Lo Último

¡Amo a Ruth! (Creo) (03/??)


Sobre mi nuevo hogar y sobre mis intentos de llegar al corazón de la niña exploradora. (Zack)
No soy capaz de describir como me sentía en realidad, era como sí todas mis expectativas, todos mis sueños y todas mis aspiraciones hubieran desaparecido en un abrir y cerrar de ojos, ya no me quedaba nada, mi esposa había estado engañándome por 3 meses asegurándome que estaba embarazada cuando en realidad simplemente se sentía abandonada por mi culpa, pues todo este tiempo había estado tonteando con Ruth.
-Nunca debí siquiera seguir acercándome a ella. –Pensaba, mientras abandonaba el edificio con mi maleta en mano. –Por más que esto sea culpa de Ellie, yo nunca debí acercarme a Ruth…
¿Tanto tiempo fue necesario para darme cuenta de la gravedad de mis acciones? ¿Fue necesario llegar a tal nivel de catástrofe para entender que una vez el matrimonio llega no existe espacio para nadie más? Fue necesario echar mi matrimonio a la basura para poder comprenderlo, que excusa de hombre.
Respiré hondo y miré en distintas direcciones, ¿Dónde iría ahora? Estaba claro que no podía interrumpir la vida de Junior y Karla y era en definitiva peor idea pedírselo a Ruth, unas horas después de haberla despreciado, estaba en una ciudad donde no conocía a nadie sin un lugar en donde pasar la noche.
-El señor T. –Pensé, finalmente. –Debo ir con el señor T.
-¿Zack? –Preguntó una dulce voz a mis espaldas, apenas me había dado la vuelta para caminar con dirección al señor T.
Me di la vuelta y me topé con la curiosa mirada de Ruth; que reflejaba curiosidad, enfocándose en mi maleta.
-Oh… Ruth, ¿Cómo estás?
Recién iba de llegada al departamento, pues el único cambio significativo en ella era que ahora sus ojos estaban un poco hinchados.
-Bien. –Soltó una risita nerviosa. – ¿Vas de viaje o…?
Me encogí de hombros, la persona que menos deseaba toparme (después de Ellie, claro) había aparecido y no me quedaba de otra más que explicarle lo que había ocurrido.
-¿Quieres comer algo? Yo invito. –Ofrecí.
Ella sonrió con amplitud y se acercó a mí.
-Está bien, tengo mucha hambre y puedo comerme un caballo, además, por tú culpa no fui a clases.
Llegamos a un restaurante familiar, apenas estábamos frente a frente; Ruth no paró de mirarme a los ojos, en señal de que era hora de hablar.
-¿No quieres esperar a que ordenemos?
-Pausaremos la conversación cuando la mesera nos atienda. –Replicó con severidad.
-Bien…
Le conté todo lo ocurrido en las últimas horas, desde que llegué a ducharme hasta que me fui del departamento danto un portón, me fue imposible no contener las lagrimas, en mi interior me gritaba a mí mismo “Muéstrate fuerte ante Ruth” “Supéralo y sigue adelante”, pero fue imposible; era inevitable ocultar todo lo que era Ellie para mi; pese a que mis sentimientos por Ruth se habían visto florecientes en estos últimos meses Ellie aun seguía siendo el amor de mi vida hasta hace apenas unos momentos, Ruth comprensivamente posó su brazo sobre mi hombro y escuchó en silencio hasta que terminé.
-N… no me lo puedo creer… ella planeaba ocultármelo… ¡no tuvo la confianza para decirme que había sido simplemente algo psicológico!
-Vaya. –Murmuró Ruth, tosiendo un poco. –Creo que Ellie realmente se sentía muy afectada por mi culpa, ¿no?
-Estoy aturdido… acabo de contártelo todo y de no ser porque acabo de verlo… no podría creerlo…
-Es entendible, quiero decir… es algo de telenovela, ¿no? Estoy bastante segura de haberlo visto la semana pasada en la rosa de Guadalupe…
Solté una carcajada, Ellie sonrió con satisfacción.
-Eso es lo que estuve esperando todo el día por ver. –Murmuró Ruth, separando su mano de mi hombro. –Solo quería verte sonreír, ¿ves como es posible hacerlo hasta en estos momentos? Solo debes encontrar el escape necesario.
Fue como una señal para mi, ¿Qué si esto era obra del destino? ¿Qué si mi salida del departamento era solo el comienzo y el resto empezaba a partir de Ruth? ¿Era ella mi escape?
