Lo Último

Lagrimas de Yuuto.


Permití que el vapor del café que sostenía en mis manos calentara mi rostro entumecido, era una noche helada en Tokio; tanto así que las vías del tren estaban cubiertas de hielo.
-Estúpido tren retrasado. –Pensé, dándole un sorbo a mi café.
Ya tenía cerca de 3 horas sentado en esa silla, con mi maleta bajo mis pies, observando a todas esas personas moviéndose de un lado a otro, con vidas que vivir y con motivos para existir.
-Suertudos. –Pensaba, con frecuencia.
Bebí otro sorbo a mi café, soltando una maldición en silencio; no pasó mucho tiempo para que de mis ojos volvieran a brotar lágrimas de dolor, lagrimas de traición.
-¿Qué hice mal? –Murmuré. –Cómo es posible… Hice todo lo posible… Ni siquiera así…
Estar en esa ciudad me provocaba un dolor interminable, el solo hecho de respirar el aire de la ciudad de Tokio me recordaba que hace apenas un par de semanas atrás mi vida era perfecta, me hacía recordar que hace apenas un par de semanas atrás; estaba con Shiina.
-Estúpido tren retrasado. –Maldije, una vez más.
Mis dedos estaban entumecidos, pese a los gruesos guantes que me resguardaban y mis ojos temblaban, amenazantes de caer una vez más en un llanto pesado y doloroso. Me imploré a mi mismo aguantar un poco más, todo acabaría apenas el tren llegara. Una vez lejos, todo estaría mejor.
-¿Será así? –Me pregunté. –Realmente… ¿Realmente se acabará apenas deje Tokio?
Apoyé mis codos en mis rodillas y agaché mi cabeza para cubrir mis ojos, no podía más; No era posible soportar ni un segundo más.
-Estúpido… Tren.
-¿Se encuentra bien? –Preguntó una dulce voz femenina, creí reconocer la voz de mi amada, la voz de mi Shiina; levanté la mirada, esperanzado, solo era una chica de unos 17 años con uniforme escolar, que me miraba con preocupación.
-Sí. –Mentí. –Disculpa por asustarte.
-No… Usted no se encuentra bien, puedes hablar conmigo; Chico triste-Kun.
Su mirada era caritativa, idéntica a la mirada que siempre ponía Shiina cada vez que visitaba a los chicos del orfanato, o cada vez que yo me ponía enfermo y ella me cuidaba. El solo verla me era doloroso, bajé la mirada y traté de terminar la conversación de una forma muy débil.
-No es nada, simplemente… Me pasaron ciertas cosas.
-Anímate, no es bueno que la gente joven como nosotros llore… Al menos no en soledad, nuestro tren se ha retrasado, así que es la ocasión perfecta para que abandones tú dolor junto con la ciudad.
De alguna forma, esas eran las palabras que yo deseaba escuchar; me fue imposible no contarle mi historia después de eso.
-Me llamo Yuuto Ayase, tengo 23 años… Y por un error terminé perdiendo para siempre a la chica que amo… Sabes, yo la amaba como a ninguna; no me di cuenta de eso hasta que ya era muy tarde.
-¿Qué pasó? –Preguntó la chica, mirándome con atención.
-… Una chica que fue mi primer amor volvió a mi vida después de 3 largos años… Yo estaba confundido y no supe cómo reaccionar, el solo estar al lado de ella de nuevo era como si nada hubiese pasado, terminé desplazando a mi amada Shiina sin poder hacer nada para evitarlo.
Rompí en llanto, presioné el vaso de café hasta destrozarlo y caí con los hombros cruzados sobre mis rodillas.
-E… Ella terminó dejándome con el tiempo… Diciéndome… Que… Que ya no podía seguir así… Que ella no podía seguir a la sombra de Haruka…
Solté un tremendo sollozo, ¿Cómo pude ser tan estúpido?
-¡La amo! ¡No entiendo cómo es que no lo supe en ese momento!
La chica puso su mano en mi hombro.
-A veces, el corazón duda… No se puede pedir la perfección de los sentimientos en un instante, continua por favor.
