Lo Último

¡Amo a Ruth! (Creo) (02/??)


Sobre el abandono y la búsqueda del reencuentro. (Clarissa)
(1995, Los Ángeles)
-Y jaque mate. –Murmuré, esbozando una sonrisa tímida.
- ¡Vaya! –Exclamó la mujer, soltando una ligera risita. –En verdad eres hábil, ¿verdad, Clarissa?
-Solo un poco, aunque usted logró darme algo de competencia, Señora Martins, la felicito.
-Ah, ¡Que criatura tan educada y encantadora! –Exclamó la mujer, dedicándole una sonrisa a su esposo; que miraba la escena con una sonrisa satisfactoria. – ¡Pensar que apenas tienes 6 años!
-6 y medio. –Corregí, cruzando las piernas, nerviosa.
Ya tenía un par de horas pasando el rato con esa encantadora pareja, la mujer era de esas señoras rechonchas con aspecto amable y el hombre era un sujeto sin cabello de aspecto mayor, ambos despedían un aire de bondad que es poco común, me inspiraron mucha confianza.
-Cariño… –Llamó la mujer a su esposo, que sin decir nada esbozó una sonrisa, señalando su aprobación y satisfacción.
-Dime, Clarissa… ¿te gustaría ir a vivir con Howard y conmigo? Sé que no somos tan listos como tú y que no somos millonarios, pero…
-No es necesario que sean millonarios ni genios. –Aseguré. –Mi hermana y yo necesitamos un hogar con gente que nos quiera… si están dispuestos a querernos no tenemos nada más que pedirles.
Ambos se miraron, sorprendidos; después se acercaron a mí y me abrazaron.
-En ese caso, hablemos con el encargado.
-Bien. –dije, al momento en que dejé que mis labios soltaran una gran sonrisa.
No estoy segura de lo que pasó entonces, recuerdo que yo y mi hermanita esperamos en unas sillas armables frente a una puerta blanca por un par de horas, solo veíamos las sombras de los señores Martins moverse para gesticular, como si estuvieran negociando algo.
-¿Somo cadas? –Preguntó mi tierna hermanita, con una mirada de curiosidad, solté una carcajada.
-¡No es eso! No van a pagar nada por nosotras, mensa.
Ella me miró confusa, yo acaricie su cabecita y después la besé en la frente.
-¿Extrañas a papá y mamá? –Le pregunté.
-Nu. –Sentenció ella, tirándose al suelo para jugar a ser un perro. –Guau, guau.
-Es porque seguro ya no los recuerdas… pero ahora tendremos nuevos papás, ¿no estás emocionada?
-Disa y Didy mamás.
-Supongo que debemos despedirnos de ella, ¿verdad? Ha sido buen apoyo… espero encuentre una familia que la quiera.
-Guau, guau.
-Olvídalo… aun no entiendes lo que está pasando…
Me crucé de brazos y me quedé mirando a Ruth jugar, no pasó mucho para que ella me mirara con tristeza.
-¿Didy no viene?
-Ellos no pueden mantener a 3 niñas, Lily tendrá que quedarse aquí hasta que otra familia deseé adoptar.
Como lo esperaba, Ruth empezó a llorar desconsoladamente, pero nunca me exigió que Lily nos acompañara; me di cuenta de que ella comprendía la situación mejor de lo que yo pensaba, la abracé y lloré con ella, hasta que los señores Martins salieron de la oficina.
Tenían un rostro triste, molesto e impotente; la señora Martins tomó a Ruth en sus brazos y yo fui acompañada por la cálida mano del señor Martins hasta la sala de juegos, ahí Ruth se separó de nosotros para encontrarse con unos perros de peluche que al parecer, eran parte de su pandilla.
-Escucha, Clarissa. –Murmuró la señora Martins, mirándome a los ojos con seriedad. –En verdad tratamos de tramitar adopción para las dos, hicimos hasta lo imposible para que aprobaran ambas, pero no fue posible…
Todo mi cuerpo fue recorrido por una punzada eléctrica, ¿Qué significaba eso para nosotras?
-Q… Q… que significa…
-Al parecer, Ruth ya tiene tramite de adopción con una joven pareja de esta ciudad desde hace un par de días pero la han puesto en espera porque ellos no desean adoptar a dos hijos, y ahora que nosotros hemos solicitado por ti…
-¡NO! –Supliqué.
-Espera, Clarissa… eso mismo le dije yo al señor Tomás, pues a mi parecer es mejor que las hermanas se mantengan unidas, pero nuestra situación económica no nos ha ayudado mucho para seguir luchando por Ruth… la institución no nos considera aptos para mantener a dos criaturas, aunque nosotros sepamos que esto es completamente posible… y ahora que las dos tienen opciones de adopción pues…
-P… pero… Ruth… no quiero… no…
El nudo en la garganta era tan extenso que no fui capaz de articular palabras, me sentía totalmente derrumbada; no puedo explicar el dolor que me provocaba la sola idea de separarme de mi hermanita.
-Te entiendo. –Dijo de pronto el señor Martins, con una voz sabia y serena. –Yo también me sentiría así como te sientes en este momento si me separaran de mi hermano pequeño… pero debes de entender, Clarissa.
-¡NO QUIERO! –Grité, presionando los puños.
-¿No quieres que tu hermanita viva feliz?
No fui capaz de responder, era una respuesta tan obvia y a la vez, tan dolorosa.
-Debes de ser fuerte, en verdad deseábamos tenerlas a las dos como nuestras hijas, por desgracia el destino nos ha puesto una dura prueba en este momento, ¿estás lista para crecer a tan corta edad?
A la distancia, Ruth y su manada habían detenido sus tareas de patrulleo territorial y nos miraban con curiosidad, al ver sus tiernos ojos azules no pude pensar en nada más que en su felicidad, no tenía caso negarme a la adopción de los señores Martins para que ambas nos quedáramos en el orfanato y siguiéramos solas, aceptar era la mejor opción para ambas.
-¿Ellos la van a cuidar mucho?
-Por supuesto, según el señor Tomás son una pareja excelente.
Me encogí de hombros y traté de sonreír.
-Está bien entonces.
No estoy segura de cuantos días pasaron, tampoco de que cambios hubo en ese periodo de tiempo, solo recuerdo que a la entrada del orfanato me esperaba un Volvo con la puerta trasera abierta y mis maletas ya estaban dentro, Ruth no comprendía que estaba pasando y Lily le sostenía la mano con angustia, ambas estaban custodiadas por el señor Tomás.
-Despídete de tú hermanita. –Me animó la señora Martins. –Tomate tú tiempo.
-Gracias…
-Señor Tomás, gracias por todo… por favor cuide de mi hermana.
-No te preocupes, Clarissa; sé muy feliz.
El anciano hombre me abrazó con ternura y me liberó, para permitirme proseguir.
-Lily…
-Clarissa…
-Por favor, cuídate mucho… y por nada del mundo le quites un ojo de encima a Ruth… ¿cuento contigo?
-Por supuesto, ¡Yo también soy su hermana ahora! ¿O no?
La abracé, era verdad, Lily ya era una hermana más para ambas.
Me hinqué de rodillas para estar a la altura de Ruth, que seguía sin comprender que estaba pasando. Apenas vi sus ojitos enfocarse en los míos perdí toda la fuerza que me quedaba, rompí en llanto y me lancé a sus brazos.
-¡Ruth, cuídate mucho por favor hermanita! ¡Te quiero mucho! ¡Te amo! No lo olvides nunca, ¿de acuerdo? Nos volveremos a reunir, más pronto de lo que piensas estaremos juntas de nuevo y volveremos a vivir juntas como una familia, ¿de acuerdo? ¡Prometo buscarte para toda la vida si es necesario!
-Dissa... –Aunque Ruth no comprendía muy bien lo que estaba pasando, también empezó a llorar y me abrazó con fuerza, eso me rompió el corazón. – ¡Dissa!
-Te quiero hermanita… no lo olvides, ¡Volveré por ti!
Me separé de ella con brusquedad y corrí hasta el auto y con un salto entré dentro, cerré la puerta con fuerza y me tiré en el asiento para sollozar al momento en que el auto empezaba a moverse, pude escuchar los gritos desesperados de Ruth llamándome, hasta la fecha sigo escuchándolos.