-Creo… que ya lo he encontrado…
Tomé su mano con la mía y la miré con cariño, ella desvió la mirada y separó su mano con discreción.
-S… se está tardando mucho la mesera, ¿no?
-Ruth, yo…
-¡Señorita! ¡Señorita!
La mesera corrió hasta donde estábamos nosotros.
-¡Lo siento! ¡No sabía que habían llegado! ¿Qué desean ordenar?
-¡Quiero 6 de sus más caras hamburguesas! –Gritó Ruth, con cara de mal humor.
-¿6? –Pregunté, extrañado.
-¡Exacto!
-Un momento, señorita, ¿algo para el novio?
-Eh… yo…
-No es mi novio, pero el ordenará algo aparte, ¿verdad?
-Supongo que quiero una hamburguesa también…
-Bien, un momento.
La mesera se fue, yo busqué una explicación en los ojos de Ruth, que se movían en círculos al seguir las astas en movimiento del ventilador.
-Ruth, yo…
-¿Te has preguntado quien inventó los ventiladores?
-Estoy seguro de que estás desviando la conversación en un intento patético… por distraerme… y no entiendo porque.
-La razón es, señor Zack… ¡que en este momento estoy muy enojada como para hablar con usted!
Sus ojos me miraron, con más decepción que enojo, inmediatamente comprendí de lo que se trataba.
-Tienes razón… no es el momento ni el lugar para…
-¡Exacto! ¡No sé cómo se te pudo pasar por la mente el tratar de conquistarme en este momento! ¡Estoy tan molesta que ordené esas hamburguesas aunque sé que no podré comerme ni una sola completa! ¿Sabes porque estoy enojada?
-Tengo una ligera idea…
-¡Porque aunque me acabas de rechazar en la mañana llegas y me cuentas tus traumas de amor! ¡y encima lo haces llorando! Usted, señor Zack, ¡es un tonto!
-Ruth yo…
-¿No tienes donde quedarte, verdad?
-Pues, no…
-En ese caso está decidido, te vas a quedar conmigo.
Esbocé una gran sonrisa y tomé su mano una vez más, pero ella se liberó con una agilidad de atleta olímpico.
-¡No-Me-Toques! Dije que te ibas a quedar conmigo, nunca dije que iba a aceptar tus “Sentimientos” ni que fuera a dejarte que me tocaras…
-Ruth yo… estoy un tanto confundido… ¿Qué tanto estás ladrando?
-Es simple, eres mi amigo, por eso te permitiré usar mi departamento hasta que encuentres donde quedarte o te arregles con Ellie,  pero me niego rotundamente a escuchar tus “sentimientos” o a permitirte que me vuelvas a besar en lo que me queda de vida, creo que fui muy clara en el orfanato.
-Ruth…
-¡Nada de Ruth y después poner tus ojitos de borrego en matadero! ¡Ya me sé esos trucos baratos de niño guapo, cielo, y no pienso caer de nuevo!
Las hamburguesas llegaron, Ruth las tomó en sus manos y se puso de pie.
-¡Vámonos a casa!
-S… sí… pero… se supone que los platos son del restaurante… Ruth…
-¡Cállate y camina! ¡Mientras estés bajo mi techo no puedes dar opinión! ¿Entendido?
-Está bien. –Me encogí de hombros. –A robar porcelana en ese caso.
Después de varias vergüenzas con los meseros, terminamos en el  desordenado departamento de Ruth con 7 hamburguesas en envases de plástico, Ruth se lanzó contra una de estas y comió en el suelo.
-¿No quieres que limpie la mesa para que comas mejor? –Pregunté.
-Usted va a dormir en el sillón, le recomiendo que se concentré en limpiar ahí, estoy segura de que ese sillón ya estaba aquí cuando yo llegué al lugar y desde entonces no lo he limpiado.
-¡No seas cochina! ¡Dios! ¡Algo se mueve dentro!
-Ah, ese es William; mi serpiente mascota.
-¡¿Una serpiente?! . –Suspiré. –Eres de esas locas que compran mascotas exóticas y las liberan sin más?
-No la compre. –Respondió ella, sin tomarle importancia. –Ella venía con el sillón.