-C… Cuando me di cuenta de que había echado lo mejor de mi vida a la basura… Intenté recuperarlo… En verdad… En verdad traté de recuperarla… Pero ella… Ella me rechazó… Ella… Mi mejor amigo…
Presioné mis puños con fuerza, me dio tanta rabia el recordar la peor parte de la historia que golpeé el suelo. El dolor era mi castigo, es por eso que seguí golpeando una y otra vez, hasta que la chica una vez más me tranquilizó, tomando uno de mis brazos y abrazándose a él.
-Ayase-Kun… No siempre se puede ganar… Seguro te sientes traicionado en este momento, yo también me sentiría así…
Esas palabras no eran nada tranquilizadoras, pero me quedé de esa forma: De rodillas y con mi brazo siendo levantado por ella.
-Soy un idiota… Me odio el doble de lo que los odio a ellos… ¡Me odio! ¡Me odio!
-Ayase-Kun… El corazón puede sanar, usted debe de recordar eso, es probable que ahora estas palabras sean nulas para usted, pero en un futuro usted va a poder sonreír de nuevo, yo sé que usted puede salir de esto.
¿Cómo hacerle caso a la chica de buenas intenciones? Era conocedor de que tras mis acciones no merecía ser feliz, había perdido a Shiina para siempre, todo había terminado para mi… Sí no iba a estar con ella, definitivamente no estaría con nadie.
-No se rinda, por favor.
El nudo en mi garganta no me permitía seguir hablando, ¿Así debía de pasar el resto de mis días? ¿Sufriendo por mis errores y perseguido por la traición de Mike?
-Shiina. –Murmuré, finalmente.
-Ella siempre se preocupó por usted, ¿No?
No fui capaz de responder, pero recordé mis 3 años a su lado, definitivamente los mejores años de mi vida. Mentiría si no les dijera que en ese momento: Sonreí.
-Exactamente. –Respondió la chica, como interpretando mi sonrisa como una respuesta. –Cada vez que usted se sienta solo y sin ilusiones, recuerde esos momentos; Por favor. Sé que son momentos que no volverán, pero siempre queda la felicidad… Siempre estará con usted.
Pensaba en que responderle, pues sus palabras realmente me habían hecho reaccionar en forma considerable, todas las veces que repetí que ahora estaba solo eran mentira; Ella siempre estaría conmigo, pues a su lado aprendí tantas cosas que crecí como persona; Shiina siempre iba a estar en mí corazón.
El tren finalmente llegó, aun llorando me puse de pie y tomé mis maletas, me sorprendió ver que la chica no se movió ni un instante.
-¿No vendrás? –Pregunté, con una voz quebrada.
-Esperaré al siguiente tren, un placer conocerte; Ayase-Kun… ¡Suerte en todo!
Pese a que aun estaba muy triste, esa chica supo decir las cosas correctas en el momento justo. Subí en el tren y me senté en mi asiento, en el lado izquierdo en la ventana.
-¡Ouch!
-L… Lo siento, ¿Estás bien?
-S… Sí, no te preocupes… ¿Estás loco? ¿Por qué te paras en medio del camino?
-¿Por qué corres en medio del camino tú? Me parece que si hay una loca, esa eres tú.
-Eres divertido, me llamo Shiina Amamiya. ¡Mucho gusto!
-M… Mi nombre es Yuuto Ayase, ¡Mucho gusto!
-Bueno… Debo irme ahora… Un placer conocerte; Ayase-Kun… ¡Suerte en todo!
El tren comenzó a moverse, me giré de forma violenta hasta donde estaba la chica de hace un momento; sus cabello era rojo como el fuego, sus ojos azules como zafiros, su sonrisa tan contagiable que podría hacer sonreír a la persona más triste del mundo, mi amada Shiina me miraba con cariño, mientras se despedía con tristeza.
Una noche fría, una noche extraña… Una noche para olvidar.

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