dejando un sendero de humo en la carretera, por mi parte, me puse mis gafas de sol y me abrí paso entre los que serían mis compañeros por 3 largos años, sentí miradas curiosas por todas partes, escuché con satisfacción a las chicas hablando de mi con comentarios puramente positivos, todo iba de acuerdo a lo planeado.
Saqué de mi bolsillo el papel que indicaba mi horario y el número de casillero que se me había asignado, el número escrito era “330”, por suerte no me costó mucho encontrarlo y la localización era bastante buena, justo al lado del pasillo, fue justo en mi casillero donde el primer llamado del destino ocurrió.
– ¡Oye! ¡Te lo advierto grandísimo idiota! ¡Soy un surfista karateka cinta negra quinto dan especialista en kickboxing, yudo, yuujitsu, taejitsu, taechi, origami y teriyaki!
Giré mi cabeza, sorprendido por esas líneas tan inusuales y vi a dos chicos mirándose de forma amenazante, uno era rubio de estatura mediana que vestía con una playera azul y unos shorts negros, con un peinado de hongo y con un aspecto relajado inigualable, pues pese a estar en medio de lo que parecía ser una pelea él sostenía una gran sonrisa, mientras que el otro era moreno, bastante alto, con un cuerpo bien trabajado y peinado con una mohawk al ras, no importaba como lo viera, ese era un criminal hecho y derecho.
– ¡¿Te estás haciendo el graciosito, cabrón?! –Gritó el de aspecto de chico malo con fuerza al momento en que le pegaba un empujón al rubio. –Porque si te estás burlando de mi aquí mismo te hago mierda, ¿Oíste?
– ¡No me grites hermano! ¡Te apesta el océano! –Contestó el rubio sin alterarse en lo más mínimo con un tono burlón y tapándose la nariz.
El maleante perdió la paciencia y tomó al chico rubio por el cuello con su mano izquierda, mientras que con su mano derecha empezaba a cerrar su puño con ira.
– ¡Muy bien, tú te lo buscaste imbécil!
– ¡Espero que no sea besarme, porque era enserio lo de tu mal aliento, hermano!
No había mucho que pensar, el rubio era un tipo agradable y con un repertorio de bromas relajadas bastante amplio, mientras que el otro solo era un imbécil buscando problemas, así que me acerqué a donde estaban y lo separé del rubio con un empujón.
 – ¡Bien, ya fue suficiente amigo! –Grité, encarando al chico del mohawk, que de cercas era mucho más amenazante de cerca que de lejos, levantó su puño para golpearme, sin embargo en ese instante un brazo apareció en la escena y detuvo el impulso del golpe con un resoplido.
– ¡WO, WO, WO! ¿Por qué tanta energía chicos? ¿No pueden esperarse a que empiecen las clases siquiera?
Un hombre calvo nos miraba con una sonrisa, llevaba un elegante traje gris con una corbata roja y en su mano libre sostenía un maletín de piel.
El chico rudo se liberó del aprisionamiento del hombre y se alejó en silencio de nosotros, no sin antes, claro, de dedicarnos una mirada amenazante.
–Bueno, será mejor que se vayan a sus clases muchachos, esto está por iniciar.
El hombre calvo se alejó, dejándome algo aturdido por no habernos siquiera regañado por haber estado a punto de iniciar una pelea dentro de la escuela, ¿Quién era ese sujeto y que rol jugaba en la institución?
– Hey, ¡Hermano! ¡Ese tipo pudo haberte matado! ¿Por qué te metiste?
Me giré algo sorprendido, el chico rubio me miraba con un rostro emocionado, pude ver que sus ojos eran verdes y adormilados, por alguna razón me inspiraba gran confianza, por lo que le di una palmada en la espalda, indicándole que era hora de seguir nuestro camino.
– Bueno… ahora músculos va a tratar de darnos una paliza a los dos, ¿Estás listo para ello? –preguntó, unos instantes después.
–Me tiene sin cuidado, pero si se acerca a mi no pienso dar un paso atrás…
– ¡Esa es la actitud campeón! ¡Yo lo voy a hacer pedazos si trata de hacernos algo! Por cierto, mi nombre es Junior… Junior Hanigan o algo así… ¿Cuál es el tuyo?
– Mi nombre es Zack Mosh. –Me presenté con una sonrisa al momento en que le ofrecía mi mano, gesto que me devolvió al instante.
  Pues bien, mi hermano Zack Mosh… – murmuró, al momento en que se llevaba sus manos a la cabeza. –  un placer conocerte y todo, pero acabo de recordar que olvidé inscribirme y tengo que ir a la dirección a rogar que me dejen entrar a clases… ¡nos vemos más tarde hermano!
Junior se fue corriendo por el pasillo principal y giró a la izquierda antes de llegar a las escaleras que llevaban a los salones de clases, acto seguido el timbre que indicaba el inicio de clases inundó el campus y todos los estudiantes que quedábamos entramos a nuestras respectivas clases, en ese momento estaba seguro de que las cosas se iban a poner mucho mejores todavía.