Así se dio inicio a una nueva etapa en mi vida, por las mañanas me despertaba temprano y preparaba el desayuno para que Ruth comiera mientras yo me duchaba, después yo limpiaba lo que ella ensuciaba mientras se duchaba y juntos asistíamos a la escuela, en varias ocasiones me topé a Ellie en él corredor; pero preferí no fingir que no me enteraba de su existencia.
Al llegar a la escuela, Ginnie y Sean nos alcanzaban al instante, siempre con bromas astutas.
-¡Aléjate de mi hombre, perra! –Gritó Ginnie.
-¡Lo siento, perra él ha elegido! –Contraatacaba Ruth.
-Se me hace que estos dos si hacen arroz a escondidas. –Murmuraba Sean a diario, nunca entendí realmente el significado.
Por las tardes, caminábamos juntos de regreso a casa y yo le preparaba algo rápido de comer, entonces me iba a los ensayos con el señor T y la banda, cada vez sonábamos mejor; incluso empezaba a considerar la posibilidad de hacerme famoso a lado de ese montón de veteranos.
-¡Porque algún día vamos a derrocar a los Rolling Stones! –Solía animarnos el señor T al final de cada ensayo.
Como ya no tenía que pagar por una casa ni por las cosas necesarias para tener un bebé en dicha casa, me fue posible abandonar mi trabajo en Home Depot, así que al regresar de los ensayos me la pasaba viendo televisión y ayudando a Ruth con sus deberes, más que como uno de los no correspondidos pretendientes de la pelirroja, me sentía como un padre.
Por las noches me dormía temprano acompañado a veces por William (que era bastante dócil) mientras Ruth se quedaba viendo televisión y bebiendo cerveza hasta las 2 de la mañana, para volver a empezar la rutina.
-No deberías de tomar en días de escuela. –Le regañaba un martes por la mañana, mientras caminábamos a paso lento en dirección a la escuela. –Piensa en lo que dirá la gente de ti.
Ya había pasado una semana desde que Ruth me había aceptado en su departamento, mi mente finalmente estaba despejada y ya me sentía capaz de pensar en que haría con mi vida, ahora sentía que Ruth era la verdadera elección, la verdadera y única elección.
-No importa. –Bufó ella, con la mano en la cabeza.
Ese tono no era usual en la Ruth con resaca, se le escuchaba algo desanimada y triste; me sentí orgulloso de conocerla tan bien, ¿Qué se podía esperar de ya 5 meses viéndola casi a diario? Sin embargo sabía que no tenía caso agobiarla aun más, tenía que ser delicado como una gacela.
-Bien, ¿Quieres que compremos unas pastillas o un plato de pozole?
-Estaré bien, no te preocupes.
-¿segura?
-Profesor, cállese.
Me sentí ligeramente atacado así que guardé silencio, ya sería Ginnie quien la animara.
Llegamos a la escuela y nos separamos sin decirnos nada, esto fue la más clara señal de que algo le ocurría a mi querida pelirroja, pues usualmente ella solía despedirse de una forma original y distinta cada mañana, algo como “Nos vemos más tarde, capitán”; me encogí de hombros y me fui a mí salón de clases.
Pasaron un par de clases sin mayor novedad, me alegraba el hecho de que mis estudiantes ya se supieran de memoria el nombre de su instrumento, tomando en cuenta que en mi primer día un chico trató de tocar el piano soplándole.
A la tercer hora tuve un periodo libre, decidí aprovecharlo para ir a tontear un rato con los alumnos y tal vez, encontrarme con una Ruth ya mucho más animada, cortesía de su mejor amiga; por supuesto que esto no ocurrió: lo primero con lo que me encontré fue con una Ruth desganada con unos ojos perdidos, seguida por un montón de pirañas; al parecer Ginnie había fracasado, esa era mi señal de entrada.
-Señorita Johnson, ¿puedo hablar un segundo con usted? –Llamé, un poco nervioso; pero tratando sonar lo más profesional posible.
-P… por supuesto señor. –Respondió ella al momento, acercándose con velocidad y acompañándome dentro del edificio principal.
-¿Y bien? –Preguntó, pasados unos segundos.
-Algo tienes, y no has querido contármelo… pero para tú desgracia te conozco muy bien y sé que es algo que te mueres por contarlo, ¿puedes decírmelo?
-Eres el que menos tendría que saberlo, Zack… por desgracia eres la persona en quien más confió…
Ella bajó la mirada y esbozó una pequeña sonrisa, sentí un gran impulso por abrazarla en ese momento, más me contuve.
-Te escucho.
