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Diario Suicida (Viernes 10 de diciembre del 2010)


Viernes, 10 de diciembre del 2010:
Faltan 15 días.
Asistir a clases en realidad no significaba mucho para mí, pero mi tío me despertó de una forma tan emotiva que me fue imposible negarme, por no mencionar que repetir año solo me retrasaría aun más.
-Muchacho… Hoy empieza una nueva vida para ti, tengo que impulsarte para salir adelante… ¿No te duele ver a tú hermana de esa forma? Debes poner el ejemplo, poco a poco estoy seguro de que esto saldrá adelante… Cuentas con todo mi apoyo.
Es un hombre bastante bueno, rechoncho, con barba, canoso, algo así como Santa Claus. Me limité a dedicarle una sonrisa de resignación y a aceptar asistir a mi nueva escuela. Por tal respuesta el hombre de dedicó una gran sonrisa y me agitó el cabello, hay que admitir que eso me ayudó bastante durante el transcurso del día.
Por supuesto que me duele el estado de mi hermana, ella fue mi más grande alegría desde que nació y ahora yo estoy atorado… Sin poder siquiera hacerla reír o parpadear como mínimo, es como estar atado de manos y tener que observar como un montón de abusivos la golpean.
En parte es el motivo por el que he decidido quitarme la vida, todo el tiempo me acostumbré a verla sonriente y ahora no estoy seguro de que hacer sin esa tierna dulzura que la caracterizaba, tal vez es esa la razón del porque me he dejado atrapar por esta situación, del porque la corriente me ha arrastrado hasta el fondo.
En fin, tomé un baño y bajé a desayunar con toda la familia, mi tía me ofreció un plato de huevos estrellados con tocino y me indicó sentarme a lado del primo Robert, que me contó algunos de sus mejores chistes, insisto en que ese rechoncho algún día va a ganar algo grande.
Todos en la mesa parloteaban sobre cualquier tema, Mi tía Elizabeth nos comentó sobre el Central Park y el patinaje sobre hielo, mi Tío Bernard habló sobre la posibilidad de ir a tomar un paseo en carruaje y el rechoncho primo Robert contó los mejores chistes de Toc Toc del mundo. Pero quien siempre estuvo callada fue Ginnie, una chica de mi edad, delgada; Con una mirada penetrante y cabello castaño, Me parece que no me ha mirado desde que llegamos y mucho menos me ha dirigido la palabra, es algo incomodo; Pues es probable que por mi estadía le hayan quitado algún derecho.
Para aumentar la incomodidad, tuvimos que caminar juntos hasta la escuela, Bueno… No estoy seguro si a eso se le llama “Juntos” Precisamente, pero al menos cruzamos la misma ruta en el mismo periodo de tiempo, ella caminó 3 metros delante de mí todo el tiempo, creí que sería mejor molestarla lo menos posible; Por lo que no me animé a dirigirle la palabra.
Al llegar a la escuela, Ginnie se unió a un grupo de chicas que charlaban con alegría en el pasillo, yo tuve que caminar hasta las oficinas; Donde me esperaba una secretaria con una hoja de asistencia, me indicó que tenía que pedirle a cada profesor que firmara en cada clase durante un mes para demostrar que asistía con regularidad, como si me fuese a escapar o algo así; Le dediqué una sonrisa y abandoné las oficinas.
Revisé mí hoja de materias y me dirigí a la clase indicada “historia” sería mi primer materia, tuve algo de problemas para encontrar el aula, pero un par de minutos antes de que el timbre sonara logré llegar y ubicarme en una silla al fondo.
Mis compañeros de clase eran comunes, los populares charlaban entre sí y los no tanto entre ellos, también había un par de chicos de mi tipo, que simplemente se aislaron en lo suyo hasta que el profesor llegó.
El horario escolar siguió sin mayor novedad, un par de chicos se acercaron a mí para preguntar mi nombre e intentar entablar amistad, de buena gana me estuve con ellos; Un par de enclenques flacuchos de rostro amable, aunque no logro recordar sus nombres.
Finalmente llegó la hora de volver a casa, ¿Qué digo finalmente? No es que estuviera ansioso por irme, en fin… A la hora de irme me preguntaba si debía esperar a Ginnie o si tenía que irme solo, decidí recargarme en el muro de ladrillos que protegía a las instalaciones. No pasó mucho cuando un chico enorme y de rostro altanero se acercó a mí.
-Eh, tú eres el primo de Ginnie, ¿Verdad?
-Sí. –Respondí yo, sin mirarle a los ojos.
-Yo soy su novio.
-Mucho gusto. –Mentí.
-Está buenísima.
No respondí nada, simplemente solté una risa nerviosa.
-¿Estás diciéndome mentiroso con eso?
-Es mi prima, no puede gustarme.
-¿Crees que nada más por ser un huérfano hijo de una puta voy a tenerte compasión? Este ya no es el campo, ¡Pendejo!
Me soltó un empujón y caí al suelo mojado, todos los presentes se rieron, el chico retrocedió y se fue muerto de risa, me molestó sinceramente que Ginnie contara lo ocurrido con mi familia, pero no por eso voy a hacer algo al respecto, ¿Qué podía hacer? Estaba viviendo en su casa y eran sus reglas, desde el momento en que mi familia llegó a su fin también mí libertad lo había hecho. Me levanté del suelo y caminé solo a casa de mis tíos.
Hasta hace poco, mi tío y el primo Robert se quedaron charlando conmigo en el cuarto, me ofrecieron una gama de pasatiempos que me servirían para distraerme; Finalmente accedí a construir un bote a escala y mañana iremos a comprarlo. En verdad aprecio las buenas intenciones de ellos dos, tratando de mantenerme ocupado. Debo admitirlo, la compañía de ellos es cálida, bastante parecida a la de una familia.
Mi tía hoy llevó a mí hermanita a pasear, pues no está en condiciones de asistir a la escuela, ella cree que sí pasa todo el tiempo con ella; Se forzará a hablar, por lo que le ha dado marcaje personal. Estoy seguro de que nada de eso funcionará, ya lo veremos.
Este día, en resumen, fue un día bastante tranquilo, en casa seguramente lo hubiera pasado jugando Futbol con mis amigos o viendo televisión, ahora debo dormir; Buenas noches diario.

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