(2010, Los Ángeles)
Por motivo de nuestra llegada a Los Ángeles, Ruth me convenció de comprar una extraña comida hindú con tacos al pastor a un lado; asegurándome que esa combinación era un manjar hecho por los mismísimos dioses, por desgracia; quedaba algo lejos, así que para acortar la espera charlamos todo el camino.
– Te lo digo, John, ¡Los tacos al pastor con Faratas a un lado son lo mejor que ha existido en el mundo! ¡Uno no entiende como México y la India no se han convertido en un solo país con tan tremendo poder en sus manos!
– Muy bien, vamos repitiéndolo; Ruth; mi nombre es Zack.
– Ah, vaya… ¡Lo siento! Es solo que tú nombre es bueno… algo raro.
– ¿Raro?
–Exacto, ¿No has pensado nunca en hacerte un cambio de nombre? Tú sabes… algo así como John.
– De hecho yo creo que mi nombre es genial… pero dejando eso de lado, ¿Cómo te va en la escuela? Supongo que aun vas a preparatoria, ¿cierto?
– Has acertado, estoy en mi último año.
– Vaya, ¿Y cómo te tratan los estudios?
– De maravilla ¡Nunca hago nada y los profesores me pasan por ser extremadamente linda!
– ¿Es enserio? ¡Eso no es nada justo para los hombres! ¡Las maestras no se dejan seducir nunca! ¡Mira que lo intenté muchas veces!
– Ah, bueno, las mujeres si tenemos cerebro.
– Eso fue un golpe bajo, ¿Sabes? Ahora mismo estás hablando con un hombre…
– Bueno, no te veo como un hombre actualmente, más bien eres algo así como una especie de andrógino masoquista.
– Buena esa definición. –Admití, ignorando el intento de ofensa de mi nueva amiga. – Pero vaya… preparatoria, ¿Eh? Que nostalgia…
– ¿Y eso? – Preguntó Ruth, abandonando su actitud abusiva y mirándome con interés. – ¿Tanto te gustó la preparatoria?
 Los mejores años de mi vida, aun recuerdo todas las cosas que hice ahí, tantas tonterías que si te contara no terminaría nunca.
Ruth me miró con detenimiento mientras caminábamos, en silencio.
– ¿Tengo algo en la cara? –Pregunté, algo nervioso.
– Escucho lo que dices – Comenzó Ruth. – Y veo tu cara… y todo lo que puedo pensar es que aun eres muy joven como para estar casado.
Solté una ligera carcajada, no era la primera vez que alguien me decía eso.
– ¿Qué te puedo decir? Mi mujer me ha atrapado completamente… no hay nada que pueda hacer contra eso; algún día tú también conocerás a alguien que te hará sentir que no hay otro camino más que estar a su lado y no podrás hacer otra cosa que dejarte enamorar.
– En ese caso. –Respondió al instante Ruth. – Me voy a dedicar al placer carnal hasta los 50, ya después hablaremos del amor.
– Bueno, pero dudo que a los 50 aun te mantengas firme como para encontrar a alguien…
Me carcajeé como loco de mi ingenio mientras Ruth se encargó de mirarme con fastidio; pasamos el resto del camino hablando sobre todo tipo de cosas, le conté que había llegado aquí para volverme una estrella y ella me comentó que el 80% de las personas que se mudaban a la ciudad lo hacían por los mismos motivos, le comenté que yo era diferente al resto y ella respondió que también los otros decían lo mismo, sin embargo, al final acabó diciendo que me deseaba lo mejor; pero que no tenía porque desanimarme en caso de fracasar los primeros años.
Una hora más tarde volvimos a mi departamento, ya con una buena cantidad de cerveza y comida en nuestras manos, Ruth entró en su modo educado.
– No quiero ser una molestia para tú esposa. –Se excusó Ruth, dando ligeros pasitos en reversa, como tratando de escapar. – Eh… nos vemos después.