(2010, Los Ángeles)
-¡Ah! ¡Qué nostalgia! –Grité, mientras tragaba una gigantesca bocanada de aire salado. – ¡He vuelto!
Tomé un taxi y mientras buscaba un número en mi celular le di indicaciones al taxista, si mis cálculos no fallaban en unos 30 minutos estaría en mi destino.
Marqué el número deseado y esperé con ansiedad a que contestara, fue una voz masculina quien contestó.
-¿Hola? ¿Hogar de adopción San Juan?
-Eh, sí, ¡Buenas tardes! Habla Clarissa Martins, me gustaría reunirme con la persona encargada en turno, yo solía estar en ese orfanato y…
-Bien, en ese caso puede venir cuando usted guste, ahora mismo estamos libres.
-Genial, porque voy para allá; nos vemos en un rato.
El maleducado hombre colgó el teléfono, pero no había razones para molestarme: era un gran avance el hecho de que el orfanato siguiera en funcionamiento.
-¿Va a buscar rastros de su pasado, señorita? –Preguntó el taxista, un hombre bigotón y rechoncho, parecía de esas personas que gustaban de hablar al conducir.
-Así es, en ese orfanato es donde yo y mi hermana fuimos llevadas cuando nuestros padres murieron, y voy para ver si pueden darme alguna información sobre donde se encuentra ella ahora.
-Ah, ¿Se separaron?
-Ella fue adoptada por otra familia y yo terminé viviendo en Nueva York, así que juré que en cuanto fuera mayor de edad empacaría mis cosas y volvería para encontrarme con ella, espero poder encontrarla rápido, ¡Hay tanto que contarnos!
-Suena como todo una historia de una novela, seguro su reencuentro será algo muy tierno.
-¡Estoy muy nerviosa! –Me tomé la cabeza con ambas manos y me sacudí, ansiosa.
Continué hablando con el hombre hasta que llegamos al orfanato, justamente como lo recordaba.
-Pronto estaré contigo, hermanita...

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