-No será necesario, acompáñame.
La seguí en silencio hasta que llegamos a los casilleros, ella señaló con lentitud uno que se encontraba hasta la esquina.
-¿Quieres que vea de cerca? –Pregunté, ella asintió con un suspiro. Me acerqué lentamente y me quedé sin palabras al instante.
Insultos, reclamaciones, ofensas, amenazas de muerte, todo escrito con marcador permanente o con navaja, resaltaban entre todos “Eres tan zorra que hasta con el profesor te vas a lanzar, perra maldita” y “Aléjate del profe Mosh o te voy a hacer ****”.
Ruth se acercó lentamente a mí y con sus dedos recorrió su casillero.
-¿Qué opinas? Todo esto solo porque llegamos juntos a la escuela… al parecer es cierto, sigues teniendo tú don de chico popular, yo diría que tanto que he sido yo quien lo ha sufrido.
-Vaya, las chicas están más locas de lo que recuerdo… no saben lo que dicen, solo lo hacen por fastidiar.
-Lo sé, y lo están logrando… ¡Estúpidas!
Ruth se dio la vuelta y caminó con dirección al patio trasero, sollozando; la seguí de cerca y sin decir nada, por suerte no llamamos mucho la atención, pues pudo haber sido malinterpretado.
Ruth se detuvo finalmente frente al ventanal de la cafetería y me encaró con enojo, no retrocedí ni un instante.
-¡Es tú culpa!
-Lo sé…
-¡Eres un tonto!
-Lo sé…
-¡Todas las chicas de la escuela ya me odiaban a tú llegada y ahora me odian aun más por tú culpa! Bien puedo decir que no me importan sus miradas de desprecio o que ni siquiera me he dado cuenta, ¡Pero duele! ¡Te fastidia con el tiempo el tener fama de ser la mayor perra de la escuela! Pero podía soportarlo porque nunca me atacaban de forma directa, ¡Hasta que tú apareciste!
-Están celosas de que tú seas tan hermosa, es natural que se alteren de esa forma.
-¡Tengo la fama de que me acuesto con todos!
-¿Y lo haces?
-¡NO!
-¿Entonces? ¿Por qué te afecta tanto? Es tan simple como hacer una encuesta a todos los chicos… y chicas, supongo “¿Te has acostado con Ruth Johnson?”.
Ruth me miró con ironía, sus sollozos se detuvieron para dejar soltar una carcajada seca y continua.
-Creo que los resultados serían solo negativos. –Respondió ella, finalmente.
-Exacto, tú no eres ninguna perra ni nada por el estilo, eres la persona más dulce que conozco…
-¿En serio? –Preguntó, bajando su mirada a un nivel meditativo. –Pues soy algo pesada a veces…
-Escucha, Ruth… no importa lo que tú me digas o lo que digan los demás, tú eres una persona espectacular y nadie tiene derecho a hacerte tratar de sentir mal, ni siquiera tú, ¿bien? Solo eso quiero que lo mantengas muy y claro… bueno, eso y el hecho de que yo te…
-¡Aquí no, tonto! –Me riñó Ruth, interrumpiéndome.
-Lo siento, es solo que necesito decirlo ahora mismo.
-No, no pienso escucharte. –Se cruzó de brazos y cerró los ojos.
-Vamos… tarde o temprano tenemos que hablarlo… sabes que necesito decirte algo muy importante de lo que me acabo de dar cuenta y es algo que a los dos nos puede beneficiar.
-Exacto, Zack… TE ACABAS DE DAR CUENTA, ¿ya olvidaste lo que te dije frente al orfanato? Te dije que no pensaba volver a quedar en segundo plano… ve a ver si Ellie se lo traga…
-Ruth, por favor no me hagas esto…
-Muchas gracias por regañarme, Zack… en verdad me has subido el ánimo trayéndome aquí… no sé porque me deprimí en primer lugar, pero ahora sé que tengo un amigo como tú a quien puedo confiarle mis secretos para que me ayude a salir adelante.
-Bueno… al menos serví de algo, ¿no? Aunque mi plan en realidad era subirte el ánimo y al mismo tiempo quedarme con la chica… supongo que es un avance, ¿no?
-Nada va a pasar, debo irme y usted también, lo veo a la salida, profesor Mosh.
Ruth se alejó caminando de donde yo estaba, me quedé mirando su bella figura un par de segundos para después soltar un suspiro y caminar de vuelta a mi aula.

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