Esa era una faceta que no esperaba en mi recién conocida vecina; pues en una primera impresión me dio a entender que era una persona descarada, confianzuda y amigable; nada relacionado a la actitud tímida que me mostraba ahora mismo.
– ¡Tú no vas a ningún lado! Me has hecho comprar muchas cosas y no podremos acabárnoslas solo nosotros 2, anda, ¡entra!
Abrí la puerta de par en par y entré sonriente; Ellie estaba mirando un programa de espectáculos la televisión con sus fachas favoritas mientras se hacía una pedicura.
– ¡He llegado, cielo! ¿Y adivina qué? ¡He conocido a la hija de nuestros vecinos! – Anuncié, haciendo una pose de conductor televisivo de un programa de comedia. – ¡Te presento a… RUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUTH!
Ruth entró a la habitación, con tonos rojos pintados sobre sus mejillas y con la mirada gacha; esa actitud era tan tierna que empezaba a preguntarme sí accidentalmente había traído a la chica equivocada de ese extraño puesto de comida hindú/mexicana.
– ¿A qué es tierna? –Pregunté, soltando una carcajada. – ¡Pues no le creas esa actitud de mojigata! ¡Ella fue la que me pidió que comprara toda esta cerveza!
Ellie se puso de píe en un instante y nos miró con una sonrisa apenada.
– Vaya, ¡Cariño! Debiste decirme que ibas a traer invitados… el lugar es un desastre y yo estoy toda fachosa…
– N… no se preocupe, señora Mosh, en realidad…
Solté un ligero pisotón a Ruth para que guardara silencio, pero era demasiado tarde; el daño estaba hecho… ya no había salvación... según Ellie, solo había una desventaja de estar casada tan joven: el ser llamada señora, y en esta ocasión se lo había dicho alguien solo 3 años menor que ella, seguro eso era como un gancho al hígado para el autoestima de mi amada; que se acercó lentamente a nosotros con una sonrisa.
– Dulzura, ¿Cuántos años tienes? –Preguntó, para mi sorpresa, amablemente.
– 18, seño…rita.
– Ah, no seas tan formal, puedes llamarme Ellie, cielo.
– Genial, gracias… tú puedes llamarme Ruth –Anunció ella, ahora esbozando una gran sonrisa. – ¿sabes? Tú esposo me ha contado mucho sobre ti y eso que apenas tenemos como una hora conociéndonos, se ve que lo tienes bien enganchado.
Ellie no pudo mostrar mayor gesto de satisfacción; puedo jurar que tras escuchar las palabras de Ruth, literalmente creció unos 5 centímetros.
– Iré a cambiarme, cielo… ¿Por qué no pones la mesa entonces? ¿Qué comeremos?
– Bueno, Ruth me hizo recorrer el vecindario para comprar comida hindú y mexicana.
– ¿Hindú y mexicana? – Preguntó Ellie, desde la habitación. – ¿No es una combinación algo rara?
– Para nada, tranquila Ellie. –Aseguró Ruth, soltándome un codazo amistoso mientras abría una cerveza. – He comido en el establecimiento de Raghsjino Matsubu Pérez López desde hace varios años y nunca me he enfermado.
Ruth tenía un humor alegre poco común en estos días, a mares podía uno darse cuenta de que era de esas personas que gustaban de vivir la vida pues la encontraban algo fascinante y desconocido que merece ser descubierto; es por ello que con gran confianza abrí una cerveza y la levanté a su altura.
– Brindemos, Ruth Johnson, Porque a partir de hoy, seamos los mejores vecinos del edificio.
– Y del mundo mundial. –Concluyó Ruth, con un guiño.
– Y dime… ¿Qué más haces en la escuela? –Pregunté, buscando algún tema rápido de charla que nos sacara de un momento algo cursi y bobo. – ¿No estás en algún club o algo así?
– Bueno, estuve en atletismo pero me vetaron por un pleito… así que entré a las animadoras pero cuando me ofrecieron ser capitana preferí abandonarlo.
Solté una carcajada, pero me detuve en seco apenas Ellie mágicamente apareció a nuestro lado.
– Ah, capitana, ¿Eh? Es un gran honor, ¿Por qué lo rechazaste?
– Bueno… ser animadora te convierte en una perra superficial y te ganas el odio de muchas chicas que no son tan bonitas, yo prefiero moverme en un perfil discreto… ¿Y ustedes? ¿Estando en la preparatoria estuvieron en algún club?
– Fui miembro del equipo de lucha en una ocasión – Respondí. – También una vez suplí al capitán del equipo de baloncesto en un partido de exhibición porque accidentalmente lo arrollé con el auto de un amigo, me vestí innumerables veces con una botarga de la escuela para causar alboroto, fui electo presidente de la sociedad de alumnos y después renuncié para reírme en la cara de mí contrincante y fui líder de una banda de abusivos criminales menores, ¿Eso cuenta como club?
– No lo creo. –Respondió Ruth, con una carcajada. – Pero me gustaría saber más de eso.
– Yo fui animadora. –Respondió Ellie, con tono seco, tono que se encargó de ponernos a todos a comer en silencio por un buen rato.
Aparentemente ser sorprendida en fachas y con las manos en los pies, luego ser llamada vieja y finalmente recibir acusaciones de ser una perra superficial puede ser una combinación fatal para una mujer, pues Ellie bebió 4 cervezas en un instante y se puso como nunca en mi vida la había visto.
– ¡¿Sabes que es lo peor?! – Exclamó Ellie, con una voz quebradiza y temblorosa . – ¡Me llamaste perra en fachas!
– Y… yo nunca dije eso, Ellie… yo solo dije que…
– ¡No quieras arreglarlo! ¡Me dijiste pantera y luego corriste!
– ¿Eh? Eso ni siquiera tiene sentido, Ellie, juro que no era mi intención ofenderte con mi opinión…
– ¡No me digas así, háblame con respeto! –Protestó Ellie, acusando a Ruth con su dedo índice.
– ¡Perdóneme, señora Mosh! – Suplicó Ruth, que en sus ojos tenía una mirada arrepentida, aunque realmente a mi parecer ella no tenía la culpa de nada, pues inexplicablemente mi mujer estaba ofreciéndonos una faceta nunca antes vista en ella.
– ¡Deja de hablarme de usted! ¡A Zack le llamas por su nombre!
Ya me había divertido suficiente; claramente Ellie estaba tornándose en una ebria agresiva en exceso contra Ruth y era mi deber detenerla, avergonzado me puse de pie y levanté a Ellie con mis brazos.
– Muy bien, cariño… será mejor que te vayas a dormir, estás muy ebria.
– ¡Yo no estoy ebria! – Aseguró Ellie. – ¡Tú sí que estás ebrio! ¡Estás tan ebrio que te vez dos veces!  ¡Hola Zack 2! ¿Cómo estás?
– Mañana tenemos que ir a buscar trabajo, cielo.
– ¡No quiero! –Gritó Ellie.
En ese momento, Ellie perdió el conocimiento y cayó golpeándose en la frente contra la mesa.
– Eso va a dejar marca. –Murmuró Ruth.
– Ayúdame a llevarla a la habitación, ¿Sí?
Ruth y yo cargamos juntos a Ellie hasta la cama, por desgracia se me resbaló de las manos y se golpeó un poco en la mesita de noche, no pude evitar soltar una carcajada ahogada.
– ¡No te rías! – Riñó Ruth, claramente aguantándose la risa. – ¿No ves que le dolió?
– Lo siento, lo siento.
Depositamos a Ellie en la cama y volvimos a la sala entre carcajadas insanas, tal vez era por el alcohol, pero sí que se había escuchado gracioso.
– ¿Quieres otra cerveza? – Ofrecí. – Aun quedan muchas.
– Pensé que nunca las ofrecerías, y para el futuro, siempre que hagas esa pregunta la respuesta va a ser sí, ¿Bien?
– Anotado, jefaza.
Bebimos en silencio, Ruth se quedó mirando una pintura de un hombre llorando que teníamos en la sala, sus profundos ojos azules analizaban con rigor, como tratando de descubrir lo que había detrás, lo que había inspirado al pintor; su gesto sobrio en los labios fue lo que me hizo darme cuenta de que no era simplemente producto del aburrimiento, ella realmente estaba buscando dentro de la obra.
– Estaba en 30 dólares en una venta de garaje de cuando aún vivíamos en Texas. – Mencioné. – Y Ellie odia no tener bien decorada una habitación así que…
 – El autor se suicidó después de hacer esa pintura –Respondió al instante Ruth, sin dejar de mirarla. – ¿Sabes porque?
– ¿Por qué?
– porque eso lo hizo con intenciones de impresionar a quien fuera su maestro de arte desde niño, él estaba enamorado de su maestro con profundidad; así que una vez tuvo la capacidad, hizo la pintura de un anciano llorando, representando los sentimientos retenidos, su maestro dijo que no era una obra careciente de profundidad y sentimiento, al escuchar esto… no pudo más y… se fue.
– ¡Ruth! –Exclamé, sorprendido. – ¡¿Cómo sabes eso?!
– Ese  pintor… era mi abuelo. – Respondió, con un gesto nostálgico.
– ¿En serio?  –Respondí, tragando saliva y sin saber que decir.
– Nah, te estoy jodiendo… ¡En clase de arte me hacen buscar todo tipo de idioteces en google! Puedo contarte historias de varias pinturas famosas…
No pude evitar carcajearme como loco nuevamente.
– ¡No puede ser! ¡Te juro que me lo había creído todito! ¡No sabía que decir ante tal declaración!
– ¡Eres un buen sujeto, Zack! – Respondió Ruth. – Pero créeme que si yo tuviera un pasado trágico no te lo diría en el primer día de conocernos…
– Muy cierto, y ya que hablamos de cosas trágicas… ¿Tienes novio?
Ruth soltó una ligera risita y dio otro sorbo a su cerveza antes de responder.
– No me interesa tener novio… al menos no hasta conocer a alguien que vea al suelo.
– ¿Al suelo? –Pregunté, seriamente intrigado.
– Bueno, alguien que no piense las cosas a futuro, alguien que viva el presente como si fuese lo más importante, que dejara el mañana para su “yo” del mañana y que se encargue de no tropezar en el suelo antes de volar… ya que el futuro siempre será incierto para todos, es precisamente eso lo bonito de la vida, ¿No crees?
– Bueno… yo preferiría saber qué es lo que pasará más adelante… saber si mi sueño se hará realidad…
– Exacto, Zack, tú eres un chico Hollywood… no creo que esté mal tú forma de ver la vida, pero no me veo junto a alguien que sea igual a ti.
– Eso dolió… aunque creo que te entiendo… no es malo querer quedarse en el suelo…
– Así como tampoco es malo querer volar. –Complementó Ruth al instante.
Fue una agradable noche filosofando con mi vecina pelirroja de 18 años, Ruth Johnson, chica con una fascinante visión de lo que es la vida.

1 comentario:

Anónimo dijo...

De Hidel-sama.

Otro capítulo y mis respetos.

Lo primero que me paso por la cabeza cuando leí esto:
( ¡Te lo advierto grandísimo idiota! ¡Soy un
surfista karateka cinta negra quinto dan especialista en
kickboxing, yudo, yuujitsu, taejitsu, taechi, origami y
teriyaki! ) fue; ¡En la madre, -llevando mi mano a la frente. -le va a partir su ma#@e...

Quisiera probar esa comida hindú/Méxicana, ah de estar sabrosisimá.

Sya.

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